Internacionales

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Poner la tapa

Fuente: Horacio Verbistsky | El cohete a la luna Fecha: 7 de junio de 2020 Tres tapas con el diseño de la revista Time sintetizaron buena parte de las tempestades que desata el Presidente Donald Trump, desde que ordenó aplastar por la violencia las protestas por la situación de las minorías étnicas y económicas en Estados Unidos. La primera, que abre esta nota, es un ingenioso diseño, que convierte el perfil de Trump en el bigote de Hitler, con perdón de los burócratas argentinos de pro de la DAIA, para quienes afirmar que la prensa comercial argentina crea realidad igual que el Völkischer Beobachter de la Alemania nazi es banalizar el holocausto (tema que el ex juez Raúl Zaffaroni nunca mencionó), pero decir que las medidas de prevención y ayuda de la infectadura convierten Villa Azul en el ghetto de Varsovia, no merece comentario ni reproche. La segunda utiliza la marca de la revista como parte de una frase dedicada al Presidente: Time to go,  u «Hora de irse». La tercera reproduce una portada que la revista publicó durante la represión y los disturbios de 1968, pero tacha la fecha y la substituye, primero por 2015 y luego por 2020. Ninguna de las tres es verdadera. La de Hitler tiene ya varios años de antigüedad y le valió un premio en el Festival Internacional de Caricaturas en Knokke-Heist (Bélgica) al diseñador Luc Descheemaeker, en cuyo blog hay muchas más asociaciones entre ambos líderes. Entre todas ellas, la más impresionante es la representación que el artista hace del refugio de Trump en el bunker subterráneo de la Casa Blanca, que sólo se había activado en septiembre de 2001. La tapa de Time sobre la represión a la minoría afroamericana es la que más se aproxima a la realidad. En 2015 Time repitió la tapa de 47 años atrás. Perfectamente podría haberlo hecho ahora, cuando la extensión e intensidad de las protestas supera todo lo conocido, y lo mismo ocurre con la respuesta institucional. Hay una cuestión estructural, que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos destaca. Según el National Police Violence Map, de las 1099 personas que perdieron la vida a manos de la policía en 2019, el 24% era afrodescendiente, en tanto que este grupo constituye el 13% del total de la población de ese país. Muchos departamentos policiales locales se han militarizado fuertemente y el uso de equipamiento de tipo militar SWAT es desproporcionadamente utilizado contra grupos históricamente marginados. El 42% de las personas afectadas por un despliegue de SWAT para ejecutar una orden de registro son negras y el 12% latinas. La probabilidad de que un hombre negro sea asesinado por la policía triplica la de un hombre blanco, la de un hombre hispano la duplica. Una persona afroamericana desarmada tiene 3,49 veces más probabilidad de ser baleada por la policía, que una persona blanca desarmada. El racismo en cada etapa del proceso de justicia penal tiende a crear un círculo vicioso, donde las desigualdades en el control policial, los arrestos y la detención preventiva generan disparidades en las acusaciones y condenas. Entre las novedades más notables que se han apreciado en estos días debe computarse la magnitud y la composición de las multitudes. Son las manifestaciones más numerosas y extendidas de la historia, en 650 ciudades de los 50 estados, que se mantuvieron a pesar del toque de queda. También es destacable que no asisten sólo negros, también latinos y blancos, en su mayoría jóvenes pero también ancianos, como el hombre de 75 años que dos policías de Buffalo tiraron de espaldas al suelo y debió ser internado con lesiones graves. Otra imagen impensable en 1968 y en 2015 es la cantidad de policías blancos que repudiaron el asesinato, hincándose de rodillas con sus uniformes y sus armas, en el gesto que viralizaron varios jugadores negros de beisbol y de fútbol mientras se cantaba el himno. La orden de Trump de recurrir a la Guardia Nacional y al Ejército para reprimir a los pequeños grupos de saqueadores pronto mostró su intencionalidad, cuando las tropas dispersaron con gases a manifestantes pacíficos en las cercanías de la Casa Blanca, sobrevolados por un helicóptero militar: el Presidente quería caminar un par de cuadras sin sobresaltos hasta la iglesia episcopal de Saint John que había sido chamuscada en los disturbios del día anterior. Allí se tomó una foto, biblia en mano, para epitomizar su cruzada. Lo acompañaron en su caminata el ministro de Defensa Mark Esper, y el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Mark Alexander Milley. En una videoconferencia con gobernadores, Esper los había instado a facilitar la tarea de la Guardia Nacional en el campo de batalla. Las repercusiones tampoco tuvieron precedentes. La obispa episcopal Mariann Budde fulminó a Trump: «Utilizó la Biblia, el más sagrado texto de la tradición judeocristiana, y una de las iglesias de mi diócesis, sin avisarnos siquiera, como telón de fondo de un mensaje opuesto a las enseñanzas de Jesús y a todo lo que defiende nuestra iglesia”.  Agregó que «no vino a rezar; no lamentó la muerte de George Floyd ni reconoció la agonía colectiva de las personas de color en nuestro país. No intentó sanar ni calmar a nuestra tierra perturbada. Todo lo que ha dicho y hecho es para inflamar la violencia. Necesitamos un liderazgo moral y él ha hecho todo lo posible para dividirnos». Menos previsible era que el ministro de Defensa Esper ordenara una investigación por el uso del helicóptero, se disculpara por haberse referido a territorio estadounidense como «campo de batalla» y se manifestara opuesto al uso de Fuerzas Armadas para reprimir a manifestantes. Esto se debe a la durísima crítica que tanto él como Milley y el propio Trump recibieron de 89 ex ministros y viceministros de Defensa (como Jim Mattis, Ash Carter y William Perry) y ex jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas (como Martin Dempsey, Mike Mullen y Richard Myers). En la última edición del Newyorker, el más importante corresponsal de guerra de su generación, Dexter Filkins, multipremiado por sus coberturas de las excursiones bélicas de su país en Irak y Afganistán,

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La reforma tributaria que necesitamos

