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Cambiemos: negar y rezar

Fuente: Ricardo Aronskind | El cohete a la luna Fecha: 9 de SEPT 2018 Antes del descalabro de abril y mayo, el cálculo económico-electoral de Cambiemos incluía la perspectiva de una contracción económica en la segunda mitad del año, que se superaría en los primeros meses de 2019, para ir ganando consistencia y acrecentar la fuerza electoral a medida que se acercaran las elecciones de octubre. El dibujito de la trayectoria económica prevista para este año tenía la forma de una curva descendente, que luego invertía la tendencia y repetía, de alguna forma, el “éxito” de 2017. Pero el descalabro cambiario, reflejo del descalabro de la re-regulación caótica a favor del capital protagonizada por Cambiemos, empezó a modificar el cuadro. El susto del macrismo a partir de la huida del capital especulativo fue tan grande, que corrió a abrazarse a una de las instituciones madre del capitalismo que les gusta, el FMI. Ese organismo, con evidente visto bueno norteamericano, aportó todo lo posible para incrementar los fondos líquidos macristas para sobrellevar la contingencia, pero sin renunciar a su línea previsible e inexorable: el ajuste fiscal. Si algo faltaba para completar el cambio de escenario fue la sumatoria de impericias, confusiones y caos interno que derivaron en el salto del dólar a más de cuarenta pesos, para luego moderarse un poco. Ese desborde de desorganización económica, definitivamente, dejó atrás las moderadas curvas de contracciones y expansiones manejables desde el tablero de medidas que admite el recetario macrista. Explotó el termómetro En un artículo anterior en El Cohete, advertíamos del peligro social que representaba “un dólar a 30”, porque si bien volvía más viable el modelo macrista en materia externa –o en todo caso, demoraba su crisis—, lo hacía muy dañino en lo social y por lo tanto inviable políticamente. Pero el dólar hoy está en 37. Es un número catastrófico en términos de las derivaciones de precios relativos e impacto en tres cuartos de la población argentina. Es mortífero en el contexto regulatorio de este gobierno. Todos los experimentos neoliberales que hemos vivido en nuestro país tienen ciertas características inconfundibles en cuanto a la vivencia social: nos hunden a todos, querámoslo o no, en el más atroz cortoplacismo, dependientes todos de una variable volátil que siempre está al borde de algún precipicio al que estamos permanentemente por caer. Por lo tanto, que el dólar frene de subir, y que se estacione en un nivel grotesco, desproporcionado, parece un alivio. Pero es una catástrofe. El día que arribó a casi 42$, si hubiera un gobierno nacional en Argentina, se debieron haber tomado mínimas medidas de defensa del bienestar básico de las mayorías y del mercado interno: desdolarización inmediata de todas las tarifas públicas, establecimiento de retenciones en serio, capaces de compensar el impacto del delirante aumento de la divisas en los costos de alimentos básicos de la población, y prohibición de indexación automática –y caprichosa— al dólar de los precios finales de los bienes e insumos fundamentales. Nada de eso se hizo, y ahora, con el dólar a 37, a 35, o a 42, vendrá un tremendo golpe adicional inflacionario sobre el grueso de la población argentina. Esto es fundamental: todavía no hemos visto nada, a pesar que ya el deterioro productivo y salarial es palpable. Lo que pasó –el salto del dólar— fue un terremoto en el centro de Pacífico; ahora el tsunami se viene hacia las costas de la sociedad real, que ya está parcialmente inundada. Si se observa bien, el gobierno de Cambiemos ha logrado que el acceso o no al alimento de parte de la población dependa hoy de las timbas diarias en el mercado de cambios, cuyo trasfondo es la fragilidad financiera provocada por la actual gestión. Mayor desaprensión social, imposible. Efecto acumulativo En el mundo de los neoliberales, muchos de los cuales hoy se dicen opositores, es cuestión de jugar con el formato de la curva que mencionábamos al comienzo: un poquito más profunda (habrá más recesión), un poquito más larga (la reactivación comenzará en mayo). Siempre dejando espacio para la esperanza de poder repuntar y llegar victoriosos a derrotar nuevamente al populismo en 2019. Lo que no parecen comprender los analistas de Cambiemos y sus repetidores en todo el sistema de dominación mediático, es que las “cosas que pasaron”, provocadas por ellos mismos, desbarataron todos los planes económico-políticos del neoliberalismo vernáculo. La profundidad de la contracción económica es inconmensurable: el gobierno ha puesto en marcha todos los mecanismos posibles para promover la contracción económica. Caída del salario y del consumo; derrumbe de la inversión privada; reducción del gasto público y de la obra pública. Sólo promesas exportadoras de escasa relevancia en el corto plazo y de casi nulo impacto en la dinamización del mercado interno. Han asumido compromisos internacionales para endurecer aún más las restricciones: todo lo negociado con el FMI, incluido el completamente fantasioso déficit 0 para 2019, apuntan a que no haya prácticamente ninguna política pública impulsora de la demanda. No hay freno para una declinación que ya empezó en mayo pasado. Ignoran que todos los factores contractivos puestos en marcha se potencian mutuamente: la destrucción de ingresos personales y empresariales provocadas por el tarifazo, destruye ventas y puestos de trabajo, que a su vez destruye empleo, consumo e ingresos. Es un proceso acumulativo que no tiene freno en el esquema actual. El gobierno se ha juramentado ante todos los dioses a contribuir en esa dirección. Los derrumbes previsibles no son normales. Por ejemplo hoy, comienzos de septiembre en localidades del interior, ya el 30% de la población no puede afrontar las tarifas energéticas. Hace meses hay sectores poblaciones que piden prestado para pagar tarifas… (¿Cuándo se corta la cadena?). Los créditos UVA se transformaron en trampa mortal para quienes creyeron en la milagrería neoliberal. La morosidad crediticia en general va a espiralizarse, así como las largamente reportadas interrupciones en la cadena de pagos. ¿Cuánto tiempo demorará en que esto afecte la salud de las carteras bancarias? Siguen pensando en un esquema de

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Señales desde la cloaca de los servicios

