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Tasa de mortalidad por COVID: ¿y si fuéramos Cuba?

Fuente: Federico Perez Wrubel*| Agencia Paco Urondo Fecha: 21 de diciembre de 2020 Un sector tiende a realizar comparaciones con Cuba con una intención de descalificar las acciones políticas que toman los gobiernos progresistas o populares.  Ahora bien, si realizamos esa comparación con los países del llamado “primer mundo” con respecto a las muertes por la pandemia del COVID-19, ¿Cuáles son esos resultados?   A la fecha de hoy, 19 de diciembre de 2020, nos encontramos con 1.670.000 muertes acumuladas en todo el mundo por la pandemia del COVID-19. Los 11 países que encabezan la mayor cantidad de muertes son los siguientes: Si se observa estos países en función de la cantidad de muertes cada millón de personas, nos daría los siguientes resultados: Otros países que se toman como ejemplos o que son considerados como del primer mundo,  que no ocupan el ranking entre los anteriores nombrados, como Alemania presentan 25.754 muertes (314 cada 1M de p.), Israel 3.050 muertes, (331 cada 1M de p.) o Suiza que tiene 6.561 (967 cada 1M de habitantes) Cuba, a comparación de estos países, tiene 12 millones de habitantes y presenta 137 muertes, un promedio aproximado de 12 muertes cada millón de habitantes. En este sentido nos preguntamos, si generamos una situación hipotética ¿cuántos muertos tendrían los primeros 11 países con más muertes en el mundo si su promedio fuera el de 12 muertes cada millón de habitantes como Cuba? Con un regla de tres simple nos daría los siguientes resultados: Siguiendo este hipotético caso Estados Unidos tendría casi 4 mil muertes en vez de 313mil, Brasil 2475 antes que 185mil, Reino Unido 779 en lugar de 66.052 y Argentina 545 en vez de 41.534. La suma total de muertos de los 11 primeros países, en el caso de esta suposición, nos daría un total de casi 30 mil muertes contra las 1.144.624 reales.  A comparación con la realidad son 1,1 millones de muertes menos.  Si estas supuestas vidas que se salvaron por tener los mismos promedios de Cuba, las restamos con el total de muertes actual tendríamos aproximadamente menos de 550 mil muertos en el mundo, un 66% menos de las que tenemos actualmente.  Los resultados que tiene Cuba son fruto de un sistema sanitario comunitario, una política sistémica de cuidado y prevención, que genera una alta expectativa de vida; y también de la alta respuesta de sus habitantes a las políticas públicas encaradas por el gobierno cubano, en un contexto en el que el bloqueo económico resulta desfavorable para el desarrollo económico y social, a comparación de los países del primer mundo(norte) que gozan de otra suerte, pero no han logrado controlar los efectos catastróficos de la pandemia En este sentido uno destaca que el problema no es en sí la pandemia del COVID-19, sino el mundo de desigualdad social que encontró en este tiempo. Sobran ejemplos de acciones de los gobiernos en el mundo que han colocado la acumulación de la ganancia exponencial por encima del cuidado de sus pueblos; o gestos de mezquindad entre los estados nación que han robado o acopiado insumos de prevención, o en la actualidad comprando dosis de vacunas mayores a su población impidiendo que otros países pueden acceder más rápido a ella y así reducir muertes. Al cumplirse la muerte 1millon Juan Manuel Cincunegui, un filósofo argentino que reside en España, publicó en su blog personal «Claro en el Bosque» un post titulado la «Normalidad es la muerte». En dicha nota habla del sufrimiento que han padecido millones de personas que han tenido que velar a la distancia a sus seres queridos. No solo habla de las muertes, sino  de las personas que han transitado la enfermedad y la angustia que han padecido. Según sus cálculos, aproximadamente, hasta el 1 octubre «al menos 80 o 100.000.000 de personas (padres, madres, hijos, hijas) que han sufrido el impacto psicológico y emocional de esas pérdidas o el trance de velar durante semanas o meses por la supervivencia de sus seres queridos». Al teorizar sobre este caso, el jugar con el «qué hubiera pasado si» tiene la intencionalidad de tensionar los modelos políticos. Si dentro de 10 años volvemos a tener una situación parecida ¿Qué rol y acciones queremos que tomen los gobiernos del mundo?  Aunque los números son fríos y nos alejan de la realidad material, cada muerte es una persona que ha padecido y sufrido el dolor del COVID-19  en su carne. Cada número es una familia que no ha podido acompañar a su ser querido, que lo ha tenido que velar a la distancia, que no lo ha podido abrazar como gesto de amor en su despedida.  Como expresa el Papa Francisco, de una crisis se sale peor o mejor. Frente a ésta catástrofe mundial uno puede seguir reproduciendo una cultura individual en función de la acumulación del capital, siendo incapaz de sentir el dolor ajeno, tanto el de otros países como el de su misma población; o tal vez pensar y construir como Cuba una comunidad de cuidado y entrega hacia el otro, para que el día de mañana no tengamos que lamentar tanto dolor y muertes evitables; y que la vida siga siendo posible en la tierra porque existe un Estado que nos cuida y nos salva. *Profesor en Filosofía y Magister en Economía Social

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Lecciones bolivianas para América Latina

