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Ni fatídico ni importante: la tercera elección de Israel decidirá poco o nada

Fuente: Gideon Levy | Haaretz Fecha: 29 de febrero de 2020 Dele un descanso al dramático pathos y al drama: la elección de mañana no es fatídica, y probablemente ni siquiera sea importante. Al igual que sus dos predecesoras, también decidirá poco, si es que tiene algo que ver con la imagen de Israel, y no solo porque el resultado aparentemente será un empate. Así es cuando hay un amplio acuerdo sobre los asuntos fatídicos, y los controversiales son marginales. Así es cuando la línea que separa los campos es casi totalmente personal (Netanyahu, sí o no) y la disputa entre los campos es sobre personalidades mucho más que sobre ideas. La ira que acompaña a esta lucha no da fe de su importancia; en realidad, muestra el vacío ideológico detrás de la tormenta de emoción. La disputa sobre Benjamin Netanyahu no tiene casi nada que ver con sus políticas, sino principalmente con su conducta personal. No hay casi nada sobre lo que discutir sobre sus políticas porque la oposición no tiene una alternativa real que ofrecer. La Ley del Retorno, la ley del estado nación, el cierre de Gaza y la ocupación de Cisjordania: en estos temas fundamentales existe un consenso maldito. La discusión abarca desde el estilo de vida de Netanyahu y sus esfuerzos indecentes para doblegar el sistema legal para evadir la justicia. Contrariamente a las profecías de la fatalidad, estos problemas determinarán la imagen de Israel mucho menos de lo que sugieren los que se atreven a luchar contra Netanyahu. El rostro de la democracia israelí se forma entre Rafah y Jenin, mucho más que entre la residencia del primer ministro y el tribunal de distrito. El tema que define a Israel más que cualquier otro es uno en el que todos están de acuerdo. La superioridad de los judíos y sus privilegios en este país no están en discusión. Tampoco lo es su subproducto, el derecho del estado a continuar la ocupación a su antojo, un asunto clave de cualquier disputa real. La mayoría de la gente está de acuerdo con eso también. Entre la derecha y la izquierda no hay argumento: a excepción de la Lista Conjunta, todos son sionistas. Todos apoyan la continuación de la superioridad judía. Lo único que queda para luchar es por la llamada ley francesa, un proyecto de ley para evitar la acusación de Netanyahu en los casos de corrupción en su contra. Tal ley es inaceptable, pero en contraste de las voces del fatalismo y del pesimismo, no cambiará nuestro sistema de gobierno. Aparte de eso, todo lo demás es una cuestión de amplio consenso público sobre un estado judío no igualitario con privilegios judíos y superioridad judía. A partir de aquí también surge el derecho indiscutible de gobernar sobre otras personas en los territorios ocupados. Netanyahu y Gantz no tienen discusión sobre esto. Netanyahu dice anexión (y no anexa), Gantz acepta la anexión (bajo ciertas condiciones) mientras que la anexión de facto ha existido aquí durante décadas con el consentimiento de todos, sin intención de ponerle fin. Desde el extremista de derecha Itamar Ben-Gvir hasta el presidente del Partido Laborista, el miembro de la Knesset Amir Peretz, y hasta el miembro de la Knesset Nitzan Horowitz de Meretz, nadie está realmente en desacuerdo sobre lo que los judíos pueden hacer en la Tierra de Israel. Todos son judíos y democráticos, a pesar de la infranqueable contradicción entre ellos y la inevitable necesidad de elegir entre ellos. Por lo tanto, la elección de mañana es menos crítica de lo que parece. El Israel de Netanyahu y el Israel de Gantz se verán increíblemente parecidos. La psicosis anti-Netanyahu es un espantapájaros destinado a encubrir esto. El «destino de la democracia», el «futuro del estado de derecho», el «fin del estado», «la destrucción del templo», todas palabras de alto vuelo, sin nada que las respalde. Si existe una profunda división ideológica, es solo entre la Lista Conjunta y el resto. Unos 15 miembros de la Knesset frente a 105, esa es la historia real. Los ultraortodoxos también se declaran antisionistas, pero esto es completamente falso: son los mejores colonos. Es hora de que Netanyahu se vaya, es hora de que Gantz lo reemplace, pero la oscuridad es mucho menos oscura y la luz es mucho menos luz. En Gran Bretaña, recientemente se celebraron elecciones fatídicas entre derecha e izquierda. En los Estados Unidos puede haber una elección fatídica entre el presidente Donald Trump y el senador Bernie Sanders. En Israel, todo lo que queda por hacer es esperar que May Golan, número 34 en la lista de Likud a la Knesset, no sea elegido, e Iman Khatib Yassin, número 15 en la lista de la Lista Conjunta, sea elegido. Demasiado poco para ser llamado una elección fatídica. Traducción: Dardo Esterovich Nota relacionada: https://elpais.com/internacional/2020/02/29/actualidad/1583009788_450217.html?fbclid=IwAR34Vjf_2uCwgogmrNzVWAqKxmoFF_ogRcqFgu-AdDunJCr5CfdPX3T1TO8

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Bolivia: descartan que sus elecciones de octubre fueran fraudulentas. Nuestra investigación no encontró ninguna razón para sospechar fraude

