Coyuntura económica en debate: claves feministas para leer los últimos datos del INDEC
Fuente: Gabi Nacht | Ansol – Agencia de Noticias Solidarias Fecha: 10 julio 2019 Las desigualdades de géneros son un problema clave para pensar la justicia social y la equidad distributiva. Los más recientes datos estadísticos son contundentes: hoy en Argentina las mujeres representan casi el 70% del decil más pobre de la población1. Este dato bastaría ya para afirmar que cualquier modelo económico que tenga vocación progresista y que quiera abordar con seriedad el problema de la distribución de la riqueza en nuestro país tiene que atender la cuestión de géneros como uno de los temas centrales, y asumirla desde hoy como perspectiva integral. Hoy. No mañana. Pues aunque habrá quien crea que se trata de un asunto secundario que podrá atenderse luego de que se resuelvan “los principales temas económicos”, lo cierto es que la cuestión de géneros está en el centro mismo del funcionamiento de la economía. Por eso considerarla como merece nos permitiría abordar –desde la teoría y desde la acción- las raíces mismas de la desigualdad, y además nos daría buenas pistas sobre la crisis estructural revelada a nivel global desde 2008, y agravada en cada vez en más países por seguir las “recomendaciones” del Fondo Monetario Internacional2. La división sexual del trabajo En términos estructurales, la división sexual del trabajo es uno de los pilares de la economía. Por ella, las mujeres sostienen -de modo gratuito e invisibilizado, ni siquiera considerado como trabajo- las actividades necesarias para la más básica reproducción de la vida cotidiana. En el ámbito urbano, eso comprende desde el cuidado sanitario y alimenticio de los cuerpos, hasta el acondicionamiento del hábitat en que vivimos, pasando por la atención a niñas/os y adultos/as con necesidades especiales transitorias o permanentes, así como el sostenimiento de las necesidades humanas psicoafectivas. Indicadores de trabajo no remunerado y precarización laboral De acuerdo a la última encuesta nacional de uso de tiempo3, en nuestro país el 89% de las mujeres realizan trabajo no remunerado (TNR) de cuidado, en un promedio de 6 horas y media por día. Por su parte, sólo un 58% de varones lo hace, y en un promedio de 3 horas y media por día. La sobrecarga de TNR es mayor para las mujeres de más bajos ingresos, fundamentalmente por las menores posibilidades de contratar servicio de cuidado en el mercado (por ejemplo, una persona empleada en realizar tareas de limpieza doméstica o de cuidado de niñas/os). En total, puede estimarse que casi un 80% del TNR en nuestro país es sostenido por mujeres. “en nuestro país el 89% de las mujeres realizan trabajo no remunerado (TNR) de cuidado, en un promedio de 6 horas y media por día“ Y si pareciera que de un tiempo a esta parte ha crecido la cantidad de mujeres en el mercado laboral (aunque más abajo veremos, no en igualdad de condiciones), lo cierto es que no ha habido un aumento equivalente de la participación de varones en el TNR de cuidado. Esto le ha puesto un freno al crecimiento de la participación de las mujeres en el empleo remunerado. En términos globales la OIT sostiene que en las últimas tres décadas la brecha de empleo entre varones y mujeres se “estabilizó”, es decir que no ha variado significativamente. Todo eso significa que por cada mujer con presencia en el mercado laboral -o en la vida política y social fuera de lo doméstico- hay otra mujer que está cubriendo “sus” tareas de cuidado. Esa otra mujer muchas veces es una hija, hermana, abuela, vecina que lo hace de modo no remunerado, o una mujer contratada de modo no registrado y/o con muy baja remuneración. Esa sobrecarga de TNR es la causa de la inserción limitada, precaria e inestable de las mujeres en el mercado laboral, y por lo tanto de su menor acceso al dinero y otros recursos económicos. Las mujeres no acceden al empleo, o lo hacen en condiciones “flexibles” por tener que conciliarlo con las tareas de cuidado. “por cada mujer con presencia en el mercado laboral -o en la vida política y social fuera de lo doméstico- hay otra mujer que está cubriendo “sus” tareas de cuidado“ De acuerdo a los más recientes datos oficiales4, hoy el 70% de los varones participa del empleo, mientras que para las mujeres ese porcentaje es del 49%. El índice de desempleo también muestra un sesgo de género: hoy el 9,2% de los varones estén desempleados, y ese porcentaje sube al 11,2% entre las mujeres. Además, las mujeres mayoritariamente acceden al empleo en los sectores de Servicios Sociales, Salud y Educación –donde son el 70%- y de Trabajo en Casas Particulares –donde son el 95%5. Estos sectores -cuya degradación y subestimación en el conjunto de la economía se evidencia también en el bajo nivel salarial y en las condiciones de precariedad que los caracterizan- aparecen como una extensión de las tareas domésticas de cuidado. Asimismo, a esa segregación horizontal de las mujeres en el mercado de trabajo (por sectores) se le suma la segregación vertical, por la cual las mujeres acceden con dificultad a cargos de jefatura, y están casi ausentes en los cargos de máxima jerarquía, donde las estimaciones disponibles sostienen que las mujeres rondan apenas un 4%6. En síntesis, la sobrecarga de TNR conlleva que las mujeres tengan menores posibilidades de acceder a un empleo remunerado y que cuando lo hacen, sea en peores condiciones. Esto explica la brecha de ingresos: hoy en Argentina las mujeres tienen en promedio un 27% menos de ingreso que los varones7. En cuanto a la participación en el empleo de personas trans, travestis y otras disidencias no tenemos información oficial. Allí la invisibilización es prácticamente absoluta. Las políticas del FMI: privatizar la vida, profundizar la desigualdad Ahora bien, sobre todo lo expuesto: ¿cómo están repercutiendo específicamente las políticas que viene llevando a cabo el Poder Ejecutivo bajo las pautas del Fondo Monetario Internacional? En primer lugar, hay un ajuste fiscal que se siente especialmente en los Servicios Públicos de Salud y Educación, de manera que el Estado se