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Secuencias y consecuencias de los virus

Fuente: Alberto Kornblihtt | Página/12 Fecha: 8 de abril de 2020 El 9 de marzo pasado, el ministro de Ciencia, Roberto Salvarezza, convocó a una reunión con representantes del Conicet, del Ministerio de Salud,empresas farmacéuticas y referentes de la infectología, virología y biología molecular de nuestro país para coordinar acciones respecto dela inminente epidemia de SARS-COV-2, la variedad de coronavirus que está azotando al mundo. Al final de la misma, recuerdo las palabras de Elsa Baumeister, jefa del servicio de infecciones respiratorias del instituto Malbrán: “Mañana me sumerjo en el laboratorio de alta seguridad de mi instituto para aislar el virus de un paciente. Deseenme suerte”. Estas palabras, dichas hace menos de un mes cobran un sentido profundo al enterarnos hoy que el equipo que Elsa dirige en el Malbrán acaba de obtener la secuencia de bases, es decir la exacta información contenida en el genoma, de las cepas del virus que circulan en la Argentina ¿Porqué era tan importante no confiar simplemente en la secuencia publicada del virus que surgió en China? Porque el coronavirus es un virus cuyo genoma está constituido por ARN (ácido ribonucleico) y no por ADN (ácido desoxirribonulceico). Y se sabe que los virus a ARN mutan sus secuencia con una frecuencia mucho mayor que los virus a ADN. Esto es así porque la enzima que lee y copia su genoma de ARN es poco fiel, comete errores, a diferencia de las enzimas que copian ADN que son 1000 veces más fieles. Entonces, esa infidelidad de la copia del ARN que ocurre cada vez que el coronavirus infecta nuestras células hace que se vayan acumulando mutaciones que sólo pueden ser detectadas si se determinan las secuencias experimentalmente tal como lo hizo el equipo del Malbrán. Notablemente nuestros científicos encontraron tres secuencias diferentes en los coronavirus que circulan en nuestro país, lo cual revela la existencia de al menos tres cepas: una proveniente de EE.UU., otra de Asia y la tercera de Europa. Esto indica que el virus ya había mutado de manera diferente al ser transportado por humanos desde Asia a Europa y a EE.UU. y que nosotros recibimos virus ligeramente distintos de cada uno de esos orígenes. Esta información tiene un valor práctico importante para conocer las rutas de contagio y contribuir a tests de diagnóstico más precisos de la presencia del virus en los pacientes. Es difícil de explicar, pero los métodos de diagnóstico están basados en el reconocimiento de la secuencia de bases (A, C, G y U) del virus y si los científicos están alertas de posibles mutaciones en las cepas que circulan en Argentina pueden ajustar sus métodos de diagnóstico para que no se les escape ninguna. Uno se pregunta hasta cuándo la ciencia y los científicos argentinos deberemos seguir rindiendo examen frente al establishment. ¿No hemos ya dado prueba suficiente de que sin ciencia local, seria y rigurosa, es imposible afrontar los múltiples problemas sociales, de salud y de producción que enfrenta nuestra sociedad? ¿No resulta ilustrativo que el Premio Nobel César Milstein, descubridor en Inglaterra de los anticuerpos monoclonales, herramienta indispensable en el diagnóstico de enfermedades, en la industria farmacéutica y en la nueva terapia del cáncer, haya sido echado del Instituto Malbrán en la década del 60 pasada? Hoy hay centenares de jóvenes científicos de todo el país, y no sólo del campo de las biomedicinas sino también de las ciencias sociales, que están trabajando contrarreloj para tratar de encontrar alternativas más rápidas y económicas de diagnóstico de coronavirus y mitigar sus consecuencias. El nuevo gobierno es muy consciente de este esfuerzo, lo valora y lo promueve. Habrá quizás llegado el momento de que el resto de la sociedad y sobre todo quienes detentan el poder económico también lo hagan. * Biólogo molecular Conicet-FCEN-UBA.

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Concierto editorial para atacar al presidente

