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Las razones de Trump en América Latina

Fuente: Jorge Elbaum | El cohete a la luna Fecha: 15 de diciembre de 2019 El hostigamiento del gobierno de Donald Trump contra los gobiernos progresistas de América Latina posee un componente endógeno, ligado a la lógica electoral de Estados Unidos. La gran mayoría de los colegios electorales estaduales que eligen al primer mandatario votan de forma previsible desde hace 6 décadas. Demócratas y republicanos ya conocen el resultado de las elecciones en 39 de los 50 Estados. La expectativa está focalizada en los 11 restantes, a quienes se cataloga como localidades péndulo (swing states), capaces de aportar votos imprevisibles respecto del resto. Dentro de estos últimos existen dos Colegios Electores relevantes, que aportan una suma considerable de votos dada su cantidad de población: Ohio y Florida. Esta última aporta 29 de los 270 electores necesarios para obtener la presidencia. Desde 1964 el Colegio Electoral tiene 538 electores y el candidato que recibe la mayoría de los votos del estado obtiene todos los electores de ese Estado. La inmensa mayoría de los académicos y analistas políticos acuerdan con que el resultado en Florida es clave para las ambiciones de reelección de Trump. En 2016 Hilary Clinton obtuvo 3 millones de votos más que su oponente pero la victoria fue para el magnate neoyorquino, dada la configuración de los colegios electorales de los 50 Estados. Florida posee una gran cantidad de habitantes provenientes de Cuba y Venezuela, la mayoría de los cuales abominan de los gobiernos de La Habana y Caracas. Varios de sus referentes políticos, como Marco Rubio, han asumido una cruzada orientada a desestabilizar a los líderes de ambos países. Como parte de dicho hostigamiento han buscado aislarlos de otros gobiernos de América Latina y –sobre todo— han buscado impedir que las políticas de sus vecinos se orienten a viabilizar la distribución del ingreso o la riqueza, por considerar dichas medidas como populistas, homólogas a las generadas por el castrismo o el chavismo. Con el objetivo explícito de lograr un triunfo en las elecciones del próximo año, Trump ha delegado el vínculo con América Latina a los cruzados de Miami, enemigos de toda política progresista en la región. Las elites de La Habana y Caracas refugiadas en Florida se han consolidado como los referentes y defensores del neoliberalismo regional, constituyéndose además en las garantes de las fugas de capitales de las corporaciones trasnacionales con sede en Latinoamérica. El inicio del proceso de destitución (impeachment) iniciado por la Cámara de Representantes contra Donald Trump ha generado un incremento del poder de lobby del colectivo latino de Miami. Su incidencia dentro de las orientaciones políticas del Departamento de Estado se ha hecho más evidente en relación al denominado Hemisferio Occidental, el área que pretende auditar el comportamiento político de la región en connivencia con el Comando Sur. Según la constitución de Estados Unidos, la destitución puede enmarcarse en “el soborno, la traición u otros delitos o faltas graves”. Las acusaciones contra el magnate neoyorquino incluyen el abuso de poder y la obstrucción de la justicia, “para lograr la interferencia de un gobierno extranjero en provecho propio, de cara a la elección presidencial de 2020”. Trump fue denunciado por condicionar la ayuda militar a Ucrania –comprometida en un conflicto bélico con Rusia— a cambio de deslegitimar a su potencial oponente demócrata, el ex vicepresidente Joe Biden. Para que dicha acusación pueda ser tramitada, la Cámara de Representantes debe aprobarla por mayoría absoluta. Dado que los demócratas poseen legisladores suficientes, es posible que dicha imputación pueda ser girada al pleno de los Senadores. Sin embargo, en esa última instancia debería sumar –para ser aprobada— la voluntad de dos tercios de sus integrantes, situación imposible dada la mayoría republicana. En gris los Estados pendulares. Florida es, dentro de ellos, el que aporta más electores. A pesar de esta evidencia, con el objeto de desgastar a Trump, la semana pasada el comité judicial de la Cámara de Representantes ha recibido el mandato de redactar los artículos de la destitución, situación que condicionará la campaña del magnate neoyorquino. Este proceso acompañará tanto la selección de los candidatos demócratas como las primarias y el acto electoral del próximo martes 3 de noviembre de 2020. En ese marco, el trayecto que va hacia las elecciones de 2020 implicará una mayor capacidad discrecional del lobby de Miami para operar sobre América Latina. Trump le ha dejado la región a Marco Rubio y Ted Cruz a cambio del aporte de decenas de millones de dólares para la campaña y el compromiso por aportar los 29 delegados de la Florida. Esa concesión de la administración de Trump a los grupos latinos explica la participación descarada de funcionarios de Washington en el golpe contra Evo Morales y el contradictorio comportamiento de la delegación enviada por el Departamento de Estado a la asunción de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner. La cancelación repentina de la visita a la Argentina de Mauricio Claver-Carone, asesor de Trump, en protesta por la presencia de un ministro chavista, puso en evidencia un aparte de los dispositivos planificados por los sectores de Miami: forzar a Trump para apretar aún más el cerco sobre La Habana, Caracas y Managua si es que pretende obtener las 29 voluntades de La Florida. Claver-Carone fue Director Ejecutivo de Cuba Democracy Advocates, uno de los grupos más activos en darle continuidad al hostigamiento contra la isla caribeña y el gobierno de Nicolás Maduro. (http://bit.ly/2YJ8Ki5) Además, coherente con esta misión, fue el encargado de viabilizar –como responsable del sitial estadounidense dentro del FMI— el crédito concedido al macrismo en junio de 2018 a cambio de ser parte activa del grupo de Lima y de liderar el acoso a Maduro. La permanencia en el país del subsecretario interino del Departamento de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Michael Kozak, muestra a las claras el doble comando imperante en la política exterior hacia la región, dividida entre Miami y Washington. La pretendida extorsión contra la cancillería argentina tendrá como eje la negociación sobre la deuda externa

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Los estadounidenses judíos, controversias y antisemitismo: Trump lo hizo

