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La persecución: no es lawfare, sino persecución mediático-judicial

Fuente: Carlos Zanini | El Cohete a la Luna Fecha: 2 de agosto de 2020 En los últimos años en toda Latinoamérica se ha desplegado una fuerte ofensiva neoliberal para tratar de excluir del mapa político e institucional a líderes que expresan posturas favorables a la inclusión social, la disminución de la concentración económica en manos de unos pocos sobre el hambre de otros muchos, la soberanía política local y la amplia participación de la ciudadanía en la toma de decisiones. La herramienta más usual ha consistido en rabiosos ataques mediáticos que precedían el urdido de causas judiciales y las decisiones tomadas bajo presión, miedo o convencimiento basado en prejuicios ideológicos, por jueces que han parecido obedecer libretos fraguados en los sótanos oscuros de los servicios de inteligencia (aunque los libretos se esparcieran desde el despacho mismo del Ministro de Justicia o desde las cercanías, si no desde el propio despacho Presidencial, como se ha visto). El amparo mediático pretende presentar ello como parte de una supuesta lucha contra la corrupción, incitando a obtener castigos ejemplificadores junto con la proscripción política de los supuestos autores. La secuencia, partiendo de una “investigación” supuestamente periodística, recala en la denuncia ante la Justicia, que dispara un proceso judicial verdaderamente kafkiano, para conjugarse con la construcción mediática de un escenario público de demonización del denunciado, desde donde el acontecer jurídico de normalización, si prospera, se presentará a la sociedad como “el triunfo de la impunidad”. Resultó central en esas operaciones mostrar cierta apariencia de legalidad para desprestigiar a la actividad política como tal, sobre la base de trasladar nombres, desde la política, que implica representación popular, a las páginas de policiales. Ese ha sido el mecanismo desplegado en América del Sur, contra ex Presidentes como Rafael Correa en Ecuador, Luiz Inácio “Lula” Da Silva en Brasil y a la ex Presidenta y hoy Vicepresidenta de la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner y, últimamente, al depuesto Presidente de la República Plurinacional de Bolivia, Evo Morales Ayma. Esa herramienta se conoce por estas latitudes con un nombre en inglés, que resulta de la contracción de dos vocablos: ley (law) y guerra (warfare). Se trata en el decir periodístico cotidiano del “Lawfare”. El concepto viene de los manuales de estrategia militar. Me parece importante indicar la inconveniencia del traslado automático del concepto desde su plano original, la guerra, así sin más, a la política. Charles Dunlap Jr., General de División (R) de la USAF, inaugura la utilización moderna de este vocablo en 2001. Define la “guerra jurídica” como “el uso de la ley como un medio para conseguir lo que de otra manera tendría que conseguirse con la aplicación de la fuerza militar tradicional”. Y agrega que: “puede utilizarse la ley para socavar a los adversarios”. Como conclusión de su trabajo descriptivo del concepto, aconseja que, así como los comandantes están familiarizados con el concepto de preparación de inteligencia del campo de batalla, necesitan agregar la preparación jurídica a su lista de tareas pendientes, y “un elemento clave en esta iniciativa es el uso de los auditores”, así como “educar a las tropas sobre la guerra jurídica”. Como se ve, el concepto tiene una referencia específica a los conflictos militares, y constituye una de las respuestas al problema que presenta para las democracias modernas, tratar de obtener una base de apoyo público considerable para un conflicto armado aún limitado, sobre todo si los ciudadanos creen que la guerra se está llevando a cabo de una manera injusta, inhumana o inicua. Este nombre, trasladado sin más a la arena política, se adoptó como un neologismo que resume en una palabra un muy amplio conjunto de acciones persecutorias hacia los adversarios políticos. Pienso que basta una mirada un poco más detenida para advertir que llamar de ese modo a este accionar sistemático, un verdadero modelo de dominación y entretenimiento de la sociedad, es, por lo menos, benévolo. Así, ese nombre tapa la verdadera naturaleza de la implicancia política e institucional que tuvo y tiene esa práctica. Resulta equívoco llamar así al hostigamiento y la persecución de los adversarios políticos contrarios al establishment, concretado con la utilización profusa de los medios de comunicación y los servicios de inteligencia. Tratándose de una acción judicial violatoria de derechos básicos como el estado de inocencia, el derecho a la defensa en juicio, la prohibición de la creación de tribunales especiales y el derecho al debido proceso y al imperio de las leyes, no constituye una guerra precisamente jurídica. Paradójicamente, a medida que se van develando los tramos más escabrosos de esa ilegal persecución, los medios de comunicación dominantes pretenden presentar el ejercicio de la defensa en juicio como “ardides” o “chicanas”, y la aplicación correcta de las leyes y el respeto a los derechos consagrados constitucionalmente como una supuesta consagración de la impunidad. En la Argentina, fueron muchas las normas violadas en los últimos cuatro años para poder dar forma a esta persecución. En cualquier resumen que se practique de los ejemplos locales, se verá que buena parte del Código Procesal Penal Nacional se tornó letra muerta. Lo que es aún más grave, para llevar adelante ese accionar debieron dejarse de lado garantías consagradas en la Constitución de la Nación Argentina y en los pactos internacionales que la integran. No se trata de una guerra jurídica. Es una violación de las leyes y de las más elementales garantías constitucionales. Está claro que los mecanismos de dominación y disciplinamiento aplicados contra opositores en la República Argentina, que han consistido básicamente en violaciones a la ley y al texto constitucional, no pueden ser benévolamente asimilados a aquella definición que hace Dunlap del término “Lawfare”. Al contener el anglicismo un vocablo que refiere a la “ley”, da la equívoca idea de que se trata de una “guerra jurídica”; cuando la guerra, si es que la hay, es contra el imperio del Estado de Derecho. Es decir, antijurídica por definición, en cuanto se desarrolla violando toda normativa. El linchamiento mediático que expone una política como corrupción, busca confirmación en personeros

