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Stiuso, sexo y extorsión

Fuente: Ricardo Ragendorfer | Nuestras Voces Fecha: 17 de ABR 2018 El escándalo desatado por las palabras de Natacha Jaitt trae a la mesa la larga saga de extorsiones, sexo, balas y dinero sucio en la que siempre hay espías o ex espías involucrados, junto a jueces, políticos y “famosos”. Los senderos que cruzan a Martins, Macri y Stiuso. El caos del significante. Así se podría definir la suma de causas y efectos que acumula el llamado “caso Jaitt”. En resumen: colgada de una pesquisa judicial sobre abusos a menores en clubes de futbol, una famosa ex stripper denuncia sin pruebas en un programa de TV a personajes ligados al poder por prácticas de pedofilia. Y confiesa que los escrutó por cuenta de una “empresa privada”. La asiste detrás de las cámaras una mujer enlazada al mundo de los espías. Se está, entonces, en presencia de un montaje que deja al desnudo otro conflicto: la autonomía de los servicios de inteligencia frente a las autoridades políticas de turno. Una historia que confirma el vínculo entre los fisgones del Estado, el negocio de la prostitución y el star system; algo que, en rigor, se remonta a la noche de los tiempos con fines oscilantes entre el infundio, la extorsión y los “carpetazos” basados en la sexualidad de sus víctimas. Un ilustrativo ejemplo al respecto –ocurrido hace ya dos décadas– fue el “affaire Spartacus”, llamado así en alusión a un lupanar de homosexuales en la zona del Congreso. Su cénit: la difusión por TV de un video en donde se veía al juez federal Norberto Oyarbide coqueteando allí con un taxi boy disfrazado de vikingo. Aquellas imágenes habían sido filtradas por el “gerente” del lugar, Luciano Garbellano, un proxeneta inescrupuloso e impulsivo que supo instalar cámaras ocultas en las habitaciones. Lo cierto es que, entre otras calamidades, el asunto destapó una red de protección policial a prostíbulos encabezada por el jefe de la Superintendencia de Seguridad Personal, comisario Roberto Rosa, que involucraba al propio Oyarbide. El 24 de marzo de 1998, Garbellano fue baleado por desconocidos mientras conducía su automóvil hacia a Zarate. Le pegaron seis tiros. Por milagro, sobrevivió. Y el móvil del ataque no tardó en trascender: días antes había negociado la venta de su preciada “videoteca” –a razón de 50 mil dólares la unidad– con dos enviados de la SIDE. Y eso habría ofuscado de sobremanera a Rosa. Cabe destacar que uno de los interesados en dicha transacción resultó ser el hoy célebre Antonio Stiuso. Fue la primera que vez que su identidad real saltaba a la luz pública. Y en medio del río de tinta que corrió a raíz del escándalo en cuestión, también emergieron otros nombres, tanto de espías como de proxenetas. O con ambos oficios a la vez. Entre estos últimos resaltaba un tal Raúl Martins Coggiola. Si hay una vida que simboliza la utilización del sexo comercial para el acopio de datos sensibles, esa es la suya. Bien vale repasarla. El rufián melancólico Hubo un tiempo remoto en que Martins era otro: “Aristóbulo Manghi”. Así fue rebautizado en la SIDE. Tenía apenas 27 años y un espíritu locuaz, al que solía dar rienda suelta entre los parroquianos de Angelo’s, un pequeño bar en la esquina de Santa Fe y Laprida. Allí –según un testigo de esos días– decía dar clases de Historia en un secundario. Y provenir de una familia acomodada, de la cual –se jactaba– hasta heredaría un pequeño campo. Pero en más de una oportunidad, entonado por el whisky, solía revelar su verdadera ocupación. Nadie sabe con exactitud por qué el único hijo de doña Cledis Precilla Coggiola, una madre severa y sobreprotectora, se enroló en el organismo de la calle 25 de Mayo. Pero sí trascendió que su solicitud de ingreso –recomendada por un teniente coronel amigo de la familia– fue presentada en 1973. Meses después salió su “nombramiento condicional” con categoría C-C33 IN 14, que en buen romance significa “agente secreto” con funciones operativas. Y fue destinado a la Base Bilinghurst. Es justo reconocer que, como hombre de acción, lo suyo fue modesto. Sus primeras tareas fueron tomar fotografías de militantes en actos y marchas, durante los días previos al golpe de 1976. A partir de entonces, se dedicó al seguimiento de posibles “blancos de la lucha antisubversiva”. De ese modo se hizo diestro en el arte del “ovejeo” y la “capacha”, tal como en argot represivo se denominaban los dispositivos de vigilancia sobre las futuras víctimas. Hay que aclarar que el personal de la Base Billinghurst tenía bajo su control el centro clandestino de detención Automotores Orletti, nada menos que la filial vernácula del Plan Cóndor. Allí hizo amistad con dos celebridades del terrorismo de Estado: Eduardo Ruffo y Aníbal Gordon. Allí también hizo excelentes migas con un muchacho de su edad: “El Lauchón”. Su nombre real: Pedro Tomás Viale. Incluso lo presentó en una oportunidad a sus contertulios de Angelo’s. Al restaurarse la democracia en diciembre de 1983, Martins dejó de frecuentar ese bar. Tres años después renunció a la SIDE. Y al tiempo se transformó en el “Yabrán de la prostitución”, como a él le agrada que lo llamen. Hay quienes creen que en su conversión empresarial pudo haber dinero negro del aparato represivo de la última dictadura. Paralelamente –y quizás por hobby– retomó la docencia impartiendo clases de Historia e Instrucción Cívica en un colegio católico del cual su abuelo había sido rector. En una ocasión invitó al joven secretario de un juzgado correccional para dar una clase de sobre adicciones. Era nada menos que Norberto Oyarbide. Todo indica que ambos se conocían de otros claustros más festivos. En tanto, sus burdeles prosperaban debido a su notable cintura para tal negocio. Y se dedicaba a esa actividad sin haber quebrado del todo su lazo con la SIDE. De allí reclutó dos estrechos colaboradores: su “culata” predilecto, Marcelo Gordon (hijo del ya fallecido Aníbal), y al agente Viale, quien seguía reportando en la central de espías a la Sección

