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COVID-19 da paso a otro brote del virus antisemitismo. Necesitamos una cura

Fuente: Yehuda Bauer (*) | Haaretz   Fecha: 10 de abril de 2020 Por supuesto, la historia del odio al judío comenzó antes del cristianismo, en el período helenístico, si no antes. Creo que sus orígenes se encuentran en la diferencia entre la cultura judía en desarrollo y la civilización helenística «global» que aspiraba a la unificación cultural, social y política dentro de su territorio. Como dice el libro de Ester (escrito por judíos, no por antisemitas): “porque no siguen la religión (es decir, las costumbres) del rey”. La deificación del monarca gobernante y el culto a los dioses no podían ser aceptados por los judíos. El cristianismo, y luego el Islam, profundizaron esta polarización. El antisemitismo nazi también fue una continuación y una mutación del odio al judío que lo convirtió en el motivo político central en un momento en que el nacionalismo se estaba convirtiendo en racismo en la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del XX. El nazismo y su legado, incluido el antisemitismo del Islam radical, continúan hasta nuestros días. El antisemitismo se ha convertido en un fenómeno básico de la sociedad moderna. Sin embargo, parece que se ha agregado otro catalizador importante en los últimos años. Está sucediendo en el contexto de una caída catastrófica en la tasa de natalidad en las sociedades desarrolladas, en lugares como China, Japón, Rusia, Europa y América del Norte. La tasa de natalidad promedio en estos países es de 1.6 a 1.7 por mujer. (El mínimo necesario para garantizar la estabilidad demográfica es 2.1.) En China es 1.6, en Alemania y Estados Unidos está entre 1.6 y 1.7, en Rusia es aún más bajo y en Italia es 1.4. La excepción es Israel, donde la tasa es 3.1. Consideremos Polonia. Según la UE, para 2040 su población se reducirá a 28 o 29 millones de los 38 millones actuales. El resultado es un envejecimiento de la población y una contracción de la fuerza laboral para mantener el nivel de vida actual. Para mantenerlo, será necesaria la inmigración; El uso de la robótica en la fabricación no es suficiente. La alta tasa de natalidad en África y las crisis político-militar-sociales en Medio Oriente, América Latina y, en cierta medida, en Ucrania podría continuar proporcionando la fuerza de trabajo desaparecida, al menos en parte. Aquí es donde entra el problema de los refugiados. Los refugiados provienen de culturas diferentes, a veces opuestas. No hay forma de evitar esta inmigración; Es vital para muchos países. Nacionalismo y maximización de ganancias Sin embargo, la respuesta ha sido pavloviana: muchas personas en todos los países desarrollados se oponen firmemente a esta invasión que amenaza con alterar la naturaleza tradicional de las culturas locales. El hecho de que estas culturas «tradicionales» también fueron creadas por la inmigración siglos antes, porque la raza humana ha sido históricamente una raza migratoria, no hace ninguna diferencia. Esto ha llevado al surgimiento de fuerzas nacionalistas de derecha (y de izquierda radical). El resultado es una insularidad nacionalista e intentos de autarquía, combinados con el tremendo aumento del poder de las corporaciones multinacionales (incluidas las empresas de medios) que, en un grado u otro, utilizan el nacionalismo local para sus necesidades. Y su necesidad es maximizar las ganancias. En otras palabras, con el auge del nacionalismo también hay un aumento del racismo, y en Occidente la punta de lanza es el antisemitismo, del cual el caso nazi (que aún persiste) es una continuación de las formas anteriores de antisemitismo. También es una mutación causada, al menos en parte, por los factores enumerados anteriormente. Y recuerde, esto está sucediendo en un rico contexto histórico de odio al judío. En las últimas semanas, los judíos han sido acusados cada vez más de inventar y propagar el coronavirus. Los Estados Unidos a menudo son acusados de estar involucrados en el mismo delito. De muchas de estas afirmaciones en los medios de comunicación de Medio Oriente, he aquí un ejemplo. El periodista jordano As´ad al-Azouni, escribió en el sitio web Donia al-Watan, el 16 de marzo, que «este virus es indudablemente el resultado del odio secreto judío por todo el mundo». Él escribe que «cuando los judíos causaron el estallido de la Primera Guerra Mundial, obtuvieron la Declaración Balfour» y cuando «causaron» el estallido de la Segunda Guerra Mundial, obtuvieron su «colonia» en Palestina y «ahora quieren causar el brote de la Tercera Guerra Mundial para que puedan declarar el establecimiento del Reino del Gran Israel». Regresamos a la Peste Negra de 1348, de la que los judíos fueron acusados de causar y difundir. Los argumentos son los mismos. Redes sociales al rescate ¿Qué se puede hacer? Primero, no hay forma de que los judíos puedan librar una batalla efectiva contra el antisemitismo por su cuenta. Hay alrededor de 13 millones de judíos en un mundo (dependiendo de quién está contando y cómo están contando) de miles de millones de personas. Primero, es de notar que en las culturas basadas en la herencia cristiana, ningún gobierno apoya públicamente el antisemitismo, y esto es, con razón, explotado por organizaciones y gobiernos, tanto judíos como no judíos. Estos últimos están trabajando en legislación e iniciativas educativas que, si bien son importantes, son claramente insuficientes. La Iglesia Católica, o más precisamente, sus líderes, han sido otro aliado desde el Papa Juan XXIII y el Concilio Vaticano II de 1965. Las fuerzas liberales en estos países, que se interponen anate miembros de la derecha y la extrema izquierda (como Jeremy Corbyn) – también están en esta lista. Otra forma podría construirse sobre el legado y la memoria de la Segunda Guerra Mundial. Por supuesto, el Holocausto fue una operación alemana, pero no podría haber «tenido éxito» sin la amplia colaboración de otros países europeos con los nazis. Aún así, la guerra fue emprendida por los nazis, en gran parte, tal vez principalmente, debido a una ideología centrada en la creencia de que los judíos globales se estaban apoderando del mundo. Esta ideología, cuando se tradujo en acción política,

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¿Casualidad la «colisión de barcos» frente a Venezuela?: fake new en toda la prensa alemana

