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Peronismo y coronavirus: El teorema de Gorosito

Fuente: Alicia Dujovne Ortiz | Página/12 Fecha: 10 de abril de 2020 Conocía desde años atrás el apellido citado por Alberto Fernández, aunque no en relación con el fútbol, tema que no domino, sino con un programa cómico donde un señor así llamado vivía ponderando la inteligencia de su mujer (el caso es lo bastante raro como para que lo recordemos). “¡No tenés señora, Gorosito!”, exclamaba orgulloso aquel marido ejemplar ante cada nueva demostración del genio de su esposa. Lástima que al intentar compartir el chiste con un pibe de unos cuarenta años, vale decir, la mitad de los míos, transformándolo en “¡No tenés Presidente, Gorosito!”, se me quedó mirando con los ojos redondos. Bueno, pensé, será que el destino de les octogenaries es quedarse riéndose soles. Sin embargo, instantes después mi joven interlocutor demostró haber entendido lo esencial de la broma- su carácter claramente elogioso, para con la señora Gorosito, se comprende, pero también para con nuestro presidente -, al preguntarme estupefacto: “¿Pero vos al final sos peronista, o no?”. Mi respuesta incluyó una nueva cita. Durante el almuerzo ofrecido a Alberto Fernández por Emmanuel Macron, en el Elysée, el 5 de febrero (lo recuerdo con precisión porque la pandemia estalló minutos después), el presidente argentino respondió a la inevitable alusión a Borges de su colega francés evocando la conocida definición borgeana: “Los peronistas no son ni buenos ni malos, son incorregibles”. Y agregó que él estaba muy contento de ser incorregible, porque por eso los peronistas siempre volvían. Respondiendo a la pregunta de mi amiguito cuarentón, le dije: “No soy ni peronista ni antiperonista sino todo lo contrario, pero incorregible sí, suponiendo que por eso se entienda la capacidad de estar donde no se me espera, y de no estar donde se me espera. Ahora, por ejemplo- concluí-, estoy enteramente de acuerdo con este presidente, en especial a partir de su análisis del Teorema de Gorosito, que en estos tiempos es fundamental para la vida”. La frase de Pipo Gorosito, director técnico de Argentino Juniors, dice más o menos así: “Si hacés las cosas bien, es posible que las cosas te salgan bien”. Una verdad de Perogrullo, pero extraordinariamente bienhechora por su sentido común, su simplicidad y su buena voluntad, una verdadera perla dentro de un mundo de “especuladores”, como les llama el propio Alberto Fernández a los entrenadores que complican el juego, deducen, infieren, se pierden en conjeturas y se estrujan las meninges, en general sin inocencia. Dentro del fútbol a los especuladores no los conozco pero afuera sí, y cómo. Ya volveré sobre ellos, pero para no amargarme de entrada lo primero que me interesa es recalcar la honestidad necesaria para admitir que “las cosas” son lo que son, que cuando se habla de hambre se habla de hambre y cuando se habla de coronavirus se habla de coronavirus, y que esquivar la palabra justa es un acto criminal. Solo cuando aceptamos que “las cosas” existen podemos hacer que algo nos salga bien. A esta actitud sencillita y poco vistosa se le llama racionalidad. “La razón en tiempos del cólera” sería un buen título para el novelón que estamos viviendo. No tengo nada contra el amor, salvo que a veces discursea, perora y nos hace perder instantes valiosos, pero usar la sesera cuando las papas queman me parece más útil, y el discípulo de Gorosito lo ha comprendido. Se le nota en los tiempos, o en el tempo, para decirlo en lenguaje musical. Cuando asumió la presidencia el hambre estaba allí y era ya, era urgente, diez minutos más tarde vino la peste y el discípulo hizo “las cosas” bien, rápido como el rayo pero además previendo que vendrían. Si en otros países había sucedido, no tenía gollete imaginarse que en la Argentina no. También eso tiene que ver con la razón: cada segundo que pasamos rascándonos la cabeza y “especulando” con que si será peste o no será peste es una vida de menos. La irracionalidad resulta más llamativa, claro. Queda más paquete ser vivo como un ejecutivo, sostener que la peste era una gripe como me lo dijo mi propio médico, el cual en ese mismo momento dejó de serlo, y como lo promulgan reconocidos virólogos del mundo entero, buscar al cuco detrás de todo lo que se mueve y, sobre todo, negar. Negar que hayan sido 30.000, negar la Shoa, negar el coronavirus como antes negaron el Sida, llamado el cáncer de los homosexuales hasta que les tocó a todos, negar sacando músculo delante de esa pavadita que a lo sumo te provoca unos cuantos estornudos y enseguida se pasa, y a continuación pescársela ellos y dar marcha atrás. Curiosa la relación entre unos y otros negadores, machos, fachos o fanáticos de sectas varias que niegan realidades diferentes pero coinciden en sostener que ellos sabían y siempre lo dijeron. Que estamos todos contagiados. Que la medicina no sirve para nada o es cómplice del Sistema pero que tomar agua caliente o comer cebolla cruda no falla nunca. Que por internet te podés comprar un remedio bárbaro, y si resulta veneno total qué importa si igual te morís. Que detrás de todo hay un complot y que en los Protocolos de los Sabios de Sión si los leés bien ya se hablaba del virus. Que el murciélago chino fue criado a propósito en un laboratorio para que la humanidad se desembarace de los viejos y los pobres. Y, lo más importante, que todo es una locura. Porque cuando todo es una locura, entonces de qué sirve hacer las cosas bien. Por mi parte prefiero pecar de ingenua como Gorosito y su discípulo y cuidarme lo mejor que puedo: a los 81 años y con asma, el pensamiento mágico no me parece ninguna avivada. Justamente por su candor tan bienvenido, el famoso teorema entrará a formar parte de las grandes frases argentinas como “se necesitaba tanta agua para apagar tanto fuego” o “muero contento, hemos batido al enemigo” Pero no nos adelantemos: por el momento, la frasecita es sanadora. Es cierto que se sabe poco sobre la peste, pero si se