Fuente: Jorge Elbaum | El cohete a la luna Fecha: 09 de SEPT 2018 La santa triple alianza compuesta por servicios de inteligencia, medios de comunicación hegemónicos y fracciones del poder judicial viene montando recurrentes operaciones dispuestas a ocultar el profundo deterioro económico y social generado por las políticas neoliberales del gobierno macrista. Cuánto más profundo es el deterioro económico y social, más columnas de humo se producen para nublar la catástrofe. Entre los manotazos de ahogado irrumpe, desordenadamente, el hedor de las cloacas más espurias, proveniente de los sótanos del espionaje ilegal, asociados a persistentes vínculos funcionales con magistrados impresentables y con agencias de inteligencia extranjeras. El último 13 de agosto, el abogado Francisco Montanaro, letrado defensor del Auditor General de la Nación Javier Fernández, recusó al juez Claudio Bonadío bajo la imputación de ser parcial y de pretender confundir a su cliente con Antonio Horacio Stiuso, alias Jaime. La imputación contra el integrante de la Auditoria se fundamentó en el testimonio del ex juez Norberto Oyarbide, quien sugirió que Stiuso y Javier Fernández le habían exigido que acelere un fallo. La recusación de Montanaro fue rechazada por la Cámara, pero promueve una línea de interrogantes sobre el rol autónomo de los servicios de inteligencia y el entramado orientado a extorsionar al sistema judicial en su conjunto para proscribir (y/o encarcelar) a Cristina Fernández de Kirchner y –con ella— a la referente política de un porcentaje creciente de la sociedad argentina. En el escrito presentado por Montanaro se atribuye a Bonadío –a partir de las fotocopias de los (supuestos) cuadernos del suboficial del ejército Oscar Centeno— haber confundido de ex profeso a Fernández y Stiuso. En las reproducciones publicadas por el diario La Nación aparece una anotación marginal en la que se consigna: “19/10/15. 19.50 hs. lo llevé al Licenciado Baratta y Nelson a Andonaegui 2148, decían que tenían que ver a ´J´ de Javier de inteligencia me parece”. Según Montanaro, el juez Bonadío eludió esas dos relevantes líneas con el objeto de brindarle una cobertura (y salvoconducto) a quien hoy es su aliado en la guerra contra el kirchnerismo: “Entonces recién este profesional –refiere Montanaro— pudo correr el velo de la trama y deducir que la anotación del día 19 de octubre de 2015 inicialmente contenida en las actas indagatorias precedentes y omitida en la que le fuera aplicada a mi asistido, tenía que ver con la presencia de J, resultando de público y notorio en el ámbito judicial y político que J, no es otra persona que “JAIME, nombre de guerra del Agente de Inteligencia y Director de Operaciones de la SIDE, ANTONIO STIUSO.” Otro de los datos aportados por Montanaro remite a que el domicilio de Javier Fernández coincide con la dirección de oficinas cuya titularidad pertenecía al grupo Veintitrés, del cual formaban parte Sergio Szpolski, Darío Richarte y Juan José Gallea. Este último, también con iniciales “J”, fue director de finanzas de la SIDE en época de la primera Alianza, luego gerente financiero del Grupo Veintitrés –del que figuraba Szpolski como titular— y en la actualidad recuperó su anterior puesto de gerente financiero de la AFI, dirigida ahora por Gustavo Arribas y Silvia Madjalani. También, por obra de la más absoluta casualidad, dos de ellos —Richarte y Gallea— fueron socios de varias empresas, entre las que se encontraban Panificadora Balcarce y Magnum Sabores, donde revistió como empleada jerárquica, durante cinco años, la actual esposa de Antonio Horacio Stiuso, María Cecilia Rossero. El escrito de Montanaro asocia la causa de los cuadernos con la intencionalidad de Bonadío de proteger (“desplazar de la escena”) a Stiuso, junto a su entramado político/comercial conformado por el vicepresidente de Boca Juniors (Darío Richarte) adláter del presidente de la comisión directiva, Daniel Angelici, y de Juan José Gallea. Según Montanaro, la protección hacia “Jaime” se encuentra íntimamente ligada al rol cumplido por el ex espía en varias de las operaciones mediáticas acaecidas en los dos últimos años. Por detrás del estrecho desfiladero, entre la prevaricación y la protección de socios, que Bonadío recorre desde hace en su denodado afán por perseguir a CFK y demás funcionarios kirchneristas, se divisa, cada vez con mayor claridad, un entramado de servicios carentes de gloria, de la cual Stiuso parece ser una de las puntas de la madeja.

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¿Fríamente calculado?

