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Mujeres policías se niegan a reprimir en el nuevo paro de mujeres

Fuente: Tali Goldman | Nuestras voces Fecha: 06 de MAR 2019 La Red de Mujeres Policías une a fuerzas de todo el país. Antes del paro de mujeres emitieron un comunicado en el que aseguran que no están dispuestas a reprimir en esa protesta: “No es un delito manifestar por la seguridad y la erradicación de la violencia contra nosotras”. El grupo está conformado por mujeres de distintas fuerzas de seguridad que intentan ponerle un freno a los abusos y violaciones en sus lugares de trabajo y conquistar los derechos que les niegan. El germen de los espacios colectivos suelen ser, en la mayoría, producto de alguna historia personal. En general esa lucha comienza de forma solitaria, con más escollos que caminos allanados, más dudas que certezas. Pero siempre esa historia personal, que parece aislada, se choca con otras historias similares: allí es cuando se produce ese click en el que todas comprenden que luchar en colectivo siempre es mejor que luchar solo. Ese es el caso de la Red de Mujeres Policías, un grupo de mujeres de distintas fuerzas de seguridad de todo el país, a las que de alguna manera, el movimiento feminista también comenzó a interpelarlas y que se juntaron para empezar a interpelar ese statu quo machista, patriarcal y sobre todo, violento dentro de las fuerzas de seguridad. Como colectivo se formó hace algunos años pero que comenzó a institucionalizarse y a hacerse público hace poco. Sacaron un comunicado a principios de 2019, en vísperas del próximo paro Internacional de Mujeres del 8 de marzo. Y lo llamativo es que allí expresan, explícitamente, que no están dispuestas a reprimir, como suele ocurrir, en esas manifestaciones. Vale la pena leer el comunicado de principio a fin: “En representación  de las mujeres policías que estamos trabajando en Red para frenar los abusos y violaciones a nosotras dentro de la Institución. Queremos dejar claro dos puntos que serán parte de nuestro documento a presentar ante el Ministerio de Seguridad Nación. Ante el debate abierto entre el Movimiento Feminista y la situación de las Mujeres policías proponemos, en principio, que no se nos envíe a Marchas de Mujeres porque no es un delito manifestar por la seguridad y la erradicación de la violencia contra nosotras. Creemos que no debe enviarse ni a policías hombres ni a mujeres porque pedir por el cese de la violencia, repetimos, no es delito y no tenemos que estar allí. Y si estamos será para levantar el cartel NI UNA MENOS acompañando, jamás reprimiendo. Estamos totalmente en contra de la represión a Organizaciones de Mujeres Feministas que ante cualquier hecho de violencia siempre estaremos del lado de las mujeres que han sido reprimidas. No todas somos policías por vocación, algunas lo somos por circunstancias, otras por la pobreza, otras porque hemos accedido como profesionales psicólogas, sociólogas que estamos impulsando entre todas esta red. Somos Trabajadoras, nuestro lugar no es el de reprimir, sino el de capacitarnos y promover, como mujeres, una mayor perspectiva de género en las Fuerzas de seguridad”. De lo individual al colectivo Era el año 2016 y Gabriela Macías se había recibido de licenciada en nutrición en Rosario. Quería volver a su provincia natal, Santa Cruz, en busca de trabajo. Los primeros impactos de la crisis económica la llevaron a dejar su currículum por todos lados, incluso, en la policía, lugar en el que trabaja gran parte de su familia. Esperaba que la llamaran de cualquier otro lado, menos del que la terminaron llamando: la policía. Como ella era profesional de la salud, creyó que entrar a la fuerza sería igual que entrar a cualquier otro espacio laboral. El primer baldazo de agua fría lo sintió apenas entró, cuando dejó de ser Gabriela y pasó a ser Oficial General Macías. No importaba que ella estuviera en el sector de bienestar social de la policía de Santa Cruz y su título universitario fuera de algo lejano a una nomenclatura policial. Unos meses después de su ingreso, Gabriela vivió una situación traumática con su entonces pareja y fue víctima de violencia de género en su propio hogar. Después de un tiempo, tomó coraje y fue a la policía—es decir a su propio trabajo— a denunciarlo. Creía que, al ser ella parte de la fuerza, iban a acompañarla y protegerla. “Mi ex pareja era político, entonces cuando yo voy a hacer la denuncia, en principio, no me creen. Vuelvo a ir una segunda vez y ahí me dicen que la única manera de que me tomen la denuncia era que me revisara un médico. Ahí me hacen desnudarme frente a cinco policías varones”, relata aún con resabios de dolor, a Nuestras Voces. Este fue el primer choque que tuvo Gabriela al darse cuenta qué implicaba ser mujer dentro de la fuerza. En principio, que no le creyeran. En segundo lugar, desnudarse frente a cuatro varones para que ellos determinaran si efectivamente su relato era verdad. “Después de ese episodio empiezo un camino judicial y hago pública esta situación, y ahí empezó el verdadero tormento que fue que se me abriera un sumario, es decir, que desde las fuerzas querían expulsarme”.  El episodio ocurrió en reiteradas veces. La policía estaba empeñada en echarla, ella en hacer valer sus derechos como mujer y como trabajadora. Y sobre todo, y aún sin darse cuenta, Gabriela empezaba a destapar una olla dentro de la policía que luego la convertiría en una referente entre muchas mujeres. Porque lo que empezó a notar es que la violencia hacia las mujeres no era solo el abandono a la hora de la denuncia. A nivel laboral, las mujeres dentro de las fuerzas de seguridad son ninguneadas en todo sentido. “Tenemos una gran cantidad de mujeres que entran porque no consiguen trabajo, esto es lo que llamamos la feminización de la fuerza por una cuestión de pobreza. Las mujeres se anotan porque necesitan trabajar. Y esto es algo de lo que no se habla. A nosotras no nos ascienden, no se nos abren lugares para los

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Wiñazki publicó un supuesto espionaje a Nisman y fue desmentido con fuertes pruebas