Fuente: Volker Hermsdorf | Junge Weld (Mundo Joven), Berlin Fecha: 9 de abril de 2020 Historia oportuna Después de que la Marina de EE.UU. enviara buques de guerra a la costa de Venezuela el 1 de abril, los medios de comunicación alemanes secundaron la misión con «informes» de una colisión de barcos dos días antes. «La Armada de Venezuela embiste un crucero alemán», informó el 3 de abril la emisora pública extranjera Deutsche Welle (DW). Spiegel online, Bild, Welt y otros «medios de calidad» proporcionaron al informe titulares similares y así difundieron fake news. Sin llevar a cabo su propia investigación, se hicieron eco de un comunicado de prensa de la empresa de Hamburgo «Columbia Cruise Services GmbH & Co. KG» (CCS), que entre otros opera el crucero «RCGS Resolute» que navega bajo bandera portuguesa. El buque, que anteriormente operaba en aguas del Ártico con el nombre de «Hanseatic», chocó el 30 de marzo con el patrullero «Naiguatá» de la marina venezolana, que se hundió después de la colisión. Dos días después del incidente, la CCS intentó que los venezolanos fueran los únicos responsables. De nuevo dos días después, DW y otros se hicieron eco de las acusaciones sin comprobar hechas por la CSS y las presentaron en los titulares como hechos probados. La comunicación por radio entre las partes involucradas publicada el sábado pasado (ver jW del 6.4.2020) así como los videos del momento de la colisión indican que fue exactamente al revés. Extraña maniobra La primera frase de la noticia de DW ya contenía una declaración falsa. Aunque los medios de comunicación locales informaron sobre ello poco después del incidente y la Vicepresidente de Venezuela, Delcy Rodríguez, protestó oficialmente contra el «acto de piratería» el 1 de abril, la emisora extranjera afirmó: «Sólo después de un retraso de varios días se conoce un incidente marítimo frente a las costas de Venezuela». El diario portuguésPúblico ya había citado el 1 de abril al Ministro de Asuntos Exteriores del país, Augusto Santos Silva, exigiendo que se investigara el incidente. Como el «RCGS Resolute» había puesto rumbo a toda velocidad hacia Willemstad (Curazao) después de la colisión, Santos Silva pidió a las autoridades de la isla de las Antillas Holandesas que realizaran una investigación exhaustiva. El portal especializado Marineschepen.nl había informado en detalle los días 1 y 2 de abril, describiendo el rumbo y las maniobras del crucero en los días anteriores a la colisión como «extraño». Las investigaciones revelaron que el «RCGS Resolute» había permanecido temporalmente en aguas territoriales venezolanas y además – «completamente en contra de las reglas» – apagó el Sistema de Identificación Automática (AIS) durante horas. La Organización Marítima Internacional (OMI) ha hecho obligatorio el sistema para los buques de más de 20 metros de eslora. Bajo esta regulación no están los buques de guerra, cuyos transmisores AIS pueden ser apagados. Caracas protesta Además de estas características conspicuas, el equipamiento del «RCGS Resolute» con 14 botes inflables del tipo «Zodiak Mark V HD» había despertado la sospecha de la guardia costera. Estos botes, equipado con motores eléctricos casi silenciosos y de 36 CV, son anunciados por el fabricante en la feria online «Nauticexpo» como «barco militar para fuerzas y comandos especiales» y como «adecuado para misiones extremas». Sin embargo, las «rarezas» fácilmente investigables que habían llevado a la guardia costera a realizar una inspección, fueron ocultadas por DW y consortes. La posición de Venezuela, que se apoya en numerosas pruebas, se reduce a las frases cortas: «Al igual que la sociedad, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, quiere ahora que se investigue el asunto. En esta parte se habla de piratería». El gobierno de Caracas protestó el lunes de esta semana en una carta formal dirigida al canal contra «la supresión de la versión de un Estado independiente». El periodista y viceministro de comunicaciones William Castillo criticó en la carta que el reportaje de DW no era «compatible con la ética y el ejercicio responsable de la profesión». Traducción: Maryena Presa Velázquez  para Cubainformación Video relacionado: https://www.youtube.com/watch?v=UR2ncGOPd9k

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¡Tenía que venir un virus para poner patas arriba el capitalismo!

