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Cómo el amor por una chica judía llevó a Paco Taibo II a Mordejai Anilevich

Fuente: May Samra y Béla Braun | Enlace Judío México Fecha: 3 de octubre de 2019 Luego de presentar un libro que no existe, el escritor y director del Fondo de Cultura Económica, Paco Ignacio Taibo II, habló con este medio sobre el proceso que lo ha llevado a explorar la historia de un “héroe judío, un héroe adolescente, un héroe socialista y un héroe universal”: Mordejai Anilevich. Hace algunos minutos, Paco Ignacio Taibo II, director del Fondo de Cultura Económica y autor de varias decenas de libros, ha hecho algo que jamás había hecho: presentar un libro que no existe. Un proyecto, si se quiere, avanzado y que va tomando forma entre sus manos pero que ni él sabe si habrá de terminar. Se trata de un relato épico que nada tiene de ficción pero que tampoco será un libro de historia sino, más bien, una especie de reportaje histórico. Tras su ponencia, al mismo tiempo abatida y apasionada, Taibo se encuentra con el equipo de Enlace Judío en los pasillos del Centro Cultural Bella Época, donde se lleva a cabo la Feria Internacional del Libro Judío 2019, y lo conduce a su oficina, ansioso por encender un cigarrillo. Conversaremos sobre ese libro inexistente, sobre su pasión por los personajes revolucionarios y hasta sobre un pasaje de su adolescencia que lo llevó a encontrarse con el sionismo de izquierda. “Cuando tenía 15 años andaba persiguiendo a una adolescente judía y terminé yendo a la Hashomer Hatzair (movimiento juvenil judío), sin ser judío, y ahí pasé un año de mi vida, y además, era una biblioteca maravillosa, ahí descubrí a Jack London, a Howard Fast, y tenía grandes amigos en este mundo. Luego, bueno, mi relación con esta muchacha nunca pasó a mayores, yo evolucioné a ciertos espacios de la vida adolescente… Pero el nombre de Mordejai sonaba como el gran héroe del movimiento scout judío, pero yo lo había perdido. El redescubrimiento fue la famosa carta que le escribe a los compañeros en el exterior, donde dice “hasta ahora, los judíos sabemos que vamos a morir pero ahora sabemos cómo vamos a morir.” Se refiere a Mordejai Anilevich, líder de la resistencia del gueto de Varsovia que durante un par de semanas mantuvo a raya al ejército nazi que, entre el estupor y la furia, no atinaba a comprender cómo había surgido un bastión de resistencia entre los judíos, capaz de oponerse con relativo éxito a su maquinaria de aniquilación. “Y eso (el mensaje de la carta) es lo que está detrás de la resistencia y del alzamiento. Uno de los hechos heroicos de la humanidad, el alzamiento del gueto de Varsovia. Ciento cincuenta adolescentes, la mayoría de ellos, de grupos socialistas, sionistas, combatiendo contra 2,000 SS más la artillería y la aviación nazi concentradas sobre el gueto.” La carta aludida fue enviada por el joven Mordejai a sus compañeros del exterior del gueto para informarles que organizaría una rebelión contra los nazis, que ya perpetraban ahí una masacre cotidiana. Anilevich, que contaba con algún entrenamiento militar y era dueño de un liderazgo natural, pudo entramar una red de tráfico de bienes e información que le permitió a la resistencia articularse, conseguir armas, construir túneles y oponerse tanto a los nazis como a los cómplices que estos encontraban dentro de la propia comunidad judía cautiva dentro de las paredes del gueto. Durante 15 años, Taibo ha ido recabando información en lugares tan dispersos como una biblioteca en Houston, donde pasó tres días leyendo “un archivo maravilloso (…) sobre temas del gueto porque, por no sé qué razón, había supervivientes del gueto; (la investigación) me ha llevado a buscar textos en revistas rusas y buscar un amigo que me los traduzca; me ha llevado a entrar en redes de información sobre el Holocausto, de origen judío pero que tienen su base informativa en inglés, lo cual te ayuda enormemente; me ha llevado a encontrar los cinco folletos que había sobre el alzamiento del gueto de Varsovia escritos en español…. Lugares inusitados.” Pero el escritor admite que no era su intención realizar una investigación exhaustiva pues, dice, “no estoy haciendo un libro de historia. Estoy haciendo lo que llamarías un libro de historia narrativa. Una especie de reportaje histórico” que no incluye tampoco testimonios que él haya obtenido directamente de supervivientes, pues “se hubiera convertido en un libro de historia. Cuando entro en la obsesión soy peligroso, me hubiera llevado a hacer un libro como Patria, que me llevó siete años y que tiene cerca de 7,000 fuentes informativas y no, no, cuidado. Me hubiera quedado ahí. Si aquí tengo dificultades para escribir un librito de 100 páginas, no les quiero contar (qué pasaría) si entro en una investigación en profundidad.” Lo que sí hizo fue visitar Varsovia en busca del gueto, de las calles donde se gestó la resistencia y donde el propio Anilevich, acorralado por la maquinaria nazi enfurecida, se quitó la vida. El descubrimiento de Taibo fue “horrible. La pregunta es dónde está (el gueto). Y no está (…). La Varsovia que recorrí era muy fantasmal y la tumba de Mordejai era una patada en el estómago, porque, además, no era ahí, no está puesta donde era la calle Mila, está en un parque.” Como expuso hace una media hora ante un público que lo veía con profundo interés desgarrarse en su estilo apasionado y, a la vez, contenido, Taibo da cuenta de la devastación que realizaron los nazis donde antes había estado el gueto: no dejaron piedra sobre piedra. Había que borrarlo todo. Un crimen doble. El asesinato de la gente y el asesinato de la memoria. Antes de su visita a las calles donde alguna vez se formó el gueto, Taibo supo que el memorial de Anilevich había sido vandalizado por neonazis. Cuando llegó, sin embargo, ya lo habían limpiado. “Si no, yo ya venía con mi bote de pintura blanca, nomás faltaba. La batalla contra los vándalos hay que seguirla dando. Porque el racismo y el fascismo son una enfermedad mental peligrosa: no solo le matan las neuronas al

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La propaganda no es periodismo