Fuente:  Carlos Heller | TiempoAR Fecha: 09 SEPT 2018 Las consultas de los analistas financieros eran apasionadas, y se sucedían día tras día a medida que subía el valor del billete: no se entendían los motivos de la disparada del dólar. «¿Cómo es que las fuertes ventas del Central no llegan a calmar al billete?», se preguntaban. «¿Cómo es que está subiendo la divisa norteamericana con muy poco volumen de transacciones?» Las respuestas eran tan variadas que en realidad no eran respuestas, sino intentos de explicar lo desconocido. Marcelo Bonelli comentó el viernes, que «David Lipton, el vicedirector del Fondo, fue quien monitoreó y autorizó en las últimas jornadas al BCRA a intervenir en el mercado de cambios. Hubo contacto directo con Luis Caputo». También aclara: «Es confidencial, pero se conoce que los funcionarios de Washington alentaban –en las últimas dos semanas– la suba de la cotización» (Clarín, 17.09.18). Hace tiempo que vengo sosteniendo que el gobierno nacional se siente cómodo con el aumento del dólar, porque le soluciona varios frentes: reduce las salidas de divisas por turismo, achica el saldo de las Lebac en dólares (hoy alcanzan a los U$S 16 mil millones, cuando en abril de este año llegaban a los U$S 68 mil millones). Pero, por sobre todo, achica el salario en dólares, uno de los principales objetivos del gobierno, para «mejorar la competitividad» y lograr la «llegada de inversiones directas». Los datos «revelados» por Bonelli llevan a pensar que la «tormenta de frente» venía desde el FMI y del propio gobierno argentino, que comulga con las ideas del primero, con el objetivo de depreciar la moneda argentina y adjudicar dicha conducta a los siempre esquivos «mercados», a la situación internacional y hasta a los «cuadernos», que vienen sirviendo para múltiples justificativos por parte del oficialismo. Siguiendo con los dichos de los personajes de Chespirito, o «estaba todo fríamente calculado» o fue «sin querer queriendo». Lo cierto es que se instaló una fortísima devaluación en la economía argentina con un efecto sin atenuantes sobre el poder de consumo de la población. Un ejemplo: ante una cosecha de trigo que se estima récord, el precio de la bolsa de harina de 50 kg pasó de $ 250 en febrero a unos $ 750 en junio y actualmente se está cotizando entre los $ 1000 a $ 1200 (como en otros productos, hay una gran anarquía en los precios). Esto llevaría al kilo de pan a un precio de entre $ 80 y $ 90. Para Kantar Worldpanel, en la segunda mitad de 2018 el consumo masivo vivirá una de sus peores caídas históricas, con una baja de casi 5% en el volumen de ventas de artículos de la canasta básica: alimentos, bebidas, tocador y limpieza. Una cruel cara del ajuste. Días difíciles La diputada Elisa Carrió sostuvo que se vienen seis meses donde los argentinos vivirán «los días más terribles» de la historia y a partir de julio de 2019 comenzarán a verse los resultados del programa de ajuste impulsado por el gobierno nacional. Para Carrió, esos resultados serían positivos («Yo estoy viendo una luz, la salida al final del túnel», expresó), al contrario de lo que esperan muchos analistas. Leyendo entrelíneas a Carrió, pareciera que la estrategia del gobierno es ajustar fuerte desde ahora, incluso más de lo necesario, para luego intentar dar un alivio previo a las elecciones (una mejora que partiría de los muy bajos niveles a los que se llegará) con la intención de evitar la fuga de votos del oficialismo. Los análisis de Moody’s no ven la luz al final del túnel, al menos en el próximo año. «La caída (del PBI) va a ser mucho más fuerte de lo que se dice, creemos será del 3% este año», dijo Gabriel Torres, su gerente en Nueva York. «Si bien no tenemos un modelo, el año próximo va a haber caída. Vas a tener una corriente algo negativa por lo fiscal y las tasas altas que no van a bajar. Lo bueno será la cosecha.» Una caída que, según Torres, podría extenderse a 2020. Recientemente, la BBC entrevistó al Nobel Joseph Stiglitz, quien fue claro al definir las medidas del actual gobierno argentino: «Cuando llegó, (Macri) confió demasiado en la idea de que habría un ingreso de capital de inversión extranjera. Y cometió un gran error al recortar los impuestos a la exportación, que eran una importante fuente de ingresos, al aumentar el déficit, el monto que tenía que tomar prestado, el costo de los alimentos, y reducir los salarios reales de los trabajadores». El Nobel también reflexionó: «Los términos que Macri acordó con los ‘buitres’, el enorme obsequio después de que Argentina sacrificó tanto, creo que fue desmesurado y le planteó a Argentina un problema a futuro». El Nobel propuso incluir, en la reestructuración de la deuda, un nuevo reperfilamiento de los vencimientos, en especial de los de corto plazo. Para sostener tal opción, Stiglitz observó que «de lo contrario, los costos que probablemente se impongan a través de la austeridad serían demasiado grandes». El Nobel no evalúa que esta reestructuración excluya a Argentina de los mercados internacionales, y citó que «en el caso de Grecia, han sido (los funcionarios del FMI) los defensores más firmes de la necesidad de reestructuración». Creo que habrá que ver si para el FMI Grecia es igual a Argentina. Al menos, esperemos que los próximos ocho años de nuestro país no se parezcan a los durísimos últimos ocho de Grecia. Es la política En su columna, Bonelli describió la situación: «los banqueros tienen dudas por dos cosas: cómo hará Argentina para cumplir sus pagos en el 2020 y qué continuidad política habrá después de las elecciones». Sostiene que quieren ver un acuerdo de Macri con el peronismo «racional». Y que esa es la condición para que el FMI amplíe el monto del préstamo de U$S 50 mil millones. La aprobación del Presupuesto 2019 es esencial, y ya hay varios gobernadores que estarían dando su aceptación y

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La verdad que hay que ocultar

