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Un presidente débil permite la militarización del poder

Fuente: Emir Sader | Alai  Fecha: 6 de abril de 2020 No hay vacío en la política. Siempre que hay vacío, hay instituciones que tratan de llenarlo. Cómo las FFAA brasileñas lo han hecho en 1964 y se proponen a hacerlo de nuevo. En 1964, las FFAA crearon el vacío para intervenir, actuando fuertemente para erosionar al ya débil gobierno de João Goulart. Apoyados en la Doctrina Seguridad Nacional, erosionaron la legitimidad del gobierno y dieron el golpe, en sustitución de los ineptos políticos tradicionales y sus partidos. Ahora, de nuevo, los partidos tradicionales han entrado en crisis, derrotados sistemáticamente por el PT.  Bolsonaro aprovechó de la nueva crisis de los partidos tradicionales para proponerse como alternativa. Fue un buen candidato para la derecha. Fue el único que tenía un caudal de preferencias en las encuestas, gracias al apoyo de las bases tradicionales del PSDB, que se habían radicalizado hacia posiciones de extrema derecha. Con eso, Bolsonaro era la única apuesta posible de la derecha para establecer una maniobra monstruosa, que terminó llevándolo a ganar las elecciones, aunque de forma fraudulenta. Su estilo salvaje y agresivo, grosero, proyectó una imagen de líder popular. El nombró a un ultra neoliberal en economía, para garantizar el apoyo de los grandes empresarios. Se presentó como la única posibilidad para evitar que el PT volviera al gobierno.  Articuló manipulaciones gigantescas, ante la complicidad del poder judicial y los medios de comunicación y asaltó así al gobierno. Fue un buen candidato a la derecha, pero no es buen presidente. No suma, l contrario, se revela como un factor de descomposición del gobierno. Él ya se había acercado al ejército, para contar con el apoyo de la institución y para contar con personal para ocupar puestos estatales. Y también contar con una institución comprometida con la represión y la defensa del orden. A medida que Bolsonaro fue perdiendo apoyo, incluso de los suyos, el gobierno fue llenándose cada vez más de militares, activos y de la reserva. Hoy son parte del gobierno, mientras que Bolsonaro se vacía, pierde apoyo y pierde capacidad de acción, situación aún más grave por la pandemia que se extiende por todo el país. El vacío en la capacidad de gobernar de Bolsonaro ya está llenado por los militares, cada vez más comprometidos, incluso como institución, con ese gobierno. Para evitar la delicada operación de sustitución de Bolsonaro por su vice, Mourao, se va militarizando cada vez más el gobierno. Los militares ejercen su poder de veto de acciones gubernamentales y se vuelven en el único núcleo capaz de dar un cierto grado de cohesión y acción al gobierno, un gobierno completamente perdido por la misma acción disgregadora de Bolsonaro. No es la mejor alternativa para la FFAA, pero fue que les tocó y no dejan de aprovecharla, teniendo como objetivo mantener al gobierno, modificado o no, y la construcción de una institucionalidad que trata de prevenir el regreso de PT al gobierno. Con el colapso del gobierno de Bolsonaro, que pierde apoyo popular, pero también de los medios, de los grandes sectores y de la clase media, los militares se vuelven estratégicos, una condición de gobierno, que tienden a ser la columna vertebral del gobierno. Un proceso que choca de frente con la restauración de la democracia. La militarización del gobierno es el principal obstáculo para el regreso de la democracia en Brasil. Un gobierno sin legitimidad, sin capacidad de gobernar, que se desintegra cuando debería comandar al país ante una crisis grave como esta, abre el camino para el establecimiento del poder militar dentro del Estado. Si hay ya un comando establecido para sustituir en la práctica a Bolsonaro, son especulaciones. Como se dice en italiano: Si non è vero, è bene trovatto. – Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).   https://www.alainet.org/es/articulo/205723