Fuente: Gemma Cairó i Céspedes | Viento Sur Fecha: 8 de abril de 2020 ¿Ha venido el covid-19 para quedarse? No cabe duda de que la pandemia que estamos viviendo, con sus devastadores efectos tanto en términos humanos como socioeconómicos pone en primer plano, confrontándonos, aquello que a menudo no queremos ver. Ya no hay escapatoria. La muerte, el aislamiento y la crisis nos confronta directamente nuestro modo de vida, anclado en un sistema económico desigual, alienante y corrosivo. El covid-19 nos invita a cuestionarnos, especialmente a los economistas, las falacias del capitalismo y los mitos acerca de nuestro supuesto bienestar. Es lo que tiene la distopía. Desde confines más oscuros podemos ver más claro, porque ya no hay donde escondernos ni donde distraernos. Ya hace décadas que el capitalismo viene mostrando su faceta más depredadora y parasitaria. Años de neoliberalismo, marcados por la financiarización y la desigualdad, han deslegitimado históricamente un sistema (el capitalista), si es que alguna vez la tuvo, que ha sido incapaz de cumplir de forma justa y sustentable la reproducción material de nuestras sociedades. El desarrollo histórico del capitalismo ha mostrado ciertamente su capacidad de supervivencia, cual ave fénix renaciendo de sus propias cenizas, pero a su vez se han evidenciado sus contradicciones más acuciantes: i) la desvalorización de la fuerza de trabajo cuya mercantilización y explotación creciente aparece indiferenciada de cualquier otra mercancía; ii) el menosprecio por la esfera reproductiva cuya lógica, la sostenibilidad de la vida, se enfrenta a la lógica de la acumulación que reina en el ámbito productivo; iii) la superación de los límites impuestos por sistemas de orden superior, como el natural, sobre el cual descansa el propio proceso de producción y reproducción de la sociedad. Esta pandemia nos ayuda a desvelar lo que el manto mercantil de un capitalismo que todo lo impregna ha ido oscureciendo. Es ahora una buena oportunidad para re-conocer aquello que ya sabemos pero que (parece) se nos olvidó. Re-conocer que es la fuerza humana la que mueve el mundo. Hoy más que nunca se pone de manifiesto que la rueda que hace girar la economía es la energía y el esfuerzo de la fuerza de trabajo, imprescindible para producir aquello que necesitamos. Cuando nos quedamos en casa, la actividad cesa, la producción cae, el riesgo del desabastecimiento es real. Incluso peor, nuestra curación está en manos de l@s sanitari@s. Todavía no se conocen maquinas que intuben a los enfermos y robots que den clases virtuales a nuestros hijos. Abandonar la ilusión tecnológica de un mundo robotizado y ver el peligro del creciente desplazamiento de la fuerza de trabajo es hoy más obvio y necesario que nunca. Re-conocer que somos seres dependientes. Concebimos la sociedad atomizada formada por individuos autónomos, independientes y autosuficientes. En el peor de los casos creemos en el fastidioso “homo economicus”. La vulnerabilidad a la que nos enfrenta el coronavirus nos evidencia nuestra dependencia de todo, obviamente en lo material (des de lo que comemos) y también en lo inmaterial (hasta lo que sentimos). El reconocer que el mundo es interdependiente implica desbancar la lógica antropocéntrica, cuestionando nuestra osadía en manipular, organizar y ordenar el mundo a nuestro antojo. Sentirnos dependientes es reconocer la necesidad del otro y de lo otro, denunciar la explotación humana y el abuso de la naturaleza. Re-conocer que necesitamos dignificar el valor de lo doméstico. La pandemia y el consiguiente confinamiento desbanca la prepotencia del ámbito productivo (el dinero, el estatus, la competencia) e irremediablemente devuelve su valor intrínseco a aquello que sostiene la vida, el mundo de los cuidados, invitándonos a reequilibrar individual y colectivamente la balanza siempre decantada hacia lo productivo. El verdadero valor está en lo humano, en nuestras relaciones, en nuestros contactos, en nuestras miradas. El acento ya no está ahora en lo que puedo conseguir o alcanzar, sino en lo que soy y lo que valoro. Re-conocer que nuestro modelo de vida es alienante. Paradójicamente a más confinamiento (físico) menos aislamiento (social). El quehacer compulsivo y estresante en una sociedad capitalista que nos aturde con el consumo indiscriminado, con la (des)conexión telemática y con la obcecación de conseguir más (de lo que sea) en cierto sentido se ha paralizado. Quizás hemos pasado de aquella prisión a una nueva, pero este aislamiento entre cuatro paredes nos invita a una mirada más introspectiva, preguntándonos en que estoy yo y en que esta el otro, acercándonos a nuestr@s familiares, a nuestr@s vecin@s, a nuestr@s cajer@s desde otro lugar. Estamos aislados, pero menos alienados, y la empatía nos sienta bien. Gemma Cairó i Céspedes, doctora en Economía y profesora de la Universitat de Barcelona. Coordinadora y coatura de Economía mundial. Deconstruyendo el capitalismo global Este texto se inspira en el artículo “Mercantilización y patriarcado, o como el capitalismo erosiona las esferas que sustentan la vida” (de próxima publicación en la Revista de Economía Crítica). Artículo relacionado: La pandemia y el fin de la era neoliberal

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Un presidente débil permite la militarización del poder

Fuente: Emir Sader | Alai  Fecha: 6 de abril de 2020 No hay vacío en la política. Siempre que hay vacío, hay instituciones que tratan de llenarlo. Cómo las FFAA brasileñas lo han hecho en 1964 y se proponen a hacerlo de nuevo. En 1964, las FFAA crearon el vacío para intervenir, actuando fuertemente para erosionar al ya débil gobierno de João Goulart. Apoyados en la Doctrina Seguridad Nacional, erosionaron la legitimidad del gobierno y dieron el golpe, en sustitución de los ineptos políticos tradicionales y sus partidos. Ahora, de nuevo, los partidos tradicionales han entrado en crisis, derrotados sistemáticamente por el PT.  Bolsonaro aprovechó de la nueva crisis de los partidos tradicionales para proponerse como alternativa. Fue un buen candidato para la derecha. Fue el único que tenía un caudal de preferencias en las encuestas, gracias al apoyo de las bases tradicionales del PSDB, que se habían radicalizado hacia posiciones de extrema derecha. Con eso, Bolsonaro era la única apuesta posible de la derecha para establecer una maniobra monstruosa, que terminó llevándolo a ganar las elecciones, aunque de forma fraudulenta. Su estilo salvaje y agresivo, grosero, proyectó una imagen de líder popular. El nombró a un ultra neoliberal en economía, para garantizar el apoyo de los grandes empresarios. Se presentó como la única posibilidad para evitar que el PT volviera al gobierno.  Articuló manipulaciones gigantescas, ante la complicidad del poder judicial y los medios de comunicación y asaltó así al gobierno. Fue un buen candidato a la derecha, pero no es buen presidente. No suma, l contrario, se revela como un factor de descomposición del gobierno. Él ya se había acercado al ejército, para contar con el apoyo de la institución y para contar con personal para ocupar puestos estatales. Y también contar con una institución comprometida con la represión y la defensa del orden. A medida que Bolsonaro fue perdiendo apoyo, incluso de los suyos, el gobierno fue llenándose cada vez más de militares, activos y de la reserva. Hoy son parte del gobierno, mientras que Bolsonaro se vacía, pierde apoyo y pierde capacidad de acción, situación aún más grave por la pandemia que se extiende por todo el país. El vacío en la capacidad de gobernar de Bolsonaro ya está llenado por los militares, cada vez más comprometidos, incluso como institución, con ese gobierno. Para evitar la delicada operación de sustitución de Bolsonaro por su vice, Mourao, se va militarizando cada vez más el gobierno. Los militares ejercen su poder de veto de acciones gubernamentales y se vuelven en el único núcleo capaz de dar un cierto grado de cohesión y acción al gobierno, un gobierno completamente perdido por la misma acción disgregadora de Bolsonaro. No es la mejor alternativa para la FFAA, pero fue que les tocó y no dejan de aprovecharla, teniendo como objetivo mantener al gobierno, modificado o no, y la construcción de una institucionalidad que trata de prevenir el regreso de PT al gobierno. Con el colapso del gobierno de Bolsonaro, que pierde apoyo popular, pero también de los medios, de los grandes sectores y de la clase media, los militares se vuelven estratégicos, una condición de gobierno, que tienden a ser la columna vertebral del gobierno. Un proceso que choca de frente con la restauración de la democracia. La militarización del gobierno es el principal obstáculo para el regreso de la democracia en Brasil. Un gobierno sin legitimidad, sin capacidad de gobernar, que se desintegra cuando debería comandar al país ante una crisis grave como esta, abre el camino para el establecimiento del poder militar dentro del Estado. Si hay ya un comando establecido para sustituir en la práctica a Bolsonaro, son especulaciones. Como se dice en italiano: Si non è vero, è bene trovatto. – Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).   https://www.alainet.org/es/articulo/205723