Fuente: Edgardo Mocca | Página 12 Fecha: 09 SEPT 2018 Durante los años de los gobiernos kirchneristas -particularmente en la última etapa- el plan A de la derecha argentina fue el final catastrófico de la experiencia. Una Argentina en llamas después de años de populismo era una garantía para el futuro, el escarmiento para cualquier nuevo intento por cambiar las reglas de juego de la democracia neoliberal. Y además del escarmiento, el final incendiario crearía las condiciones para reabrir el experimento neocolonial “interrumpido” por la catástrofe de 2001. ¿Quién podría levantar la cabeza en contra de un ajuste salvaje en nombre de una política que defendiera el mercado interno, valorizara el trabajo y protegiera a los más pobres? La escena de estos días es lo más parecido a ese incendio regenerador largamente esperado. La particularidad es que el sueño se hace realidad en medio de la gestión de un elenco de fundamentalistas pro-mercado y que esa realidad es exclusivamente el resultado de las políticas puestas en marcha desde el primer día de gobierno de Macri. Devaluación, desregulación, ganancias adicionales para la cúpula del poder económico, endeudamiento sideral y sin antecedentes, baja de salarios que hacen caer la demanda, apertura a las importaciones que agrede a las pymes, fomento de la timba financiera y la fuga de capitales. De esto se trata. Ahí está la clave de la política de hoy. En el hecho de que la catástrofe es el producto de la política de Macri. Y que esta consiste justamente en la reversión de las políticas populistas del período anterior. El barullo de los gurúes económicos para tratar de demostrar que la causa de todo es la impericia del “equipo económico” muestra cuál es la verdad que hay que ocultar. A salvo Macri –sobre todo si se decide a poner de ministro de Economía (no de Hacienda) a alguien del corazón de la city–; y a salvo el modelo, claro está que depurado de gradualismos insensatos. La retórica del Presidente está en esa misma sintonía. ¿Qué lograron las tormentas, Brasil, Turquía, los cuadernos y otras yerbas? Lograron que a los argentinos no nos quede otro remedio que dejar de gastar como si fuéramos ricos. Profecía autocumplida: los trabajadores terminan advirtiendo que vivieron doce años en una mentira, bajo la forma de un grado modesto pero real del mejoramiento de su calidad de vida. Esto ha quedado demostrado. Lo demostró Macri con su política. Entonces la propuesta es: ahora sí. Ahora empieza realmente el ajuste, la vuelta a la realidad que pone a cada uno en su lugar. Y por eso tenemos que pasar por la recesión, la inflación descontrolada, el aumento de la pobreza, la desocupación y sus secuelas sociales, culturales y espirituales. Toda la retórica gira entonces en torno de esta monumental mentira, la de ocultar que lo que vivimos es el resultado lógico y esperable de la política de este gobierno. Y reemplazar esa verdad evidente a imprecisas y vagas alusiones a los “últimos setenta años” o a la corrupción del gobierno anterior, puesta en escena con el espectáculo fantástico de un poder judicial desquiciado. Sobre el país se descargan dos plagas que interactúan entre sí: la brutal agresión económica y social contra la gran mayoría de la población y la psicopática manipulación informativa desatada por opinólogos de todo género, a través de la cadena nacional de los oligopolios mediáticos. Todo consiste en borrar la verdad e instalar la mentira, disfrazada de opinión independiente. La distancia entre el país real y el país virtual va superando todos los límites. Y los tonos discursivos que va adquiriendo están en el límite con lo patético. Con tono épico nos anuncia el presidente que ha llegado la hora de la verdad. Y la verdad consiste en que hay que aprender a vivir con menos recursos. Se le podría preguntar al presidente –o a cualquiera de sus ministros, de sus periodistas, de sus analistas– ¿por qué? ¿Hay que aprender a vivir con menos recursos que los que teníamos antes de que este gobierno asumiera y el gobierno no tiene ninguna responsabilidad en esto? Lo absurdo de la escena no sería de todos modos tan grave como el daño político que está en condiciones de provocar. Muchísimos argentinos y argentinas viven en medio de una gran incertidumbre que día a día va virando hacia la angustia y la bronca. La sensación masiva de haber sido víctimas de un fraude político colosal no está tan lejana. El problema principal es cómo reacciona la política institucional frente a este estado de ánimo popular. El ministerio de Seguridad acaba de dar la clave de la interpretación oficial: detrás de cada conflicto social hay un conocido referente kirchnerista. Más pluralista, el ministro de Educación había denunciado una “campaña de desinformación impulsada por los kirchnero-trotskistas” detrás de la movilización en defensa de las universidades. Es decir la hoja de ruta del gobierno va en la dirección de la violencia, como lo demuestran además las declaraciones de algunas terceras líneas del macrismo a propósito de la muerte de un chico de 13 años en medio de una protesta popular. A partir de ahora hay argentinos y argentinas de bien, dispuestos a aceptar el ajuste que nos merecemos por derrochones, por un lado, y los promotores de la violencia social por otro. La política institucional tendrá un desafío muy bravo en la discusión parlamentaria del presupuesto. Como el título de esta discusión es “déficit cero” es aconsejable rastrear en la web este concepto. Así nos encontraremos en una épica exactamente igual en los discursos de De la Rúa y Cavallo unos pocos meses antes del derrumbe más absoluto de nuestra historia. Ningún parlamentario puede ignorar qué significa realmente “déficit cero”. Aquellos que lo convaliden con su voto saben a qué consecuencias habrán de enfrentarse. En algunos casos tendrán que resolver si suman este voto a otros que permitieron el endeudamiento salvaje, el bloqueo de la ley de democratización de los medios y el avance sobre un amplio abanico de

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Durante años creí en los Acuerdos de Oslo, pero resultó un engaño

Fuente:  Gideon Levy | Haaretz Fecha:  09 de SEPT 2018 Mientras las manos se sacudían con gran pompa en el césped de la Casa Blanca, las balas silbaban a mi alrededor. Cuando Yitzhak Rabin estrechó la mano de Yasser Arafat, yo llevaba un casco de acero y una chamarra antiaérea. No hay nada metafórico en esta descripción; a mediados de septiembre de 1993, estaba en Sarajevo asediado y sangrando. Cuando parecía que estaban haciendo las paces en Washington, yo estaba en el punto más álgido de una guerra. Llegué a la paz tardíamente. Dos días antes de irme para cubrir la guerra en Bosnia, escribí en Haaretz: «Los cielos no se cayeron hace dos días cuando el primer ministro Yitzhak Rabin firmó una carta reconociendo a la OLP, pero nadie saltó dentro de la fuente en la plaza de la ciudad en un exceso de alegría. Este evento, que no es menos importante que la visita del presidente egipcio [en 1977], evidentemente excita a los israelíes mucho menos. La derecha religiosa radical está molesta, la izquierda se está pellizcando con incredulidad, y la mayoría de los israelíes están más preocupados de cómo este progreso diplomático afectará sus acciones en la bolsa que con el futuro de la casbah en Nablus» (Haaretz, 12 de septiembre, 1993). Unas seis semanas después de la ceremonia, a principios de noviembre de 1993, me reuní con el comandante de los Halcones de Fatah para los campos de refugiados en el centro de la Franja de Gaza. Raafat Abed estaba escondido en el campo de refugiados de Nuseirat; incluso después de la firma, todavía estaba en la lista de los buscados de Israel. Había huido por su vida del servicio de seguridad Shin Bet y de las Fuerzas de Defensa de Israel y estaba durmiendo en una cama diferente cada noche. «Hemos detenido la lucha armada por ahora», me dijo en ese momento. «Estamos obedeciendo órdenes». Recuerdo cómo salí de Gaza por el puesto de control de Erez agitando teatralmente como una ola mi mano. Adiós Gaza, adiós y adiós; no volveremos a usted de nuevo, ciertamente no para cubrir la ocupación. La ocupación había terminado, pensamos. Su final ya era visible en el horizonte. Recuerdo las alegres conferencias de paz de finales de los 90, desde Valencia en España hasta Rodas en Grecia, el viaje inolvidable a Europa con una delegación de legisladores, la mitad de los cuales eran miembros de la Knesset y la otra mitad miembros del consejo legislativo del futuro estado palestino. Estuvieron Marwan Barghouti y Yehudah Harel de los Altos del Golán, el difunto David Tal de Shas, Dedi Zucker y Haim Ramon en una imagen de gran esperanza que aún cuelga sobre mi escritorio. Había esperanza entonces, pero se archivó rápidamente, para no regresar. Esa fue la última vez que alguien habló aquí sobre la paz. Y es solo en retrospectiva que resultó ser una visión engañosa. Yo creía en Oslo. Pensé que Israel quería sincera y honestamente abrir un nuevo capítulo con el pueblo palestino. Hubo muchos como yo. No había prestado atención a los detalles, realmente no veía la imagen completa. Aborrecí a los escépticos que estaban echando a perder la fiesta con sus oscuras y airadas predicciones, aquellos para quienes nunca es suficiente. Realmente quería creer en Oslo. Para aquellos que habían experimentado la realidad que lo precedió, cuando Abie Nathan, activista por la paz, permaneció en la cárcel por reunirse con representantes de la Organización de Liberación de Palestina, el apretón de manos con Arafat no fue más que un sueño. También creía en los motivos de los pacificadores israelíes, que realmente y honestamente querían poner fin a la ocupación en un momento en que todavía era posible hacerlo con relativa facilidad. Pasaron muchos años antes de que despertara del sueño y comprendiera que había caído en una trampa. Podría ser que nadie la colocó intencionalmente, pero no obstante fue una trampa. Yasser Arafat y una gran parte del pueblo palestino también cayeron en ella. Como si Rabin no se hubiera encogido por su apretón de manos con Arafat. Incluso en ese momento, no pensé que no era así como haces las paces. Había más sangre palestina en manos de Rabin que sangre judía en las manos de Arafat. Si alguien hubiera tenido que avergonzarse de la ceremonia de Washington, en realidad era el líder palestino. Arafat estaba estrechando la mano del hombre que capturó las ciudades árabes de Lod y Ramle en 1948, con todo lo que sucedió allí en ese momento, y que más tarde les rompió los huesos en la primera Intifada. Arafat estrechó la mano de la persona que había expulsado y ocupado a su pueblo. Sin embargo, la angustia de Rabin era aparentemente genuina y podría ser perdonado por no contenerse. Lo que no era perdonable, sin embargo, era lo que no estaba incluido en los acuerdos. El pecado original de los Acuerdos de Oslo fue y sigue siendo que no fueron lo suficientemente lejos. Eso hubiera implicado abordar la presencia de asentamientos judíos cuyo alcance que en ese momento era inconmensurablemente más pequeño de lo que es ahora. El hecho de que su destino no haya sido debatido, su estado no haya sido decidido, y lo peor de todo, que no se decidió al menos detener la construcción de asentamientos, es la prueba de las intenciones reales y la valentía de los estadistas israelíes. Los asentamientos se establecieron para arruinar cualquier esfuerzo como Oslo. Ignorar ese problema fue un error crítico. El hecho de que los palestinos hayan accedido a esto demuestra que ellos también cayeron en la trampa. Cualquiera que construya aunque sea un balcón en Cisjordania lo hace con la intención de que nunca sea evacuado. Quienes no acordaron detener los asentamientos en los territorios decían esencialmente que no teníamos la intención de abandonarlos nunca, pero después pasaron años para que esta idea penetrara mis pensamientos. Los Acuerdos de Oslo han perpetuado la ocupación. Le han dado a