Fuente: Alfredo Serrano Mancilla | Celag.org Fecha: 20 de noviembre de 2020 Cada vez resta menos para que termine el año 2020; un año que ha tenido de todo: desde la pandemia Covid-19 hasta la muerte de Maradona. A estas alturas del partido, luego de tanta densidad política, siempre acabo creyendo que el año tuvo algún mes de más, algunas semanas que se nos camuflaron sin darnos cuenta, o días que fueron de 30 horas. En este tiempo, Chile aprobó un plebiscito para enterrar definitivamente la constitución pinochetista; Trump perdió las elecciones desconociendo los resultados; Guaidó se quedó en eso, en seguir siendo Guaidó, sin más pena ni gloria que una autoproclamación sin efectos; en Perú modificaron el Congreso y luego el presidente, hasta dos veces, sin necesidad de acudir a las urnas; en Ecuador cambiaron varias veces de vicepresidente; se consolidó el eje progresista Argentina-México con dos presidentes muy protagónicos en lo geopolítico, Alberto Fernández y Andrés Manuel López Obrador, cada cual a su manera. En esta América Latina tensionada, Bolivia nuevamente se convirtió en el epicentro en este 2020, sobre todo porque nos dejó varias lecciones imprescindibles para tener en cuenta en los meses venideros. Primero, no se consigue tan fácilmente la desaparición de una identidad política arraigada en la ciudadanía, ni con un golpe de Estado, ni con proscripciones, ni con persecución. Segundo, el neoliberalismo demuestra una vez más su incapacidad para consolidar democracias, gestionar la economía (en lo macro y en lo micro), administrar el Estado, garantizar estabilidad institucional, proporcionar seguridad jurídica. Tercero, las convicciones son rentables electoralmente a pesar de lo que digan muchos manuales ortodoxos de comunicación política. Un corpus ideológico, bien traducido en propuestas cabales, cuando sintonizan con los sentidos comunes tienen alta probabilidad de tener mayorías Cuarto, gobernar desgasta mucho y limita la posibilidad de reciclar la épica, el relato, la narrativa, los horizontes. En el caso del MAS, en este corto periodo de tiempo afuera de la gestión gubernamental, se regeneraron dinámicas que habían quedado relativamente oxidadas algún tiempo atrás. Quinto, la derecha no siempre está unida, ni es tan monolítica ni homogénea como se presupone. Pasó en Bolivia y ha pasado en muchos otros países de América Latina. Existen muchos más matices en el universo conservador del que nos imaginamos (visiones regionales, intereses económicos, vínculos internacionales, etc.) Sexto, los grandes medios de comunicación se han convertido en objetos de consumo masivo, pero no constituyen ninguna fuente de credibilidad. Si hiciéramos un ejercicio de correlación estadística simple entre cantidad de portadas y titulares en contra de Evo y Arce en Bolivia e intención de voto, nos encontraríamos una relación inversa. Eso pasó también con Cristina Fernández de Kirchner y continúa pasando con Rafael Correa. Los grandes medios son espacios de entretenimiento, pero no son creíbles como fuente de información. En las encuestas de CELAG hechas para varios países de América Latina, siempre observamos que hay mayorías que creen que los medios mienten o hacen propaganda. Séptimo, las redes sociales importan, pero resulta importante dimensionarlas en su justa medida. El crecimiento de ese universo es evidente, pero no hay que confundir ese progreso con considerar que todo el mundo decide su voto según lo que lea en Twitter, Facebook o Instagram. Aún resta mucho por conocer cómo ellas transforman nuestras mentes, nuestros pensamientos y nuestras preferencias políticas y electorales. Todavía es prematuro, por el poco tiempo en marcha, para identificar las cicatrices de este nuevo entorno digital. Octavo, y no por último menos importante: todos aquellos que pregonan que no hay relevo detrás de los liderazgos históricos de la izquierda latinoamericana vuelven a hacerse trampas al solitario. Lucho Arce y Alberto Fernández ya son presidentes. Hay muchas probabilidades que Andrés Arauz lo sea en Ecuador. Hay líderes como Daniel Jadue en Chile, Verónika Mendoza en Perú y Gustavo Petro en Colombia, que también tienen significativas opciones para ello. Son todos aprendizajes útiles para lo que se viene en nuestra América Latina en disputa.Comparte: Alfredo Serrano Mancilla: Dr. en Economía Aplicada (UAB). Director de CELAG (España) Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), España. Realizó estancias predoctorales en Módena y Bolonia (Italia) y Québec (Canadá) y un postdoctorado en la Université Laval (Québec, Canadá). Es especialista en economía pública, desarrollo y economía mundial. Se desempeña como profesor de posgrado…

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Bolivia: el pueblo volvió por sus fueros