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COVID-19 da paso a otro brote del virus antisemitismo. Necesitamos una cura

Fuente: Yehuda Bauer (*) | Haaretz   Fecha: 10 de abril de 2020 Por supuesto, la historia del odio al judío comenzó antes del cristianismo, en el período helenístico, si no antes. Creo que sus orígenes se encuentran en la diferencia entre la cultura judía en desarrollo y la civilización helenística «global» que aspiraba a la unificación cultural, social y política dentro de su territorio. Como dice el libro de Ester (escrito por judíos, no por antisemitas): “porque no siguen la religión (es decir, las costumbres) del rey”. La deificación del monarca gobernante y el culto a los dioses no podían ser aceptados por los judíos. El cristianismo, y luego el Islam, profundizaron esta polarización. El antisemitismo nazi también fue una continuación y una mutación del odio al judío que lo convirtió en el motivo político central en un momento en que el nacionalismo se estaba convirtiendo en racismo en la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del XX. El nazismo y su legado, incluido el antisemitismo del Islam radical, continúan hasta nuestros días. El antisemitismo se ha convertido en un fenómeno básico de la sociedad moderna. Sin embargo, parece que se ha agregado otro catalizador importante en los últimos años. Está sucediendo en el contexto de una caída catastrófica en la tasa de natalidad en las sociedades desarrolladas, en lugares como China, Japón, Rusia, Europa y América del Norte. La tasa de natalidad promedio en estos países es de 1.6 a 1.7 por mujer. (El mínimo necesario para garantizar la estabilidad demográfica es 2.1.) En China es 1.6, en Alemania y Estados Unidos está entre 1.6 y 1.7, en Rusia es aún más bajo y en Italia es 1.4. La excepción es Israel, donde la tasa es 3.1. Consideremos Polonia. Según la UE, para 2040 su población se reducirá a 28 o 29 millones de los 38 millones actuales. El resultado es un envejecimiento de la población y una contracción de la fuerza laboral para mantener el nivel de vida actual. Para mantenerlo, será necesaria la inmigración; El uso de la robótica en la fabricación no es suficiente. La alta tasa de natalidad en África y las crisis político-militar-sociales en Medio Oriente, América Latina y, en cierta medida, en Ucrania podría continuar proporcionando la fuerza de trabajo desaparecida, al menos en parte. Aquí es donde entra el problema de los refugiados. Los refugiados provienen de culturas diferentes, a veces opuestas. No hay forma de evitar esta inmigración; Es vital para muchos países. Nacionalismo y maximización de ganancias Sin embargo, la respuesta ha sido pavloviana: muchas personas en todos los países desarrollados se oponen firmemente a esta invasión que amenaza con alterar la naturaleza tradicional de las culturas locales. El hecho de que estas culturas «tradicionales» también fueron creadas por la inmigración siglos antes, porque la raza humana ha sido históricamente una raza migratoria, no hace ninguna diferencia. Esto ha llevado al surgimiento de fuerzas nacionalistas de derecha (y de izquierda radical). El resultado es una insularidad nacionalista e intentos de autarquía, combinados con el tremendo aumento del poder de las corporaciones multinacionales (incluidas las empresas de medios) que, en un grado u otro, utilizan el nacionalismo local para sus necesidades. Y su necesidad es maximizar las ganancias. En otras palabras, con el auge del nacionalismo también hay un aumento del racismo, y en Occidente la punta de lanza es el antisemitismo, del cual el caso nazi (que aún persiste) es una continuación de las formas anteriores de antisemitismo. También es una mutación causada, al menos en parte, por los factores enumerados anteriormente. Y recuerde, esto está sucediendo en un rico contexto histórico de odio al judío. En las últimas semanas, los judíos han sido acusados cada vez más de inventar y propagar el coronavirus. Los Estados Unidos a menudo son acusados de estar involucrados en el mismo delito. De muchas de estas afirmaciones en los medios de comunicación de Medio Oriente, he aquí un ejemplo. El periodista jordano As´ad al-Azouni, escribió en el sitio web Donia al-Watan, el 16 de marzo, que «este virus es indudablemente el resultado del odio secreto judío por todo el mundo». Él escribe que «cuando los judíos causaron el estallido de la Primera Guerra Mundial, obtuvieron la Declaración Balfour» y cuando «causaron» el estallido de la Segunda Guerra Mundial, obtuvieron su «colonia» en Palestina y «ahora quieren causar el brote de la Tercera Guerra Mundial para que puedan declarar el establecimiento del Reino del Gran Israel». Regresamos a la Peste Negra de 1348, de la que los judíos fueron acusados de causar y difundir. Los argumentos son los mismos. Redes sociales al rescate ¿Qué se puede hacer? Primero, no hay forma de que los judíos puedan librar una batalla efectiva contra el antisemitismo por su cuenta. Hay alrededor de 13 millones de judíos en un mundo (dependiendo de quién está contando y cómo están contando) de miles de millones de personas. Primero, es de notar que en las culturas basadas en la herencia cristiana, ningún gobierno apoya públicamente el antisemitismo, y esto es, con razón, explotado por organizaciones y gobiernos, tanto judíos como no judíos. Estos últimos están trabajando en legislación e iniciativas educativas que, si bien son importantes, son claramente insuficientes. La Iglesia Católica, o más precisamente, sus líderes, han sido otro aliado desde el Papa Juan XXIII y el Concilio Vaticano II de 1965. Las fuerzas liberales en estos países, que se interponen anate miembros de la derecha y la extrema izquierda (como Jeremy Corbyn) – también están en esta lista. Otra forma podría construirse sobre el legado y la memoria de la Segunda Guerra Mundial. Por supuesto, el Holocausto fue una operación alemana, pero no podría haber «tenido éxito» sin la amplia colaboración de otros países europeos con los nazis. Aún así, la guerra fue emprendida por los nazis, en gran parte, tal vez principalmente, debido a una ideología centrada en la creencia de que los judíos globales se estaban apoderando del mundo. Esta ideología, cuando se tradujo en acción política,