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El gobierno de Trump discutió un posible golpe de Estado con militares rebeldes en Venezuela

Fuente:  Ernesto Londoño y NicholasCasey | The New York Times Fecha: 08 de SEPT 2018 El gobierno de Donald Trump sostuvo reuniones secretas con militares venezolanos rebeldes para hablar sobre sus planes para derrocar al presidente Nicolás Maduro, según funcionarios estadounidenses y un excomandante militar venezolano que participaron en las conversaciones. Establecer contactos clandestinos con golpistas en Venezuela fue una gran apuesta para Washington, dado su largo historial de intervenciones encubiertas en toda América Latina. Muchas personas de la región aún sienten un gran resentimiento contra Estados Unidos por haber respaldado rebeliones, golpes de Estado y complots en países como Cuba, Nicaragua, Brasil y Chile, así como por haber guardado silencio ante los abusos que los regímenes militares cometieron durante la Guerra Fría. En respuesta a las preguntas sobre esas conversaciones secretas, la Casa Blanca señaló mediante un comunicado que era necesario participar en un “diálogo con todos los venezolanos que expresan el deseo de restablecer la democracia” con el fin de “aportar un cambio positivo a un país que ha sufrido mucho bajo el gobierno de Maduro”. Sin embargo, un comandante militar de ese país que estuvo involucrado en las conversaciones difícilmente puede ser considerado como un emisario democrático: está en la lista de funcionarios corruptos de Venezuela que han sido sancionados por el gobierno estadounidense. Él y otros miembros del aparato de seguridad venezolano han sido acusados por Washington de un gran número de delitos graves, entre ellos torturar a los opositores del régimen, encarcelar a cientos de prisioneros políticos, herir a miles de civiles, traficar drogas y colaborar con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), un grupo guerrillero que Estados Unidos considera como una organización terrorista. La mayoría de los líderes latinoamericanos están de acuerdo en que Nicolás Maduro, el presidente venezolano, es un gobernante cada vez más autoritario que arruinó la economía de su país ocasionando una escasez extrema de alimentos y medicinas. El colapso desató el éxodo de los venezolanos desesperados que escapan por las fronteras, y con ello abruman a los países vecinos. Al final, los funcionarios estadounidenses decidieron que no ayudarían a los conspiradores, y el plan del golpe de Estado quedó estancado. No obstante, la disposición del gobierno de Trump de reunirse varias veces con oficiales rebeldes que pretenden derrocar a un mandatario de este hemisferio podría resultar políticamente contraproducente. Desde hace mucho tiempo, Maduro ha justificado su autoritarismo con la afirmación de que los imperialistas de Washington están intentando destituirlo de manera activa, y las reuniones secretas podrían proporcionarle argumentos para cambiar la postura de la región que, en general, se muestra en su contra. “Esto caerá como una bomba” en la región, comentó Mari Carmen Aponte, quien fungió como la principal diplomática en asuntos de América Latina durante los últimos meses del gobierno de Barack Obama. Además del complot golpista, el gobierno de Maduro ya ha eludido varios ataques a pequeña escala, entre ellos una descarga de artillería desde un helicóptero el año pasado y un dron que explotó mientras pronunciaba un discurso en agosto. Los ataques han contribuido a la idea de que el presidente es vulnerable. Los militares venezolanos buscaron tener acceso directo al gobierno estadounidense durante la presidencia de Obama, pero fueron rechazados, señalaron los funcionarios. Después, en agosto del año pasado, el presidente Trump declaró que Estados Unidos tenía una “opción militar” para Venezuela, una afirmación que atrajo el repudio de los aliados de Estados Unidos en la región, pero que animó a los militares rebeldes venezolanos a comunicarse con Washington una vez más. “Ahora era el presidente quien lo decía”, señaló el excomandante venezolano que se encuentra en la lista de sancionados durante una entrevista, quien habló con la condición de conservar su anonimato por temor a represalias por parte del gobierno de Venezuela. “No iba a dudar de la información si provenía de ese mensajero”. Durante una serie de reuniones secretas en el extranjero —que comenzaron el otoño pasado y continuaron este año— los militares le dijeron al gobierno estadounidense que representaban a varios cientos de miembros de las fuerzas armadas que no estaban de acuerdo con el autoritarismo de Maduro. Le pidieron a Estados Unidos que les proporcionara radios cifrados, pues aseguraron que necesitaban comunicarse de manera segura, mientras desarrollaban un plan para instalar un gobierno de transición liderado por el Ejército con el fin de gestionar el país hasta que pudieran convocar elecciones. Los funcionarios estadounidenses decidieron no proporcionar el material de apoyo y los planes se vinieron abajo después de un operativo de represión en el que se detuvo a decenas de conspiradores. El recuento de las reuniones clandestinas y los debates políticos que las precedieron se elaboró a partir de entrevistas con once funcionarios y exfuncionarios estadounidenses, además del excomandante venezolano. Este dijo que por lo menos tres grupos distintos dentro de las fuerzas armadas venezolanas habían conspirado contra el gobierno de Maduro. Uno estableció contacto con el gobierno estadounidense a través de la embajada de Estados Unidos en una capital europea. Cuando se informó a Washington sobre este acercamiento, los funcionarios de la Casa Blanca se mostraron intrigados pero recelosos. Les preocupaba que la solicitud de reunirse pudiera ser una trampa para grabar clandestinamente a algún agente estadounidense mientras al parecer conspiraba contra el gobierno venezolano, señalaron los funcionarios. No obstante, conforme la crisis humanitaria de Venezuela empeoraba el año pasado, los estadounidenses decidieron que valía la pena correr el riesgo con el fin de tener un panorama más claro de los planes y los oficiales que buscaban destituir a Maduro. “Después de muchas discusiones, acordamos que debíamos escuchar lo que querían decirnos”, comentó un funcionario gubernamental de alto nivel que no tiene autorización para hablar sobre las reuniones secretas. Al principio, el gobierno consideró enviar a Juan Cruz, un agente veterano de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que recientemente renunció a su puesto como principal autoridad normativa de la Casa Blanca en asuntos de América Latina. Sin embargo, los abogados de la Casa Blanca dijeron que sería más prudente enviar a un diplomático de carrera. Le pidieron al enviado estadounidense que asistiera a las reuniones “solo para escucharlos”, y no le dieron