Fuente: John Curiel y Jack R. William | The Washington Post Fecha: 27 de febrero de 2020 Mientras Bolivia se prepara para una elección para retomar el cauce constitucional el 3 de mayo, el país permanece en disturbios luego del golpe de Estado respaldado por el ejército el 10 de noviembre contra el presidente en ejercicio, Evo Morales. Un resumen rápido: Morales reclamó la victoria en las elecciones de octubre, pero la oposición protestó por lo que llamó fraude electoral. Un informe del 10 de noviembre de la Organización de Estados Americanos (OEA) señaló irregularidades electorales, lo que «lleva al equipo de auditoría técnica a cuestionar la integridad de los resultados de las elecciones del 20 de octubre». Luego, la policía se unió a las protestas y Morales buscó asilo en México. El gobierno instalado militarmente acusó a Morales de sedición y terrorismo. Un informe de monitoreo de la Unión Europea señaló que unos 40 ex funcionarios electorales fueron arrestados y enfrentan cargos criminales de sedición y subversión, y 35 personas murieron en el conflicto postelectoral. El candidato presidencial con más votos, miembro del partido Movimiento al Socialismo (MAS-IPSP) de Morales, recibió una citación de los fiscales por delitos no revelados, una medida que algunos analistas sospechan tenía como objetivo mantenerlo fuera de la boleta electoral. Los medios de comunicación han informado en gran medida como un hecho las acusaciones de fraude. Y muchos comentaristas han justificado el golpe como respuesta al fraude electoral del MAS-IPSP. Sin embargo, como especialistas en integridad electoral, encontramos que la evidencia estadística no respalda el reclamo de fraude en las elecciones de octubre en Bolivia. La OEA afirmó que había ocurrido un fraude electoral El principal apoyo para los reclamos de fraude fue el informe de la OEA. Los auditores de la organización afirmaron haber encontrado evidencia de fraude luego de un alto en el conteo preliminar, los resultados no vinculantes de la noche de las elecciones destinados a rastrear el progreso antes del conteo oficial. La constitución boliviana requiere que un candidato obtenga una mayoría electoral absoluta del 40 por ciento de los votos, con al menos una ventaja de 10 puntos porcentuales. De lo contrario, se llevará a cabo una segunda vuelta electoral. El conteo preliminar se detuvo con el 84 por ciento de los votos contados, cuando Morales tenía una ventaja de 7.87 puntos porcentuales. Aunque el alto fue consistente con la promesa anterior de los funcionarios electorales de contar al menos el 80 por ciento de los votos preliminares en la noche de las elecciones y continuar despues el recuento oficial, la OEA rápidamente expresó su preocupación por la suspensión. Cuando se reanudó el conteo preliminar, el margen de Morales estaba por encima del umbral de 10 puntos porcentuales. La OEA afirmó que luego suspender el conteo preliminar, cuando se reanudó el conteo resultó en una tendencia «altamente improbable» para el margen a favor de MAS-IPSP. La OEA informó «profunda preocupación y sorpresa por el cambio drástico y difícil de explicar en la tendencia de los resultados preliminares». Adoptando un enfoque novedoso para el análisis de fraude, la OEA afirmó que las grandes desviaciones en los datos reportados antes y después del corte indicarían evidencia potencial de fraude. Pero el análisis estadístico detrás de esta afirmación es problemático. El informe de la OEA se basa en parte en evidencia forense de que los analistas de la OEA dicen que hay irregularidades, que incluyen acusaciones de firmas falsificadas y alteración de las hojas de conteo, una cadena de custodia deficiente y un alto en el conteo preliminar de votos. De manera crucial, la OEA afirmó en referencia al alto en el conteo preliminar de votos, que «una irregularidad en esa escala es un factor determinante en el resultado» a favor de Morales, que esto actuó como la principal evidencia cuantitativa de sus acusaciones de «manipulación clara del sistema TREP … que afectó los resultados tanto de ese sistema como del conteo final «. No evaluamos si estas irregularidades apuntan a una interferencia deliberada o si reflejan los problemas de un sistema con fondos insuficientes y con funcionarios electorales mal capacitados. En cambio, comentamos la evidencia estadística. Como Morales había superado el umbral del 40 por ciento, la pregunta clave era si su conteo de votos era 10 puntos porcentuales más alto que el de su competidor más cercano. De lo contrario, Morales se vería obligado a una segunda vuelta electoral contra su competidor más cercano: el ex presidente Carlos Mesa. Nuestros resultados fueron directos. No parece haber una diferencia estadísticamente significativa en el margen antes y después de la suspensión de la votación preliminar. En cambio, es muy probable que Morales haya superado el margen de 10 puntos porcentuales en la primera ronda. ¿Cómo llegamos a esto? El enfoque de la OEA se basa en dobles supuestos: que el recuento no oficial refleja con precisión el voto medido continuamente, y que las preferencias informadas de los votantes no varían según la hora del día. Si estas suposiciones son ciertas, un cambio en la tendencia de favorecer a una de las partes con el tiempo podría indicar que se ha producido un fraude. La OEA no cita ninguna investigación previa que demuestre que estos supuestos se mantienen. Hay razones para creer que las preferencias y los informes de los votantes pueden variar con el tiempo: por ejemplo, las personas que trabajan votando más tarde en el día. Las áreas donde se agrupan los votantes empobrecidos pueden tener colas más largas y menos capacidad para contar e informar los totales de votos rápidamente. Es posible que estos factores se apliquen en Bolivia, donde existen brechas graves en infraestructura e ingresos entre las zonas urbanas y rurales. ¿Hubo una discontinuidad entre los votos contados antes y después del recuento no oficial? Por supuesto, las discontinuidades pueden ser evidencia de manipulación. En Rusia, por ejemplo, una acusación es que los funcionarios electorales locales llenan las urnas para cumplir objetivos preestablecidos. Si el hallazgo de la OEA fuera

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El cambio de paradigma sobre Palestina