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Acorralados peligrosos

Fuente: Jorge Beinstein | La Tecla Eñe Fecha: 15 de ABR 2018 Malas noticias Se multiplican las señales negativas para el gobierno Macri y sus bravuconadas buscan revertir una tendencia que comienza a preocupar a su equipo central, todavía no es el pánico pero el susto se amplifica mes tras mes. La imagen de Macri se va deteriorando, así lo muestran encuestas de todo tipo incluso las realizadas por las consultoras amigas y la perspectiva de un remplazo gatopardista en 2019 protagonizado por Vidal comienza a cubrirse de sombras; en los sondeos de opinión realizados en la provincia de Buenos Aires (al que se habría agregado recientemente uno muy discreto a nivel nacional) su imagen positiva supera todavía a la negativa pero la brecha entre ambas alternativas comienza a estrecharse. En la UCR, más que desgastada por algo más de dos años de sometimiento al macrismo, aparecen algunas disidencias ruidosas como la de Ricardo Alfonsin, que pese a sus sinuosidades y torpezas expresa la pérdida de adhesión social a un gobierno que empieza a ser insoportable para importantes sectores de las capas medias que lo habían apoyado hasta hace muy poco. Los casos descubiertos de corrupción oficial se suceden uno tras otro carcomiendo su principal base de legitimidad, el blindaje mediático no consigue diluir la avalancha del descontento social ni invisibilizar como en otros tiempos las “desprolijidades” de ministros y parlamentarios (y del propio presidente) embarcados en una dinámica depredadora que puede más, mucho más, que las astutas estrategias elaboradas por sus asesores locales y externos. A ello se agrega una situación económica donde aparecen síntomas de agotamiento que se adelantan a las previsiones del círculo dominante, incluso las más pesimistas. La inflación no desciende impulsada por los tarifazos, la suba del dólar e incluso por la contracción del mercado que empuja a grandes empresas comerciales a subir precios de rubros con demanda relativamente rígida a la baja (como los alimentos) para así compensar la declinación en las ventas o que restringe la oferta en áreas afectadas por el cierre de empresas. La apertura importadora destruye empleos, engrosa los bolsillos de unos pocos pero no mueve el amperímetro del sistema de precios. El endeudamiento público con el que se pretendía compensar la inexistencia de la famosa lluvia de inversiones, encuentra cada vez mayores dificultades: los mercados financieros globales son cada día más volátiles, suben las tasas de interés y se hace muy evidente la endeble capacidad real de pago de Argentina como lo muestra el agravamiento del déficit del comercio exterior y la retracción de la oferta especulativa de divisas (bicicleta financiera). El gobierno trata de aferrase al diabólico respaldo del FMI que le exige ajustes muy duros. En síntesis, la economía se enturbia y su espacio político clasemediero se contrae. Fuga hacia adelante Todo parece indicar que Macri y su entorno están convencidos que no hay retroceso  gobernable posible, entonces predomina la fuga hacia adelante con la esperanza de que los golpes mediático-judiciales puedan llegar a disciplinar a políticos y sindicalistas. No saben bien como avanzar con sus despliegues represivos, siguen preparando un aparato  policial militarizado bajo el monitoreo de la CIA, el Mossad, la DEA y otras agencias occidentales (forman personal, compran armas, alientan como pueden la psicología de la impunidad) pero temen que su empleo a gran escala desate como reacción puebladas fuera de control; lo ocurrido el 18 de diciembre pasado es un llamado de atención que parece haber sido registrado (aunque es probable que sus delirios inmediatistas terminen por desecharlo). La posibilidad de imponer el fraude electoral en 2019 mediante el voto electrónico se hace difícil y el control de políticos y sindicalistas (con  carpetazos, sobornos y otras picardías) es cada día menos eficaz ante el ascenso del descontento popular, además comienza a saturarse el bombardeo mediático, su accionar pierde eficacia. Y para colmo de males aparecen “fenómenos raros”, impredecibles para los manipuladores de las redes sociales y de los medios tradicionales de comunicación: la explosión del Hit del Verano (persistente en Otoño) los ha desconcertado, los lleva a una fuerte crisis de percepción. Acorralado estratégicamente, con el tiempo jugándole en contra utiliza sus mafias mediático-judiciales, se defiende atacando al espacio hostil o potencialmente peligroso allí donde considera tener asegurada la victoria, por ejemplo haciendo que la jueza Servini de Cubría intervenga al PJ, que lo desafueren y encarcelen a De Vido o que la camarilla judicial oficialista de Jujuy meta en prisión al ex gobernador Fellner (aunque sea por unas pocas horas) y mantengan en la cárcel desde hace más de dos años a Milagro Sala. No está en condiciones de convertir esas victorias tácticas muy publicitadas y de duración incierta en un gran viraje estratégico favorable, lo que lo lleva a seguir avanzando, apuesta a que podrá sobrevivir pese a sus averías si sus golpes aplastan, desordenan, desarticulan al enemigo al que, independientemente de su masividad callejera, suponían flojo, algo tonto, un poco gritón pero mansamente apegado a los buenos modales institucionales (ese supuesto ya no está tan firme). Ocurre que esta vez la élite dominante ha dado la cara, ejecuta sus planes sin intermediarios militares o políticos, lo que significa que si el barco se hunde le resultará muy difícil eludir responsabilidades. No podrá descargar las culpas sobre los Uriburu, Aramburu, Onganía, Videla, Menem, Duhalde o De la Rúa de turno, ahora son ellos (los dueños del circo) los protagonistas visibles, los payasos han quedado fuera del escenario. Eso quiere decir, entre otras cosas, que nos encontramos ante gente con una larga historia criminal, sabedora de que sus intereses (y algo más) corren serio riesgo si el barco se hunde.  Seguramente van a utilizar toda la artillería disponible. Apertura al mundo (caótico) La derecha argentina creía que sus reformas neoliberales y su sometimiento a los Estados Unidos les brindaría un sólido paraguas internacional, pero eso no ha ocurrido. El Imperio navega sin rumbo fijo sumergido en la decadencia geopolítica y económica, y para colmo con Donald Trump en la presidencia. Acaba