Fuente: El destape Fecha: 06 de MAR 2019  Luego de que publicara una nota acerca de un supuesto espionaje al difunto fiscal Alberto Nisman, el periodista ultraoficialista Nicolás Wiñazki fue desmentido de forma categórica. La misma Cecilia Rodríguez, exministra de Seguridad e involucrada en el artículo escrito en el diario Clarín, fue quien se encargó de contradecir la versión. En una entrevista al programa «Habrá consecuencias» de El Destape Radio, Rodríguez aseveró que es «totalmente falso» que durante su gestión se hayan hecho trabajos de inteligencia sobre Nisman. Concretamente, negó su vinculación con una carpeta que tendría datos sobre el exfiscal de la causa AMIA y su familia, tal como había explicado detalladamente Wiñazki en su nota. Además, adelantó que se va a presentar a declarar ante la Justicia para dar precisiones «respecto de los papeles relacionados con alguna actividad de trabajo» durante su gestión, pero aclaró que no se va a encontrar «nada que tenga que ver con espionaje». En la misma línea, el periodista y escritor Horacio Lutzky se explayó sobre la desmentida en una nota publicado en Página 12. A través de un hilo en la red social Twitter, desnudó punto por punto la mentira de Wiñazki.  

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Los ovarios infantiles

Fuente: Carlos Rozanski | TiempoAr Fecha 24 de FEB 2019 La comunicación es imprescindible para el ser humano y de la intensidad y características de la misma, muchas veces va a depender el tipo y la calidad de las relaciones de los miembros de la comunidad en que se produce. Del mismo modo en que la irrupción del altoparlante (fines del siglo XIX), modificó y extendió la posibilidad de transmitir ideas de todo tipo, más de un siglo después, los mass-media han desarrollado esa capacidad de manera exponencial. Ya no se trata de amplificar un discurso para convencer a multitudes, sino de elaborar uno que, sea capaz de manipular la mayor cantidad de personas en el menor tiempo posible. Sin que tenga ninguna importancia la veracidad de lo transmitido, los medios hegemónicos del neoliberalismo (prensa canalla, al decir de Alicia Castro), producen minuto a minuto una cantidad de información falsa y maliciosa, como nunca antes se vio en la historia. Con inocultable culto a los 11 principios del ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels, el diario La Nación continúa haciendo alarde de Poder y sobre todo de impunidad. No hay casi tema en el que no haya mentido e influenciado con sus “fakenews” a lo largo de décadas en numerosos sectores de la población. A la cabeza del soporte mediático del régimen actual, como también lo fueron de la dictadura genocida, no reconocen limite ético alguno. Así, el 1 de febrero pasado, un editorial de La Nación, pretendidamente anónimo como todos, sacudió al país con un mensaje tan elaborado como perverso. Titulado “Niñas madres con mayúsculas”, abordó el aborto, los pañuelos verdes, el instinto maternal, la educación sexual “preventiva” y más. Sobre las niñas, a quienes se refirió como “madrazas”, les atribuyó “ovarios casi infantiles” (SIC). Clasificó los embarazos de niñas como: “embarazos deseados, causados por una violación, por ignorancia o estado de necesidad”. Si se tiene en cuenta que todo embarazo de una niña es producto de un delito gravísimo – abuso sexual gravemente ultrajante -, el catálogo pergeñado por La Nación, merece algunas reflexiones. Ninguna niña violada “desea” un embarazo. Tampoco es producto de la “ignorancia”, ni finalmente de un “estado de necesidad”. En los abusos sexuales en la infancia, el único deseo es el del perpetrador. Los “conocimientos” de las víctimas, no tienen ninguna relevancia y jamás hay un “estado de necesidad” de ser violada. La diferenciación de la violación de las restantes hipótesis del editorial, no debe llamar la atención, aunque sea imposible desconocer que, en todas, se produjo el citado gravísimo delito. Ello, por cuanto es tradición en el medio de comunicación que lo publicó, que no tenga importancia la realidad de lo transmitido. Fue así como, en dictadura, elaboraban los mensajes que difundían a la diezmada población, llamando enfrentamientos a los fusilamientos –por ejemplo-. Y, en democracia, disfrutando y ampliando el enriquecimiento obtenido en la época más trágica de nuestra historia reciente, enaltecen en los mismos espacios editoriales, las figuras de genocidas y denuestan la justicia que los encarcela. Se trata de una ideología común a los medios canallas, sostenida por impiadosos sicarios de la desinformación, que odian y desprecian a quienes consideran inferiores. Sostener como se dijo, que una niña puede ser violada por su “deseo de embarazarse”, o por “ignorancia” o por “estado de necesidad”, no es una distracción del anónimo y cobarde editor. Es una línea editorial de décadas, coherente y brutal. Y desde allí, con absoluto desprecio por la verdad y la justicia, han sido y siguen siendo parte del sector más poderoso, enriquecido y vil que tiene nuestra sociedad, el mismo que hoy lamentablemente, gobierna junto a ellos. Los ovarios de las niñas violadas no son “casi infantiles” como dice La Nación, son parte de un cuerpito de niña al que, criminales despiadados, le arrancaron su infancia, aunque inescrupulosos editores, pretendan disfrazar o minimizar la tragedia.