Fuente: Atilio Borón | Blog de Atilio Borón Fecha: 2 de octubre de 2019 Mientras esperaba una conexión aérea que me transportara de Santa Cruz de la Sierra a La Paz la pantalla gigante del bar donde estaba disponiéndome a almorzar estaba clavada en la CNN. Por supuesto ignoré lo que allí se transmitía porque era un chismerío sobre el posible juicio político a Donald Trump (que ni los demócratas se lo creen), el papel del presidente de Ucrania inmiscuyéndose supuestamente en la campaña presidencial de Estados Unidos y otras menudencias destinadas a distraer a la audiencia y evitar que se enriquezca con la recepción de insumos cognitivos rigurosos, adecuadamente contextualizados, que le ayuden a comprender que es lo que realmente pasa en el mundo. Seguí ensimismado en la revisión de a ponencia que leería en La Paz a últimas horas de la tarde pero al rato me llamó la atención el tono sumamente enfático de alguien que ahora ocupaba la pantalla y que se preguntaba cómo podía ser que Alberto Fernández dijera que no había una dictadura en Venezuela, aunque sí una deriva autoritaria. Traté de seguir con mi trabajo pero me resultó imposible porque no sólo Andrés Oppenheimer seguía rasgándose las vestiduras sobre los dichos de Fernández sino que comenzó a tirar cifras de las miles de ejecuciones extrajudiciales que habría perpetrado el gobierno bolivariano pese a que la evidencia que sustenta tan grave acusación no resistiría un día de examen en sede judicial. Claro, esto siempre y cuando jueces y fiscales no hubieran sido alumnos de los cursos de “buenas prácticas” organizados por el gobierno de Estados Unidos en donde se instruye a los magistrados a administrar la justicia como Dios manda. El actual ministro de Justicia de Brasil, Sergio Moro, es uno de los más brillantes egresados de esos cursos y su condena del ex presidente Lula una verdadera hazaña de la orfebrería jurídica imperial. Oppenheimer intensificó sus críticas pasando de Maduro a Cristina Fernández a la que acusó de haber producido un desastre económico  durante su mandato pero sin fundamentar, otra vez, tan descalificadora valoración. Sus palabras eran un eco de otro disparate pronunciado por Mario Vargas Llosa, gran novelista pero un mero diletante a la hora de analizar la vida política, que en una nota publicada a comienzos de septiembre en La Nación calificó al gobierno de Mauricio Macri –que arrasó con la economía, la sociedad, la cultura y el estado de derecho en la Argentina- como uno de “los más honestos y competentes” de nuestra historia. Dado que ya me referí a este exabrupto en un posteo reciente vuelvo a lo de Oppenheimer para pedirle que por favor antes de seguir hablando de la “dictadura” de Maduro se sirva contemplar las dos fotografías que acompañan esta nota y que fueron publicadas en el Facebook de Nilson Peña Mora, Alcalde del municipio Rivas Dávila, en el Estado Mérida, de la República Bolivariana de Venezuela. Este sujeto aparece luciendo orgullosamente una camiseta con un grosero insulto al presidente Maduro y en la otra con alguna de sus admiradoras, ataviada de la misma manera. No sólo eso sino que en más de una ocasión declaró públicamente que “su presidente” era Juan Guaidó y no quien había usurpado ese cargo, que no era otro que Nicolás Maduro. Por supuesto, el Alcalde sigue en funciones y haciendo lo que le viene en gana, al igual que el “presidente encargado” (por Donald Trump) de reemplazar a este último. Yo le pregunto a un observador tan atento de la vida política como Oppenheimer qué cree que hubiera ocurrido si alguna persona cualquiera hubiera salido a la calle para pasearse con una camiseta con la misma inscripción pero que en lugar de Maduro dijera Pinochet, Videla, Franco. Bajo esas dictaduras el pobre sujeto habría sido apresado al instante, sometido a feroces torturas y hecho desaparecer sin dejar el menor rastro. Así operan las dictaduras. Nada de esto ha ocurrido con Peña Mora, que al igual que Guaidó, siguen haciendo de las suyas sin ser molestados por las autoridades del estado bolivariano precisamente porque no es una dictadura sino una democracia sometida a una brutal guerra económica (que algunos analistas norteamericanos estiman que ha producido por lo menos 40.000 muertos por el bloqueo en el suministro de medicamentos y comida), tema sobre el cual Oppenheimer y sus cofrades guardan escandaloso silencio.  Don Andrés, por favor: todo periodista tiene que hacer honor a un “juramento hipocrático” que establece que su obligación moral, inescapable, es “decir la verdad y denunciar las mentiras.” Obligación que, claro está, no existe para los cultores de la propaganda política, que pueden mentir a sabiendas, ignorar datos escandalosos como los que ilustran estas fotografías, y seguir con las  prédicas desestabilizadoras que le dictan sus amos desde Washington como parte de la guerra de quinta generación encaminada a producir un “cambio de régimen” en Venezuela, como para enorme felicidad de sus pueblos hicieron en Libia e Irak, e intentan hacer ahora en Siria y Venezuela.

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La verdadera división en la política israelí es entre el ultranacionalismo religioso y el laico