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Actuar con responsabilidad

Fuente: Carlos Heller | Tiempo Argentino Fecha: 2 de agosto de 2020 Apenas había aterrizado, y sin siquiera haber caminado por las calles del viejo continente, Mauricio Macri afirmó: “acá se vive en libertad y con responsabilidad”. El mensaje de siempre, previo a comenzar una cuarentena de 14 días en París, antes de ir a las oficinas de la FIFA en Suiza. Seguramente el ex presidente no había alcanzado a leer las noticias que provenían de Reino Unido, que acaba de anunciar un endurecimiento de las restricciones en varias ciudades de Inglaterra. Es más, allí el primer ministro, Boris Johnson, pidió una mayor disciplina ante la pandemia: “La única manera de controlar el coronavirus es si colectivamente se obedecen las reglas de distanciamiento social y se trabaja de modo unificado para contener el virus. Lo que le digo a la gente es: no pierdan el foco, no pierdan la disciplina, observen las guías de las autoridades y si tienen síntomas, háganse un test”. No hay que perder de vista que es un Estado con más muertes que cualquier país dentro de Europa y uno de los que posee más infectados a nivel mundial. Junto con Brasil y Estados Unidos, son tres de los que más enfáticamente minimizaron la pandemia. En paralelo, los impactos económicos se siguen acumulando, por culpa de la pandemia, no por el aislamiento social. En Estados Unidos, se conoció el dato del PIB del segundo trimestre, mostrando una caída del 9,5% contra el trimestre previo. Es la más alta desde que se tienen registros oficiales continuos (1947), aunque sería la mayor al menos desde 1875. El efecto es devastador por donde se lo mire y está lejos de haber terminado. Volviendo a Francia, según Eurostat, el PIB del segundo trimestre cayó un 13,8%, sólo superado por España (18,5%) y Portugal (14,1%). El promedio de caída de la Unión Europea es del 11,9%. Las “periferias”, claramente, suelen ser las que relativamente se ven más afectadas. América Latina es hoy en día el principal foco de la pandemia. En México, tercer país con mayores muertes a nivel global, el PIB cayó un 17,3% en el segundo trimestre. Según las proyecciones de la CEPAL, en México la actividad económica caería 9%, en Brasil 9,2% y en Argentina estaría en valores similares: 10,5%. Los impactos económicos serán generalizados. Sin embargo, es fundamental valorar todo lo que se ha hecho en nuestro país para tratar de que el sistema sanitario esté en condiciones de seguir dando respuestas, como ha ocurrido hasta ahora. Es importante también seguir ampliando el margen de acción y los recursos públicos para poder hacerlo de la mejor manera. La capacidad de respuesta de los países centrales es muy elevada. La semana pasada comenté acerca de la aprobación en Europa de un paquete de 750 mil millones de euros para apoyar la recuperación entre 2021 y 2023, financiado con la emisión de un bono conjunto. Además, se acordó tratar la puesta en marcha de nuevas formas de obtención de recursos fiscales. Entre ellos, un tributo sobre los residuos plásticos no reciclados, un impuesto digital, y uno sobre las transacciones financieras. Estados Unidos ha implementado un paquete fiscal cercano a los 3 billones de dólares, un 14% del PIB. Esto no ha impedido la caída de la economía, en medio de ciertas restricciones, pero ha tratado de atenuar los impactos en las familias y las empresas (sin considerar los sectores que no están formalizados, que tienen limitaciones para acceder a las ayudas). En la región los márgenes de maniobra son muchísimo más acotados y se parte de una situación de fragilidad estructural. Según el último informe de Oxfam, todos los países aplicaron estímulos de diverso grado, que en conjunto llegan al 2,7% del PIB. Ninguna semejanza con lo que ocurre en los Estados desarrollados. Los países de América Latina no emiten moneda convertible internacionalmente, como sí lo hacen Estados Unidos y la Eurozona, y si bien es posible en algunos casos acudir a los mercados financieros, no hay que perder de vista que las cargas pesarán sobre las generaciones futuras. Por eso, en el actual contexto, una alternativa concreta de corto plazo proviene del componente redistributivo que aporta la vía fiscal. Hay que partir de la base de que los sectores más ricos no se ven tan expuestos a las consecuencias de la pandemia, e incluso en la actual coyuntura hay grandes empresas que incrementaron fuertemente sus ganancias desde principios de año. Oxfam sostiene que en la región, “mientras que todos los demás están viviendo con órdenes de confinamiento, tratando de sobrevivir y con el temor de enfermarse, los milmillonarios latinoamericanos ven como su patrimonio y privilegios van generando más de 413 millones de dólares diarios desde el principio de la pandemia”. En línea con muchos de los planteos que se escuchan a escala global, Oxfam propone reformas fiscales de urgencia. Entre ellas un impuesto a los resultados extraordinarios que han obtenido algunas de las grandes corporaciones durante la pandemia. En este caso, es “recuperar una iniciativa que ya estuvo en marcha en tiempos de guerra en Estados Unidos, Reino Unido o incluso en España. Un impuesto a los resultados extraordinarios por efecto de la pandemia, que grave al 95 % solamente el tramo de utilidades o resultados enteramente consecuencia de esta crisis”. También refiere a la necesidad de aplicar un impuesto a las grandes fortunas y patrimonios, que podría ser “un mecanismo impositivo de urgencia y solidaridad aplicable durante varios años o por una sola vez, como ya se está avanzando en Argentina”. Una mención que no hay que pasar por alto. Como ocurre en toda la región, nuestro país atraviesa una crisis económica agravada por la pandemia y se requieren decisiones importantes. En la semana se avanzó en la Cámara de Diputados con el tratamiento de la ampliación presupuestaria para lo que resta del año. En el informe de la situación fiscal que preparó el Ejecutivo se muestra el frágil punto de partida, y el impacto que hasta el momento