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Los papeles (flojos) del financista

Fuente: Pedro Biscay | El Cohete a la Luna Fecha: 08 de ABR 2018 La avivada y el papelón La filtración de los Paradise Papers reveló a Luis Caputo (foto principal) como nuevo involucrado del gobierno en el mundo offshore. Un dato que no sorprendió a nadie que conociera el desempeño del actual ministro en el mundo de las finanzas y menos a quienes saben de los vínculos del ex Deutsche Bank. Tanto la información filtrada en aquellos papeles como el papelón que realizó durante la reunión de la “Comisión Bicameral de Seguimiento y Control de la Gestión de Contratación y de Pago de la Deuda Exterior de la Nación”, reflejan el estirpe de un Ministro de Finanzas blindado detrás del mito de ser “el único que trae la guita al país”, que por cierto es la guita que financia la fuga y que ahora utiliza el Presidente del Banco Central para intervenir vendiendo dólares en cada jornada en la que el billete se dispara. La actitud del ministro en la comisión es un botón de muestra de hasta donde está dispuesta a llegar la oligarquía financiera argentina para defender su modelo de negocios, que consiste en bajar salarios, liberar precios y alimentar la especulación financiera y la fuga de capitales. Un modelo conocido y que en el pasado nos llevó siempre hacia una crisis financiera, económica y social. El ministro forma parte del pasado de un país que alimentó los privilegios del bloque de poder dominante, por sobre el deterioro de las condiciones de vida y la pérdida de derechos de sectores del trabajo, actuando durante un tiempo duradero con el beneplácito de la clase media. Para estos agentes de la oligarquía financiera no hay ningún ethos democrático que merezca ser respetado, como en una dimensión más aguda vemos en el derrotero del golpe judicial y la condena a prisión impuesta sobre las espaldas de Lula. El ministro se burló de todo el Parlamento, se levantó y se fue ni bien sintió un poquito de incomodidad. No mostró ninguna voluntad de rendir cuentas ni contestar las preguntas que los diputados y senadores tenían previsto realizar. En un ejercicio de soberbia institucional propia de los que mandan, soltó por lo bajo la orden de levantar justo cuando venía de generar una provocación que el Presidente de la Comisión no controló. A juzgar por la excusa, suponemos que luego se fue a descansar. El ministro dijo: “Dale, levantá, levantá que estoy muerto”. ¿Le habrá dicho lo mismo a los inversores que semanas atrás le exigieron explicaciones en una ronda especialmente convocada en los salones de Wall Street? El incidente del papelito “misógino” no merece mayores comentarios, salvo que la próxima habrá que tener presente que el se enoja pierde, pero también que el que riendo la hace, llorando la paga. Lo más importante de la reunión es que Caputo confesó ser “tenedor fiduciario” de la offshore Noctua Partners. Al hacerlo, implícitamente, reconoció que al momento de presentar sus declaraciones juradas, le mintió tanto a la Oficina Anticorrupción como a la Administración de Ingresos Públicos. La información revelada por la Security and Exchange Commission semanas atrás lo dejó tras la cuerdas y por eso, a pesar del “coucheo”, no pudo escapar a ese dato irrefutable. Si en los Estados Unidos declaró ser shareholder aquí omitió hacerlo, pero además le mintió en la cara a los diputados y senadores. Tal vez sea que su estirpe de financista de la oligarquía argentina le dio bríos adicionales para declarar que no estaba obligado a informar las tenencias a la Oficina Anticorrupción, porque simplemente era un tenedor fiduciario o nominal de las acciones. Caputo el testaferro En su exposición Caputo dijo: “Con respecto a ese reporte de la SEC, es un reporte de una tenencia accionaria nominal. Sí, yo era un tenedor fiduciario de eso. ¿Qué quiere decir un tenedor fiduciario? Alguien que tiene algo en confianza de otra persona. “Fiduciario” viene de “fiducia”, de “confianza”. “Ahora, no tengo que tenerlo declarado eso, porque eso no me convierte en propietario”. Con estos términos, Caputo pretendió justificar por qué no declaró a Noctua en sus papeles ante los organismos de control. En el derecho argentino el fiduciario no actúa solamente bajo un mandato de confianza. De acuerdo con la Ley 24.441, el vinculo fiduciario emerge a partir de la transmisión de propiedad realizada por un fiduciante, de modo que el fiduciario recibe la propiedad de determinados bienes para ser afectados a un fin específico. La ley denomina a esta forma de propiedad como dominio fiduciario y hace responsable al titular de este dominio de las consecuencias derivadas de las responsabilidad extracontractual. Es decir el fiduciario, en base a un vínculo de confianza, se transforma en propietario de un bien, que luego de cierto tiempo debe regresar al titular originario o a quién este haya designado. En el derecho anglosajón existe la figura del trust que se diferencia del fideicomiso en base a una ficción jurídica admitida por la common law: quién transmite (settlor) no se desprende de la titularidad del dominio; y quién recibe (trustee) adquiere la condición de titular del dominio para un tercero. El trust no está reconocido en el derecho argentino y el fideicomiso, como vimos, se rige por una ley específica que admite esquemas de afectación específica de bienes identificados como dominio fiduciario. Caputo ante los parlamentarios mencionó que era fiduciario y accionista nominal. Pero en nuestro derecho, el único accionista nominal es aquel a cuyo nombre están las acciones, puesto que la Ley 24.587 del año 1995 prohibió las acciones al portador obligando a su reconversiones en acciones registrales. Entonces o es accionista y dueño o es dueño para un tercero, algo que sólo es admisible bajo la figura del socio aparente prevista en la legislación societaria. Para nuestro derecho, el fiduciario es dueño y el dueño es dueño. No es suficiente afirmar que dado que esa tenencia no era de él (porque era un simple fiduciario), no tenía que declararla

