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Estados Unidos, Internacionales, Israel, Portada

La derecha global es una amenaza para los judíos estadounidenses, pero un hogar natural para los israelíes

Fuente:  Yair Wallach |+972 Magazine  Fecha: 16 de noviembre de 2020 La elección presidencial estadounidense de 2020 puso de relieve el contraste entre las comunidades judías estadounidense e israelí, los dos principales centros del mundo judío. Según las encuestas postelectorales, el apoyo de los judíos estadounidenses a los demócratas sigue siendo extremadamente alto, del 77 por ciento (frente al 70 por ciento en 2016). Se estimó que el presidente Donald Trump recibió solo el 21 por ciento del voto judío. En Israel, sin embargo, las encuestas han demostrado que los judíos israelíes prefieren a Trump en lugar de Biden en un 70 por ciento a 13 por ciento. Mucho se ha escrito sobre la creciente brecha entre los judíos estadounidenses e Israel en términos de valores e identidad judía. En particular, el aferrarse con la ocupación y el creciente autoritarismo del régimen de Benjamin Netanyahu han provocado una creciente desilusión con Israel, especialmente entre los jóvenes judíos progresistas en América del Norte. Por un lado, está el inconfundible giro de Israel hacia la derecha nacionalista; por el otro, el compromiso de los judíos estadounidenses con los ideales liberales, pluralistas y progresistas, ejemplificados por la difunta jueza Ruth Bader Ginsburg. El icono liberal simbolizó para muchos el papel que el «Tikkun Olam«(reparar el mundo) judío puede desempeñar en la lucha por la justicia social universal. Ahora, las dos comunidades se encuentran no solo separándose, sino también cada vez más en desacuerdo. La mayoría de los judíos estadounidenses ven a Trump como una clara amenaza, mientras que la mayoría de los judíos israelíes lo ven como un aliado que ofrece seguridad y esperanza. Esta divergencia tiene que ver no solo con los diferentes valores de las dos comunidades, sino también con sus posiciones estructurales. Siendo una minoría relativamente próspera y mayoritariamente blanca, el grado de respaldo de los judíos estadounidenses a los demócratas es sorprendente. Un estudio de 2015 encontró que el apoyo judío a los demócratas era un 40 por ciento más alto que el de los no judíos en posiciones socioeconómicas similares. Y si bien parte de esto se puede explicar en los niveles de educación y concentración judíos en las áreas metropolitanas, esto está claramente lejos de toda la historia. El modelo de ciudadanía inclusiva del Partido Demócrata se ajusta a las aspiraciones de los judíos estadounidenses de cultivar una identidad minoritaria cultural y religiosa junto con la participación cívica. En tal modelo, el particularismo judío y la ciudadanía estadounidense universal se refuerzan mutuamente como dos caras de la misma moneda. El carácter cristiano abrumadoramente blanco del Partido Republicano, por otro lado, es mucho menos complaciente en este sentido. La fuerte base evangélica del Partido Republicano y su conservadurismo social infundido por el cristianismo han disuadido a la mayoría de los judíos de considerarlo un hogar político. En los últimos cuatro años, las conexiones de Trump con la extrema derecha han agregado una dimensión antisemita explícita a esta ecuación. Trump se ha negado repetidamente a denunciar a los grupos supremacistas blancos y la conspiración antisemita de QAnon (Secta de apoyo a Trump donde se difunde las teorías conspirativas más extravagantes de la derecha. N del T). Los políticos republicanos habitualmente invocan conspiraciones con respecto al financista judío húngaro George Soros, mientras utilizan su apoyo a Israel para desviar las acusaciones de antisemitismo hacia ellos. El cambio en la retórica del Partido Republicano bajo Trump ha revelado que la asimilación general de los judíos blancos a la blancura tiene límites claros. Los comentarios de Trump a los judíos estadounidenses, en los que se refirió a Israel como «su país» y a Benjamin Netanyahu como «su primer ministro», traicionaron su comprensión de los judíos estadounidenses como no totalmente estadounidenses, de acuerdo con su noción exclusivista general de ciudadanía. El ataque mortal de 2018 a la sinagoga de Pittsburgh por parte de un nacionalista blanco que se suscribió a las teorías de conspiración amplificadas por el Partido Republicano que involucran a Soros e la inmigración, mientras tanto, mostró en los términos más crudos los peligros de la normalización de Trump de la supremacía blanca. El lugar de los judíos en un EE.UU. nativista está lejos de ser seguro, y está claro por qué rechazan abrumadoramente esta visión política. El apoyo israelí a Trump se basa de manera similar en realidades estructurales y está vinculado a la transformación del sistema político de Israel en los últimos 20 años. La lenta pero segura desaparición de la solución de dos estados, y la incorporación efectiva de la ocupada Cisjordania a Israel, marcan el surgimiento de un sistema político de un solo estado en el que el dominio judío está asegurado a través de la erosión de las características democráticas de Israel. Si los judíos estadounidenses son una minoría, los judíos israelíes están en la posición opuesta. Constituyen un grupo hegemónico de aproximadamente el 50 por ciento de la población en Israel-Palestina. Como escribió recientemente Raef Zreik en la revista +972, la Ley del Estado-Nación Judío de 2018 detalla el nuevo modelo de dominio político judío, con la degradación de la ciudadanía para los palestinos en Israel y el compromiso con los asentamientos judíos como un «valor nacional». A medida que la permanencia de la ocupación se vuelve cada vez más obvia, Israel ya no puede mantener sus credenciales democráticas y presentarse como una isla de liberalismo en el Medio Oriente. Esto explica por qué Israel ha buscado en la última década posicionarse como un aliado estratégico de la creciente derecha autoritaria, revanchista e islamofóbica global, encabezada por Jair Bolsonaro, Narendra Modi, Viktor Orbán y, por supuesto, Trump. Por ahora, esta alianza parece estar funcionando con los intereses de Israel, en un mundo cada vez más antiliberal. Los comentaristas israelíes de derecha que apoyan a Trump han adoptado una retórica de extrema derecha y han hablado en términos despectivos e incluso antisemitas sobre el apoyo de los judíos estadounidenses a los valores liberales. Los subrogantes clave de Netanyahu han descrito a J Street como “Jew Boys”