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Trump y Krusty, el payaso

Fuente: Joe Goldman | Página/12 Fecha: 6 de abril de 2020 El astrofísico Neil Degrasse Tyson dijo ante la pandemia: “Estamos en el medio de un experimento masivo y mundial. Ese experimento es: ¿vamos a escuchar a los científicos?” La respuesta cambia de país en país. Pero para Estados Unidos la respuesta es un contundente “¡no!” No fue siempre así y vale comparar la reacción de Donald Trump con lo que hizo Barack Obama durante otro posible episodio de pandemia, el ébola, una enfermedad más mortal pero de transmisión no tan fácil. El ébola empezó en los últimos días de 2013 en el pequeño país africano de Guinea cuando un nene sufrió una mordida de murciélago. Unos meses después Obama reaccionó a la noticia de que el ébola se había extendido a Liberia y Sierra Leona. Creó un equipo del Centro de Control de Enfermedades para coordinar una respuesta para el ébola. El CDC mandó mucho personal a Africa y entrenó a miles de trabajadores médicos en la región. La administración de Obama trabajó con la OMS y la ONU para poner en marcha rutas de aviación especiales para dirigir viajeros desde las zonas afectadas sólo a aeropuertos de EE.UU. y del mundo equipados a hacer tests en masa. En EE.UU. casi 7000 personas recibieron entrenamiento, que incluyó cómo manejar una posible pandemia, y todo esto fue logrado antes de que un sólo caso llegara al país. Hubo UN muerto de ébola en Estados Unidos y muy pocos casos. La reacción y la política sanitaria del gobierno de Donald Trump no pueden ser más diferentes. Trump nombró como ministros de Energía y Medio Ambiente a dos tipos que antes habían pedido la disolución de esos ministerios. En lugar de científicos para ocupar los puestos en las agencias regulatorias, Trump eligió a empresarios que habían sido regulados. En áreas cruciales como salud, control de enfermedades, ciencia y tecnología, manejo de emergencias, sanidad pública, nexos con organismos internacionales y el cuerpo diplomático, Trump puso gente completamente ajena a las tareas, amigos empresarios, o simplemente no llenó posiciones. Trump abandonó el equipo de acción contra pandemias que Obama había creado. Bajó casi 20 por ciento los fondos del CDC y cortó las contribuciones para y nuestras vinculaciones con, la OMS. Programas internacionales donde norteamericanos trabajaron en muchos países del mundo monitoreando enfermedades infecciosas fueron abandonados incluyendo en China. El 31 de diciembre de 2019 el OMS avisó sobre el foco de coronavirus en China. Desde esa fecha, la administración Trump se ha mostrado menos efectiva en combatir la pandemia que Krusty, el payaso de los Simpson. Trump, siguió haciendo actos de campaña (cuando no estaba jugando golf) y hasta fines de febrero habló del virus como un complot de sus adversarios políticos, histeria de los medios en su contra. El coronavirus fue visto como un problema chino, algo bueno en medio de la guerra comercial con China. El Secretario de Comercio Wilbur Ross comentó en febrero que la epidemia “va a ayudar el obrero norteamericano”. Trump no creyó en sus informes de inteligencia previendo un brote muy severo afuera de China. Cuando la enfermedad se propagó a Europa y la OMS ofreció muchos tests a su país, Trump se negó diciendo que firmas norteamericanas podría hacerlos mejor si fuera necesario. Hasta hoy Trump no ordenó a compañías de EE.UU. hacer los tests aunque tiene el poder para decretarlo. El primer caso confirmado de coronavirus en EE.UU. ocurrió el 25 de enero, el mismo dia que en Corea del Sur. Trump dijo que fue un caso aislado y cuando sanitaristas y científicos se quejaron de la falta de reacción, él que era un complot de “los que fracasaron con el impeachment”. Ya a mitad de febrero, con docenas de casos confirmados, Trump comentó que solo había quince “y en poco tiempo reduciría ese número a cero”. No tomaron ninguna acción para sumar más kits de prueba a los pocos que tenía, pero anunció la prohibición de vuelos a China, una maniobra más con la guerra comercial. A mediados de marzo, con la situación nacional empeorando, Trump empezaba las conferencias de prensa diarias más como actos de campañas que momentos de información al pueblo. De hecho, en muchos casos difundió desinformación. Se hizo famoso Anthony Fauci en estas conferencias como uno de los científicos confiables y unos de los pocos que tenía el coraje de desmentir las mentiras de Trump. Fauci trabaja hace 50 años como especialista en enfermedades infecciosas y es probablemente la autoridad más respetada en el país. Hoy es blanco de amenazas de la ultraderecha por supuestamente ser anti-Trump. Corea del Sur actuó rápidamente, con muchas pruebas y estrictos controles. Hoy los surcoreanos tienen poco más de 10,000 casos con 174 muertos, EE.UU. tiene 328.861 casos y más de 9.300 fallecidos. La única mención a Corea del Sur de Trump fue para criticar el Oscar a Parasite. Respiradoras, kits de testeo y equipos de protección para personal médico no están llegando a los 50 estados, ni hablar de las zonas calientes. Hay peleas entre gobernadores haciendo verdaderas subastas con empresas privadas para conseguir insumos esenciales. El Estado nacional simplemente no existe. Y los resultados están empezando apilarse en camiones frigoríficos en el medio de mi ciudad, Nueva York. Le diría a Degrasse Tyson que hemos fracasado en el experimento de ver si escuchamos a los científicos. El autor es el productor regional de ABC News en América Latina.

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La peste negra, la gran depresión del siglo XIV y el coronavirus