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Autocríticas

Fuente: Luis Bruschtein | La Tecl@ Eñe Fecha: 05 de ABR 2018 Cuando hablan de la derrota electoral del 2015, algunos sectores del peronismo confunden autocrítica con psicoanálisis. Si la autocrítica es para saber lo que se hizo mal, la lista es larga, pero puede no estar directamente relacionada con la derrota electoral. Las discusiones internas por disputas de poder, revanchismo, pase de facturas y acusaciones, creación de enemigos internos, de buscar chivos expiatorios o asumir como propia la visión que tiene la derecha sobre temas como la corrupción o el autoritarismo, ya sea por oportunismo o derrotismo, lo que producen es dispersión y desmoralizan porque forman parte del escenario de derrota que le interesa a la derecha. Si se quiere saber la razón por la que se perdió hay que apuntar hacia otros enfoques. Sirven las experiencias de los demás gobiernos populares de la región. Dos de ellos, en Ecuador y en Brasil, pudieron ganar por poca diferencia las elecciones gracias al peso que pusieron en juego los liderazgos originales de esos procesos, Rafael Correa y Lula. Pero el resultado fueron dos gobiernos débiles. El de Lenin Moreno, que sucumbió a las presiones de las corporaciones mediáticas y del capital concentrado, y el de Dilma Rousseff que fue desplazada por un golpe mediático parlamentario. En Venezuela, Hugo Chávez delegó el gobierno en Nicolás Maduro, que estuvo a punto de ser derrocado en el marco de una crisis profunda en la economía por el derrumbe de los precios internacionales del petróleo. Maduro tiene el respaldo de las Fuerzas Armadas, un dato que no es menor. Pero desde el punto de vista de la estrategia, Maduro pudo zafar del escenario de violencia callejera desestabilizadora que le planteaba la oposición dirigida desde Miami, para imponer su propio escenario con la creación de la Asamblea Constituyente. Y, por otro lado, logró recuperar a los sectores humildes que habían desertado en la votación parlamentaria anterior donde había sido derrotado. Retomó la iniciativa cuando parecía que lo tenían arrinconado. Evo Morales hizo entrar en el siglo XXI a un país como Bolivia, donde la gran mayoría de la población es indígena y donde nunca antes hubo un presidente de ese origen. Es uno de los pocos países de la región que mantiene la economía fuerte pese a la crisis internacional. Y aun así, la especulación del MAS es que, aun cuando la derecha no tiene candidato claro, si Evo no es candidato, no están seguros de ganar las elecciones. La derecha le hizo perder el referéndum con una campaña mediática sucia y obstruyó el camino para su reelección. Cuando parecía que estaba resignado a elegir un reemplazante, consiguió que la Corte lo habilitara y descolocó a la derecha. Evo será el candidato y tiene la victoria asegurada. Desde la izquierda, e inclusive desde algunos sectores peronistas, explican el fracaso de los gobiernos “populistas” por la no realización de “cambios estructurales”. En el caso del kirchnerismo, las nacionalizaciones de YPF, AYSA, Aerolíneas, más la re estatización de las jubilaciones, la AUH, las paritarias y otras medidas, fueron cambios estructurales. De todos modos, es una explicación simplista. La URSS hizo todas las reformas estructurales posibles, con un gobierno que tenía la suma del poder y las sostuvo durante más de 70 años. Y sin embargo, en menos de diez años fueron revertidas. Las empresas estatales pasaron a los miembros de la “nomenklatura”. Esa burocracia, de la que salió la actual burguesía rusa, fue generada por la forma cerrada de gobierno. En democracia, cada medida de cambio estructural requiere consensos ultra mayoritarios porque afectan intereses poderosos, lo que explica el surgimiento de liderazgos fuertes con gran capacidad de convocatoria. Y los grandes consensos son necesariamente impuros. La pureza está en las sectas cerradas que se vuelven testimoniales. La pureza tampoco es el problema. El campo popular juega con esas cartas. Ese es un plano del debate. Por supuesto que hay otros enfoques de autocrítica, en áreas donde se actuó con sectarismo o burocratización, en medidas que se enunciaron y no se pudieron implementar, en población vulnerable a la que no se pudo llegar. Estos problemas existieron, pero no fueron la razón de la derrota electoral porque el impacto de las acciones positivas de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner es mucho más fuerte que el de las negativas. Son dos planos diferentes de discusión y debate y, si se los mezcla, en vez de encontrar soluciones se profundizan los problemas. Frente a dificultades complejas no hay soluciones simples. En los dilemas de sucesión y reafirmación de liderazgos, de democratización de la información, de no dejarse arrastrar a escenarios que plantea la derecha, de mantener la iniciativa en la disputa de poder y en crear escenarios favorables que surjan de grandes consensos, parecieran estar las respuestas para el laberinto en el que quedaron los movimientos populares latinoamericanos. Son lineamientos generales, pero de allí pueden surgir vías para la acción, incluso las que se requieren desde el llano, para frenar la destrucción de los avances que se lograron en los gobiernos populares. La sustentabilidad es el otro problema de las medidas de cambio. El proceso en la URSS demostró que hasta los cambios estructurales de raíz pueden ser revertidos. La opción sería mantenerse en el poder eternamente, pero la URSS demostró que eso tampoco es posible. La única posibilidad que queda, entonces, es que la sustentabilidad de esas medidas no dependa solamente de mantener el poder o el gobierno, sino también de la forma en que se estructura la defensa de esos logros cuando toca estar en la oposición. Esa previsibilidad debería formar parte de una estrategia que se desarrolle incluso desde el momento en que se toman esas medidas de transformación. Son lógicas en las que el factor tiempo y los procesos culturales pasan a tener mucha importancia, igual que la postulación de nuevos escenarios institucionales y la construcción de nuevas -o readecuación de las viejas- herramientas de tipo sindical, social y político.