Fuente: Comuna – Comunicadores de Argentina Fecha: 5 de abril de 2020 Fórmula mediática: endiosar a Rocca y denostar a Moyano El presidente Alberto Fernández recibe condena unánime de los columnistas políticos de los medios opositores: culpable del conflicto con los empresarios, simbolizados en la figura angelical del multimillonario Paolo Rocca, y por haber elogiado al dirigente sindical Hugo Moyano, descripto todos los días como el demonio en persona. Varios redactores agregan a esto los errores graves en la atención bancaria del viernes 3 para vaticinar el principio del fin de la popularidad presidencial. Como en partidas de ajedrez simultáneas, Clarín va al frente contra el ministro Guzmán por su estrategia con los acreedores y siguen las estocadas contra el gobernador Kicillof. Quedó para la historia del oprobio periodístico argento la maniobra de La Nación cuando publicó en línea, inclusive con foto, la noticia de un caceroleo que todavía no había sucedido. Esta publicación, el lunes a las 20.53, con foto atribuida a la agencia francesa AFP, desnudó por completo el papel decisivo que estos medios tuvieron para crear la protesta promovida por los sectores ultraderechistas del macrismo, en respuesta directa a la disputa presidencial con Paolo Rocca aunque disfrazada de crítica al “gasto de la política”, vieja cantinela de una oligarquía que se erigió como tal chupándole la sangre al Estado. Un papel decisivo confirmado además el martes 31, cuando el caceroleo apareció en tapa de Clarín y La Nación, pero no el “ruidazo” para protestar por la violencia contra las mujeres. Ese mismo día, González de Clarín culpó al Presidente de haber elegido a Rocca como “enemigo”, algo así como convertir el capítulo dos de una serie en el primero, al ignorar por completo el anuncio de 1.450 despidos. El redactor comenzó a saborear una caída de la imagen gubernamental, al anunciar que un alto índice de popularidad puede pasar, de un segundo a otro, a “total descrédito”. González fue imitado en este arte manipulador por muchos otros columnistas, como Cabot, Pañi, Morales Solá, Letjman, Roa, Longobardi (con su charla radial convertida en “noticia” por La Nación). Pero eso sí, ninguno se atrevió a reproducir su formidable ligereza histórica, cuando introdujo insólitas evocaciones sobre la búsqueda de mayor poder presidencial que no resisten siquiera la comprensible liviandad wikipédica, ya que enlistó a Alfonsín, Menem y Galtieri. Sin embargo, la matriz editorial es idéntica: Pagni tecleó que mientras el Presidente ubicó el problema en los empresarios, el “cacerolazo bastante estridente” mostró que “parte de la sociedad cree que el problema está en los políticos”. El coro afinado de condena a Alberto Fernández por haber criticado a San Paolo R. se volvió estridente, histérico y más reiterativo aún después del acto que compartió con Hugo Moyano en el sanatorio Antártida y los elogios y agradecimientos al denostado sindicalista. En el batallón hicieron fila Salinas, Kirschbaum, Pagni, Jacquelin, González, Roa, M. Wiñazki, Guyot, Van der Kooy, Liotti, Morales Solá, Fernández Díaz, y que nadie se ofenda si olvidamos mencionar a alguien. El caceroleo contra el gobierno no se sostuvo (había sido anunciado uno cada día) y, peor aún, generó tantas molestias dentro de la oposición macrista que hasta Clarín debió escribir un artículo dando cuenta de esa disputa. Es que entre los perjudicados por el brote ultra, en plena crisis por la pandemia, está el jefe de Gobierno Rodríguez Larreta, que seguro ya tiene un lugar en la historia como el político que obtiene el más alto índice de encubrimiento y complicidad mediática. Tanto así que el domingo 5.4 aparece alguna noticia perdida sobre proliferación de insectos y roedores en la Ciudad de Buenos Aires, pero escrito con magia: sin nombrar al Gobierno porteño y sin indagación alguna sobre si al presidenciable se le ocurrió, al menos por casualidad, pensar en alguna previsión al respecto. El desorden estruendoso en la atención bancaria del viernes es oro en bandeja en la estrategia editorial de sentenciar la caída de la popularidad presidencial. Clarín pide en tapa la renuncia de Vanoli a la ANSES, hay metralla intensa también contra Pesce en el Central y contra el sindicalista bancario Palazzo. La estructura bancaria del país, la negativa de los privados a dar servicio a clientes de recursos escasos y, en suma, la codicia inmoral de los banqueros, reciben cuidado quirúrgico en Clarín, Infobae y La Nación. En medio de la atención excluyente que demanda la pandemia y sus consecuencias políticas y económicas, el multifunción Bonelli se da tiempo para atender al ministro Guzmán, a quien da en desgracia por causar disgusto a los acreedores privados. Su crimen es uno, no contentar a los bonistas, pero los recursos para atacarlo son varios: el columnista lo pone en crisis dentro del gobierno, habla de “trifulcas” en el equipo económico, lo acusa de no tener plan y, lo peor de lo peor, “desorienta” a los acreedores. Así que, según este relato, los voceros de Wall Street recurrieron directamente al Presidente, que sabe que las encuestas pueden “cambiar drásticamente” y que no quiere default, así que le dijo a Guzmán: arreglá ese lío de la deuda (Menos mal que le avisó, porque el ministro no sabía que tenía ese asunto pendiente). Y no es todo: Béliz, Cafiero y Massa recibieron supuestamente el encargo de vigilar al ministro, una versión sin fuente que no tiene más finalidad que corroer su capacidad de negociación, quitarle autoridad. En suma, debilitarlo y así favorecer a los deudores. Aquella manipulación de La Nación “informando” sobre el caceroleo que no había ocurrido no tiene parangón, pero el “periodismo” de Clarín hizo su parte: para ocultar el acto de barbarie del republicano Morales, de expulsar a 61 personas de su feudo, presentó el hecho como “el increíble viaje de los hinchas colombianos” (esos hinchas eran 9 de los 61 y habían llegado al país por un partido de fútbol). Pero calificar estos grotescos está difícil: olvidado de sus pompas de pensador, el sábado Miguel Wiñazki escribe en Clarín que “nadie extraña” el protagonismo de “Ella”, pero