Fuente: Mario Rapoport | Pagina/12 – Suplemento Cash Fecha: 29 de marzo de 2020 Imagen: Pepe Mateos La pandemia parirá una nuevo orden económico mundial. El retorno de los Estados de Bienestar de la posguerra. La actual pandemia internacional no es ajena a la crisis económica global. Se necesitan cambios drásticos en el orden económico y financiero mundial con un freno a esta pseudo globalización basada en el neoliberalismo de la que aprovechan unos pocos. La mayoría de los países del mundo tienen que ponerse barbijos para defenderse de los efectos dañinos de políticas neoliberales.  La actual pandemia internacional no es ajena a la crisis económica mundial cuyos orígenes pueden remontarse a fines del siglo XX e inicios del siglo XXI en Estados Unidos con las crisis de las punto com, de Enron y de otras empresas, cajas de ahorro y bancos; crisis financieras que repercuten en el mundo hasta el estallido de la crisis mundial de 2008.  Estas crisis van acompañadas de sucesos luctuosos: las sucesivas guerras en Asia y el Medio Oriente, las ocupaciones militares, sobre todo por parte de Estados Unidos; el terrorismo y el ataque a las Torres Gemelas, precedidas en nuestro caso por el atentado a la AMIA y a la embajada de Israel, repetidos luego en Europa. Las extremas desigualdades sociales, el hambre y las enfermedades en gran parte del mundo, representan por sí mismas millones de muertos. Posiblemente no tanto como el desgraciado siglo XX con la gran depresión de los años ’30, las dos guerras mundiales, el holocausto, los distintos episodios de la guerra fría y especialmente la guerra de Vietnam. En todo caso, con esta nueva peste que sufrimos, los problemas actuales pueden quizás aceptar un ejercicio de comparación con las desgracias de fines del siglo XIV que significaron el principio del fin de un modelo económico: el feudalismo (aunque hubo que esperar varios siglos para su caída definitiva) y el nacimiento del mundo moderno. Es lo que los marxistas llamaron la transición del feudalismo al capitalismo. La gran depresión medieval En ese periodo se combinó la peste negra de 1348 que asoló varios años a Europa con la agonía económica de un sistema que había dejado de funcionar. Los cambios climáticos, el desequilibrio entre población y recursos naturales (que se expresaron en la gran hambruna de 1315 a 1317), la guerra permanente, la competencia entre los nuevos estados emergentes y la crisis de la deuda pública y privada constituyen también algunas características de nuestro siglo. Como señala el gran historiador Guy Bois en su libro La Gran Depresión Medieval: Siglos XIV-XV. El precedente de una crisis económica (Universidad de Valencia-2001): “Queda por apreciar la conmoción (específica) provocada por la Peste Negra: una cuestión inmensa, a menudo inaprehensible y no obstante esencial. Una sociedad no pierde impunemente una fracción semejante de su población en unos meses sin ser sacudida cultural, social y materialmente. La dificultad del análisis se refiere al hecho de que los efectos más inmediatos no son necesariamente los más decisivos. En la estela de la epidemia se inscriben manifestaciones aberrantes que atestiguan sobre todo el desconcierto general” “La peste agravó y prolongó de manera manifiesta la decadencia que sufría la sociedad occidental. Por un lado, la economía señorial, muy dependiente de la mano de obra asalariada, sufrió un golpe severo cuando ésta se volvió más escasa y más cara. Más grave aún: el impacto demográfico acentuó los efectos depresivos del impacto fiscal. Con el resultado de un hundimiento de la producción, y por tanto, del consumo. La epidemia no actuó como un factor aislado o aislable, se enmaraña con otros factores cuyos efectos amplifica.” Es preciso señalar que muchos fenómenos actuales, pese a las impresionantes transformaciones económicas y tecnológicas producidas desde la revolución industrial, se parecen a los de ese capitalismo mercantil del fin de la Edad Media. La deuda El incremento exponencial de la deuda en las distintas ciudades fue su principal característica. Como señala un catedrático español Antoni Furio Diego (en el diario El País, del 8 de enero de 2012) entre el 40 y el 80 por ciento del gasto público de las principales ciudades españolas en el siglo XIV estaba destinado a pagar intereses. Esto obligaba a crear nuevos impuestos, pero gran parte del esfuerzo fiscal iba manos de financistas y mercaderes que invertían en la deuda pública como hoy lo hacen los fondos de inversión. Todo ese mecanismo se basaba en las exigencias de las monarquías por los mayores gastos bélicos y por el desarrollo de los mismos estados, donde predominaban los gastos improductivos y el lujo. A esto se agregó una fuerte burbuja inmobiliaria que provocó el alza de los precios de la tierra y finalmente desordenes monetarios con grandes devaluaciones. En algunos países como en Francia la moneda perdió el 50 por ciento de su valor. La peste llegó con su terrible impacto que diezmó a la población europea (unas 25 millones de personas) agudizando la depresión. Quizás el ejemplo más singular de la sociedad de la épóca nos la da una obra teatral de Shakespeare, “Un libra de carne” publicada en 1600 pero basada en un relato “primera historia del cuarto día” que integra Il Picorone de Giovanni Fiorentino, obra que data a su vez de 1378 , en plena depresión y con las secuelas de la peste negra. Globalización Podríamos trasladar estos hechos a la época actual, cuya sociedad vive una especie de nueva Edad Media, en la que algunos llaman “Aldea Global”. La globalización neoliberal con el desarrollo de la informática, las comunicaciones y los transportes borraron la barrera de los países y junto a ellas también a muchas de las características benéficas de los estados de bienestar, creados luego de la Segunda Guerra Mundial. El mundo de las finanzas superó al de la producción y el trabajo, que predominaba en las primeras décadas del siglo XX, y la economia comenzó a transformarse, como señala Keynes, en una economía casino. Los Estados dejaron de jugar un rol protector como en el pasado y las fuerzas del mercado pasaron a dirigir los proyectos nacionales. La gran movilidad creada por las nuevas tecnologías comenzó a derrumbar las

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La peste escarlata

Fuente: Jorge Elbaum | El cohete a la luna Fecha: 29 de marzo de 2020 Un tercio de la población mundial se encuentra comprendida en distintas variantes de distanciamiento social como producto del coronavirus. La pandemia, además de la catástrofe sanitaria que conlleva, deja en evidencia las profundas fallas de un sistema de organización social, político y económico disfuncional con el amparo y la protección de la vida. Los efectos estructurales de la contaminación viral han producido una caída de la demanda de petróleo, una guerra de precios ligada a los hidrocarburos, el derrumbe de las bolsas y el hundimiento de la economía real con su inmediato impacto sobre los índices de desocupación global. La pandemia producirá durante los próximos meses una contracción de la actividad económica a nivel mundial y una subsiguiente liquidación financiera mayorista. Como en 2008 será utilizada por las corporaciones para demandar salvatajes estatales, como reaseguro extorsivo para circunscribir los despidos masivos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hasta el 26 de marzo de 2020, el número total de infectados alcanzó la suma de 515.000 casos, incluidos los 23.500 fallecidos. En la última semana el epicentro de la pandemia pasó a tener sede en Estados Unidos, el país que contabiliza mayor cantidad de casos en el mundo: 82.000 contagiados y algo más de 1.000 muertes. El sistema de salud de Estados Unidos ha sido la piedra de toque de la grieta política entre demócratas y republicanos. La regulación conocida como Obamacare (Ley para el cuidado de salud accesible, el PPACA por su sigla en inglés), que Trump intentó eliminar, incrementó un mínimo la inversión pública en salud, que apenas llega en la actualidad al 3 % del presupuesto, porcentaje inferior al de todos los países de renta alta internacional. El monto total destinado al rubro sanitario disminuyó durante los últimos 50 años en forma inversamente proporcional al beneficio obtenido por corporaciones privadas dedicadas a la salud y a los laboratorios. La prestigiosa revista académica Journal of the American Medical Association informó esta semana que el gasto en medicamentos recetados per cápita es, en Estados Unidos, el mayor del mundo. Las compañías farmacéuticas se encuentran entre las empresas más rentables de los Estados Unidos y sus inversiones se orientan más al marketing que a la investigación de nuevas drogas útiles para la salubridad pública. Cinco de las seis empresas más rentables de ese país producen fármacos. En franca oposición a los esquemas imperantes al interior de Estados Unidos, la mayoría de los sanitaristas y epidemiólogos más citados, como David Himmelstein, han dejado constancia sobre las ventajas de los países que poseen organizaciones sanitarias estatales y centralizadas, respecto a quienes cuentan con modelos privatizados y fragmentados: “La intervención gubernamental sin trabas en el sector de la salud es una ventaja cuando el virus se está propagando rápidamente por todo el país», afirmó el último lunes Choi Jae-wook, el director de medicina preventiva en la Universidad de Seúl. Por su parte, David Fisman, epidemiólogo de la Universidad de Toronto, fue más preciso al señalar que “tener un sistema de atención médica que sea un activo estratégico público en lugar de una empresa con fines de lucro permite un grado de coordinación y óptimo uso de recursos”. Los países cuya forma de atención médica es controlada en forma centralizada por el Estado –Corea del Sur y Dinamarca— han puesto en evidencia mejores resultados en el abordaje de la crisis sanitaria. El virus no solo plantea aspectos ligados a la infectología y la potencial reducción del contagio a través del aislamiento social. Desenmascara la irracionalidad del mercado para asignar recursos en áreas esenciales como la salud y al mismo tiempo coloca en el centro del debate público la política, como forma democrática de gestionar los grandes problemas sociales, por encima de intereses fragmentarios y corporativos. La catástrofe sanitaria observada en países como Estados Unidos actualiza la necesidad de Estados reguladores que gobiernen para las amplias mayorías y dejen de escudarse en la fantasiosa mano invisible del mercado. Los grandes jugadores monopólicos, aquellos que financian la legitimidad del orden neoliberal, empiezan a percibir el peligro de este debate. En la última semana el gobierno irlandés decidió estatizar –por ahora en forma transitoria— la infraestructura de salud privada con el objeto de dotar de mayores recursos al sistema de salud, para enfrentar la pandemia. El último martes el ministro de salud irlandés afirmó que “lo privado no puede limitar la gestión estatal cuando se trata de una pandemia”. Tres días después se informaba que el premier británico, Boris Johnson, era portador del coronavirus. Las dudas del trumpismo   Gasto público y privado en salud como porcentaje del Producto Bruto Interno (PIB). Las exportaciones sanitarias de Cuba se explican con claridad a través de los guarismos descriptos en el gráfico difundido por la Organización Panamericana de la Salud. Parafraseando La peste, de Albert Camus, es evidente que el Covid-19 no solo ataca el cuerpo de sus múltiples víctimas. También desnuda el espíritu de la sociedad en la que dichos cuerpos son contagiados. Los máximos exportadores del neoliberalismo han aprobado el último viernes una fuerte intervención sobre la economía, caratulada como Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica de Coronavirus (Ley CARES, por su sigla en inglés, idioma en el que care quiere decir cuidado), en la misma semana que 3 millones de empleados se declaraban despedidos. En el centro de la decisión política está la elección presidencial de noviembre, de la que Donald Trump se veía como indudable ganador hasta hace un mes atrás. La debacle económica que se avecina ha sido potenciada por el manejo dubitativo de los republicanos. El acuerdo bipartidista pretende ser atenuar la crisis con una gigantesca subvención pública de más de 2.000 billones de dólares (trillions en su nominación anglosajona). Dicho monto es el triple de lo otorgado en 2008 tras el estallido de la crisis financiera detonada por las hipotecas basura. La partida incluye 250.000 millones de dólares que se reservarán para individuos y familias (1.200 dólares per cápita para quienes tengan