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La pandemia y el fin de la era neoliberal

Fuente: Atilio A. Boron | Blog de Atilio A. Boron Fecha: 10 de abril de 2020 El coronavirus ha desatado un torrente de reflexiones y análisis que tienen como común denominador la intención de dibujar los (difusos) contornos del tipo de sociedad y economía que resurgirán una vez que el flagelo haya sido controlado. Sobran las razones para incursionar en esa clase de especulaciones, ojalá que bien informadas y controladas, porque si de algo estamos completamente seguros es que la primera víctima fatal que se cobró la pandemia fue la versión neoliberal del capitalismo.  Y digo la “versión” porque tengo serias dudas acerca de que el virus en cuestión haya obrado el milagro de acabar no sólo con el neoliberalismo sino también como la estructura que lo sustenta: el capitalismo como modo de producción y como sistema internacional. Pero la era neoliberal es un cadáver aún insepulto pero imposible de resucitar. ¿Qué ocurrirá con el capitalismo? Bien, de eso trata esta columna. Simpatizo mucho con la obra y la persona de Slavoj Zizek pero esto no me alcanza para otorgarle la razón cuando sentencia que la pandemia le propinó “un golpe a lo Kill Bill al sistema capitalista” luego de lo cual, siguiendo la metáfora cinematográfica, éste debería caer muerto a los cinco segundos. No ha ocurrido y no ocurrirá porque, como lo recordara Lenin en más de una ocasión, “el capitalismo no caerá si no existen las fuerzas sociales y políticas que lo hagan caer.” El capitalismo sobrevivió a la mal llamada “gripe española”, que ahora sabemos vio la luz en Kansas, en marzo de 1918, en la base militar Fort Riley, y que luego las tropas estadounidenses que marcharon a combatir en la Primera Guerra Mundial diseminaron el virus de forma incontrolada. Los muy imprecisos cálculos de su letalidad oscilan entre 20, 50 y 100 millones de personas, por lo cual no es necesario ser un obsesivo de las estadísticas para desconfiar del rigor de esas estimaciones difundidas ampliamente por muchas organizaciones, entre ellas la National Geographical Magazine . El capitalismo sobrevivió también al tremendo derrumbe global  producido por la Gran Depresión, demostrando una inusual resiliencia –ya advertida por los clásicos del marxismo- para procesar las crisis e inclusive y salir fortalecido de ellas. Pensar que en ausencia de aquellas fuerzas sociales y políticas señaladas por el revolucionario ruso (que de momento no se perciben ni en Estados Unidos ni en los países europeos) ahora se producirá el tan anhelado deceso de un sistema inmoral, injusto y predatorio, enemigo mortal de la humanidad y la naturaleza, es más una expresión de deseos que producto de un análisis concreto. Zizek confía en que a consecuencia de esta crisis para salvarse la humanidad tendrá la posibilidad de recurrir a “alguna forma de comunismo reinventado”. Es posible y deseable, sin dudas. Pero, como casi todo en la vida social, dependerá del resultado de la lucha de clases; más concretamente de si, volviendo a Lenin, “los de abajo no quieren  y los de arriba no pueden seguir viviendo como antes”, cosa que hasta el momento no sabemos. Pero la bifurcación de la salida de esta coyuntura presenta otro posible desenlace, que Zizek identifica muy claramente: “la barbarie”.  O sea, la reafirmación de la dominación del capital recurriendo a las formas más brutales de explotación económica, coerción político-estatal y manipulación de conciencias y corazones a través de su hasta ahora intacta dictadura mediática. “Barbarie”, István Mészarós solía decir  con una dosis de amarga ironía, “si tenemos suerte.” Pero, ¿por qué no pensar en alguna salida intermedia, ni la tan temida “barbarie” (de la cual hace tiempo se nos vienen administrando crecientes dosis en los capitalismos realmente existentes”) ni la igualmente tan anhelada opción de un “comunismo reinventado”? ¿Por qué no pensar que una transición hacia el postcapitalismo será inevitablemente “desigual y combinada”, con avances profundos en algunos terrenos: la desfinanciarización de la economía, la desmercantilización de la sanidad y la seguridad social, por ejemplo y otros más vacilantes, tropezando con mayores resistencias de la burguesía, en áreas tales como el riguroso control del casino financiero mundial, la estatización de la industria farmacéutica (para que los medicamentos dejen de ser una mercancía producida en función de su rentabilidad), las industrias estratégicas y los medios de comunicación, amén de  la recuperación pública de los llamados “recursos naturales” (bienes comunes, en realidad)? ¿Por qué no pensar en “esos muchos socialismos” de los que premonitoriamente hablaba el gran marxista inglés Raymond Williams a mediados de los años ochenta del siglo pasado? Ante la propuesta de un “comunismo reinventado” el filósofo sur-coreano de Byung-Chul Han salta al ruedo para refutar la tesis del esloveno y se arriesga a decir que «tras la pandemia, el capitalismo continuará con más pujanza.” Es una afirmación temeraria porque si algo se dibuja en el horizonte es el generalizado reclamo de toda la sociedad a favor de una mucho más activa intervención del estado para controlar los efectos desquiciantes de los mercados en la provisión de servicios básicos de salud, vivienda, seguridad social, transporte, etcétera y para poner fin al escándalo de la híperconcentración de la mitad de toda la riqueza del planeta en manos del 1 por ciento más rico de la población mundial. Ese mundo post-pandémico tendrá mucho más estado y mucho menos mercado, con poblaciones “concientizadas” y politizadas por el flagelo a que han sido sometidas y propensas a buscar soluciones solidarias, colectivas, inclusive “socialistas” en países como Estados Unidos, nos recuerda Judith Butler, repudiando el desenfreno individualista y privatista exaltado durante cuarenta años por el neoliberalismo y que nos llevó a la trágica situación que estamos viviendo. Y además un mundo en donde el sistema internacional ya ha adoptado, definitivamente, un formato diferente ante la presencia de una nueva tríada dominante, si bien el peso específico de cada uno de sus actores no es igual. Si Samir Amin tenía razón hacia finales del siglo pasado cuando hablaba de la  tríada formada por Estados Unidos, Europa y Japón hoy aquella la constituyen Estados Unidos, China