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Esquiva realidad

Fuente: Calrlos Heller | TiempoAr Fecha: 24 de FEB 2019 Las recurrentes contradicciones discursivas del gobierno reflejan las dificultades que tiene para lidiar con una realidad que le resulta cada vez más esquiva y dificulta sus aspiraciones electorales. En su gira por Asia, Macri brindó una serie de entrevistas a medios locales y dejó frases interesantes. Comenzando por la pobreza, supuestamente el principal objetivo de campaña, el presidente sostuvo que hay que entender «que el primer responsable del 30% de pobreza que tenemos es la corrupción», aunque luego alternó y dijo que «el principal causal de pobreza es la inflación. Siempre la inflación estafa al que menos tiene» (La Nación, 22/02/19). No importan las verdaderas causas que mueven a ambas variables, todo sirve para el argumento de profundizar el ajuste: «si persistimos (…), si lo podemos ratificar este año (el Presupuesto) en 2020 va a seguir bajando la inflación y en los próximos años vamos a tener un dígito». Como siempre el futuro venturoso está allá adelante, aunque cada vez más lejos. Si bien a la hora de las explicaciones las culpas son más bien ajenas y suelen tomar la forma de herencias o tormentas, esta vez Macri desempolvó un argumento que descoloca aún más. El presidente dijo, en cuanto a la pobreza, que «hay que pensar que no sólo está el número que marca el INDEC: hay una pobreza estructural de la que en la Argentina durante años nadie se ocupó. ¿A qué me refiero? ¿No es menos pobre aquel que hoy en el barrio ve que el narco perdió el control del barrio y no tiene que estar sometido porque las fuerzas de seguridad están presentes? ¿No es menos pobre el que ahora tiene calle de pavimento y los días de lluvia puede salir en el colectivo sin enterrarse en el barro? ¿No es menos pobre el que vive en esos más de 500 barrios que hemos urbanizado, con cloacas y agua potable?» (Clarín, 21/02/19). Suena parecido a cuando se trató de instalar la idea del crecimiento invisible, pero ahora con la pobreza. O cuando comentó, en la radio de Buena Esperanza, «entendimos que no podemos vivir de lo prestado». Justo este gobierno, que fue líder en endeudamiento entre los países emergentes. Distintos capítulos del Seminario de Posverdad que presenciamos desde fines de 2015, y que queda más en evidencia a medida que los datos empeoran. Una de las estadísticas conocidas en estos días fue la de las canastas que determinan los niveles de pobreza e indigencia: en enero de 2019 arrojaron un incremento interanual de casi el 56 por ciento. Es decir que para aquellas familias en situación económica más vulnerable que destinan la mayor parte de su ingreso a alimentos y servicios básicos, la inflación es aún mayor que la del índice general que fue del 49,3% en enero. Si bien este sesgo en contra del poder adquisitivo de los más pobres es un rasgo que estuvo presente a lo largo de la gestión de Cambiemos, a partir de mediados de 2018 y luego de la fuerte devaluación, la brecha se vuelve cada vez más amplia. Un ejemplo más de que nos encontramos con que las promesas de campaña del actual presidente están en las antípodas de las crudas consecuencias de sus políticas. En este marco, acaba de retornar a Washington la misión del FMI, encabezada por Roberto Cardarelli, que mantuvo varias reuniones. Tras un encuentro con dirigentes sindicales, el funcionario del Fondo afirmó «todos estamos preocupados por la situación económica (…). Nosotros creemos que va a ser mejor en 2019, pero claro que hay riesgos, como siempre». A pesar de las incoherencias discursivas y los impactos sociales, el plan sigue su curso. Según comenta Marcelo Bonelli (Clarín, 22/0219): «El burócrata va a dar vía libre al giro de fondos para Argentina. Cardarelli admite en la intimidad que el apoyo del FMI es una contribución de Washington para lograr la reelección de Macri»·. El apoyo no es gratuito y deja una economía profundamente condicionada de cara al futuro. Siguiendo con las contradicciones, al ser consultado sobre la necesidad de renegociar con el FMI, Macri señaló (La Nación, 22/02/19): «nos hace no creíbles, no confiables. Lo más importante en la vida es la confianza. Por eso les pido a los argentinos que, más allá de lo que hemos vivido, tengan confianza en lo que estamos haciendo». La profundización del modelo está cantada. Pero hay que decir que fue este gobierno el que ya renegoció una vez el acuerdo, aunque en ese caso la salida elegida no fue cuestionada por los mercados ni el FMI, al implicar un mayor endeudamiento y concesiones aún más duras, entre ellas el déficit fiscal primario cero y el congelamiento de la base monetaria. La única credibilidad que se persigue es la de los inversores externos especulativos. Mientras tanto, los problemas se siguen acumulando. La caída en la actividad continúa haciendo mella en las empresas argentinas. Paradójicamente, ocurre luego de que la semana pasada el presidente Macri anunciara un «alivio impositivo» para las pymes de economías regionales (que terminó siendo más generalizado de lo que expresó el mandatario, ya que también alcanza a las grandes empresas). Ahora se conoció el dato de cantidad de pedidos de «Procedimientos Preventivos de Crisis» (PPC) en 2018. Según lo informado por el Ministerio de Producción, el año pasado 108 firmas solicitaron un PPC, 30% más que 2017 y el triple de las registradas en 2015. Dentro de las afectadas en 2018 se encuentran Longvie, Editorial Atlántida, Alpargatas, Supermercados Toledo y Musimundo, entre otros. ¿Pero qué es en los hechos un PPC? El mecanismo se instauró en 1991 (Ley 24.013). Es una alternativa al Concurso Preventivo o Quiebra, que ofrece una instancia de diálogo entre el empleador y los sindicatos con intervención del Ministerio de Trabajo, previa a la «comunicación de despidos o suspensiones por razones de fuerza mayor, causas económicas o tecnológicas». ¿Será esta resolución otro punto en el cual sigue apretando el zapato, según los

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D’Alessio y los espías de la AFI