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Buchones

Fuente: Mario Goloboff | Mario Goloboff Fecha: 3 de abril de 2020 Por una vez, Eduardo Feinmann ha estado más sutil que alguien. En esta oportunidad, que Laura Alonso, lo cual, admitámoslo, no tiene que ser difícil. Ella afirmó, rotundamente, que los hipotéticos médicos cubanos que iba a mandar Cuba para combatir el coronavirus, iban a ser espías. Según Perfil, al escribir en su cuenta de twitter: «Si nos faltaba algo… eran los médicos/espías/comisarios cubanos! #NoALosMedicosCubanos«. Feinmann, más moderado sin quererlo, sostuvo que “podrían transformarse en espías”. Más moderado y más cierto: todos podemos transformarnos en espías, se trata de una capacidad de cambio, de modificación, de metamorfosis, que no le está vedada a ningún ser humano, sea cubano, chino, costarricense o sefaradí. Nunca lo había pensado, pero es uno de los defectos ínsitos en los seres humanos. Tal vez haga alusión a él, con esa enorme perspicacia de la Antigüedad, el mito de Proteo. De la ex gerenta de la Oficina de Anticorrupción (kirchnerista) queda poco por agregar, salvo aquello que deslizaba Borges sobre uno de sus enemigos literarios, que eran tantos: “La ignorancia, para ella, no tiene ningún secreto”. Llamada, solo  por ella misma, a hablar, porque está visto que no puede quedar callada y disimularse, su incontinencia espiritual la lleva a desbordar lo que en alguna oportunidad los franceses llamaron “anticomunismo primario”, y a decir esas cosas descomedidas, violentas, inoportunas, que hasta sus aliados políticos deploran. Si no fuera que es tan agresiva, daría un poco de lástima. Se parece bastante, oh casualidad, a la reacción de los británicos respecto del ofrecimiento argentino para las Malvinas: “Después de rechazar la ayuda humanitaria ofrecida por el gobierno argentino, las autoridades isleñas informaron sobre el caso de un «enfermo crítico». Como rechazaron el envío desde Argentina del test para detectar el virus, tendrán que esperar que llegue de Gran Bretaña, la semana próxima”. Página/12, 27/3/2020. “Los médicos cubanos (agregaba Perfil, 26/3/2020) fueron unos de los primeros que brindaron ayuda internacional en Wuhan para atender a los enfermos y asistir a las autoridades chinas en terreno. Llevaron medicamentos caseros, una variedad de interferón utilizado para tratar el cáncer, que según La Habana ayuda a los pacientes afectados por el virus, y algunos entusiastas lo anunciaron erróneamente como una cura maravillosa. Desde la década de 1960, oleadas de sus médicos y especialistas médicos han entregado su ayuda a decenas de países en desarrollo. Recientemente, en 2015, los cubanos desplegaron 37.000 médicos en 77 países, según un estudio de la Wharton School de la Universidad de Pensilvania.  En el apogeo de las misiones médicas internacionales, en 2013, los médicos cubanos enviaron US$10.200 millones de regreso a La Habana, según cifras oficiales del gobierno. Si bien el alcance es mucho menor hoy en día, los servicios médicos siguen siendo la mayor exportación de Cuba, tras aportar US$6.400 millones o el 43% de las ganancias extranjeras, el doble que el turismo, en 2018. Con 159 naciones (incluyendo a casi todas las del continente americano) enfrentando una enfermedad mortal, cuanto más personal médico capacitado acuda a este llamamiento mundial, mejor”. En realidad, esta no es una polémica con el gobierno, al que no se ve más que en las acertadas iniciativas que toma; es una discusión (profunda, si no es mucho estimar), entre ellos: ¿serán, ya, espías amaestrados, puestos a disposición, o párvulos que se adaptarán según las comandancias? Y otra cosa ¿qué van a venir a espiar los médicos cubanos? ¿Y para qué? Aparte de lo obvio, para lo cual están dotados, van a verificar el estado de la salud pública, de los hospitales, de los presupuestos tan deteriorados como los edificios. Pero, cuidado (¡!), probablemente vengan a espiar la cantidad y calidad de la obra pública dejada por el gobierno de cuatro años del PRO, la perfección de las hechuras, la red de redes tejida por los Ceos y otras gentes tan competentes que estuvieron al frente de los ministerios acompañando al Gran Ingeniero, el aliento y el impulso en investigación y educación (del que los cubanos, como se sabe, carecen), la obra cultural de los cultos ministros Hernán Lombardi y Pablo Avelutto… Se van a llenar los ojos. Y las alforjas de datos. Seguramente, para después copiarnos. Víctor Serge, el primero en describir el régimen soviético después de la muerte de Lenin como “totalitario”, supo escribir, hace ya un siglo, enseñanzas que todos los regímenes, especialmente los de derecha, tendrían que asimilar, pero se ve que por sus prejuicios no han leído (Ce que tout revolutionnaire doit savoir de la repression – Lo que todo revolucionario debe saber de la represión): “En 1917 la autocracia se desfondó sin que sus legiones de espías, de provocadores, de gendarmes, de verdugos, de sargentos de ciudad, de cosacos, de jueces, de generales, de popes pudieran retardar más el curso inflexible de la historia. /…/ La revolución era el fruto de causas económicas, psicológicas, morales, situadas por encima de ellos y fuera de su alcance. Ellos estaban condenados a resistirle inútilmente y a sucumbir”. (Buena lectura, también, de paso, para la camarada Bullrich.) Coda: El señor Alfredo Casero, es el tercero que reaccionó por el supuesto envío de médicos cubanos, con la serenidad y la cordura de siempre. Pero hace años que yo me prohibí la discusión con los cómicos.