Fuente: Jonathan Cook | Mondoweiss – Rebelión.org Fecha: 25 de septiembre de 2019 ¿Fue la elección de la semana pasada en Israel realmente una lucha muy disputada entre dos bandos, un centro-izquierda israelí y un ala derecha, mientras los medios israelíes y occidentales siguen tratando de caracterizar el resultado? ¿Y la estrecha derrota del partido Likud de Benjamin Netanyahu por el partido Azul y Blanco, dirigido por el exgeneral del ejército Benny Gantz, indica, como sugieren algunos comentaristas, un cambio de dirección ideológica en Israel, ofreciendo una señal esperanzadora para el futuro? Esa narrativa engañosa solo ha sido reforzada por la convocatoria del partido de la Lista Conjunta liderado por palestinos que recomienda a Gantz como el próximo primer ministro. Lo más extraño sobre la información del punto muerto entre la derecha israelí y el «centro-izquierda» es que ninguno de los partidos de Israel lo ve de esa manera, como veremos. Incluso de acuerdo con sus propias evaluaciones de sus posiciones ideológicas, solo una pequeña fracción del nuevo Parlamento israelí se considera de centroizquierda. “Izquierda” sionista ilusoria Primero, debe notarse que la noción misma de una «izquierda» sionista judía es profundamente defectuosa. El sionismo moderno es una ideología que supone que un grupo, los judíos, deberían disfrutar en Israel de derechos superiores sobre otro grupo, los ciudadanos palestinos, una quinta parte de la población israelí, en función de sus diferentes identidades étnicas o religiosas. En los Estados Unidos o la Europa de hoy, cualquier argumento de que los privilegios de ciudadanía se deben asignar a un grupo debido a su origen étnico o religión se consideraría abiertamente racista. Sin embargo esa es precisamente la posición de todos los partidos judíos en el Parlamento israelí, sin excepción. Todos ellos creen, por ejemplo, que es esencial que Israel tenga dos vías de ciudadanía diferenciadas. Una, la Ley de Retorno de 1950, permite que todos los judíos del mundo emigren automáticamente a Israel. La otra, la Ley de Ciudadanía de 1952, prohíbe a casi todos los palestinos regresar a sus hogares en lo que ahora es Israel. También niega a los 1,8 millones de ciudadanos palestinos de Israel, una quinta parte de la población, un derecho humano básico: casarse con un no ciudadano palestino y vivir con él en Israel. “Judíos traidores” Pero en lugar de obligar a Israel a cumplir los estándares cívicos y de derechos humanos más habituales adoptados en los sistemas políticos occidentales, clasifiquemos los partidos judíos de Israel de acuerdo con la forma en que se presentan ante sus propios votantes (en lugar de los medios de comunicación extranjeros). De nuevo hay un problema. En Israel hoy día el término «izquierdista» es considerado una mala palabra por casi toda la sociedad judía israelí. Netanyahu lo usa constantemente como sinónimo de «traidor». Por lo general se olvida de que su notoria advertencia en las elecciones de 2015 de que «los árabes se dirigen a las urnas en masa» fue en realidad una acusación dirigida a la «izquierda» judía, a quien culpó por «transportar» a los árabes a los colegios electorales para subvertir una democracia puramente judía. En las elecciones de este mes Netanyahu volvió a hacerlo. Los titulares se centraron en el hecho de que Facebook cerró temporalmente su página por discurso de odio después de que envió un mensaje automático advirtiendo de que los árabes «quieren destruirnos a todos: mujeres, niños y hombres». Pero los ciudadanos palestinos eran en realidad el objetivo secundario de su incitación. Nuevamente sus reclamos estaban dirigidos a la izquierda judía. Aquí está el párrafo relevante del mensaje, supuestamente enviado por un partidario del partido Likud, a través de la página de Netanyahu: “Estoy donando mi tiempo porque no podemos tener un gobierno de izquierda peligroso con Lapid, Odeh, Gantz y Lieberman en una semana. Un gobierno débil de izquierda laica que depende de los árabes que quieren destruirnos a todos: mujeres, niños y hombres y habilitará un Irán nuclear que nos eliminará. ¡No podemos permitir que esto suceda! De los cuatro políticos mencionados solo uno, Odeh, es palestino. El resto son judíos y ninguno de esos políticos está en la izquierda. Se colocan firmemente a la derecha. Lieberman, jefe del partido Yisrael Beiteini, es conocido por su violenta incitación racista contra los palestinos, incluidos aquellos que son ciudadanos israelíes. Incluso ha pedido que sean decapitados. Su historia política incluye períodos en el prohibido movimiento kahanista antiárabe y en el partido Likud, como director de la oficina de Netanyahu. Las calumnias de Netanyahu De hecho, de los partidos judíos que disputan las elecciones de este mes, solo dos se han descrito históricamente como de centro-izquierda. Debido al éxito de Netanyahu en manchar a la izquierda judía, ambos firmaron acuerdos con otros partidos o políticos durante la campaña para apuntalar sus credenciales nacionalistas. El venerable partido laborista centrista, que fundó Israel, se asoció con el pequeño partido de la derecha Gesher en un intento de alejarse de los votantes de derecha del partido Azul y Blanco de Gantz que pertenecen a la población mizrají (judíos de origen no europeo, principalmente árabe). Y Meretz, generalmente identificado como de la izquierda, se alió con Ehud Barak, exjefe de gabinete militar y exlíder del partido laborista, para crear la Unión Democrática. Recuerde, fue la intransigencia de Barak en 2000 y su insistencia en que los palestinos «no eran socios para la paz», lo que llevó al colapso del proceso de Oslo, la implosión de los restos de la izquierda israelí y, en última instancia, al surgimiento de Netanyahu, quien ha estado con continuidad en el poder durante la última década. A pesar de todo eso, Barak fue visto como un compañero de lecho apropiado para el único partido de Israel mencionado como de izquierda. Para medir la ideología El resultado de las elecciones nos ofrece una manera simple pero efectiva de evaluar qué tan bien lo hizo el centro-izquierda y comprender la composición ideológica más amplia de la sociedad judía israelí tal como existe hoy. Proporciona un criterio para medir la fuerza de estos diversos campos ideológicos. Hay 107 escaños en el Parlamento

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La Guerra y la Paz

Fuente: Jorge Elbaum | El Cohete a la Luna Fecha: 22 de septiembre de 2019 Las elecciones en Israel del último 17 de septiembre y los bombardeos en las refinerías sauditas de Abqaiq y Khurais sitúan a Medio Oriente, nuevamente, en el epicentro de la conflictividad global. En el primer caso porque la votación vuelve a poner en evidencia la situación irresuelta de la ocupación colonial de Palestina, y en el segundo porque la disputa entre la República Islámica de Irán y la monarquía arábica evidencia una escalada sin precedentes, desde que ambas teocracias se disputan el control y la autoridad política y espiritual sobre la totalidad del mundo musulmán. El triunfo del candidato de la lista Azul y Blanca (Kajol Labán) –liderado por el ex jefe del Estado Mayor Benny Gantz– por sobre el Likud (histórico partido de la derecha israelí comandado por Bibi Netanyahu), plantea la posibilidad de conformar una nueva alianza dentro de la Kneset, el parlamento israelí. El modelo parlamentario unicameral de 120 bancas requiere 61 escaños para postular un primer ministro. Gantz obtuvo 33 escaños mientras que Netanyahu alanzó los 31 diputados, guarismos que no permiten alcanzar la mayoría necesaria para conformar gobierno. Más allá de los debates entre las diferentes listas, que se sucederán en las próximas semanas para nominar al primer ministro, el dato más sorpresivo de las elecciones es el tercer lugar alcanzado por la Lista Unida (o Conjunta, Ra´am), liderada por Ayman Odeh, un abogado comunista proveniente de la ciudad de Haifa, quien alcanzó los 13 escaños. Ra´am alcanzó la tercera bancada en importancia en el parlamento, con votos provenientes de la izquierda israelí y del 20 % de los ciudadanos no judíos que habitan Israel. Los partidos mayoritarios suelen jactarse de que Israel es la única democracia del Medio Oriente, pero ese postulado suele eludir la realidad incontrastable de que 4 millones de palestinos están privados de derechos ciudadanos plenos y sus tierras –sobre todo dentro de Judea y Samaria— vienen siendo usurpadas por colonos identificados dentro de la ultraderecha israelí. La suspensión unilateral de las negociaciones destinadas a garantizar una solución pacífica a la ocupación militar ha sido respaldada por el gobierno republicano de Donald Trump, quien además impulsó el traslado de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén, ciudad que también forma parte de la disputa territorial. La derecha israelí considera a esta ciudad como su capital indivisible mientras que los palestinos y la mayoría de la comunidad internacional la consideran como un centro urbano que debe albergar a ambas capitales (la de Israel y Palestina), en el marco de una división urbana consensuada. Las elecciones vuelven a poner en agenda la cuestión del recientemente proclamado Estado Judío y las amenazas de Netanyahu respecto a la anexión arbitraria y unilateral de porciones de territorio palestino. Estos anuncios, reñidos con el derecho internacional, obligan a los israelíes a plantearse la encrucijada central que las elecciones no pueden eludir: la integración de los territorios palestinos en un país multicultural y plurinacional, con el consiguiente otorgamiento de ciudadanía plena a los 4 millones de palestinos (aceptando que una lista Árabe Unida pueda convertirse en una potencial mayoría o primera minoría a futuro), el reforzamiento del carácter de apartheid social y territorial sobre la población de Cisjordania y Gaza, y el reconocimiento de la soberanía palestina con el consiguiente abandono de la ocupación militar y colonial. Misiles en el golfo pérsico El conflicto entre Arabia Saudita e Irán no es ajeno a este otro conflicto. Teherán promueve un estado islámico y avala la confrontación de Hamas (sunitas ligados a los Hermanos Musulmanes, instalados en Gaza) y de Hezbolá (chiitas, ubicado en el sur del Líbano) contra la Autoridad Nacional Palestina. Esa división es utilizada por la derecha israelí y Donald Trump para darle continuidad a una política colonial sobre quienes continúan privados de derechos soberanos y permanecen como víctimas de la justicia militar de ocupación. La confrontación de Irán con Estados Unidos, de todas formas, no se expresa únicamente en el conflicto palestino-israelí, sino que reviste aristas geopolíticas de otro tenor: los ayatolas han defendido una política autónoma de las imposiciones de Washington en la región y eso les ha ocasionado un hostigamiento permanente cuya expresión actual es la multiplicación de sanciones económicas y financieras. Arabia Saudita, en ese marco, se ha constituido en el socio privilegiado de Washington dentro del mundo musulmán, utilizando el antagonismo de Irán con Estados Unidos para limitar la expansión chiita que se produjo en la región, después del triunfo de la revolución de Jomeini en enero de 1978. Para hacer más efectiva la disputa, tanto Riad como Teherán apelaron a ancestrales rivalidades religiosas vinculadas al enfrentamiento entre sunitas y chiitas. El Islam, fundado por Mahoma en el siglo VII, tiene dos ramas principales: los que siguen la Sunna (tradición que se referencia en los seguidores de los primeros califas) y los chiitas, partidarios del yerno de Mahoma, Alí. Sus diferencias son doctrinales, pero se expresan en términos políticos: los chiitas creen que la sociedad civil debe estar regida por la autoridad religiosa, mientras que los sunitas descreen de este principio. El ataque con drones y misiles contra las refinerías arábigas se vincula con la lucha que sunitas y chiitas desarrollan en Yemen, Siria y El Líbano. En esos tres países, Irán y los sauditas rivalizan por el control o la hegemonía. En Yemen, en el marco de una guerra civil que ya lleva 15 años en la que la minoría de los zaidíes (conocidos como hutíes) son perseguidos y bombardeados en forma sistemática por una alianza comandada por los sunitas saudíes. En Siria, después de una década de enfrentamientos en la que Irán defendió al gobierno de Bashar al Assad (ligado a la identidad alauita, cercana al chiismo), mientras que los saudíes apoyaron a varios grupos insurgentes. Según cálculos de los organismos de las Naciones Unidos, este conflicto produjo, hasta la fecha, 5 millones de desplazados, medio millón de muertos y un millón de heridos. Teherán