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Vicentin: No toquen la propiedad robada

Fuente: Raúl Dellatorre | Página/12 Fecha: 1 de agosto de 2020 Mauricio Macri y Sergio Nardelli, cuando se mostraban juntos en público.  Más que la expropiación, lo que provoca rechazo es todo mecanismo por el cual el Estado pueda recuperar control sobre el comercio exterior de granos.  Diez empresas cerealeras concentran el 91 por ciento de las exportaciones de granos, legumbres, harinas y aceites vegetales del país. De las diez, seis son extranjeras, y reúnen el 63% del volumen exportado. Las cuatro de origen local –tres de ellas, en una medida importante ya transnacionalizadas– suman el 28%. Controlan un comercio que representa, en conjunto, el 45 por ciento de las divisas que ingresan al país por exportaciones, según las estadísticas del año 2019: unos 29 mil millones de dólares anuales, sobre ventas totales al exterior por 65.115 millones.  Tal como lo describe Claudio Lozano, director del Banco Nación, en su trabajo «La importancia de Vicentin» (IPyPP, de esta semana), desde hace más de cuatro décadas, el Estado nacional perdió prácticamente todo control sobre estas operaciones, desde que dejó de existir la Junta Nacional de Granos, se privatizaron los puertos por los que se embarcan esos productos, desapareció la flota mercante estatal (ELMA) e incluso se cedió el control del transporte ferroviario de cargas. Como consecuencia de todo ello, el Estado también perdió el control sobre la oferta de divisas que genera la exportación en este rubro que, como fue dicho, concentra el 45% de las ventas al exterior. Que podrían ser más, si se ajustaran algunas irregularidades.   Vicentin es una de esas cuatro empresas locales, la más importante entre ellas. La sexta entre las diez primeras en volumen exportado. Lo que genera resistencia no es la expropiación, sino que el Estado intervenga, aunque más no fuera como testigo, en esa multimillonaria fuente de dólares.  El bloque exportador de cereales ha tenido en la Argentina un nivel de intervención política inversamente proporcional a su exposición pública. Por eso el caso Vicentin les duele tanto, porque los expuso en las facetas que menos hubieran querido mostrar. Ya en el conflicto por las retenciones en 2008 tuvo un papel central pero no protagónico en la disputa más desestabilizante contra el gobierno kirchnerista. Las grandes exportadoras empujaron a las rutas a dirigentes rurales, a la Mesa de Enlace, tuvieron la televisión y los grandes medios nacionales a disposición para pelear contra un impuesto a su actividad, la exportación de granos, con precios extraordinarios de los que sacaban la mejor tajada. Pero no salían en pantalla, dirigían desde las sombras. Todos recuerdan las alocuciones del «melli» Alfredo De Angeli. Nadie puede saber ni siquiera el nombre de un solo CEO de una cerealera, y muy pocos mencionar cuáles eran estas cerealeras. El bloque exportador ganó el combate sin subir al ring. Esta vez, quisieron repetir lo mismo. En su mirada, el final perfecto para Vicentin hubiera sido, después de la devastación que produjo hacia el fin de la etapa macrista (julio a diciembre de 2019), que liquidara sus pertenencias en el negocio a favor de un comprador que no saliera del núcleo de los «big ten» del sector. Quienes estaban anotados en la carrera, se dijo, eran Cargill, un grupo vinculado a Louis Dreyfus (LDC en el ranking argentino) y la suiza Glencore (opera en Argentina a través de Oleaginosa Moreno). Tres de las seis extranjeras del cuadro principal de exportadores de granos y derivados.  El decreto de intervención con promesa de expropiación, presentado el 8 de junio, tenía como objetivo primario abortar esa operación a favor de una transnacional, también se dijo. Si así fuera, podría decirse que tuvo éxito. Ayer, ese mismo decreto dejó de existir. Si el propósito era más ambicioso, el de crear una empresa nacional exportadora testigo en el mercado de granos, que le diera transparencia operando con una lógica diferente a la de las grandes expoortadoras, el mismo aparece como postergado. Como mínimo. Delitos El holding Vicentin está acusado de triangulación en el comercio exterior en perjuicio del fisco (si es que declara exportaciones por debajo de los valores reales de la operación). Si así fuera, también estaría defraudando a los productores, a quienes le descuenta una retención que luego no depositaría en su totalidad en Aduanas si declarara menos volumen del que realmente carga en los puertos de su propiedad.  También se le señala haber desnacionalizado activos al trasladar su propiedad a un holding mellizo formado en Uruguay por los mismos accionistas, Vicentin Family Group, sacándolos del alcance no sólo del fisco argentino sino de las demandas de los acreedores de Vicentin SAIC.  Y hasta se la sospecha de declarar la compra de soja a Paraguay y reexportarla desde puertos argentinos, como una supuesta simulación de venta de soja argentina que sale de los puertos propios como de origen paraguayo. Como mercadería en tránsito, no estarían sujetas a gravémenes. Tambíén se acusa a sus directivos de haber transferido bienes inmuebles a partir de febrero de este año en favor de hijos y otros parientes o allegados, como donación o a preso simbólico, para eludir eventuales embargos sobre sus bienes. Todo lo dicho no es producto de rumores: son hechos que figuran en distintas denuncias presentadas ante tribunales internacionales o locales, por bancos extranjeros o la propia Inspección de Justicia de Santa Fe, que ya fueron incorporadas al expediente principal de la convocatoria de acreedores.  Las denuncias en tirbunales del distrito sur de Nueva York fueron promovidas por seis bancos extranjeros, que señalan textualmente «haber sido víctimas de la mayor estafa internacional por parte de Vicentin SAIC. Señalan que la firma les mintió sobre su situación patrimonial «a través de documentación contable falsa», y que «está siendo vaciada transmitiendo sus activos a otras empresas controladas por el mismo grupo Vicentin». El procedimiento de Discovery solicitado en la justicia estadounidense tiene el objeto de detectar activos y operaciones en el exterior que podrían estar detrás de esas transferencias. Los bancos describen que Vicentin SAIC realizó un conjunto de conductas para defraudarlos. Consultado,

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¿La derecha local no tolera el pluralismo?