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Presencias del 24

Fuente: Luis Bruschtein* | La Tecl@ Eñe Fecha: 24 de marzo de 2020 Pensé hacer una lista de mis desaparecidos para colgar en las redes, empezando por mis hermanos Noni, Víctor e Irene y mi viejo Santiago, pero me di cuenta que hubiera sido larguísima y además incompleta. Seguro que habría quedado alguien muy querido en el tintero. Pata, Cacho, Mario, Chufo, Arielito, Vicky, el Negro Eduardo, el Gordo Julio, Carlitos, Martita, Cristina, la Gallega, el Príncipe, el Yaya y así seguiría más y más. Me pasa cada 24 de marzo cuando veo las fotografías que llevan a la marcha y que publican en las redes. A pesar de todo el tiempo que pasó, es un día denso para los veteranos. Se nos llena la azotea de fantasmas, de los buenos pero también de los que duelen. Yo soñé con mi madre porque escribí algo sobre ella. Una amiga me dijo que soñó con Pacho, un compañero de JTP que era dirigente del SMATA. Y Pacho le decía en el sueño que lo mejor que habíamos hecho era haber sido como fuimos, ser nosotros mismos. Pacho murió en un enfrentamiento, una acción innecesaria donde era una locura que participara un cuadro sindical representativo como él. Blanca fue la primera en criticar la concepción militarista y vanguardista que había llevado a esa situación. En el sueño de Blanquita, lo que reivindica Pacho no es eso. Es más enredado el asunto. Veo sus imágenes en las marchas y siento un orgullo enorme de todos ellos. Los que no los conocieron no lo podrían entender. El diario del lunes convierte en sabio a cualquiera. Hice todas las autocríticas del mundo y en lo personal nunca pasé de la militancia de base porque hacía muchas críticas y a veces había compañeros que eran muy cabeza de chapa, muy cuadrados. Y sin embargo, lo mejor que hicimos fue haber sido como fuimos. Y decirlo me da hasta un poco de vergüenza porque yo hubiera querido ser mejor. Carajo, esas fotos. Lo veo en sus ojos, en la convicción natural y poderosa que emana de esas imágenes que sobrevuelan las marchas del 24. Se ve el gesto generoso y amoroso que se da por descontado, que ni siquiera se menciona, y que se porta como quien se pone los zapatos para caminar o se sienta cada día a la mesa y va a trabajar y come lo que le toca comer y hace el trabajo que le corresponde. Me autocrítiqué de las metidas de pata de las que formé parte y recuerdo también las discusiones y las críticas que hacía sobre algunas decisiones y las dudas sobre otras, pero era el menú que nos había servido la historia. Ojalá, con esa energía inmensa que tenían los compañeros, la historia hubiera iluminado otras opciones mejores. Hablo de una consciencia-emoción colectiva de la juventud que se negaba a seguir de largo con orejeras ante las injusticias en un país que hablaba de una justicia que no había, de una democracia que no había, de una libertad que no había, de una paz que no había. El pueblo quería a Perón y de Perón no se podía ni hablar, se ocultaban los fusilamientos y los bombardeos y todo el mundo hacía como si no hubieran existido. Las dictaduras se sucedían igual que los golpes militares a pesar de que el peronismo estaba proscripto, igual que el comunismo. La consciencia indignada de todas esas mentiras y la emoción intensa de que era una generación que tenía que luchar por un mundo sin ellas era algo que se compartía, se respiraba en el aire. Seguramente había mucha soberbia, pero de esa no me autocritico, simplemente lamento no haber tenido más madurez. Porque era una generación casi sin adultos. Y esas mentiras consentidas constituían el basamento de la sociedad que las había sostenido año tras año. Podríamos haber hecho lo mismo y seguir de largo y no ser como fuimos. No lo sé. El alma de esa generación traía una marca para dejar en la historia. Había sido producto de un proceso histórico y estaba definida para intervenir como lo hizo. La historia había cargado una mochila muy pesada sobre sus espaldas. Es un trazo grueso. No se trata de explicar el despelote de aquellos años, simplemente trato de explicar lo que siento. Ya todos leímos el diario del lunes, sabemos lo que deberíamos haber hecho y lo que estuvo mal, y todo bien con el diario del lunes. Pero como le dijo Pacho en el sueño a Blanquita: lo mejor que hicimos fue ser como fuimos. Ellos son los 30 mil, a los que extrañaré hasta el último de mis días, a los que llevaré siempre en la memoria. Y siempre sentiremos que una parte nuestra se fue con ellos. Buenos Aires, 24 de marzo de 2020 *Periodista

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La política en tiempos del coronavirus

Fuente: Edgardo Mocca | El Destape Fecha: 15 de marzo de 2020 “Si las retenciones a la soja pasan del 30 al 33% habrá una nueva guerra con el campo”. Así se titula una nota de Joaquín Morales Solá publicada en el portal del diario La Nación, el último 27 de febrero. Pocos días después, cuando todavía estaba vigente el “paro agropecuario”, la agenda política argentina había producido un viraje espectacular: el coronavirus había entrado en el país y desplazado a todas las controversias nacionales. La “guerra con el campo” no tuvo lugar. Quedó reducida a lo que era en realidad: un carnaval político de la derecha contra una decisión gubernamental que favorecía a todos los segmentos de la producción agraria, con excepción de una ínfima minoría de grandes productores y exportadores de soja. La coincidencia temporal entre un alboroto absolutamente minoritario y una tensión angustiosa de alcance nacional tiene en su interior un profundo contenido político. En todo el mundo se está discutiendo hoy la cuestión de la democracia y su relación con la capacidad de los estados nacionales para actuar con efectividad en la reducción de los daños que provoca la pandemia. La República Popular China –según se reconoce mundialmente- actuó de manera efectiva, parece haber controlado la situación y empieza a desplegar su colaboración con países europeos gravemente afectados por el virus; ya comenzó a hacerlo en Italia y se anuncia que lo hará también en España. Rápidamente los principales medios de comunicación de alcance global han abierto el debate bajo el signo de interrogante sobre la capacidad que tienen las “democracias occidentales” para movilizar a sus pueblos con la efectividad mostrada por la súper-potencia china, que es sistemáticamente atribuida a la existencia de un poder despótico que no respeta las libertades individuales. El costo de la “ejemplar democracia occidental” se pagaría así en términos de capacidades organizativas estatales para actuar ante catástrofes naturales. El orden conceptual que se utiliza es el de la comparación directa y sin mediaciones entre “democracia” y “autoritarismo”. La ineficacia que se está evidenciando en varios países europeos para actuar ante la pandemia obedecería, así, al obligado respeto estatal a las libertades individuales que complicaría la movilización social defensiva frente a la emergencia. Excede las posibilidades de esta nota un análisis de las democracias “realmente existentes” en los países occidentales. Por eso saldremos de la órbita de los regímenes políticos, de las formas de gobierno, para incorporar otra perspectiva, la del peso global enorme que adquirió en las últimas décadas el neoliberalismo. Como tal, la referencia no es solamente a una determinada política económica sino a una cosmovisión duramente hegemónica a lo largo y a lo ancho del planeta. Es una ideología privatista, consumista, antisolidaria y de un individualismo extremo. Más que cualquier filósofo posmoderno de los años ochenta del siglo pasado, fue Margaret Thatcher la que dio la definición más precisa de esa cosmovisión: “la sociedad no existe”, dijo. Existen los vecinos, los parientes y algunos conocidos; nada más. ¿Para qué tiene que seguir existiendo el Estado, entonces? Tiene que seguir existiendo para proteger la propiedad de los que tienen propiedad. Un Estado gendarme. La salud a los hospitales privados, la educación a las empresas privadas del ramo. Y así de seguido la policía, el transporte, la energía eléctrica. Como fallidamente supo decir el ex ministro Dromi en medio de la orgía privatizadora del menemismo: “nada de lo que deba ser estatal quedará en manos del Estado”. No es solamente un problema de orden económico, es una concepción del mundo y del lugar de los seres humanos en él. Su eje mitológico es el “capital humano”. Es decir, el ser humano concebido como una empresa en sí mismo. La competencia “meritocrática” consiste en tomar buenas decisiones a favor del crecimiento de ese capital: buenas escuelas (las más caras), buenas decisiones “empresariales”, cuidado de la salud personal como base material de ese capital. Las relaciones con los demás seres humanos se rigen también por la necesidad de cuidar y acrecentar ese capital. ¿Cómo hacer para que ese “nuevo hombre” (o mujer) neoliberal se comporte adecuadamente en las condiciones de una crisis humanitaria? ¿De dónde pueden surgir los impulsos solidarios y fraternales, completamente inservibles en la lucha por el éxito del capital individual y dramáticamente necesarios para una situación como la que enfrentamos? Volvamos a los chinos. Dicen que en el idioma chino el ideograma “crisis” combina los conceptos de “peligro” y “oportunidad”. De la crisis sanitaria actual saldrán mejor parados los pueblos que actúen de modo más unido, más solidario y más organizado (para recurrir a la retórica de Perón). Frente a una amenaza colectiva hay que volver a la virtud política, a la capacidad de actuar juntos en defensa de la polis. Es decir, actuar como pueblo y no como una suma dispersa de individuos incapaces de pensar en el otro/otra. En la Argentina, es la oportunidad de enfrentar la ideología ampliamente predominante en los últimos años con su carga de acumulación rapaz de recursos en pocas manos, de indiferencia por la suerte de las mayorías, de privatización y vaciamiento de lo público. El presidente propuso en su reciente discurso “Un país unido en el que cada uno debe comprometerse con los demás y todos con cada uno, empezando por el Estado”. Buena fórmula que no debería limitarse a los tiempos del coronavirus, sino proyectarse a la etapa larga que nos espera para la reconstrucción del país después de la destrucción operada por Macri y su lujoso equipo.