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El operativo paramilitar que trasladó a Guaidó hasta Colombia

Fuente:  Misión Verdad (*) Fecha: 22 de septiembre de 2019 Tras el intento de golpe de Estado del pasado 23 de febrero, Juan Guaidó ingresó a Colombia por una trocha de la frontera pese a tener una orden de prohibición de salida de Venezuela. Asimismo, el concejal de Cúcuta Juan Felipe Corzo filmó una parte del recorrido fronterizo de Guaidó con su equipo, pero faltaba otra parte, la más alarmante de todo ese escandaloso trayecto. Fue tendencia el primer grupo de fotos de Guaidó con Los Rastrojos, Jhon Jairo Durán Contreras, alias «Menor», y Albeiro Lobo Quintero, alias «Brother», coordinadores de la entrada del militante de Voluntad Popular a Cúcuta. Sin embargo, esta peligrosa polémica se extiende aún más, al incorporarse nuevas imágenes al escabroso álbum de fotos de Guaidó con Los Rastrojos, presentado recientemente en el programa de televisión Con el Mazo Dando conducido por Diosdado Cabello. En ese nuevo grupo de fotos, Guaidó se retrata con Jonathan Orlando Zambrano García, alias «Patrón Pobre», otro integrante de la mencionada banda narcoparamilitar. Este viernes el Vicepresidente Sectorial de Comunicación, Cultura y Turismo, Jorge Rodríguez, mostró más evidencias del esquema logístico que llevó a Guaidó hacia territorio colombiano. EL TESTIMONIO DE «NANDITO» Juan Posso Pedrozo, alias «Nandito», es otro integrante de Los Rastrojos que aparece junto a Guaidó, es la mano derecha de «Menor» y es el encargado de recoger el dinero producto de las actividades ilegales de la organización. «Nandito» fue capturado por las fuerzas de seguridad venezolanas a principios de este mes en el Sur del Lago, estado Zulia. Su testimonio, mostrado por Rodríguez, resalta los siguientes puntos clave: El 21 de febrero, días previos al Venezuela Aid Live, Loryis Silva, asistente de la gobernadora del estado Táchira, Laidy Gómez, informó a Los Rastrojos las indicaciones que envió Roberto Marrero sobre el ingreso de Guaidó a Colombia. Henry Valero Peinado, alcalde del Puerto de Santander que fue condenado en marzo a cinco años de prisión, explicó a Los Rastrojos que el gobierno colombiano había armado el esquema logístico para la llegada de Guaidó a Colombia. El 23 de febrero, el equipo de Guaidó manifestó la necesidad de contar con un chofer de confianza para el traslado. Los Rastrojos ofrecieron el apoyo y enviaron sus mejores elementos de seguridad para tal operación. En la frontera colombiana se llevó a cabo una reunión de más de 30 minutos, entre Los Rastrojos y Juan Guaidó. Las fotos fueron tomadas por «Nandito», e iban a ser usadas por Los Rastrojos de triunfar el golpe de Estado, so pretexto de evitar a las fuerzas de seguridad venezolanas. Es decir, la foto era una garantía, una patente de corso, con el que podrían expandir sus actividades criminales hacia Venezuela. PARAMILITARISMO Y GOLPE DE ESTADO Anteriormente, el Fiscal General de la República, Tarek William Saab, hizo un balance sobre las vinculaciones de Juan Guaidó con Los Rastrojos, explicando que el «Menor» fue buscado por la banda para silenciarlo como testigo tras la polémica con Guaidó. Al no encontrarlo, procedieron a masacrar a su familia. Ampliando estas evidencias se revela con mayor nitidez los nexos de Guaidó y la amenaza real que representa esta organización para el territorio venezolano, y en particular, para los pobladores de la frontera sometidos a toques de queda, asesinatos y desapariciones forzadas (y descuartizamientos). Se destaca el funesto rol que jugó la militante de Acción Democrática, Laidy Gómez (mejor conocida como «la hija de la frontera»), en esta operación que iniciaba con un toque de queda de 24 horas en la zona. Desde luego, Gómez rechazó el testimonio de «Nandito», quien la señala como cómplice en la apertura de los pasos fronterizos por los cuales Guaidó transcurrió acompañado por Los Rastrojos. Recordemos que en 2016, el para entonces gobernador del Táchira, José Vielma Mora, manifestó que Gómez tenía nexos con contrabandistas y con el paramilitar Wilquin Alexander Roa, alias «Cara de Niña», miembro del grupo paramilitar Los Urabeños, que operan actualmente bajo el nombre de «El Clan del Golfo». Es ostensible el uso de células paramilitares en los sectores contiguos a Venezuela con el fin de expandir el cuadro de desestabilización interna del país. A medida que esta estrategia escala, el Gobierno venezolano desarrolla distintos planes para proteger las zonas fronterizas, y apoyar a Colombia en la capturas de contrabandistas, narcos y paramilitares. De hecho, en 2012, en una operación conjunta entre Colombia y Venezuela, se ejecutó la aprehensión del cabecilla de Los Rastrojos, Diego Pérez Henao, alias «Diego Rastrojo». Tampoco representan una sorpresa las implicaciones de Los Rastrojos con el contrabando de la gasolina venezolana. Iniciado el mes de septiembre, informó el Ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Néstor Reverol, que se desmanteló una red de extracción del combustible, que sirve de materia prima esencial para la industria del narcotráfico. Semanas después el protector del estado Táchira, Freddy Bernal, anunció el hallazgo de 25 mil litros de gasolina en depósitos ilegales. En menos de 24 horas, hemos dado otro golpe a la estructura financiera de los «Rastrojos» con la mafia del combustible en #Táchira. En el municipio #SamuelDaríoMaldonado, zona norte de la entidad, han sido desmantelados y destruidos dos depósitos clandestinos. Así como confesó «Nandito», en ese aparataje de la «ayuda humanitaria» se manejó la idea de distraer con guarimbas a las personas del sector y a los organismos de seguridad; en los camiones que disponen Los Rastrojos para contrabandear gasolina, iban a colocar la supuesta ayuda humanitaria para hacer su definitivo ingreso a Venezuela, siendo «Patrón Pobre», el conductor de Guaidó, una pieza clave de este plan. Si bien todo el escándalo inició con las fotos de esa organización paramilitar con el vocero de Volutad Popular, la red de intereses parapolíticos y criminales que revelan, confirman (una vez más) que la operación de cambio de régimen representa una amenaza real a la soberanía y control territorial del Estado venezolano. Es por ello que el presidente Nicolás Maduro activó los Ejercicios Militares de Soberanía y Paz en la frontera colombo-venezolana. En este marco, ha sido desmantelada parte de la estructura financiera de Los Rastrojos, atada al contrabando de gasolina. En concreto, fue encontrado y desmantelado un depósito de combustible venezolano robado de unos 15 mil litros de diesel y 4 mil de gasolina, ubicado en el estado Táchira. Estas acciones contravienen la campaña política y comunicacional que posiciona

