Trampas macristas
Fuente: Jorge Beinstein* | La Tecl@ Eñe Fecha: 03 de MAY 2018 El gobierno aparece acosado por una serie de trampas que él mismo ha construido, en algunos círculos opositores (o no tanto) comienza a circular la idea de que Macri se cae solo sin necesidad de que lo empujen abrumado por fenómenos que no podrá superar. Aunque si observamos más en profundidad constataremos que las causas que engendraron la pesadilla macrista no solo están intactas sino que se han agravado. Tal vez ese optimismo extremo respecto del fin del régimen no sea otra cosa que un llamado a la pasividad ante la decadencia de la sociedad argentina. La trampa económica Todo comenzó al iniciarse la presidencia de Macri con un shock recesivo causado por una desmesurada transferencia de ingresos hacia la élite económica dominante. La devaluación acompañada por una fuerte reducción tributaria a favor de los grupos más concentrados de la economía y por la liberación del mercado de cambios y de las importaciones achicó el mercado interno, generó inflación, déficit fiscal y declinación de la actividad industrial. 2016 fue un año de crecimiento negativo y 2017 tuvo un crecimiento anémico gracias a la dinámica perversa de la bicicleta financiera (la fiesta de las Lebacs) y a una avalancha de deudas externas. La promesa de una lluvia de inversiones productivas extranjeras nunca se concretó ante una economía declinante, sólo llegaron fondos especulativos aprovechando las altas tasas de interés internas. Lo que el gobierno llamó “gradualismo” fue una política aplicada de manera sistemática tendiente a reducir en términos reales salarios y jubilaciones, impulsar la expansión del desempleo público y privado (y así enfriar las protestas sindicales) y alentar depredaciones de todo tipo en beneficio de un reducido círculo de intereses (tarifazos, contratos turbios de obra pública, exenciones y reducciones impositivas, negocios financieros, etc.). Nunca en la historia económica argentina se depredó tanto en tan poco tiempo. El equilibrio inestable conseguido por el macrismo durante algo más de dos años se sostuvo con deudas, sobre todo con operaciones de corto plazo cuya máxima expresión es la avalancha de Lebacs que ya supera el billón de pesos, unos 47 mil millones de dólares al cambio de 21 pesos por cada dólar (aproximadamente el 80 % de las reservas del Banco Central). Las Lebacs tienen la apariencia de ser deudas en pesos, así lo presenta el gobierno tratando de enfriar las alarmas, se trata de deudas en pesos libremente convertibles en dólares u otras divisas con tasas de interés nominales altísimas. Un especulador convierte sus dólares en pesos, compra Lebacs por ejemplo con una tasa del 30 % (tomando el valor del último día hábil de Abril) y luego cobra sus Lebacs y compra dólares, si durante la dulce espera se devaluó el peso habrá que descontar esa diferencia que nunca hasta ahora ha conseguido arruinar el súper negocio. Y ante una amenaza devualuatoria fuerte o alguna oportunidad externa tentadora los especuladores se retiran de ese mercado y compran dólares, lo que acentúa la devaluación, agrava la inflación y achica el volumen de reservas del Banco Central. Es lo que ha estado ocurriendo hacia finales de Abril y comienzos de Mayo. En realidad la burbuja financiera no podía seguir creciendo infinitamente, el deterioro productivo general, la agravación del déficit comercial (causado por la liberación de las importaciones) y la suba de las tasas de interés en Estados Unidos sumado a una pequeña presión fiscal, son entre otros factores los que desencadenaron la crisis. No debemos olvidar que al festival de Lebacs se agrega un endeudamiento externo clásico que crece vertiginosamente lo que fragiliza aún más la situación financiera argentina. La trampa política El gobierno creyó que podía consolidar la suma del poder público, es decir convertir su dinámica dictatorial en un sistema de dominación sólido apoyándose en la corrupción de buena parte de la clase política y de la dirigencia sindical presionándolas a través de su control de los medios de comunicación y del poder judicial. La combinación de carpetazos y sobornos deberían haber creado una suerte de colchón protector capaz de bloquear el descontento social, supuestamente anestesiado por el bombardeo mediático, y al mismo tiempo, facilitar el recorrido parlamentario de sus proyectos de leyes. El riesgo electoral sería eliminado a través de la instauración del voto electrónico, instalando así un mecanismo fraudulento manipulado por el Poder Ejecutivo. La frutilla del postre era la conformación de una policía militar capaz de intervenir en los casos puntuales de desborde impidiendo su propagación, se trataba de construir una convergencia represiva articulando policías, gendarmería, prefectura naval y algunas unidades militares. El Ministerio de Seguridad es la pieza clave de dicha iniciativa. La aventura depredadora contaría así con una retaguardia institucional autoritaria controlada por la camarilla mafiosa gobernante, sin embargo las cosas no funcionaron según lo esperado. El deterioro social generó un marea ascendente de descontento ante la cual resultaron insuficientes los frenos sindicales y la droga mediática, las represiones puntuales no generaron miedo y repliegue popular sino que en algunos casos amplificaron las protestas, incluso radicalizándolas como ocurrió el 18 de Diciembre pasado en Plaza Congreso. La marea social opositora impactó sobre el movimiento sindical reduciendo la capacidad de bloqueo de la conducción de la CGT y también sobre el opo-ofialismo político que matiza su complicidad con el Poder exhibiendo algunos desplantes opositores que se van amplificando. Mientras tanto, la imagen presidencial viene cayendo y ya empieza a arrastrar en su descenso a lo que aparecía como su alternativa gatopardista: María Eugenia Vidal. Todo parece indicar que lo que aparentaba ser un fácil disciplinamiento social y político se va convirtiendo en un pantano cuya densidad y complejidad desconcierta a los asesores de imagen, los comunicadores y los gerentes convertidos en altos funcionarios. El realismo mafioso de Macri, su brutalidad elitista, parece condenarlo a sufrir el embate de una sucesión de crisis (financieras, políticas y sociales) que desbordan su limitada racionalidad. La ya vieja y desgastada estrategia de polarización anti-K no rinde los resultados de otros