Nacionales

“A la sombra de las luces”

Escribe Todorov en “Goya, a la sombra de las luces”: Nuestra mente sólo conoce imágenes de las cosas, nunca las cosas en sí. Los hechos son siempre ambivalentes y son frecuentes los cambios de perspectiva. Los buenos se convierten en malos, y las víctimas de ayer son hoy verdugos. Septiembre 1982, cárcel de Villa Devoto. Salgo en libertad y voy con familiares de preses a tomar un vino al bar que está frente al penal. Estoy sentada charlando y veo por la ventana a una mujer en la vereda que me hace señas para que me acerque. Me levanto mientras quienes me acompañan le hacen gestos para verificar si quiere hablar conmigo. Lo confirma y empiezo a caminar hacia la puerta del bar mientras me pregunto ¿qué querrá este fantasmón?  Los demás me piden que no vaya, que tenga cuidado. Tienen sus motivos, aún hay desapariciones. Me encuentro con la mujer. Es una de las enfermeras del penal, y me pide que sigamos caminando hacia la esquina para que no nos vean los guardias que vigilan desde la pasarela. Todo se desarrolla muy rápido entre nosotras. La mujer está ansiosa por decirme algo y yo tengo miles de interrogantes, y miedo, porque lo que está pasando me resulta  incomprensible. En un momento detiene su marcha, me mira a los ojos y me dice algo así como: Quiero que sepa, y lo tenga en cuenta, y que se lo diga a las personas con las que se va a encontrar, que siempre voy a ayudar a sus compañeras y que no voy a hacer nada que las pueda perjudicar. La miré,  atiné apenas a agradecerle y volví al bar.  Con esa enfermera había hablado muy pocas veces. En el bar me sentí nuevamente  presa,  pero esta vez porque no entendía qué estaba pasando. Si bien me habían dejado libre, mi futuro era muy incierto y empezaba para mí un período de mucha inseguridad y riesgo personal. ¿Qué podía garantizarle yo, en esa situación, cuando mi futuro era tan impredecible y de tanta fragilidad? ¿Qué la llevó a pensar que yo podía interceder por ella y ante quiénes? Y el juego de espejos víctima – victimaria se me presenta reflejado en lo que queda del vino. Berta Eugenia Falicof CABA, septiembre /2020