Fuente: Ricardo Ragendorfer | Nuestras Voces Fecha: 24 de FEB 2019 Marcelo D’Alessio reveló en su declaración indagatoria información confidencial de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) para salvar de la trama de extorsión al fiscal Carlos Stornelli. Dijo que Aníbal Degastaldi (foto) y Ricardo Bogoliuk, ex comisarios bonaerenses, pertenecen a la Agencia que dirige el amigo presidencial, Gustavo Arribas y fueron quienes le encargaron el “trabajo”. Bogoliuk fue una de las últimas personas en hablar por teléfono con el fiscal Alberto Nisman. Fue denunciado por encubrir a piratas del asfalto. Degastaldi actuó en la caso de María Marta García Belsunce y estuvo vinculado a secuestros express cuando era comisario en San Isidro. “Es una de las personas que en Argentina más sabe de seguridad. Va al frente. Este es un tipo valiente”. Así ensalzó alguna vez Alejandro Fantino la figura de Marcelo D’Alessio en Animales sueltos. Nunca fue tan atinado el nombre del programa. Claro que había que ver a ese mismo personaje, lloroso y con las manos en posición de rezo, al implorar: “Déjenme ir a casa y yo les cuento todo”. Fue el 17 de febrero pasado, durante su indagatoria ante el juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla. En su atemorizado empeño por despegar al fiscal federal Carlos Stornelli del episodio extorsivo sobre el empresario Pedro Etchebest, hizo añicos un secreto de Estado: la pertenencia a la AFI de los ex comisarios bonaerenses Aníbal Degastaldi y Ricardo Bogoliuk, a quienes les atribuyó el rol de mandantes del chantaje en cuestión. ¿Acaso D’Alessio habrá sido consciente de que aquello era como huir de Hiroshima para refugiarse en Nagasaki? Degastaldi es apenas recordado a raíz de hechos ya desdibujados por el tiempo. Entre éstos, su asistencia al velorio de María Marta García Belsunce, de donde se retiró sin suponer que le habían volado a tiros la tapa de los sesos. Y también por su morosidad en la búsqueda de Hugo Conzi, dueño del famoso restaurante Dallas-Olas Boulevard, quien se encontraba prófugo tras matar allí a un cliente por cuestiones de polleras. En cambio, Bogoliuk –con una trayectoria signada por una discreción casi obsesiva– tuvo la desdicha de haber sido uno de los últimos interlocutores telefónicos del fiscal Alberto Nisman, poco antes de su muerte. Y eso hizo que por unos días su nombre titilara en los medios. Pero ambos son dos viejos pájaros de cuentas, cuyos vidriosos pasos por la función policial merecen ser evocados. Dúo dinámico El 12 de julio de 2002 fue una fecha infausta para el gobernador Felipe Solá y su ministro de Seguridad, Juan Pablo Cafiero. Ese día ocurrió el secuestro del joven Juan Manuel Canilla. Aquel hecho fue el primero con epílogo fatal en la modalidad “express”. A la conmoción causada por el asesinato no tardó en sumarse un sujeto petiso y calvo que incesantemente acariciaba su tupido bigote. Era el jefe de la DDI de San Isidro, comisario Degastaldi. Su jurisdicción abarcaba la zona en que se cometió el crimen. A la noche se prestó a la requisitoria periodística con un semblante que lucía entre desencajado y furioso. Entonces, dijo: “Fue un delito aberrante, una cosa absolutamente salvaje”. Y dio por concluida la conferencia de prensa. Deslizaban en su entorno que desde ese momento algo pareció haberlo afectado. El sombrío final de la víctima era un tema que lo ponía sumamente nervioso. “Fue gente que se zarpó”, le confió en esos días al autor de esta nota. Pero no dijo más. Parecía atesorar un gran secreto. Después, alguien vinculado a la investigación sugirió la complicidad en ese secuestro de “policías de la seccional de Victoria, y su participación habría consistido en el encubrimiento”. También aportó el apellido de un sargento. Degastaldi había incrementado su prestigio al investigar los secuestros de Cristián Riquelme (hermano del jugador de Boca) y del rugbier Federico Virasoro, entre otros. Justamente su consagración se produjo el 4 de abril de aquel año, cuando en su oficina de la DDI convocó a la prensa para anunciar la liberación de Riquelme. “El pibe fue liberado a las cuatro de la madrugada, pero no tengo información sobre el monto”. Pronunció la segunda parte de la frase sin atenuar bajo el bigote una pícara sonrisa. “Degastaldi tiene absoluto conocimiento acerca de todos los secuestros en San Isidro”, dijo el hombre, antes de prender un cigarrillo. Y agregó: “Don Aníbal está en todas partes”. Entonces soltó una risita quejumbrosa. Era un tipo de la SIDE que había participado de un operativo conjunto entre ese organismo y La Bonaerense para detener a Félix “El Boli” Díaz, un integrante de la banda que capturó a Riquelme. Conocía al dedillo la cocina de aquella pesquisa y también las sospechas sobre Degastaldi. Según sus dichos, el comisario intervino activamente en las tensas negociaciones entre la familia y los secuestradores por el rescate, a pesar de que la policía trabajaba de oficio por no haber denuncia. En este punto, fue muy detallista: – Él se encargó de llevar el dinero a los secuestradores. O sea, la familia le entregó un bolso con 160 mil dólares, que Degastaldi en la comisaría contó billete por billete. Nunca se supo el destino de esa suma. Aníbal, desde luego, dice que se la entregó a la banda. Pero nadie lo vio. Entonces el espía soltó otra risita, que ceso cuando le preguntaron: – ¿Es habitual que un comisario sea el encargado de entregar el rescate? –No. Salvo en San Isidro. Ahí es tradición. Agregó que en el secuestro de Virasoro, Degastaldi llevó 50 mil dólares del rescate a los captores. El rugbier fue liberado tras cinco días de cautiverio en medio de un mar de dudas. También dijo que la SIDE habría detectado “llamadas efectuadas por los secuestradores a los teléfonos de Degastaldi”. Específicamente, al directo suyo en la DDI y a sus dos teléfonos celulares. A su vez hubo “llamadas entre la banda y cuatro oficiales de Degastaldi”. Claro que tales datos no llegaron a ningún juzgado. Por aquellos días el

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Peripecias del centro moderado