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¿Casualidad la «colisión de barcos» frente a Venezuela?: fake new en toda la prensa alemana

Fuente: Volker Hermsdorf | Junge Weld (Mundo Joven), Berlin Fecha: 9 de abril de 2020 Historia oportuna Después de que la Marina de EE.UU. enviara buques de guerra a la costa de Venezuela el 1 de abril, los medios de comunicación alemanes secundaron la misión con «informes» de una colisión de barcos dos días antes. «La Armada de Venezuela embiste un crucero alemán», informó el 3 de abril la emisora pública extranjera Deutsche Welle (DW). Spiegel online, Bild, Welt y otros «medios de calidad» proporcionaron al informe titulares similares y así difundieron fake news. Sin llevar a cabo su propia investigación, se hicieron eco de un comunicado de prensa de la empresa de Hamburgo «Columbia Cruise Services GmbH & Co. KG» (CCS), que entre otros opera el crucero «RCGS Resolute» que navega bajo bandera portuguesa. El buque, que anteriormente operaba en aguas del Ártico con el nombre de «Hanseatic», chocó el 30 de marzo con el patrullero «Naiguatá» de la marina venezolana, que se hundió después de la colisión. Dos días después del incidente, la CCS intentó que los venezolanos fueran los únicos responsables. De nuevo dos días después, DW y otros se hicieron eco de las acusaciones sin comprobar hechas por la CSS y las presentaron en los titulares como hechos probados. La comunicación por radio entre las partes involucradas publicada el sábado pasado (ver jW del 6.4.2020) así como los videos del momento de la colisión indican que fue exactamente al revés. Extraña maniobra La primera frase de la noticia de DW ya contenía una declaración falsa. Aunque los medios de comunicación locales informaron sobre ello poco después del incidente y la Vicepresidente de Venezuela, Delcy Rodríguez, protestó oficialmente contra el «acto de piratería» el 1 de abril, la emisora extranjera afirmó: «Sólo después de un retraso de varios días se conoce un incidente marítimo frente a las costas de Venezuela». El diario portuguésPúblico ya había citado el 1 de abril al Ministro de Asuntos Exteriores del país, Augusto Santos Silva, exigiendo que se investigara el incidente. Como el «RCGS Resolute» había puesto rumbo a toda velocidad hacia Willemstad (Curazao) después de la colisión, Santos Silva pidió a las autoridades de la isla de las Antillas Holandesas que realizaran una investigación exhaustiva. El portal especializado Marineschepen.nl había informado en detalle los días 1 y 2 de abril, describiendo el rumbo y las maniobras del crucero en los días anteriores a la colisión como «extraño». Las investigaciones revelaron que el «RCGS Resolute» había permanecido temporalmente en aguas territoriales venezolanas y además – «completamente en contra de las reglas» – apagó el Sistema de Identificación Automática (AIS) durante horas. La Organización Marítima Internacional (OMI) ha hecho obligatorio el sistema para los buques de más de 20 metros de eslora. Bajo esta regulación no están los buques de guerra, cuyos transmisores AIS pueden ser apagados. Caracas protesta Además de estas características conspicuas, el equipamiento del «RCGS Resolute» con 14 botes inflables del tipo «Zodiak Mark V HD» había despertado la sospecha de la guardia costera. Estos botes, equipado con motores eléctricos casi silenciosos y de 36 CV, son anunciados por el fabricante en la feria online «Nauticexpo» como «barco militar para fuerzas y comandos especiales» y como «adecuado para misiones extremas». Sin embargo, las «rarezas» fácilmente investigables que habían llevado a la guardia costera a realizar una inspección, fueron ocultadas por DW y consortes. La posición de Venezuela, que se apoya en numerosas pruebas, se reduce a las frases cortas: «Al igual que la sociedad, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, quiere ahora que se investigue el asunto. En esta parte se habla de piratería». El gobierno de Caracas protestó el lunes de esta semana en una carta formal dirigida al canal contra «la supresión de la versión de un Estado independiente». El periodista y viceministro de comunicaciones William Castillo criticó en la carta que el reportaje de DW no era «compatible con la ética y el ejercicio responsable de la profesión». Traducción: Maryena Presa Velázquez  para Cubainformación Video relacionado: https://www.youtube.com/watch?v=UR2ncGOPd9k