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LAS CHICAS

Por: Ariana Sacroisky Para Luisa Luisa nació en Buenos Aires en 1922, al poco tiempo de que sus padres, Rebeca y Zolmen, llegaran a La Argentina. Hasta los 27 años su vida fue como la de cualquier chica. Tocaba el piano con gusto y bordaba flores en centros de mesa. Sus padres le habían elegido un “buen partido”, Shie, un hombre poseedor de varias máquinas textiles, tejedoras y devanadoras. Nuestra casa de Lavallol y Jonte (Barrio Santa Rita, Villa del Parque) tenía dos pisos. Abajo vivían Luisa, su marido Shie y sus hijos. Arriba, nosotros: los abuelos, mi mamá, mi papá, mi hermana Perla y yo. Israel, el otro hermano de mi papá y de Luisa, vivía con su bandoneón en la pieza de la higuera, al fondo. En los días más felices hacíamos asados en el patio, Luisa tocaba tangos en el piano y su hermano Israel, en el bandoneón. Mi mamá, bailaba feliz… La vida de Luisa cambió completamente a sus 28 años, cuando quedó ciega. Un forúnculo se complicó, derivó en una infección extendida, y de allí, a la pérdida de la vista. Desde ese momento, Luisa pasó a convertirse en la familia en una carga, y, cada vez más, en un ser extraño. Sin movimientos, Luisa fue aumentando de peso y perdiendo forma; su cuerpo se fue atrofiando; su alma, se ensombreció. La vida de Luisa consistía en estar todo el día en la cama, encerrada en una pieza. A la tarde, escuchando las novelas. Los días de sol era cuando la sacaban, pero hasta la puerta… Cuando quería, Shie la montaba. “Soy un hombre, vivo con mi mujer, tengo derecho”, eran sus palabras. El sonido rítmico de las tejedoras y devanadoras se escuchaba de fondo. Así fue que Luisa se embarazó y tuvo a su tercer hijo, en una casa que estallaba de gente. La persona señalada para cuidar de la carga que significaba Luisa era, “naturalmente”, otra mujer: mi mamá. Mi mamá subía la escalera para atenderme a mí, y la bajaba para curar a Luisa; subía la escalera para ir a la cocina; bajaba la escalera para planchar; subía la escalera camino al lavadero; bajaba la escalera para ir al patio y descolgar la ropa, con viento y frío. El día de trabajo nunca acababa para ella. Pero una vez todo cambió. Mi abuela, de un momento a otro, sin decirle nada a nadie, vendió el piano de Luisa. Cuando Luisa se dio cuenta, estalló en desesperación. Salió al patio y gritó:-¡¡El Piano!! ¡¡Me vendieron el piano!! Mi abuela y yo escuchábamos los gritos sentados arriba, en la mesa de la cocina, mientras merendábamos. La Abuela murmuraba lamentos: “¡Qué desgracia Dios! ¡Pobre de mí, tener una hija enferma!”. Al otro día mi abuela se levantó antes que nadie, como siempre, a preparar su mate de leche. Le llamó la atención no encontrar a mi madre en la cocina ocupándose del desayuno. Fue entonces a buscarla a su dormitorio. No estaba. Bajó las escaleras y se encontró con Shie. Él estaba desencajado, absorto: Luisa había desaparecido. Fue al mismo tiempo que la mirada de mi abuela y la de Shie se dirigieron hacia el Modular. Allí había una hoja de papel doblada en cuatro. La desplegaron: Familia: Nos fuimos. Tomamos unas joyas de la abuela en paga por el Piano de Luisa. Saludos Las chicas