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Las sorprendentes tácticas políticas del partido árabe de Israel

Fuente: Shlomi Eldar | Al-Monitor Fecha: 20 de septiembre de 2019 La razón principal del aumento dramático en el número de votantes árabes en las elecciones del 17 de septiembre, fue el deseo de los votantes árabes israelíes de vengarse del primer ministro Benjamin Netanyahu en las urnas por su incitación contra ellos. Los líderes de la Lista Conjunta, una lista unificada de partidos predominantemente árabes, incluso dicen abiertamente que el Likud,  la campaña de incitación del primer ministro y el intento de representarlos como ladrones electorales llevaron a los votantes a acudir a las urnas. «Escucha  Abu Yair (que significa Netanyahu), la incitación tiene un precio», tuiteó el presidente de la Lista Conjunta y miembro de la Knesset, Ayman Odeh, en la mañana del 18 de septiembre. En otro tuit al día siguiente, Odeh se deleitó con la capacidad de la Lista Conjunta para determinar quién será encargado de formar el próximo gobierno. «Para su información, el fiel de la balanza en árabe es bidt al-kaban«, escribió. Aparentemente, es bastante lógico que la Lista Conjunta recomendaría al presidente de Israel, Reuven Rivlin, encargar al líder del partido Azul y Blanco, Benny Gantz, de formar el gobierno. Pero cuando se agregan otros cálculos políticos a la ecuación, no está claro que esto suceda. Recomendar a Gantz, es decir, darse cuenta de la voluntad de los votantes árabes israelíes de vengarse de Netanyahu por incitar al público árabe, tiene un precio político para la Lista Conjunta. Por lo tanto, tienen la intención de no recomendar a nadie y optará por esperar a la segunda ronda, suponiendo que la persona inicial recomendada fracasará en la tarea de formar un gobierno. La primera razón para no recomendar a nadie es Balad, una de las partes que componen la Lista Conjunta. Balad se opone a recomendar «al partido de los generales»: Azul y Blanco. El partido Azul y Blanco incluye tres ex generales de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Este obstáculo quizás podría superarse ya que Balad es solo una cuarta parte de toda la lista, pero hay otra razón táctica. Una fuente principal de la Lista Conjunta explicó en una conversación con Al-Monitor bajo condición de anonimato: “Si lo recomendamos ahora y el presidente de hecho encarga a Gantz formar el próximo gobierno, él formaría un gobierno de unidad con [Avigdor] Liberman, lider de  Israel Beitenu, y el Likud. En tal caso, ninguna de las demandas para  beneficiar al público árabe se implementarían”. Después de las elecciones, Gantz habló por teléfono con Odeh y el miembro árabe de la Knesset Ahmad Tibi. Yair Lapid, uno de los líder principales de Azul y Blanco, también los contactó e intentó entender «si podemos depender de ellos». No recibió una promesa explícita, y se determinó que los líderes de la Lista Conjunta se reunirían con los líderes de Azul y Blanco en los próximos días. En la reunión esperada, los líderes de la Lista Conjunta presentarían sus demandas a Azul y Blanco antes de tomar una decisión de recomendar a Gantz al presidente. En cualquier caso, no sucederá en la primera ronda, en coordinación con Azul y Blanco. La evaluación es que Rivlin encargaría a Netanyahu formar un gobierno primero, ya que Gantz tendría menos partidos que lo recomendaran sin el apoyo de la Lista Conjunta. Pero con los resultados de las elecciones, 55 mandatos para el bloque de extrema derecha y ultraortodoxos, Netanyahu no podrá formar un gobierno. Esta vez sería difícil para él repetir su truco de las elecciones de abril y disolver la Knéset. Esta vez no tendrá mayoría para hacerlo. Yisrael Beitenu, de Liberman, y la Lista Conjunta, que votaron para disolver 21° Knesset en abril, no lo volverán a hacer. Entonces Odeh y sus colegas en la Lista Conjunta expresarían su apoyo a Gantz para primer ministro, no de forma gratuita, por supuesto. Tendrá un precio. Las demandas de la Lista Conjunta no tienen que ver con los roles ministeriales en un gobierno de Gantz. Sus miembros entienden que a Gantz le resultaría difícil formar un gobierno en el que los partidarios de Liberman y los miembros árabes de la Knesset  se sienten juntos. Es un escenario ilógico, y es suficiente para recordar las declaraciones incitadoras de Liberman contra ellos como una «quinta columna» o «terroristas». El apoyo externo al gobierno es un escenario mucho más razonable. La lista de demandas se formuló incluso antes de que llegaran los resultados de las elecciones y se registrara el logro impresionante de la Lista Conjunta, entre 12 y 13 escaños de la Knéset, que lo posiciona como una fuerza decisiva adicional junto al gran rival, Liberman. El miembro de la Knéset Tibi publicó la «lista de demandas» en el periódico Yedioth Ahronoth en la víspera de la elección, que los jefes de los cuatro partidos que componen la Lista Conjunta habían acordado en principio. A la cabeza de las demandas está el reinicio del proceso diplomático con los palestinos. Debemos tener en cuenta la delicada redacción de la demanda, que está destinada a facilitar que la acepten  Gantz y a los miembros de Azul y Blanco que son más cercanos a la derecha. No dice «crear un estado palestino» y no presenta un esquema para un acuerdo; más bien, presenta una vaga demanda de «establecer un proceso diplomático que conduzca a la realización de la visión de dos estados sobre la base de las  líneas del 67″. Es probable que Gantz, Lapid y Moshe Ya’alon puedan aceptar la palabra «visión.» Otra demanda toca los roles en la Knéset: nombrar representantes de la Lista Conjunta para encabezar los comités de Finanzas e Interior. El objetivo es claro: el Comité de Finanzas para promover la asignación de recursos para mejorar la situación de las ciudades árabes, y el Comité del Interior para mover la fuerza policial israelí para combatir el crimen en el sector árabe. Otras demandas clave incluyen construir una nueva ciudad árabe, establecer una universidad árabe, construir un hospital en una gran ciudad