Fuente: Ricardo Aronskind* | La Tecl@ Eñe Fecha: 1° de agosto de 2020 Ricardo Aronskind sostiene en este artículo que transcurridos ocho meses de gestión del gobierno del Frente de Todos en un contexto anómalo marcado por la pandemia del Covid-19, corresponde hacer una reflexión sobre el nocivo comportamiento de la derecha local para entender cómo deberemos afrontar los próximos desafíos de gobernabilidad. Después de 8 meses de gestión del gobierno del Frente de Todos encabezado por Alberto Fernández y Cristina Kirchner, en un contexto totalmente anómalo marcado por una peligrosa pandemia, corresponde hacer una reflexión sobre el nocivo comportamiento de la derecha local, no sólo por la ya transcurrido, sino por cómo deberemos afrontar los próximos desafíos de gobernabilidad. La conformación de la actual derecha política argentina: Una rápida revisión de la historia de las últimas dos décadas nos muestra una trayectoria precisa del espacio de la derecha política. La construcción del espacio Cambiemos fue una operación de marketing político, que expresó las fuerzas que confluyeron al calor del conflicto acaudillado por el “campo” contra el gobierno kirchnerista por la Resolución Nº 125. Tanto en las movilizaciones de ese conflicto, como en las sucesivas marchas de furiosos por el dólar, por Nisman y otras, se pudo observar la construcción de un espacio que era cómodamente conducido desde los principales medios y las redes sociales, irreductiblemente enemigo del gobierno kirchnerista. En ese espacio donde no falta gente capaz, se destacó, insólitamente, la figura de Mauricio Macri, lo que ya da un indicio de la baja eticidad de toda esa construcción política. Cambiemos fue en buena medida un engaño político-electoral, con un componente muy intenso de trabajo publicitario, que fingió una pluralidad, moderación y ecuanimidad que desaparecieron al instante de ingresar en la Casa Rosada: “Dejar lo bueno y cambiar lo malo”. Sin esa “pluralidad” no hubieran podido atrapar diversos sectores de votantes, pero la pluralidad era para ganar elecciones, no para gobernar. Llegaba al Estado el poder económico real. Lo predicado en campaña era puro palabrerío “para la gilada”. Lo hecho en materia económica e institucional durante el gobierno macrista es una demostración, para todo aquel que quiera verlo, de la impostura de su proclamado republicanismo y legalismo. Desde la manipulación del Poder Judicial y la neutralización de los órganos de control del Estado, hasta el acuerdo con el FMI, todo fue ilegal, pero no importaba. Así fueron también los negocios irregulares que se vienen conociendo entre el gobierno macrista y testaferros empresariales del grupo. Todo cubierto por un montaje completo de manipulación sistemática de la opinión pública. Desde el gobierno, el espacio se dedicó a cumplir su función política primordial: tratar de destruir política y humanamente al kirchnerismo y rediseñar el mapa político argentino al gusto de las corporaciones, tratando de construir un sistema bipartidista con dos formaciones políticas que aparentaran ser diferentes, pero que coincidieran en el sostenimiento del neoliberalismo. Lo explicitó Macri en Davos en 2016, mientras le levantaba el brazo a Massa. Fue tan mala la gestión, tan grosera la repartija de negocios entre las fracciones corporativas que sostenían al gobierno, sin la menor preocupación por realizar una política económica sostenible, que la caída de la actividad fue estrepitosa y a pesar de la intervención norteamericana para salvar al macrismo vía FMI, la derrota fue imparable. La derecha otra vez en la oposición: Ya desde el llano, los objetivos, el núcleo duro de las orientaciones del espacio siguen siendo los mismos: resguardar los negocios para las corporaciones, impulsar el desplazamiento hacia la marginalidad de todo lo que huela a intereses nacionales y necesidades populares, y promover la completa subordinación política y diplomática a las potencias occidentales. Todo el resto de temas de agenda política es de menor importancia, por lo que se tolera en ese amplio espacio a gente que piense en forma diferente. Para el núcleo dirigente del espacio, ni siquiera el liberalismo político es real, sino más bien un recurso discursivo de ocasión. Como oposición los comportamientos hablan por sí solos: obstruccionismo, irresponsabilidad, boicot a acciones públicas necesarias, mala fe. Hasta los vitales cuidados por la cuarentena sufren el hostigamiento mediático, de sus comunicadores y de sus líderes más extremistas, y el boicot solapado de los “moderados”. Ejemplos de este oposicionismo irresponsable hay cientos: las reacciones frente al intento de aliviar la situación de la pandemia en las cárceles, tergiversado para producir un cacerolazo; las reacciones frente a la monumental estafa de Vicentin, tratando de defender a los estafadores; las reacciones frente al espionaje realizado por el gobierno macrista a diversos sectores, disimulando los evidentes delitos; las reacciones y el comunicado salvaje frente al asesinato del ex secretario personal de Cristina Fernández; las nulas reacciones frente a las declaraciones secesionistas de Cornejo, Presidente de la UCR; las reacciones obstruccionistas frente al intento de Alberto Fernández de adecentar un poco al impresentable Poder Judicial; las reacciones frente a la negociación externa con los fondos de inversión, apoyando sistemáticamente la posición de los acreedores externos; las reacciones de rechazo a un mínimo impuesto de emergencia sanitaria a las grandes fortunas… Esos posicionamientos públicos son acompañados por una masiva campaña de denostación mediática hacia el Presidente, la Vicepresidente, el Frente de Todos y todas y cada una de sus medidas. A eso se agrega el recurrente llamado a cacerolazos siempre a favor del poder concentrado y agitando los fantasmas que caracterizan la agenda de la derecha: el miedo a los pobres, al Estado, la hostilidad al sindicalismo, la defensa de los propietarios hagan lo que hagan, y del aparato de desinformación de la derecha. La difusión de rumores alarmistas es parte de los ingredientes de la campaña opositora, junto con el uso intensivo de información falsa que apunta a mantener a sus fieles en un estado de indignación furiosa. Por todo lo mencionado, que no agota todos los recursos utilizados, parece que el objetivo de esta derecha no es realizar una oposición democrática y acumular méritos ante la opinión pública para retornar al gobierno dentro de poco más de