Fuente:  Shlomó Ben Amí (*) | The Times of Israel Fecha: 18 de febrero de 2020 A nadie debería sorprenderle que la propuesta de paz para Oriente Medio del presidente norteamericano, Donald Trump, esté marcadamente inclinada a favor de los israelíes. Lo que sí sorprende es que, en lugar de rechazar la propuesta de Trump, el mundo haya dejado a los palestinos esencialmente librados a su suerte. Al mismo tiempo que desoye los anhelos nacionales de los palestinos con la promesa paternalista de “mejorar sus vidas”, el plan de paz de Trump abraza el relato nacional israelí de que sólo Israel tiene reclamos históricos válidos sobre Judea y Samaria, la tierra bíblica de los judíos. De manera que, si bien les daría a los palestinos su propio estado, sería un territorio fragmentado que cubriría Gaza y el 70% de una Cisjordania salpicada de asentamientos israelíes y rodeada en todos los flancos por territorio anexado israelí. Su capital estaría ubicada en un suburbio de Jerusalén Este, que seguiría siendo la capital indivisa de Israel. El plan ignora las demandas palestinas del derecho a regresar a hogares abandonados cuando se estableció Israel en 1948 –un derecho que fue reconocido en su momento por la Resolución 194 de la Asamblea General de las Naciones Unidas-. Es más, en línea con las ambiciones etnocráticas de extrema derecha de Israel, la frontera se trazaría de manera tal que despojaría a 300.000 árabes israelíes de su ciudadanía, convirtiéndolos en ciudadanos del estado palestino. Los territorios palestinos estarían conectados por una maraña de túneles y puentes y, al igual que los bantustanes de Sudáfrica en tiempos del apartheid, serían objeto de un control militar israelí abrumador. Cualquiera que ingresara a la nueva Palestina –por aire, mar o tierra- tendría que pasar por Israel. Mientras tanto, a los palestinos no se les permitiría crear sus propias fuerzas armadas o involucrarse en cualquier actividad “que afecte adversamente la seguridad del Estado de Israel” –tal como determinó el gobierno de Israel-. De la misma manera, los palestinos tendrían que ganarse el derecho a este falso estado desarmando a Hamas y probando –no sólo ante los organismos internacionales, sino ante Israel y Estados Unidos- que han creado un sistema democrático gobernado por el régimen de derecho. Al presentar un plan tan profundamente injusto, Trump ha destruido toda credibilidad que Estados Unidos aún podría haber tenido como mediador honesto. Es más, ha minado la idea –crucial para un progreso hacia un acuerdo justo- de que los principios del proceso de paz palestino-israelí acordados internacionalmente, desde la necesidad de adherir a las fronteras previas a 1967 hasta la ilegalidad de los asentamientos israelíes, son irrefutables. Considerando lo dispuesto que parece estar el resto del mundo a abandonar a los palestinos, estas pérdidas no serán fáciles de revertir, inclusive si Trump pierde la elección presidencial de noviembre y su sucesor abandona el plan, como parecen estar dispuestos a hacer Bernie Sanders y Elizabeth Warren. El hecho de que nadie esté tomando en serio el plan sesgado de Trump es un testimonio, primero y principal, de la transformación radical que Oriente Medio ha experimentado en los últimos años. La solidaridad con los palestinos solía ser el adhesivo que mantenía unido a un mundo árabe de otra manera fragmentado; ahora, su difícil situación es una molestia, una carga y, sobre todo, un obstáculo para un reacercamiento con Israel. Efectivamente, la Liga Árabe repudió el plan de Estados Unidos en una reunión de sus cancilleres en El Cairo. Pero la verdad, como señaló el movimiento Hezbollah del Líbano, es que “el acuerdo de la vergüenza” de Trump no habría sucedido sin “la complicidad y la traición” de varios estados árabes. Los embajadores de Bahréin, Omán y los Emiratos Árabes Unidos participaron en la ceremonia de inauguración de la Casa Blanca, lo que implicó la aprobación de estos países. Es más, a pesar de “renovar su afirmación” de respaldo al pueblo palestino, Arabia Saudita observó que “valora los esfuerzos” de la administración Trump para “desarrollar un acuerdo de paz integral entre israelíes y palestinos”. Dada la aparente lealtad de Trump hacia Arabia Saudita –basada, sobre todo, en acuerdos de armas lucrativos-, el príncipe de la corona del reino, Mohammed bin Salman, probablemente estuviera al tanto de los contenidos del plan antes de que se diera a conocer. En Jordania, el rey Abdullah en un principio advirtió que la anexión por parte de Israel del Valle del Jordán tendría serias consecuencias para la seguridad. Pero luego aconsejó a otros países a “mirar el vaso medio lleno”. A juzgar por su actitud ambigua hacia el estado palestino, cabe preguntarse si Jordania no preferiría tener como vecino a Israel, con el que ha conspirado históricamente para frenar las ambiciones palestinas, que a un estado palestino. De la misma manera, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Egipto instó a ambas partes a “considerar cuidadosamente” el plan de paz, y hasta dijo que crear un estado independiente y soberano en los territorios ocupados restablecería todos los “derechos legítimos” de los palestinos. Y si bien el presidente de Túnez condenó el plan de paz como “la injusticia del siglo”, el embajador del país ante las Naciones Unidas enseguida fue destituido por liderar un desafío en su contra en el Consejo de Seguridad. Pero no es sólo el mundo árabe el que está desilusionando a los palestinos. El alto representante para asuntos exteriores y políticas de seguridad de la Unión Europea, Josep Borrell, condenó fuertemente el plan. Pero su declaración unilateral fue necesaria precisamente porque algunos países de la UE –entre ellos República Checa, Hungría e Italia- bloquearon una resolución compartida. Francia, por su parte, le dio al plan una acogida cautelosa. Más allá de la UE, el gobierno del Reino Unido celebró el plan de paz de Trump como “una propuesta seria” y “un paso adelante positivo”. Y a pesar de condenar oficialmente el plan por “contradecir las resoluciones de las Naciones Unidas”, Rusia lleva las de ganar a partir de lo que

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La metamorfosis silenciosa de la economía venezolana