Fuente: Carlos Flanagan | Alainet Fecha: 9 de noviembre de 2020 En primer término Choquehuanca juró su cargo y pronunció un breve discurso en el cual resaltó la importancia de superar la división del pueblo y bregar por su hermandad. Remarcó la importancia del poder como herramienta para ayudar sin someter; para buscar la paz y superar el odio, la discriminación y el racismo. “Sabemos que unidos valemos más”. Asimismo se refirió como a pesar de que el colonialismo desestructuró los cánones civilizatorios de los pueblos originarios de nuestra región (el Abya Yala) “no lograron apagarnos; estamos vivos, somos de Tiwanaku, somos fuertes, somos como la piedra”. Posteriormente procedió a investir a Luis Arce en su cargo de Presidente. Un discurso contundente Arce comenzó su mensaje honrando a los ancestros, a los mártires de la liberación, a los asesinados en Senkata, Sacaba y El Pedregal y a todos los héroes que recuperaron la democracia. Fustigó duramente al gobierno de facto que a partir del 10 de noviembre de 2019, lejos de pacificar el país y convocar inmediatamente a elecciones, como había prometido, sembró la muerte, el miedo la discriminación y el racismo y usó la pandemia para prorrogarse. “Sin embargo, a pesar de esas condiciones adversas, a pesar de que la participación del pueblo estuvo amenazada por la violencia del gobierno de facto y grupos paramilitares en las elecciones del 18 de octubre obtuvimos una histórica victoria en las urnas con más del 55%.” Manifestó que ese voto enormemente mayoritario representa la conciencia y organización de un pueblo que no quiere libertad para unos cuantos sino libertad para todos. Nos parece importante subrayar su visión autocrítica cuando afirma: “asumimos este mandato que nos da la población, el pueblo para trabajar incansablemente y con humildad por la reconstrucción de nuestra Patria, y nos comprometemos a rectificar lo que estuvo mal y a profundizar lo que estuvo bien.” Se refirió a la democracia y sus contenidos necesarios, cuando dijo que “de nada sirve elegir a las autoridades mediante el voto si a la vez el pueblo al que se debe la democracia está privado de los derechos fundamentales, como los de acceso a la salud, a la educación, al trabajo, a los ingresos y a la vivienda”. Respecto a la justicia, manifestó que creía en el reforzamiento de la institucionalidad del Estado, generando un ambiente seguro y estable en el cual “los únicos que deben temer son los infractores, los criminales, los violentos y los que cometan actos de corrupción.” La situación económica Una parte medular de su discurso fue destinada a describir la crisis triple por la que atraviesa Bolivia: la política consecuencia del golpe de Estado, la sanitaria producto de la aparición del Covid-19 y la falta de una respuesta integral adecuada y la económica derivada de la política del gobierno de facto – instaurada antes de la pandemia – que en menos de un año, ha hecho retroceder a todas las conquistas logradas a partir de 2005 en el proceso de cambios. Transcribimos algunas de las cifras mencionadas por Arce como indicadores elocuentes del actual desbarajuste de la economía. Bolivia pasó de haber liderado por seis años en sus índices de crecimiento económico en el período 2006 – 2019, a tener ahora la caída más grande del PIB en los últimos 40 años: un 11,1%. Las reservas internacionales netas (RIN) del país bajaron un 13% desde noviembre 2019 al mes de octubre 2020: de 6.459 millones de USD a 5.578 millones. En el mismo período la dictadura endeudó al país en más de 4.200 millones de dólares entre deuda interna y externa. Para enfrentar y superar este complejo panorama económico y social con aumento del desempleo y la pobreza, se propone reinstaurar el modelo económico social, comunitario y productivo, que dinamice la economía plural y el mercado interno con crecimiento y redistribución del ingreso. Tarea que no será fácil teniendo en cuenta la actual coyuntura económica mundial recesiva. Un claro mensaje al mundo Fue explícito al anunciar la lucha que su gobierno librará por un mundo multipolar, sin la supremacía de ninguna potencia, el saqueo de recursos naturales, el racismo, la discriminación o las amenazas o presiones de tipo alguno. Para ello ratificó la política de no intervención, no alineamiento, autodeterminación de los pueblos y su plena igualdad jurídica y política. La integración Sur – Sur sin la imposición de designios desde el Norte. Reivindicó a la CELAC como la mejor vía de instrumentación de la unidad política en la diversidad en A. Latina y el Caribe y su declaración como territorio de paz en el año 2014. Y por último la recuperación de UNASUR en tanto ámbito de integración y concertación, más allá de la orientación política de sus gobiernos. Algunas conclusiones En primer lugar saludamos los contenidos de ambos discursos. Asimismo consideramos a esta nueva dupla del MAS al frente del gobierno de Bolivia en mejor disposición y condiciones de llevar adelante una gestión que necesariamente deberá ser de gran cercanía, diálogo, consulta y concertación con el amplio y diverso mundo de las organizaciones sociales (de trabajadores, pueblos originarios, organizaciones locales, etc.). Será con la activa y vigilante participación del pueblo que se garantizará tanto la re implantación y posterior profundización del denominado modelo económico, social, comunitario y productivo como el desbaratamiento de los latentes intentos desestabilizadores de la oligarquía boliviana – racista, discriminadora- y sus agentes instrumentales de turno.- Carlos Flanagan Ex-Secretario de RR. II. del Partido Comunista de Uruguay. Ex-Embajador de Uruguay ante el Estado Plurinacional de Bolivia.

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La fotografía inolvidable. Quince años del NO AL ALCA

