Cómo el amor por una chica judía llevó a Paco Taibo II a Mordejai Anilevich
Fuente: May Samra y Béla Braun | Enlace Judío México Fecha: 3 de octubre de 2019 Luego de presentar un libro que no existe, el escritor y director del Fondo de Cultura Económica, Paco Ignacio Taibo II, habló con este medio sobre el proceso que lo ha llevado a explorar la historia de un “héroe judío, un héroe adolescente, un héroe socialista y un héroe universal”: Mordejai Anilevich. Hace algunos minutos, Paco Ignacio Taibo II, director del Fondo de Cultura Económica y autor de varias decenas de libros, ha hecho algo que jamás había hecho: presentar un libro que no existe. Un proyecto, si se quiere, avanzado y que va tomando forma entre sus manos pero que ni él sabe si habrá de terminar. Se trata de un relato épico que nada tiene de ficción pero que tampoco será un libro de historia sino, más bien, una especie de reportaje histórico. Tras su ponencia, al mismo tiempo abatida y apasionada, Taibo se encuentra con el equipo de Enlace Judío en los pasillos del Centro Cultural Bella Época, donde se lleva a cabo la Feria Internacional del Libro Judío 2019, y lo conduce a su oficina, ansioso por encender un cigarrillo. Conversaremos sobre ese libro inexistente, sobre su pasión por los personajes revolucionarios y hasta sobre un pasaje de su adolescencia que lo llevó a encontrarse con el sionismo de izquierda. “Cuando tenía 15 años andaba persiguiendo a una adolescente judía y terminé yendo a la Hashomer Hatzair (movimiento juvenil judío), sin ser judío, y ahí pasé un año de mi vida, y además, era una biblioteca maravillosa, ahí descubrí a Jack London, a Howard Fast, y tenía grandes amigos en este mundo. Luego, bueno, mi relación con esta muchacha nunca pasó a mayores, yo evolucioné a ciertos espacios de la vida adolescente… Pero el nombre de Mordejai sonaba como el gran héroe del movimiento scout judío, pero yo lo había perdido. El redescubrimiento fue la famosa carta que le escribe a los compañeros en el exterior, donde dice “hasta ahora, los judíos sabemos que vamos a morir pero ahora sabemos cómo vamos a morir.” Se refiere a Mordejai Anilevich, líder de la resistencia del gueto de Varsovia que durante un par de semanas mantuvo a raya al ejército nazi que, entre el estupor y la furia, no atinaba a comprender cómo había surgido un bastión de resistencia entre los judíos, capaz de oponerse con relativo éxito a su maquinaria de aniquilación. “Y eso (el mensaje de la carta) es lo que está detrás de la resistencia y del alzamiento. Uno de los hechos heroicos de la humanidad, el alzamiento del gueto de Varsovia. Ciento cincuenta adolescentes, la mayoría de ellos, de grupos socialistas, sionistas, combatiendo contra 2,000 SS más la artillería y la aviación nazi concentradas sobre el gueto.” La carta aludida fue enviada por el joven Mordejai a sus compañeros del exterior del gueto para informarles que organizaría una rebelión contra los nazis, que ya perpetraban ahí una masacre cotidiana. Anilevich, que contaba con algún entrenamiento militar y era dueño de un liderazgo natural, pudo entramar una red de tráfico de bienes e información que le permitió a la resistencia articularse, conseguir armas, construir túneles y oponerse tanto a los nazis como a los cómplices que estos encontraban dentro de la propia comunidad judía cautiva dentro de las paredes del gueto. Durante 15 años, Taibo ha ido recabando información en lugares tan dispersos como una biblioteca en Houston, donde pasó tres días leyendo “un archivo maravilloso (…) sobre temas del gueto porque, por no sé qué razón, había supervivientes del gueto; (la investigación) me ha llevado a buscar textos en revistas rusas y buscar un amigo que me los traduzca; me ha llevado a entrar en redes de información sobre el Holocausto, de origen judío pero que tienen su base informativa en inglés, lo cual te ayuda enormemente; me ha llevado a encontrar los cinco folletos que había sobre el alzamiento del gueto de Varsovia escritos en español…. Lugares inusitados.” Pero el escritor admite que no era su intención realizar una investigación exhaustiva pues, dice, “no estoy haciendo un libro de historia. Estoy haciendo lo que llamarías un libro de historia narrativa. Una especie de reportaje histórico” que no incluye tampoco testimonios que él haya obtenido directamente de supervivientes, pues “se hubiera convertido en un libro de historia. Cuando entro en la obsesión soy peligroso, me hubiera llevado a hacer un libro como Patria, que me llevó siete años y que tiene cerca de 7,000 fuentes informativas y no, no, cuidado. Me hubiera quedado ahí. Si aquí tengo dificultades para escribir un librito de 100 páginas, no les quiero contar (qué pasaría) si entro en una investigación en profundidad.” Lo que sí hizo fue visitar Varsovia en busca del gueto, de las calles donde se gestó la resistencia y donde el propio Anilevich, acorralado por la maquinaria nazi enfurecida, se quitó la vida. El descubrimiento de Taibo fue “horrible. La pregunta es dónde está (el gueto). Y no está (…). La Varsovia que recorrí era muy fantasmal y la tumba de Mordejai era una patada en el estómago, porque, además, no era ahí, no está puesta donde era la calle Mila, está en un parque.” Como expuso hace una media hora ante un público que lo veía con profundo interés desgarrarse en su estilo apasionado y, a la vez, contenido, Taibo da cuenta de la devastación que realizaron los nazis donde antes había estado el gueto: no dejaron piedra sobre piedra. Había que borrarlo todo. Un crimen doble. El asesinato de la gente y el asesinato de la memoria. Antes de su visita a las calles donde alguna vez se formó el gueto, Taibo supo que el memorial de Anilevich había sido vandalizado por neonazis. Cuando llegó, sin embargo, ya lo habían limpiado. “Si no, yo ya venía con mi bote de pintura blanca, nomás faltaba. La batalla contra los vándalos hay que seguirla dando. Porque el racismo y el fascismo son una enfermedad mental peligrosa: no solo le matan las neuronas al