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Trump y Krusty, el payaso

Fuente: Joe Goldman | Página/12 Fecha: 6 de abril de 2020 El astrofísico Neil Degrasse Tyson dijo ante la pandemia: “Estamos en el medio de un experimento masivo y mundial. Ese experimento es: ¿vamos a escuchar a los científicos?” La respuesta cambia de país en país. Pero para Estados Unidos la respuesta es un contundente “¡no!” No fue siempre así y vale comparar la reacción de Donald Trump con lo que hizo Barack Obama durante otro posible episodio de pandemia, el ébola, una enfermedad más mortal pero de transmisión no tan fácil. El ébola empezó en los últimos días de 2013 en el pequeño país africano de Guinea cuando un nene sufrió una mordida de murciélago. Unos meses después Obama reaccionó a la noticia de que el ébola se había extendido a Liberia y Sierra Leona. Creó un equipo del Centro de Control de Enfermedades para coordinar una respuesta para el ébola. El CDC mandó mucho personal a Africa y entrenó a miles de trabajadores médicos en la región. La administración de Obama trabajó con la OMS y la ONU para poner en marcha rutas de aviación especiales para dirigir viajeros desde las zonas afectadas sólo a aeropuertos de EE.UU. y del mundo equipados a hacer tests en masa. En EE.UU. casi 7000 personas recibieron entrenamiento, que incluyó cómo manejar una posible pandemia, y todo esto fue logrado antes de que un sólo caso llegara al país. Hubo UN muerto de ébola en Estados Unidos y muy pocos casos. La reacción y la política sanitaria del gobierno de Donald Trump no pueden ser más diferentes. Trump nombró como ministros de Energía y Medio Ambiente a dos tipos que antes habían pedido la disolución de esos ministerios. En lugar de científicos para ocupar los puestos en las agencias regulatorias, Trump eligió a empresarios que habían sido regulados. En áreas cruciales como salud, control de enfermedades, ciencia y tecnología, manejo de emergencias, sanidad pública, nexos con organismos internacionales y el cuerpo diplomático, Trump puso gente completamente ajena a las tareas, amigos empresarios, o simplemente no llenó posiciones. Trump abandonó el equipo de acción contra pandemias que Obama había creado. Bajó casi 20 por ciento los fondos del CDC y cortó las contribuciones para y nuestras vinculaciones con, la OMS. Programas internacionales donde norteamericanos trabajaron en muchos países del mundo monitoreando enfermedades infecciosas fueron abandonados incluyendo en China. El 31 de diciembre de 2019 el OMS avisó sobre el foco de coronavirus en China. Desde esa fecha, la administración Trump se ha mostrado menos efectiva en combatir la pandemia que Krusty, el payaso de los Simpson. Trump, siguió haciendo actos de campaña (cuando no estaba jugando golf) y hasta fines de febrero habló del virus como un complot de sus adversarios políticos, histeria de los medios en su contra. El coronavirus fue visto como un problema chino, algo bueno en medio de la guerra comercial con China. El Secretario de Comercio Wilbur Ross comentó en febrero que la epidemia “va a ayudar el obrero norteamericano”. Trump no creyó en sus informes de inteligencia previendo un brote muy severo afuera de China. Cuando la enfermedad se propagó a Europa y la OMS ofreció muchos tests a su país, Trump se negó diciendo que firmas norteamericanas podría hacerlos mejor si fuera necesario. Hasta hoy Trump no ordenó a compañías de EE.UU. hacer los tests aunque tiene el poder para decretarlo. El primer caso confirmado de coronavirus en EE.UU. ocurrió el 25 de enero, el mismo dia que en Corea del Sur. Trump dijo que fue un caso aislado y cuando sanitaristas y científicos se quejaron de la falta de reacción, él que era un complot de “los que fracasaron con el impeachment”. Ya a mitad de febrero, con docenas de casos confirmados, Trump comentó que solo había quince “y en poco tiempo reduciría ese número a cero”. No tomaron ninguna acción para sumar más kits de prueba a los pocos que tenía, pero anunció la prohibición de vuelos a China, una maniobra más con la guerra comercial. A mediados de marzo, con la situación nacional empeorando, Trump empezaba las conferencias de prensa diarias más como actos de campañas que momentos de información al pueblo. De hecho, en muchos casos difundió desinformación. Se hizo famoso Anthony Fauci en estas conferencias como uno de los científicos confiables y unos de los pocos que tenía el coraje de desmentir las mentiras de Trump. Fauci trabaja hace 50 años como especialista en enfermedades infecciosas y es probablemente la autoridad más respetada en el país. Hoy es blanco de amenazas de la ultraderecha por supuestamente ser anti-Trump. Corea del Sur actuó rápidamente, con muchas pruebas y estrictos controles. Hoy los surcoreanos tienen poco más de 10,000 casos con 174 muertos, EE.UU. tiene 328.861 casos y más de 9.300 fallecidos. La única mención a Corea del Sur de Trump fue para criticar el Oscar a Parasite. Respiradoras, kits de testeo y equipos de protección para personal médico no están llegando a los 50 estados, ni hablar de las zonas calientes. Hay peleas entre gobernadores haciendo verdaderas subastas con empresas privadas para conseguir insumos esenciales. El Estado nacional simplemente no existe. Y los resultados están empezando apilarse en camiones frigoríficos en el medio de mi ciudad, Nueva York. Le diría a Degrasse Tyson que hemos fracasado en el experimento de ver si escuchamos a los científicos. El autor es el productor regional de ABC News en América Latina.