Fuente: Alfredo Serrano Mancilla | Celag.org Fecha: 6 de junio de 2020 Existe una vieja discusión en Economía sobre si los impuestos afectan positiva o negativamente al crecimiento y al desarrollo. La literatura académica en este sentido es muy vasta y variada; hay estudios para todos los gustos. Unos afirman que mayores impuestos perjudican la actividad económica, genera desempleo e incentiva la fuga de capitales. En cambio, otros, sí demuestran que la mayoría de países desarrollados tienen impuestos elevados, y gozan de altos niveles de crecimiento y bienestar social. Es imposible tener una única respuesta para tal dilema, porque todo depende de múltiples variables. Y entre las más determinantes está aquella que se centra en una cuestión muy olvidada por la Ciencia Económica dominante (la neoclásica), que sirve como base teórica para el modelo neoliberal: ¿quién paga qué? No es lo mismo un sistema tributario que hace pagar a quien produce que aquel otro que grava a quien especula financieramente; tampoco es lo mismo cuando se grava a los salarios de los trabajadores mientras se permite que los beneficios empresariales de los grandes capitales apenas tributen. América Latina no está ajena a esta controversia, aunque sí es cierto que la mayoría de debates económicos en la región se centran más en la restricción externa, por el alto grado de dependencia de las economías locales con el sistema-mundo. No obstante, en tiempos de pandemia, con una economía global más que afectada y con mucha necesidad de recaudación interna para sostener un sistema sólido de salud, la discusión tributaria reaparece con mucha fuerza en la escena pública. La región recauda poco, a pesar de lo que cacarean las usinas conservadoras y neoliberales. Los datos hablan por sí solos: la recaudación tributaria en América Latina supone el 23,1% del PIB para el año 2018, mientras que este mismo valor es del 34,3% para países OCDE o 40,3% para la Unión Europea. Existe, por tanto, mucho margen inteligente de recaudación para ganar en justicia social; y también en eficiencia. América Latina necesita actualizar cuanto antes su obsoleta matriz de tributos en relación a los siguientes ejes: Es inadmisible que la tasa legal del impuesto que tienen que pagar las empresas difiera tan significativamente de la tasa efectiva, la que realmente pagan. Este es un fenómeno regional: en Argentina, la tasa legal es del 30%, pero a la hora de la verdad, el tipo impositivo efectivo sobre sus beneficios es del 7,6%; en México, esta relación es de 30% a 7,4%; en Perú, de 29,5% a 8,8%; en Colombia, de 33% a 9,8%. ¿Por qué ocurre esto? Porque la mayoría de las empresas usan múltiples mecanismos para reducir la base imponible sobre la que se aplica el tipo impositivo. Ante esta brecha efectiva en la recaudación, es urgente implementar un marco legal no tan elusivo. Las empresas trasnacionales de alta tecnología (Google, Apple, Facebook y Amazon) apenas pagan tributos en América Latina. Existe un gran vacío, deliberado, para que estos gigantes facturen y puedan, así, trasladar sus beneficios a guaridas fiscales evadiendo impuestos. En América Latina, la participación de la economía digital está creciendo cada vez más (15,9% PIB en México; 16,2% en Argentina, 21,6% en Brasil), y en cambio, la recaudación por este concepto no refleja tal proporción. No puede ser que un pequeño empresario en Argentina o Colombia pague su impuesto, y Google o Amazon no. Es por ello que el diseño de impuestos sobre la actividad económica de estas grandes tecnológicas es un imperativo para Latinoamérica. Las grandes fortunas han de contribuir en relación a su capacidad económica. Este debate es actual en Argentina y Chile, y también en muchos otros países de la región. Según el último estudio hecho por Celag, aplicando un impuesto aproximado al que tiene Uruguay en el resto de países de la región se lograría recaudar un extra de algo más de 51 mil millones de dólares; si aplicáramos el vigente en Colombia, se obtendrían casi 26.000 millones de dólares. Lo importante de este tributo es que se podría denominar “impuesto que no afecta a casi nadie”; en América Latina, según el Credit Suisse Research Institute, hay 673 mil personas que serían afectadas, es decir, solo el 0,2% de la población total adulta. Las actividades económicas ficticias, las no reales, en su mayoría especulativas en el campo financiero, han de ser penalizadas tributariamente. En América Latina, según Cepalstat, la intermediación financiera representaba el 17,6% del PIB (año 2018), y, por el contrario, apenas contribuía a recaudar tributos. Por ejemplo, el impuesto a las transacciones financieras en América Latina solo representa el 0,26% del PIB (año 2018). El orden neoliberal financiarizó la economía global y, sin embargo, no es posible que aún no haya habido un reseteo de la matriz tributaria en esa dirección. A estos cuatro ejes deberíamos de añadir la lucha contra la evasión. Como afirma Nicolás Oliva en un texto publicado por Celag, “América Latina es el campeón mundial en ocultamiento de riqueza: el 27% de la riqueza privada está registrada en guaridas fiscales”. Es perentorio iniciar políticas efectivas que eviten esta hemorragia fiscal. Y en este ámbito, una de las prioridades es acabar de una vez por todas con el fenómeno de precios de transferencias (según Cepal asciende al 1,5% del PIB regional). Otro tema crucial es avanzar en la implementación del proyecto BEPS (Erosión de la Base Imponible y el Traslado de Beneficios), elaborado por la OCDE, para acabar con la evasión fiscal de las multinacionales. En definitiva, es ahora el momento indicado para fijar las pautas de un nuevo consenso en materia tributaria en América Latina en pro de sintonizar con la economía que queremos y necesitamos, tanto para afrontar la pandemia como para todo lo que se vendrá después. No hay Estado de Bienestar sin un sistema tributario que lo haga sostenible. Alfredo Serrano Mancilla Dr. en Economía Aplicada (UAB). Director de CELAG (España) Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), España. Realizó estancias predoctorales en Módena y Bolonia (Italia) y

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Miles protestan contra la anexión israelí en Tel Aviv; Bernie Sanders llama a ‘hacer frente a los líderes autoritarios’