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Estación Raquel Liberman

Por: Comisión de Perspectiva de género Existe un proyecto  de la  Legislatura porteña para que a la estación Callao de subterráneo se le sume el nombre Raquel Liberman, en homenaje a la mujer que fue víctima de trata y denunció a la organización Zwi  Migdal, una de las redes más grandes de explotación sexual y trata de Sudamérica en las primeras décadas del siglo XX.“Visibilizar su vida en un espacio público tan transitado es una manera de instalar en la sociedad la importancia que tiene el tema. La trata es uno de los delitos más graves en todo el mundo; la concientización es un deber y terminar con ella es un compromiso de todos”, dijo la legisladora María P.Vischi, autora del proyecto. El proyecto de ley fue sancionado el año pasado por unanimidad, pero requiere de doble lectura. Por eso, el 3 de agosto se hizo una audiencia pública y resta que la ley sea votada nuevamente. Se espera que el próximo 25 de noviembre, cuando se conmemora el día internacional de lucha contra la violencia hacia las mujeres,  la estación pueda estar no solo sancionada sino inaugurada. Se eligió Callao, de la línea D, porque la vida de Raquel Liberman se desarrolló en esa zona. En la audiencia pública del 3 de agosto, participaron entre otros, representantes de organizaciones sociales, la escritora  Myrtha Schalom y también los nietos de Raquel    Liberman. Entre 1875 y 1936 la prostitución fue una actividad tolerada en Buenos Aires y en otras ciudades del país, regida por ordenanzas y reglamentos. José Luis Scarsi ,Investigador de la Biblioteca Nacional y colaborador de la revista Todo es historia, se introdujo en el tema a través del libro El sexo peligroso. La prostitución reglamentada en Buenos Aires 1875-1955(1991), de la investigadora norteamericana Donna Guy. Publicó en 2018 el  libroTmeimm: los judíos impuros. (Editorial Maipué). Scarsi incluye registros del fenómeno ya en 1862. En 1871, año de la epidemia de fiebre amarilla, la Policía de Buenos Aires registró 74 burdeles donde trabajaban 280 mujeres. En enero de 1875 entró en vigencia la primera ordenanza que autorizaba, incluso, la explotación de menores de edad.En1893 la prensa registró la existencia del “Club de los 40”, que reunía «a los individuos que ejercen la compra y venta de esclavas en esta república con ramificaciones en Montevideo y algunos puntos del litoral», según una publicación de la época. Sería el embrión de la gran corporación de rufianes que culminaría en la Zwi Migdal. Esta organización de proxenetas judíos fue una de las tantas organizadas por rufianes de las distintas colectividades, además de los autóctonos;​ había organizaciones de tratantes de blancas constituidas por italianos, españoles, argentinos1​ y de la poderosa mafia marsellesa. Entre sus integrantes se encontraba parte del núcleo fundador de la Sociedad Varsovia como Luis Migdal, Noé Trauman, Bernardo Gutvein y Libert Selender. Los proxenetas  de origen europeo (italianos, franceses, rusos, polacos) vislumbraban en el “negocio” una gran empresa trasnacional que podía llegar a asumir enormes niveles de organización, poder económico y político, con gran capacidad para coimear a las autoridades y alcanzar sus objetivos con menos obstáculos legales. Los proxenetas polacos y rusos no fueron los grupos más numerosos ni los de mayor actividad en el rubro y trata de mujeres, pero sí los que dejaron mayores registros y los que se volvieron más visibles en el imaginario popular. La colectividad judía «se esforzó por identificar y expulsar a los tratantes de mujeres», en particular a través de la Sociedad Israelita de Protección a Niñas y Mujeres, conocida como Ezras Noshim,  que confeccionó prontuarios de proxenetas, denunció sus negocios y protegió a sus víctimas. Desarraigados, los proxenetas   se dieron a la tarea de reproducir las instituciones sociales y religiosas, de las que habían sido separados y se constituyeron como sociedades de socorros mutuos. Su organización más conocida fue la Sociedad de Socorros Mutuos Varsovia, que en 1929, después de una queja del ministro plenipotenciario de Polonia, Ladislao Mazurkiewicz, cambió su nombre por el de Zwi Migdal (Gran fuerza)por el apellido de uno de sus fundadores. La Zwi Migdal  operó hasta 1936. Su sede se encontraba en Buenos Aires, (con sucursales en otras ciudades de Argentina y en otros países). Estaba ubicada en avenida Córdoba 3280, «una casa lujosa de 620 metros cuadrados cubiertos en dos plantas, con calefacción y todo el equipamiento moderno para la época», donde funcionaba un templo. Además la sociedad administraba un cementerio en Avellaneda, actualmente a cargo de Acilba, el organismo que nuclea a la colectividad judeo marroquí argentina. En la localidad santafesina de Granadero Baigorria hubo otra necrópolis destinada a rufianes, madamas y prostitutas, gestionada por una ficticia Unión Hebraica. Estaba conformada por delincuentes de origen judío,​ en su mayoría de origen polaco, que se especializaban en la prostitución forzada de mujeres judías, entre otras. La organización conseguía estas mujeres en aldeas del Este de Europa. Las comunidades judías estaban bajo el peligro constante de los pogroms, además de las difíciles condiciones económicas; los integrantes de la mafia se presentaban como judíos que habían conseguido prosperar en América y que volvían a su tierra para buscar una mujer con quien casarse. Las condiciones objetivas de miseria y violencia hacían que las jóvenes y sus familias vieran en la oferta matrimonial una oportunidad que no podía ser rechazada. En su apogeo, luego de la Primera Guerra Mundial, la organización tenía más de 400 miembros en la Argentina. Llegó a tener ganancias anuales por más de 50 millones de dólares. Sus actividades ilegales fueron duramente combatidas tanto por las organizaciones judías como por parte de espontáneos de la misma comunidad,​ hasta que la denuncia de una ex prostituta forzada, Raquel Liberman, que arriesgó su vida en ello, acabó de desmantelarla. Raquel Liberman nació en Berdichev, actualmente Ucrania, el 10 de julio de 1900. De niña, emigró con su familia a Varsovia. El 21 de diciembre de 1919 se casó con Yaacov Ferber en Varsovia. En l920 nació su primer hijo.  Un año después, estando embarazada de su segundo hijo, Yaacov Ferber emigró solo a Argentina, reuniéndose con su hermana casada y su cuñado en la pequeña aldea de