Fuente: Guillermo Wierzba | El Cohete a la Luna Fecha: 8 de noviembre de 2020 Esta semana se cumplieron quince años de la Cumbre de las Américas que en Mar del Plata tuvo la potencia para cerrar el camino a que los Estados Unidos consiguieran el mayor avance hacia el destino que persiguen hace más dos siglos: la consolidación del objetivo panamericanista con su hegemonía continental a través de la conformación del ALCA. Imposibilitó su concreción la asunción al poder de un conjunto de corrientes populares en países de América Latina. Los liderazgos de Kirchner, Lula, Chávez, Evo y Tabaré impidieron ese objetivo imperial. La evocación de la efeméride excede las consideraciones políticas y merece un encuadre de los aspectos económicos de los significados de ese hecho histórico, también la referencia a sus raíces y la valoración presente de los rumbos a impulsar en América Latina. Particularmente en Argentina como reacción a la desastrosa y tramposa situación provocada por la alianza del gobierno de Cambiemos y el FMI para inhibir la potencia transformadora del gobierno popular. Más de tres años antes de la realización de la reunión de Mar del Plata, la Secretaría de relaciones internacionales de la CTA, que esta semana recordó el evento de 2005 con un seminario internacional, editó un texto de Enrique Arceo en el que se presentaba crudamente el carácter del ALCA y las condiciones internacionales en que acontecía su imposición. Señalaba el autor que “el ALCA procura consolidar en América Latina el tipo de dominación a través del mercado que Estados Unidos busca implantar en el conjunto de la economía mundial. La liberalización de la economía mundial que ha tenido lugar en el último cuarto de siglo no es un fenómeno resultante de la estructura espontánea de las estructuras económico-sociales o una consecuencia de la revolución tecnológica… El mercado es una construcción social y opera necesariamente sobre la base de un conjunto de reglas que reflejan una determinada correlación de fuerzas. La liberalización no es… un desplazamiento de las regulaciones nacionales por las fuerzas incontrolables del mercado, sino su reemplazo por otro tipo de regulación… El ALCA es un claro ejemplo de establecimiento de nuevas normas a ser observadas por las naciones a fin que el capital opere en toda América como un mercado único”. En la época llamada del “capitalismo de oro” o de “las economías del bienestar”, el financiamiento era predominantemente público, de carácter bilateral o mediante la intermediación de organismos multilaterales de crédito dirigidos por los estados. No estaban restringidos los controles al movimiento internacional de capitales. Existía una regulación interestatal de las políticas cambiarias que impedían su flexibilidad significativa. La inexistencia de un mercado de capitales privados acotaba el financiamiento de los déficits porque la única fuente para resolverlos era el FMI y el Banco Mundial, que lo hacían con reglas estrictas. El único país que podía hacerlo sin límite eran los Estados Unidos, porque imprimían el dólar. Este era el país con exclusividad de moneda completa. El dólar cumplía con las cinco funciones del dinero definidas por Marx: Unidad de cuenta (los precios se piensan siempre en dólares); Medio de transacción (las operaciones se realizan en dólares); Medio de pago (las cancelaciones de deudas y cobros de acreencias se hacen en dólares); Reserva de valor (los ahorros se realizan en dólares); Dinero Universal (de aceptación irrestricta para las operaciones internacionales de todo tipo). Unidad Latinoamericana o panamericanismo rastrero La ruptura de la convertibilidad del dólar con el oro, sobrevino por la insolvencia potencial que afrontaba Estados Unidos para cubrir sus déficits, debida al peso creciente de otras economías y al elevadísimo nivel del gasto militar. El surgimiento de nuevas potencias industriales y la acumulación de capital de los países petroleros habían llevado a los Estados Unidos a reemplazar una política administrada del manejo monetario acoplada a un diseño institucional de la gobernanza global por otro de regulación mercantil. Esta fue una decisión deliberada y constituyó el punto de origen del neoliberalismo. Las relaciones entre las monedas pasó a ser flexible y el riesgo de cambio, privado. Las tasas de interés pasaron a ser libres, fijadas por la oferta y la demanda. Los organismos multilaterales restringieron, hasta la insignificancia, los controles al movimiento internacional de capitales. Así, las empresas norteamericanas —siempre con la tecnología de punt— podían deslocalizar producciones y segmentarlas, destinando a los países de menores salarios los eslabones de menor complejidad de fabricación, dejando los de superior desarrollo para los países centrales con mayor disposición del financiamiento privado. Porque la novedad del neoliberalismo fue el cambio de fuente de financiamiento de los déficits: el financiamiento privado y los mercados de capitales reemplazaron a los estatales y sus regulaciones institucionales. La tasa de interés trepó “tan alto como lo necesario para restaurar el valor del dólar”. La llave del cambio regulatorio del capitalismo mundial hacia la financiarización fue que la tasa de interés norteamericana sustituyó a la convertibilidad del dólar como el instrumento de poder de acción de la política económica global. A su vez, las teorías apologéticas de la libertad de tasas y el financiamiento privado se pregonaron como panacea del desarrollo de los países periféricos, a los que se les hizo adoptar la apertura a la entrada y salida de capitales, con mercados financieros muy rentables (altas tasas) para valorizar el capital especulativo, que no sirvieron para otra cosa que para concentrar el poder económico y destruir la capacidad de crecimiento de sus economías. Este rumbo sólo estancó su desarrollo y aumentó su dependencia tecnológica, alimentando los procesos de fuga de capitales y endeudamiento, que siempre terminaba afrontando el Estado descargando —la mayoría de las veces— su peso en los cuerpos y vidas de los sectores populares. Del corto período del capitalismo regulado de posguerra se pasó irreversiblemente al capitalismo financiero como sistema mundial, porque ni Wall Street ni los Estados Unidos querrán nunca volver a regular las ganancias, que hoy consiguen con los métodos  de la financiarización y la desposesión de los estados dependientes y de los asalariados.

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Bolivia, la victoria de las convicciones