Fuente: Lee Yaron y Josh Breine|Haaretz Fecha: 6 de junio de 2020 Una manifestación conjunta judío-árabe contra los planes israelíes para anexar los asentamientos de Cisjordania tuvo lugar el sábado en la Plaza Rabin de Tel Aviv con miles de participantes. La protesta fue prohibida originalmente por la policía debido a los temores sobre el coronavirus, pero la policía cedió y emitió un permiso el viernes por la noche. Los organizadores designaron a unos 50 supervisores para garantizar que se mantengan las regulaciones de coronavirus. El senador de Vermont, Bernie Sanders, se dirigió a la manifestación a través de una videoconferencia, expresando su apoyo a los manifestantes y condenando los planes de anexión de Israel. El senador dijo que estaba «animado» al ver a árabes y judíos manifestarse juntos. «En estos días difíciles… nunca ha sido más importante defender la justicia y luchar por el futuro que todos merecemos», dijo Sanders. «Depende de todos nosotros enfrentarnos a los líderes autoritarios y construir un futuro pacífico para cada palestino y cada israelí… En palabras de mi amigo Ayman Odeh: El único futuro es un futuro compartido». Varios políticos israelíes también hablaron en la protesta. El jefe de la alianza de la Lista Conjunta de partidos predominantemente árabes, Ayman Odeh, dijo a la multitud: “Estamos en una encrucijada. Un camino conduce a una sociedad conjunta con una verdadera democracia, igualdad civil y nacional para los ciudadanos árabes… El segundo camino conduce al odio, la violencia, la anexión y el apartheid «, dijo Odeh. «Estamos aquí en Rabin Square para elegir el primer camino», dijo. «No hay tal cosa como la democracia solo para los judíos», agregó Odeh. «Al igual que Martin Luther King y sus partidarios en los Estados Unidos, debemos darnos cuenta de que sin justicia no puede haber paz. Y no habrá justicia social si no ponemos fin a la ocupación», dijo Odeh. El presidente de Meretz, Nitzan Horowitz, dijo a los manifestantes que “la anexión es un crimen de guerra. Un crimen contra la paz, un crimen contra la democracia, un crimen que nos costará sangre”. El líder del partido de izquierda también criticó al ministro de Defensa, Benny Gantz, y a los miembros de centro izquierda que se unieron al gobierno liderado por Netanyahu: «Ustedes son socios de pleno derecho, están respaldando y autorizando esta tragedia». Entre los otros oradores en la manifestación estaban Muhammad Baraka, presidente del Comité Superior de Monitoreo Árabe en Israel, y los legisladores Merav Michaeli (laborista), Tamar Zandberg (Meretz) y Ofer Cassif (Hadash / Lista Conjunta). El director de Breaking the Silence (Rompiendo el Silencio), Avner Gvaryahu, se refirió al plan de paz de Medio Oriente de la administración Trump, diciendo que «Trump no está enviando a sus hijos a proteger los puestos de avanzada… Los hijos de los partidarios de la anexión estadounidense no pueden matar ni ser asesinados en los territorios, pero nuestros hijos si lo pueden «. Tegan, una joven de 17 años que vino de Taibeh para protestar, dijo que esta no es su primera manifestación y que los jóvenes árabes comienzan a llegar con más frecuencia para protestar en Tel Aviv. «Estoy protestando porque basta con todo este derramamiento de sangre. Tenemos que hacer las paces entre judíos y árabes ahora «, dijo.» Suficiente racismo, suficiente asesinato, ya lo hemos superado. Bibi y Trump son racistas y tengo un poco, mucho miedo de lo que sucederá si hay una anexión. La semana pasada estuve en la marcha de las mujeres y queremos decirles a los políticos que ya es suficiente». Mientras tanto, Simcha, un manifestante de 50 años de Kfar Yona dijo, «votamos por Gantz porque pensamos que sería una alternativa y nos traicionaron». Los laboristas también. Simcha agregó: «Estamos cansados de inclinarnos por el centro y esperar que traigan un cambio. Solo podemos oponernos a la ocupación y abogar por la democracia en una asociación judío-árabe. La próxima vez, votaré por la Lista Conjunta». Docenas de policías y guardias monitorearon la manifestación. El portavoz de la policía dijo que ha pedido a los participantes que mantengan el orden, particularmente en relación con las directrices del Ministerio de Salud con respecto al coronavirus al mantener una distancia de dos metros entre ellos y usar máscaras. Después de que terminó el evento oficial, varios manifestantes se quedaron y bloquearon el tráfico que rodeaba la plaza. La policía emitió un comunicado que decía: “Con la conclusión de la protesta en la Plaza Rabin esta noche, un puñado de manifestantes se quedaron en el sitio e interrumpieron el orden público al bloquear el tráfico. La policía llama a los manifestantes a restablecer el orden y obedecer las instrucciones de los oficiales». Los manifestantes se acostaron en la acera que rodeaba la Plaza Rabin, haciendo eco de las protestas que tienen lugar en todo el mundo contra la brutalidad policial que se desencadenó por la muerte de George Floyd mientras estaba bajo custodia policial en Minneapolis. Gritaban consignas que incluían «suficiente ocupación», «policía, ¿a quién estás protegiendo?» «La ocupación es terror y nada cambiará eso», y «Eyad, Eyad y nuevamente Eyad», en referencia al hombre palestino autista de 32 años que fue asesinado a tiros por la policía en la Ciudad Vieja de Jerusalén el sábado pasado. Cinco manifestantes fueron arrestados. Un video muestra a la policía arrojando violentamente a un fotógrafo de Haaretz al suelo mientras cubría la protesta. «Traté de filmar a los policías y luego decidieron arrestarme», dijo el fotógrafo Tomer Appelbaum. «Uno me dio un puñetazo, otro me dio un rodillazo y otro me empujó la cabeza». Netanyahu fijó el 1 de julio como la fecha límite para comenzar el proceso de anexión unilateral de los asentamientos establecidos en Cisjordania desde 1967, incluido el Valle del Jordán. Esta semana, trató de tranquilizar a los líderes de los colonos de que la anexión se promovería independientemente del plan de Medio Oriente del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. En las últimas semanas, los colonos se han opuesto a las condiciones

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AIPAC: el nuevo cadaver político que Netanyahu deja en su camino