Comunicados y Declaraciones

A 82 años de la masacre de “La Noche de los Cristales Rotos”

Hace 82 años, la noche del 9 de noviembre de 1938 se inició en diferentes puntos de Alemania la masacre conocida como “La Noche de los Cristales Rotos”. Durante dos días fueron asesinados 91 ciudadanos judíos y 30.000 fueron deportados a campos de concentración. Una gran parte de sus instituciones y templos fueron incendiados. Esas jornadas iniciaron la etapa del aniquilamiento que se operativizó con el despliegue de los campos de exterminio.  El ejemplo nazi fue reproducido en Argentina por la dictadura genocida que instituyó desde 1976 las políticas de desaparición forzadas sobre nuestrxs 30.000 compañerxs.  La lógica nazi aún pervive en los grupos supremacistas, en los formatos guerreristas y en las repetidas matanzas impulsadas por la avaricia imperial. Honrar a las víctimas exige asumir como propio el compromiso repetido por los partisanos: “Con los nazis no se negocia ni se discute. A los nazis se  los combate.” Presidente, Marcelo Horensetein Secretario, Dardo Esterovich

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Ganó Biden: ¿y ahora qué?

Fuente: Atilio A. Boron | Blog de Atilio A. Boron Fecha: 10 de noviembre de 2020 Los demócratas y los republicanos son administradores del imperio, nada más. Pero en su encarnación física, personal, idiosincrática, hay matices que no se deben desdeñar. Fidel siempre decía: “Dios no existe, pero está en los detalles.” Que Elliot Abrams, Marco Rubio, Ted Cruz, Bob Menéndez y la Ileana Ross pierdan su acceso directo a la Oficina Oval que les garantizara Donald Trump revela una diferencia que sería absurdo subestimar. Es sabido que ambos partidos han perpetrado toda clase de crímenes, en todo el mundo y que su simple enumeración insumiría decenas de páginas. Pero en esta reciente elección se corría un riesgo adicional: una ratificación plebiscitaria para mantener por cuatro años más a un  hampón como Donald Trump en la Casa Blanca habría tenido funestas consecuencias para nuestros países. Mencionemos apenas tres. Primera, la inmediata activación de la “carta  militar” contra Venezuela que Mike Pompeo preparara durante su gira de hace apenas un par de meses visitando Brasil, Colombia y Guyana (tres países fronterizos con la nación bolivariana) amén del cercano Surinam. Segundo: un Trump “recargado” habría intensificado las sanciones y el bloqueo en contra de Cuba, Venezuela y Nicaragua y aumentado sus presiones en contra de los gobiernos de Argentina y México, que los asesores más reaccionarios de Trump, aunque parezca mentira, consideran como “aliados” o “cómplices” de la subversión chavista. Tercero, la re-elección del magnate neoyorquino habría reforzado la gravitación regional de Jair Bolsonaro, Iván Duque y la derecha radical en Latinoamérica y el Caribe. Estos tres “detalles”, que no significa sean nimiedades, son más que suficientes para recibir con cierto alivio la  derrota del magnate neoyorquino.[i] En suma: había una elección entre el peor y el malo, y prevaleció el último. Decepcionante, ¡seguro!, pero estas son las “opciones” que el imperio siempre tiene para ofrecer. Desconocer esta verdad, asentada sobre un registro histórico de más de doscientos años, equivale a confundir ilusiones con la realidad. Bien, y entonces: ¿qué decir de Joseph Biden? Es un viejo político (cumplirá 78 años el 20 de noviembre) del establishment conservador norteamericano, con 47 años transitando por los laberintos del poder en Washington.