Fuente: Dardo Esterovich | Revista Convergencia Fecha: 10 de diciembre de 2019 Últimamente las noticias de las controversias internas en la colectividad judía de EE. UU. han ganado amplio espacio en la prensa judía y en algunos casos han trascendido a la prensa en general. No es que antes no las hubiera pero ahora se han exacerbado por razones domésticas y otras relacionadas a Israel. Las domésticas tienen que ver con un notable incremento del antisemitismo que se suma a la histórica división entre la gran mayoría cercana a los demócrata que se posiciona en defensa y ampliación de los derechos de las minorías, y se los reconoce como liberales en la significación que este término tiene en la política estadounidense. El otro es un sector minoritario, producto de la emergencia de una parte de la colectividad a las clases altas de multimillonarios de gran poder económico, que adhieren a los republicanos y que se los reconoce como conservadores. Las controversias relacionadas a Israel se manifiestan en dos planos: El creciente rechazo a la política del gobierno derechista de Netanyahu en relación al conflicto en Medio Oriente y su negativa a quitarle los privilegios al sector ultraortodoxo que lo acompaña en la coalición de gobierno, en perjuicio de las otras corrientes religiosas judías como los reformistas y conservadores que a su vez son mayoritarias en EE.UU. En este marco, en los últimos lustros han surgido diversos movimientos que se expresan por fuera del establishment tradicional representado por la Conferencia de Presidentes de las principales instituciones judías, el poderoso lobby judío AIPAC y la ADL (Liga contra la Difamación). Estos movimientos, en apretada síntesis son: a) If Not Now (Si no es ahora) se fundó en julio de 2014 para protestar por el apoyo institucional estadounidense judío a las acciones de Israel durante el conflicto con Gaza de 2014 Su primera acción fue recitar la oración de luto judía, el Kaddish, por todas las víctimas palestinas e israelíes de la guerra, reuniéndose en las afuera de las oficinas de la Conferencia de Presidentes. b) Jewish Voice for Peace (Voz Judía por la Paz) fue fundada en septiembre de 1996 como una organización opuesta a la ocupación de Cisjordania y Gaza. Durante sus primeros años fue buscando su propia identidad en un proceso de intenso debate. En el año 2009 define su misión, que rige actualmente. Se opone al fanatismo y la opresión y discriminación anti-judía, anti-musulmana y anti-árabe. Busca el fin de la ocupación israelí de Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén Este; seguridad y autodeterminación para israelíes y palestinos; una solución justa para los refugiados palestinos basada en principios establecidos en el derecho internacional; el fin de la violencia contra los civiles; y paz y justicia para todos los pueblos del Medio Oriente. c) J-Street (Calle Judía) es una asociación sin fines de lucro con una rama que ejerce funciones de lobby. Fue fundada en abril de 2008 y propone una firme implicación norteamericana para poner fin al conflicto entre israelíes y palestinos, defiende un cambio en la política estadounidense en Medio Oriente privilegiando las soluciones diplomáticas por encima de las soluciones militares. Defienden el acuerdo nuclear pacífico con Irán, y promueve una aproximación a la resolución del conflicto, de una manera multilateral, no unilateral, así como el diálogo en lugar del enfrentamiento. Apoya financieramente a los candidatos al Congreso estadounidenses, fundamentalmente demócratas, que se comprometan en apoya estas políticas. d) Bend the Arc (Curvando o tensando el arco) se formó en 2012 a partir de la fusión de los Fondos Judíos para la Justicia y la Alianza Judía Progresiva. Se propone unir voces progresistas judías en todo Estados Unidos para luchar por la justicia para todos. Se viene solidarizando con las comunidades minoritarias atacadas. La organización aboga por una sociedad más equitativa y justa, enfocándose estrictamente en los asuntos domésticos. Bend the Arc no se ocupa de cuestiones relacionadas con Israel. e) Americans for Peace Now (Estadounidenses por Paz Ahora)) es una organización sin fines de lucro cuyo objetivo declarado es ayudar a lograr una solución política integral al conflicto israelí-palestino. Fundada en 1981 como la organización hermana de Shalom Ajshav (Paz Ahora) de Israel, APN se describe a sí misma como una organización judía estadounidense no partidista, sin fines de lucro, pro Israel, pro paz. Estas son las más importantes organizaciones estadounidenses judías por fuera del establishment con inserción en la mayoría de los estados de EE.UU. con amplia presencia de la colectividad judía. Hay numerosos movimientos locales especialmente en los campus universitarios no vinculados entre sí ni con alguna institución que los centralice que también dan pelea por las mismas cuestiones que las mencionadas anteriormente. Este conjunto de movimientos con sus matices de mayor o menor radicalización, buscan relacionarse con la sociedad norteamericana en general en defensa de los derechos de las minorías, contra la discriminación y la xenofobia, y en defensa de los sectores más desprotegidos económica y socialmente. Pero lo que últimamente ha monopolizado la atención de todos estos movimientos y otros no necesariamente adscriptos a principios progresistas, es el incremento exponencial del antisemitismo durante la era Trump. Todos los gestos hacia Israel del presidente norteamericano -traslado de la Embajada a Israel, reconocimiento de la soberanía sobre el Golán y Jerusalén Este, y últimamente la legitimación de los asentamientos judíos en Cisjordania- no ha podido aplacar la preocupación ante este peligroso fenómeno. El antisemitismo en EE.UU. viene de larga data –basta recordar los carteles que no admitían en comercios, hoteles y casas de comida a negros, judíos y perros- con exponentes de alto perfil como Henry Ford y Charles Lindbergh. Después de la Segunda Guerra Mundial con la derrota del nazismo y la posterior creación del Estado de Israel, se remitió en pequeño grupos racistas y neonazis. Pero el advenimiento de Trump a la presidencia de EE.UU. hizo revivir a lo que estaba esporulado. La primera advertencia tuvo lugar en Charlottesville, Virginia, cuando durante una marcha convocada por los supremacistas blancos agrupados en “Alt-Right” (Alternativa de

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El “Caso 3000” visto como uno de los peores escándalos de soborno en la historia de Israel