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El sabor amargo de la propia medicina

Fuente: Ricardo Ragendorfer | Revista Zoom Fecha: 05 de ABR 2018 Quizás en estas horas Alejandro Fantino haya evocado la ya lejana noche del 11 de abril de 2017, cuando puso su programa, Animales sueltos, al servicio de la crucifixión televisiva de Alejandro Cacetta, quien hasta entonces presidía el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). Orquestado desde la sombra por el ministro de Cultura, Pablo Avelluto, y con ejecución a cargo del panelista Eduardo Feinmann, el asunto fue tan grotesco que hasta ciertos aplaudidores del régimen como el realizador Juan José Campanella y el crítico Gustavo Noriega no disimularon su indignación al respecto. Claro que no era la primera ni la última trapisonda del otrora relator de fútbol en la materia. En cambio, el influyente columnista del diario La Nación, Carlos Pagni, supo ser más prolijo en el ejercicio del infundio. Tanto es así que en diciembre de 2015 la jueza federal Sandra Arroyo Salgado lo bendijo con la sorprendente nulidad de su procesamiento por integrar –junto al ex titular de la SIDE, Juan Bautista “Tata” Yofre; el ex jerarca del Ejército, general Daniel Raimundes; el director del portal Seprin, Héctor Alderete; el periodista Roberto García y dos agentes de inteligencia– una “red clandestina de espionaje” abocada al hackeo de correos electrónicos pertenecientes a políticos, empresarios, personajes de la farándula y funcionarios del gobierno kirchnerista. Sin embargo el destino fue impiadoso con ambos comunicadores. El lunes pasado Fantino no era el de siempre. Dolido y, por momentos, con los músculos faciales gambeteando un “pucherito”, abrió su programa con una frase que lo decía todo: “Mirtha Legrand me desilusionó”. Ya se sabe que en la última emisión del ciclo de la nonagenaria diva, una de sus invitadas, la señorita Natacha Jaitt le atribuyó un hábito atroz, la pedofilia, al igual que a otras figuras públicas. “¡Quiero saber quién está detrás!”, clamó Fantino una y otra vez. Lo cierto es que aquel muchacho sencillo y entrador se veía en una situación que jamás imaginó para sí. Vueltas de la vida. No menos contrariado, pero con gélida templanza, Pagni también utilizó su propio espacio en la señal LN+ para editorializar esa circunstancia. “Mirtha Legrand ofreció su programa para una operación”, sostuvo de una manera casi quirúrgica. Aquel hombre, un asiduo pasajero de las cloacas del Estado, sabía perfectamente de lo que hablaba. Dicen que el que avisa no es traidor. “Llamen a los bomberos, va a salir fuego de esta mesaza”, escribió Nacho Viale el domingo a la tarde en Twitter para promocionar el programa de su abuela, del cual es productor ejecutivo. A la hora señalada, la antorcha humana llegó al canal con una parva de papeles, escoltada por un abogado y una presunta vestuarista, además de su hermano, Ulises, quien oficiaría de apuntador. Ya es conocido el cariz que tomaron los acontecimientos delante de las cámaras. Y los nombres que esa boca vomitó. “A mí me contrató una empresa para investigar al señor que en su momento trabajaba en TN, un tal C.P. (por Pagni). Conozco mucho la noche. Por eso me contrataron”, esgrimió Natacha no sin un toque de candidez, para así legitimar su pretendido papel de fisgona. No contenta con eso, publicó luego en Twitter una foto con la mujer que la acompañaba junto al siguiente epígrafe: “Gracias @PoleroAna, gran amiga de años por couchearme en La noche de ML”. Aquella señora de 66 años era en realidad una ex agente de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI). Sin duda fue un gran momento de la televisión argentina: el espionaje como espectáculo en tiempo real, con casi 11 puntos de rating. Fue también un semillero de hipótesis conspirativas de variada catadura, cuyos supuestos actores desvelan en estas horas a los especialistas. Más allá de eso, en el affaire Jaitt anida una nueva manifestación de la criminología mediática. La misma que en los últimos tiempos resultó útil para vincular, por ejemplo, a Aníbal Fernández con el apodo “La Morsa”; o para probar la corrupción kirchnerista a partir del falso testimonio de la no menos apócrifa secretaria Miriam Quiroga; o para encarcelar a Julio De Vido en base a una pericia plagiada de Internet. La lista es extensa, pero anudada al calor de un denominador común: el impacto de las maniobras de prensa por sobre la verdad de los hechos. En tal sentido no está de más reproducir una reflexión que la abogada Graciana Peñafort –quien patrocina a Héctor Timerman, entre otros– acaba de publicar en su cuenta de Twitter: “En cada uno de estos casos (se refiere a los que tuvieron por víctimas a ex funcionarios del gobierno anterior) se violó el principio de inocencia, el derecho al buen nombre y al honor, el derecho a defensa y del debido proceso. Los medios de comunicación, embanderados de odio, fueron los ejecutores de esas violaciones de derechos y garantías”. “Varios de los periodistas que formaron parte del pelotón de fusiladores mediáticos están siendo acusados de un delito horrible. ¿Es legítima defensa la venganza? ¿Es lícito lanzarse sobre ellos como una jauría enloquecida? Claro que de ninguna manera”. Tal, por cierto, es el lado ético y legal de la cuestión. Pero, además, hay algo, quizás un fantasma apenas disimulado, que sobrevuela al ejercicio de la impostura como política de Estado: su descontrol. Porque toda “operación de inteligencia” supone una lucha denodada contra el azar. Sin embargo, cuando el azar se impone, ello a su vez significa el triunfo de la estupidez sobre las manifestaciones más oscuras de la voluntad. ¿Será por eso que los hacedores de la “posverdad” prueban ahora su propia medicina?   Nota relacionada Entre caníbales