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Calle, Justicia y Medios: los límites para el eterno retorno de la derecha

Fuente: Edgardo Mocca | El Destape Fecha: 1 de agosto de 2020 La derecha argentina permanece estancada. No tiene otro argumento que la oposición agresiva y sistemática contra el gobierno. Tampoco se modifica el papel dirigente de los medios monopólicos en la elaboración de su discurso, la fijación de su agenda y la construcción de sus mitos movilizadores. Sin embargo, la repetición del pasado tiene sus límites.  El principal de esos límites es, paradójicamente, que la estrategia de la derecha triunfó electoralmente en la etapa anterior. De manera que la sociedad argentina que eligió a Macri vivió cuatro años bajo su presidencia. Vivió el derrumbe más importante y más veloz del país en mucho tiempo. Derrumbe económico, social,  político-institucional y moral. Entre las ruinas del edificio macrista encontramos a cada rato señales de putrefacción. El espionaje conducido al más alto nivel, el uso de jueces y fiscales para la persecución política, el apriete contra los jueces y fiscales que no se prestaban a esas prácticas, la generosidad del Banco Nación para con estafadores consumados, supervisada desde la más estrecha cercanía del presidente, increíbles negociados a favor de las empresas del mismo presidente, juicios manejados desde la Casa Rosada para quedarse con empresas ajenas… Todo eso, mientras hubo que reconstruir contra reloj un sistema público de salud destruido durante esos cuatro años y atender una emergencia social –previa a la pandemia y que la pandemia agudizó-  que había producido enormes dolores en los sectores más humildes de la población. Para decirlo con un verso de Yupanqui, “lo que ayer fue esperanza hoy es recuerdo”. Y es un recuerdo que no provoca la añoranza del regreso sino que para la mayoría del pueblo significa el temor de que eso se pueda repetir. Lo que se presentó con los colores de la libertad y la felicidad tomó la forma de una inédita destrucción.     Pero el “eterno retorno” de la política argentina está limitado por otro cambio crucial. Es el que gestó Cristina Kirchner el 18 de mayo del año pasado: la construcción de una fórmula política diferente para enfrentar a la coalición de derecha. Expresada en la centralidad de Alberto Fernández, la estrategia consiste en cambiar el escenario de la confrontación política, revisando sus formas y sus discursos. El presidente  actúa en un registro dirigido a quitarle dramatismo a la diferencia política. El estilo de conducción desplegado frente a la grave crisis sanitaria le permitió construir una escena de colaboración responsable con todos aquellos opositores que tienen responsabilidades de gobierno en los diferentes niveles. Es un mensaje político: se puede convivir en la diversidad, no es necesaria la extrema dramatización de las diferencias políticas, hay una sociedad que está necesitando acciones en común y no un griterío cotidiano penetrado por el odio y la intolerancia. En este punto hay que agregar que esa escena necesita para sostenerse el éxito en la empresa común, es decir que la situación sanitaria se mantenga bajo control, lo que según se ve claramente en estos días dista de estar asegurado. Este contenido se hizo gracias al apoyo de la comunidad de El Destape. Sumate. Sigamos haciendo historia. Sin embargo, la escena colaborativa está superpuesta con otra caracterizada por una extrema tensión, sistemáticamente incentivada y encabezada por lo que uno de sus propios protagonistas supo llamar “periodismo de guerra”. Durante la última semana la oposición parlamentaria expresó su enérgico rechazo a un proyecto de reforma judicial que no se conoce. La sola mención del nombre de la cosa produjo en las principales espadas parlamentarias una respuesta guerrera. Hay para eso una razón evidente: el enunciado de la voluntad de producir una reforma en los tribunales está señalando una cuestión clave para la política argentina, porque ahí radica una fortaleza central de los sectores del privilegio argentino. De ahí salen las cautelares, las inconstitucionalidades, las persecuciones y absoluciones, las aceleraciones y los frenos de los procesos distribuidos según los recursos de poder que expongan los involucrados: el poder judicial es una pieza esencial de la gobernabilidad política en nuestro país. Se hace cada vez más evidente que los actores principales de la resistencia a la experiencia kirchnerista, particularmente a partir del otoño de 2009, no han modificado su actitud a partir del cambio estratégico producido por Cristina en mayo del año pasado. ¿Significa eso que el cambio no ha producido resultados? La experiencia apenas ha comenzado. Y además se ha desarrollado en condiciones muy particulares producto de la pandemia. Aun así hay que evitar la confusión entre el clima social y el clima mediático. La ira contra el gobierno la escenifica un puñado de personas que golpean las cacerolas en los barrios más pudientes de Buenos Aires. Eso expresa el odio y el rencor pero de ninguna manera la fuerza social del encono contra el gobierno. Casi nadie se enteraría de estos episodios si no fuera por la farsesca amplificación del fenómeno que producen los medios concentrados y los activistas del odio en las redes sociales. Actúa sobre la realidad una maquinaria creadora de climas políticos. Una parte de la producción de esa maquinaria se concentra en desestabilizar el estado de ánimo de los hombres y mujeres que apoyan al gobierno del frente de todos. Intentan generar desazón y frustración. Buscan confundir la legítima expresión de disensos propios de un fenómeno amplio y diverso como la fuerza que ganó la última elección en refriegas capaces de debilitarlo para favorecer las posiciones de quienes, a pesar de todo, añoran la experiencia que terminó en diciembre último  Por otro lado esas reacciones expresan una asimetría. La lógica necesidad de protegernos del virus por medio de un prudente distanciamiento entre las personas es respetada por una sola de las dos grandes coaliciones que se disputan la primacía política. La otra actúa de modo desleal y desoye la responsabilidad común, ocupa la calle, a veces violentamente. Y la no ocupación de la calle es una limitación importante para los sectores en los que se apoya el gobierno, para los trabajadores, para los más humildes. Todo un desafío político que obliga