Fuente: Daniel Kupervaser | Blog de Daniel Kupervaser Fecha: 6 de junio de 2020 Subtĺtulo: Netanyahu lanza advertencia al liderazgo judĺo de la diáspora: o apoyan públicamnte sus polĺticas o pasan a ser parte de la historia. La lista de personalidades políticas que activaron hombro a hombro por el Likud y Netanyahu y que terminaron como cadáveres políticos en la banquina de la historia durante la última década es cada día mas larga. A diferencia de la conducción democrática que caracterizó a este partido durante la era de Begin, en este sentido Netanyahu impuso el principio despótico de los utensilios descartables: use, ensucie y tire. Ahora le llegó el turno a AIPAC. El histórico y poderoso lobby proisraelí de la sociedad estadounidense que durante décadas se constituyó en columna vertebral del apoyo prácticamente incondicional de ese país a Israel. Si bien la conducta de esta institución trasmitió en ojos de la sociedad circundante una imagen de doble lealtad judía, no se puede dejar de señalar su exitosa labor sin diferencias de partido gobernante en Israel o en EE.UU.Todo comenzó a crujir con el arribo de Trump a la Casa Blanca. La extrema intimidad entre Netanyahu, el nuevo presidente estadounidense y sus parlamentarios del partido republicano, dejó tambaleando a AIPAC que históricamente se jactó de trabajar con demócratas y republicanos indistintamente. El distanciamiento entre Netanyahu y AIPAC se acentuó a medida que el primer ministro israelí se alejaba de aquella promesa de la solución de dos estados que oportunamente la adoptó en el año 2009 en su famoso discurso de la Universidad de Bar Ilan. Por el contrario, AIPAC, con su visión bipartidista de la política estadounidense, persistió en la formula basada en el dialogo con los palestinos que finalmente permita llegar a una solución de compromiso territorial. Otro aspecto que demostró a lideres de AIPAC que su función histórica está arribando a su fin lo constituyó un drástico cambio en la actitud de Trump. El excéntrico presidente estadounidense comenzó a identificar a otra institución como la representante de los intereses israelíes en EE.UU. Se trata de la Coalición Judía Republicana (RJC por sus siglas en ingles), organismo que agrupa a potentados ciudadanos estadounidenses con una clara identificación ideológica y partidaria de quienes presionan al presidente para la toma de decisiones a favor de Israel. Paralelamente, a través de su Comité de Acción Política (PAC por sus siglas en ingles) movilizan donaciones para: “cumplir con su mayor objetivo en el año 2020, reelección de Donald Trump, por siempre el presidente pro Israel más significativo”. Otro ejemplo de doble lealtad judía. La constitución del nuevo gobierno israelí con la firma del acuerdo de coalición que establece el derecho de Netanyahu de aprobar la anexión unilateral de territorios de Cisjordania fue determinante en la comprensión que la función histórica de AIPAC está pasando a la historia.Sus escuetos comunicados por Twitter lo confiesan claramente. En el primero congratula la constitución del nuevo gobierno de Netanyahu y Gantz. En el segundo, más bien se debe interpretar como una plegaria para aquellos que los reemplacen. Textualmente dice: “No se debe permitir que la anexión debilite la vital relación entre Estados Unidos e Israel”. Una clara referencia a la inevitable ruptura con el ala liberal y demócrata de la sociedad estadounidense. El Dr. Keith Kahn-Harris, sociólogo inglés, fue quien le adjudicó el título apropiado: “La anexión es un claro mensaje para AIPAC: empaquen y váyanse a casa” (“Annexation Means AIPAC Can Pack Up and Go Home”, Haaretz, 21-5-2020). Pero este acontecer tiene otra implicación. Seria un grave error de interpretación si las instituciones que lideran las colectividades judías en la diáspora no le dedican la suficiente atención. Si estos organismos como DAIA en Argentina, CONIB en Brasil, CJCH en Chile o CCIU en Uruguay, como ejemplo, no se alistan detrás de los planes de anexión de Cisjordania, Netanyahu se va a preocupar para que pasen a ser parte de la historia.El cuento de los valores del judaísmo humanista al que tanto recurren en las diásporas, Netanyahu se encargó de hacerlo desaparecer. Las direcciones comunitarias judías del mundo solo disponen de dos alternativas: apoyar a Netanyahu y enfrentarse con las sociedades que los circundan, o, enfrentarse con Netanyahu en defensa de esos valores históricos del judaísmo. No se pueden escabullir, tienen que decidir.Ojalá me equivoqueDaniel KupervaserHerzlya – Israel 6-6-2020http://daniel.kupervaser.com/kupervaser.daniel@gmail.com@KupervaserD

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La derecha brasileña ha fracasado nuevamente

Fuente: Emir Sader | América Latina en Movimiento Fecha: 5 de junio de 2020 La historia de la derecha brasileña es una historia sucesiva de fracasos. Brasil fue liderado, ininterrumpidamente, por la derecha, hasta la crisis de 1929. La responsabilidad de la crisis cayó unánimemente en la derecha, porque era liberal y el liberalismo permitió que la crisis se extendiera, con su opinión de que el mercado produce periódicamente una crisis, pero el mismo reconstruye a la economía, algunas empresas más frágiles se quiebran, mientras las más sólidas saldría más fuertes y la economía seguiría adelante. Pero esa vez la recesión fue más profunda que nunca, el desempleo en los Estados Unidos e Inglaterra alcanzó el 30%, y el mercado no pudo restaurar la economía y el empleo. Todas las reacciones fueron antineoliberales, ya sea el fascismo, la URSS o el Estado del bienestar. Esto, con Roosevelt regresando a Keynes, se convirtió en el modelo de gobierno hegemónico durante décadas. Europa tuvo tres décadas de pleno empleo. Un presidente de derecha en los Estados Unidos, como Richard Nixon, llegó a decir, a principios de la década de 1970: «Todos somos keynesianos». Quien implementó el Estado del bienestar en Europa no fue predominantemente la socialdemocracia, sino la derecha, en Alemania, Italia, Francia, Inglaterra, por lo que este tipo de estado fue consensuado. Durante décadas, no se habló de educación privada, sino de educación pública. El liberalismo desapareció de la escena política, considerada una ideología exótica, que defendía posiciones antiestatales, completamente contrarias al consenso mayoritario. En Brasil, la derecha fue derrotada sucesivamente desde que fue derrotada por la revolución de Getulio Vargas, en 1930. Su último presidente, antes de 1930, Washington Luis, se destacó por la declaración de que «el problema social es un asunto de la policía». Después del gobierno de Vargas, la derecha fue derrotada sucesivamente. La caída de Getulio, en 1945, no representó el fin del getulismo, que continuó con el propio Getulio en 1950. La derecha se concentró en las ofensivas golpistas, coordinadas por la Escuela Superior de Guerra, fundada por Golbery do Couto e Silva y Castelo Branco – los mismas que finalmente lideraron el golpe de 1964. El suicidio de Vargas en 1954,  pospuso la dictadura durante diez años, pero antes de eso, el gobierno de Kubitschek representó un cambio estructural importante, con la llegada de inversiones masivas desde EEUU, con la industria automotriz como el punto más avanzado , que cambió la dirección del desarrollismo brasileño, ahora bajo la hegemonía del capital extranjero. Goulart fue vicepresidente de Kubitschek, mostrando cómo los sectores populares estaban subordinados en el nuevo bloque gubernamental.  La mayor victoria de la derecha en la historia de Brasil no ocurrió de manera democrática, sino a causa del golpe de estado de 1964, que terminó con un período de inestabilidad política y afirmó un modelo económico que, para el capitalismo brasileño, fue eficiente. Afirmó el camino brasileño como una alternativa en América Latina, allanando el camino para otras dictaduras en Uruguay, Chile y Argentina, que sin embargo no tuvieron éxito, porque perdieron el final del ciclo expansivo del capitalismo, utilizado por Brasil. La dictadura militar fue el período más exitoso para la derecha brasileña. En la democratización, logró derrotar una salida de amplia redemocratización del país, así puso en práctica un modelo económico distinto. El gobierno de Sarney fue una victoria para la derecha, al evitar una salida a la izquierda de la dictadura, pero fue un fracaso político como gobierno. La otra gran victoria de la derecha se dio en el período neoliberal, con los gobiernos de Collor y Cardoso. Se las arreglaron para imponer la ideología neoliberal. Políticamente derrotaron a Lula y al PT tres veces seguidas, dos de ellos en la primera ronda. Parecía que enterrarían a la izquierda y consagrarían al neoliberalismo, con la condena del Estado, del gasto público, de los derechos de los trabajadores, con el ajuste fiscal como un valor absoluto. El giro de la página del getulismo, anunciado por FHC, tenía la intención de pasar la página de la división derecha-izquierda, de las alternativas de izquierda al neoliberalismo, del liderazgo de Lula, del PT, de los sindicatos y de todos los movimientos sociales.  Fue una victoria para la derecha cambiar la centralidad de los problemas sociales, en el país más desigual del continente más desigual, a la agenda neoliberal: inflación, gasto excesivo e ineficiente del Estado, el mercado como el mejor asignador de recursos, que han permanecido en la opinión pública hasta hoy, excepto en los años de los gobiernos del PT. La inflación fue contenida, pero, sin políticas sociales, la desigualdad social aumentó, la recesión tuvo lugar, junto con el desempleo. La victoria se convirtió en una derrota. Los años de los gobiernos del PT fueron los de la mayor derrota de la derecha hasta ahora en la historia de Brasil. Brasil vivió sus años más virtuosos, con desarrollo económico, distribución del ingreso, reducción de las desigualdades, aumento de la inclusión social. La economía creció sin una inflación incontrolada o un desequilibrio desordenado en las cuentas públicas. El déficit de la seguridad social disminuyó, con la creación de más de 20 millones de empleos formales. El sueldo mínimo subió un 70% por encima de la inflación. La democracia política se mantuvo plenamente, al igual que la libertad de prensa. La imagen de Brasil en el mundo nunca había sido tan buena, el país proyectó a Lula como el líder político mundial más importante. Derrotada la derecha en cuatro elecciones democráticas, ha intentado sabotear a los gobiernos del PT desde su inicio. Acusaciones de corrupción, apoyadas por acciones ilegales de sectores del Poder Judicial, complicidad silenciosa con otros, campañas en los medios para desestabilizar a los gobiernos, finalmente movilizaciones para generar el clima que hizo posible el golpe del 2016 en contra de Dilma Rousseff.  Nueva y abrumadora victoria para la derecha. ¿Qué pasó? Hace cuatro años, podemos darnos cuenta del desastre en el que tuvo lugar la acción concertada de la derecha: medios de comunicación, empresas, poder judicial: en el mayor desastre de la historia de