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La DAIA en su laberinto. Una institución degradada y sus vacilaciones

Fuente: Jorge Elbaum | El Cohete a la Luna Fecha: 15 de marzo de 2020 La institución que se atribuye en forma inconsulta la representación de la heterogénea colectividad judeo-argentina se encuentra atravesada por un debate respecto a la continuidad o la renuncia de la querella contra la actual Vicepresidenta, a quien acusan de traición a la Patria. Durante las últimas dos semanas su Consejo Directivo evaluó, en el marco de exasperados debates, las distintas alternativas frente a un hostigamiento jurídico decidido en 2016 en sintonía con el macrismo, un reducto específico de Comodoro Pro y sus dos embajadas de referencia, con sedes en Washington y Jerusalén. El actual presidente de la entidad, Jorge Knoblovits, practicó durante los últimos días incomprensibles malabares dialécticos frente a sus sorprendidos  interlocutores (políticos y empresariales) para justificar su disposición a renunciar a la querella, que evalúa como “improcedente y anacrónica”. Por su parte, sus históricos socios políticos, Waldo Wolff y Guillermo Yanco (pareja de la presidenta del PRO, Patricia Bullrich) se dispusieron a presionarlo para garantizar la continuidad de la persecución iniciada con la grotesca denuncia promovida por Natalio Alberto Nisman en enero de 2015. Un año atrás, el entonces presidente de la AMIA, Agustín Zbar, adelantó su convicción de que era improcedente darle continuidad a una acusación insostenible en términos jurídicos. En esa ocasión, los fundamentalistas ligados al PRO lograron su inmediata destitución apelando a los buenos oficios diplomáticos de sus casas matrices. Mientras la DAIA discute acaloradamente el abandono o la permanencia de la querella, varios de sus integrantes dan cuenta –en forma oficiosa– de una profunda degradación institucional asociada a tres dimensiones específicas que no dejan de profundizarse en forma progresiva: La trayectoria sombría de sus máximos referentes, la crisis de representación respecto de sus pretendidas bases, y el progresivo abandono de su misión institucional. Los últimos titulares de la DAIA registran antecedentes algo manchados: el más recordado es el de Rubén Beraja, presidente durante el menemismo, quien fuera acusado y detenido por su participación en el vaciamiento del Banco Mayo. Tiempo después fue imputado por los familiares de las víctimas del atentado a la AMIA de ser partícipe del encubrimiento. Más adelante, la institución de la calle Pasteur ungió como titular a un dirigente de un club social, Aldo Donzis, sobre quien pesaba una denuncia por violación a una menor. La responsable de llevar a cabo la denuncia por tal hecho fue, sorprendentemente, su propia hermana. La víctima, su sobrina. Con posterioridad a la gestión de Donzis, recaló en las oficinas del séptimo piso de la calle Pasteur el ex arquero del Club Atlanta, Waldo Wolff, quien utilizó la muerte de Nisman como trampolín para instituirse como uno de los alfiles del macrismo, en perpetua competencia de figuración con Lilita Carrió y Fernando Iglesias. Su mudanza en 2015 a la Cámara de Diputados no produjo el sosiego esperado por muchos de los activistas que exigían reducir el perfil mediático de la institución: el presidente que asumió con posterioridad a la gestión de Wolff, Ariel Cohen Sabban, se vio envuelto en un escándalo sexual, en 2018, con la mediática heredera del diario La Nación, la modelo Esmeralda Mitre. Titubeos en el Titanic  Dicho incidente motivó la rauda renuncia del titular de la entidad, que fue sustituido por su actual titular, Jorge Knoblovits, quien también tiene un pasado opaco que se empecina en ocultar. Según las imágenes difundidas por una cámara oculta del programa televisivo 24 horas, de Canal 9, en enero de 1998, Knoblovits intentó sobornar a un testigo para beneficiar a Alfredo Yabrán [1]. En esa misma videograbación, Knoblovits le reclamó al testigo Ricardo Manselle que cambiara su testimonio: “Tendrías que decir que recibiste presiones de la institución policial y de la revista Noticias para decir lo que le dijiste al juez”. En ese mismo programa de Canal 9, Knoblovits se jactó frente a Manselle de su credibilidad como abogado, dado que integraba el grupo de letrados de la Causa AMIA. Dicha ostentación motivó que el responsable del estudio jurídico en el que se desempeñaba, León Stein, lo despidiera el mismo día en que se difundieron las imágenes televisivas. Otro aspecto omitido de su reciente pasado recuerda su gira por Estados Unidos, luego del suicidio del fiscal, para –según sus propias palabras– “internacionalizar la causa” y posibilitar la intervención extranjera a expensas de la soberanía nacional. Knoblovits fue Secretario General de la gestión de Waldo Wolff en DAIA, entre 2013 y 2016, y se constituyó en una pieza clave para demonizar al kirchnerismo y posibilitar el triunfo electoral de Mauricio Macri. La segunda dimensión, relacionada con la crisis de representación, se funda en que la DAIA carece de un vínculo con sus bases. Su estatuto y su sistema electoral reniegan de cualquier contacto con quienes dicen representar. La docena de activistas que desde hace tres décadas decide los destinos de la organización carece por completo de formación política; sin embargo, no dudan en involucrarse en complejas disputas geopolíticas, sin evaluar las consecuencias de sus posicionamientos y acciones. El tercer aspecto de su degradación institucional remite al abandono de sus principios estatutarios. La DAIA fue fundada en 1935 con el objetivo explícito de enfrentar al fascismo y a la judeofobia, pero ambas actividades fueron progresivamente abandonadas en aras de beneficiar la política exterior de Israel y sus postulados de seguridad estratégica. La continuidad de su acusación contra Cristina Fernández de Kirchner y otros dirigentes populares, sumada a la recordada persecución hacia Héctor Timerman (que le imposibilitó la continuidad de su tratamiento médico), suponen un acontecimiento difícil de enmascarar y olvidar. Existe una frase en el Talmud que grafica con claridad el horizonte de este trayecto adulterado, escogido por la DAIA para hostigar los proyectos populares y al mismo tiempo avalar a los sectores más concentrados: “Con una falacia ruin se puede viajar a un lugar lejano. Pero sin esperanzas de volver”.