Fuente: Alfredo Serrano Mancilla | Celag.org Fecha: 19 de octubre de 2020 Es indudable que la técnica ocupa un lugar cada vez más importante en la política, y muy específicamente en el campo electoral. Todas estas valiosas herramientas, algunas más antiguas, como las encuestas y todo lo que tiene que ver con el marketing, y otras más recientes como las redes sociales o el Big Data, han cobrado gran protagonismo en los últimos tiempos. Sin embargo, todo este instrumental no puede sustituir de ninguna manera a la dimensión constitutiva de la política, esto es, el universo de las ideas, las propuestas. Ni toda la posmodernidad del mundo ha podido ni podrá acabar con el poder de las convicciones. Esto es justamente lo que ha ocurrido en las elecciones presidenciales en Bolivia. El resultado se explica precisamente por ello: es la victoria de las convicciones. Luis Arce, candidato del Movimiento al Socialismo (MAS), es hoy presidente electo por la defensa acérrima -sin disimulo ni titubeo- de un proyecto político, de un corpus de ideas basado en la soberanía, nacionalizaciones de recursos estratégicos, tanto Estado como sea necesario, la redistribución como eje ordenador de la economía. El pueblo boliviano se decidió claramente a favor del MAS, a favor de una propuesta política antagónica al modelo neoliberal. Dijeron “basta ya” al atropello antidemocrático llevado a cabo por la gran coalición golpista, conformada por el actual Gobierno de facto, la complicidad activa de Carlos Mesa, el bloque neofascista liderado por Fernando Camacho, la Policía y un sector de las Fuerzas Armadas, algunos grandes medios de comunicación -como Página Siete-, ciertos grupos empresariales y la Secretaría General de la OEA. En menos de un año, esta gran coalición demostró tanto su ineficacia como su capacidad de irradiar injusticias. Cada día queda más verificado que el neoliberalismo es totalmente incompatible con la democracia y con la estabilidad económica y social. Y, frente a ello, la alternativa es el MAS, un instrumento que nuclea el vasto archipiélago de organizaciones sociales, campesinas, indígenas y urbanas a lo largo y ancho del territorio boliviano; que tiene un líder histórico, Evo Morales, pero que también se cimenta en un sólido tejido social y organizativo. Este gran bloque permanece “junto” no gracias a un eslogan de campaña, sino que lo hace por sus propios convencimientos; es por esa auténtica razón que la unidad del MAS perseveró a pesar de las dificultades, a pesar de la persecución. Subestimar la inmensa fuerza de las convicciones constituye un error común en esta nueva “época Google”, donde todo es exageradamente superficial. Esta es la verdadera lección que nos deja esta cita electoral en Bolivia. Es un aprendizaje a tener muy en cuenta cada vez que dudemos del camino a seguir. Pasó ahora en Bolivia y ha pasado recurrentemente en la Historia. Por ejemplo, el Frente de Todos presentó su propuesta política en base a sus convicciones y la ciudadanía argentina la avaló de manera mayoritaria en las urnas; Pablo Iglesias es vicepresidente español sin renunciar a sus convicciones; lo mismo con el presidente AMLO en México; al igual que el correísmo en Ecuador, que continúa siendo la principal fuerza política; o Gustavo Petro en Colombia, que crece y crece sin ponerse ningún disfraz. Creer en algo, defenderlo y exponerlo con argumentos serios es un camino, a veces complicado, pero más sólido que otro tipo de atajos con exceso de tacticismo que acaban confundiendo el horizonte estratégico. En Bolivia, las elecciones fueron ganadas por las convicciones. Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), España. Realizó estancias predoctorales en Módena y Bolonia (Italia) y Québec (Canadá) y un postdoctorado en la Université Laval (Québec, Canadá). Es especialista en economía pública, desarrollo y economía mundial. Se desempeña como profesor de posgrado…

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A 53 años de la muerte de Ernesto Guevara, Fidel Castro y el Che

Fuente: Luis Bruschtein | Página/12 Fecha: 11 de octubre de 2020 “Nos parece absolutamente imposible desde todo punto de vista, nos parece técnicamente imposible en la realidad, organizar todo esto sobre una base falsa”. Es enfático, dolido, no es el Fidel que se ve en sus discursos por televisión. Está sentado frente a una mesa y un micrófono. Dice “falsa” y lo gana el silencio, baja la cabeza, toma una fotografía con la mano y la levanta y trata de seguir, dice “se puede” y otra vez tiene que frenar y larga un suspiro, mira la foto y menea la cabeza. “Pero es imposible hacer una imitación de lo que constituye el rasgo, los rasgos más sutiles de la personalidad, el gesto, todas las cosas”. Habla de su amigo. Deja la foto sobre la mesa pero no puede dejar de mirarla, “es imposible imitar la fisonomía de una persona”. Es Fidel que confirma la muerte de su amigo el Che, y mira la foto del cadáver expuesto en la pileta de la lavandería del hospital de Vallegrande, en Bolivia. Probablemente sea una de las escenas más dramáticas que capta esa vieja pantalla de los años ’60. El diálogo de dos inmensos protagonistas a través de la muerte. Fidel habla como si estuviera hablando para el Che: “Ni al más imbécil, ni al más cretino de todos los gobiernos, y no hay dudas que el gobierno de Bolivia se caracteriza por el cretinismo y el imbecilismo”, dice con un esfuerzo para aparentar tranquilidad. Y después frasea lentamente: “Hemos llegado a la absoluta conclusión”. Hace una pausa. “Que la noticia, es”. Otra pausa. “Amargamente cierta” y mastica la palabra “amargamente”. Y otra vez afloran los sentimientos y dice “la tendencia de cualquier persona ante cualquier noticia de alguien a quien se le tiene un gran cariño, la tendencia es a rechazarlo, y a nosotros nos ocurrió eso en el primer momento, una noticia de este tipo, siempre en el ánimo del pueblo está la tendencia a rechazarla”. “Debemos decir, los que conocemos íntimamente a Ernesto Guevara, y decimos ‘conocemos’ porque de Ernesto Guevara nunca se va a hablar en pasado”. “Siempre, todo el tiempo que lo conocimos se caracterizó por un extraordinario arrojo, por un gesto siempre de hacer las cosas más difíciles, más peligrosas”. Y ahora habla como un jefe revolucionario de su camarada en la guerrilla. El Che está muerto y no hace tanto murió Fidel . Esa escena de Fidel confirmando por televisión al pueblo cubano la muerte del Che tiene la poderosa esencia de aquellos años. La épica inunda el monólogo de Fidel que es más un diálogo con el amigo del que nunca hablará en pasado. Y cuando habla lo revive en sus gestos en el extrañamiento. Era una época en la que se decía que “a un compañero caído no se lo llora, se lo reemplaza”. Pero en esa pantalla en blanco y negro, en esa escenografía desprovista, un hombre joven, de barba, en una silla frente a una mesa, habla de su amigo muerto. Y aunque no se le vean las lágrimas, lo está llorando. Hay un suspiro largo. “Muchas veces nosotros tuvimos que adoptar medidas para preservarlo, porque así era”. “Lo hacíamos porque íbamos apreciando su calidad de combatiente y además su capacidad y convicción que servirían en alguna tarea estratégica y tratábamos de preservarlo”. Fidel fuerza el recuerdo. Quiere contarle al pueblo de Cuba cómo veía al Che. “Es probable” empieza y se corta un instante. Cuando retoma es afirmativo: “Pensaba, como pensó siempre, en el valor relativo de los hombres y en el valor insuperable del ejemplo”. “Nos habría gustado, por encima de todo, verlo en forjador de las grandes victorias de los pueblos, más que en precursor de esas victorias, pero es que un hombre de ese temperamento, de esa personalidad, estuviese más llamado a ser precursor que forjador de esas victorias”. La potencia extraordinaria de ese Fidel coloquial, dolido, que cuenta cómo era su amigo, con esa valentía que admiraba y que al mismo tiempo le hacía temer por él y tomar medidas para preservarlo, es un himno de alta fidelidad de aquellos años cuando la revolución hermanaba más que la sangre. Nunca más habló tanto del Che. Y es probable que antes de esa muerte tampoco lo hiciera. Ese guerrillero joven de barba que hablaba como si estuviera con un amigo o un compañero, hacía pocos años había dejado la guerrilla para convertirse en jefe del gobierno revolucionario de Cuba. Y se convirtió en un enorme estadista que atravesó con gran sabiduría otros peligros y eras de cambios drásticos. Sus palabras sobre su amigo fueron proféticas. Porque la figura del Che también perforó esas épocas de mutaciones, superó modas y discursos, se reprodujo hasta el infinito en todo el mundo y se convirtió en ejemplo y “precursor” de otras luchas y revoluciones.