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Barack Obama: «No hay que elegir entre protesta y política, hay que hacer las dos cosas»

Fuente:  Barack Obama| Página/12 Fecha: 1° de junio de 2020 Mientras millones de personas en todo el país toman las calles y alzan sus voces en respuesta al asesinato de George Floyd y al problema de la justicia desigual, escuché a muchas personas preguntar cómo podemos mantener ese impulso para conseguir un cambio real. En última instancia, dependerá de una nueva generación de activistas diseñar las estrategias que mejor se adapten a estos tiempos. Pero creo que hay algunas lecciones básicas que surgen de las luchas del pasado ​​que vale la pena recordar. Primero, las oleadas de protestas en todo el país representan una frustración genuina y legítima por decádas de fracasos en los intentos de reformar las prácticas policiales y el todo el sistema de justicia penal en los Estados Unidos. La gran mayoría de los participantes han sido pacíficos, valientes, responsables e inspiradores. Merecen nuestro respeto y apoyo, no una condena, algo que la policía en ciudades como Camden y Flint han entendido de manera admirable. Por otro lado, la pequeña minoría que ha recurrido a diversas formas de violencia, ya sea por enojo genuino o por mero oportunismo, está poniendo en riesgo a personas inocentes, agravando la situación de barrios que en general ya carecen de servicios e inversiones básicas y perjudicando a la causa en su conjunto. Hoy vi a una anciana negra llorando cuando la entrevistaban porque la única tienda de comestibles de su vecindario había sido destruida. Si la historia enseña algo, sabemos que esa tienda puede tardar años en volver. Así que no disculpemos la violencia, ni la racionalicemos, ni participemos en ella. Si queremos que nuestro sistema de justicia penal y la sociedad estadounidense en general operen con un código ético superior, entonces tenemos que modelar ese código nosotros mismos . En segundo lugar, también escuché que algunos sugieren que el recurrente problema del prejuicio racial en nuestro sistema de justicia penal demuestra que solo las protestas y la acción directa pueden generar cambios, y que votar y participar en la política electoral es una pérdida de tiempo. No podría estar más en desacuerdo. El sentido de la protesta es aumentar la conciencia pública, poner de relieve la injusticia y poner incómodos a los poderes establecidos; de hecho, todo a lo largo de la historia estadounidense, el sistema político solo a prestado atención a las comunidades marginadas como respuesta a protestas y actos de desobediencia civil. Pero en última instancia, los reclamos tienen que traducirse en leyes específicas y prácticas institucionales y, en una democracia, eso solo sucede cuando elegimos funcionarios gubernamentales que respondan a nuestras demandas. Más aun, es importante que comprendamos qué niveles de gobierno tienen el mayor impacto en nuestro sistema de justicia penal y en las prácticas policiales. Cuando pensamos en política, la mayoría de nosotros se enfoca solo en la presidencia y el gobierno federal. Y sí, deberíamos estar luchando para asegurarnos un presidente, un Congreso, un Departamento de Justicia y un poder judicial federal que realmente reconozca el corrosivo papel que juega el racismo en nuestra sociedad y quiera hacer algo al respecto. Pero los funcionarios electos que más importan en la reforma de los departamentos de policía y el sistema de justicia criminal son los que trabajan a nivel estatal y local.. Son los alcaldes y las autoridades locales los que designan a la mayoría de los jefes de policía y negocian acuerdos de negociación colectiva con los sindicatos de la policía. Son los fiscales de distrito y los fiscales estatales los que deciden si investigan o no y los que, en última instancia, acusan a los involucrados en mala conducta policial. Esas son todas posiciones elegidas. En algunos lugares, también se eligen juntas de revisión policial con el poder de controlar la conducta policial. Desafortunadamente, la participación de los votantes en estas elecciones locales suele ser lamentablemente baja, sobre todo entre los jóvenes, lo que es un absurdo dado el impacto directo que estas oficinas tienen en los asuntos de justicia social, sin mencionar el hecho de que a menudo se determina quién gana y quién pierde esos lugares por solo unos pocos miles, o incluso unos pocos cientos de votos. Entonces, la conclusión es esta: si queremos lograr un cambio real, no tenemos que elegir entre protesta y política. Tenemos que hacer las dos cosas. Tenemos que movilizarnos para crear conciencia, y  tenemos que organizar y emitir nuestro voto para asegurarnos de elegir a los candidatos que transformarán en hechos la reforma buscada. Finalmente, cuanto más específicas sean nuestras demandas de reformas para la justicia y la policía, más difícil será para los que resulten electos hacer de voceros de la causa mientras duren las protestas para después volver a lo de siempre cuando hayan pasado. El contenido de esa agenda de reformas será diferente de acuerdo a las diferentes comunidades. Una gran ciudad puede necesitar un tipo de reformas; Una comunidad rural puede necesitar otra. Algunas agencias requerirán grandes cambios; otras cambios menores. Toda agencia de aplicación de la ley debe tener políticas claras, incluido un organismo independiente que lleve a cabo investigaciones de presuntas conductas indebidas. Las reformas a la  medida de cada comunidad requerirán que los activistas y organizaciones locales investiguen y eduquen a sus vecinos sobre qué estrategias funcionan mejor. Pero, como punto de partida, aquí hay un informe y un conjunto de herramientas desarrollado por la Conferencia de Liderazgo sobre Derechos Civiles y Humanos, basado lo realizado por el Grupo de Trabajo sobre Vigilancia del Siglo XXI que formé cuando estaba en la Casa Blanca. Y si estás interesado en tomar medidas concretas, también hemos creado un sitio  especial en la Fundación Obama para colaborar con las organizaciones que han estado dando batalla a nivel local y nacional durante años. Reconozco que estos últimos meses han sido duros y desalentadores: que el miedo, la tristeza, la incertidumbre y las dificultades de una pandemia se han visto agravados por el trágico recuerdo de que los prejuicios y la desigualdad aún forman gran parte de la vida estadounidense. Pero observar el creciente activismo de los jóvenes