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Sin Bolton, ¿cambiará la política exterior de EEUU?

Fuente: Atilio Borón | Blog de Atilio Borón Fecha: 17 de septiembre de 2019 No faltan los ilusos que piensen que con la salida de John Bolton la belicista política exterior de Donald Trump daría paso a otra de carácter menos virulenta, tanto en sus gestos como en su contenido, y por lo tanto menos peligrosa para la paz y la seguridad internacionales. Grave error. Es cierto que había diferencias entre lo que proponía el ex Consejero de Seguridad Nacional y el presidente en varios temas clave. Mientras en las páginas editoriales del New York Times aquél aconsejaba bombardear Irán para evitar que este país accediera a la bomba atómica (que ya EEUU le concedió a Israel hace décadas), Trump albergaba dudas sobre la eficacia de esa política, más no de su inmoralidad.[1] Los expertos del Pentágono seguramente le advirtieron al ocupante de la Casa Blanca que al igual de lo que Jorge Luis Borges dijera una vez de los militares argentinos, Bolton tampoco “había oído en su vida silbar una sola bala” rasgando el aire sobre su cabeza y que sus bravatas eran el peligroso disparate de alguien que desconocía por completo el arte de la guerra. El halcón racista y xenófobo, hoy “involuntariamente desocupado” (como acotaría burlonamente J. M. Keynes) era tan estúpido que inclusive proponía bombardear también a  Corea del Norte, sin percatarse que Seúl y Tokio,  las dos principales ciudades de esos cruciales aliados de Estados Unidos en Asia: Corea del Sur y Japón, podrían ser reducidas a cenizas por la represalia norcoreana ni bien comenzara el ataque estadounidense. La tecnología moderna hace que cualquier ataque nuclear, por sorpresivo que sea, nunca será suficientemente destructivo como para evitar la retaliación del agredido. Esto fue lo que el bruto de Bolton nunca entendió y lo que los militares del Pentágono le dijeron a Trump. Aquél también era partidario de escalar la agresión en contra de la República Bolivariana de Venezuela, no descartando una intervención militar que, como se dice a cada rato, es «una opción que siempre está sobre la mesa». Esta amenaza no se materializó aunque en las últimas semanas la Casa Blanca ha movido a su rastrero peón en Bogotá ordenándole crear una situación muy tirante en la frontera colombo-venezolana. Si estos escarceos llegaran a culminar en un violento desenlace Estados Unidos podría invocar al TIAR -que por algo lo ha venido reactivando estos días- para reunir fuerzas con su peonada y acudir en ayuda de Colombia «agredida» por Venezuela. Poco probable que alguien le crea, pero las aviesas intenciones son innegables. Dicho esto, hay que tener en cuenta que no son las personas (Trump, Bolton, Pompeo) ni los partidos quienes hacen la política de Estados Unidos, ni en lo doméstico ni en el ámbito internacional. El poder de decisión fundamental reposa en las manos del “complejo militar-industrial-financiero” o, como algunos lo denominan, «el estado profundo». Este núcleo duro del poder que nadie ha elegido y que es responsable ante nadie es quien, desde finales de la Administración Eisenhower (1953.1961), elabora e impone las grandes directivas que luego, con un inevitable “toque personal”, llevan adelante los presidentes y los jerarcas de la administración de turno. Es obvio que los  gobernantes le imprimen un sello personal que no debe ser desdeñado, pero no es allí donde hay que buscar los fundamentos de las políticas de estado que adopta el imperio. Al fin y al cabo no fue otro que el «progresista» Barack Obama quien “legalizó” la infame agresión a Venezuela con su execrable orden ejecutiva del 9 de marzo del 2015 en la cual “declaraba la emergencia nacional debido a la amenaza inusual y extraordinaria que la situación de Venezuela planteaba para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos.”  Los ominosos términos de este decreto: «emergencia nacional», «amenaza inusual y extraordinaria» a la «seguridad nacional» de su país hunden al afroamericano en las ciénagas más malolientes de la política internacional.  Por consiguiente Trump no hizo más que avanzar por el camino trazado por su predecesor, claro está que tiñéndolo con las estridencias de sus extravagancias personales y la grosería de sus modales de ricachón prepotente. ¿Ataques con drones? Obama hizo uso y abuso de ellos, y Trump siguió la curva ascendente de esas agresiones. ¿Operaciones de “cambio de régimen” contra Venezuela, Nicaragua, Irán y ahora Hong Kong?  Salvo la última, las otras tres comenzaron con Obama. ¿Extraterritorialidad de las sanciones económicas norteamericanas? Una vieja política del imperio que cultivaron con empeño todos los presidentes de Estados Unidos desde Eisenhower en adelante. Sanciones económicas a diestra y siniestra aplicadas a gobiernos de países reputados como “enemigos”, a bancos y empresas que efectúen transacciones comerciales o financieras con ellos y a personas físicas o jurídicas involucradas en las mismas. No sólo eso: también bloqueos comerciales, de puertos (en la Nicaragua sandinista), sabotajes, ataques informáticos, linchamientos mediáticos, la sólo enumeración detallada sería interminable. Un ejemplo basta y sobra: en 2014 la Administración Obama impuso una escalofriante multa de 8.834 millones de dólares al banco francés BNP Paribas por «desobedecer las sanciones económicas impuestas contra Sudán, Irán y Cuba.» La ley norteamericana fue admitida sin chistar nada menos que por el gobierno «socialista» de Francia, convalidando de este modo una monstruosidad jurídica que corroe las bases legales del orden mundial, a saber:  las leyes que apruebe el Congreso de EEUU son edictos imperiales que deben ser obedecidos en todo el mundo. Solícito con ese talante colonial Laurent Fabius, el canciller del presidente François Hollande se limitó a decir que esa sanción aplicada a un banco francés por operaciones realizadas no con Estados Unidos sino con terceros países era una «decisión injusta y unilateral y no razonable».  Tomando en cuenta todos estos hechos es fácil concluir que Estados Unidos se ha convertido, con la complicidad de las potencias europeas, en el más peligroso y beligerante “estado canalla” del mundo, que viola la legalidad internacional con absoluta impunidad. El recrudecimiento de las sanciones económicas contra Cuba y Venezuela fue sin duda potenciado