Fuente: Edgardo Mocca | Página 12 Fecha: 24 de FEB 2019 El país vive una profunda crisis. Lejos de “unir a los argentinos”, como era su promesa electoral, estos años de gobierno han puesto al antagonismo argentino en su punto más intenso. Para nada altera este cuadro, el hecho de que una parte muy importante de la población no adhiera a ninguno de los bloques antagónicos: cualquier esperanza de armar un gran centro político, choca con la roca dura de la realidad. No habría que buscar la causa de esa imposibilidad en los méritos -o en su escasez- de aquellos que encarnan la utopía centrista. Cualquier movimiento en contra de uno de los polos es inmediatamente absorbido por el otro polo: actuar en serio contra el macrismo acerca fuerzas al kirchnerismo. Y viceversa. Paradójicamente, este tramo de intenso conflicto y polarización ha dado lugar a un proceso curioso: el prestigio del centrismo en un país antagónico. Se desarrolla este fenómeno, particularmente en el mundo periodístico e intelectual que rodea a la política, aunque a pesar suyo está dentro de la política. El centrismo tiene un santo y seña común: la denuncia del extremismo y del pensamiento “binario” como lo llaman sus cultores. Así se cultiva la moderación y se da cátedra sobre el relativismo de las cuestiones sociales y políticas. Y desde esa prestigiosa plataforma se coloca toda posición política definida en el lugar de una concesión al fanatismo, de una ausencia de pensamiento crítico. Crecientemente frustrada en la política real, la posición mantiene su prestigio en el género periodístico y académico. Una manifestación muy interesante de este fenómeno ha aparecido en el interior del espacio que reconoce a Cristina Kirchner como su principal referencia. Es muy comprensible que así haya sido porque la elección de este año tiene representa para ese universo una especie de muro muy problemático: el voto de ese origen aparece siempre peleando la punta en las encuestas pero no termina de “cortarse” definitivamente. Entonces surge de modo natural la idea de romper ese muro sobre la base de distender la relación con una parte de esa roca dura que está contra Macri pero no se reconcilia con Cristina. El objetivo es indiscutiblemente correcto: cualquier encuestador lo recomendaría sin vueltas después de constatar que después de mucho tiempo de haber surgido (y fracasado electoralmente también durante mucho tiempo) el territorio del “centro” sobrevive porfiadamente. Cada tanto surge un candidato que aspira a representarlo y rápidamente crece en las encuestas hasta encontrar un techo insalvable, el de la ampliamente mayoritaria porción de la población que se inclina hacia cada uno de los polos. Por eso la batalla por el “centro” no alcanza una experiencia independiente y termina por ser el objeto de la política de los “extremos”.  Es interesante y curioso que las formas más conflictivas de la búsqueda de ese centro se desarrollen en el interior de la coalición de gobierno. No es desde su liderazgo que surge ese intento sino desde el radicalismo. Atizado por los nubarrones y síntomas de descomposición que se dan en la gestión de gobierno (la situación social se hace indefendible y el caso Dalessio-Stornelli toca el núcleo de la pudrición judicial), el radicalismo esboza sus primeros gestos de independencia política más o menos relevante desde la convención de Gualeguaychú. Sin embargo es una independencia que tiene límites estructurales; nadie puede augurar un destino para el partido fuera de la sombrilla de la relación con el gobierno de Macri, después de haber asegurado su triunfo electoral y acompañado su gestión sin insinuar ningún síntoma de existencia independiente durante todo lo que va de su penosa gestión. Y sobre esa base, la única promesa que existe es la de un neoliberalismo con un rostro más humano; para resucitar un partido corresponsable de la actual catástrofe parece bastante poco. Por su parte el peronismo protagoniza una saga muy curiosa. El destino manifiesto del movimiento en el que el establishment confiaba era el de su rápido y completo distanciamiento de la experiencia kirchnerista. Gobernabilidad, responsabilidad, realismo; así se fundaba la política que permitió al macrismo consumar en forma fulminante el regreso a las fuentes más puras del neoliberalismo. Reparaciones truchas, blanqueos ilegales, reformas previsionales dictadas por el Fondo, acuerdo con el mismo Fondo, persecución política contra el anterior gobierno, todo eso gozó de ocasionales mayorías parlamentarias que el macrismo no podía obtener por sus propias fuerzas. Pero ese juego entró en crisis. En la movilización callejera, en las encuestas, en el clima fácil de captar en la calle se abrió paso la consigna de la unidad, en un registro de clara oposición al gobierno. Y encarnado de forma absolutamente mayoritaria por la ex presidenta. Por supuesto ese proceso formó parte de un ajuste táctico muy visible por parte de Cristina, quien entendió que la encarnación del antagonismo y el liderazgo de la oposición son tareas que pueden ser conciliadas, pero para serlo demandan dosis mayores de flexibilidad que las que fueron conformándose en los duros años de los intentos de desestabilización contra sus gobiernos. La flexibilidad tiene, sin embargo, sus propios problemas. El discurso de la unidad a como dé lugar contra Macri abrió el espacio para la expansión de un discurso político particular. Su sello distintivo es un modo de comprender la política, según la cual los conflictos son formas absurdas de los malentendidos y de los malos modales. La “amplitud” que exige el momento habilita una revisión de los años anteriores a Macri en términos de una radicalización innecesaria y de una conflictividad artificial. De lo que se desprendería que la unidad antimacrista debe parir un proceso político que termine con el desmadre de la justicia convenciendo a Comodoro Py, que democratice los medios conversando amablemente con los ceos de los oligopolios del rubro, que saque al país de la timba financiera y de la subordinación externa en plena fraternidad con los bancos, los grupos financieros, los acreedores internacionales y el FMI. Existe otro modo de pensar la unidad de la

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El celular de Marcelo D’Alessio: Mancha venenosa

