Se cambió el nombre de una calle en Retiro

Memoria, verdad y justicia para los 30.000

Por: Héctor Gurvit (Compañero del Llamamiento e integrante de la comisión del boletín) 2022-10-06

En el marco de una deseada reparación histórica y, por resolución del consejo deliberante de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la calle con el nombre del escritor judeofóbico Gustavo Adolfo Martínez Zuviría, conocido por su seudónimo Hugo Wast fue reemplazada por el de Reneé “Yoyi” Slotopolsky de Epelbaum, madre de plaza de mayo y activista del movimiento judío por los derechos humanos. La medida fue tomada en junio de 2021 a iniciativa del legislador Claudio Morresi.

Yoyi, cuando le secuestraron a uno de sus hijos, envió a los otros dos al Uruguay suponiendo que allí estarían a salvo. Sin embargo, los fueron a buscar y los trajeron a la Argentina en el marco del Plan Cóndor. A veces, la palabra desaparecidos resulta insuficiente para ejemplificar ciertas conductas. El lenguaje es una limitación, una estructura que requiere especificaciones. Roland Barthes afirmaba que la lengua era fascista. Lo argumentó en el discurso con que inauguró su cátedra de semiología lingüística en el College de France en 1977. Dijo, además: “La lengua es opresiva, no por lo que impide decir sino por lo que obliga a decir y esta obligación está relacionada con el poder”. Esta afirmación se clarifica largamente en el caso de las cuestiones de género. De modo que, a pesar de que es largo decirlo: “secuestrados, torturados, muertos y desaparecidos” cubre algo mejor los indiscutibles hechos.

Desde aquellos tiempos, Reneé “Yoyi” Slotopolsky de Epelbaum ha luchado por la memoria, por la verdad y por la justicia no solo para sus hijes Luis, Claudio y Lila, sino también por los 30.000.

Gustavo Adolfo Martínez Zuviría, conocido por su seudónimo Hugo Wast fue un escritor y político argentino. Simpatizó con el franquismo español, como ministro de Educación en 1944 implantó la enseñanza ordinaria, aunque no obligatoria, de la religión católica en todas las escuelas del país y es ampliamente conocido por su ferviente antisemitismo. En ese sentido, y aplicando el criterio de autoridad, recurrimos a Horacio González quién ordenó que se retirara su nombre de la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional (BN), institución que Zuviría dirigió durante casi un cuarto de siglo. Walter Beveraggi Allende, basándose fuertemente en la novela de Zuviría, El Kahal, redactó un folleto en el cual sentó las bases de una de las teorías conspirativas más famosas del país detallando la supuesta elaboración del “Plan Andinia”, por el cual los judíos venían a apropiarse de la Patagonia.

Claudio Morresi fue un jugador de fútbol exitoso. Su hermano Norberto, militante de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), fue secuestrado el 23 de abril de 1976 a los 17 años, fusilado el mismo día y enterrado como NN en un cementerio de General Villegas, donde se lo encontró en 1989 gracias al Equipo Argentino de Antropología Forense[1]. Desde 2004 hasta 2014 fue Secretario de Deportes de la Nación. Hoy, es legislador de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Fue él quien presentó el proyecto para cambiar el nombre de la calle del escritor judeofóbico por el de la Madre y Abuela de Plaza de Mayo y del movimiento de judío por los derechos humanos, Renée “Yoyi” Slotopolsky de Epelbaum.

Estos son los hechos. Que no es sino una muestra repetida del genocidio y de los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura cívica-militar. Es necesario asociar los dos grandes genocidios que tuvo nuestra patria a lo largo de su historia. El primero fue el que el Gobierno Argentino infligió a los pueblos originarios exactamente 100 años antes del segundo. Cuando Roca expone como presidente sus intenciones, llama a ese ordenamiento “Proceso de Organización Nacional”. 100 años después, la dictadura se proclama heredera de aquella, con el nombre de “Proceso de Reorganización Nacional”. No hay casualidades. Dos genocidios, un mismo apelativo.

Pero los derechos humanos se defienden siempre y mas temprano que tarde se producen hitos, pequeños o grandes que nos reivindican como sociedad. Y en este caso el proyecto de Claudio Morresi de cambiar el nombre del juedofóbico por el de “Yoyi”, es uno de ellos. La legislatura porteña aprobó esta resolución en junio de 2021.

Los judíos secuestrados, torturados, desaparecidos y asesinados por la dictadura, según es de conocimiento, al menos en nuestra comunidad, recibían un trato especialmente sanguinario por los torturadores. Siempre se busca un chivo expiatorio. Pueden ser los judíos, los migrantes, los kirchneristas. Es la punta de lanza del odio alentado por los medios hegemónicos que más tarde se materializa con violencia.

Al respecto, Morresi destacó que “Renée sintetiza en su activismo la lucha por una sociedad libre» y dijo que se trata «justamente» del «activismo» que necesitan los argentinos «para luchar contra los crímenes de odio e intolerancia”. Y agregó que “renombrar la calle Gustavo Martínez Zuviría por Renée Slotopolsky de Epelbaum no es meramente un cambio de denominación», sino que representa sumarse «colectivamente a la lucha contra la intolerancia, la xenofobia y el antisemitismo”.

La patria está en peligro. Lo humedales, las tierras mapuches, el litio que se lo llevan sin casi ningún beneficio para el país, la hidro-vía y el gasoducto de Vaca Muerta que, si las elecciones las ganara el macrismo, podrían ser privatizadas y desnacionalizadas como lo han hecho a lo largo de nuestra historia reciente con cada una de nuestras riquezas. Con Milagro Sala prisionera, con el frustrado magnicidio, con el juicio a CFK que no tiene parangón en estos años de democracia, con los salarios que, aún con trabajo legítimo, están por debajo de la línea de pobreza y tantas otras muchas cuestiones que sería ocioso referir la patria está en peligro. Las injusticias a las que estamos asistiendo en estos días no cubren las expectativas con las que votamos a este gobierno auto titulado Nacional y Popular. La grieta no se resuelve con palabras y con buenos o malos modales, porque de todas maneras siempre nos han expoliando.

En el nombre de esa calle está hoy el nombre de todos los desaparecidos, de las madres y de los padres de los desaparecidos. En el nombre de esa calle la vida prevalece sobre la muerte y el olvido.


[1] Se recomienda leer la crónica de Leila Guerriero, “El rastro en los huesos” donde se describen los comienzos del Equipo Argentino de Antropología Forense.

1 comentario en “Se cambió el nombre de una calle en Retiro”

  1. Kurt Brainin

    Que buena noticia, milagro que esto se haya podido aprobar en el Buenos Aires de Larreta.
    Hugo Wast, además de ser un HDMP era un tarado. En una de las sus «patrióticas» novelas pinta un momento negrísimo en el futuro de la Argentina, lo ubica en 1966, en que hay una presidenta que además de ser mujer era judía. Y recuerdo que la situación fue salvada por una manifestación de jóvenes distinguidos muy bien vestidos que llevaban en la cintura una réplica del sable corvo de San Martín.
    En 1949, cuando yo iba al secundario, ya no era Ministro de Educación pero su legado seguía vigente. Había la materia de Religión y la profesora de Castellano de ese año nos hizo leer una novela de ese energúmeno que se llamaba «Alegre». Era la historia de un negrito que, supongo porque no la recuerdo en detalle, que sería muy bueno a pesar de ser negro.

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