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«Las medidas de austeridad ralentizarán la economía e impondrán un alto costo en la gente»

Fuente: Gerardo Lissardy | BBC News Mundo Fecha: 06 de SEPT 2018 El premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz lanza un consejo para el presidente argentino, Mauricio Macri: debería pensar en reestructurar la deuda del país. «Si eso excluye a Argentina de los mercados internacionales, que probablemente no lo hará, puede que no sea tan malo», sostiene el estadounidense Stiglitz en entrevista con BBC Mundo. Argentina vive una nueva crisis económica con una gran devaluación del peso y una subida de las tasas de interés al 60%, la más alta del mundo. El país teme que aumente la inflación, la incertidumbre y sobrevuela de nuevo el fantasma del default o cesación de pagos. Macri ha recurrido a la ayuda del Fondo Monetario Internacional (FMI), pero de momento no ha insuflado confianza en la economía. A juicio de Stiglitz, quien fuera economista jefe del Banco Mundial, los errores del pasado de Macri limitan su margen de acción y los costos de las medidas de austeridad que busca imponer podrían ser demasiado grandes sin un reperfilamiento o hasta una posible quita en la deuda. «Este es un problema particular para Argentina, pero una gran crisis para Argentina podría claramente afectar a los otros países (de la región) a través de varios canales», advierte. Lo que sigue es un resumen del diálogo que Stiglitz mantuvo con BBC Mundo tras participar de un evento organizado por la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional (ICRICT) en Nueva York. Usted recomendó en junio (en un artículo junto al economista Martín Guzmán) cambios en la política macroeconómica argentina. ¿Qué piensa sobre las medidas que está aplicando el gobierno? Lo que escribí originalmente es que Macri, cuando llegó, confió demasiado en la idea de que habría un ingreso de capital de inversión extranjera. Y cometió un gran error al recortar los impuestos a la exportación, que eran una importante fuente de ingresos, al aumentar el déficit, el monto que tenía que tomar prestado, el costo de los alimentos, y reducir los salarios reales de los trabajadores. Acabamos de hablar en una conferencia sobre la importancia de la desigualdad, y esa fue una medida que aumentaba la desigualdad porque reduce los impuestos a algunos de los argentinos más ricos y el precio lo pagan algunos de los más pobres. No he seguido todo lo que ha hecho, pero por lo que he visto, ahora subió impuestos a exportaciones como parte de un paquete nuevo. Si lo hubiera hecho originalmente, no estaría en la situación extrema que está ahora. Así que ese es un movimiento en la dirección correcta. Nuestra opinión también era que una parte crítica del error fue el enfoque excesivo en las metas de inflación… Y que se estaba atrayendo más capital especulativo… Exacto. Los tipos de interés excesivamente altos atraen capital que viene por algún tiempo y luego se va. Lo que me preocupa es que una vez que se crea una crisis, como parecen haberlo hecho estas políticas de mala gestión de una forma previsible, el margen de maniobra está muy limitado. Las medidas de austeridad que parece estar imponiendo obviamente ralentizarán la economía e impondrán nuevamente un alto costo en la gente común. Otro instrumento es la reestructuración de la deuda. ¿Usted recomienda eso como una opción? Sí, creo que debes incluir la reestructuración de la deuda. De lo contrario, los costos que probablemente se impongan a través de la austeridad serían demasiado grandes. Hay mucho optimismo irracional, tanto de parte de los prestatarios como de los prestamistas. ¿Sugiere algún tipo específico de reestructuración de deuda? Espero al menos una necesidad, probablemente, de un nuevo reperfilamiento, lo que significa aplazar los pagos inmediatos. Pero sospecho, dada la magnitud de los errores económicos que se han cometido en los últimos años, que tendría que haber una quita en la deuda. ¿De nuevo? De nuevo. Después de la crisis de 2001, hubo una filosofía de que Argentina debería evitar endeudarse mucho en el exterior. Y fue, no quiero decir una bendición, pero no una mala cosa que Argentina haya sido excluida de los mercados internacionales. Fue una especie de disciplina que hizo que Argentina enfrentara las realidades de las restricciones presupuestarias, no necesariamente hechas de la mejor manera, pero al menos evitó una post-crisis. Los términos que Macri acordó con los «buitres», el enorme obsequio después de que Argentina sacrificó tanto, creo que fue desmesurado y le planteó a Argentina un problema a futuro. Y luego los términos en los que pides prestado también son inquietantes. Cualquiera del lado del prestamista debería haber hecho el tipo de análisis que yo y otros hicimos, darse cuenta de que tal vez no era algo bueno. Obtuvieron tasas de interés más altas, una prima de riesgo, y cuando te pagan más por la prima de riesgo tienes que enfrentar el riesgo. Ahora es el momento. Si eso (la reestructuración de la deuda) excluye a Argentina de los mercados internacionales, que probablemente no lo hará, puede que no sea tan malo. ¿Algún consejo a Argentina sobre su negociación con el FMI y qué errores evitar del pasado? Los errores del pasado fueron una austeridad excesiva, la pérdida de autonomía económica nacional… Hay una enorme lista de condiciones que eran inapropiadas para un país en particular. La buena noticia es que en algunas negociaciones recientes han sido más flexibles. En el caso de Grecia, han sido los defensores más firmes de la necesidad de reestructuración. Entonces uno tendrá que ver cuáles son las demandas particulares que impone el FMI. ¿Hay posibilidades de un efecto contagio para el resto de la región, en América Latina? ¿O este es un problema particular de Argentina? Este es un problema particular para Argentina, pero una gran crisis para Argentina podría claramente afectar a los otros países a través de varios canales. Y particularmente en este momento concreto porque los países de todo el mundo con grandes déficits de cuenta corriente, como Turquía, o grandes déficits presupuestarios enfrentan problemas. Hay varios países, no voy a mencionar