Fuente: Irina Hauser y Raúl Kollmann | Página 12 Fecha: 24 de FEB 2019 Los mensajes entre el fiscal Carlos Stornelli y el falso abogado Marcelo D’Alessio suman decenas, incluyendo algunos posteriores al estallido del escándalo y en los que D’Alessio se ofrecía a declarar a favor del fiscal. Pero no es lo único: hay centenares de comunicaciones por WhatsApp, contactos y llamadas con personajes que, presuntamente, revistan en los servicios de inteligencia. También hay comunicaciones con al menos otro fiscal y con distintos funcionarios públicos. Lo que arrancó como la investigación de una extorsión al empresario Pedro Etchebest para mejorar su situación en la causa de las fotocopias de los cuadernos está derivando en algo de otro volumen: la investigación sobre una red u organización en la que no sólo fue extorsionado Etchebest sino que padecieron lo mismo otras personas –posiblemente unas 20– y en que los delitos derivaron también en extorsiones por dinero, coacciones, aprietes y hasta la maniobra de “plantarles” droga a imputados. El viernes se presentaron en Dolores dos ex comisarios de la Bonaerense que se estarían incorporados a la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) y que fueron mencionados en los supuestos delitos. El juez Alejo Ramos Padilla no les tomó declaración porque quiere reunir todas las pruebas, pero les dictó la prohibición de salir del país y secuestró sus celulares. Allanamiento El juez federal de Dolores instruye la causa desde el momento en que Etchebest presentó la denuncia, el 28 de enero, porque, tras un encuentro de tres horas con Stornelli, en el balneario CR de Pinamar, el falso abogado Marcelo D’Alessio le pidió 300 mil dólares. Dolores tiene jurisdicción sobre Pinamar. La extorsión consistió en decirle que un arrepentido –Juan Manuel Campillo– lo había involucrado en la causa de las fotocopias y que para evitar problemas había que hacerle “una atención” a Stornelli. Poco después de recibir la denuncia, Ramos Padilla encabezó un allanamiento a la lujosa vivienda de D’Alessio, en el country Saint Thomas. Según se puede ver en el acta, el falso abogado arrancó diciendo que nadie podía acceder a las computadoras ni celulares porque él investigaba a la organización libanesa Hezbollah y también buscaba terroristas en la Triple Frontera. “Es una cuestión de seguridad nacional”, gritaba. En esa primera parte del allanamiento, D’Alessio le dijo al juez que llamase a Patricia Bullrich, a Gustavo Arribas e incluso al Presidente. Pero luego, más sereno, se escudó en Stornelli: “Estoy en la investigación que tiene en este momento Stornelli. Si quiere, llámelo. Es lo de Campillo. Yo estuve con él en Pinamar. Déjeme hablar con Carlos”. Los materiales conseguidos en ese allanamiento son los de mayor importancia porque no están contaminados: fueron secuestrados por el magistrado cuando la investigación no era pública. Desde entonces, en Dolores se reciben decenas de anónimos y se presentan varios denunciantes por día, pero funcionarios judiciales sospechan que las cosas tienen demasiado olor a armado previo. En cambio lo que se encontró en el allanamiento original es la clave de la investigación: una notebook, los dos discos rígidos, los tres celulares, 22 horas de desgrabaciones, cuadernos escritos de puño y letra por D’Alessio y asombrosos legajos de inteligencia. A eso se agregan horas de escuchas ordenadas por el propio juzgado. Conexiones Como ya anticipó este diario ayer, todos los textos de Whats- App y mensajes consignados en la denuncia de Etchebest serían originales, tal cual surgió nítidamente a simple vista en la pericia realizada el jueves. El informe final de la Prefectura no está entregado todavía. Pero Página/12 pudo saber que una primera revisión detectó decenas de mensajes entre D’Alessio y Stornelli. Los que despiertan más curiosidad son tres textos: Un mensaje en el que D’Alessio le dice a Stornelli que “yo me ocupo personalmente de Pedro”. Podría ser una referencia concreta a Etchebest, el extorsionado. Hay un pedido de Stornelli a D’Alessio para que se le haga una cámara oculta al abogado José Manuel Ubeira, defensor de uno de los imputados en la causa de las fotocopias de los cuadernos. Hay un cruce de WhatsApp en el que se combina el encuentro en Pinamar, en plenas vacaciones de Stornelli. En una mesa esperaba el empresario Etchebest y en la otra el fiscal hablaba con D’Alessio. Al final del encuentro, Stornelli se fue a dar una vuelta en la flamante camioneta de D’Alessio y al regreso éste le pidió los 300.000 dólares al empresario Etchebest. Las cosas no sólo están grabadas, sino que D’Alessio admitió haber pedido el dinero. Además, cobró 14.700 dólares en dos pagos, uno en el hotel Alvear Icon de Puerto Madero y el otro en la confitería Selquet. Está constatado que el celular del que vienen y al que van los mensajes es el de Stornelli. Solo falta el informe oficial incorporado a la causa. Un dato asombroso es que, según parece, hay un mensaje del 11 de febrero de D’Alessio a Stornelli ofreciéndose a defenderlo ante el escándalo. El caso explotó el viernes 8 de febrero, es decir que seguía habiendo diálogo entre el falso abogado y el fiscal aún tres días después. D’Alessio le habría propuesto presentarse en la Cámara Federal para desvincularlo del caso. Esta semana también se conoció que el falso abogado declaró dos veces ante Stornelli de manera irregular, a principios de noviembre, en la causa por la compra de Gas Natural Licuado. El fiscal no tenía delegada la causa de manera que correspondía que D’Alessio declare ante el juez, no ante el fiscal. Y lo hizo en un momento clave: habían usado ese expediente para detener a Julio De Vido y Roberto Baratta, pero ocurrió que la pericia que era base de la causa resultó falsa y fraudulenta. D’Alessio fue a llenar ese agujero, declarando sobre los seguros y los costos en puerto. Lo grave es que ese testimonio recién se incorporó a la causa el 14 de febrero y es uno de los argumentos que usará este lunes el juez Claudio Bonadío para imputar en ese expediente a

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Rozanski: “Parte de la Justicia opera como una organización criminal”