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Es oficial: EEUU terceriza sus operaciones para el derrocamiento de Nicolás Maduro

Fuente: Misión Verdad Fecha: 27 de marzo de 2020 El fiscal general de los Estados Unidos, William Barr. Foto: Susan Walsh / AP Photo En medio de la lucha de Venezuela contra el Covid-19, la Administración Trump ha dado un paso dramático e inédito en las maniobras criminales que buscan derrocar al gobierno venezolano. Ya es oficial: Estados Unidos se decanta por la ruta de la violencia armada tercerizada, apoyándose en un caso judicial sin pruebas. Una falsa acusación del principal narcoestado del planeta Este jueves 26 de marzo, el fiscal general de los Estados Unidos, William Barr, presentó cargos por narcotráfico contra el presidente venezolano Nicolás Maduro, el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente Diosdado Cabello, el ministro de Industria y Producción Tareck El Aissami, el ministro de Defensa Vladimir Padrino López y el presidente del Tribunal Supremo de Justicia Maikel Moreno. A falta de pruebas sólidas, los fiscales del Departamento de Justicia han apelado a un producto propagandístico que lleva varios años siendo punta de lanza de los ataques comunicacionales de Estados Unidos y Europa contra Venezuela: el inexistente “Cartel de los Soles”. Según el Departamento de Justicia, “desde al menos 1999, Maduro Moros, Cabello Rondón, Carvajal Barrios y Alcalá Cordones actuaron como líderes y gerentes de Cartel de los Soles (…) para facilitar la importación de toneladas de cocaína a los Estados Unidos. El Cartel de los Soles buscó no solo enriquecer a sus miembros y mejorar su poder, sino también inundar a los Estados Unidos con cocaína e infligir los efectos nocivos y adictivos de la droga en los usuarios de los Estados Unidos”. El supuesto vínculo con las FARC que viene siendo el leitmotiv de Colombia y Estados Unidos para acusar a Venezuela como un “santuario” de grupos armados, es otra de las cartas centrales de la acusación, incluyendo a Iván Márquez y Jesús Santrich: “A partir de aproximadamente 1999 (…) los líderes de las FARC acordaron con los líderes del Cartel de los Soles reubicar algunas de las operaciones de las FARC en Venezuela bajo la protección del Cartel. Posteriormente, las FARC y el Cartel de los Soles enviaron cocaína procesada desde Venezuela a los Estados Unidos a través de puntos de transbordo en el Caribe y América Central, como Honduras. Aproximadamente en 2004, el Departamento de Estado de los Estados Unidos estimó que 250 o más toneladas de cocaína transitaban a través de Venezuela por año. Los envíos marítimos se enviaron al norte desde la costa de Venezuela utilizando embarcaciones rápidas, barcos de pesca y portacontenedores”. Eso afirma el Departamento de Justicia, haciendo suponer, paradójicamente, que su sistema de prevención contra el narcotráfico es tan ineficaz que no puede detener “barcos de pesca”. Está ampliamente demostrada la relación orgánica de Estados Unidos con el narcotráfico: Antonio Maria Costa, director de la Oficina de Naciones Unidas para la Droga y el Delito, afirmó en 2009 que los capitales provenientes del narcotráfico salvaron los bancos quebrados que ocasionó el colapso financiero de 2008, que tuvo su epicentro en Estados Unidos. En 2012, el FBI encontró pruebas de que los carteles mexicanos “utilizaban cuentas de Bank of America para ocultar dinero e invertir las ganancias ilegales del narcotráfico en caballos de carrera estadounidenses”. Ese mismo año, también se dio a conocer que el cartel mexicano Los Zetas lavaba sus ganancias del narcotráfico en el banco JP Morgan, realizando transferencias directas desde México bajo una amalgama de fondos y empresas que también colocó el foco de las autoridades sobre el banco Wells Fargo. Todos estos bancos siguen funcionando como si nada hubiera pasado. La permisividad comprobada (y la lógica de beneficio directo) del sistema financiero estadounidense y de su élite política con respecto al narcotráfico internacional, hace deslucir las acusaciones contra Venezuela y su tono de supuesta defensa de la salud pública de los norteamericanos. Hace tan solo dos años, Colombia rompió récords en producción y exportación de cocaína hacia Estados Unidos, cifras que coincidieron con un vertiginoso aumento en el número de consumidores en el país norteamericano. Sobre esto, un informe de la DEA reveló: “Niveles récord de cultivos ilícitos y producción de coca en Colombia, que fue la fuente principal de la cocaína decomisada y analizada en Estados Unidos, ha expandido el mercado de la cocaína, lo cual ha conducido a un incremento del abuso doméstico”. El Departamento de Justicia intenta responsabilizar a Venezuela de la inundación de cocaína en Estados Unidos, aun cuando está demostrado por su propia agencia antidroga que el aumento en el consumo que afecta a millones de estadounidenses radica en la descontrolada producción de cocaína colombiana. También intentan posicionar a Venezuela como un “país de tránsito” de cocaína hacia Estados Unidos, aunque datos suministrados por el propio gobierno norteamericano indiquen lo contrario. Un reporte del centro de estudios Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés) concluye: “Alrededor del 90% de toda la cocaína con destino a los Estados Unidos se trafica a través de las rutas del Caribe Occidental y el Pacífico Oriental, no a través de los mares del Caribe Oriental de Venezuela”. Movimiento de la cocaína en Norte y Suramérica, año 2017. Fuente: DEA Una acusación fake Como reseñó en su momento un artículo de esta tribuna, la narrativa del “Cartel de los Soles” es sobre todo excéntrica e inexplicable. Se ha promocionado como una organización amplia y peligrosa, pero no existen las condiciones que lo demuestren: no hay una lucha asesina entre carteles como en México o Colombia, nunca se ha incautado un alijo que lleve la marca de esta supuesta organización, como tampoco se conoce que la logística del ejército venezolano se esté aprovechando para traficar drogas. El fantasmal “Cartel de los Soles” es un producto para el consumo de masas que refuerza la narrativa de los halcones y del sector más extremista de la derecha venezolana. En esta misma cadena de premisas falsas, el Departamento de Justicia incurre en un fatal error de cálculo: coloca a Maduro como el “líder” de la “organización” aun cuando no es militar, y cuando apenas, en 1999, empezaba su carrera