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Gantz, al igual que Netanyahu, quiere drusos mercenarios de judíos

Fuente:  Daniel Kupervaser| Blog de Daniel Kupervaser Fecha: 30 de julio de 2020 Gantz obtuvo el título de embustero cuando meses atrás vendió a sus electores judíos y se acopló al gobierno de Netanyahu. En estos días le agregó una significativa condecoración a ese título cuando traicionó una explicita promesa a la población drusa de Israel. Por iniciativa del gobierno de Netanyahu, el parlamento de Israel promulgó en julio de 2018 la ley denominada de Estado Nación en la que se estableció que Israel es un estado que pertenece solamente al pueblo judío. De esta manera, y de forma categórica, esta nueva legislación ignoró y se desentendió del 25% de los ciudadanos de Israel que no son judíos. La minoría drusa de Israel se sintió profundamente traicionada. No es para menos. Desde la creación del estado, este grupo étnico se vinculó estrechamente con el destino de Israel y se convirtió en parte activa de los esfuerzos de defensa del país ofrendando la vida de cientos de sus hijos como soldados y oficiales el ejército de Israel que cayeron en combate. En masivas manifestaciones exigieron dejar la ley sin efecto, o al menos modificarla. Netanyahu se negó categóricamente a modificar la ley, pero ofreció un plan alternativo “que exprese el profundo compromiso del estado de Israel a sus ciudadanos drusos”. ¿Cómo expresar el agradecimiento?: a la israelí, con dinero, es decir, desparramar presupuestos en beneficio solo de ese sector. (“En vez de modificar la Ley Estado Nación, dinero en presupuestos”, Haaretz, 26-7-18). En otras palabras, los drusos de Israel continuarán como ciudadanos de segunda categoría por no ser judíos, pero por su predisposición a derramar sangre para defender a los judíos, se le ofrece dinero, mucho dinero. El proyecto de Netanyahu se propuso presupuestar extraordinariamente 1,300 millones de dólares para una población no mayor de 125,000 ciudadanos (Globes, 20-11-2019). Bajo esta visión, no se puede arribar a otra conclusión que Netanyahu enmarca a los drusos israelíes como ciudadanos de segundo grado con categoría de mercenarios que reciben retribución, no por ser ciudadanos de Israel, sino por el único motivo de participar activamente en la defensa de un estado que no les pertenece. La promulgación de la ley antedicha coincidió con el inicio de la carrera política de Benny Gantz. Como ex jefe del Estado Mayor del Ejército de Israel, sintió la necesidad de salir en defensa de quienes lucharon a su lado en defensa del país durante décadas. Como ex militar fue muy tajante en sus definiciones. Como político demostró que se adaptó rápidamente a la conducta de desparramar promesas. Así expresó sus duras críticas a la nueva ley. “Ellos (el gobierno de Netanyahu) abrieron fuego sobre las espaldas de nuestros hermanos drusos. Nosotros curaremos las heridas. Tenemos un pacto de sangre con los drusos, pero no menos, un pacto por la vida. Nosotros tenemos que verificar que juntos construimos una comunidad. Haré todo lo posible para modificar la ley de manera que exprese ese profundo vinculo imposible de desatar, no solamente en batallas, también en la vida. Lo haremos conjuntamente” (“Gantz responde a las críticas”, Kore.co.il, 14-1-2019). Mientras tanto, Benny Gantz participó activamente en tres reñidas elecciones demostrando ser un duro contrincante ante el ducho Netanyahu. Finalmente, en el mes de mayo de este año, frente a la propagación de corona, Gantz también se contagio de otro virus: la traición política. En un insólito giro, el renombrado general retirado resolvió abandonar la mitad de sus camaradas de carrera electoral y acoplarse a Netanyahu en un complicado acuerdo de coalición. En estos tiempos llegó el gran día de cumplir la gran promesa de Gantz a “sus hermanos de armas” como él define a los drusos: modificar la ley Estado Nación. A sabiendas que el tema exaspera a las bancadas fundamentalistas de los partidos del bloque de Netanyahu, los ex compañeros de lista de Gantz, (Yesh Atid de Lapid) trajeron a votación del parlamento un proyecto de modificación de la ley Estado Nación con el único, modesto y democrático propósito de agregar solamente el “derecho a la “igualdad entre todos los ciudadanos”. No solo que el bloque de Netanyahu rechazó el proyecto, sino que ese rechazo recibió el apoyo de 5 miembros de la lista de Gantz, quien sorpresivamente se ausentó para no votar. De esta manera quedó definido y grabado que Gantz, como Netanyahu, quieren a los drusos israelíes como mercenarios de judíos. Cuando Gadeer Mreeh, parlamentaria drusa y ex compañera de lista de Gantz, lo califica de “racista”, eso retumba en todo el mundo (“Gantz racista y ladrón de votos”, Ynet, 30-7-2020). Las sociedades del mundo observan la realidad y no quedan indiferentes. Gantz y Netanyahu aportaron significativamente a que tome mayor peso esa perspectiva internacional que otorga al judaísmo el carácter de racismo. Solo es cuestión de levantar un poco la mirada, abrir los ojos, escuchar y no dejarse llevar solamente por mensajes oficiales. Ojalá me equivoque Daniel Kupervaser Herzlya – Israel 30-7-2020 kupervaser.daniel@gmail.com@KupervaserD  