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Cuando las razas inferiores dicen basta, es violencia

Fuente: Jorge Majfud | Blog de Jorge Majfud Fecha: 1° de junio de 2020 El 30 de mayo de 1921 un lustrabotas huérfano de 19 años se dirigía al baño para negros en un edificio de Tulsa, Oklahoma, y, al tropezar, tocó el brazo de una joven blanca. Alguien vio el incidente y lo denunció como intento de violación (con frecuencia, la imaginación pornográfica se asienta en la violencia del poder inverso). Aunque la joven Sarah dijo que había sido un accidente, los llamados a “linchar al negro” provocaron una serie de ataques de hordas blancas y reacciones de vecinos negros. Como reacción a la reacción, en pocos días aviones privados bombardearon uno de los barrios negros más prósperos del país, dejando casi cien muertos y a miles sin sus casas. Los grandes traumas de una sociedad se disparan siempre con pequeñas cosas. El 25 de mayo pasado, la sospecha de que un billete de veinte dólares fuese falso terminó en una denuncia de un cajero de Minnesota y en la muerte del sospechoso como consecuencia de una brutalidad policial innecesaria y significativa. No fue un caso excepcional; como en Brasil, otro país con un trauma histórico similar, cada año en Estados Unidos miles personas mueren por violencia policial y la mayoría de las víctimas repiten un patrón similar: negros, mestizos y pobres. Días atrás, Georgia se había conmovido por el asesinato de Ahmaud Arbery, un joven negro que había estado haciendo jogging antes que Gregory McMichael, un expolicía retirado y su hijo Travis lo asesinaran por sospechoso. Esta vez, el crimen fue filmado por alguien llamado William Bryan, quien mantenía contacto con la “seguridad” de los McMichael —no está de más recordar que los irlandeses, antes de convertirse en blancos durante el siglo XX, eran considerados tan indeseables como los negros. Pocos años atrás, para protestar contra el racismo, el futbolista Colin Kaepernick comenzó a arrodillarse al sonar el himno nacional antes de cada partido (entre otras razones, la letra del himno amenaza a los esclavos con la tumba). Las voces de escándalo resonaron desde la Casa Blanca hasta la granja más humilde. No pocos, incluidos el presidente Trump, propusieron que todos aquellos que siguieran su ejemplo “antiamericano” deberían perder sus trabajos. Obviamente, el valiente futbolista no estaba violando ninguna ley y mucho menos la constitución; sí aquellos que amenazaron su libertad de expresión. La idea de Theodore Roosevelt de que “los negros son una raza perfectamente estúpida” no ha cedido; sólo la forma de no decirlo. Colin Kaepernick protestaba por la violencia policial. Se había quedado corto, como todos aquellos que no tienen ojos para la violencia internacional, históricamente cargada de racismo, a la cual Washington ha sido adicto por muchas generaciones en nombre de la libertad —de la libertad de imponer su criterio y sus intereses a cualquier precio. “Todos queríamos matar negros; es como un juego adictivo; matamos a miles y todos estaban como locos; cuando la matanza terminó, no se vio muy bien, pero así es la guerra”, escribió un voluntario de la Company H del Primer regimiento del estado de Washington en Filipinas. Por no seguir con las dictaduras tropicales, o el bombardeo indiscriminado del 80 por ciento de Corea, o el fusilamiento de refugiados, o las masacres en Vietnam (donde millones fueron exterminados bajo las bombas o con químicos defoliantes), o las tortura y los bombardeos sobre niños y población inocente fueron rutinarias en Irak, Afganistán y Guantánamo, sin ninguna consecuencia legal. Para no volver sobre América Latina, donde desde principios del siglo XX se impusieron sangrientas dictaduras para “enseñarles a los negros a gobernarse a sí mismos” antes que surgiera la maravillosa excusa de la lucha contra el comunismo unas generaciones después y los supuestos patriotas latinoamericanos comenzaran a repetirlo hasta nuestros días a flata de mejores excusas. Cuando despreciar a las razas colonizadas se convirtió en algo incorrecto, se continuó demonizando naciones y “culturas enfermas” para continuar el mismo ejercicio de la arrogancia. Como en muchos otros casos que no alcanzaron los titulares de la prensa porque no alcanzaron a ser filmados, el cajero de Minnesota llamó a la policía y la policía reaccionó con el reflejo racista que está enquistado en una parte de una sociedad (especialmente aquella que, como lo explicamos antes, gracias al sistema electoral y representativo heredado de la esclavitud, tiene un poder político desproporcionado). Poco después, tres policías blancos tenían sus rodillas sobre el cuerpo de George Floyd, quien, al igual que otra víctima conocida, Eric Garner, repitió varias veces “no puedo respirar”. Uno de ellos, el oficial Derek Chauvin, que con su rodilla sorda llevó a Floyd a la muerte, al igual que su víctima había trabajado como guardia de seguridad en el mismo bar, El Nuevo Rodeo. A partir de ahí, se desató la violencia por la cual cuarenta ciudades del país fueron puestas bajo toque de queda. Las manifestaciones pacíficas se tornaron violentas poco después. La alcaldesa de Atlanta, Keisha Bottoms, una mujer negra, una representante doble de las minorías en este país, realizó un discurso apasionado frente a las cámaras de televisión acusando a los vándalos que han incendiado algunos edificios de enemigos de las legítimas protestas. Cualquiera en su más sano juicio debería apoyar su posición. Sin embargo, también es necesario preguntarse, ¿hasta cuándo los abusados por la violencia racial deben ser moderados cuando los abusadores no lo son y se perpetúan generación tras generación? El gran James Baldwin, en ocasión de una rebelión similar en 1968, habían dicho: “las únicas veces en que la no violencia ha sido admirada ha sido cuando es practicada por los negros”. Obviamente, ni Baldwin ni Malcolm X se convirtieron en santos nacionales. Sí, la violencia es siempre condenable. Todos estamos en contra de la violencia y algunos la consideramos la peor estrategia para cambiar la sociedad y la mejor excusa de la represión y la reacción para dejar las cosas como están. Como siempre, las protestas han sido calificadas como “incitación extranjera”. A este punto, es difícil determinar