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Giro en U de Gantz, se dirige al gobierno de extrema derecha con el enemigo, Netanyahu

Fuente: http://maki.org.il/en/?author=3 | mki.org.il Fecha: 27 de marzo de 2020 Después de un dramático cambio de sentido, el presidente del partido Azul y Blanco, MK Benny Gantz, fue elegido vocero (presidente) de la Knéset el jueves por la noche, 26 de marzo, como parte de un acuerdo de unidad emergente, que llevó a la ruptura de su alianza centrista para ingresar a un gobierno de extrema derecha con su antiguo enemigo, el primer ministro Benjamin Netanyahu. Al recibir el pleno apoyo del  bloque de derecha, Gantz fue elegido para el puesto de vocero con el respaldo de 74 legisladores (MK). Dieciocho votaron en contra, la Lista Conjunta (15 MK) y Meretz (tres MK); y el resto, incluido Yesh Atid, una facción dentro de Azul y Blanco, no participó. Según el acuerdo que se está gestando, Gantz se asociará con Netanyahu en un «gobierno de unidad» sionista de extrema derecha, sirviendo inicialmente como ministro de asuntos exteriores o de defensa y luego asumiendo el cargo de Netanyahu como primer ministro en septiembre de 2021. Se espera que Gantz renuncie a ser portavoz después de que se forme un gobierno de unidad, para ser reemplazado por un MK del  Likud. Los legisladores de la Lista Árabe Conjunta, entre ellos el líder de facción MK Ayman Odeh (Hadash), no sabían nada sobre el movimiento para nominar a Gantz para el puesto de vocero de la Knéset. El jueves, en horas de la tarde, la mayoría de los MK de la Lista Árabe Conjunta todavía estaban en las redes sociales, escribiendo sobre su apoyo al MK Meir Cohen de Yesh Atid como próximo vocero, en base a los entendimientos entre la Lista Conjunta y los representantes de Azul & Blanco MKs Ofer Shelah y Avi Nissenkorn. Sin embargo, solo un poco más tarde, los rumores que se habían extendido se verificaron y la conmoción y la consternación en las oficinas de la facción se convirtieron rápidamente en indignación y condena de Gantz. MK Odeh dijo: “No vamos a echar una mano a un gobierno encabezado por Benjamin Netanyahu. Azul & Blanco decidirá si quieren ganar juntos o rendirse solos «. El integrante de la Lista Conjunta MK Yousef Jabareen (Hadash) dijo: “El Likud B, que a lo largo de la campaña electoral habló de una ‘mayoría judía’ y se alineó con la anexión unilateral de los territorios palestinos ocupados, se unió al Likud A. Dirigiremos la oposición al gobierno de incitación continua, racismo y ocupación”. El miembro de  Hadash MK Ofer Cassif  (Lista Conjunta), también denunció la medida, diciendo que “Benny Gantz eligió robar los mandatos y allanar el camino para un gobierno etno-fascista encabezado por el acusado serial. Les advierto a Gantz y a cualquiera que esté pensando en unirse a él: este camino conducirá al desastre, no solo para nosotros sino también para usted. Para toda la sociedad». El integrante de Hadash MK Aida Touma-Sliman (Lista Conjunta) no fue menos firme en su denuncia de Gantz. “La Lista Conjunta expresó su opinión y votó en contra de la nominación de Benny Gantz como Presidente de la Knéset. No apoyaremos a este gobierno de unidad de extrema derecha». Un destacado miembro de Hadash criticó a Gantz y dijo que «nos traicionó una y otra vez. Fuimos en contra de nuestros principios y las líneas rojas que establecimos para nosotros, para darle el apoyo para eliminar a Netanyahu y al gobierno de derecha, y a cambio, nos pusieron un dedo en el ojo y un cuchillo en la espalda». Traducción: Dardo Esterovich  