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Venezuela y el voto en la ONU

Fuente:  Pedro Brieger| Nodal Fecha: 10 de octubre de 2020 El 6 de octubre el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas aprobó una resolución de condena al gobierno de Nicolás Maduro por violaciones de los derechos humanos.  El documento presentado fue aprobado por 22 votos a favor, 3 en contra y 22 abstenciones. Pero hay que ser muy ingenuo para pensar que dicha votación realmente tiene que ver con los derechos humanos como si se pudiera abstraer a Venezuela del contexto regional o de la explícita reivindicación de la Doctrina Monroe durante la presidencia de Donald Trump. La famosa Declaración Universal de Derechos Humanos adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948 le dio un marco conceptual a la lucha por las libertades individuales y colectivas aun a sabiendas de que muchos de los países firmantes violaban los mismos derechos que decían que había que garantizar.  Esta contradicción se mantiene hasta el día de hoy cuando gobiernos que violan sistemáticamente los derechos humanos en sus territorios se convierten en adalides de la defensa de los mismos derechos en otros países, aunque carezcan de autoridad moral para hacerlo. Este marco general se aplica también a la votación contra el gobierno de Venezuela, descalificado y demonizado desde que Hugo Chávez llegó al poder a comienzo de 1999 y comenzó a implementar reformas profundas que afectaron los intereses de los más poderosos.  Apenas tres años después, en abril 2002, intentaron derrocarlo mediante un golpe de Estado apoyado por los más importantes medios de comunicación venezolanos y los dos principales diarios de los Estados Unidos -el New York Times y el Washington Post- que suelen levantar las banderas de la defensa de la democracia y los derechos humanos.  En casi 20 años de chavismo la oposición desconoció numerosos procesos electorales que le eran adversos, intentó derrocar por la fuerza a Chávez -y luego a Nicolás Maduro- e incluso llamó abiertamente a una intervención militar de los Estados Unidos que nunca es ajeno a lo que sucede en Venezuela. La dura declaración del Consejo de Derechos Humanos fue presentada por Perú, que encabeza el llamado “Grupo de Lima”, conformado por varios países de la región con el único objetivo de impulsar la salida del poder de Nicolás Maduro.  Un día antes de la presentación ante la ONU el jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, Craig Faller, aseguraba en una conferencia ante el empresarial Consejo de las Américas que “los esfuerzos por derrocar a Maduro funcionan, pero llevarán tiempo”. A su lado, la embajadora Jean Manes, también del Comando Sur, explicaba que ya estaban planificando “el día después” e incluso “la década después” junto a empresas privadas.  El paralelismo con la situación en Irak previo a la invasión en 2003 es notable.  Allí numerosas empresas privadas que colaboraban con el Pentágono se habían repartido la “reconstrucción” del país antes de invadirlo.  El congresista estadounidense Henry Waxman revisó y analizó minuciosamente las declaraciones del presidente George Bush y sus principales funcionarios y encontró 237 mentiras respecto de Saddam Hussein que sirvieron para demonizarlo durante años y crear un consenso internacional para invadir, derrocarlo y -de paso- quedarse con los preciados recursos petroleros.  Al antiguo aliado de la Casa Blanca lo presentaban el Hitler de la era moderna que  supuestamente estaba desarrollando armas nucleares y representaba una amenaza para la humanidad.¿Alguien realmente cree que Estados Unidos invadió Irak porque Saddam Hussein era un dictador? ¿Alguien seriamente puede pensar que la resolución en la ONU sobre Venezuela es porque allí se violan los derechos humanos? Notas relacionadas:

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La tercera década latinoamericana