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Bernie Sanders está, finalmente, dispuesto a hablar sobre ser judío

Fuente: Allison Kaplan Sommer  | Haaretz Fecha: 10 de septiembre de 2019 El contendiente presidencial demócrata ha sorprendido a muchos en las últimas semanas al discutir abiertamente su identidad judía, lo que provocó que los observadores experimentados de Bernie se preguntaran qué ha cambiado. Fue un momento histórico cuando Bernie Sanders se convirtió en el primer judío estadounidense en ganar una primaria presidencial en febrero de 2016. Pero, en un movimiento extraño para un político, fue un logro que el propio Sanders se negó a reconocer. En su discurso de victoria sobre la rival demócrata Hillary Clinton en New Hampshire, el senador de Vermont no mencionó sus raíces etno-religiosas al describir sus antecedentes, llamándose a sí mismo «el hijo de un inmigrante polaco que vino a este país sin hablar inglés y sin dinero.» Su evitación de mencionar su primer triunfo histórico y la descripción de su padre como simplemente «polaco», sin ninguna referencia al antisemitismo del que huía como la razón por la que buscó refugio en los Estados Unidos en la década de 1920, levantó las cejas en la comunidad judía y entre expertos – incluida la campaña actual- en los medios de comunicación judíos e israelíes. La sensación de que estaba tratando deliberadamente de no usar la «palabra jewish» se reforzó unos días más tarde cuando debatió sobre Clinton y se refirió a «alguien con mis antecedentes», en lugar de simplemente llamarse a sí mismo cómo se ve y suena tan claramente: judio de Brooklyn. Esto, señaló un artículo del Times, se estaba convirtiendo en un problema. En un momento en que todos los demás candidatos en el abarrotado campo demócrata usaban parte de su historia personal para presentar su caso, la insistencia de Sanders en atenerse a su mensaje económico y negarse a hablar de sí mismo lo estaba perjudicando. Pero menos de un mes después, la identidad judía de Bernie Sanders finalmente comenzó a emerger del armario. El catalizador en el proceso fue, inevitablemente, el propio Donald Trump. El 21 de agosto, en medio de la controversia sobre la negativa del primer ministro Benjamin Netanyahu a admitir en Israel y Cisjordania a las representantes demócratas Rashida Tlaib e Ilhan Omar l , Trump preguntó: “¿A dónde se fue el Partido Demócrata? ¿Dónde han ido, donde están defendiendo a estas dos personas contra el Estado de Israel? Y que cualquier persona judía que vote por un demócrata, creo que muestra una falta total de conocimiento o una gran deslealtad”. En respuesta a Trump, Sanders declaró en un evento de campaña en Sioux City , Iowa: “Soy una persona judía orgullosa y no me preocupa votar por los demócratas. Y, de hecho, tengo la intención de votar por un hombre judío para convertirse en el próximo presidente de los Estados Unidos “. Se refería, por supuesto, a sí mismo. Para los observadores que vienen siguiendo a Bernie desde hace mucho tiempo en la comunidad judía, escucharlo describirse a sí mismo como una «persona judía orgullosa» parecía marcar una nueva dirección. Al principio, era posible que fuera una casualidad. Pero luego vino el resonante respaldo de Linda Sarsour a Sanders en un mitin de campaña este fin de semana. «En un momento de un sorprendente aumento del nacionalismo blanco y el antisemitismo, estaría muy orgullosa de ganar, pero también de hacer historia y elegir al primer presidente judío estadounidense que este país haya visto y que su nombre sea Bernard Sanders”, Sarsour dijo en el video. El hecho de que la controvertida activista palestina y copresidenta de la Marcha de las Mujeres respaldara públicamente a Sanders no fue sorprendente; después de todo, Sarsour, una compañera de Brooklyn de extrema izquierda, ya había hecho una campaña enérgica por él en 2016. Lo sorprendente ahora fue la decisión de su campaña de resaltar esa cita en particular, enfatizando su judeidad, tanto en texto como en video, cuando Sarsour fue nombrada subrogante de la campaña presidencial 2020 de Sanders. Y a fines de la semana pasada, Sanders dio una entrevista cercana y personal con el reportero de Yahoo News Hunter Walker, quien marcó la pauta para que el senador hablara sobre su infancia al suministrarle (durante la entrevista) alimentos culinarios básicos de Brooklyn, el Dr. Brown’s Cream Soda y el cheesecake (pastel de queso) del legendario Junior’s Restaurant. Sanders habló sobre crecer en Brooklyn, los deportes callejeros que practicaba y, en un primer momento, habló extensamente sobre su vecindario de inmigrantes judíos de habla yiddish en Midwood. Relató la vida en una familia pequeña y en apuros que había decidido enviarlo a él y a su hermano a la escuela hebrea. Sanders le dijo a Walker que si bien «estoy muy orgulloso de ser judío… te diría que no era un gran estudioso talmúdico». Creo que en su mayoría estábamos lanzando bolas de saliva”. También recordó los recuerdos de la escuela hebrea que involucraban la lectura rápida del hebreo sin comprender lo que significaban las palabras. Dijo, como lo ha hecho anteriormente, que el hecho de ser judío que tuvo el mayor impacto en él «fue el Holocausto y… lo que le hizo a la familia de mi padre y a 6 millones de personas». Con el aumento y la conciencia del antisemitismo que han crecido de manera tan significativa desde la primera competencia primaria de Sanders hace tres años, tal vez este cambio fue inevitable. Pero también es un movimiento político inteligente. En su competencia de 2016 con Clinton, sufrió en gran medida su incapacidad para conectarse con los votantes afroamericanos y de otras minorías, y la percepción de que de alguna manera rechazó las políticas de identidad, prefiriendo centrarse en la injusticia económica en lugar de las injusticias raciales. Chocó con el movimiento Black Lives Matter por su incapacidad para enfatizar la raza y la justicia penal sesgada. Sigue siendo una batalla cuesta arriba, con encuestas que muestran que la comunidad negra favorece abrumadoramente al ex vicepresidente Joe Biden como la mejor opción para el candidato demócrata. Sin embargo,