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Dos pandemias: coronavirus y el capitalismo financiero globalizado

Fuente: Carlos Heller (*)| Página/12 – Suplemento CASH Fecha: 15 de marzo de 2020 Se puede pensar que el mundo enfrenta al menos dos pandemias. A la que ocupa la tapa de los diarios, la del coronavirus, se agrega otra que venimos padeciendo desde hace tiempo, reflejada en las consecuencias que trae el capitalismo financiero globalizado y desregulado. La OMS acaba de caracterizar al coronavirus como pandemia, definición más que preocupante, en primer lugar por los efectos sanitarios a nivel global, pero también por los impactos económicos. Desde el abordaje económico, cabe citar que luego de la baja de tasas excepcional de la FED (banca central estadounidense) y del colapso de los precios del crudo del lunes 9, los países centrales comenzaron a anunciar importantes estímulos monetarios y fiscales durante la semana. La canciller alemana, Angela Merkel, sostuvo que “se trata de una situación extraordinaria y haremos todo lo posible para salir de ella”, lo que exige recursos sanitarios pero principalmente del presupuesto público. De allí que Merkel finalizó la idea considerando que “una vez superada (la pandemia) veremos qué ha significado para nuestro presupuesto”, es decir, gastamos lo necesario y luego veremos. Por su parte, la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, señaló que sin una acción coordinada “veremos un escenario que nos recordará a muchos de nosotros la gran crisis financiera de 2008”. Una vez más queda claro que cuando la situación lo amerita no se duda en dejar de lado los manuales e intervenir de manera decidida. Pero también sobresale otra vez la doble vara con la que miden otros temas como la pobreza o el desempleo: éstos no resultan acuciantes para los grandes decisores mundiales. Se encaran como problemáticas del paisaje normal del sistema económico. En lo financiero, la pandemia se expande de forma proporcional a la sensación de pánico de los mercados. Considerando el índice de las 500 empresas más grandes que cotizan en Wall Street, a la caída inicial del lunes (-7,6 por ciento) se agregó la del miércoles (-4,9 por ciento), seguidas por una más aguda aún, la del jueves (-9,5 por ciento), la más fuerte desde el derrumbe de 1987. De esta forma, contando un mes al 12 de marzo se perdió cerca del 26 por ciento del valor de capitalización de dichas empresas. Desde el inicio del mes, se perdieron cerca de 4 billones de dólares en la capitalización de mercado que refleja el S&P 500. Esta situación, además de las preocupaciones por los efectos del Covid-19, no es ajena a los exorbitantes niveles que se habían alcanzado, cercanos a un contexto que podría caracterizarse como de burbuja financiera. Y si bien desde hace un tiempo los organismos vienen alertando sobre los peligros que enfrenta el mundo ante la sobreexposición financiera vinculada a la deuda global, tanto pública como privada, nada se ha hecho. Podría decirse que está en la naturaleza del actual capitalismo que gobierna el mundo. Esto no hace más que reforzar la convicción de que el único camino posible para nuestro país pasa por seguir renegociando la deuda con el objetivo de alcanzar un buen acuerdo, que genere un sendero de sostenibilidad. La actual fortaleza de la posición argentina está en línea con el contexto que se enfrenta, teniendo en cuenta que se espera una desaceleración fuerte de la economía global, una baja del comercio y de los precios de las materias primas. Todos efectos que generarán tensión en la disponibilidad de divisas del país. No debe pasarse por alto que las responsabilidades de los acreedores privados son evidentes. ¿En la búsqueda de rentas fáciles, acaso no sabían el riesgo implícito que significaban los altos rendimientos? La autocrítica también le toca al FMI. Con un mercado de cambios liberalizado por completo, no podía esperarse un desenlace diferente, algo que varios advertimos en su momento. Por lo demás, los hechos recientes muestran que en países como la Argentina resulta imprescindible regular los flujos de capitales. Con los controles actuales a la compra de divisas para atesoramiento, la pérdida de reservas internacionales alcanzó el lunes unos 100 millones de dólares, motivada por intervenciones cambiarias del Banco Central. En cambio, Brasil, que casi no posee regulaciones, perdió ese mismo día unos 3000 millones de dólares de sus reservas internacionales. El entorno actual es complejo y amerita más que nunca la adopción de políticas de protección de la producción local. Va en este sentido la adopción de licencias no automáticas para las importaciones de petróleo, para que las empresas del sector no opten por adquirirlo en el exterior, ante la fuerte baja que mostró estos días. Una conclusión generalizable al conjunto de las actividades que enfrentan competencia externa y que muestra a un Estado activo, tratando de minimizar los impactos de la crisis. * Diputado Nacional Frente de Todos. Presidente Partido Solidario.

