Hola Susana
Fuente: Ricardo Ragendorfer | Revista Zoom Fecha: 3 de julio de 2020 El arresto del narco Sergio Mario Rodríguez (“Verdura”) ocurrió en marzo. En su indagatoria ante el juez federal de Lomas de Zamora, Federico Villena, no dudó en blanquear el vínculo que tuvo con la AFI. Su reclutador fue el abogado y agente de aquel organismo, Facundo Melo, quien le encargó la colocación de una bomba sin detonador en la vivienda de José Luis Vila, un alto funcionario del Ministerio de Defensa durante la gestión de Oscar Aguad, a quien había que disciplinar. Aquellas confidencias derivaron en un allanamiento al domicilio del letrado. Eso a su vez guió la investigación –ya convertida en una causa sobre tareas de inteligencia de carácter delictivo– hacia otro agente, Leandro Araque, cuyo smartphone almacenaba unos 2.500 archivos de seguimientos ilegales a toda clase de ciudadanos.La ex secretaria de Documentación Presidencial, Susana Martinengo, se enteró de semejante decomiso por una llamada urgente del propio Araque, no sin sentir un ramalazo de pavor. Es posible que entonces le viniera a la mente su primer encuentro con él.Ocurrió durante la tarde del 15 de mayo de 2018 en su despacho de la Casa Rosada (a metros del de Mauricio Macri). El espía llegó acompañado por su colega Miguel Alfonso, un ex efectivo de la Policía Federal que alguna vez estuvo infiltrado en La Cámpora. La visita se prolongó por más de dos horas.Desde ese martes parece haber transcurrido un siglo.Recientemente, al abogado Carlos Beraldi –que patrocina en esta causa a Cristina Fernández de Kirchner en su condición de querellante– se le ocurrió revisar el registro de entradas del edificio en cuestión, constatando que entre esa fecha y el 6 de marzo de 2019, unas 12 reuniones con otros agentes (Melo, Jorge Sáez, Maximiliano Magistello, Federico Scanavino, Hugo Romagnoli, Federico Mastropierro, Noelia Belén y Elba Masino, junto con otras personas de dudosa calaña). En tales ocasiones recibía informes de sumo interés para el “uno”, así como llamaban a Macri.A partir de ese preciso instante, su figura –sin duda uno de los secretos mejor guardado por el antiguo régimen– tuvo una notable relevancia.Con posterioridad, en razón a nuevas pruebas obtenidas por Villena, se supo de otros encuentros con esos espías, tanto en bares y restaurantes como en su propio domicilio. De modo que ahora hay indicios que la ubican en un sitio más trascendente que el de una simple mensajera. Además de impartir directivas y sugerencias, es señalada como hacedora del seguimiento al ex funcionario kirchnerista del Ministerio de Planificación, Roberto Baratta (detenido poco después), de quien era vecina en la localidad de Villa Ballester.Allí, enclaustrada por la cuarentena en su departamento, el devenir de los hechos la fue cercando hasta transformarla en una mancha venenosa. Hubo en el PRO quienes ni siquiera le atendían el teléfono, y hasta el mismísimo Macri dejó trascender que no la conoce. Aquel gesto le habría causado una desazón mayúscula, máxime cuando toda la dirigencia de Juntos por el Cambio, con el ex mandatario a la cabeza, bendijo a su no menos comprometido secretario, Darío Nieto, con un comunicado en defensa de su buen nombre y honor.Un pésimo augurio para la pobre Susana: el 28 de junio fue allanado su domicilio. Y tres días después fue llevada tras las rejas, junto a una veintena de implicados. Desde entonces languidece en un calabozo.En este punto bien vale reconstruir su historia. Amor con betún En 1987 gobernaba Raúl Alfonsín. El 15 de abril debía prestar su declaración indagatoria el mayor Ernesto Barreiro, un jerarca del centro de exterminio La Perla, en Córdoba, durante la última dictadura. Ello derivó en el levantamiento carapintada de Semana Santa. Y también en la recordada frase del presidente radical: “La casa está en orden”.Susana Martinengo tenía entonces 32 años. Seguía los acontecimientos por TV y le causó una grata impresión la imagen de un oficial que secundaba al jefe de la revuelta, Aldo Rico, cuando se exhibía ante las cámaras en la Escuela de Infantería de Campo de Mayo. Era el capitán Juan Jorge Ferreyra.Ese asunto fue la semilla de la Ley de Obediencia Debida, tratada días después en el Congreso, que terminó por desprocesar a más de mil represores y tranquilizó a otros en vías de ser denunciados. Entre ellos, a Ferreyra.Este sujeto de mirada peligrosa y bigote espeso, a quien sus camaradas llamaban “El Mono”, había prestado servicios desde 1976 hasta septiembre de 1979 en el Grupo de Artillería 7, del Chaco. En esa unidad de la VII Brigada de Infantería del Ejército estaba la jefatura del Área 233 (según la cuadrícula territorial que subdividía al país a los efectos del terrorismo de Estado), y bajo su órbita había tres campos de concentración: la Brigada de Investigaciones, la Alcaldía y el que funcionaba en su predio. Allí, además, fueron enterradas de manera clandestina algunas víctimas de la masacre de Margarita Belén. Cabe destacar que Ferreyra era allí oficial de Inteligencia.En 1988, Rico y los suyos estrenaron su propio partido: el Movimiento por la Dignidad y la Independencia (Modin). Ferreyra fue uno de sus cuadros.Hasta allí lo fue a buscar la persistente Susana. Fue un triunfo del amor. Pero aquella aproximación estratégica también le sirvió a ella para asomarse a la política como puntera barrial de dicho espacio.La feliz pareja contrajo enlace poco después.Fue una ceremonia muy emotiva: Rico y el coronel Enrique Venturino arrojaban arroz hacia el altar. El padrino era una promesa de la Gendarmería, el oficial Marcelo Martinengo, hermano de la novia.La pertenencia del matrimonio al partido carapintada se prolongó hasta 1996. Sobre las razones de la ruptura, el ex capitán habló por ambos, alegando “personalismos arcaicos y retrocesos ideológicos”. ¿Una fuerza política como el Modin podría haber tenido más retrocesos ideológicos?Lo cierto es que entonces los caminos políticos de Juan Jorge y Susana se bifurcaron. Él buscó nuevos horizontes en el PJ, con el auspicio de Octavio Frigerio, padre de Rogelio, el aún lejano ministro macrista.Ella, tras una etapa de introspección, fue designada como directora de