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Concierto editorial para atacar al presidente

Fuente: Comuna – Comunicadores de Argentina Fecha: 5 de abril de 2020 Fórmula mediática: endiosar a Rocca y denostar a Moyano El presidente Alberto Fernández recibe condena unánime de los columnistas políticos de los medios opositores: culpable del conflicto con los empresarios, simbolizados en la figura angelical del multimillonario Paolo Rocca, y por haber elogiado al dirigente sindical Hugo Moyano, descripto todos los días como el demonio en persona. Varios redactores agregan a esto los errores graves en la atención bancaria del viernes 3 para vaticinar el principio del fin de la popularidad presidencial. Como en partidas de ajedrez simultáneas, Clarín va al frente contra el ministro Guzmán por su estrategia con los acreedores y siguen las estocadas contra el gobernador Kicillof. Quedó para la historia del oprobio periodístico argento la maniobra de La Nación cuando publicó en línea, inclusive con foto, la noticia de un caceroleo que todavía no había sucedido. Esta publicación, el lunes a las 20.53, con foto atribuida a la agencia francesa AFP, desnudó por completo el papel decisivo que estos medios tuvieron para crear la protesta promovida por los sectores ultraderechistas del macrismo, en respuesta directa a la disputa presidencial con Paolo Rocca aunque disfrazada de crítica al “gasto de la política”, vieja cantinela de una oligarquía que se erigió como tal chupándole la sangre al Estado. Un papel decisivo confirmado además el martes 31, cuando el caceroleo apareció en tapa de Clarín y La Nación, pero no el “ruidazo” para protestar por la violencia contra las mujeres. Ese mismo día, González de Clarín culpó al Presidente de haber elegido a Rocca como “enemigo”, algo así como convertir el capítulo dos de una serie en el primero, al ignorar por completo el anuncio de 1.450 despidos. El redactor comenzó a saborear una caída de la imagen gubernamental, al anunciar que un alto índice de popularidad puede pasar, de un segundo a otro, a “total descrédito”. González fue imitado en este arte manipulador por muchos otros columnistas, como Cabot, Pañi, Morales Solá, Letjman, Roa, Longobardi (con su charla radial convertida en “noticia” por La Nación). Pero eso sí, ninguno se atrevió a reproducir su formidable ligereza histórica, cuando introdujo insólitas evocaciones sobre la búsqueda de mayor poder presidencial que no resisten siquiera la comprensible liviandad wikipédica, ya que enlistó a Alfonsín, Menem y Galtieri. Sin embargo, la matriz editorial es idéntica: Pagni tecleó que mientras el Presidente ubicó el problema en los empresarios, el “cacerolazo bastante estridente” mostró que “parte de la sociedad cree que el problema está en los políticos”. El coro afinado de condena a Alberto Fernández por haber criticado a San Paolo R. se volvió estridente, histérico y más reiterativo aún después del acto que compartió con Hugo Moyano en el sanatorio Antártida y los elogios y agradecimientos al denostado sindicalista. En el batallón hicieron fila Salinas, Kirschbaum, Pagni, Jacquelin, González, Roa, M. Wiñazki, Guyot, Van der Kooy, Liotti, Morales Solá, Fernández Díaz, y que nadie se ofenda si olvidamos mencionar a alguien. El caceroleo contra el gobierno no se sostuvo (había sido anunciado uno cada día) y, peor aún, generó tantas molestias dentro de la oposición macrista que hasta Clarín debió escribir un artículo dando cuenta de esa disputa. Es que entre los perjudicados por el brote ultra, en plena crisis por la pandemia, está el jefe de Gobierno Rodríguez Larreta, que seguro ya tiene un lugar en la historia como el político que obtiene el más alto índice de encubrimiento y complicidad mediática. Tanto así que el domingo 5.4 aparece alguna noticia perdida sobre proliferación de insectos y roedores en la Ciudad de Buenos Aires, pero escrito con magia: sin nombrar al Gobierno porteño y sin indagación alguna sobre si al presidenciable se le ocurrió, al menos por casualidad, pensar en alguna previsión al respecto. El desorden estruendoso en la atención bancaria del viernes es oro en bandeja en la estrategia editorial de sentenciar la caída de la popularidad presidencial. Clarín pide en tapa la renuncia de Vanoli a la ANSES, hay metralla intensa también contra Pesce en el Central y contra el sindicalista bancario Palazzo. La estructura bancaria del país, la negativa de los privados a dar servicio a clientes de recursos escasos y, en suma, la codicia inmoral de los banqueros, reciben cuidado quirúrgico en Clarín, Infobae y La Nación. En medio de la atención excluyente que demanda la pandemia y sus consecuencias políticas y económicas, el multifunción Bonelli se da tiempo para atender al ministro Guzmán, a quien da en desgracia por causar disgusto a los acreedores privados. Su crimen es uno, no contentar a los bonistas, pero los recursos para atacarlo son varios: el columnista lo pone en crisis dentro del gobierno, habla de “trifulcas” en el equipo económico, lo acusa de no tener plan y, lo peor de lo peor, “desorienta” a los acreedores. Así que, según este relato, los voceros de Wall Street recurrieron directamente al Presidente, que sabe que las encuestas pueden “cambiar drásticamente” y que no quiere default, así que le dijo a Guzmán: arreglá ese lío de la deuda (Menos mal que le avisó, porque el ministro no sabía que tenía ese asunto pendiente). Y no es todo: Béliz, Cafiero y Massa recibieron supuestamente el encargo de vigilar al ministro, una versión sin fuente que no tiene más finalidad que corroer su capacidad de negociación, quitarle autoridad. En suma, debilitarlo y así favorecer a los deudores. Aquella manipulación de La Nación “informando” sobre el caceroleo que no había ocurrido no tiene parangón, pero el “periodismo” de Clarín hizo su parte: para ocultar el acto de barbarie del republicano Morales, de expulsar a 61 personas de su feudo, presentó el hecho como “el increíble viaje de los hinchas colombianos” (esos hinchas eran 9 de los 61 y habían llegado al país por un partido de fútbol). Pero calificar estos grotescos está difícil: olvidado de sus pompas de pensador, el sábado Miguel Wiñazki escribe en Clarín que “nadie extraña” el protagonismo de “Ella”, pero