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La justicia en los tiempos de Macri

Fuente: Luis Kon | Revista Convergencia Fecha: 28 de MAR 2018 Hace casi tres siglos, un aristócrata conservador, llamado Charles de Secondat, conocido por sus títulos de nobleza como Barón de Montesquieu, diseñó un sistema tripartito de gobierno, que habría de conformar las bases de los regímenes republicanos. Sin sustraerse a los intereses de su clase, Montesquieu estaba animado sin embargo, por desterrar los regímenes absolutistas. Aun confrontando con la monarquía, le otorgó la facultad de ejecutar las leyes, pero delegó en otros grupos de la nobleza o de los estados llanos, la misión de elaborarlas estableciendo que un tercer estamento, el judicial, sería el encargado de interpretarlas. Un siglo después, desaparecidas o restringidas substancialmente las funciones de la nobleza, gobiernos civiles, estrictamente republicanos, comenzaron a gestionar las políticas públicas, subordinados a esta separación. Viene a cuento este antiguo antecedente, fundante para las democracias modernas, porque en una de sus frecuentes muestras de sincericidio, el Presidente Macri declaró el año pasado, en la Bolsa de Comercio, que necesitaba jueces que lo representen y que si eso no se cumplía, saldría a buscarlos. Es posible que Macri desconozca estas cosas diseñadas por Montesquieu, porque no es su fuerte el conocimiento del pasado. Sobre esos principios tal vez es posible que registre su existencia, pero así como tuvo la ocurrencia de mandar en un cohete a la luna a unos quinientos sesenta opositores, alumbre la idea de que con los jueces que emiten fallos que lo contrarían podría hacerse lo mismo y mientras tanto, ir nombrando a adherentes de su espacio. La composición y orientación del Poder Judicial con la que se encontró el macrismo en diciembre de 2015, mantenía las tendencias dominantes de signo regresivo que lo caracterizan desde los primeros años de la organización nacional y desde 1890, mucho no han cambiado, tanto convalidando gobiernos de facto desde 1930 en adelante, respaldando la violación de derechos humanos o produciendo todo tipo de obstáculos a las políticas pùblicas de signo progresista de inclusión social o profundización de la democracia. Tendencias dominantes, que afortunadamente, tuvieron siempre segmentos disidentes que aùn minoritarios dentro de la corporación judicial, generaron alguna esperanza renovadora. El kirchnerismo iluminó este panorama negativo con los nombramientos que entre 2003 y 2005, conformaron la nueva Corte Suprema y la denuncia de aquellos que habían conformado la mayoría automática del menemismo. Sus propuestas fueron de un pluralismo tan amplio, que habilitaron cortesanos autores de estrategias alineadas con corrientes opositoras, a pesar que su llegada a la Corte no provenía de opciones de esos sectores. En 2013, logró sancionar una suma de proyectos democratizadores que entre otras cosas intentaban que en la elección de los miembros del Consejo de la Magistratura, la voluntad popular se expresara electoralmente para designar alguno de los cargos. Estas leyes naufragaron ante la reacción desplegada por la corporación, que se sintió atacada en sus privilegios y en sus modos de irse nombrando entre ellos, con mayorías donde magistrados y abogados articulaban los mecanismos para nombrar nuevos jueces, permitiendo reciclar eternamente esa composición del aparato judicial. Varios fallos decretaron la inconstitucionalidad de esas reformas y a partir de ese momento, los ataques se incrementaron, particularmente en el ámbito de la justicia federal, con resonantes procesos como el del memorándum con Irán, la causa Ciccone, la trágica muerte del fiscal Nisman, los allanamientos espectaculares en la Patagonia, la recepción de cualquier denuncia por más disparatada e infundada que fuera y otros notoriamente conocidos. Siempre con gran apoyo mediático de los medios tradicionales y un contorno periodístico más propio de la farándula que de la investigación informativa. *** En esas condiciones, asume el nuevo gobierno. Una de sus primeras medidas fue el intento de completar la integración de la Corte, con dos jueces adictos, a través de un DNU. Una fuerte resistencia cívica lo hizo desistir de esa variable de urgencia, pero no de sus objetivos finales. Con mayores precauciones, luego de ese traspié, las estrategias para ir cooptando el Poder Judicial y particularmente la justicia federal, se desenvolvieron con más cuidado. Muchísimas medidas dan cuenta de ello. Para las limitaciones de espacio que tiene este trabajo, podrían seleccionarse dos demostraciones inequívocas de ese proceder invasivo. La primera fue y es el hostigamiento y la persecución de magistrados independientes que no producían fallos a la medida del gobierno. Entre otros Gils Carbo, Rozansky, Freiler, Rafecas, Arias, Ballesteros, Farah, varios del fuero laboral y otros que fueron obligados a renunciar o se los removió, con la mayoría adicta al gobierno que pasó a comandar el Consejo de la Magistratura, con mecanismos poco claros. Algunos se agotaron y así renunciaron Gils Carbo, Rozansky y Maria Laura Garrigos de Rebori. El caso de Gils Carbo es emblemático. Desde el año 2000, cuando era fiscal general ante la Cámara Comercial, mantuvo enfrentamientos constantes con jueces de ese tribunal que observaban una conducta muy laxa en los procesos concursales que obtenían enormes licuaciones de pasivos en concordatos logrados con mayorías espurreas y otros procedimientos abusivos. También en desenmascarar a las sociedades “off shore” que pretendían encontrar protección jurisdiccional para encubrir lavado de dinero o evasiones impositivas. Eso le ganó la antipatía de los grandes estudios corporativos y su nombramiento no fue bienvenido en la misma medida que abrió un sendero renovador en el resto del aparato de las fiscalías. El establecimiento de varias unidades de acción, con dotaciones aptas para abordar la trata de personas, el lavado de dinero, la evasión, la violencia de género, el tráfico de drogas y los juicios vinculados al terrorismo de Estado, caracterizaron su gestión. Para un gobierno de empresarios ligados al mundo de las off shore, con causas pendientes como la del vaciamiento del Correo Argentino o radicación de activos en paraísos fiscales, Gils Carbo resultaba incompatible en ese mundo de negocios. Le inventaron una comisión inmobiliaria con la que no tuvo ninguna vinculación y al fin, incapaz de continuar resistiendo un bombardeo mediático incesante, renunció. Hoy no se habla más de la inmobiliaria y una jueza de

