A 83 años del levantamiento del ghetto de Varsovia. Por Lautaro Brodsky
Este 19 de abril se cumplen 83 años del Levantamiento del Gueto de Varsovia, en aquel entonces distintas organizaciones judías de izquierda y populares se unieron para conformar un frente único en común, dejando de lado sus diferencias y adversidades, en favor de un objetivo, la insurrección armada contra el exterminio y la ocupación. En un momento donde la individualidad racista se hizo esencia colectiva, la rebelión que duró casi un mes, dejó un mensaje de dignidad cuando reinaba la indiferencia y la inacción. La resistencia se concreto a pesar de las botas y los campos de concentración, los partisanos sabían que ya no tenían nada que perder, más que el honor de morir peleando en pos de una causa antifascista. La Organización Judía de Combate, ZOB (sus siglas en polaco), estaba compuesta por combatientes de diferentes agrupaciones (comunistas, socialistas, bundistas, trotskistas, sionistas socialistas; entre otros), sus líderes más destacados eran los comandantes Mordechai Anilewickz de Hashomer Hatzair y Marek Edelman del BUND (Unión General Obrera Judía de Polonia, Lituania y Rusia). Mujeres y varones con poca experiencia de combate, se animaron en medio del encierro y las pésimas condiciones del guetto a enfrentarse a una potencia imperialista como la Alemania nazi, el comandante Edelman, que sobrevivio a la guerra y lideró el escape de los milicianos, manifestó en 2002: “Combatíamos por nuestra vida, no por un territorio ni una identidad nacional (…) nuestras armas nunca se dirigieron contra poblaciones civiles indefensas, nunca matamos mujeres ni niños. En un mundo como aquél, despojado de principios y valores, a pesar del constante peligro de la muerte, permanecimos siempre fieles a aquellos ideales. Estábamos aislados en nuestro combate y, a pesar de ello, el poderoso ejército al que nos enfrentamos no logró vencer a aquellos muchachos y muchachas apenas armados que éramos entonces. Nuestra lucha en Varsovia duró varias semanas y luego continuamos en la clandestinidad y durante la insurrección de Varsovia, en 1944. Nosotros nunca despreciamos la vida. Nunca enviamos a nuestros soldados a una muerte segura. La vida es eterna. Nadie tiene derecho a quitarla a la ligera. Ya va siendo hora de que todo el mundo lo comprenda”. Las palabras del difunto dirigente bundista tienen más vigencia que nunca, cuando volvemos a ver como la herencia política del EJE (Alemania, Italia y Japón) reencarna en esta nueva alianza dirigida por EEUU, siendo Alemania e Israel sus mayores aliados en Eurasia. La internacional fascista del siglo XXI, que se autoproclama “occidental y cristiana”, ha perpetrado una cruzada expansionista que viene por todo y por todos, ya que el accionar militar contra Palestina, Venezuela, Cuba, Irán, Rusia y China, solo acrecienta día a día el odio entre los pueblos, generando aún más la grieta entre naciones hermanas, apartando la proclama de los derechos humanos en favor de un revanchismo militarista. Los Estados imperialistas aprovechan esta III Guerra Mundial en etapas, con diferentes fines, uno de esos fines es desvíar el odio de las masas hacía chivos expiatorios, el “problema no es es que menos del 1% de la población mundial controlé más del 50% de los recursos del planeta”, para la extrema derecha el problema es otro, para los fascistas el problema son los árabes, los musulmanes, los judios, los integrantes del colectivo LGBTIQ +, el feminismo, los gitanos, los militantes “woke”, los marxistas, los progresistas, los afrodescendientes, los inmigrantes, los pueblos originarios, los discapacitados y neuro divergentes, conclusión todo colectivo que vean como utilizable para desviar el odio y así salvar a un sistema económico a punto de colapsar. La discriminación contra grupos nacionales, culturales y religiosos son nada más y nada menos que generalizaciones que atentan a la tolerencía, a la vida y a la paz. Nuestros adversarios suelen decir que porque mantenemos las banderas de memoria, verdad y justicia, somos unos amantes de la venganza y nos preguntan ¿Por qué después de tantos años siguen con esto? ¿Por que no dejar atras en el pasado lo que paso? y la respuesta a estas barbaridades esta en la obra de Edelman “También hubo amor en el ghetto”, el comandante segundo reafirma que en el medio de la represión y la muerte “ era el amor lo que ayudaba a resistir”, una anécdota que desarrolla el libro nos ayuda a entender en profundidad esto mismo, él cuenta que durante la guerra muchos varones escaparon del país para salvar sus vidas, dejando a las mujeres en su hogar, creyendo que por su género los nazis no serían crueles, no imaginaban que los verdugos tratarían a todas las víctimas por igual, creían que ellas estarían a salvo y podrían cuidar de sus hogares, tuvieron una visión totalmente desacertada, aun así muchas de esas señoras y muchachas que no pudieron conocer el amor verdadero, aprovecharon y decidieron empezar nuevas relaciones, Edelman recordaba a una mujer y sus dos hijas gemelas, que ayudo a escapar, cuando saco a las niñas al otro lado del muro, fueron rescatadas por una amiga, que las salvo sin dudar, le tocaba el turno a la madre y ella le respondio que no se iba, que conoció a alguien que estaba fuertemente unida y que era el mejor año de su vida, mas adelante durante el levantamiento, Edelman encontro en el medio del caos a la señora agarrada de la mano de su amado y él le comento “ahora no puedo ayudarle en nada señora” y ella le respondio con una sonrisa distraída: “y nada te pido yo. Ha sido el año más feliz de mi vida”. Por esto mi la memoria no es un acto de resentimiento como creen nuestros adversarios, al contrario es un acto de amor, porque amaron y fueron amados merecen ser recordados, porque cuando te arrebatan a un ser querido, no desaparecen un número, ni un individuo ajeno, solo una una mentalidad sociópata podría concebir una idea así, ya que la pérdida de una persona, es la pérdida de un mundo, no solo la esencia de la víctima, si no también lo que