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Injerencismo con glamour

Fuente:  Jorge Elbaum | El cohete a la luna  |  Fecha:  8  de septiembre de 2019 La hija y asesora presidencial del primer mandatario estadounidense Donald Trump recaló menos de 24 horas en territorio argentino, en el marco de una gira destinada a reforzar la presión sobre Venezuela, habilitar inversiones de sus compatriotas funcionales a sus intereses geopolíticos y actualizar el disciplinamiento sobre los gobiernos de la región. Ivana Marie Trump, más conocida por su apelativo Ivanka, aterrizó la noche del miércoles 4 en San Salvador de Jujuy después de visitar Colombia, epicentro de la ofensiva de Washington contra el gobierno de Caracas. Su desfile por la Quebrada de Humahuaca pretendió disimular el objetivo central de la gira, planificada  por sus acompañantes: el Subsecretario de Estado, John J. Sullivan, la viceministra de Defensa, Lisa Hershman, y el Jefe de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) —dependiente del Pentágono—, Mark Green. Estos tres funcionarios, resguardados tras el ajuar de la asesora presidencial, fueron los encargados de retomar la tarea desarrollada en Buenos Aires por Mike Pompeo durante julio, orientada a socavar la potencial reelección de Evo Morales en Bolivia (fronteriza con la provincia jujeña visitada por la comitiva) y, en forma paralela, promover inversiones de capitales estadounidenses en las cercanías de los cuantiosos recursos minerales estratégicos, como el litio, disponibles en la zona puneña. Coherente con esta última meta, Ivanka anunció, durante un almuerzo en Purmamarca, una inversión de 400 millones de dólares destinada  a obras viales cuya traza, explicaron los empresarios ligados al gobernador Gerardo Morales, deberá incluir itinerarios desde y hacia los reservorios de litio, uno de los componentes centrales de las baterías eléctricas de los automóviles de próxima generación. La particularidad del financiamiento, señalaron los funcionarios de la gobernación, es que dicha inversión se canalizará a través de la Compañía de Inversiones Privadas en el Extranjero (OPIC, por su sigla en inglés), agencia gubernamental autárquica con sede en Washington, que gestiona inversiones privadas en mercados emergentes. Los aportes de la OPIC, a su vez, se integrarán a un Programa de Participación Público-Privada (PPP), eufemismo institucional con que el macrismo pretendió promover inversiones mixtas de infraestructura que, luego de dos años de implementación, terminaron engrosando el endeudamiento externo.[1] En ese marco, el titular de OPIC, David Bohigian, será el encargado de canalizar los aportes para construir rutas cuyos beneficiarios prioritarios serán las automotrices trasnacionales, mientras que los ciudadanos argentinos terminarán financiando dichas obras a través del pago de impuestos o peajes concesionados. Según el informe de Global Public Affairs, el proyecto de la OPIC optimizará la trazabilidad del denominado corredor C, que conecta con los puertos del Pacífico a través del paso fronterizo de Los Libertadores. En el territorio donde la OPIC ha decidido invertir se encuentra el denominado Triangulo del Litio, la zona donde se encuentra el 75 % de las reservas mundiales de ese mineral. El magnánimo anuncio manifestado por la comitiva de Ivanka recuerda los espurios acuerdos con el Reino Unido de Gran Bretaña respecto a la red ferroviaria (firmados durante los siglos XIX y XX): trochas planificadas para la exportación de materias primas carentes de valor agregado, requeridas por países industriales para su manufactura, combinadas con empréstitos onerosos a ser reembolsados a lo largo de varias generaciones.[2] A pesar de los anuncios pretendidamente auspiciosos para la infraestructura vial de la Puna, el periplo de la primogénita de Trump no incluyó en la agenda un encuentro con Mauricio Macri. Mientras que sus colegas colombiano y paraguayo recibieron en forma ostentosa a la ex modelo neoyorquina en sendos ágapes, los asesores del primer mandatario argentino evaluaron como disonante una probable imagen de Juliana Awada y la hija de Trump (retratadas en plena competencia de indumentaria) mientras se observan manifestaciones que exigen la emergencia alimentaria. Feminismo de marketing La comunicación oficial del Departamento de Estado referida a la gira de la asesora, reproducida acríticamente por los medios hegemónicos de los países visitados, describió el periplo de Ivanka como una misión orientada al mejoramiento de las condiciones de trabajo de las mujeres y su empoderamiento como agentes de transformación y desarrollo económico. La perspectiva de género promocionada por Washington resulta, sin embargo, incongruente con la frecuente fraseología misógina de su padre y las concomitantes señales homofóbicas características del supremacismo republicano. Dentro de la misma cosmovisión discriminatoria, que sólo visibiliza a los sectores subalternos cuando son útiles para obtener fotografías pintorescas, es que los funcionarios de Morales se negaron a reconocer –frente a los periodistas extranjeros acreditados— la existencia de detenidxs políticxs en Jujuy, pertenecientes a la agrupación barrial Túpac Amaru, como el caso de Milagro Sala. En Bogotá diversas organizaciones feministas denunciaron que la asesora carecía de autoridad para instituirse como defensora de los derechos de las mujeres, al ser una referente en su país de organizaciones que se oponen a la interrupción voluntaria del embarazo. En un informe divulgado durante su estancia en Bogotá, se recordó que Ivanka y su marido, el también asesor Jared Kushner, respaldaron públicamente a la gobernadora de Iowa, Kim Reynolds, quien habilitó la legislación más restrictiva contra el aborto seguro en su país. Además recordaron que Cecile Richard, referente de Planned Parenthood (organización que facilita interrupciones voluntarias de embarazo), denunció al matrimonio Trump-Kushner por ofrecerle sobornos a cambio de que su entidad detuviera los servicios de abortos seguros. Según The Washington Post, la actual administración republicana “ha recortado por lo menos un 35 % en los programas de igualdad de género; reinstauró la polémica Ley Mordaza Global, que restringe el acceso de las mujeres a la atención de salud reproductiva, y ha cambiado las reglas de asilo para negar el refugio a mujeres que huyen de la violencia doméstica”.[3] En la primera etapa del viaje por los tres países de Latinoamérica, los funcionarios de USAID anunciaron el otorgamiento de subsidios a integrantes de las fuerzas de seguridad colombiana concentradas en la frontera con Venezuela. Alrededor de un 40 % de los montos comprometidos por dicha agencia gubernamental (120 millones de dólares) se destinarán a la capacitación de mujeres en la Policía

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