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¡Tenía que venir un virus para poner patas arriba el capitalismo!

Fuente: Gemma Cairó i Céspedes | Viento Sur Fecha: 8 de abril de 2020 ¿Ha venido el covid-19 para quedarse? No cabe duda de que la pandemia que estamos viviendo, con sus devastadores efectos tanto en términos humanos como socioeconómicos pone en primer plano, confrontándonos, aquello que a menudo no queremos ver. Ya no hay escapatoria. La muerte, el aislamiento y la crisis nos confronta directamente nuestro modo de vida, anclado en un sistema económico desigual, alienante y corrosivo. El covid-19 nos invita a cuestionarnos, especialmente a los economistas, las falacias del capitalismo y los mitos acerca de nuestro supuesto bienestar. Es lo que tiene la distopía. Desde confines más oscuros podemos ver más claro, porque ya no hay donde escondernos ni donde distraernos. Ya hace décadas que el capitalismo viene mostrando su faceta más depredadora y parasitaria. Años de neoliberalismo, marcados por la financiarización y la desigualdad, han deslegitimado históricamente un sistema (el capitalista), si es que alguna vez la tuvo, que ha sido incapaz de cumplir de forma justa y sustentable la reproducción material de nuestras sociedades. El desarrollo histórico del capitalismo ha mostrado ciertamente su capacidad de supervivencia, cual ave fénix renaciendo de sus propias cenizas, pero a su vez se han evidenciado sus contradicciones más acuciantes: i) la desvalorización de la fuerza de trabajo cuya mercantilización y explotación creciente aparece indiferenciada de cualquier otra mercancía; ii) el menosprecio por la esfera reproductiva cuya lógica, la sostenibilidad de la vida, se enfrenta a la lógica de la acumulación que reina en el ámbito productivo; iii) la superación de los límites impuestos por sistemas de orden superior, como el natural, sobre el cual descansa el propio proceso de producción y reproducción de la sociedad. Esta pandemia nos ayuda a desvelar lo que el manto mercantil de un capitalismo que todo lo impregna ha ido oscureciendo. Es ahora una buena oportunidad para re-conocer aquello que ya sabemos pero que (parece) se nos olvidó. Re-conocer que es la fuerza humana la que mueve el mundo. Hoy más que nunca se pone de manifiesto que la rueda que hace girar la economía es la energía y el esfuerzo de la fuerza de trabajo, imprescindible para producir aquello que necesitamos. Cuando nos quedamos en casa, la actividad cesa, la producción cae, el riesgo del desabastecimiento es real. Incluso peor, nuestra curación está en manos de l@s sanitari@s. Todavía no se conocen maquinas que intuben a los enfermos y robots que den clases virtuales a nuestros hijos. Abandonar la ilusión tecnológica de un mundo robotizado y ver el peligro del creciente desplazamiento de la fuerza de trabajo es hoy más obvio y necesario que nunca. Re-conocer que somos seres dependientes. Concebimos la sociedad atomizada formada por individuos autónomos, independientes y autosuficientes. En el peor de los casos creemos en el fastidioso “homo economicus”. La vulnerabilidad a la que nos enfrenta el coronavirus nos evidencia nuestra dependencia de todo, obviamente en lo material (des de lo que comemos) y también en lo inmaterial (hasta lo que sentimos). El reconocer que el mundo es interdependiente implica desbancar la lógica antropocéntrica, cuestionando nuestra osadía en manipular, organizar y ordenar el mundo a nuestro antojo. Sentirnos dependientes es reconocer la necesidad del otro y de lo otro, denunciar la explotación humana y el abuso de la naturaleza. Re-conocer que necesitamos dignificar el valor de lo doméstico. La pandemia y el consiguiente confinamiento desbanca la prepotencia del ámbito productivo (el dinero, el estatus, la competencia) e irremediablemente devuelve su valor intrínseco a aquello que sostiene la vida, el mundo de los cuidados, invitándonos a reequilibrar individual y colectivamente la balanza siempre decantada hacia lo productivo. El verdadero valor está en lo humano, en nuestras relaciones, en nuestros contactos, en nuestras miradas. El acento ya no está ahora en lo que puedo conseguir o alcanzar, sino en lo que soy y lo que valoro. Re-conocer que nuestro modelo de vida es alienante. Paradójicamente a más confinamiento (físico) menos aislamiento (social). El quehacer compulsivo y estresante en una sociedad capitalista que nos aturde con el consumo indiscriminado, con la (des)conexión telemática y con la obcecación de conseguir más (de lo que sea) en cierto sentido se ha paralizado. Quizás hemos pasado de aquella prisión a una nueva, pero este aislamiento entre cuatro paredes nos invita a una mirada más introspectiva, preguntándonos en que estoy yo y en que esta el otro, acercándonos a nuestr@s familiares, a nuestr@s vecin@s, a nuestr@s cajer@s desde otro lugar. Estamos aislados, pero menos alienados, y la empatía nos sienta bien. Gemma Cairó i Céspedes, doctora en Economía y profesora de la Universitat de Barcelona. Coordinadora y coatura de Economía mundial. Deconstruyendo el capitalismo global Este texto se inspira en el artículo “Mercantilización y patriarcado, o como el capitalismo erosiona las esferas que sustentan la vida” (de próxima publicación en la Revista de Economía Crítica). Artículo relacionado: La pandemia y el fin de la era neoliberal