Fuente: Radio Jai web Fecha: 4 de diciembre de 2019 Los fiscales estatales anunciaron el jueves cargos contra exfuncionarios de defensa y asociados del primer ministro Benjamin Netanyahu, incluido su primo, quien fue su ex abogado, en un importante caso de corrupción que involucra presunta corrupción en la compra de embarcaciones navales. El caso 3000, como se sabe, se centra en un posible conflicto de intereses en torno a la adquisición de barcos militares y submarinos de miles de millones de shekels del constructor de barcos alemán Thyssenkrupp en 2016. Los fiscales alegan que funcionarios israelíes fueron sobornados para impulsar un acuerdo masivo por las embarcaciones que valen cientos de millones de dólares. El caso ha sido descrito por algunos como el mayor escándalo de corrupción en la historia de Israel. Una declaración del Ministerio de Justicia dijo que Miki Ganor, ex agente de Thyssenkrupp en Israel, estaba siendo acusado de soborno, lavado de dinero y delitos fiscales, al igual que Eliezer Marom, ex jefe de la Armada israelí. El ministerio también anunció cargos de soborno, abuso de confianza y lavado de dinero contra David Sharan, ex asesor de Netanyahu y del ministro de Energía, Yuval Steinetz, así como cargos de soborno, lavado de dinero, fraude, abuso de confianza y delitos fiscales contra ex ministro Eliezer Sandberg. Rami Taib, ex asesor político de Steinitz, iba a ser acusado de soborno y Yitzhak Lieber, consultor de medios con vínculos con Sharan, acusado de lavado de dinero y asistencia por delitos fiscales. David Shimron, ex abogado personal y primo de Netanyahu, será acusado de lavado de dinero. Ganor y Sharan también enfrentan cargos por violar una ley que regula los partidos políticos. Todos los cargos estaban pendientes de una audiencia previa a la acusación. La declaración no especificó si Avriel Bar-Yosef, ex asesor adjunto de seguridad nacional, sería acusado en el caso, pero describió presuntos vínculos corruptos que tenía con Ganor. Según los fiscales, Bar-Yosef primero se acercó a Ganor para convertirse en el representante de Thyssenkrupp en Israel porque “quería obtener un beneficio financiero”. Luego, supuestamente, reclutó a Marom, quien era el jefe de la marina en ese momento, para ayudar a presionar para el nombramiento de Ganor. Ganor más tarde reemplazó a Yishaya Barkat como representante de Thyssenkrupp en el país. “Durante las reuniones que Ganor, Marom y Bar-Yosef celebraron desde el comienzo de 2009… se formuló un entendimiento, acuerdo y expectativa entre ellos mediante el cual Marom y Bar-Yosef recibirían una compensación de Ganor por su trabajo a favor de su nombramiento”, decía el comunicado. Ganor supuestamente pagó doscientos mil shekels en total, y los fiscales acusaron a Bar-Yosef de trabajar para adelantar las compras navales mientras se desempeñaba como asesor adjunto de seguridad nacional. La declaración del Ministerio de Justicia también detalla los presuntos vínculos corruptos que Ganor tenía con Sharan y Sandberg, a quien se le acusa de sobornar a cambio de promover sus intereses, así como la sospecha de lavado de dinero por parte de Shimron en nombre de Ganor. Shimron desestimó el cargo de lavado de dinero pendiente en su contra y predijo que el asunto se retirará después de la audiencia antes de la presentación de los cargos formales. “Recibí la hoja de carga y la miré. No hay submarinos. No hay soborno. No hay fraude Entonces, ¿qué hay ahí? Una violación técnica que se ha descrito de manera pomposa con un error considerable “, dijo, según informes en medios hebreos. Ganor inicialmente firmó un acuerdo para convertirse en el testigo clave de la fiscalía en el caso en el que, según los informes, admitió haber sobornado a una serie de altos funcionarios para ayudar a asegurar los contratos de la empresa con el Ministerio de Defensa de Israel. Pero en una conmoción en marzo, le dijo a la policía que deseaba alterar partes clave del testimonio que dio en el caso. Ganor afirmó que si bien respaldaba los hechos que había dado a la policía, los pagos que daba eran honorarios de consultoría y no sobornos. Dijo que la policía lo había presionado para que describiera las circunstancias, de modo que respaldaran la afirmación de que había actuado para sobornar a empleados estatales de alto rango. Según los informes, esa medida se produjo después de que Ganor descubriera que firmar un acuerdo de testigos estatales había puesto su nombre en una lista negra de la banca internacional y bloqueado su acceso a decenas de millones de shekels en bancos de Chipre y Austria. En mayo, los fiscales estatales informaron a Ganor que su trato con el estado había sido cancelado, despojándolo de su inmunidad de enjuiciamiento en el caso. Había sido declarado culpable solo de cargos de evasión de impuestos y cumplir una condena de prisión de un año como parte del acuerdo. La investigación de alto perfil atrapó a varios socios cercanos de Netanyahu, pero el primer ministro no era sospechoso. Netanyahu ha sido acusado de fraude y abuso de confianza en tres casos de corrupción, así como de soborno en uno de ellos. Él niega haber actuado mal. Traducida por Alicia Weiss con información de JTA