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¿Víctima de un golpe de izquierda? ¿Por qué la teoría de la conspiración de Netanyahu es asquerosa y absurda?

Foto: el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, derecha, y el ex primer ministro, Ehud Olmert, izquierda, asistieron al funeral del diputado del Likud Zeev Boim, en Binyamina, Israel, el lunes 21 de marzo de 2011. (AP Photo / Moti Milrod, Pool) Fuente: David Horowitz | The times of israel Fecha: 25 de mayo de 2020 Habiéndose perfeccionado durante más de dos años en los ataques contra los pilares de la democracia de Israel, el ataque incendiario del primer ministro Benjamin Netanyahu contra sus acusadores poco antes del comienzo de su juicio por corrupción el domingo, fue una afirmación de inocencia y victimización brillantemente calculada. Su tesis central es que un primer ministro fuerte, proanexionista y de derecha enfrenta un intento ilícito, perpetrado por una vasta alianza izquierdista de políticos, medios de comunicación, policías y fiscales estatales, para expulsarlo debido a su ideología y políticas, También es demostrablemente ridículo. Se basa en que su audiencia se deje llevar por la retórica del primer ministro: su mezcla calibrada de agravio y determinación, y su cita de numerosos defectos, fracasos, encubrimientos y conspiraciones aparentes en la organización de lo «absurdo» y lo «fabricado» de los cargos contra él, reforzados el domingo por la presencia de todos esos ministros mudos del Likud que se identifican públicamente con su causa, como para hacer olvidar el agujero lógico en el centro de los eventos. Se basa, aparentemente con un efecto considerable, en recuerdos cortos. Porque quizá su destino sea el mismo del predecesor inmediato de Netanyahu, Ehud Olmert, el ex alcalde del Likud de Jerusalén, diputado del Likud y ministro, y luego primer ministro, juzgado y condenado por delitos de corrupción, lo que expone el vacío en el corazón de la acusación inflamatoria de Netanyahu: de que una alianza izquierdista está comprometida en un intento de golpe político. Inicialmente, Olmert tuvo una carrera de singular éxito político. Ganó la elección de la Knéset a la tierna edad de 28 años; subió al cargo ministerial; abandonó el parlamento después de la derrota de Likud en 1992 contra Yitzhak Rabin de los laboristas para desafiar con éxito al legendario alcalde de Jerusalén, Teddy Kollek, convirtiéndose en el primer político del Likud en dirigir la capital; y luego regresó a la Knéset una década más tarde, donde continuó su ascenso hasta ser primer ministro en funciones. Fue hasta ahora un feroz oponente de la renuncia al territorio capturado en la guerra de 1967 (incluso se había opuesto al histórico tratado de paz de Israel con Egipto), Olmert reflejó el cambio político radical de Sharón en la vejez, respaldando la retirada unilateral del primer ministro en 2005 de la Franja de Gaza y siguiendo a su líder cuando Sharón abandonó a Likud para fundar el partido Kadima. Cuando Sharón cayó enfermo en enero de 2006, Olmert se hizo cargo como primer ministro electo de Israel después del éxito suyo y de Kadima en las elecciones de 2006. El alcalde que en su momento se había opuesto amargamente a cualquier división de Jerusalén, se transformó en una paloma política del primer ministro, apoyando firmemente el Estado palestino, y de hecho, ofreciendo más a los palestinos que cualquier primer ministro israelí antes o desde entonces.  En las negociaciones de 2008 con el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, Olmert ofreció renunciar a casi toda Cisjordania con intercambios de tierras uno por uno, otorgar a los palestinos un territorio soberano en Jerusalén como capital y ceder la soberanía israelí en la Cuenca Santa de la ciudad, con un fideicomiso internacional para asumir la responsabilidad de la Ciudad Vieja y sus lugares sagrados, incluido el Monte del Templo y el Muro de los Lamentos. De acuerdo con la tesis que Netanyahu presentó el domingo, y que ha presentado de una forma u otra ya durante más de dos años de tratar de desacreditar y asfixiar a los que ahora lo investigan, acusan y procesan, este Olmert, ex primer ministro, sobrio, “izquierdista”, apaciguador árabe, que renuncia a la tierra sería el hombre que las élites izquierdistas querrían asegurar que tomara las decisiones más fatídicas para Israel. De hecho, sin embargo, precisamente cuando Olmert estaba presentando su oferta de estatidad sin precedentes a Abbas, fue derribado, obligado a abandonar el cargo con investigaciones criminales sobre su conducta a medida que el alcalde se aceleraba. Instado por aliados y rivales por igual, incluido Netanyahu, a renunciar a la presidencia y centrarse en su defensa legal. Olmert acordó en principio en julio de 2008 hacerlo: pronunció un discurso prometiendo seguir intentando durante sus últimos meses en el cargo «a llevar las negociaciones entre nosotros y nuestros vecinos a una conclusión exitosa «incluso cuando él estaba, dijo, siendo sometido a ataques incesantes por parte de los autodenominados “soldados de la justicia”, que trataron de expulsarme de mi cargo. Olmert, que ya era un primer ministro cojo, fracasó en sus intentos desesperados por finalizar los términos con Abbas, y se evitó un posible acuerdo sobre la condición de Estado palestino, en términos muy poco probables de ser ofrecido nuevamente en el futuro previsible. Netanyahu asumió el cargo de primer ministro en marzo de 2009, después de ganar las elecciones que se celebraron antes de lo previsto debido a la renuncia de Olmert, y desde entonces ha conservado el poder. Olmert fue acusado en agosto y fue a la cárcel casi nueve años después, al final de una prolongada lucha legal que lo vio inicialmente exonerado de algunos de los cargos en su contra, pero luego condenado en apelación. Los cuatro hechos clave que Netanyahu cita como el uso de medios sucios para expulsarlo a él por razones ideológicas, jugaron un papel clave en la caída de Olmert: algunos de los aliados modestos de Olmert habían ejercido presión para que renunciara, había sufrido una gran cobertura hostil de los medios, la policía estaba evidentemente decidida a atrapar a su hombre, y los fiscales estatales lo persiguieron obstinadamente a pesar de algunos fallos iniciales en su contra que luego cayeron. Luego, los jueces de Israel, en cuya imparcialidad Netanyahu omitió visiblemente expresar su fe el domingo, finalmente enviaron a Olmert