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Secuencias y consecuencias de los virus

Fuente: Alberto Kornblihtt | Página/12 Fecha: 8 de abril de 2020 El 9 de marzo pasado, el ministro de Ciencia, Roberto Salvarezza, convocó a una reunión con representantes del Conicet, del Ministerio de Salud,empresas farmacéuticas y referentes de la infectología, virología y biología molecular de nuestro país para coordinar acciones respecto dela inminente epidemia de SARS-COV-2, la variedad de coronavirus que está azotando al mundo. Al final de la misma, recuerdo las palabras de Elsa Baumeister, jefa del servicio de infecciones respiratorias del instituto Malbrán: “Mañana me sumerjo en el laboratorio de alta seguridad de mi instituto para aislar el virus de un paciente. Deseenme suerte”. Estas palabras, dichas hace menos de un mes cobran un sentido profundo al enterarnos hoy que el equipo que Elsa dirige en el Malbrán acaba de obtener la secuencia de bases, es decir la exacta información contenida en el genoma, de las cepas del virus que circulan en la Argentina ¿Porqué era tan importante no confiar simplemente en la secuencia publicada del virus que surgió en China? Porque el coronavirus es un virus cuyo genoma está constituido por ARN (ácido ribonucleico) y no por ADN (ácido desoxirribonulceico). Y se sabe que los virus a ARN mutan sus secuencia con una frecuencia mucho mayor que los virus a ADN. Esto es así porque la enzima que lee y copia su genoma de ARN es poco fiel, comete errores, a diferencia de las enzimas que copian ADN que son 1000 veces más fieles. Entonces, esa infidelidad de la copia del ARN que ocurre cada vez que el coronavirus infecta nuestras células hace que se vayan acumulando mutaciones que sólo pueden ser detectadas si se determinan las secuencias experimentalmente tal como lo hizo el equipo del Malbrán. Notablemente nuestros científicos encontraron tres secuencias diferentes en los coronavirus que circulan en nuestro país, lo cual revela la existencia de al menos tres cepas: una proveniente de EE.UU., otra de Asia y la tercera de Europa. Esto indica que el virus ya había mutado de manera diferente al ser transportado por humanos desde Asia a Europa y a EE.UU. y que nosotros recibimos virus ligeramente distintos de cada uno de esos orígenes. Esta información tiene un valor práctico importante para conocer las rutas de contagio y contribuir a tests de diagnóstico más precisos de la presencia del virus en los pacientes. Es difícil de explicar, pero los métodos de diagnóstico están basados en el reconocimiento de la secuencia de bases (A, C, G y U) del virus y si los científicos están alertas de posibles mutaciones en las cepas que circulan en Argentina pueden ajustar sus métodos de diagnóstico para que no se les escape ninguna. Uno se pregunta hasta cuándo la ciencia y los científicos argentinos deberemos seguir rindiendo examen frente al establishment. ¿No hemos ya dado prueba suficiente de que sin ciencia local, seria y rigurosa, es imposible afrontar los múltiples problemas sociales, de salud y de producción que enfrenta nuestra sociedad? ¿No resulta ilustrativo que el Premio Nobel César Milstein, descubridor en Inglaterra de los anticuerpos monoclonales, herramienta indispensable en el diagnóstico de enfermedades, en la industria farmacéutica y en la nueva terapia del cáncer, haya sido echado del Instituto Malbrán en la década del 60 pasada? Hoy hay centenares de jóvenes científicos de todo el país, y no sólo del campo de las biomedicinas sino también de las ciencias sociales, que están trabajando contrarreloj para tratar de encontrar alternativas más rápidas y económicas de diagnóstico de coronavirus y mitigar sus consecuencias. El nuevo gobierno es muy consciente de este esfuerzo, lo valora y lo promueve. Habrá quizás llegado el momento de que el resto de la sociedad y sobre todo quienes detentan el poder económico también lo hagan. * Biólogo molecular Conicet-FCEN-UBA.