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Trump y la negación del coronavirus

Fuente: Ángel Guerra Cabrera | Alai.net Fecha: 26 de marzo de 2020 Foto: Getty Images En los hospitales de Nueva York, California y Florida, donde los casos de Covid 19 se han disparado, el personal sanitario apenas dispone de medios de protección personal, mucho menos existen kits de diagnóstico ni ventiladores suficientes para satisfacer la demanda de atención.  Se trata del país cuyo presidente estuvo minimizando durante semanas la amenaza y la letalidad de la enfermedad. El dato es importante, pues no obstante su riqueza y su desarrollo científico y técnico, Estados Unidos ha mercantilizado a tal punto los servicios de atención sanitaria que no dispone ya, hablando con propiedad, de un verdadero sistema de salud pública, como sí tienen, en sus distintas realidades, México, Argentina, Costa Rica, Venezuela, o Cuba. En los dos primeros países, ahora muy repotenciados por gobiernos antineoliberales. Pero Trump parecía sentirse muy seguro de la capacidad de la superpotencia ante una eventual emergencia sanitaria, o así lo indicaban muchos de sus tuits de este período. Posiblemente no recuerde la tragedia ocurrida con el huracán Katrina en Nueva Orleans y no quiera recordar la ocasionada por el ciclón María, en Puerto Rico, ya durante su administración y con su personal injerencia. En todo caso, estos son algunos de sus dichos en la red Twitter. 22 de enero: Todo va a ir bien. Lo tenemos todo bajo control.  30 de enero: Lo tenemos todo bajo control. 7 de febrero: Cuando el tiempo sea más caluroso, esperemos que el virus se haga más débil y finalmente desaparezca. 24 de febrero:  El coronavirus está muy controlado en Estados Unidos. Me parece que la Bolsa empieza a tener buen aspecto. 25 de febrero: Pueden preguntar por el coronavirus, que está perfectamente bajo control en nuestro país. Hay unas pocas personas que lo tienen. Estamos muy cerca de conseguir una vacuna. 26 de febrero(hace un mes): Gracias a todo lo que hemos hecho el riesgo para el pueblo estadounidense continúa siendo muy bajo. Los 15 casos (de contagios) que hay hasta ahora van a bajar a cerca de cero. Muy pronto serán cinco personas y podrían ser una o dos en muy poco tiempo. 28 de febrero. Va a desaparecer(el coronavirus). Algún día será como un milagro y habrá desaparecido. 12 de marzo: Va a desaparecer… gracias a lo que yo hice y a lo que la administración hizo con China. Tenemos solo 32  fallecidos. Sin embargo, cuatro días después el magnate parecía tomar cierta conciencia de grave amenaza que la pandemia comporta y anunciaba solemnemente la cancelación durante un mes de todos los vuelos procedentes de Europa, mientras la fuerza de tarea de la Casa Blanca sobre el coronavirus, encabezada por el vicepresidente Mike Pence, tuiteaba que debían evitarse las reuniones sociales “de más de 10 personas”. No sin fundamento, se ha mencionado como causa de esa supuesta toma de conciencia la llegada a manos de la mencionada fuerza de tarea y, por consiguiente, a Trump, de un informe del reputado Imperial College de Londres que pronosticaba hasta 2.2 millones de fallecidos en el país estadounidense, a menos que se tomaran medidas drásticas. Tal vez el cálculo electoral, la reelección que tanto obsesiona a Trump, lo habría hecho cambiar su postura cuasi negacionista de la enfermedad, se inclinaba a pensar este analista. Entonces los contagiados sumaban 120 mil en el mundo. Han pasado poco más de cinco semanas.  Hoy solo en Estados Unidos el número de enfermos confirmados llega a 51 914, con 673 fallecidos, mientras a escala mundial existen 416 689 contagiados y confirmados con prueba, según la Organización Mundial de la Salud. Está claro que a Trump no le interesa el destino de los más de 320 millones de estadounidenses pues en los últimos días, luego de la supuesta “toma de conciencia”, viró a la negación. Le molesta la cuarentena, de la que ha dicho que “el remedio puede ser peor que la enfermedad”, “nuestro país no está diseñado para cerrar”, que sería magnífico que la gente estuviera de regreso al trabajo para Pascua. Que basta “conque se laven las manos más veces” y  “no se las estrechen a otros”. En suma, Trump ha calculado y, hay evidencia de que lo ha hecho animado por jerarcas de Wall Street, que la economía(la de ellos, no la del pueblo) puede perjudicarse -y también su reelección si continúan las (bastante laxas) medidas de distanciamiento social. Sin embargo, cuando termino de escribir estas líneas llega la noticia de que el gobierno de la ciudad de Washington, o sea del Distrito de Columbia -que no es lo mismo que el federal-, decide el cierre de todos los negocios que no sean esenciales e insta a los ciudadanos a quedarse en su casa a desde el miércoles 25 de marzo a las 10 p.m. y hasta el 24 de abril. ¡Un mes¡ ¡Mucho más que hasta Pascua¡ Pues Washington hará igual que Cuba y Venezuela, países a los que Trump bloquea sin piedad en medio de la pandemia.  Bribón el Trump, obsesionado con su reelección, acaba de entregar a los multimillonarios el más grande “rescate” de la historia contemporánea. Un robo gigante a los contribuyentes. Twitter: @aguerraguerra