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Vicentin: ¿El fideicomiso es realmente una propuesta superadora?

Fuente: Eduardo Barcesat | El Destape Fecha: 30 de julio de 2020 A juzgar por las noticias que difunden los medios de comunicación, el Gobierno Nacional habría abandonado el proyecto original de proceder a la expropiación del Grupo Vicentín, dando apoyo a la propuesta impulsada por el Gobierno de Santa Fé, de crear un fideicomiso que reemplace la dirección del conjunto societario (fideicomisario), por un elenco representativo de los gobiernos nacional, provincial y, eventualmente,  de los acreedores del Grupo Vicentín (fiduciario), para que administren los bienes fideicometidos.- Simultáneamente, un elenco de acreedores, entre los que se encuentra la representación del Banco de la Nación Argentina, han presentado un lapidario escrito sobre la situación del Grupo Vicentín, fundado primordialmente en el dictamen de los expertos nombrados por dicho Banco, que acredita un vaciamiento pavoroso de los activos de la empresa concursada, al punto de considerar que, a la fecha, el patrimonio del grupo es de valor negativo, al tiempo que se devela, en forma documentada, la real composición del Grupo Vicentín, y las operaciones de vaciamiento incurridas en el período de la cesación de pagos. El escrito judicial incorpora también el resultado de dos investigaciones judiciales impulsadas en EEUU por bancos acreedores (discovery actions), sumamente ilustrativas del carácter fraudatorio del vaciamiento de activos, tanto por los montos fictos de las enajenaciones, como por la fecha de los actos de enajenación de los activos, y porque las cifras que “dicen” haber percibido, curiosamente, no se encuentran registradas en las constancias contables del Grupo Vicentín.- Tampoco ha cumplido la concursada en presentar la Memoria y Balance General del ejercicio correspondiente al año 2019, ni los balances trimestrales posteriores que debió cumplimentar.- Este contenido se hizo gracias al apoyo de la comunidad de El Destape. Sumate. Sigamos haciendo historia. Sin embargo, pese a todo ello, el Juez del concurso de acreedores, ya con el agua al cuello, sigue esperando algún desenlace que no sea la inmediata declaración de quiebra de todas las empresas que componen el Grupo Vicentín, y de remitir testimonio de las pruebas colectadas del obrar criminoso al Juez Penal Federal competente.- Cuando decimos “quiebra del Grupo Vicentín”, nos referimos al conjunto, a todas las empresas que componen dicho grupo, no sea que pretendan preservar las “joyas de la corona”, mientras dejan en manos de los acreedores una empresa de valor negativo millonario. Es –debe ser- de aplicación la doctrina judicial del precedente “SWIFT/DELTEC”, en el que por decisión del Juez, el Dr. Salvador María Lozada, convalidada tanto por la Cámara Comercial como por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, se dispuso que la insolvencia de una parte apareja la quiebra del conjunto, en resguardo de los acreedores legítimos, que –hay que repetirlo- también gozan de la inviolabilidad de la propiedad privada (art. 17, C.N.), aunque no haya una “manada” de camionetas 4×4 que ganen las rutas y las plazas de la República, agitando banderas argentinas, en reclamo de protección del vaciamiento empresario y la fuga de los capitales líquidos de las familias titulares del Grupo Vicentín. Pero lo que es relevante para este análisis jurídico, es que se ha construido un imaginario social torno a una propuesta llamada “superadora” a la de la expropiación, y que radica en la figura del fideicomiso.- Dicho de la manera más sencillo, hay contrato de fideicomiso cuando alguien, el fideicomisario, entrega bienes a otro, el fiduciario, para que éste se los administre.- Ahora bien, la forma normal de conclusión del contrato de fideicomiso, es que quien administra (fiduciario), al finalizar el contrato, reintegre los bienes dados en fideicomiso al titular del fideicomiso (fideicomisario); es decir, que finalizado el fideicomiso hay que reintegrarle a los accionistas, las familias que detentan y manejan el Grupo Vicentín, las acciones que representan el patrimonio del conjunto societario.- Así lo dispone el art. 1698 del Código Civil y Comercial de la Nación, muy claramente: “Producida la extinción del fideicomiso, el fiduciario está obligado a entregar los bienes fideicometidos al fideicomisario o a sus sucesores, a otorgar los instrumentos y a contribuir a las inscripciones registrales que correspondan”.- Mediante este desgraciado mecanismo, el Grupo Vicentín (fideicomisario), se despoja de tener que enfrentar a la masa de acreedores, obligación que asume el fiduciario (Estado Nacional, Provincial, más una representación de los acreedores), para que con un patrimonio negativo, repartan migajas, si es que las hay, entre los acreedores legítimos con créditos verificados en el concurso/quiebra.- No se advierte nada “superador” en esta propuesta. Lo superador y coherente, de raigambre constitucional y legal, es expropiar el conjunto, recuperar los activos vaciados, responsabilizar penal y patrimonialmente a los directivos y accionistas del Grupo Vicentín, y resolver las acreencias de todas las víctimas del despojo. Además, vuelvo a decirlo, si el Gobierno Nacional, a través de la UIF, es parte querellante contra los responsables de los actos de vaciamiento y fuga de capitales, lo coherente, lo que se corresponde con la doctrina jurisdiccional del “acto propio”, es proseguir la intervención y expropiación del Grupo Vicentín, junto con la senda de investigación y reclamo ya habilitada; no facilitar el eludir la responsabilidad penal de los hacedores del entuerto Vicentín recurriendo a la opacidad del fideicomiso.