Fuente: Marco Teruggi | Página/12 Fecha: 16 de febrero de 2020 La transformación económica ha creado una estabilización de una franja social alta con viejos y nuevos integrantes, anaqueles llenos, y una desigualdad que la revolución había reducido. El regreso de Juan Guaidó encendió titulares que pronto se apagaron. Su llegada no trajo anuncios sino promesas de próximas acciones sin fecha ni formato, las movilizaciones que debían darse no tuvieron lugar, y se regresó a un estado similar de cosas en la superficie del conflicto político. La crisis de la oposición para movilizar a su base social tiene varios elementos, como la falta de credibilidad de los dirigentes, hojas de ruta casi idénticas sin resultados, y un hastío por las lógicas del conflicto. Ya no se cree, y se hace lo que les permite el nuevo escenario a los estratos acomodados: vivir las burbujas de vida y consumo en dólares que se han multiplicado en Caracas. Se trata de una situación que se expandió y consolidó en el 2019 con un punto de quiebre en el apagón del mes de marzo, cuando emergieron los dólares ante la falta de medios de pago electrónicos y de bolívares en efectivo debido a la escasez de circulante. Los comerciantes comenzaron a cobrar y dar vuelto en dólares de forma abierta e informalmente autorizada. El fenómeno se multiplicó desde una tienda de repuestos de motos en un barrio popular del oeste hasta en un centro comercial del este acomodado caraqueño. Precios marcados en dólares o al cambio en bolívares para ese día. Las diferencias se edificaron alrededor de la tenencia de la moneda extranjera. La sociedad se compuso en tres sectores que, como tipos ideales, pueden sintetizarse en: quienes viven y piensan en dólares con cuentas generalmente en el extranjero, quienes trabajan para las franjas dolarizadas o reciben, por ejemplo, remesas, y quienes quedaron por fuera. Estos últimos son la mayoría. Un sector de la base social opositora, históricamente de clases medias y altas, encontró su nuevo espacio de vida con nuevas comodidades: métodos de pago, como Zelle, entre cuentas en Estados Unidos para no tener que manejar efectivo en dólares, bodegones con productos importados como Nutella, Pringles y Kit Kat, nuevas tiendas de marcas de ropa extranjera. Es la capital descrita por corresponsales extranjeros, el festejo del retorno al capitalismo promocionado por el portal Bloomberg o narrado con expectativa crítica -hablar de demasiada estabilidad sería darle crédito al gobierno- por el diario The New York Times. Se trata del sector que protagonizó las convocatorias de la oposición en años anteriores. La combinación de burbujas dolarizadas junto con la crisis prolongada de resultados de la estrategia golpista generó una inmovilidad. Ni siquiera la fotografía con Donald Trump influyó una voluntad de protesta en quienes ven cómo, de a poco, regresa un antiguo orden de cosas donde tienen privilegios exclusivos sin sentirse amenazados. Nicolás Maduro se refirió al fenómeno comúnmente llamado dolarización como una “autorregulación de una economía de resistencia” que, en los hechos, fue acompañada por medidas para favorecerla. ¿Por táctica? ¿Por estrategia? ¿Por necesidad? Existen diferentes valoraciones al respecto en el cuadro de un país sometido a un bloqueo económico y financiero. La realidad es otra para la mayoría de la población que no se dolarizó o, en el caso de las zonas de frontera, no adoptó la moneda del país vecino. Es donde se encuentra el núcleo central del chavismo, estimado en alrededor de un 25 por cienbo, que se explica por factores como la identidad, la lealtad, la organización, el análisis, la no renuncia, y la naturaleza del antichavismo y su amenaza. La cotidianeidad por esas calles es un enfrentarse a diario para conseguir transporte público, dinero en efectivo, los productos menos golpeados por la inflación. La política social del gobierno tiene su epicentro ahí, con alimentos subsidiados vía Comités Locales de Abastecimiento y Producción, bonos sectoriales, la política de viviendas o el beneficio general de la casi gratuidad de precios del agua, la luz, la electricidad y la gasolina. Esa metamorfosis económica ha creado una estabilización de una franja social alta con viejos y nuevos integrantes, anaqueles llenos, una desigualdad que la revolución había reducido, en un país atravesado por desencantos políticos extendidos y trincheras de pasiones políticas. La oposición, en ese contexto, atraviesa además una crisis de sus estructuras partidarias y una división entre dos bloques: aquel que se mantiene alineado a la estrategia norteamericana, con Guaidó como figura, y el que se alejó de esa apuesta. Ese segundo sector ha crecido en volumen de actores políticos. Se opone al bloqueo económico y dialoga con el gobierno en el marco de las elecciones legislativas que tendrán lugar este año. De allí deberá nacer un nuevo Consejo Nacional Electoral y la convocatoria a la contienda. Esa elección, aún sin fecha, será el nuevo parteaguas político. El chavismo apuesta a ampliar la cantidad de factores que participen y ganar la mayoría: es la única fuerza que cuenta con una organización partidaria nacional, con presencia en los sectores populares a través de diferentes formas de organización y cuenta con la posición de fuerza que le da ser gobierno. Estados Unidos ya ha dicho que no reconocerá esas elecciones. Eso, en términos del conflicto venezolano, significará, seguramente, un intento de operación violenta encubierta para buscar el derrocamiento o cambiar el curso de las tendencias y la correlación. Ante eso el gobierno desplegó este sábado el ejercicio militar llamado Escudo Bolivariano 2020. Mientras esas tramas subterráneas se mueven, el país se reordena entre burbujas blindadas en dólares y batallas de cada día en bolívares.

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La bofetada de Gantz en la cara a todos los israelíes democráticos