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El agravio a los muertos

Fuente: Álvaro García Linera | Celag.org Fecha: 1 de diciembre de 2019 “Ni los muertos estarán seguros ante el enemigo si este vence…..” W. Benjamin Un multitudinario cortejo fúnebre recorre las calles de El Alto y La Paz. Por delante van dos féretros y detrás miles y miles de dolientes. Son gente humilde; pobladores de El Alto, artesanos, campesinos, vecinos, madres, indígenas de las provincias de La Paz, Potosí, Cochabamba y Oruro. Han caminado con su dolor cerca de diez kilómetros, y a su paso salen trabajadores, comerciantes y estudiantes llorosos que se persignan, aplauden y entregan agua y pan a los que marchan. La ciudad está paralizada, y la gente de los barrios populares está de luto. Solo el 20 de noviembre, en la zona de Senkata, ocho pobladores fueron asesinados con armas de fuego militar, más de un centenar fueron heridos de bala, llegando a treinta y cuatro los muertos en los últimos nueve días del golpe de Estado en Bolivia. Han bajado desde El Alto para reclamar justicia por sus muertos; han caminado tanto para que las personas vean lo que está pasando, ya que los medios de comunicación amordazados no hablan de la tragedia sufrida; marchan horas y horas para decirle al mundo que no son terroristas ni vándalos; que ellos son el pueblo. Y es que desde el día del golpe de Estado todas las movilizaciones de sectores populares y campesinos que salieron a defender la democracia y el respeto al voto ciudadano fueron objeto de una feroz campaña de desprestigio que desbordó las redes y los medios de comunicación. No se hablaba de obreros, ni de vecinos, ni de indígenas. Se trataba de “peligrosas hordas”, de “vándalos” que amenazan la paz social. Y cuando los habitantes de la valiente ciudad de El Alto y los indígenas y campesinos bloquearon carreteras, un rabioso lenguaje se apoderó de los golpistas y medios de comunicación: “terroristas”, “narcotraficantes”, “salvajes”, “criminales”, “turbas borrachas” “saqueadores” y otros adjetivos fueron utilizados para descalificar y criminalizar la protesta de las clases menesterosas. Desde entonces, mujeres de pollera con hijos en la espalda, niñas escolares que acompañan a sus padres, jóvenes universitarios, obreros soldadores, campesinos de poncho y vendedores de helados son el nuevo rostro de los “peligrosos sediciosos” que quieren incendiar el país. Esta estigmatización de la plebe sublevada, especialmente si son indios, no es nueva. Durante la Colonia, en el siglo XVI, Fray Ginés de Sepúlveda comparó a los indígenas con los monos; el cura Tomás Ortíz los calificó de “bestias”; en el siglo XIX se hablaba de “razas degeneradas”; y las dictaduras del siglo XX mutaron hacia la delincuentización del indio insurrecto, calificándolo de “subversivo“, “sedicioso”, que quiere poner en riesgo la propiedad, el orden y la religión. Ahora, las clases medias tradicionales realizan una vergonzosa fusión verbal entre el lenguaje colonial con el de contrainsurgencia. Ni sus intelectuales orgánicos educados en universidades extranjeras pueden escapar a este llamado de la sangre y el prejuicio racial. Para ellos las marchas de vecinos son reuniones de “delincuentes borrachos”, los bloqueos de caminos de campesinos son actos de “terrorismo” y los asesinados por la bala militar son ajustes de cuentas entre “maleantes”. La forzada mesura con la que todos estos años los escribas conservadores habían calificado a los indios empoderados, hoy se desbocan como un torbellino de prejuicios, insultos y descalificaciones racializadas. Habían aguardado toda una década mordiéndose los dientes para no escupir sobre los indios y mostrarles su desprecio; y ahora, amparados en las bayonetas, no dudan en descargar todo su odio de casta. Es el tiempo de la venganza y lo hacen enfurecidos. Es como si quisieran borrar no solo la presencia del indio que los derrotó, y por eso son capaces de matar con tal de que Evo no sea candidato; además desean arrancar su huella de la memoria de las clases humildes asesinando, encarcelando, torturando, amenazando a quienes pronuncien su nombre. Por eso queman la Wiphala que Evo introdujo en las instituciones del Estado; por eso queman las escuelas que él hizo construir en los barrios populares; por eso aplauden y brindan por la militarización de las ciudades. Ya no hay espacio para la dignidad ni el decoro de una clase que se revuelca frenéticamente en el lodo del autoritarismo, la intolerancia y el racismo. Y es contra ello que marchan las clases humildes de El Alto y las provincias. Bajan por miles, doscientos mil, trescientos mil. El número ya no importa. El poder que ellas defienden no es el de una persona ni el que Weber teorizó como capacidad de influir en el comportamiento de otro. Para las clases populares la experiencia de poder de estos últimos catorce años es el de ser reconocidas como iguales, el de tener derecho al agua, a la educación, al trabajo, a la salud en similares condiciones que el resto de los ciudadanos. El ejercicio del poder para el pueblo ganado en las urnas, más que la de una capacidad de mando ha sido la de una experiencia corporal diaria de poder mirar de frente a los demás sin tener que avergonzarse del color de piel o la pollera de madre; es haber sido tomados en cuenta como seres humanos; es el poder vender en el mercado, labrar la tierra o ser autoridad sin ninguna barrera de apellido. De ahí que, si bien la experiencia del poder estatal para las clases subalternas -como lo vio Gramsci- es, en primer lugar, la construcción práctica de su unidad como bloque social, la manera de verbalizar y comprender moralmente ese poder ha sido la conquista de la dignidad, es decir, su experiencia de pueblo como cuerpo colectivo autodignificado. Por eso la mujer de pollera y el obrero lloran cuando el fascismo quema la Wiphala, lloran cuando Evo es expulsado, lloran cuando son impedidos de entrar a las ciudades. Lloran porque están despedazando el cuerpo simbólico y real de su unidad y de su poder social. Y cuando llevan sus muertos por delante en medio

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No temas, Israel, el estado ha sido salvado

Fuente: Gideon Levy  |Haaretz   Fecha: 30 de noviembre de 2019 La batalla política en Israel ha pasado de la fase grotesca a la psicótica. Comenzó con sospechas criminales contra Benjamín Netanyahu y un centro letárgico que había perdido el rumbo, encontró un objetivo para atacar e inflar en proporciones monstruosas: Netanyahu, ¿sí o no? – Y continúa con la violencia verbal demente de la derecha pro-Bibi. Lo que las dos partes tienen en común es una exageración salvaje y una desconexión de la realidad. Al principio fue divertido, un poco menos a medida que continúa. No hay diferencia entre las profecías apocalípticas de los dos campos. Si Netanyahu deja de ser primer ministro, es el fin del mundo. Si Netanyahu permanece en el cargo, es el fin de la civilización. Ningún lado se conformará con nada menos. El Holocausto incluso protagoniza ambas visiones: Netanyahu el nazi, el fiscal estatal Shai Nitzan el nazi. Hay matones verbales en ambos lados, aunque el lenguaje de la derecha es inferior y más amenazante que el del centro izquierda. «Derrotamos a los alemanes y venceremos a todos los que te persiguen» desde la derecha; Netanyahu con un bigote de Hitler y una esvástica desde la izquierda. Turquía y Corea del Norte han venido a Israel, por ambos. El activista de derecha Ran Karmi Buzaglo amenaza: «No te metas con nosotros. No puedes manejarlo. Hazte un favor». Por su parte, Uri Misgav predice:» Terminará en un asesinato. Netanyahu y  [el Ministro de Justicia Amir] Ohana están incitando a un ataque físico contra Nitzan  y el [Fiscal Adjunto del Estado para Delitos Financieros] Liat Ben-Ari” (Haaretz en hebreo, 27 de noviembre). ¡Ayuda! Estamos al borde de la guerra civil. El despliegue de tropas está comenzando. La realidad es mucho más inductora al bostezo. Así es cuando hay un vacío ideológico en ambos campos. Pusieron hombres de paja para luchar y los hicieron parecer una amenaza existencial. Netanyahu por un lado y la oficina del fiscal y los medios de comunicación por el otro, a cada uno de sus enemigos. Y cualquiera que haya estado ridiculizando las protestas de la derecha haría bien en mirar los comentarios que los contrarrestan, que a veces no son menos ridículos. La realidad es así: se presentó una acusación contra el primer ministro. No es el político más corrupto en la historia de Israel, pero así y todo es lo suficiente para que renuncie de inmediato. El sistema de aplicación de la ley está haciendo su trabajo lo mejor que puede. El final de Netanyahu llegará pronto. No será seguido por una nueva era. La realidad está siendo distorsionada por ambos lados para sus propios fines. Netanyahu es un dios para uno, el diablo para el otro. Pero en realidad no es ninguna de las dos. Su corrupción es menos grave de lo que parece, y la acusación tampoco es lo que la derecha la acusa de ser. El peligro para la única democracia en el Medio Oriente es menor de lo que afirma cualquiera de las partes. En cualquier caso, el régimen en Israel no puede considerarse democrático, ya que un tercio de sus súbditos vive bajo una cruel dictadura militar. Los defensores del estado de derecho, tan preocupados por el futuro del poder judicial, están ocultando esa traición continua a su posición. Pero incluso aquellos que temen por la democracia que existe para los judíos pueden calmarse. La acusación contra el primer ministro ha sido emitida. Netanyahu será procesado. Ningún intento de incitación o diversión cambiará la cosa. Y mientras tanto, la única pregunta que le importa a Israel es el futuro de su primer ministro. Nada más importa. Eso es lo que un esfuerzo público concertado, una sociedad civil «despertada», un medio de comunicación lider, tienen que mostrar para sí mismos. Y tal vez esa es la agenda oculta de la tormenta en la que se encuentra Israel. En lugar de comprometernos con los problemas que darán forma a la cara y el futuro del estado, nos comprometemos con Netanyahu. ¿Y exactamente qué pasará con Israel el día después? El centro político saltará a la fuente en la plaza del pueblo. La derecha se pondrá arpillera y cenizas. ¿Y entonces qué? ¿Estaremos en un estado diferente? Absolutamente no. Esto es lo que escribió Uri Misgav, en el típico eufemismo del centro izquierda, sobre la situación de Netanyahu: “El lema electoral debe ser ‘Estamos salvando al país’. De antemano quedará claro que estamos en una situación de emergencia… Deja de estar temerosos y sembrar desesperación y miedo. Hay hambre y rabia en nuestro campo, y por otro lado, hay signos de que han tenido suficiente y están cansados, junto con la división interna y una pérdida de rumbo… No temas, Israel». Qué alivio. El estado ha sido salvado. La democracia ha sobrevivido. Y el Mesías está en camino. Traducción: Dardo Esterovich