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¿La izquierda israelí todavía espera que las FDI produzcan otro salvador político más?

Fuente: Gideon Levy | Haaretz Fecha: 29 de julio de 2020 ¿Qué sabemos sobre el ex jefe del ejército Gadi Eisenkot? Muy poco. ¿Y qué saben quienes lo promocionan como futuro líder político? Incluso menos. Media docena de artículos han aparecido en la edición hebrea de Haaretz durante la semana pasada promocionando al ex jefe de gabinete. Describieron la desesperación y el vacío de liderazgo en la oposición al primer ministro Benjamin Netanyahu y el anhelo de una solución milagrosa más de lo que puede contener esta nueva promesa. Es terriblemente similar a las expectativas pasadas de los jefes del ejército que luego resultaron decepcionantes. Se basa mucho más en un deseo que en la realidad. Cuando el profesor Uri Bar-Joseph y Raviv Drucker quieren a Eisenkot, tenemos que preguntarnos por qué. Bar-Joseph tiene razón cuando escribe que los jefes del ejército no son simplemente cortados de un molde. Drucker tiene razón cuando afirma que, como marca política, los jefes han tocado fondo. Pero ninguno puede ignorar que lo único que define a esa persona pública llamada Eisenkot es su condición de ex jefe del ejército. ¿Era bueno? ¿Quién sabe? Casi toda la información sobre los altos mandos del ejército proviene de reporteros y comentaristas militares. No hay segmento del periodismo israelí que sea un fracaso mayúsculo y más vergonzoso. Con la excepción de algunos militares  sobresalientes, no hay conexión entre lo que hacen y el periodismo. Se centran más en aspectos cosméticos, como portavoces y cultivan lazos con el establishment, relatando y anunciando los actos heroicos de Israel a su público. Como lo ven, cada líder militar es un héroe de Israel. En ausencia de una guerra particularmente fallida o aclamada, no hay forma de saber quién es un buen jefe del ejército.  Por otro lado, hay una manera de saber que una carrera hecha completamente en el ejército no puede evitar moldear la mentalidad. Y esa mentalidad es limitada, distorsionada y deficiente. En la mayoría de los casos, no es apropiado para el liderazgo civil. Ser jefe del ejército significa ascender en las filas de una organización que no es democrática, cuya principal herramienta en el trabajo es la violencia y cuyo financiamiento es casi ilimitado. Significa dedicar la mayor parte de los años en el ejército a mantener la ocupación, que es tiránica, violenta y cruel por naturaleza, y que generalmente también implica la comisión de crímenes de guerra. No hay otra manera. Décadas de servicio militar también significan un punto de vista muy restringido con respecto a los árabes: son el enemigo. Y ese también es un equipaje peligroso para llevar a la vida civil. Al hacer tal transición, es posible, por supuesto, ofrecer una sorpresa y cambiar. Matti Peled fue un general muy elogiado en el seno del ejército, y luego se convirtió en un activista por la paz. Moshe Dayan, Ariel Sharon, Yitzhak Rabin, Ehud Barak y varios otros sufrieron un cambio hasta cierto punto después de abandonar el ejército, pero estaban en minoría. Cuando las personas crecen en un entorno tan formativo, inflexible y de lavado de cerebro, en el que la seguridad se ritualiza y se adora al poder, y con todas sus ceremonias, símbolos y uniformes juveniles, es difícil esperar que se liberen de sus limitaciones y abracen la libertad de pensamiento. Lo más desalentador es que, a pesar de todas las decepciones y fracasos de Yigal Yadin a Benny Gantz, Moshe Ya’alon y Gabi Ashkenazi, el campo político de centroderecha no ha aprendido nada y no ha olvidado nada, y continúa soñando con esos amores de su juventud como la única esperanza de cambio. Su reserva de sueños todavía está en el uniforme. Que deprimente. Pero también incluyó acciones positivas, y Drucker y Bar-Joseph los destacaron con razón. Eisenkot puso fin a un mayor derramamiento de sangre en su respuesta a la intifada de cuchillas que estalló en 2015, un levantamiento de docenas de jóvenes palestinos, algunos de los cuales buscaron morir por razones personales. Eisenkot tuvo las agallas para condenar a Elor Azaria, quien mató a un asaltante palestino que ya había sido sometido por otros soldados. Eisenkot también dijo que no quería que los soldados «vaciaran su cargador de municiones en una niña con unas tijeras». Eso sería obvio en cualquier país bien administrado, pero en un Israel moralmente ciego, se convirtió en un lema resonante y valiente, casi como el «Tengo un sueño» de Martin Luther King. Bar-Joseph incluso lo llamó una «escala de valores». Así se ve cuando el sistema no funciona correctamente: la izquierda sueña con Eisenkot. Traducción: Dardo Esterovich

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