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Salvador Allende: un recordatorio y una enseñanza

Fuente: Atilio Borón | atilioboron.com.ar Fecha:  06 de SEPT 2018 Días atrás, el 4 de Septiembre, para ser más precisos, se cumplieron 48 años del triunfo de Salvador Allende en las elecciones presidenciales de Chile de 1970. Con el paso de los años se comprueba, con dolor, que su figura no ha cosechado la valoración que se merece mismo dentro de algunos sectores de la izquierda, dentro y fuera de Chile. En vez de honrar la figura del presidente-mártir y su obra muchos se plegaron irreflexiblemente a las críticas que el consenso neoliberal dominante formuló a su gestión, sin ofrecer un análisis alternativo que tuviese en cuenta las dificilísimas, extremadamente adversas condiciones que rodearon su acceso a La Moneda y toda su labor de gobierno. El advenimiento de la “democracia de baja intensidad” en el Chile pos-Pinochet -producto de una sobrevaluada transición cuyas limitaciones económicas, sociales y políticas son hoy evidentes- corrigió sólo en parte la subestimación que había sufrido la figura de Allende y el gobierno de la Unidad Popular. No obstante, luego de casi treinta años de una decepcionante transición que acentuó las inequidades de la sociedad chilena y su dependencia externa las cosas comienzan a cambiar y, afortunadamente, se notan numerosas tentativas de revalorizar su fértil legado. Se trata de un acto de estricta justicia porque, como lo hemos manifestado en más de una ocasión, Allende fue el precursor del “ciclo de izquierda” que conmovió América Latina (y el sistema interamericano) hasta sus cimientos a partir de finales del siglo pasado. Las experiencias vividas en Venezuela con Hugo Chávez, en Ecuador con Rafael Correa, en Bolivia con Evo Morales en donde se recuperaron los recursos naturales tienen en el gobierno de Allende un luminoso precedente en la nacionalización de la gran minería del cobre en manos de oligopolios norteamericanos, en la nacionalización de la banca, la expropiación de los principales conglomerados industriales y la reforma agraria. Teniendo en cuenta las condiciones de esa época, comienzos de los años setenta, lo que hizo el gobierno de la UP fue una proeza en un país rodeado de dictaduras de derecha y atacado con saña por Estados Unidos. De estricta justicia, decíamos, porque Allende fue un hombre extraordinario de Nuestra América. Un socialista sin renuncios, un antiimperialista sin concesiones, un latinoamericanista ejemplar. Cuando Cuba padecía de un aislamiento casi completo y el Che iniciaba su última campaña en Bolivia Allende asumió nada menos que la presidencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) para apoyar a la Isla rebelde y al Comandante Heroico. Era por entonces Senador por su partido, y ya entonces fueron muchas las voces que se alzaron para reprocharle por su incondicional apoyo a la isla caribeña y a la insurgencia que brotaba no sólo en Bolivia de la mano del Che sino en casi toda América Latina. Yo vivía en Chile en esos años y fui testigo de la campaña de difamaciones, agresiones, insultos y escarnio que se descargó en su contra. El diario El Mercurio, una de las expresiones más indignas del periodismo latinoamericano    –en realidad, no es periodismo sino propaganda y nada más- lo atacaba a diario en sus páginas políticas y en sus opiniones editoriales, invariablemente acompañadas por una caricatura que reproducía al líder socialista en la carta del rey (K) en el naipe de póquer, la mitad superior empuñando una metralleta y sosteniendo en sus manos la campana de Senado en la mitad inferior. El mensaje era clarísimo: Allende no era sino un guerrillero castrista que se había puesto la piel de cordero de un demócrata y que desde su posición en el Senado engañaba a chilenas y chilenos. Este también era el diagnóstico de la CIA, que detectó tempranamente el peligro que su figura representaba para los intereses de Estados Unidos. Ya en la campaña presidencial de 1964 la agencia había movilizado grandes recursos para impedir el posible triunfo de la coalición de izquierda que lo postulaba para el cargo. Documentos recientemente desclasificados demuestran que destinó para tales fines 2.6 millones de dólares para financiar la campaña de Eduardo Frei, paladín de la Democracia Cristiana y la malhadada “Revolución en Libertad” que se proponía como la alternativa a la Revolución Cubana. Y otros 3 millones para financiar una campaña de terror en donde la figura del dirigente socialista era presentada como la de un monstruo que enviaría niños chilenos a estudiar a Cuba o a la URSS y acusaciones por el estilo. En total, unos 45 millones de dólares si los computamos a su valor actual[1] De lo anterior se desprende con meridiana claridad las razones por las que Washington se opuso desde la noche misma del 4 de Septiembre de 1970 a la posibilidad de que Allende asumiera la presidencia de la república. Había triunfado en la elección popular pero al no alcanzar la mayoría absoluta necesitaba ser ratificado como presidente por el voto del Congreso Pleno. Su victoria era un resultado inaceptable en plena contraofensiva imperial, y el dinero invertido para frustrar la llegada de Allende a La Moneda fue mucho mayor que el canalizado para la anterior elección, aunque todavía no hay un consenso acerca de la cifra exacta. Estados Unidos se encaminaba hacia una derrota inapelable en Vietnam y había saturado el continente con dictaduras militares. Lo de Allende era un grito de guerra contra el imperio y para Washington esto era totalmente inadmisible. Había que acabar con él de cualquier manera. Según la documentación de la CIA, el 15 de Septiembre de 1970, pocos días después de las elecciones, el Presidente Richard Nixon convocó a su despacho a Henry Kissinger, Consejero de Seguridad Nacional; a Richard Helms, Director de la CIA y a William Colby, su Director Adjunto, y al Fiscal General John Mitchell a una reunión en la Oficina Oval de la Casa Blanca para elaborar la política a seguir en relación a las malas nuevas procedentes desde Chile. En sus notas Colby escribió que “Nixon estaba furioso” porque estaba convencido que una presidencia de Allende potenciaría la diseminación de la