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Buchones

Fuente: Mario Goloboff | Mario Goloboff Fecha: 3 de abril de 2020 Por una vez, Eduardo Feinmann ha estado más sutil que alguien. En esta oportunidad, que Laura Alonso, lo cual, admitámoslo, no tiene que ser difícil. Ella afirmó, rotundamente, que los hipotéticos médicos cubanos que iba a mandar Cuba para combatir el coronavirus, iban a ser espías. Según Perfil, al escribir en su cuenta de twitter: «Si nos faltaba algo… eran los médicos/espías/comisarios cubanos! #NoALosMedicosCubanos«. Feinmann, más moderado sin quererlo, sostuvo que “podrían transformarse en espías”. Más moderado y más cierto: todos podemos transformarnos en espías, se trata de una capacidad de cambio, de modificación, de metamorfosis, que no le está vedada a ningún ser humano, sea cubano, chino, costarricense o sefaradí. Nunca lo había pensado, pero es uno de los defectos ínsitos en los seres humanos. Tal vez haga alusión a él, con esa enorme perspicacia de la Antigüedad, el mito de Proteo. De la ex gerenta de la Oficina de Anticorrupción (kirchnerista) queda poco por agregar, salvo aquello que deslizaba Borges sobre uno de sus enemigos literarios, que eran tantos: “La ignorancia, para ella, no tiene ningún secreto”. Llamada, solo  por ella misma, a hablar, porque está visto que no puede quedar callada y disimularse, su incontinencia espiritual la lleva a desbordar lo que en alguna oportunidad los franceses llamaron “anticomunismo primario”, y a decir esas cosas descomedidas, violentas, inoportunas, que hasta sus aliados políticos deploran. Si no fuera que es tan agresiva, daría un poco de lástima. Se parece bastante, oh casualidad, a la reacción de los británicos respecto del ofrecimiento argentino para las Malvinas: “Después de rechazar la ayuda humanitaria ofrecida por el gobierno argentino, las autoridades isleñas informaron sobre el caso de un «enfermo crítico». Como rechazaron el envío desde Argentina del test para detectar el virus, tendrán que esperar que llegue de Gran Bretaña, la semana próxima”. Página/12, 27/3/2020. “Los médicos cubanos (agregaba Perfil, 26/3/2020) fueron unos de los primeros que brindaron ayuda internacional en Wuhan para atender a los enfermos y asistir a las autoridades chinas en terreno. Llevaron medicamentos caseros, una variedad de interferón utilizado para tratar el cáncer, que según La Habana ayuda a los pacientes afectados por el virus, y algunos entusiastas lo anunciaron erróneamente como una cura maravillosa. Desde la década de 1960, oleadas de sus médicos y especialistas médicos han entregado su ayuda a decenas de países en desarrollo. Recientemente, en 2015, los cubanos desplegaron 37.000 médicos en 77 países, según un estudio de la Wharton School de la Universidad de Pensilvania.  En el apogeo de las misiones médicas internacionales, en 2013, los médicos cubanos enviaron US$10.200 millones de regreso a La Habana, según cifras oficiales del gobierno. Si bien el alcance es mucho menor hoy en día, los servicios médicos siguen siendo la mayor exportación de Cuba, tras aportar US$6.400 millones o el 43% de las ganancias extranjeras, el doble que el turismo, en 2018. Con 159 naciones (incluyendo a casi todas las del continente americano) enfrentando una enfermedad mortal, cuanto más personal médico capacitado acuda a este llamamiento mundial, mejor”. En realidad, esta no es una polémica con el gobierno, al que no se ve más que en las acertadas iniciativas que toma; es una discusión (profunda, si no es mucho estimar), entre ellos: ¿serán, ya, espías amaestrados, puestos a disposición, o párvulos que se adaptarán según las comandancias? Y otra cosa ¿qué van a venir a espiar los médicos cubanos? ¿Y para qué? Aparte de lo obvio, para lo cual están dotados, van a verificar el estado de la salud pública, de los hospitales, de los presupuestos tan deteriorados como los edificios. Pero, cuidado (¡!), probablemente vengan a espiar la cantidad y calidad de la obra pública dejada por el gobierno de cuatro años del PRO, la perfección de las hechuras, la red de redes tejida por los Ceos y otras gentes tan competentes que estuvieron al frente de los ministerios acompañando al Gran Ingeniero, el aliento y el impulso en investigación y educación (del que los cubanos, como se sabe, carecen), la obra cultural de los cultos ministros Hernán Lombardi y Pablo Avelutto… Se van a llenar los ojos. Y las alforjas de datos. Seguramente, para después copiarnos. Víctor Serge, el primero en describir el régimen soviético después de la muerte de Lenin como “totalitario”, supo escribir, hace ya un siglo, enseñanzas que todos los regímenes, especialmente los de derecha, tendrían que asimilar, pero se ve que por sus prejuicios no han leído (Ce que tout revolutionnaire doit savoir de la repression – Lo que todo revolucionario debe saber de la represión): “En 1917 la autocracia se desfondó sin que sus legiones de espías, de provocadores, de gendarmes, de verdugos, de sargentos de ciudad, de cosacos, de jueces, de generales, de popes pudieran retardar más el curso inflexible de la historia. /…/ La revolución era el fruto de causas económicas, psicológicas, morales, situadas por encima de ellos y fuera de su alcance. Ellos estaban condenados a resistirle inútilmente y a sucumbir”. (Buena lectura, también, de paso, para la camarada Bullrich.) Coda: El señor Alfredo Casero, es el tercero que reaccionó por el supuesto envío de médicos cubanos, con la serenidad y la cordura de siempre. Pero hace años que yo me prohibí la discusión con los cómicos.