Fuente: Emir Sader | Alainet Fecha: 8 de octubre de 2020 El siglo XX se anunciaba como un siglo de revoluciones y contrarrevoluciones ya en su primera década, con la masacre de la Escuela de Santa María de Iquique y la Revolución Mexicana. La segunda década contó con la Reforma Universitaria de Córdoba y las movilizaciones populares que propiciaron la fundación de los Partidos Comunistas y Socialistas. La tercera década fue abierta con las sublevaciones populares lidereadas por Sandino y por Farabundo Martí, en Nicaragua y en El Salvador. Todo confirmaba los presagios del viraje del siglo. El siglo XXI comenzaba en un marco de viraje conservador en el mundo, con sus reflejos en Latinoamérica, territorio de la más grande cantidad de gobiernos neoliberales, en sus modalidades más radicales. La última década del siglo XX fue la del auge de la hegemonía neoliberal en el continente, que se impone como consenso, en el marco internacional del Consenso de Washington y del pensamiento único. El canciller de Brasil que aceptó sacarse los zapatos para ingresar a un aeropuerto de EEUU y el deseo de Carlos Menem de establecer “relaciones carnales” con EEUU son símbolos de la postura de la total subordinación de los gobiernos del continente con Washington en aquella década. Pero la primera década del siglo XXI en Latinoamérica sorprendió, con una ola de reacción a los gobiernos neoliberales, cambiando radicalmente el escenario político en el continente y constituyéndose, una vez más, en el epicentro de las luchas en el plano internacional. Al solitario triunfo electoral de Hugo Chávez en Venezuela, todavía a fines del siglo, vio sumarse la victoria de Lula en Brasil. Chávez compareció a la toma de posesión del nuevo presidente brasileño, manifestando que, finalmente, dejará de estar solo en la lucha. El abrazo de Lula a Néstor Kirchner, en la toma de posesión de éste, en el primer año del nuevo gobierno brasileño fue un marco que sellaría la primera década del siglo en Latinoamérica. Los dos gobiernos se constituirían en el eje de los procesos de integración regional que nacían en aquel momento. Cuando los dos fueron a la toma de posesión de Tabaré Vázquez en Uruguay, ya tenían claro que nacía un proyecto con dimensiones estratégicas para Latinoamérica. A ello se sumaron Bolivia, con el extraordinario triunfo de Evo Morales, y Ecuador, con el de Rafael Correa, que expresaron que ya no se trataba de una nueva época de cambios, sino de un cambio de época. Esos seis gobiernos han protagonizado, en la primera década del nuevo siglo, la lucha contra el neoliberalismo y en la construcción de gobiernos posneoliberales. A contramano del capitalismo en escala mundial, disminuyeron las desigualdades en esos países, fortalecieron la presencia del Estado y desarrollaron procesos de integración regional e intercambio Sur-Sur. Tuvieron un extraordinario éxito, haciendo de la década la más importante de la historia de esos países. En el paso hacia la segunda década del siglo XXI ya se notaban elementos de recomposición de la iniciativa de la derecha y debilidades de esos gobiernos, que han hecho con que la segunda década fuera marcada por una contraofensiva de la derecha, que ha restablecido gobiernos neoliberales en países como Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia e Uruguay, desarticulando el eje de gobiernos antineoliberales que había marcado la primera década. A lo largo de la década, el neoliberalismo ha demostrado el aliento corto que tienen sus políticas, al punto que, en Argentina, en la primera elección presidencial a que se han sometido, han sido desplazados de nuevo del gobierno. En otros países como Ecuador y Brasil, se ha confirmado que la derecha solo dispone del modelo neoliberal, duro y puro, que los llevan al fracaso. Que tienden a ser derrotados en disputas electorales democráticas, frente a lo cual han puesto en práctica su estrategia de judicialización de la política, poniendo en práctica nuevas formas de golpes, como son los casos de Brasil y de Bolivia, que demuestran más bien la debilidad de la derecha y no su fuerza. Cuando llegamos al final de la segunda década, hay una disputa abierta sobre el carácter que tendrá la tercera década en Latinoamérica. La elecciones en Bolivia y Ecuador, así como el desenlace de la crisis brasileña, definirán los rasgos de esa nueva década. En caso de que la izquierda triunfe, esos nuevos gobiernos se sumarán al de Argentina, contando, en cierta medida también con el de México – limitado por los tratados de libre comercio que tiene con EEUU -, así como el de Venezuela, para recomponer el eje de gobiernos antineoliberales. Como la derecha mantiene el neoliberalismo como su bandera, esos gobiernos tienen que caracterizarse, antes de todo, por su antineoliberalismo. Cuando surgía la crisis de esos gobiernos, hace algunos años, Rafael Correa convocó a una reunión en Guayaquil, un evento de balance sobre los cambios que se venían, participando, entre otros, Pepe Mujica y representantes de Bolivia, Brasil, Argentina y Uruguay. Se sacó la decisión de publicar un libro con un balance de la situación y perspectivas de los seis gobiernos. Yo coordiné entonces la publicación del libro que tomó el título de Las vías abiertas de América Latina, publicado en Argentina, Brasil, Venezuela, Ecuador y Bolivia. En ese libro, Álvaro García Linera, René Ramírez, Ricardo Forster, Constanza Moreira, Alfredo Serrano, Manuel Canelas, Juan Guijaro y yo, presentamos nuestras visiones de cada país, introducidos por un análisis general de la tendencias en todo el continente. Ahora es el momento para retomar algo similar, con un proyecto de investigación ambicioso, que haga el balance de la primera y la segunda décadas en esos países y proyecte la tercera década. Es hora de convocar a los intelectuales del pensamiento crítico latino-americano para sumarse a ese proyecto, que analice y apoye a las fuerzas políticas antineoliberales en la reconstrucción del eje de gobiernos con esa orientación, así como para que entregue análisis sobre las debilidades que han permitido la recomposición de la derecha y los reveses de la izquierda, para retomar el proyecto antineoliberal con más profundidad

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Las alucinaciones de Vargas Llosa