Fuente:  Editorial de Haaretz Fecha: 12 de febrero de 2020 Los comentarios del martes por la noche del jefe de Kahol Lavan, Benny Gantz, son una bofetada para los israelíes democráticos, judíos y árabes por igual, que anhelan un cambio en la peligrosa dirección política de Israel. Durante un evento en el que lanzó la sede electoral de su partido para mujeres árabes en Kafr Bana, Gantz dijo que la Lista Conjunta de partidos árabes no podría ser parte de ningún gobierno que formaría. «Hay profundos desacuerdos entre mí y la Lista con respecto a cuestiones diplomáticas, nacionales y de seguridad», dijo. «Mis desacuerdos con su liderazgo son serios e insuperables». Los comentarios de Gantz se produjeron en respuesta a los comentarios del presidente de la Lista Conjunta, Ayman Odeh, esa mañana. En declaraciones a la Radio del Ejército, Odeh dijo que su partido no recomendaría que Gantz forme el próximo gobierno a menos que su formación escuche «una declaración muy clara de él contra la transferencia y la anexión» en respuesta al «acuerdo del siglo» del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Odeh se enfureció porque Kahol Lavan permaneció en silencio durante lo que llamó los ataques del primer ministro Benjamin Netanyahu contra la comunidad árabe. “Esperamos que Gantz diga algo. ¿Piensa que estamos en su bolsillo?” dijo. Evidentemente, Gantz no estuvo a la altura del desafío y renunció a una asociación judía-árabe. Es muy posible que al rechazar una asociación con los árabes, Gantz ha cerrado la puerta a la posibilidad de formar un gobierno que reemplace al régimen de Netanyahu. Luego está el entusiasmo con el que Gantz recibió el plan de Medio Oriente de Trump, que exige la anexión de partes de Cisjordania, y la falta de respuesta del liderazgo de su partido a los comentarios racistas y excluyentes de Yoaz Hendel, que representa el ala derecha de Kahol Levan, en una entrevista con Haaretz la semana pasada. Si tomamos todo esto en cuenta, no está claro qué gran ventaja proporcionaría un cambio en el gobierno. Kahol Lavan se formó como una alternativa al gobierno de derecha del primer ministro Benjamin Netanyahu, pero ahora, con pequeñas diferencias pero ciertos matices de estilo, no está claro por qué el partido de Gantz debería preferirse al régimen actual. Es cierto que Gantz no ha sido acusado de corrupción, pero una alternativa política debe presentar un programa político completo y diferenciado, no solo una versión barata y pálida de lo que ya está en su lugar. Después de las últimas elecciones, Odeh dio un paso valiente al hacer que la mayoría de los legisladores de la Lista Conjunta recomendaran al presidente Reuven Rivlin que Gantz sea primer ministro. Odeh también presentó una agenda cívica dirigida a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos árabes israelíes. Gantz y Odeh podrían liderar un cambio dramático que Israel necesita tanto como los israelíes necesitan aire para respirar. Al cooperar, podrían ofrecer una manera de sanar las heridas que los años del gobierno violento, racista e inflamatorio de Netanyahu han infligido a la sociedad israelí. Pero al inclinarse hacia la derecha, Kahol Lavan ha elegido dejar colgando la mano extendida de los árabes.  

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¿Cuántas clases medias caben en la clase media?

Fuente: Alfredo Serrano Mancilla | Celag.Org Fecha: 8 de febrero de 2020 Ante tanta variedad de “clases medias”, habrá que considerar una multiplicidad de lógicas aspiracionales y sentidos comunes para atraerlas al proyecto progresista.Es cada vez más común que todo lo que acontece políticamente se explique en torno a una creciente y omnipresente categoría, la “clase media”. Este término monopoliza la mayoría de interpretaciones posibles a la hora de justificar los comportamientos sociológicos y políticos, y por supuesto, las preferencias electorales. Seguramente por comodidad y simpleza, da igual lo que suceda, porque todo tiene argumentativamente a la clase media como factor común. En estos últimos años se han sucedido importantes fenómenos políticos aparentemente inesperados y novedosos en América Latina: la llegada de AMLO al Gobierno de México con una amplia mayoría, la victoria electoral de Bolsonaro en Brasil, las protestas sociales en Chile y Colombia, también la imposibilidad de Lenín Moreno de dar estabilidad a Ecuador, el fin de Macri en Argentina a manos de la propuesta progresista de Alberto y Cristina, la derrota del Frente Amplio en Uruguay y, cómo no, el golpe de Estado en Bolivia. Todos estos hechos políticos y/o electorales han sido explicados recurrentemente y en gran medida por un mismo grupo económico y social, el de la clase media. Y si tanta capacidad explicativa tiene, lo pertinente sería comenzar por preguntarse qué es exactamente eso de la clase media. Para ello, debemos partir de dos premisas básicas, que de no considerarlas podríamos llegar a sesgar cualquier interpretación posterior. La clase media no es un bloque monolítico ni homogéneo. Según la CEPAL, el estrato medio aumentó de 136 millones a 250 millones de personas entre 2002 y 2017 en la región latinoamericana. Sin embargo, no todas esas millones de personas son idénticas. No lo son en su capacidad económica ni tampoco en su lógica aspiracional. La mayoría de los organismos internacionales, en las últimas décadas, ya subclasificaron esta categoría tan amplia. A veces usan términos como el “media-baja” y “media-alta”; o incluso aparece una nueva categoría que es esa de “casi clase media”, bautizada por el Banco Mundial para denominar a aquellos que están justo un poco por encima del umbral de la pobreza, pero que son susceptibles de regresar en cualquier momento a ser pobres. No obstante, esta desagregación tampoco es suficiente para captar la gran heterogeneidad existente al interior de estas 250 millones de personas que viven de manera muy diversa en Latinoamérica. En esa categoría hay dinámicas completamente contrapuestas. Por ejemplo, no es lo mismo aquella familia que luego de años llega a tener niveles (de educación, trabajo, salud, propiedad, ingresos) de clase media que otra que estuvo siempre en ese nivel. Como diría Álvaro García Linera, no tiene nada que ver la clase media de origen popular en Bolivia -que, según encuesta Celag, es con la que se autopercibe un tercio de la población- con aquella la clase media tradicional (que es media no por densidad sino porque se encontraba en medio de una clase baja multitudinaria y otra clase, alta y muy reducida). Tampoco tendría ningún sentido equiparar la clase media recién llegada con aquella que fue alta pero que acabó siendo clase media por múltiples razones económicas, sociales o políticas. Es por ello imposible tratar por igual a un grupo tan diverso en su capacidad económica, en sus niveles educativos, en sus hábitos culturales, y más aún si queremos hacerlo en relación a su lógica aspiracional. Si bien es cierto que hay un “comportamiento imitador” de aquella ciudadanía que asciende y mejora, no es verdad que las aspiraciones sean las mismas con aquella otra porción de la clase media que desea ser alta; o con aquella otra que tiene tradición histórica de pertenecer a ese grupo social, con usos y costumbres arraigados, sólidos, que hacen que la subjetividad se diferencie de los ciudadanos que aún están en esa fase de movilidad social y siempre con una sensación más bien de tránsito, del “querer llegar a ser”. La segunda premisa es que la clase media no puede ser un concepto importado de otras latitudes. No se puede trasladar ahistóricamente la concepción de clase media europea a Ecuador, ni la de Argentina a Bolivia, ni la mexicana a Chile. Cualquier “epistemicidio”, como diría Boaventura De Sousa, para sustituir una episteme externa por la propia suele hacer mucho daño en cualquier análisis. Y con la clase media esto es lo que sucede constantemente. Es frecuente presuponer que los comportamientos de la clase media son similares en todas partes, como si no hubiera historia específica de cada país y, mucho peor, como si la distribución del ingreso fuera la misma en cada lugar. Por ejemplo, no podemos comparar de ninguna manera aquella distribución en un país cuya clase media es multitudinaria con aquel otro en el que su clase media es una pequeña porción entre dos “jorobas”: una gigante, conformada por la clase baja y la otra, la clase alta, muy reducida. La subjetividad de una u otra de ningún modo podría ser la misma. Existe siempre un “relativismo” en la construcción de la subjetividad de esa clase media basado en cómo te observas en relación con el otro, con los de abajo y con los de arriba. Incluso, estadísticamente, la misma clase media identificada con indicadores “objetivos”, como el ingreso o consumo, también tiene un componente relativista que es determinante. Por tanto, por una u otra razón, es necesario que cuando hagamos referencia al desafío de sintonizar con la “clase media” entendamos que no hay una única clase media, sino que son muchas las variedades al interior de ese gran grupo tan complejo. Hay clase media que recién llega y que, además, lo hace por muy diferentes vías; hay clase media de toda la vida; clase media que es más alta que media; clase media que siempre está en riesgo de dejar de serlo. Hay clase media en lo económico, que a su vez es distinta según su capacidad económica sea en base a