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La peste negra, la gran depresión del siglo XIV y el coronavirus

Fuente: Mario Rapoport | Pagina/12 – Suplemento Cash Fecha: 29 de marzo de 2020 Imagen: Pepe Mateos La pandemia parirá una nuevo orden económico mundial. El retorno de los Estados de Bienestar de la posguerra. La actual pandemia internacional no es ajena a la crisis económica global. Se necesitan cambios drásticos en el orden económico y financiero mundial con un freno a esta pseudo globalización basada en el neoliberalismo de la que aprovechan unos pocos. La mayoría de los países del mundo tienen que ponerse barbijos para defenderse de los efectos dañinos de políticas neoliberales.  La actual pandemia internacional no es ajena a la crisis económica mundial cuyos orígenes pueden remontarse a fines del siglo XX e inicios del siglo XXI en Estados Unidos con las crisis de las punto com, de Enron y de otras empresas, cajas de ahorro y bancos; crisis financieras que repercuten en el mundo hasta el estallido de la crisis mundial de 2008.  Estas crisis van acompañadas de sucesos luctuosos: las sucesivas guerras en Asia y el Medio Oriente, las ocupaciones militares, sobre todo por parte de Estados Unidos; el terrorismo y el ataque a las Torres Gemelas, precedidas en nuestro caso por el atentado a la AMIA y a la embajada de Israel, repetidos luego en Europa. Las extremas desigualdades sociales, el hambre y las enfermedades en gran parte del mundo, representan por sí mismas millones de muertos. Posiblemente no tanto como el desgraciado siglo XX con la gran depresión de los años ’30, las dos guerras mundiales, el holocausto, los distintos episodios de la guerra fría y especialmente la guerra de Vietnam. En todo caso, con esta nueva peste que sufrimos, los problemas actuales pueden quizás aceptar un ejercicio de comparación con las desgracias de fines del siglo XIV que significaron el principio del fin de un modelo económico: el feudalismo (aunque hubo que esperar varios siglos para su caída definitiva) y el nacimiento del mundo moderno. Es lo que los marxistas llamaron la transición del feudalismo al capitalismo. La gran depresión medieval En ese periodo se combinó la peste negra de 1348 que asoló varios años a Europa con la agonía económica de un sistema que había dejado de funcionar. Los cambios climáticos, el desequilibrio entre población y recursos naturales (que se expresaron en la gran hambruna de 1315 a 1317), la guerra permanente, la competencia entre los nuevos estados emergentes y la crisis de la deuda pública y privada constituyen también algunas características de nuestro siglo. Como señala el gran historiador Guy Bois en su libro La Gran Depresión Medieval: Siglos XIV-XV. El precedente de una crisis económica (Universidad de Valencia-2001): “Queda por apreciar la conmoción (específica) provocada por la Peste Negra: una cuestión inmensa, a menudo inaprehensible y no obstante esencial. Una sociedad no pierde impunemente una fracción semejante de su población en unos meses sin ser sacudida cultural, social y materialmente. La dificultad del análisis se refiere al hecho de que los efectos más inmediatos no son necesariamente los más decisivos. En la estela de la epidemia se inscriben manifestaciones aberrantes que atestiguan sobre todo el desconcierto general” “La peste agravó y prolongó de manera manifiesta la decadencia que sufría la sociedad occidental. Por un lado, la economía señorial, muy dependiente de la mano de obra asalariada, sufrió un golpe severo cuando ésta se volvió más escasa y más cara. Más grave aún: el impacto demográfico acentuó los efectos depresivos del impacto fiscal. Con el resultado de un hundimiento de la producción, y por tanto, del consumo. La epidemia no actuó como un factor aislado o aislable, se enmaraña con otros factores cuyos efectos amplifica.” Es preciso señalar que muchos fenómenos actuales, pese a las impresionantes transformaciones económicas y tecnológicas producidas desde la revolución industrial, se parecen a los de ese capitalismo mercantil del fin de la Edad Media. La deuda El incremento exponencial de la deuda en las distintas ciudades fue su principal característica. Como señala un catedrático español Antoni Furio Diego (en el diario El País, del 8 de enero de 2012) entre el 40 y el 80 por ciento del gasto público de las principales ciudades españolas en el siglo XIV estaba destinado a pagar intereses. Esto obligaba a crear nuevos impuestos, pero gran parte del esfuerzo fiscal iba manos de financistas y mercaderes que invertían en la deuda pública como hoy lo hacen los fondos de inversión. Todo ese mecanismo se basaba en las exigencias de las monarquías por los mayores gastos bélicos y por el desarrollo de los mismos estados, donde predominaban los gastos improductivos y el lujo. A esto se agregó una fuerte burbuja inmobiliaria que provocó el alza de los precios de la tierra y finalmente desordenes monetarios con grandes devaluaciones. En algunos países como en Francia la moneda perdió el 50 por ciento de su valor. La peste llegó con su terrible impacto que diezmó a la población europea (unas 25 millones de personas) agudizando la depresión. Quizás el ejemplo más singular de la sociedad de la épóca nos la da una obra teatral de Shakespeare, “Un libra de carne” publicada en 1600 pero basada en un relato “primera historia del cuarto día” que integra Il Picorone de Giovanni Fiorentino, obra que data a su vez de 1378 , en plena depresión y con las secuelas de la peste negra. Globalización Podríamos trasladar estos hechos a la época actual, cuya sociedad vive una especie de nueva Edad Media, en la que algunos llaman “Aldea Global”. La globalización neoliberal con el desarrollo de la informática, las comunicaciones y los transportes borraron la barrera de los países y junto a ellas también a muchas de las características benéficas de los estados de bienestar, creados luego de la Segunda Guerra Mundial. El mundo de las finanzas superó al de la producción y el trabajo, que predominaba en las primeras décadas del siglo XX, y la economia comenzó a transformarse, como señala Keynes, en una economía casino. Los Estados dejaron de jugar un rol protector como en el pasado y las fuerzas del mercado pasaron a dirigir los proyectos nacionales. La gran movilidad creada por las nuevas tecnologías comenzó a derrumbar las