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«En 2000 y en 2001, la Argentina tuvo superávit primario»

Fuente: Enrique de la Calle | Agencia Paco Urondo Fecha: 06 de SEPT 2018 En diálogo con AGENCIA PACO URONDO, el economista Mariano Kestelboim analizó la situación económica del país. «Este modelo fracasó hace rato. Siempre que se lo quiso aplicar en la Argentina terminó en catástrofe», afirmó. APU: Para romper el hielo: ¿Cree que el dólar finalmente se estabilizó en torno a los 40 pesos?  Mariano Kestelboim: Es apresurado decir eso. Hay una inercia inflacionaria muy importante que se aceleró por la disparada del tipo de cambio. Después están los ajustes de los servicios públicos. La única manera que le queda al Gobierno para parar la espiral inflacionaria tiene que ver con anclar el salario, que es lo que ya hizo el macrismo. Por supuesto que no estoy de acuerdo con esa política. Estas bestias anclaron el salario. La otra cosa que deberían hacer tiene que ver con frenar los aumentos tarifarios, pero no hay nada de eso. Las prepagas, los combustibles, el transporte, el gas, la electricidad van a aumentar de acá a fin de año. Por eso va a persistir la dinámica inflacionaria. Estimo una inflación del 45% anual. Ese escenario va a empezar a impactar sobre la competitividad del tipo de cambio. No veo una estabilidad en el valor del dólar. Sí, creo que el salto brusco ya lo dio. APU: El propio Gobierno reconoce que la economía va a caer más del 2% en 2018 y no va a crecer en 2019. Algunos especialistas hablan de números aún peores. Con esas cifras se complica el escenario electoral para el oficialismo. ¿Cuál es la sustentabilidad política del proyecto macrista? MK: En principio, una aclaración. Ese número de caída del 2,4% en 2018 no es un número oficial del Gobierno. Creo que es un borrador que trascendió, pero no sé si el Gobierno quería que se conociera. Más allá de eso, creo que la actividad económica va a caer más de un 2,4% este año. Vamos a una caída muy pronunciada. Creo que al Gobierno no le quedó otra alternativa. Lo otro que le quedaba a Macri era sacar a todos los funcionarios y elegir a otros. APU: ¿Este modelo económico está acabado? MK: El modelo fracasó hace rato, lo vengo diciendo hace un tiempo. Este modelo económico es la tercera vez que se aplica en el país y siempre terminó en catástrofe. El modelo neoliberal en la Argentina no funcionó y todo indica que no va a funcionar de nuevo. Estamos padeciendo la aplicación de ese modelo. APU: El Gobierno pone énfasis en «bajar el déficit a cero» pero se refiere al déficit primario. Porque el déficit total, el que incluye el pago de la deuda externa, está en una situación cada vez peor. Usted suele recordar que durante la fenomenal crisis de 2001, la Argentina tuvo superávit primario (pero un déficit total muy alto). ¿Es así? MK: Es así, esas son las estadísticas públicas. En los 90 no se hacía hincapié en el déficit primario, sino en el total. Cuando se hablaba de déficit fiscal 0, se hablaba del financiero, del que incluye el pago de servicios de la deuda. Así debe ser, además. Hablar de déficit fiscal primario es una novedad de estos tiempos. Existe la variable, pero es una novedad que los funcionarios le den tanta relevancia sin ver qué pasa con el déficit total. En Brasil pasa lo mismo. Cuando hablan de déficit, se refieren al primario. APU: ¿Durante los años 2000 y 2001 el país tuvo superávit primario? MK: Siempre dio positivo. APU: ¿Cuál es la situación del déficit total, en comparación con 2015, cuando asumió Cambiemos? MK: Estamos en el 6% del PBI. En 2015 era de 4,8% del PBI. APU: Con un PBI cayendo, ese número va a tender a crecer… MK: Exacto. APU: Con todos estos números en rojo vuelve una y otra vez el interrogante sobre la sustentabilidad del programa económico de Cambiemos. ¿Está terminado? Ayer, Elisa Carrió decía que se viene un fin de año difícil pero que la economía estará creciendo a mitad del 2019.  MK: No sé. No tiene sustento eso que dice Carrió, no veo por qué la economía va a estar creciendo en 2019. En el mejor de los casos va a haber un estancamiento. En el mejor de los casos. No veo ninguna posibilidad de que crezca.

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