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El bumerán que vuelve

Fuente: Alejandra Dandan | El Cohete a la Luna Fecha: 25 de MAR 2018 Podés patearla o tirar directo, dijo la piba de La Poderosa. El niño agarró la pelota con una foto pegada de Juan Miguel “El Nazi” Walk, comisario mayor y director de investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, con prisión domiciliaria en su casa de Mar del Plata. ¡Vamos!, volvió a decir la piba. El niño pateó directo a un arco de cancha, armado en medio de la Avenida de Mayo. No le falló la puntería. La piba dijo: ¡Adentroooo! Y el niño volvió a meter a Walk, de alguna manera, adentro de esa red callejera, esa suerte de prisión social de la que pese a todo, los genocidas ya no pueden escapar. La conmemoración del 42 aniversario del golpe de Estado volvió a tener ese aire de fiesta de la democracia. El pedido de cárcel común y efectiva para los responsables del horroroso exterminio de este país atravesó cada una de las postales del día: stencil en la calle, cartones transformados en pecheras, pasacalles con la palabra genocidas, remeras y hasta enormes retratos tamaño real preparados por primera vez por un grupo de sobrevivientes de la ESMA con todos los ‘malos’ más simbólicos sobre los que sobrevuelan vientos de impunidad. La calle abrió así su diálogo con el escenario, donde las domiciliarias aparecieron como parte de las consignas de la convocatoria del 24M de los organismos de derechos humanos. “A 42 años del golpe cívico-militar —decía—, denunciamos el mismo plan económico y sostenemos la misma lucha: por eso, hoy marchamos contra el ajuste, la represión y la impunidad. ¡Por una democracia sin presos y presas políticos ni genocidas sueltos!” Cientos de miles de mujeres y varones acudieron a la cita cuyo punto de encuentro fue la cabeza de la bandera de los detenidos desaparecidos, que ingresó alrededor de las tres de la tarde a la Plaza de Mayo, con la primera mitad liberada contrarreloj para esta marcha. Desde el escenario, integrantes de Madres, Abuelas, Hijos, Familiares, CELS y la Liga, entre otros organismos, leyeron el documento consensuado que tuvo entre sus subrayados muy especialmente el diálogo con la calle. Allí entró el 2×1 y las domiciliarias: “El pañuelazo de un millón de personas en todas las plazas del país”, que frenó el intento de liberar con el 2×1 a los genocidas encabezado por el gobierno y la Corte Suprema. Y el reconocimiento a “la lucha del pueblo”, volvió a oírse en fragmentos que recordaron que fue la movilización “la que posibilitó que se revocara el privilegio que permitió al genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz pasar el verano en una casa con pileta en Mar del Plata”. Ese pueblo que desde hace dos años sale a la calle para frenar intentos de retroceso en todos los frentes, volvió a ser evocado desde el escenario. “A los ciudadanas y ciudadanos que están en las calles —dijo Vera Jarach, de Madres de Plaza de Mayo—, queremos decirles que las Madres los abrazan”. Por ahí arriba también pasaron nombres que marcaron la agenda política del último año: Santiago Maldonado y su familia, su madre Elena y su hermano Sergio pisaron el escenario. Rubén, el hijo de Julio López. Y Carlos Zannini, recién liberado de la cárcel. Y el diálogo con la calle retumbó transformado en un silbido cuando el documento recordó la participación de la cúpula de la Iglesia sentada en la mesa de Videla o a los grupos económicos beneficiados por la dictadura. Dijeron Clarín, La Nación. Y la calle dijo: —¡¡Uhhh!! La Nueva Provincia de Massot, la editorial Atlántida, la Sociedad Rural Argentina. Y la calle repitió el silbido. Ledesma de Blaquier. La Ford, ahora en juicio. La Fiat. Mercedes Benz. La embajada de Estados Unidos detrás de todo, dijeron. Y la corporación judicial, que rechazó “miles y miles de hábeas corpus”. El Mundial. Malvinas. Y en el presente, las políticas de vaciamiento de los programas de memoria, verdad y justicia. Y la calle volvió a silbar. “También queremos destacar que cuando hay voluntad política, los derechos humanos pueden