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La peste escarlata

Fuente: Jorge Elbaum | El cohete a la luna Fecha: 29 de marzo de 2020 Un tercio de la población mundial se encuentra comprendida en distintas variantes de distanciamiento social como producto del coronavirus. La pandemia, además de la catástrofe sanitaria que conlleva, deja en evidencia las profundas fallas de un sistema de organización social, político y económico disfuncional con el amparo y la protección de la vida. Los efectos estructurales de la contaminación viral han producido una caída de la demanda de petróleo, una guerra de precios ligada a los hidrocarburos, el derrumbe de las bolsas y el hundimiento de la economía real con su inmediato impacto sobre los índices de desocupación global. La pandemia producirá durante los próximos meses una contracción de la actividad económica a nivel mundial y una subsiguiente liquidación financiera mayorista. Como en 2008 será utilizada por las corporaciones para demandar salvatajes estatales, como reaseguro extorsivo para circunscribir los despidos masivos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hasta el 26 de marzo de 2020, el número total de infectados alcanzó la suma de 515.000 casos, incluidos los 23.500 fallecidos. En la última semana el epicentro de la pandemia pasó a tener sede en Estados Unidos, el país que contabiliza mayor cantidad de casos en el mundo: 82.000 contagiados y algo más de 1.000 muertes. El sistema de salud de Estados Unidos ha sido la piedra de toque de la grieta política entre demócratas y republicanos. La regulación conocida como Obamacare (Ley para el cuidado de salud accesible, el PPACA por su sigla en inglés), que Trump intentó eliminar, incrementó un mínimo la inversión pública en salud, que apenas llega en la actualidad al 3 % del presupuesto, porcentaje inferior al de todos los países de renta alta internacional. El monto total destinado al rubro sanitario disminuyó durante los últimos 50 años en forma inversamente proporcional al beneficio obtenido por corporaciones privadas dedicadas a la salud y a los laboratorios. La prestigiosa revista académica Journal of the American Medical Association informó esta semana que el gasto en medicamentos recetados per cápita es, en Estados Unidos, el mayor del mundo. Las compañías farmacéuticas se encuentran entre las empresas más rentables de los Estados Unidos y sus inversiones se orientan más al marketing que a la investigación de nuevas drogas útiles para la salubridad pública. Cinco de las seis empresas más rentables de ese país producen fármacos. En franca oposición a los esquemas imperantes al interior de Estados Unidos, la mayoría de los sanitaristas y epidemiólogos más citados, como David Himmelstein, han dejado constancia sobre las ventajas de los países que poseen organizaciones sanitarias estatales y centralizadas, respecto a quienes cuentan con modelos privatizados y fragmentados: “La intervención gubernamental sin trabas en el sector de la salud es una ventaja cuando el virus se está propagando rápidamente por todo el país», afirmó el último lunes Choi Jae-wook, el director de medicina preventiva en la Universidad de Seúl. Por su parte, David Fisman, epidemiólogo de la Universidad de Toronto, fue más preciso al señalar que “tener un sistema de atención médica que sea un activo estratégico público en lugar de una empresa con fines de lucro permite un grado de coordinación y óptimo uso de recursos”. Los países cuya forma de atención médica es controlada en forma centralizada por el Estado –Corea del Sur y Dinamarca— han puesto en evidencia mejores resultados en el abordaje de la crisis sanitaria. El virus no solo plantea aspectos ligados a la infectología y la potencial reducción del contagio a través del aislamiento social. Desenmascara la irracionalidad del mercado para asignar recursos en áreas esenciales como la salud y al mismo tiempo coloca en el centro del debate público la política, como forma democrática de gestionar los grandes problemas sociales, por encima de intereses fragmentarios y corporativos. La catástrofe sanitaria observada en países como Estados Unidos actualiza la necesidad de Estados reguladores que gobiernen para las amplias mayorías y dejen de escudarse en la fantasiosa mano invisible del mercado. Los grandes jugadores monopólicos, aquellos que financian la legitimidad del orden neoliberal, empiezan a percibir el peligro de este debate. En la última semana el gobierno irlandés decidió estatizar –por ahora en forma transitoria— la infraestructura de salud privada con el objeto de dotar de mayores recursos al sistema de salud, para enfrentar la pandemia. El último martes el ministro de salud irlandés afirmó que “lo privado no puede limitar la gestión estatal cuando se trata de una pandemia”. Tres días después se informaba que el premier británico, Boris Johnson, era portador del coronavirus. Las dudas del trumpismo   Gasto público y privado en salud como porcentaje del Producto Bruto Interno (PIB). Las exportaciones sanitarias de Cuba se explican con claridad a través de los guarismos descriptos en el gráfico difundido por la Organización Panamericana de la Salud. Parafraseando La peste, de Albert Camus, es evidente que el Covid-19 no solo ataca el cuerpo de sus múltiples víctimas. También desnuda el espíritu de la sociedad en la que dichos cuerpos son contagiados. Los máximos exportadores del neoliberalismo han aprobado el último viernes una fuerte intervención sobre la economía, caratulada como Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica de Coronavirus (Ley CARES, por su sigla en inglés, idioma en el que care quiere decir cuidado), en la misma semana que 3 millones de empleados se declaraban despedidos. En el centro de la decisión política está la elección presidencial de noviembre, de la que Donald Trump se veía como indudable ganador hasta hace un mes atrás. La debacle económica que se avecina ha sido potenciada por el manejo dubitativo de los republicanos. El acuerdo bipartidista pretende ser atenuar la crisis con una gigantesca subvención pública de más de 2.000 billones de dólares (trillions en su nominación anglosajona). Dicho monto es el triple de lo otorgado en 2008 tras el estallido de la crisis financiera detonada por las hipotecas basura. La partida incluye 250.000 millones de dólares que se reservarán para individuos y familias (1.200 dólares per cápita para quienes tengan

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