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Lacalle Pou, el ajustador uruguayo

Fuente: Emiliano Guido | Nuestras Voces Fecha: 27 de noviembre de 2019 Luis Lacalle Pou, probable ganador (en suspenso) de la presidencia de Uruguay llega de una familia política con la promesa de un fuerte recorte fiscal y de flexibilización laboral. Su primer trabajo pago fue como diputado de la lista que encabezaba su mamá. Rechaza la producción estatal de cannabis, pero acepta su legalización. Carece de experiencia laboral en el sector privado, aunque ideológicamente está más cerca de Mauricio Macri que de Jair Bolsonaro. El probable próximo presidente del Uruguay posee un currículum laboral plano. No ha estado al mando de grandes compañías ni ha ocupado puestos políticos significativos. Sin embargo, Luis Lacalle Pou supo estar en el lugar justo en el momento indicado. Hijo de un ex Jefe de Estado y con una mínima experiencia parlamentaria, Lacalle Pou supo vencer en dos raids importantes de la derecha local: primero ganó la interna del Partido Nacional a dirigentes de mayor experiencia, luego fue el candidato más votado de la oposición en octubre. Con esas dos medallas el dirigente blanco pudo llegar al ballotage para aprovechar las circunstancias excepcionales que beneficiaban al bloque conservador uruguayo. Primero, el oficialismo del Frente Amplio jugó los comicios con el desgaste de haber conducido al Estado durante tres administraciones consecutivas y en pleno recambio dirigencial. Además Lacalle Pou se benefició con el apoyo de nuevos partidos, todos contrarios al progresismo oficialista. Por eso los medios locales e internacionales hablan de un probable mandatario a cargo de una «coalición de derecha multicolor». Pero, ¿quién es Luis Lacalle Pou? ¿Hasta dónde respeta la tradición blanca apoyada en los estamentos más ligados al Partido Nacional como el campo y la Iglesia? ¿Cuál es su mirada del Estado y la economía? ¿Cómo sería su convivencia con el colorado Eduardo Talvi y el General ultranacionalista Guido Manini Ríos, el Bolsonaro uruguayo? Nuestras Voces habló con el periodista Marcelo Pereira, del interesante portal montevideano La Diaria, uno de los cronistas uruguayos que más conoce sobre la vida política de Lacalle Pou hijo. “Lo más significativo de su biografía es que es estrictamente política. En el sentido de que su primer trabajo remunerado fue cuando lo eligieron diputado en una lista liderada por su madre, la esposa del ex presidente Luis Alberto Lacalle Herrera. No tiene experiencia laboral anterior a ese puesto legislativo, ni como empleado ni como empresario. Tampoco ha detentado cargos políticos relevantes en el Estado, salvo su representación parlamentaria no detenta otro tipo de haber en un puesto gubernamental. Es decir, salvo el mínimo personal de secretaria y asesores del que estuvo a cargo en el Congreso, no ha tenido la responsabilidad de tener mando sobre muchas personas. A su vez no fue un parlamentario muy productivo en cuanto a generación de leyes. Durante la promulgación de las normativas sociales más importantes generadas por el Frente Amplio en estos años Lacalle Pou no estuvo en sala como se dice acá”, reconstruye Marcelo Pereira. En paralelo Pereira describe sucintamente los contornos de su vida parlamentaria y privada: “No ha sido un parlamentario de alto perfil. En resumen ha sido una persona que ha aprovechado unas circunstancias personales para su ascenso político, es decir su linaje familiar dentro del Partido Blanco. Eso sí, tiene inteligencia política, se ha movido bien en la interna del Partido Nacional porque ganó la sucesión de lo que se denomina el herrerismo. En esa puja superó a gente con más experiencia y con un perfil más alto en el partido. Ahora bien en lo cultural posee un estilo de vida diferente al uruguayo medio, vive en un barrio privado, y en su trato diario se codea con sectores pertenecientes a las clases medias altas o altas de Uruguay”. ¿Qué derecha regional representa más a Lacalle Pou, la difusa y ecléctica de Macri, o la bravucona y nacionalista de Jair Bolsonaro?, pregunta Nuestras Voces. “No es sencillo definir su matriz política. En principio porque no tuvo grandes responsabilidades a cargo para comprobar cuál es su mirada sobre los temas más acuciantes. En algunos aspectos reproduce la línea de la corriente herrerista, la clásica impronta blanca del Partido Nacional: una formación conservadora, cercana al catolicismo. A ese acervo él agrega la defensa de un estilo moderno de la política, es parte de los liberales regionales que muestra rechazo a las categorías ideológicas clásicas como izquierda y derecha. Por eso su discurso descansa en términos abstractos: defiende ideas asépticas como equilibrio político, desarrollo, perfeccionar lo bueno que ha hecho el Frente. Ahora bien aunque es parte del tradicionalismo blanco ha defendido, con matices, la política de despenalización de las drogas. Él defiende más el autocultivo que la producción estatal promovida por el Frente Amplio. Incluso ha reconocido haber consumido marihuana y drogas más duras durante su juventud, algo infrecuente entre los dirigentes tradicionales”, responde el autor del interesante blog Apuntes de Campaña. Por otro lado surgen otros interrogantes, ¿Qué tipo de Estado intentará edificar el dirigente blanco? “Lacalle Pou hace mucho énfasis en que el Estado debe recuperar la autoridad, especialmente en el área de seguridad pública. Si proyectamos esa mirada a un gobierno que va a tener seguramente mucha oposición social eso da alguna señal de preocupación porque se presupone que no tolerará resistencia en la calle a sus iniciativas. Por otro lado, seguramente apoyará un marco de flexibilización laboral, eso implica romper los marcos legales existentes a favor del asalariado en Uruguay. Él ha insistido mucho en que el Estado debe promover una mayor elasticidad en los convenios colectivos de trabajo y también remarcó sus críticas al Frente Amplio por su buena relación con los grandes sindicatos”, soslaya Pereira. Por otro lado Marcelo Pereira advierte que la carpeta económica de Lacalle Pou contiene un fuerte achique del Estado: “En cuanto al déficit Lacalle Pou advirtió que va a procurar un ahorro anual de 900 millones de dólares anuales, un monto que para la escala del presupuesto uruguayo implica mucho dinero. Eso seguramente derivará en el recorte de programas sociales. Claro, él sostiene