Estados Unidos, Internacionales, Portada

EE.UU. vs China: dos relatos sobre el coronavirus

Fuente: Gustavo Veiga | Página/12 Fecha: 25 de marzo de 2020 Foto: Mientras Trump habla de “virus chino”, el gobierno de Xi sugiere que el ejército estadounidense podría haber llevado la enfermedad a Wuhan, la ciudad epicentro del Covid-19. El coronavirus instaló dos sensaciones desde que se transformó en un monotema planetario. El pánico a escala global por su rápido contagio y letalidad y la idea -que se extiende a un ritmo mucho más lento – de que la pandemia nació como un experimento de ingeniería biológica para hundir la economía de China. Los argumentos conspirativos con que los dos países se atribuyen responsabilidades hacen su aporte a este desaguisado donde todos los estados no reaccionan igual. El gobierno de Xi Jinping aisló a una provincia entera, Hubei y casi 60 millones de habitantes con una cuarentena rigurosa. Calles desiertas y militarizadas fueron la postal omnipresente durante dos meses. El antídoto dio resultado. Donald Trump pasó de considerarlo “una simple gripe” a declarar la emergencia nacional. Habló de “virus chino” y el que se introdujo en sus propias fronteras y sobrepasó sus muros no tiene techo: este martes arrojaba 46.000 infectados y 600 muertes. Nueva York y California entraron en cuarentena obligatoria. La réplica por el adjetivo que eligió Trump para el virus no demoró. Fue del portavoz de la cancillería china Lijian Zhao. El 9 de marzo escribió en Twitter que podría haber sido el ejército de EE.UU. el que “lo llevó a Wuhan”, la ciudad epicentro del Covid-19. El actor coreano Daniel Dae Kim, intérprete en la serie televisiva Lost, definió con un gol sobre la hora esta polémica pandémica: “Sí, soy asiático. Y sí, tengo coronavirus. Pero no me lo contagié en China, lo contraje en América, en Nueva York”, declaró en un video que posteó en Instagram. A esta altura de la pandemia, la teoría de que comenzó en el mercado mayorista de mariscos de Wuhan muestra fisuras. Si bien es cierto que en 2007, un estudio de la Universidad de Hong Kong ya alertaba sobre una especie de murciélago transmisor de este y otros virus en China, la propagación del covid-19 por los cinco continentes dio pie a otras conjeturas. A la defensiva, el gobierno de Beijing se mantuvo en silencio y empezó a reaccionar tarde contra las imputaciones que le propinaban Trump y su secretario de Estado Mike Pompeo. Pero hoy, en China y Japón como en Estados Unidos, hay investigaciones y testimonios que avalan la idea de que el coronavirus habría salido de América. El portavoz Zhao sostiene una hipótesis de difícil comprobación. Aquella que cuenta cómo agentes de EE.UU introdujeron el virus durante los Juegos Olímpicos militares realizados en Wuhan en octubre pasado. A esa interpretación del funcionario chino la siguió un informe de la TV japonesa Asahi. Afirmaba que el coronavirus provenía de Estados Unidos donde una epidemia de gripe en el último invierno había dejado miles de muertes, sin que se chequeara si pudo haber algunas causadas por el Covid-19. Lo admitió el director de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) Robert Redfield. Dijo que casos diagnosticados como de gripe común pudieron ser del virus que todavía no tiene vacuna. La OMS trató de hacer precario equilibrio cuando la pandemia ya avanzaba como un ejército de termitas, pero presionada por el lobby de las farmaceúticas de EE.UU espiralizó la idea de que se venía lo peor. El 30 de enero declaró una emergencia de salud pública de preocupación internacional (PHEIC). El 11 de marzo definió al nuevo fenómeno con la palabra que se conoce hoy. Trump hablaba del virus made in China y tomaba medidas para impedirles la entrada a sus ciudadanos o a todo aquel que hubiera visitado el país de la Gran Muralla. Un enemigo íntimo del gigantesco aparato de inteligencia estadounidense como el exagente de la CIA Philip Giraldi se pasaba de bando y sostenía que el coronavirus podía ser un arma biológica para dañar a China e Irán, otra de las naciones más afectadas por el tsunami viral. El escenario va quedando reducido a dos hipótesis. Una habla de la natural y espontánea mutación de un gen de murciélago. La otra es la teoría del laboratorio que Beijing le atribuye a EE.UU. Se apoya en la historia de este país que en los últimos sesenta años fue prolífica en experimentos biológicos para dañar economías, y sobre todo a la cubana, cuyos médicos hoy son recibidos con aplausos cuando llegan a Italia para cooperar en la lucha contra la pandemia. A la isla se le inoculó la fiebre porcina y el dengue hemorrágico en los años 60, 70 y 80. El gobierno de John Fitzgerald Kennedy aprobó la Operación Mangosta el 18 de enero de 1962, según documentos desclasficados. Su objetivo era dañar las cosechas en Cuba, además de sabotear su economía por distintas vías. En junio de 1971 se esparció el virus de la fiebre porcina africana, que jamás se había reportado en la isla y demandó sacrificar a medio millón de cerdos. En abril de 1981 se detectaron en La Habana varios casos de dengue hemorrágico. Cuatro niños murieron por esta situación. Se trataba de una cepa nueva del virus Nueva Guinea 1924, serotipo 02, única en el mundo para la época. Había sido procesada en un laboratorio. La CIA siempre estuvo detrás de estos experimentos biológicos. Cuba no ha sido el único país afectado por esta política. En su patio trasero, organizaciones de Estados Unidos les inocularon sífilis, gonorrea y otras enfermedades de transmisión sexual a unos 1.500 guatemaltecos entre 1946 y 1948. El objetivo era estudiar en humanos la capacidad de prevenir esas patologías para probar sobre ellas el alcance de la penicilina. Un grupo de 444 afectados y sus familiares iniciaron un pleito por mil millones de dólares en EE.UU. Un juez federal en Maryland la consideró procedente en enero de 2019. Demandaron a la Fundación Rockefeller, al grupo farmacéutico Bristol-Myers Squibb y además a la Universidad Johns Hopkins. La misma que hoy lleva en tiempo real el mapa del coronavirus