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Martí, un cubano universal

Fuente: Atilio Borón | Blog de Atilio Borón Fecha: 28 enero 2020 Este 28 de enero se conmemora un nuevo aniversario del nacimiento, en 1853, de José Martí, el Héroe Nacional de Cuba y, nos atreveríamos a decir, de toda Nuestra América. Mucho se ha escrito sobre la obra de este personaje excepcional, pese a lo cual sus ideas y su epopeya emancipatoria siguen siendo poco conocidas por las masas irredentas e, inclusive, por los luchadores antiimperialistas y anticapitalistas de Latinoamérica y el Caribe con la obvia excepción de Cuba. Apremiado por las circunstancias que atribulan a nuestros países me limitaré a esbozar una síntesis apretadísima de su enorme legado. Martí le escribió a su amigo mexicano Manuel Mercado que “Viví en el monstruo y le conozco las entrañas.” Fue lúcido testigo del viraje histórico en el cual Estados Unidos iniciaba su funesta transición de república a imperio. Radicado en Nueva York escribió páginas inolvidables sobre la situación del hemisferio, muchas de las cuales fueron recogidas en aquella época por el diario La Nación de Buenos Aires, del que Martí fue su corresponsal durante varios años. Una buena medida de la decadencia de este periódico la ofrece el contraste entre la figura gigantesca del cubano y los nombres de sus actuales corresponsales en Estados Unidos, Andrés Oppenheimer y Jaime Bayly. Martí también fungió como cónsul honorario de la Argentina en esa ciudad. Ambas condiciones, corresponsal y cónsul honorario aún esperan su público reconocimiento y debido homenaje en este país. Así como el Che es legítimamente reconocido como “argentino-cubano” no caeríamos en el vicio de la hipérbole si dijéramos que Martí fue un “cubano-argentino”. Los ensayos y las notas de Martí, recopilados luego en un libro bajo el título de Nuestra América, conforman junto a la Carta de Jamaica de Simón Bolívar, y La Historia me Absolverá, de Fidel, la trilogía fundacional, imprescindible e insustituíble del pensamiento emancipatorio latinoamericano. Recogemos a continuación tan sólo dos observaciones de los luminosos escritos martianos. Una, cuando al desentrañar las raíces de la expansión y la insaciable voracidad de la Roma Americana dijera que “los norteamericanos creen en la necesidad, en el derecho bárbaro como único derecho: esto es nuestro porque lo necesitamos.” Tal cual: necesitamos petróleo y si este se encuentra en Irak o Venezuela allá iremos para apoderarnos de ese vital recurso, por las buenas o por las malas. Y lo mismo haremos con el litio que precisamos, y se lo arrebataremos a Bolivia. Toda la doctrina estratégica estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, y sobre todo después del 11 de Septiembre del 2001, se asienta sobre esa premisa: el derecho bárbaro precozmente detectado por Martí como la concepción imperialista del derecho. Segunda y última reflexión centrada en el comercio internacional: “quien dice unión económica, dice unión política. El pueblo que compra, manda. El pueblo que vende, sirve. El pueblo que quiere morir vende a un solo pueblo, y el que quiere salvarse a más de uno. … El influjo excesivo de un país en el comercio de otro, se convierte en influjo político. Lo primero que hace un pueblo para llegar a dominar a otro es separarlo de los demás pueblos. El pueblo que quiera ser libre, sea libre en negocios.” Separarlo de los demás pueblos, advierte Martí así como evitar “el influjo excesivo” de un país, Estados Unidos, sobre los de Nuestra América. Esto era precisamente el propósito de la derrocada ALCA. Cuando vemos las políticas que Washington y sus secuaces latinoamericanos han impulsado para reforzar nuestros asimétricos vínculos comerciales con Estados Unidos o destruir la UNASUR, la CELAC y cuanta iniciativa exista de integración o articulación continental caemos en la cuenta de la extraordinaria capacidad de Martí para precozmente vislumbrar la naturaleza de la estrategia imperial y lo que se nos venía encima si la unión de nuestros pueblos no lo impedía. Por todo esto es que celebramos su nacimiento, el de un grande de la Patria Grande, portador de una de las antorchas más luminosas que nos han guiado, y lo seguirán haciendo, en nuestra lucha sin tregua contra el imperialismo norteamericano.