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Cómo Israel-Palestina saltó al corazón de la política estadounidense

Fuente: Alex Kane | +972 Magazine Fecha: 22 de noviembre de 2019 La última vez que hubo una primaria abierta del Partido Demócrata, Hillary Clinton y Barack Obama se enfrentaron en todo, desde la Guerra de Irak hasta la atención médica, para competir, .Todo, esto es, excepto Israel. Las críticas a Israel durante la campaña 2007-2008 se limitaron a los candidatos marginales. En un debate en el medio independiente NPR de 2007, Mike Gravel, el ex senador de Alaska al que nunca votó más del 3 por ciento, preguntó por qué era un problema que Irán financiara a Hamas y Hezbolá, mientras que Estados Unidos financia a Israel. Esa fue una de las únicas desviaciones de la línea pro israelí estándar emitida durante la temporada de primarias, y el candidato que la hizo no era exactamente una estrella. Gravel no ganó un solo delegado. Mientras Clinton y Obama expresaron obedientemente su apoyo a Israel durante toda la campaña, la relación entre Estados Unidos e Israel no ocupó un lugar central en la carrera primaria demócrata. Una década después, el debate sobre Israel ha cambiado radicalmente. Ahora se está desarrollando en el escenario más destacado de la política estadounidense, la carrera presidencial, y en los pasillos del Congreso. El senador Bernie Sanders (D-Vt.), que está en tercer lugar en la carrera por ser el próximo candidato presidencial demócrata, ha dicho en repetidas ocasiones que quiere que Estados Unidos aproveche su ayuda militar a Israel para poner fin al trato injusto de Israel a los palestinos. Pete Buttigieg, el alcalde de Indiana, en el cuarto lugar, dijo que los contribuyentes estadounidenses no deberían pagar la factura de una anexión israelí de Cisjordania. La senadora Elizabeth Warren (D-Mass.), ahora disputando por el liderazgo con Joe Biden, ha sido menos clara sobre su plan para Israel-Palestina. Pero ella ha hablado sobre la necesidad de poner fin a la ocupación de Israel y, en octubre, dijo que estaba dispuesta a condicionar la ayuda militar estadounidense a Israel. En cuanto a Biden, está solo al decir que condicionar la ayuda militar de los Estados Unidos a Israel sería «absolutamente indignante». Mientras tanto, una nueva cosecha de progresistas, liderada por las representantes Ilhan Omar (D-Minn.) Y Rashida Tlaib (D-Mich.), están ampliando el debate sobre la alianza entre Estados Unidos e Israel en el Congreso, pidiendo límites a la ayuda militar estadounidense y elogiando las tácticas de boicot, desinversión y sanciones como herramientas para cambiar el status quo en el terreno. «Hay una apertura y una disposición cada vez mayores para hablar con mucha más profundidad y de manera más imparcial sobre las realidades del conflicto entre Israel y Palestina», dijo Logan Bayroff, portavoz de J Street, el grupo de lobby liberal judío estadounidense pro israelí. «Se ha abierto mucho más espacio en los últimos 10 años, y especialmente en los últimos cuatro años, durante la administración Trump». Esta evolución no es incidental. El cambio dramático en el debate de los EE. UU. sobre Israel-Palestina es el resultado de cambios de larga data en la ideología del partido, una serie de eventos notables en Israel y los EE. UU. y una organización obstinada dirigida por palestinos estadounidenses que ha capitalizado estas tendencias. ¿El resultado de todo esto? Un animado debate sobre el futuro de la relación entre Estados Unidos e Israel que no muestra signos de morir. El Estado judío no es ajeno a la política de Washington. Incluso antes de que el presidente Harry Truman reconociera a Israel en 1948, los judíos estadounidenses estaban en el capitolio, presionando a Truman para que apoyara la conversión de la Palestina con mayoría  árabe en un Estado judío. Durante gran parte de las siete décadas posteriores, la discusión de Estados Unidos sobre Israel en Washington se ha centrado en la mejor manera de proteger al Estado judío de sus vecinos hostiles. Ha habido interrupciones ocasionales al status quo. A principios de la década de 1980, el presidente Ronald Reagan suspendió las entregas de aviones de combate a Israel después del bombardeo de un reactor nuclear iraquí y prohibió la exportación de bombas de racimo después de que Israel las arrojó al Líbano durante la primera guerra de Israel allí. En 1992, el presidente George H.W. Bush se negó a aprobar garantías de préstamos para Israel a menos que dejara de construir asentamientos en tierras palestinas en Cisjordania y Gaza. Sin embargo, estos cambios ocasionales en el debate político estadounidense sobre Israel no minaron la férrea alianza estadounidense-israelí. Y eventualmente, estas interrupciones en el debate sobre el status quo se desvanecieron. Sin embargo, la polarización de la política de Washington en los últimos años allanó el camino para la división partidista de hoy sobre Israel. El Partido Republicano se volvió más blanco, viejo y rico. La influencia evangélica cristiana de derecha sobre el Partido Republicano creció considerablemente, empujando las políticas del Partido Republicano sobre Israel hacia la derecha. El Partido Demócrata se volvió más dependiente de personas de color, jóvenes, laicos y minorías religiosas. Las bases de ambas partes se fusionaron en torno a dos visiones fundamentalmente diferentes de cómo Estados Unidos debería comportarse en el mundo. Los ataques del 11 de septiembre de 2001 unieron temporalmente al establishment demócrata y al Partido Republicano para librar la guerra de Irak, pero en espacios progresistas, el sentimiento contra la guerra era alto. Y con ello, se prestó más atención al tema de Palestina, aunque Palestina fue un tema divisivo a veces. Algunos liberales no querían conectar a Palestina con Irak, mientras que aquellos más firmemente a la izquierda los veían como problemas interconectados. «Comenzaron a hacer conexiones entre lo que sucedía en el país y lo que sucedía en Israel, porque Israel estaba haciendo esa conexión en términos de su campaña de hasbara (esclarecimiento)», dijo Zaha Hassan, miembro visitante de Carnegie Endowment for International Peace. “Dijeron que la resistencia palestina en los territorios ocupados no era diferente a los movimientos extremistas islámicos en el Medio Oriente. Los liberales y progresistas en los Estados Unidos