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La victoria de Benjamin Netanyahu

Fuente: Gideon Levy | Haaretz  Fecha: 23 de mayo de 2020 Benjamin Netanyahu ya ha logrado una victoria histórica incluso antes de que comience su juicio. La derecha puede disfrutar de esta victoria, que tal vez se logró sin ser notada, pero que ha sellado el destino de la agenda de Israel por muchos años por venir. No importa cuál sea el resultado del juicio del primer ministro, de cualquier manera su logro es completo: el juicio ha entrado en el corazón del discurso público, casi no hay otro tema, todo lo demás ha sido dejado de lado y eliminado de la agenda. Este no es un logro pequeño: permitirá generaciones de ocupación, apartheid y falsa democracia. La derecha puede dormir tranquilamente, el camino para continuar con sus injusticias y crímenes ha sido pavimentado. El juicio más importante y comentado en la historia de Israel, excluyendo el juicio de Eichmann, es un juicio penal sobre corrupción generalizada, sobre sospechas favoares para obtener cobertura positiva por parte del portal de noticias Walla, y quizás también algunos cigarros y champaña. Israel está dividido entre dos campos ruidosos y obstinados: criminal o víctima, solo Bibi o cualquiera menos Bibi. El juicio de Netanyahu ha despertado a Israel de su sueño y apatía, de una manera que ningún otro problema lo ha hecho aquí en las últimas décadas. No es que el juicio de un primer ministro acusado de irregularidades criminales no sea interesante e importante, por supuesto que lo es. Pero la preocupación total por el juicio de Netanyahu ha movido el centro de gravedad en la sociedad de un discurso político a uno sobre ética, y lo ha convertido en el único problema por el que los israelíes están dispuestos a luchar. Por lo tanto, la izquierda ha sido despojada de sus activos ideológicos, el fuego se ha dirigido a los márgenes y se ha convertido en un luchador contra la corrupción en lugar de un luchador por la paz, la libertad, la justicia, los derechos humanos, la igualdad y la democracia. Este sector se ha dedicado a la causa con facilidad. Se necesita muy poco coraje para luchar por el champán. Ahora tenemos un movimiento para un gobierno de calidad en lugar de uno de izquierda, en lugar de una oposición real. Este es el título de la victoria de la derecha. Por lo tanto, ahora pueden anexar los territorios, abusar de los solicitantes de asilo, tratar de incitar a Irán o derramar sangre en Gaza, Cisjordania y el Líbano. Nadie se opondrá a ellos, no se generará ningún debate público, estamos lidiando con el juicio de Netanyahu, por favor no nos molesten. La arena criminal ha reemplazado la arena diplomática y moral. Simplemente dennos otra mención del Caso 4000* y el país será sacudido. Así es como en un buen día nació Kahol Lavan que también es un movimiento para un gobierno de calidad. De lo único que habla es de ética, manos limpias y ser estadista. La gente no quiere más que eso. La izquierda política ha sido destruida, la bandera ha sido doblada y una bandera blanca ondea en su lugar. La única bandera negra que queda es la que se ha desplegado por los golpes al sistema legal y la quimera de la democracia. Las banderas negras contra el apartheid y la anexión están agotadas. Cuando el primer ministro se siente en el banquillo del Tribunal de Distrito de Jerusalén y todos los ojos estén puestos en él, docenas de otras personas, cuyos juicios son infinitamente más importantes en términos reales, tomarán su lugar no muy lejos y nadie se interesará en ellos. . Solo unos pocos kilómetros separan el Tribunal de Distrito de Jerusalén en la calle Salah al-Din y el tribunal militar en Ofer, ambos en tierra palestina ocupada, y sin embargo, las colinas de la oscuridad los dividen. En Ofer, los juicios se llevan a cabo diariamente, lo que define la identidad de Israel y su retrato, y su posición internacional y su moral, mucho más que el juicio de Netanyahu, y el patio en Ofer es remoto y vacío. Todos los días, el destino de personas inocentes (presos políticos, adultos y niños, luchadores por la libertad y terroristas) se decide allí, junto con el veredicto de Israel como un país no democrático, todo lejos de la vista. En Ofer, más que en Salah al-Din, se revela la corrupción y los crímenes reales de Israel, pero no hay nadie allí, ni para protestar ni para informar al respecto. Netanyahu, el acusado, se pondrá de pie, ya ha dejado un legado victorioso. Sus cigarros interesan mucho más a su país que los barrotes que encarcelan a otras personas. ¿Hay alguna forma mejor de contar la historia de Israel? * Es el caso más grave. Está acusado de haberle hecho favores al gigante de telefonía israelí Bezeq a cambio de cobertura favorable sobre él y su familia en el popular digital de noticias Walla, ambos controlados por el mismo empresario, Shaul Elovitch. Traducción: Dardo esterovich Artículo relacionado:

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