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Baltasar Garzón fustigó a Piñera en una carta abierta: «Parece no entender que el pueblo no es enemigo sino víctima»

Fuente: Baltasar Garzón | Página/12 Fecha:  1 febrero 2020 El exjuez estuvo en Chile para el Foro Latinoamericano de Derechos Humanos, celebrado entre el 23 y 25 de enero. Su mensaje contiene críticas al Poder Judicial y las fuerzas de seguridad, y elogios a los manifestantes por su «coraje y dignidad». Baltasar Garzón fue juez de la Audiencia Nacional en España.  Imagen: NA Chile en el corazón: Carta Abierta al Pueblo de Chile Queridas chilenas y chilenos: Escribo de nuevo y esta vez me dirijo al pueblo de Chile, tras la carta abierta para al presidente Piñera publicada el pasado 23 de octubre sobre la que, por cierto, no he recibido respuesta. En esa misiva expresaba mi dolor y profunda preocupación por lo que estaba ocurriendo en Chile, país con el que me une un vínculo perenne y por el que siento un especial afecto. Me parecía entonces, y me sigue pareciendo ahora, que la respuesta del Gobierno al estallido social ha sido absolutamente desproporcionada, contra un pueblo que se manifiesta en la calle expresando que no soporta más tanta desigualdad, tanta injusticia, abusos y corrupción. Dije en aquella misiva, además, y lo he dicho en otros foros, que el ejército no está preparado para controlar el orden público sino para hacer la guerra, para doblegar al enemigo o destruirlo y que cuando sale a la calle, las cosas solo empeoran. Pero con estupor he podido ver cómo Piñera ha intentado una y otra vez la intervención de los militares. Parece no entender que el pueblo no es el enemigo sino la víctima, y que al pueblo hay que protegerlo y no castigarlo con medidas de excepción. Es paradójico que este estallido social haya tenido lugar en un país que – se decía – era un oasis en América Latina y que pretendía exhibirse ante el mundo como garante del medioambiente para liderar una respuesta global coordinada frente a la emergencia climática en la COP 25 de la que Chile tenía que haber sido anfitrión. No fue así porque Piñera y su gobierno no podían permitir que los mandatarios del resto del planeta vieran cómo el ejecutivo era incapaz de gestionar las demandas sociales, dando como única respuesta represión y más represión contra sus propios compatriotas, sin pudor alguno. Seguramente sabrán que después de aquella carta he viajado a Santiago de Chile para participar en el Foro Latinoamericano de Derechos Humanos, celebrado entre los días 23 y 25 de enero. Me reuní con asociaciones de víctimas, organismos de derechos humanos y sociedad civil para conocer sus impresiones de lo acontecido desde el 18 de octubre. Les confieso que fue una jornada muy dura en lo personal y lo que he conocido ha aumentado mi grado de indignación. Una indignación que se me ha ido acumulando durante estos tres meses, pero que ya ha llegado a un nivel de estupor ante tanta crueldad, desidia e incompetencia. Represión sin sentido Durante mi breve estancia en Santiago, acudí a comprobar personalmente lo que la sociedad civil me había transmitido a través de cientos de mensajes llegados desde Chile, pero también desde muchos otros países y desde la propia comunidad chilena en España. Acudí a la Plaza de la Dignidad (ex Plaza Italia), donde fui testigo de cómo la fuerza pública no se está ejerciendo para controlar el orden público y garantizar el derecho de manifestación, sino para dañar, herir y lesionar a quienes ejercen su derecho a la libertad de expresión. Los componentes de Primera Línea, con los que tuve ocasión de hablar en el edificio histórico del Senado me habían expuesto su desesperación y miedo a la represión desplegada y sostenida por el Estado. En el acto reivindicativo, me prestaron un casco, me rodearon y me protegieron para que yo mismo no resultara lesionado, durante el tiempo en el que temerariamente, me empeñé en comprobar la realidad de lo que me habían denunciado. Debo reconocer que no sabía lo que era el guanaco aplicado a una protesta hasta que vi volar por los aires a un chico con su bicicleta por el impacto del agua a presión; ni pensé que la carcasa del tubo de gases lacrimógenos produjera un impacto tal sobre el rostro hasta que lo comprobé en una de las jóvenes que me acompañaba; o que la grasa y el ácido de su composición, irritara tanto; ni que los balines que vacían ojos inocentes, eran mostrados como trofeos siniestros para no olvidar el dolor… Frente a ello, escudos de madera o plástico, la rabia contenida de la impotencia y la certeza de que había que estar allí, entre mujeres y hombres de todas las edades que mostraban su determinación de afrontar los riesgos contra su seguridad, con una fortaleza ejemplar. Evoqué allí en La Alameda a Pablo Milanés señalando los crímenes de la dictadura en su canción, “Yo pisaré las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentado…”. Protestar en Chile bien te puede costar la vida o un ojo de la cara, como de hecho lamentablemente ha ocurrido y sigue ocurriendo. Pero me emociona pensar que a pesar de este alto precio, cientos y miles de personas salen a exigir garantías de un futuro mejor. El pueblo chileno es un ejemplo de coraje y dignidad para el mundo entero. La emoción al escribir estas frases se me hace presente de nuevo, como en la Alameda, al abrazarme y ser abrazado por cientos de ustedes. Tienen todo mi respeto y mi admiración. Un manifestante reacciona contra un agente, en una de las jornadas de protesta. AFP. No habrá impunidad Reitero mi solidaridad con todas las víctimas, con las familias de los fallecidos y los desaparecidos, con las mujeres agredidas sexualmente, con los que han sido torturados, con los heridos, con quienes han perdido un ojo y, por supuesto, también con Gustavo Gatica y Fabiola Campillay a quienes han arrebatado la visión por completo. No caerán en el olvido. No habrá impunidad. Tienen mi palabra. Es mi compromiso. Nunca pensé que volvería a Chile para