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El nuevo gobierno y su vecindario

Fuente: Edgardo Mocca | Página/12 Fecha: 17 de noviembre de 2019 Menos de un mes antes de la asunción del nuevo gobierno argentino, el mapa regional ha sufrido una serie de impactos muy importantes para pensar el contexto en el que se desarrollará ese acontecimiento. En Bolivia hubo un golpe de estado cívico-militar; hay quienes lo niegan tomando como propio el argumento de los golpistas. Todos los golpes de estado que en el mundo han sido fueron explicados por sus autores en nombre de la defensa del bien; la discusión al respecto no tiene ninguna importancia analítica, es pura propaganda a favor de los golpistas y de quienes están de modo muy visible detrás del golpe, es decir la OEA y el gobierno de Estados Unidos. El golpe contra Evo termina de cerrar la etapa regional abierta con la recuperación democrática argentina en 1983. Más allá de los rasgos originales de la ruptura boliviana –entre ellos el uso de fuerzas civiles lanzadas a todo tipo de acciones violentas sin que ninguna fuerza armada o de seguridad lo impidiera- reaparece en la escena sudamericana el golpe militar. Es decir, la oligarquía nativa asociada con la principal potencia imperial pone en acción el último recurso para defender su dominio político, el recurso de las armas. Es un dato histórico con el que tendrán que contar, de aquí en adelante, las fuerzas democráticas y populares de todos nuestros países: la doctrina democrático-liberal de las “transiciones democráticas” ha sido subordinada a las razones estratégicas de Estados Unidos y sus aliados en cada uno de nuestros países. Con todo su dramatismo y sus episodios de violencia fascista, los acontecimientos bolivianos no deberían tapar ni disminuir la importancia de otro fenómeno contemporáneo, la rebelión popular chilena. Así como se reabrió la agenda de los golpes de estado, también reapareció la sombra maldita de los años setenta del siglo pasado: la revolución. Parece razonable tildar de exagerada esa afirmación; sin embargo su empleo no es una simple evocación sentimental. El pueblo chileno ha forzado que las élites políticas que gobiernan Chile desde 1990 acuerden un calendario electoral en el que estará en juego la constitución del país. Claro que no cualquier reforma constitucional supone una revolución. Pero resulta que en este caso está en juego un cambio de régimen. Se trataría, en el caso de triunfar la lucha popular chilena, del reemplazo del régimen pos-pinochetista, que mantuvo en pie el orden político emergente de la “constitución” del régimen militar, por uno nuevo cuyo contenido emergería de una disputa política muy vigorosa. El solo hecho de que se abra esta discusión es una conquista revolucionaria en el Chile erigido por los poderosos del mundo como modelo global, como paradigma del régimen ideal de la democracia neoliberal. Así lo recitaba –y sigue recitándolo- el mainstream de la ciencia política de nuestros países: centralidad del parlamento, poca política en las calles, pocos partidos políticos, competencia “hacia el centro”, marginación de los partidos “antisistema”. Todo eso está colapsando en Chile y eso es una muy buena noticia para la democracia. Claro que mirada desde Argentina, la realidad de este contexto político regional no es lo que se dice tranquilizadora. El presidente electo y la coalición que apoyó su candidatura son los emergentes de una estrategia política que combinó la promesa de un cambio profundo de orientación respecto de la catastrófica gestión macrista con la voluntad de facilitar un diálogo político en el que se disolviera la “grieta” que divide a los argentinos. Como mínimo, el golpe de estado en Bolivia, la prolongada crisis del régimen chileno y la postura propia de la guerra fría adoptada por Bolsonaro en Brasil no parecen ser el marco más propicio para llevar a buen puerto ese objetivo. La distensión política es un objetivo noble y razonable, no lo sería tanto esperar que esa voluntad de diálogo tenga eco entre los sectores más poderosos de nuestra sociedad y sus soportes hemisféricos. De modo no casual, el centro del discurso del presidente electo y de sus más estrechos colaboradores está en las urgencias que plantea al nuevo gobierno el ominoso saldo de la experiencia de gobierno de la segunda alianza. Enfrentar el hambre, aliviar a los sectores más postergados, “prender” la economía aparecen como prioridades difícilmente discutibles. Ahora bien, a esta situación no se llegó por una fatalidad cósmica. A esta situación nos llevaron determinadas políticas que fueron aplaudidas por algunos sectores durante gran parte del mandato de Macri, justo hasta el momento en que a la figura del presidente se le adjuntó la fecha de vencimiento. Es cierto que los beneficiarios reales del despojo antipopular constituyen un sector muy minoritario de la población. Pero su capacidad de influenciar a sectores sociales muy amplios no debería estar en discusión: es un hecho comprobado en nuestro país y en nuestra región. Alberto Fernández dijo en estos días que Estados Unidos, bajo el gobierno de Trump “volvió a las peores épocas de los años setenta, avalando intervenciones militares contra gobiernos populares que fueron elegidos democráticamente”. Se trata de una intervención valiente. Pero no solamente eso, también es una intervención sensata. No debería ser entendida como un rapto voluntarista, sino como un gesto de comprensión de la realidad en la que le tocará gobernar. Muchos, en nuestro país y en la región, creyeron que una vez obtenido el gobierno había que darle prioridad a las buenas relaciones con los poderosos porque eso aseguraría su estabilidad. Eso terminó invariablemente mal. Maquiavelo en “El Príncipe” habla de los dos humores que conviven en la patria, “el de los grandes y el del pueblo”. Y sostenía “Quien alcanza el principado mediante el favor del pueblo debe, por tanto, conservárselo amigo, lo cual resulta fácil pues aquél solamente pide no ser oprimido”. El pueblo argentino está ante una gran oportunidad. La de convertirse en protagonista de un episodio profundamente democrático, socialmente reparador e inspirador para los pueblos de la región. El protagonismo del presidente electo en los sucesos de Bolivia y sus puntos