America Latina, Internacionales, Portada

Un presidente débil permite la militarización del poder

Fuente: Emir Sader | Alai  Fecha: 6 de abril de 2020 No hay vacío en la política. Siempre que hay vacío, hay instituciones que tratan de llenarlo. Cómo las FFAA brasileñas lo han hecho en 1964 y se proponen a hacerlo de nuevo. En 1964, las FFAA crearon el vacío para intervenir, actuando fuertemente para erosionar al ya débil gobierno de João Goulart. Apoyados en la Doctrina Seguridad Nacional, erosionaron la legitimidad del gobierno y dieron el golpe, en sustitución de los ineptos políticos tradicionales y sus partidos. Ahora, de nuevo, los partidos tradicionales han entrado en crisis, derrotados sistemáticamente por el PT.  Bolsonaro aprovechó de la nueva crisis de los partidos tradicionales para proponerse como alternativa. Fue un buen candidato para la derecha. Fue el único que tenía un caudal de preferencias en las encuestas, gracias al apoyo de las bases tradicionales del PSDB, que se habían radicalizado hacia posiciones de extrema derecha. Con eso, Bolsonaro era la única apuesta posible de la derecha para establecer una maniobra monstruosa, que terminó llevándolo a ganar las elecciones, aunque de forma fraudulenta. Su estilo salvaje y agresivo, grosero, proyectó una imagen de líder popular. El nombró a un ultra neoliberal en economía, para garantizar el apoyo de los grandes empresarios. Se presentó como la única posibilidad para evitar que el PT volviera al gobierno.  Articuló manipulaciones gigantescas, ante la complicidad del poder judicial y los medios de comunicación y asaltó así al gobierno. Fue un buen candidato a la derecha, pero no es buen presidente. No suma, l contrario, se revela como un factor de descomposición del gobierno. Él ya se había acercado al ejército, para contar con el apoyo de la institución y para contar con personal para ocupar puestos estatales. Y también contar con una institución comprometida con la represión y la defensa del orden. A medida que Bolsonaro fue perdiendo apoyo, incluso de los suyos, el gobierno fue llenándose cada vez más de militares, activos y de la reserva. Hoy son parte del gobierno, mientras que Bolsonaro se vacía, pierde apoyo y pierde capacidad de acción, situación aún más grave por la pandemia que se extiende por todo el país. El vacío en la capacidad de gobernar de Bolsonaro ya está llenado por los militares, cada vez más comprometidos, incluso como institución, con ese gobierno. Para evitar la delicada operación de sustitución de Bolsonaro por su vice, Mourao, se va militarizando cada vez más el gobierno. Los militares ejercen su poder de veto de acciones gubernamentales y se vuelven en el único núcleo capaz de dar un cierto grado de cohesión y acción al gobierno, un gobierno completamente perdido por la misma acción disgregadora de Bolsonaro. No es la mejor alternativa para la FFAA, pero fue que les tocó y no dejan de aprovecharla, teniendo como objetivo mantener al gobierno, modificado o no, y la construcción de una institucionalidad que trata de prevenir el regreso de PT al gobierno. Con el colapso del gobierno de Bolsonaro, que pierde apoyo popular, pero también de los medios, de los grandes sectores y de la clase media, los militares se vuelven estratégicos, una condición de gobierno, que tienden a ser la columna vertebral del gobierno. Un proceso que choca de frente con la restauración de la democracia. La militarización del gobierno es el principal obstáculo para el regreso de la democracia en Brasil. Un gobierno sin legitimidad, sin capacidad de gobernar, que se desintegra cuando debería comandar al país ante una crisis grave como esta, abre el camino para el establecimiento del poder militar dentro del Estado. Si hay ya un comando establecido para sustituir en la práctica a Bolsonaro, son especulaciones. Como se dice en italiano: Si non è vero, è bene trovatto. – Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).   https://www.alainet.org/es/articulo/205723