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El «Acuerdo del Siglo» no es un acuerdo, pero sí es de este siglo

Fuente: Kevin Ary Levin * | Nueva Sión Fecha:  31 enero 2020 El plan anunciado por Trump y Netanyahu es evidencia de la aparición en escena de un nuevo Medio Oriente, donde gobiernos de la región ya no necesitan ni siquiera fingir apoyo a la causa palestina. El pasado martes, Donald Trump y Biniamin Netanyahu anunciaron ante una sala llena de periodistas, representantes de monarquías árabes y ningún palestino el largamente prometido plan de la administración para la paz entre israelíes y palestinos que ya hace mucho tiempo tomó el nombre rimbombante (¿qué en la era Trump no lo es?) de «Acuerdo del siglo». En el documento, atribuido al heredero inmobiliario y yerno presidencial convertido en alto diplomático Jared Kushner (cuya fundación familiar, bajo su dirección, donó docenas de miles de dólares a los asentamientos judíos en Cisjordania), se delinea un proyecto basado a grandes rasgos en la anexión israelí de partes de Cisjordania (incluyendo asentamientos y la frontera con Jordania), la negación del derecho de retorno de los refugiados palestinos y la afirmación de la soberanía israelí sobre una Jerusalén indivisa. A los palestinos les ofrece la meta en última instancia de la creación de un Estado palestino desmilitarizado en las zonas no anexadas por Israel, en un plazo de cuatro años si están dadas las reformas ordenadas y con consentimiento israelí. Ese Estado tendría un túnel que conectaría a Gaza con Cisjordania y una promesa de inversión de unos 50 mil millones de dólares para mejorar la calidad de vida de los palestinos, aunque el programa ofrece pocos detalles sobre cómo se producirían y de dónde provendrían las inversiones. El futuro Estado palestino limitaría entonces con Israel y (en su frontera sur) con Egipto y quedaría delimitado por un trazado complejo e improbable de fronteras controladas por Israel, con el objetivo de dejar intactos todos los asentamientos judíos en Cisjordania. El plan también deja abierta la posibilidad de transferencia al Estado palestino del llamado «Triángulo», un conjunto de localidades árabes ubicadas del lado israelí a lo largo de la frontera con Cisjordania. El programa establece objetivos que están muy por debajo de la mínima exigida por los palestinos en aspectos clave y reconoce sólo las demandas israelíes (que en realidad son en buena parte demandas de colonos y de halcones en materia de seguridad) en aspectos clave como fronteras, Jerusalén y derecho del retorno de los palestinos. De forma aún más clara, la voz de los palestinos no fue incluida en la redacción del plan. Si el plan se juzgara entonces de acuerdo a sus chances de ser aceptado por los palestinos, estaríamos entonces hablando de un plan claramente condenado al fracaso. Vale la pena pensar entonces cuál es la lógica detrás de proponer un «acuerdo» que jamás será acordado. La clave la podemos encontrar en la forma en la que el plan da a entender la línea de tiempo de las acciones a tomar. Un análisis más cercano revela que Israel puede obtener todos los beneficios de forma más o menos inmediata, mientras que los relativamente bajos incentivos prometidos a los palestinos constituyen objetivos a largo plazo y condicionados. El rechazo de los palestinos permite solidificar la narrativa según la cual los palestinos son rechazadores seriales de iniciativas de paz, lo cual significaría que en realidad sólo buscan la destrucción de Israel. Este argumento (que, por cierto, ignora la baja calidad de estas iniciativas en el pasado y las instancias en las cuales la negativa estuvo del lado israelí) le otorga a Israel una luz verde para avanzar con el plan de forma unilateral ante la supuesta ausencia de un interlocutor. El plan no puede ser pensado en un vacío: constituye de hecho un paso más en el reconocimiento legal de la gradual anexión de Cisjordania que Israel viene implementando mediante la construcción de asentamientos, instalación de infraestructura y desarrollo institucional. Esta situación refleja una realidad subyacente al texto del documento: el plan es una declaración de lo que se impondrá, al menos parcialmente, una vez confirmado el rechazo de los palestinos a colaborar en su propia degradación nacional. Es a la vez una forma de afirmar ante sus fieles la habilidad política de Bibi y de Trump, dos líderes que hacen frente a crisis políticas y legales al interior de sus países y que, mediante este acuerdo, demuestran que tienen dotes de estadistas que les otorgan el poder de rediseñar las relaciones de poder a nivel internacional e imponer sus propias condiciones sobre otros. Si esto es suficiente para enterrar la idea de un acuerdo, hace falta aclarar que el «Acuerdo del Siglo» es sólo media mentira, en tanto es, efectivamente, una consecuencia del Medio Oriente del siglo XXI. Es que este 2020 comienza con una crisis en el liderazgo palestino, que se encuentra fragmentado, desprestigiado y tiene pocos éxitos políticos y económicos que mostrar ante su propia población, con un proceso de reconciliación entre sus principales facciones políticas paralizado y una dirigencia anciana y en muchos sentidos desconectada de la realidad. Un final para el tema palestino La era Trump lanzó a los palestinos a una crisis política sin precedentes. Nunca antes el supuesto árbitro del proceso de paz, Estados Unidos, había actuado de forma tan evidente como juez y parte, haciendo eco de todos los argumentos de Netanyahu. Conscientes del fracaso del proceso diplomático de Oslo y de su creciente desconexión con la realidad en el terreno, el liderazgo palestino sabía también que no tenía ningún interés en permitir una escalada de violencia contra un Israel más fuerte que ellos y mucho más fuerte que nunca a nivel político. Se dedicaron entonces a esperar que esta realidad cambie mientras buscaban contener la situación, estrategia que nunca podía rendir muchos frutos para empezar. Sumándose a esta realidad interna, vemos el aislamiento político de los palestinos a nivel regional, provocado por el abandono en varios países del histórico apoyo (muchas veces sólo nominal y a menudo contraproducente) a los palestinos en su lucha por la autodeterminación nacional.

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