[ii] Fue senador desde 1972 hasta que, en el 2009, juró como vicepresidente a Barack Obama. A lo largo de este casi medio siglo hay  muy poco en su record como para esperar un viraje significativo en la política exterior de Trump, especialmente en el siempre turbulento ámbito de las relaciones hemisféricas. Lo que sí hay es la certeza de que a lo largo de tantos en el Senado fue  cómplice, beneficiario -o por lo menos silente testigo- de la tantas veces denunciada corruptela institucionalizada en Washington, de los jugosos contratos y concesiones ofrecidas a las empresas del complejo militar-industrial y, luego del crash de las hipotecas del 2008, del fabuloso salvataje concedido por el Tesoro al corrupto sistema bancario estadounidense. Todo esto transcurrió bajo su mirada y en ningún momento insinuó disconformidad o incomodidad moral. La renovación o el “nuevo comienzo”, retórica a la cual son tan afectos los presidentes de Estados Unidos cuando desplazan a sus oponentes no se condice con la promiscua relación que Biden -¡al igual que Trump, pero “guardando las formas”!- mantiene con la burguesía imperial. Por ejemplo, su costosa campaña electoral se vio facilitada por el generoso financiamiento que le otorgaron las grandes corporaciones. Un informe revela que Joe Biden recibió donaciones de 44 multimillonarios; pero su acompañante, Kamala Harris, lo superó al obtener aportes de 46 multimillonarios estadounidenses.[iii]  En términos individuales Trump se benefició de la prodigalidad de Sheldon Adelson, el dueño de un casino en Las Vegas y, según The Guardian, un “ardiente conservador pro-israelí” que terminó donando 183 millones de dólares para la campaña del neoyorquino.[iv] Biden, a su vez, recibió un donativo del ex alcalde de Nueva York y magnate de los medios de comunicación Michael Bloomberg por valor de 107 millones de dólares. Como puede verse, parecería haber un pequeña contradicción con el principio elemental de toda democracia de un hombre/una mujer un voto. Porque, ¿qué dudas cabe que tanto Adelson como Bloomberg podrán hacer oír su voz más claramente que las de John y Maggie?, que no pudieron donar siquiera veinte dólares para ningún candidato en la pujante democracia estadounidense. Por eso tiene razón Luzzani cuando habla del “gatopardismo” de Biden. Habrá, eso sí, un cambio de estilo: al olvido pasarán los gestos matonescos y groseros de Trump y compañía (Pompeo y Bolton, especialmente) y, aparentemente, habría una cierta intención de reflotar el multilateralismo y buscar compromisos manteniendo el uso de la fuerza como una alternativa pero no como la primera prioridad. En esa línea Biden prometió su país a los Acuerdos de París sobre el cambio climático; regresar a la Organización Mundial de la Salud para colaborar en la lucha contra la pandemia, y a la UNESCO, de la cual Washington se había retirado aduciendo un supuesto “sesgo anti-israelí” de esa organización. Pero hay que recordar que Estados Unidos había dejado de financiar a la UNESCO en el 2011, bajo la presidencia de Barack Obama y cuando Joe Biden ¡era su vicepresidente! Desde el Senado Biden se preocupó por cimentar la fortaleza del complejo militar-industrial y la estabilidad del sistema financiero en la gran crisis del 2008. Ante la catástrofe sanitaria precipitada por el negacionismo de Trump en relación al Covid-19 podría tratar de resucitar el “Obamacare” como un esquema muy módico de salud pública. Pero acompañó con su voto en el Senado las invasiones a Irak y Afganistán y como vicepresidente avaló las operaciones militares en Libia y Siria. En lo tocante a nuestros países, también en su calidad de vice de Obama, Biden respaldó el golpe en contra de Juan Manuel Zelaya (Honduras, 2009); la intentona golpista en contra de Rafael Correa en el 2010; contra Fernando Lugo  (Paraguay, 2012) y el fraudulento proceso del “impeachment” en contra de Dilma Rousseff, entre 2015 y 2016 en Brasil. No hay, por lo tanto, razones para celebrar nada, excepto la

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Bolivia: el pueblo volvió por sus fueros

