La bala de plata
Fuente: Dardo Esterovich* | Liliana Lopez Foresi Fecha: 09 de MAR 2019 Las sanciones de EE.UU. a Venezuela “Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria en nombre de la libertad”. Carta del Libertador Simón Bolívar al Cnel. Patricio Campbell Guayaquil, 5 de agosto de 1829 Para entender los acontecimientos que condujeron al 23F en Venezuela hay que introducirse en las sucesivas acciones del imperialismo estadounidense que precedieron al intento de golpe. Es una conducta que tiene antecedentes históricos que se remontan a más de un siglo. El bloqueo no es algo nuevo. Es un arma que se usa en las guerras desde que estas existen. Se trata de aislar y debilitar al enemigo impidiéndole abastecerse para obligarlo a la rendición o no ofrecer una resistencia eficaz en caso de ataque. Hoy ya no hay que utilizar la política de las cañoneras para bloquear. La globalización, la concentración del poder financiero, la velocidad con que circula la información, el alineamiento de los medios de comunicación que a su vez pertenecen a grandes conglomerados económicos, le brinda al imperialismo las herramientas para lograr objetivos similares al uso directo de la fuerza. A ésta se la reserva como recurso de última instancia en caso de que la resistencia de los pueblos sea tal que exija su utilización. Ya no se busca que un general deponga su espada y firme la rendición. De lo que se trata es de generar el mayor de los sufrimientos al pueblo del país bloqueado con el objetivo de que éste sea el protagonista del derrocamiento de gobiernos insumisos al mando imperial. Estas acciones fueron siempre ampliamente visibilizadas porque daban un mensaje de fortaleza al bloqueador para que sirviera de ejemplo para aquellos que pretendieran desafiar a los designios imperiales. Valga el ejemplo de Cuba. Pero ocurre que en el mundo actual esta política, como los golpes de estado, ha merecido el repudio de los pueblos. Por eso en Venezuela se da la paradoja de un bloqueo económico-financiero brutal que no tiene ninguna o muy poca prensa, porque se quiere desvincularlo de una presunta crisis humanitaria utilizada como pretexto para un golpe e intervención armada extranjera. Un poco de historia A principio del siglo XX, durante los años 1902 y 1903, las marinas de guerra del Imperio Británico, el Imperio alemán y el Reino de Italia bloquearon las costas y puertos de Venezuela exigiendo el pago inmediato de las obligaciones contraídas con las compañías de sus connacionales. A las deudas tomadas por el gobierno se agregaron la de los caudillos regionales que solicitaron préstamos para financiar las sangrientas guerras civiles que asolaron al país desde 1898 hasta que finalmente triunfa Cipriano Castro y se hace cargo de la presidencia. Cada vez hay más elementos de juicio que confirmarían que la decisión de bloquear fue una jugada destinada a mostrar el músculo a EE.UU para que morigere su política expresada en la Doctrina Monroe y permitirse la libre expansión de la influencia de las potencias europeas en Sudamérica. Un rol fundamental en esa decisión lo jugó el Imperio Alemán a partir de la doctrina de la Welttpolitik (1) [2]con la que el II Reich fijó sus objetivos de expansión colonial tardía en el siglo XIX. Para entonces EE.UU. había consolidado su dominio total sobre la cuenca del Caribe con su participación en 1898 en la derrota de España en su última colonia americana, Cuba, y le impone a este país un estatus colonial mediante la Enmienda Platt. Al principio el presidente de EE.UU. Theodore Roosevelt aceptó el bloqueo como recurso para cobrar las deudas –algunos sostienen que lo hizo para provocar el conflicto- pero, al agravarse la conflagración con bombardeos a las costas y puertos venezolanos, interviene ante Gran Bretaña y Alemania y fuerza un acuerdo de pago para finalizar el bloqueo, que se firma en Washington el 13 de febrero de 1903. A este conflicto se debe la formulación el 29 de diciembre de 1902 de la famosa doctrina Drago, por entonces Ministro de Relaciones Exteriores argentino en el segundo gobierno del presidente Julio Roca, que establece que ningún Estado extranjero puede utilizar la fuerza contra una nación americana con la finalidad de cobrar una deuda financiera Las consecuencias del bloqueo naval se manifestaron en un incremento de la influencia norteamericana en América Latina mediante la promulgación del Corolario Roosevelt de 1904, una sustancial “enmienda” a la Doctrina Monroe por parte del presidente Roosevelt que ahora consideraría a América Latina como territorio para expandir los intereses comerciales de los Estados Unidos en la región, adicional a su propósito original de mantener a la hegemonía europea fuera del hemisferio. . Fue el fin de la posibilidad de intervención directa de las potencias europeas en América Latina. En esta enmienda el presidente Roosevelt afirmó que si un país latino-americano y del Caribe bajo influencia de los EE.UU. amenazaba o ponía en peligro los derechos o propiedades de ciudadanos o empresas estadounidenses, el gobierno de EE.UU. estaba obligado a intervenir en los asuntos internos del país «desquiciado» para reordenarlo, restableciendo los derechos y el patrimonio de su ciudadanía y sus empresas. El Corolario Roosevelt –institucionalización del Big Stick (gran garrote)- fue invocado como sustento de las intervenciones armadas norteamericanas que asolaron a la región. La primera prueba tuvo lugar en diciembre de 1908 cuando naves de EE.UU., con apoyo británico y francés, bloquearon el puerto de La Guaira para impedir el regreso del presidente nacionalista Cipriano Castro que volvía dispuesto a recuperar el poder del que había sido despojado por JuanVicente Gomes, impuesto por los intereses estadounidenses con el advenimiento de la era petrolera en Venezuela. Desde ese momento EE.UU. no ha dejado de intervenir para conservar el dominio de ese recurso estratégico tan cercano a su territorio. Más historia, pero reciente En una conferencia en la Carnegie Endowmen for Internacional Peace, en marzo de 2016, Jacob J. Lew Secretario del Tesoro de EE.UU. durante la presidencia de Barack Obama, haciendo un balance de las políticas de sancione de la última década de su país, manifestó que “las sanciones son la bala de plata de la política exterior de Estados Unidos porque son más efectivas y








