Clavos Miguelito
Fuente: Horacio Verbitsky | El cohete a la luna Fecha: 16 junio 2019 La designación de Miguel Ángel Pichetto como candidato a vicepresidente es una medida defensiva que intenta contener la hemorragia política que estaba desangrando al gobierno del presidente Maurizio Macrì. No garantiza el éxito electoral, pero posterga el shock hipovolémico. Desde la corrida cambiaria de 2018, Macrì apostó la suerte de su gobierno a una sola carta: la contención del riesgo país y de la cotización del dólar. Contó para ello con el apoyo del Fondo Monetario Internacional, que borró con el codo sus propias reglamentaciones para permitir que los caudalosos fondos entregados a la Argentina siguieran financiando la fuga de capitales (sin banda de no intervención ni límite diario) y del Tesoro de los Estados Unidos, que condescendió con esa infracción a las normas del FMI. Si alguien le pide cuentas a la dirección del Fondo, Trump tuiteará: “Who the fuck is Bagarde?” Pese a todo ello, el riesgo país seguía por encima de los mil puntos y la cotización del dólar amagaba con una nueva disparada. Recién la nominación de Micky Vainilla (luego del rechazo de Ernesto Sanz, Martín Lousteau y Juan Urtubey) pareció conseguir el objetivo. Pero, ¿cuánto durará? El viernes la cotización volvía a empinarse, en vísperas de un domingo electoral de paliza para el gobierno. El antecedente inmediato a esta candidatura de cuarta selección fue la gira de Pichetto por Estados Unidos junto con el presidente del Colegio de Abogados de la City de Buenos Aires e integrante del directorio del diario La Nación, Máximo Fonrouge, organizada por el presidente del HSBC, Gabriel Martino. El banquero también intentó un acercamiento con Alberto Fernández, gestionado por Sergio Berensztein, socio del padre del detenido espía Marcelo D’Alessio. Martino dijo que quería poner al candidato en contacto con fondos de inversión. Fernández le respondió que pidieran audiencia y los recibiría. Es decir, sin la intermediación de Martino. Berensztein se asoció en la consultora D’Alessio Irol luego de alejarse de Poliarquía. En los diversos encuentros que mantuvo durante ese viaje con inversores, Pichetto aseguró que no habría un nuevo default e hizo un rimbombante elogio del capitalismo estadounidense difícil de conseguir hoy en Estados Unidos. Por supuesto, lo mismo dice el gobierno, como también lo juraba en 2001 Fernando De la Rúa, así como una ley del Congreso aseguró la intangibilidad de los depósitos bancarios, cien días antes de que fueran encercados en el Corralito. Loable expresión de deseos. El peronismo, la palabra mágica La diferencia con aquellos precedentes es una palabra. Pichetto era hasta el momento del salto en alto jefe del bloque de senadores del peronismo. Hacer pie en ese territorio irredento es el oscuro objeto de deseo de las distintas facciones de la burguesía argenta y los partidos que las representan. Desde diciembre de 2015, Pichetto comandó la fracción opoficialista que facilitó las principales medidas antipopulares del gobierno. Ahora lo integra sin más disimulo. Pero no está claro que así resulte más útil que entonces. A la distancia, algunos operadores financieros pueden pensar que el acuerdo con Pichetto ablandará las posiciones del peronismo. Pero no tardarán mucho en advertir que una golondrina no hace verano. De inmediato comenzó a circular un fragmento de la entrevista que Pino Solanas y Octavio Getino le realizaron a Perón hace casi medio siglo. Dice que tenía un perro que se llamaba León. Él lo llamaba por su nombre, “León, León”, y el perro venía. Pero no era un León, sino un perro. Del mismo modo, algunos se llaman peronistas pero no lo son, concluye. Más allá del ingenio impar de Perón, Pichetto no logró atraer a un solo dirigente peronista tras de sí. Su presentación fue algo patética. A Sergio Uñac, Gustavo Bordet y Sergio Massa les pidió disculpas por la noticia que iba a darles, lo que no es un buen comienzo. A todos los gobernadores les pidió que fueran prescindentes en la elección presidencial e hizo trascender que había tenido éxito con los de Santiago del Estero y Río Negro. Pero no es cierto. Gerardo Zamora aspira a obtener las tres senadurías por Santiago del Estero, por lo que además de la lista oficial, que irá pegada a la del Frente Todos/Todas/Todes, auspiciará una boleta corta, con lo que se asegurará el total de la representación de su provincia. Alberto Weretilneck (una derivación del inglés antiguo que significa estamos hasta el cuello) no puede pegar su lista provincial a la de Alberto Fernández y Cristina, porque ese lugar ya lo ocupa el partido justicialista de Río Negro. Pero luego de la oficialización de las candidaturas, recibirá en Bariloche a Fernández, con quien visitará la sede del INVAP y allí ambos anunciarán el mutuo apoyo. Otro que competirá con boleta corta es el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti. Pero esto no es a favor de Macrì. En 2015, el actual Presidente obtuvo en Córdoba el 70% de los votos, gracias a la ausencia de fiscalización por parte del kirchnerismo, que confió en la promesa de Schiaretti: de eso se encargaría su esposa, Alejandra Vigo. Ahora el senador Carlos Caserio y la legisladora provincial Natalia de la Sota emiten señales de simpatía hacia los Fernández, que obtendrían allí entre 10 y 15 puntos más que Scioli hace cuatro años. Si todo lo demás permaneciera igual, Macrì no sería reelecto. El domingo 16 habrá elecciones de gobernador en Santa Fe, San Luis, Formosa y Tierra del Fuego. En ninguna de ellas el oficialismo tiene la menor chance y, como ya es costumbre, la principal ambición es que sus candidatos salgan segundos. Un segundo objetivo es que los vencedores estén lo más lejos posible del kirchnerismo. En Tierra del Fuego las dos listas competitivas son kirchneristas. Este no será un buen domingo para Macrì y Micky Vainilla. Suma cero, o aún menos Nadie piensa ni dentro ni fuera del gobierno que la presencia de Pichetto en la fórmula vaya a agregar votos a Macrì. Sólo atenúa la caída. Pero tal vez ni siquiera pueda