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Conexión Washington – Las características del golpismo neoliberal

Fuente: Jorge Elbaum | El Cohete a la Luna Fecha: 17 de noviembre de 2019 Ningún golpe de Estado puede llevarse a cabo en América Latina sin la habilitación, aprobación, planificación o complicidad del Departamento de Estado. Solo Estados Unidos posee la capacidad de legitimar la discontinuidad de los sistemas institucionales dentro de la región. Hace cinco décadas se llevaban a cabo en nombre de la Guerra Fría, basados en una doctrina de la seguridad nacional difundida por la Escuela de las Américas. Luego de la caída del muro de Berlín, la estrategia del Pentágono redujo su legitimidad. La posterior lucha contra el fundamentalismo islámico no logró cuajar como justificativo en América Latina, por lo que fue necesario apelar a otra doctrina. Se sistematizó entonces como nueva formulación de la seguridad regional (funcional a los intereses de Estados Unidos) una doctrina de sostén al denominado Consenso de Washington. Esta nueva plataforma se basa en promover una institucionalidad frágil y quebradiza, subalterna del cumplimiento de los principios emanados del neoliberalismo extractivista y financiarizado. Los responsables últimos de la Doctrina de la Seguridad Nacional eran –hasta la década del ’80– los oficiales de las fuerzas armadas de los países latinoamericanos. Su formación se instituía en la Escuela de las Américas, radicada en Panamá desde 1946, y sus órdenes –legitimadas por la necesaria salvación de la supervivencia del occidente cristiano— incluían la tortura, la desaparición forzada y el exterminio de opositores. El pretendido triunfo del capitalismo fue conceptualizado como el “fin de la historia”, y fue necesario generar un nuevo cuerpo de protagonistas de la manipulación geopolítica, más coherente con la etapa. Las representaciones diplomáticas de Washington readecuaron sus dispositivos hacia la financiación de:  iglesias neo-pentecostales, cultoras de una teología de la prosperidad individual, enemigas de cualquier opción al servicio de los humildes; grupos periodísticos, convertidos en agentes de operaciones psicológicas destinadas a debilitar vínculos entre los referentes políticos y sus bases sociales; actores seleccionados del Poder Judicial, cooptados ex profeso para actuar como cuña (pseudo) republicana disfrazada de prudencia, cordura y equilibrio de poderes; y grupos empresariales y financieros acoplados a la lógica corporativa global, cuyos intereses son convergentes con los directorios de las transnacionales. En esta nueva etapa, los ejecutores de los golpes de Estado ya no rotulan como sus enemigos a los grupos insurreccionales —hoy inexistentes—, sino a quienes promueven la inclusión social, el pleno empleo, la defensa soberana de los recursos estratégicos y la integración regional. Dado que no resulta políticamente muy redituable justificar la persecución de estos defensores de la equidad, se los caratula como responsables de toda forma de corrupción e incluso del narcotráfico. Las usinas ideológicas que fundan dicha tarea son los think-tanks (centros de investigación ligados mayoritariamente al Partido Republicano), que suelen canalizar sus formulaciones y apotegmas a través de ONGs seleccionadas, con amplia capacidad de penetración al interior de los cuatro actores colectivos mencionados. Como staff de apoyo de las mismas, se suman las agencias de inteligencia y espionaje con doble comando: empresarial y subsidiario de la Agencia de Seguridad Nacional con sede en Maryland. Este nuevo modelo de interrupción de los sistemas democráticos de la región se inició en 2002, con el frustrado golpe contra Hugo Chávez. Continuó en junio de 2009 con la destitución forzada de Manuel Zelaya en Honduras y se prolongó ese mismo año, en septiembre, con otra intentona malograda (en Bolivia), que produjo la matanza de Pando. El 30 de septiembre de 2010, le tocó el turno a Ecuador, a través de una asonada policial, pero Rafael Correa logró abortarla gracias a la movilización popular. En junio de 2012 el golpe logró consumarse en Paraguay, y Fernando Lugo fue desplazado gracias a la eficiente labor del representante diplomático de la embajada de Washington, que se negó a condenar el quiebre institucional.  La tela de araña Presidenta en sí y ante sí Jeanine Añez. La oleada de golpes del siglo XXI tiene la impronta del denominado poder blando teorizado por Joseph Nye, quien sugiere implementar estrategias de acción publicitaria, simbólica y cultural en vez de recurrir, como se estilaba durante el siglo XX, a modelos contrainsurgentes de coerción. Esta conceptualización fue profundizada por el militar y politólogo estadounidense Gene Sharp, quien considera que “la naturaleza de la guerra en el siglo XXI ha cambiado (…) Nosotros combatimos con armas psicológicas, sociales, económicas y políticas”. Uno de los más conocidos trabajos de Sharp, “De la dictadura a la democracia”, ha sido el material más difundido por quienes asimilan democracia (únicamente) con neoliberalismo, y asocian toda forma de promoción de Estado de Bienestar con dictadura. Los antecedentes del reciente golpe contra Evo Morales fueron prologados por declaraciones altisonantes de Roger Noriega –ex director de USAID y subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental—, quien instigaba una semana antes del quebrantamiento institucional a derrocar al líder del MAS: “Bolivia podría estar cayendo en espiral hacia una dictadura absoluta o un conflicto sangriento”. Las operaciones de la embajada contra Morales, son numerosas y se retrotraen al mismo inicio de su presidencia. Los cables divulgados por WikiLeaks –complicados en el libro Bolivia Leaks— muestran la sistemática faena desarrollada durante más de una década: “El trato con el gobierno del MAS requerirá una cuidadosa aplicación de zanahoria y palos para alentar los buenos comportamientos y políticas, y desalentar los malos”. El formato de este nuevo golpe neoliberal busca presentarse como el resultado de la crisis institucional, ajena a la disputa de intereses, y apela –como factor de última instancia– a las FFAA como garantes de la gobernabilidad, cuando en realidad sus oficiales han sido parte constitutiva de la paulatina deslegitimación de los gobiernos populares. Frente a la lógica del supuesto poder blando emanado de las embajadas, se imponen tres desafíos epocales. En primer término, lo que Samir Amin denominó la “desconexión”, es decir la sutil y gradual disminución de los lazos tóxicos que unen a América Latina con Washington. En segundo término, la indagación y problematización del lugar de las FFAA en la democracia (su reclutamiento y capacitación para cumplir el rol de garantes de la soberanía, y no –como en la actualidad—como gendarmes del

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