Fuente: Carlos Flanagan | Alainet Fecha: 9 de noviembre de 2020 En primer término Choquehuanca juró su cargo y pronunció un breve discurso en el cual resaltó la importancia de superar la división del pueblo y bregar por su hermandad. Remarcó la importancia del poder como herramienta para ayudar sin someter; para buscar la paz y superar el odio, la discriminación y el racismo. “Sabemos que unidos valemos más”. Asimismo se refirió como a pesar de que el colonialismo desestructuró los cánones civilizatorios de los pueblos originarios de nuestra región (el Abya Yala) “no lograron apagarnos; estamos vivos, somos de Tiwanaku, somos fuertes, somos como la piedra”. Posteriormente procedió a investir a Luis Arce en su cargo de Presidente. Un discurso contundente Arce comenzó su mensaje honrando a los ancestros, a los mártires de la liberación, a los asesinados en Senkata, Sacaba y El Pedregal y a todos los héroes que recuperaron la democracia. Fustigó duramente al gobierno de facto que a partir del 10 de noviembre de 2019, lejos de pacificar el país y convocar inmediatamente a elecciones, como había prometido, sembró la muerte, el miedo la discriminación y el racismo y usó la pandemia para prorrogarse. “Sin embargo, a pesar de esas condiciones adversas, a pesar de que la participación del pueblo estuvo amenazada por la violencia del gobierno de facto y grupos paramilitares en las elecciones del 18 de octubre obtuvimos una histórica victoria en las urnas con más del 55%.” Manifestó que ese voto enormemente mayoritario representa la conciencia y organización de un pueblo que no quiere libertad para unos cuantos sino libertad para todos. Nos parece importante subrayar su visión autocrítica cuando afirma: “asumimos este mandato que nos da la población, el pueblo para trabajar incansablemente y con humildad por la reconstrucción de nuestra Patria, y nos comprometemos a rectificar lo que estuvo mal y a profundizar lo que estuvo bien.” Se refirió a la democracia y sus contenidos necesarios, cuando dijo que “de nada sirve elegir a las autoridades mediante el voto si a la vez el pueblo al que se debe la democracia está privado de los derechos fundamentales, como los de acceso a la salud, a la educación, al trabajo, a los ingresos y a la vivienda”. Respecto a la justicia, manifestó que creía en el reforzamiento de la institucionalidad del Estado, generando un ambiente seguro y estable en el cual “los únicos que deben temer son los infractores, los criminales, los violentos y los que cometan actos de corrupción.” La situación económica Una parte medular de su discurso fue destinada a describir la crisis triple por la que atraviesa Bolivia: la política consecuencia del golpe de Estado, la sanitaria producto de la aparición del Covid-19 y la falta de una respuesta integral adecuada y la económica derivada de la política del gobierno de facto – instaurada antes de la pandemia – que en menos de un año, ha hecho retroceder a todas las conquistas logradas a partir de 2005 en el proceso de cambios. Transcribimos algunas de las cifras mencionadas por Arce como indicadores elocuentes del actual desbarajuste de la economía. Bolivia pasó de haber liderado por seis años en sus índices de crecimiento económico en el período 2006 – 2019, a tener ahora la caída más grande del PIB en los últimos 40 años: un 11,1%. Las reservas internacionales netas (RIN) del país bajaron un 13% desde noviembre 2019 al mes de octubre 2020: de 6.459 millones de USD a 5.578 millones. En el mismo período la dictadura endeudó al país en más de 4.200 millones de dólares entre deuda interna y externa. Para enfrentar y superar este complejo panorama económico y social con aumento del desempleo y la pobreza, se propone reinstaurar el modelo económico social, comunitario y productivo, que dinamice la economía plural y el mercado interno con crecimiento y redistribución del ingreso. Tarea que no será fácil teniendo en cuenta la actual coyuntura económica mundial recesiva. Un claro mensaje al mundo Fue explícito al anunciar la lucha que su gobierno librará por un mundo multipolar, sin la supremacía de ninguna potencia, el saqueo de recursos naturales, el racismo, la discriminación o las amenazas o presiones de tipo alguno. Para ello ratificó la política de no intervención, no alineamiento, autodeterminación de los pueblos y su plena igualdad jurídica y política. La integración Sur – Sur sin la imposición de designios desde el Norte. Reivindicó a la CELAC como la mejor vía de instrumentación de la unidad política en la diversidad en A. Latina y el Caribe y su declaración como territorio de paz en el año 2014. Y por último la recuperación de UNASUR en tanto ámbito de integración y concertación, más allá de la orientación política de sus gobiernos. Algunas conclusiones En primer lugar saludamos los contenidos de ambos discursos. Asimismo consideramos a esta nueva dupla del MAS al frente del gobierno de Bolivia en mejor disposición y condiciones de llevar adelante una gestión que necesariamente deberá ser de gran cercanía, diálogo, consulta y concertación con el amplio y diverso mundo de las organizaciones sociales (de trabajadores, pueblos originarios, organizaciones locales, etc.). Será con la activa y vigilante participación del pueblo que se garantizará tanto la re implantación y posterior profundización del denominado modelo económico, social, comunitario y productivo como el desbaratamiento de los latentes intentos desestabilizadores de la oligarquía boliviana – racista, discriminadora- y sus agentes instrumentales de turno.- Carlos Flanagan Ex-Secretario de RR. II. del Partido Comunista de Uruguay. Ex-Embajador de Uruguay ante el Estado Plurinacional de Bolivia.