Fuente: Carlos Romero | Revista Zoom Fecha: 20 de FEB 2019 Para el ex juez federal Carlos Rozanski, la situación del Poder Judicial, al que considera un instrumento en manos de Cambiemos, no registra antecedentes desde el fin de la última dictadura cívico-militar: “En ninguna etapa de la democracia argentina, jamás, se ha cometido la cantidad de delitos que esta gente está cometiendo”, aseguró el ex magistrado. Tampoco dudó en calificar al fiscal Carlos Stornelli como “un delincuente” y en atribuirle al juez Claudio Bonadio “la actividad de encarcelar opositores”. Como presidente del Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 1 de La Plata, en 2006 Rozanski condenó a perpetua a Miguel Etchecolatz y en 2007, al capellán Christian von Wernich. En 2016, presentó la renuncia y se jubiló, denunciando una persecución del PRO en el Consejo de la Magistratura, donde avanzaba una causa en su contra por “maltrato laboral”. En la actualidad, es docente en distintas universidades, incluida la de Madrid. Sobre el escándalo en torno a Marcelo D’Alessio, Rozanski aclaró que si bien siempre hubo “chantas que aprovechan (…) para sacarle plata a algún idiota, esto es otra cosa completamente distinta, es una organización criminal”, en cuya cima ubicó al propio Mauricio Macri. “La figura más trascendente de esta red es el presidente, es él quien ha dicho que tenía una lista de 642 personas para mandar en un cohete a la Luna”, subrayó. – ¿Cómo considera la situación del Poder Judicial en el país? – La justicia en Argentina ha hecho un retroceso de más de 40 años, porque tendríamos que irnos a marzo del ‘76 y los años siguientes para recordar alguna situación similar, en cuanto a un Poder Judicial que, en aquella época, aceptó la suspensión de las garantías constitucionales y los derechos esenciales. Este es un gobierno, en principio, elegido democráticamente, pero de inmediato transformado en un verdadero régimen de supresión de derechos, persecución política, cárcel y un nivel de violencia institucional y simbólica no conocido desde la dictadura. Por lo tanto, es altísimamente preocupante la situación del Poder Judicial, porque se está produciendo en un régimen aparentemente democrático, pero alejado de lo que significa el Estado de derecho, y es algo que no estamos adecuadamente preparados para enfrentar. Aclaro que me refiero al sector más reaccionario y recalcitrante de la justicia, no a la totalidad. El resto trata de sobrevivir y algunos hacen un gran esfuerzo para resistir y luchar contra este régimen. – En este escenario, ¿cómo actúan los distintos sectores judiciales? – Desde mi punto de vista, el Poder Judicial tiene tres sectores: uno, pequeño, es sumamente decente, con gente muy preocupada por el día a día, por trabajar bien y cumplir con lo que significa la responsabilidad de integrar un Poder Judicial que decide la vida, la libertad y el patrimonio de los ciudadanos. Después, en el otro extremo, hay un sector criminal, porque está integrado por personas que comenten gravísimos delitos. Son los visibles apoyos que tiene este régimen y que se traducen en la actividad de encarcelar opositores, por ejemplo, del juez Bonadio; y la actividad de extorsionar, como es la banda que lleva adelante el fiscal Stornelli. Es un poderoso y muy influyente, pero no deja de ser también un sector pequeño. Entre ambos extremos, hay una franja enorme que es lo que yo llamo “los diletantes”, es decir, jueces y fiscales que van acompañando los momentos políticos sin mayor compromiso. Obviamente, los más preocupados son esa minoría de gente honesta. Los criminales han tenido históricamente y tienen un nivel de impunidad extraordinario. El sector intermedio tampoco tiene mayor preocupación, no son gente que se comprometa como para correr riesgos. Son diletantes pero causan un daño social enorme, porque su forma de actuar termina siendo completamente funcional a esa otra parte de la Justicia que opera como una organización criminal. – En ese mapa, ¿dónde ubica al juez Alejo Ramos Padilla? – Es uno de los jueces federales más decentes que tiene el país. Por eso es tan importante su situación actual. Es necesario fortalecerlo ante el avance de los ataques que seguramente va a seguir recibiendo y cada vez mayores. – ¿Lo sorprendió lo ventilado en la denuncia contra Stornelli? – A la gente interesada por la actualidad, no la puede sorprender de ningún modo. En primer lugar, porque el fiscal Stornelli es un delincuente, es un hombre que comete delitos. En este caso, el que se denunció no solo es gravísimo desde lo institucional sino que además muestra el nivel de impunidad con que se manejaba. Incluso las respuestas parecen una burla. Burla en cometer los delitos pero también en descalificarlos. Hablamos de delitos ejecutados desde el Estado y no creo que los mandos terminen en Stornelli, creo que hay muchos socios y, además, superiores. Desde el Estado y con ese nivel de crueldad, se recaudan millones de dólares en una operación tan tremenda, que de todos modos no es la operación original. – ¿En qué sentido no lo es? – La operación original no es la extorsión, sino la persecución política, en este caso, en cabeza de la expresidenta Cristina Fernández y del resto de los opositores. No la persecución de un partido en particular, sino de todo el arco opositor. Esa era la finalidad y, al lado, la recaudación multimillonaria que generan estos delitos. Es la punta de un iceberg mucho más poderoso que el que terminó destruyendo al Titanic, porque ese iceberg es nada menos que un pedazo del Estado argentino al servicio del crimen. Es algo que deberíamos tomar con muchísima seriedad y creo que hay gente que lo está haciendo, pero se necesitan muchas instancias, especialmente políticas, y también que acompañen aquellos sectores decentes del Poder Judicial que mencionaba antes. El nivel de criminalidad es tan alto que enfrentarlo va a requerir una suma de voluntades de distintos sectores institucionales. – ¿Cómo se llegó a una situación tan crítica? ¿Qué parte es fruto de esta gestión y qué responde

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Los costos del «único camino»