Estados Unidos, Internacionales, Portada

Trump y Krusty, el payaso

Fuente: Joe Goldman | Página/12 Fecha: 6 de abril de 2020 El astrofísico Neil Degrasse Tyson dijo ante la pandemia: “Estamos en el medio de un experimento masivo y mundial. Ese experimento es: ¿vamos a escuchar a los científicos?” La respuesta cambia de país en país. Pero para Estados Unidos la respuesta es un contundente “¡no!” No fue siempre así y vale comparar la reacción de Donald Trump con lo que hizo Barack Obama durante otro posible episodio de pandemia, el ébola, una enfermedad más mortal pero de transmisión no tan fácil. El ébola empezó en los últimos días de 2013 en el pequeño país africano de Guinea cuando un nene sufrió una mordida de murciélago. Unos meses después Obama reaccionó a la noticia de que el ébola se había extendido a Liberia y Sierra Leona. Creó un equipo del Centro de Control de Enfermedades para coordinar una respuesta para el ébola. El CDC mandó mucho personal a Africa y entrenó a miles de trabajadores médicos en la región. La administración de Obama trabajó con la OMS y la ONU para poner en marcha rutas de aviación especiales para dirigir viajeros desde las zonas afectadas sólo a aeropuertos de EE.UU. y del mundo equipados a hacer tests en masa. En EE.UU. casi 7000 personas recibieron entrenamiento, que incluyó cómo manejar una posible pandemia, y todo esto fue logrado antes de que un sólo caso llegara al país. Hubo UN muerto de ébola en Estados Unidos y muy pocos casos. La reacción y la política sanitaria del gobierno de Donald Trump no pueden ser más diferentes. Trump nombró como ministros de Energía y Medio Ambiente a dos tipos que antes habían pedido la disolución de esos ministerios. En lugar de científicos para ocupar los puestos en las agencias regulatorias, Trump eligió a empresarios que habían sido regulados. En áreas cruciales como salud, control de enfermedades, ciencia y tecnología, manejo de emergencias, sanidad pública, nexos con organismos internacionales y el cuerpo diplomático, Trump puso gente completamente ajena a las tareas, amigos empresarios, o simplemente no llenó posiciones. Trump abandonó el equipo de acción contra pandemias que Obama había creado. Bajó casi 20 por ciento los fondos del CDC y cortó las contribuciones para y nuestras vinculaciones con, la OMS. Programas internacionales donde norteamericanos trabajaron en muchos países del mundo monitoreando enfermedades infecciosas fueron abandonados incluyendo en China. El 31 de diciembre de 2019 el OMS avisó sobre el foco de coronavirus en China. Desde esa fecha, la administración Trump se ha mostrado menos efectiva en combatir la pandemia que Krusty, el payaso de los Simpson. Trump, siguió haciendo actos de campaña (cuando no estaba jugando golf) y hasta fines de febrero habló del virus como un complot de sus adversarios políticos, histeria de los medios en su contra. El coronavirus fue visto como un problema chino, algo bueno en medio de la guerra comercial con China. El Secretario de Comercio Wilbur Ross comentó en febrero que la epidemia “va a ayudar el obrero norteamericano”. Trump no creyó en sus informes de inteligencia previendo un brote muy severo afuera de China. Cuando la enfermedad se propagó a Europa y la OMS ofreció muchos tests a su país, Trump se negó diciendo que firmas norteamericanas podría hacerlos mejor si fuera necesario. Hasta hoy Trump no ordenó a compañías de EE.UU. hacer los tests aunque tiene el poder para decretarlo. El primer caso confirmado de coronavirus en EE.UU. ocurrió el 25 de enero, el mismo dia que en Corea del Sur. Trump dijo que fue un caso aislado y cuando sanitaristas y científicos se quejaron de la falta de reacción, él que era un complot de “los que fracasaron con el impeachment”. Ya a mitad de febrero, con docenas de casos confirmados, Trump comentó que solo había quince “y en poco tiempo reduciría ese número a cero”. No tomaron ninguna acción para sumar más kits de prueba a los pocos que tenía, pero anunció la prohibición de vuelos a China, una maniobra más con la guerra comercial. A mediados de marzo, con la situación nacional empeorando, Trump empezaba las conferencias de prensa diarias más como actos de campañas que momentos de información al pueblo. De hecho, en muchos casos difundió desinformación. Se hizo famoso Anthony Fauci en estas conferencias como uno de los científicos confiables y unos de los pocos que tenía el coraje de desmentir las mentiras de Trump. Fauci trabaja hace 50 años como especialista en enfermedades infecciosas y es probablemente la autoridad más respetada en el país. Hoy es blanco de amenazas de la ultraderecha por supuestamente ser anti-Trump. Corea del Sur actuó rápidamente, con muchas pruebas y estrictos controles. Hoy los surcoreanos tienen poco más de 10,000 casos con 174 muertos, EE.UU. tiene 328.861 casos y más de 9.300 fallecidos. La única mención a Corea del Sur de Trump fue para criticar el Oscar a Parasite. Respiradoras, kits de testeo y equipos de protección para personal médico no están llegando a los 50 estados, ni hablar de las zonas calientes. Hay peleas entre gobernadores haciendo verdaderas subastas con empresas privadas para conseguir insumos esenciales. El Estado nacional simplemente no existe. Y los resultados están empezando apilarse en camiones frigoríficos en el medio de mi ciudad, Nueva York. Le diría a Degrasse Tyson que hemos fracasado en el experimento de ver si escuchamos a los científicos. El autor es el productor regional de ABC News en América Latina.

Eventos

Peisaj 2020

Se acerca un nuevo Pesaj. Toda noche de Pesaj es una noche especial, pero este Peisaj 2020 lo es particularmente ya que encuentra al mundo en un momento muy complejo, enfrentando una pandemia todavía difícil de controlar. No nos vamos a reunir, como lo hacemos año tras año, para cuidarnos y cuidar a l@s demás. Recordemos que nuestr@s antepadasad@s no dejaron de celebrar esta Fiesta de la Libertad ni en tiempos de la inquisición ni en tiempos de guerra. Sigamos su ejemplo cada un@ desde su casa. Nuestra invitación es a mantenernos unid@s a la distancia. Por ello compartimos la Hagadá del Llamamiento Argentino Judío que confeccionamos en 2019 como herramienta de re lectura desde la actualidad, ya que de lo que se trata siempre es de resignificar nuestro pasado desde el presente pensando en el futuro. En ella leemos que Peisaj nos convoca no sólo a celebrar y recordar el pasaje de la esclavitud a la libertad, sino también, a repensar los modos actuales de esclavitud y brindar con la esperanza que los mismos puedan ser erradicados. En el presente asistimos al hecho que miles de personas mueren en el mundo por no contar con un servicio de salud oportuno y de calidad. Esta nueva plaga, el coronavirus, desnuda otra “plaga”, la muerte cotidiana de miles de personas que están privadas de su derecho a la salud. La salud es un derecho inalienable que debe ser garantizado por el estado, como ocurre hoy día en la Argentina, y no una simple mercancía, un lujo accesible para un@s poc@s como el sistema neo-liberal pretende naturalizar. El coronavirus va a pasar. Habrá un antes y un después del Covid 19. Está en nostro@s que no deje solamente dolor sino que sea la oportunidad para afianzar un sistema equitativo que se amplíe y multiplique. Está en nostr@s cruzar el Mar Rojo una vez más. Hoy más que nunca levantamos, con ustedes, nuestras copas y brindamos: Salud, Lejaim (por la vida)!!! Para bajar la Hagadá de Pesaj del Llamamiento Argentino Judío en pdf Hacer click aquí

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