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Elecciones en Estados Unidos: final anunciado

Fuente:  Santiago O’Donnell / Página/12 Fecha: 9 de noviembre de 2020 Al final no hubo crisis institucional, ni sangrienta revolución en las calles, ni derrumbe democrático. Donald Trump pataleó, demandó, insultó y amenazó como si fuera un personaje despedido de su propio show.  Mientras tanto el traspaso de poder real a Joe Biden no lo pronunció ninguna corte electoral, ni organismo oficial, ni siquiera los propios candidatos.  Ocurrió cuando las cadenas de televisión, agencias de noticias, portales de diarios y demás reconocidos medios de comunicación empezaron a informar, casí al unísono, que según sus cálculos, el candidato demócrata había alcanzado los 270 electores.  La cantidad necesaria para hacerse elegir presidente.  A partir de entonces, esos medios empezaron a llamarlo “presidente electo Biden”. El primero en declarar ganador a Biden había sido la cadena CNN a las 11 y 24 del sábado, horario de la costa este. Durante el minuto siguiente hicieron el anuncio las cadenas NBC, CBS, ABC y el sitio de noticias MSNBC. A las 11:36 fue el turno del Washington Post y a las 11:40, en la voz de su presentador más respetado, Chirs Wallace, se pronunció la cadena Fox News. Si quedaba alguna duda se terminó de despejar cuando la propia Fox, principal arma mediática de Trump, dejó colgado durante horas una chapa roja en la esquina inferior de la pantalla, con la leyenda “Biden presidente electo». Y ahí se acabó todo. O sea, en determinado momento, el avance del conteo llevó a cinco, seis o diez instituciones privadas e  independientes de los tres poderes del gobierno, en base a su demostrable experiencia en la recolección y publicación de información de actualidad, llegando casí todos al mismo tiempo, o sea con mas o menos las mismas fuentes de información, a anunciar que había ganado Biden.  El traspaso de poder fue instantáneo, inmediato e inapelable y aún no había intervenido ni un solo actor estatal. Ni siquiera el presidente electo, que acompañaría con un tuit recién minutos después del coro de anuncios y que recién se mostraría en público muchas horas más tarde, después del anochecer La suerte está echada. Lo dice todo el nombre que los propios estadounidenses eligieron para nombrar esta etapa devaluada del mandatario actual. Lame duck. Pato rengo. Andá a protestar a tribunales, pato rengo. Ahora manda Biden, dice la realidad. No debería sorprender a nadie. Cuanto menos actúan las instituciones más fuertes son,  diría Althusser. No quiere decir que las instituciones estadounidenses sean buenas o malas, mejores o peores que las de Venezuela o Rusia. Pero tampoco parece prudente agarrarse de algunas demoras en procesar una inédita cantidad de votos por correo, en medio de una pandemia, más alguna protesta callejera alentada por un candidato mal perdedor, para concluir que esta elección fue algo más que una metáfora del derrumbe del imperio americano. Se va Trump, llega Biden, los procesos continúan. No cambia todo, tampoco cambia nada. El presidente anterior, Mauricio Macri, tenía una relación personal con Donald Trump que facilitó al país el acceso a importantes créditos. La relación siguió siendo buena bajo la presidencia de Alberto Fernández, quien había sido uno de los interlocutores habituales de la embajada estadounidense durante su gestión como funcionario de los gobiernos kirchneristas.  Los demócratas suelen llevarse bien con los gobiernos peronistas. Los latinoamericanistas del partido Demócrata tampoco son demasiados y en el gobierno hay quienes los conocen bien. Por lo que es muy probable que las relaciones sigan siendo buenas, sin mayores sorpresas.

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