Internacionales, Israel, Portada

Médicos de primera clase, pero ciudadanos de segunda

Fuente: Lee Yaron | Haaretz Fecha: 23 de marzo de 2020 Foto: La doctora Suad Haj Yihye Yassin en el Centro Médico Sheba, Tel Hashomer, 16 de marzo de 2020. Tomer Appelbaum Traducido del inglés para Rebelión por J. M. Representan el 17 por ciento de los médicos del país y salvan vidas judías las 24 horas de los siete días de la semana. Pero cuando se trata de representación en el Gobierno, incluso en los tiempos del coronavirus, Netanyahu cree que son un peligro. Una sala COVID-19 en el Centro Médico Rambam, Haifa, 9 de marzo de 2020. Rami Shllush Era sábado por la noche y acababa de terminar un turno de emergencia de 12 horas en el Centro Médico Sheba Tel Hashomer, para tratar a pacientes sospechosos de coronavirus que estaban aislados. La doctora Suad Haj Yihye Yassin llegó finalmente a su casa para descansar un poco antes de su siguiente turno, se sentó en su sala de estar para ver al Primer Ministro Benjamin Netanyahu dirigirse a la nación sobre la situación de emergencia con la que está tan familiarizada. Tiene 31 años, al final de su residencia en inmunología clínica. Ella y su esposo, que es cirujano, viven en Tel Hashomer, en las afueras de Tel Aviv, donde crían a su hija de 3 años entre sus largos turnos. “Atiendo a todos los que vienen al hospital, nunca he diferenciado y nunca me importará si son judíos o árabes. Cada persona, sin importar su raza o género, recibirá la mejor atención de mi parte”, dice. “Cuando llego a casa de la sala de emergencias, después de haber dado todo para tratar a todos y oigo al primer ministro decir que tenemos que formar un Gobierno de unidad nacional para enfrentar la crisis, pero sin los árabes, como si nosotros fuésemos ciudadanos de segunda categoría, duele. ¿Por qué está bien para nosotros estar en primera línea en los hospitales que se ocupan del virus pero no es legítimo para nosotros estar en el Gobierno? La semana pasada se encontró con una serie de publicaciones en las redes sociales de Netanyahu, quien escribió repetidamente en su página de Facebook que un gobierno con la Lista Conjunta predominantemente árabe sería «un desastre para Israel» o un » peligro para Israel«. El domingo Netanyahu agregó: “Mientras el primer ministro Netanyahu está manejando una crisis global y nacional sin precedentes de la manera más responsable y equilibrada, Gantz [Benny, el presidente de Azul y Blanco] galopa hacia un gobierno minoritario que depende de Balad, Heba Yazbak y otros partidarios del terror, en lugar de unirse a un Gobierno nacional de emergencia que salvará vidas». «Es triste escuchar que el primer ministro se refiere a mí como una amenaza cuando en realidad somos nosotros quienes neutralizamos el peligro y salvamos a los pacientes», dice Yassin. “En los hospitales el trabajo conjunto de los equipos árabes y judíos es un ejemplo de convivencia. Todos trabajamos juntos, hombro con hombro, sin distinciones». Sus comentarios arrojan luz sobre una pieza faltante del rompecabezas político-médico de las últimas semanas que Netanyahu está tratando de ocultar. Según cifras oficiales del Ministerio de Salud y la Oficina Central de Estadística, a petición de Haaretz, el 17 por ciento de los médicos de Israel, el 24 por ciento de sus enfermeras y el 47 por ciento de sus farmacéuticos son árabes. Si los médicos y enfermeras árabes se pusieran en huelga como respuesta al provocador discurso del Gobierno o si incluso amenazaran con parar hasta que estuvieran debidamente representados en el Gobierno, el sistema de salud no sería capaz de lidiar con la crisis del coronavirus y la ecuación que Netanyahu está tratando de afirmar como la verdad, se vendría abajo. Pero a partir de conversaciones con médicos árabes en varios hospitales israelíes surge en repetidas ocasiones que están dispuestos a cooperar desconectándose del discurso nacional entre la crisis de salud y la crisis política. La mayoría de los médicos a los que se dirigió Haaretz no solo se sorprendieron ante la perspectiva de que podrían negarse a tratar a las personas durante una crisis debido al racismo que sufren, sino que incluso se negaron a responder preguntas sobre sus experiencias de intolerancia o discriminación. «Nos hemos acostumbrado que en este país digan que no somos seres humanos, no nos sorprende», dijo una doctora que no quería ser identificada. “Si decimos algo podrían despedirnos o vernos como problemáticos. Queremos hacer el trabajo para el que tanto estudiamos, salvar vidas y tratar de olvidar el racismo. En los hospitales todos son igualmente susceptibles a la muerte y lo recordamos. Quizás el coronavirus recuerde al público judío que todos somos iguales». Yassin testifica que en contraste con las buenas relaciones entre el personal médico judío y árabe, que constituyen un modelo para la cooperación judío-árabe, cuando se trata de las actitudes de los pacientes, la política y el racismo con frecuencia ingresan al hospital. Dice que en los últimos años ha encontrado periódicamente racismo de pacientes judíos que se negaron a que ella los tratase porque es árabe. «Tuve una paciente que vino a mí de otro departamento y me dijo que se había negado a ser admitida allí porque los médicos eran árabes», recuerda. “La miré y le dije que yo también soy árabe y pareció sorprendida. Dijo que no lo parezco y pidió otro médico para tratarla. «Estoy orgullosa de ser árabe, de ser médico y de salvar vidas», dice. “Una vez tuve un paciente que sufría de dolores de estómago, me retrasé con otro paciente cuya condición era más urgente y la primer paciente y su esposo comenzaron a gritarme que soy una árabe sucia y que no debería estar trabajando en un hospital. Lo ignoré y le atendí de todos modos”. Yassin ha estado trabajando en el sistema de salud algo menos de una década, pero el profesor Jihad Bishara, director de la unidad de enfermedades infecciosas del Centro Médico Rabin Hospital Beilinson en Petah Tikva, ha estado tratando a judíos y árabes durante 30 años. En

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