Fuente:  Atilio Borón| Blog de Atilio Borón Fecha: 21 de septiembre de 2020  En su artículo de este domingo 20 de Septiembre de 2020 en El País de Madrid Mario Vargas Llosa vuelve a dar rienda suelta a una de sus frecuentes alucinaciones, y probablemente la más estrafalaria de todas. Según ella los países pobres lo son porque eligieron serlo. En cambio otros pueblos, más lúcidos y trabajadores, optaron por la prosperidad y la consiguieron. De ser cierta esta ocurrencia del narrador peruano produciría una revolución copernicana en la historia y las ciencias sociales, sumergiendo en una crisis terminal al pensamiento social de Occidente desde Platón hasta nuestros días. Pero aún el alumno más indolente de los primeros años de cualquier carrera de sociología, historia y economía sabe que las cosas no son (ni fueron) así y que si la gran mayoría de los países del mundo están inmersos en la pobreza debe haber causas que expliquen lo que en el pensamiento del autor de Conversación en La Catedral no puede ser otra cosa que una imperdonable estupidez. La hipótesis de que miles de millones de personas de la población mundial  prefieren vivir en la miseria, la desnutrición, la ignorancia y la enfermedad es absurda porque supone que todos ellos son víctimas de un incurable masoquismo que los impulsa a optar por el sufrimiento en vez del goce y el disfrute que vienen de la mano de la prosperidad. Los ejemplos a los que apela Vargas Llosa desnudan la intencionalidad política de su exabrupto: Venezuela eligió ser pobre y Alemania, en cambio, prefirió ser rica. Mientras aquella eligió el camino del socialismo los alemanes prefirieron al capitalismo. La descripción que hace del país sudamericano no sólo es incorrecta sino también inmoral. Venezuela, ni siquiera durante los años del boom petrolero, “progresaba a pasos de gigante” como fabula el novelista. En aquella dorada época las compañías norteamericanas saqueaban a voluntad el petróleo venezolano, destinando   algunas migajas para corromper a la clase dirigente y a los operadores del Pacto de Punto Fijo, engatusar a las capas medias más acomodadas con las luces cegadoras del consumismo mientras dejaban al pueblo en total indefensión. Millones de personas no vieron a un médico en su vida hasta que Chávez llegó a Miraflores; millones de mujeres parieron tres y cuatro hijos en los rancheríos de Caracas y otras ciudades sin jamás haber visto a una ginecóloga o siquiera una enfermera. Cuatro millones de personas (sobre un total de 24) eran zombies civiles y políticos privados de todo derecho:  carecían de documentos de identidad, vivían en calles sin nombres y casuchas sin número y la mayoría no sabía ni leer ni escribir. Todo esto ocurría en las épocas en las cuales según las afiebradas fantasías del escritor Venezuela prosperaba “a pasos de gigante.” Llegó Chávez y puso fin a tanta injusticia. El “caracazo” de 1989 es la prueba más elocuente -de las muchas que hay- para descalificar su aseveración. Y si en ese país hoy escasean los alimentos, medicamentos e insumos de todo tipo (para la industria, el transporte, etcétera) es a causa de las sanciones y la hostilidad permanente que Estados Unidos desató en contra de la Venezuela Bolivariana desde su nacimiento. Obviar ese dato no sólo invalida su descripción sino que constituye una inmoralidad de marca mayor. Vargas Llosa no puede ignorar que el bloqueo y las sanciones económicas concebidas para producir privaciones y sufrimientos –como lo propone un ex asesor de Barack Obama en The Art of Sanctions– con el ánimo de provocar un levantamiento popular que ponga fin al gobierno de Nicolás Maduro son crímenes de lesa humanidad, políticas de exterminio, de aniquilación de una población. Son, en una palabra, genocidio.[1] Escamotear este dato convierte al tan galardonado escritor en un cómplice de esos crímenes, al igual que Luis Almagro y Michelle Bachelet, Mike Pompeo y Donald Trump, entre tantos otros. Alemania, en cambio, optó por “la prosperidad, es decir, estimuló la empresa privada, la competencia y el ahorro, e integró su economía en los mercados mundiales.” El resultado: un formidable crecimiento económico. Sin embargo, los violentos incidentes que tuvieron lugar el 23 de Junio en Stuttgart desmienten la versión idílica, novelesca, del peruano. Según el diario Frankfurter Rundschau  la tensión social que conmueve el subsuelo de la sociedad alemana tiene su génesis en el pasado, cuando millones de “Gastarbeiter“ (“trabajadores invitados”) llegaron a Alemania para laborar en sus fábricas. Pero, tal como lo indica su nombre, se suponía que los “invitados” en algún momento regresarían a sus lugares de origen, cosa que no ocurrió. Su radicación en el país que los había invitado con una intención claramente oportunística puso en cuestión la integración social de una sociedad que en poco más de una generación se convirtió en pluriétnica y multicultural y, encima de eso, más desigual. Esto se comprueba al observar que el índice Gini que mide la desigualdad económica alcanzó recientemente un valor de .295, el nivel más elevado desde 1989, cuando se produjo la reunificación de Alemania.[2] Por otra parte, ¿cómo ignorar que las políticas del Banco Central Europeo y la Comisión Europea favorecieron descaradamente a Alemania, a costa de sumir en la crisis a otros países europeos, Grecia siendo apenas el caso más conocido? ¿O que el proyecto de la Unión Europea fue la astuta concreción del Deutschland uber alles (Alemania por encima de todo) como lo demuestra no sólo el Brexit sino el resentimiento de tantos países de la eurozona que se empobrecieron mientras Alemania se enriquecía? El remate del razonamiento de Vargas Llosa es que las dificultades para emular al modelo alemán radican en la corrupción que, “en el caso de América Latina … está tan profundamente arraigada en sus gobiernos, roban tanto sus ministros y funcionarios y el robar es una práctica tan extendida en casi todos los Estados, que es del todo imposible establecer una economía de mercado que funcione de verdad.” Otra generalización absurda que coloca en el mismo saco a todos los gobiernos de la región, incluyendo, en buena hora, al de sus amigos

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