Fuente: Carlos Heller | TiempoAr Fecha: 10 de FEB 2019 Muchas veces, las expresiones de funcionarios, economistas o políticos que se destacan en los medios no resultan las más sustanciosas. Las que aparecen en segundas líneas pueden ser las más importantes. Comencemos con dos ejemplos recientes: Ejemplo 1: Luego de haber decidido fuertes aumentos de tarifas en su paso por el gobierno, el exministro Juan José Aranguren no cree que «la energía sea un derecho humano», porque es escasa y «todo bien escaso es costoso». Un enfoque mercantilista: la energía, si bien puede ser discutible cuán escasa es, satisface necesidades humanas esenciales, en especial a medida que la tecnificación se integra a nuestras vidas, a la vez que cumple un papel esencial en el desarrollo económico y social, según lo define la OIT. Precisamente, esas características le otorgan todas las cualidades de servicio público y, por lo tanto, requiere un tratamiento especial por parte de las autoridades públicas. Esta información fue destacada por casi todos los medios, pero quedó relegada otra información más que preocupante que dio Aranguren: «los usuarios pagaban el 10% de lo que costaba generar energía eléctrica» y actualmente «se está en el 50% porque los subsidios continúan” (El Cronista, 06.02.19). Si luego de los fortísimos aumentos que se han producido en la tarifa de luz los usuarios no llegan a cubrir más del 50% del costo total, eso indicaría que todavía falta otra ronda de aumentos que serán aún más impagables. Una información al margen que sirve para reforzar la memoria. Revisando papeles, encontré una nota de La Nación de febrero de 2015 cuyo título reza: «Si gana Macri la luz será gratis para hogares pobres», y resume las expresiones de Aranguren, quien en ese entonces se perfilaba como ministro de Energía. El ahora exministro también estimaba que ese beneficio llegaría a cubrir las necesidades eléctricas de una familia tipo, alcanzando a 2 millones de hogares, cerca de un 16% del total. Aparece con claridad cómo el macrismo fue construyendo la «posverdad» y las falsas promesas de campaña. Ejemplo 2: Las recientes declaraciones de Mauricio Macri, quien reconoció que «nos está costando (reducir la inflación) más de lo que imaginé, reconozco que fui demasiado optimista». La observación no entraña ninguna novedad. Pero lo preocupante, en este caso, es la definición de cómo encarará este problema a futuro: «la inflación se combate no gastando más de lo que uno tiene». Un enfoque simplista de la inflación, que alaba el ajuste fiscal y no tiene en cuenta, por ejemplo, el fuerte doble impacto sobre los precios de los incrementos tarifarios; primero sobre el consumo de las personas y sobre los costos de las empresas que pagan la factura, y luego su traslado a los precios de los bienes y servicios que se producen. Ni hablar de la traslación del aumento del dólar: según la política actual, el dólar podría subir hasta un 30% sin que el BCRA tome medida alguna, pues está dentro de la zona de no intervención cambiaria definida junto con el FMI. De todas formas, «Guido Sandleris le preparó un informe reservado al presidente, donde asegura que no habrá abruptos saltos del dólar antes de las elecciones», según relata Marcelo Bonelli (Clarín, 08.02.19). En la nota, el periodista revela un encuentro de Macri con economistas, a los cuales les expresó que en el hipotético caso de ganar las elecciones «eso sí, el primer día del nuevo mandato, hago todo lo que tengo que hacer en economía». Para saber qué es todo lo que tiene que hacer, estaría esperando un informe, siempre según Bonelli, de un grupo liderado por Miguel Ángel Broda e integrado por Ricardo López Murphy, José María Dagnino Pastore, Domingo Cavallo y Guillermo Calvo. Pareciera que esta información sería suficiente para imaginarse qué panorama económico nos espera si triunfa Macri: «nada de gradualismo» y un fuerte ajuste que seguirá por mucho tiempo, no sólo por las exigencias del FMI, sino por las propias políticas del gobierno. Esta «confesión» de Macri parece un cambio de estrategia comunicacional. Los problemas económicos son los dominantes en las encuestas de opinión, una cuestión que el gobierno viene evitando abordar, tratando de enfocar el debate en otros temas como seguridad, narcotráfico y corrupción. Pero la imagen positiva del oficialismo sigue bajando. Como tienen casi nada que ofrecer desde lo económico, parece que comenzaron a reconocer algunas falencias, pero siempre dentro del discurso inquebrantable: este es el único camino, el del ajuste, el del FMI. La dura realidad Se acaba de conocer un nuevo relevamiento del Indec sobre la industria manufacturera, que reemplazó al Estimador Mensual Industrial (EMI). El Índice de Producción Industrial Manufacturero, que releva los datos de 85 sectores de la actividad, evidenció una profundización de la caída que ya venía informando el EMI: en diciembre la actividad manufacturera cayó un 14,7% interanual, y el acumulado de todo el año muestra una merma del 5,0%, un verdadero desplome industrial. Más aún, los grandes rubros evidencian una evolución negativa acumulada. Desde alimentos y bebidas (-2,8%) a productos textiles (-36,3%) y otros equipos de transporte (-54,9 por ciento). La construcción también mostró un descenso del 20,5% interanual en diciembre, y un crecimiento acumulado del 0,8%, debido al arrastre positivo en los primeros meses del año. Para enero, el índice de insumos Construya, anticipador de la tendencia de la producción, cayó un 20,1 por ciento. Por su parte, la encuesta de supermercados mostró una reducción de las ventas, medidas en cantidades, del 12,5% en noviembre, comparado con igual mes del año anterior. En el caso de los centros de compra (shoppings) la caída fue del 16,3 por ciento. Paralelamente, fue en la industria en la que se destruyó la mayor cantidad de puestos de trabajo (en los once meses de 2018), unos 63 mil puestos, seguida por el comercio con 33 mil puestos menos y la construcción con una baja de 23 mil trabajadores. Son parte de las consecuencias sociales de la gran recesión que se vive. Como una muestra de

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