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El mensaje de Alberto Fernández marca un cambio de rumbo

Fuente: Alfredo Zaiat | Página/12 Fecha: 2 de marzo de 2020 El discurso presidencial ante la Asamblea Legislativa permite identificar cuál es la tendencia de un gobierno en cuanto a su política de distribución del ingreso. El de Macri fue evidentemente regresivo, en cambio el de Alberto Fernández tiene una impronta progresiva. Los discursos de los presidentes en la Asamblea Legislativa en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso pueden abordarse con diferentes enfoques. Uno de ellos remite a identificar cuál fue el mensaje respecto a las medidas que pretende implementar para intervenir en cómo se distribuye el ingreso nacional. Puede presentar iniciativas regresivas, como la liberación de las tarifas de los servicios públicos con eliminación de subsidios, como hizo en su momento Mauricio Macri, que derivó en aumentos del 2000 por ciento en el gas y del 3000 por ciento en la luz, o puede anunciar medidas progresivas, como la definición de crear «marcos tarifarios razonables», que implica su desdolarización, y su congelamiento temporario, como reconfirmó este domingo Alberto Fernández. Informar que se pagará todo y más a los fondos buitre una deuda en litigio en tribunales de Nueva York para «volver al mundo», para reiniciar un desaforado ciclo de endeudamiento, como sucedió con Macri, que planteó de ese modo el tránsito hacia una distribución regresiva del ingreso por la creciente carga de intereses a pagar. En cambio, enfatizar en el mensaje en el Congreso de que se tiene que encarar una renegociación de la deuda porque la que dejó el gobierno anterior es impagable, y que lo que se busca es liberar recursos para recuperar la economía, implica una redistribución de ingresos desde los bolsillos de los acreedores a los del resto de la economía. En este tema entregó además dos definiciones contundentes: «Nunca más un endeudamiento insostenible», y «Nunca más a la puerta giratorio de dólares que ingresan por el endeudamiento y se fugan dejando tierra arrasada a su paso«. Cuando se comunica la eliminación de las retenciones al complejo agroexportador, provocando un deterioro de las cuentas fiscales para beneficiar a un sector de la economía y que, además, deriva en un shock inflacionario con salarios y jubilaciones que no acompañan esos aumentos de precios, la medida es regresiva. Fue lo que anunció en su primer discurso Macri. Por el contrario Alberto Fernández señaló que habrá un reajuste en las retenciones a la soja –sin precisar los puntos de alza, pero que serán 3 para elevar el total al 33 por ciento- y que sólo se incrementará uno de un total de 25 cultivos alcanzados por los Derechos de Exportación. En lugar de hablar de grasa militante y de empleados estatales a despedir, como sucedió en la gestión macrista, lo que implicó el alza de la tasa de desempleo y destrucción del salario real, Alberto Fernández detalló los aumentos ya dados y la ambición de preservar, mejorar y avanzar en las condiciones y productividad de los trabajadores. El objetivo expuesto es el de pasar de una economía focalizada en la especulación hacia otra basada en el empleo y la producción. Las políticas de redistribución progresiva del ingreso, hasta las más tímidas, generan una fuerte resistencia, como se puede observar con la reacción del Poder Judicial con la más que prudente reforma de su régimen previsional privilegiado o con las amenazas de grupos radicalizados del campo por el esquema de retenciones. El cambio de rumbo propuesto fue explicitado en este discurso por Fernández, precisando que se comienzan por los últimos, o sea por la base de la pirámide de ingresos, para luego llegar al resto. Esto implica transitar un sendero de redistribución progresiva, y cuando se plantea ese objetivo es previsible que haya oposición de los privilegiados, aunque sean afectados en el margen de sus fabulosos ingresos. Artículos relacionados https://www.pagina12.com.ar/250363-apertura-de-sesiones-ordinarias-2020-en-que-consiste-la-refo https://www.pagina12.com.ar/250371-la-palabra-en-valor

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El discurso de Alberto Fernández: diagnóstico, agenda y temas pendientes

Fuente: Atilio A. Boron | Blog de Atilio A. Boron Fecha: 2 de marzo de 2020 Fue un discurso marcado por la sobriedad y una encomiable voluntad de ir a lo concreto, a tono con los tiempos que corren y las expectativas de la sociedad. Pero no se trató de una pieza oratoria neutra. “Esta es la hora de definir de qué lado va a estar cada uno. Nosotros estamos del lado del pueblo”, dijo en uno de los tramos más relevantes al encarar el tema de la deuda externa. Comenzó con una breve pero rotunda reseña del desastre heredado por los cuatro años de la gestión macrista para luego extenderse sobre los desafíos cruciales a los que se enfrenta la Argentina. A continuación se analizan algunas de las principales definiciones de su discurso. Era obvio que la cuestión de la deuda externa sería objeto de una reflexión en su discurso. Es, hoy por hoy, “el principal escollo” con que tropieza la refundación de la Argentina. Una deuda afectada por una insanable ilegitimidad de origen y de formas, no siendo otra cosa que el componente decisivo de un proyecto de saqueo de las riquezas nacionales en lugar de ser un instrumento de promoción económica y social. A John Adams, segundo presidente de Estados Unidos, se le atribuye haber dicho que “hay dos formas de conquistar y esclavizar a una nación. Una es por la espada. La otra es por la deuda”. En el caso argentino quienes contrajeron esa deuda lo hicieron convencidos de que este país debía convertirse en una dependencia colonial de Estados Unidos, abandonando cualquier pretensión de soberanía y autodeterminación nacional. Las resistencias populares que provocó este proyecto hicieron que sólo en parte pudiera concretarse y ahora estamos en condiciones de revertirlo y derrotarlo definitivamente. El endeudamiento externo será el enorme y más inmediato desafío que deberá enfrentar el actual gobierno y la condición de posibilidad de todas las tareas y planes que se ha impuesto la Casa Rosada. Por eso es digno de destacarse que el Banco Central esté analizando el proceso de endeudamiento del macrismo. Y tanto más cuando el presidente dijo que “Todos hemos visto impávidos como los dólares que deberían haber financiado el desarrollo productivo, acabaron fugándose del sistema financiero, llevándose los recursos y dejándonos la carga de la deuda.” Por supuesto, esto exigirá “saber lo que pasó, quienes permitieron que ello suceda y quienes se beneficiaron con esas prácticas.” En otras palabras esto significa auditar la deuda externa para pagar lo que efectivamente se debe, identificar a quienes se apropiaron de ella para su beneficio y obligarlos a devolver ese dinero mal habido. No en vano fue nada menos que John M. Keynes quien, refiriéndose a las perversiones e impactos recesivos de la especulación financiera tan favorecida por el anterior gobierno, propusiera “la eutanasia del rentista”. Pocas cosas pueden ser más positivas para la impostergable refundación de la Argentina que seguir el consejo de aquel economista y liberar al país de la plaga de la “bicicleta financiera.” De ahí la importancia de que Fernández haya dicho en su alocución que “nunca más a la puerta giratoria de dólares que ingresan por el endeudamiento y se fugan dejando tierra arrasada a su paso.” Segundo tema: la necesidad de contar con un Estado fuerte, ágil y eficiente que, como se dijo en el discurso, no se puede “construir un Estado del siglo XXI con las herramientas de un Estado del siglo XX.” En esto el presidente se hace eco de un amplísimo consenso teórico que establece que sin un Estado que reúna aquellas condiciones no habrá proyecto económico que funcione ni vida civilizada en la sociedad. Los espectaculares crecimientos económicos de los países del Sudeste asiático son incomprensibles si no se examina cuidadosamente el crucial papel que desempeñaron los Estados en la promoción del crecimiento económico y la redistribución de ingresos y rentas. En su célebre discurso del 18 de Diciembre de 1978 cuando lanza la reforma económica en China Deng Xiaoping puso como primerísima condición para lograr el progreso económico la reconstrucción del Estado pues lo que había era una administración pública con un bajísimo nivel de calificación profesional, pésimamente organizada, carcomida por el burocratismo y la corrupción, ineficiente en sus instrumentos de intervención y encima de todo eso sin disponer de los recursos necesarios para cumplir con sus obligaciones. Sin la recreación del Estado sobre nuevas bases, advertía Deng, China jamás saldría de su atraso porque el orientador y gestor del desarrollo de las fuerzas productivas no estaría en condiciones de cumplir su papel. Tercero, a la refundación del Estado Deng agregó otra condición: el carácter estratégico de realizar masivas inversiones en educación, especialmente en las universidades y en investigación científica y técnica. Cuarenta años más tarde la continuada aplicación de estas políticas de estado le permitieron a su país tomar la delantera en áreas de punta de las modernas tecnologías de la informática, como la Inteligencia Artificial y las telecomunicaciones satelitales, raíces de la “guerra comercial” que Donald Trump le declaró al gigante asiático. Es de esperar que cuando Fernández anunció que va a proponer un debate en torno a una “nueva Ley de Educación Superior que permita fortalecer nuestro sistema universitario” … y que tenga como fundamentos “la gratuidad y el acceso irrestricto a la universidad” se tomen en cuenta las lecciones de un país como China, que simboliza de lejos el avance más rápido en estas materias a nivel internacional. Hoy día las patentes en Inteligencia Artificial de China casi triplican las de Estados Unidos, algo inimaginable veinte años atrás. Y esto no fue casualidad: fue fruto de una política de estado sostenida a lo largo del tiempo y cuya maduración cambió decisivamente el tablero tecnológico mundial. Cuarto, al anunciar el inminente envío al Congreso de un “Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo que legalice el aborto en el tiempo inicial del embarazo y permita a las mujeres acceder al sistema de salud cuando toman la decisión de

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