ser políticas de Estado”, dijo Estela Carlotto en el tramo de su lectura. “Así quedó demostrado durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, donde muchas de nuestras banderas se hicieron realidad. Hace 14 años, un 24 de marzo, Néstor Kirchner bajó los cuadros de Jorge Videla y Reynaldo Bignone del Colegio Militar. Esos genocidas murieron juzgados y condenados a prisión perpetua y en una cárcel común gracias a la lucha del pueblo. Por eso le reiteramos al gobierno que no permitiremos ni un retroceso en Memoria, Verdad y Justicia”. A las dos de la tarde Ramiro Pérez se compró su remera de Juicio y Castigo. Delegado del Ferrocarril Urquiza, parte de la Juventud Sindical, llegó con su organización pero también hizo recorrido aparte. Dijo que estaba ahí porque sí, porque es una fecha clave en su rol como delegado gremial. Cuando tenía 19 años y empezaba medicina, de lo que más se acuerda es de su madre diciéndole: No te metas en el centro de estudiantes. “Creo que me dio mucha vergüenza por mi vieja, yo terminé militando, pero entendí que ellos pertenecen a una generación que miró para el costado, criados por familia de milicos”. No dijo si su madre era una de cientos de señoras muy grandes que anduvieron por las calles enganchadas entre las multitudes, porque había muchas, pero perfectamente podría serlo: pasó el tiempo y la vida, su madre ahora es delegada de sanidad. La vendedora de las remeras del Juicio y Castigo tenía otras con 30.000, otras con pañuelos, ese símbolo una y otra vez recuperado por la calle. Y en una esquina puso a flamear bien a la vista una con la cara de Cristina y el Vuelve. Dijo que le sobró de la época de la campaña, pero, ¿viste?, agrega: Volvió. —¡¿Ustedes vieron a ese grupo de senegaleses tocando batucadas adelante de la Chilinga?!—, pregunta emocionada Ana González, antropóloga y militante—. ¡Acabo de decirles: ¡Massar

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“Aplicar mal la prisión preventiva es violar la ley”

Fuente: Ailín Bullentini | Página 12 Fecha: 25 de MAR 2018 “Considerar que Carlos Zannini y Luis D’Elía deben estar presos es violentar el principio de igualdad ante la ley”, concluyó la fiscal general Gabriela Baigún. En diálogo con PáginaI12, la representante del Ministerio Público Fiscal ante el Tribunal Oral Federal número 8, que dirigirá el juicio oral por el delito de encubrimiento del atentado a la AMIA a través de la promoción del memorándum de entendimiento con Irán, explicó los argumentos de su dictamen, que propició la libertad del dirigente social y del ex secretario de Legal y Técnica, detenidos hasta ayer en Ezeiza. “Aplicar mal la prisión preventiva es violar la ley”, remata. –¿Cuáles son los elementos fundamentales de su dictamen?  –El primero es que el proceso se vive en libertad salvo excepciones que hagan indispensables medidas de coerción como la detención. Por otro lado está la garantía de inocencia que plantea que toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario en una sentencia condenatoria. Pero además existen normas procesales que regulan estrictamente la excarcelación y que determinan que todo aquel que está imputado por un delito reprimido con una pena que no sea superior a los 8 años de prisión puede ser beneficiado con la excarcelación. En este caso, y esto es lo más importante para que la gente no se confunda, el delito con el que quedó elevada a juicio de todos los imputados de la causa que investigó el memorándum de entendimiento con Irán, es el delito de encubrimiento, previsto con una pena de 1 a 6 años de prisión. El delito por el que originalmente estas personas fueron indagadas, el de traición a la patria penado con entre 10 y 25 años de cárcel, fue descartado por la Cámara. Entonces, esa pena ya no es más la que afrontan. Si afrontan una pena inferior a los 8 años de prisión, pueden salir. –¿Qué sucede con el peligro de fuga o de interferencia en la investigación, razones por las que se les ha dictado la prisión preventiva a Zannini y a D’Elía? –Yo concluí que no hay razones para presumir que estando en libertad los imputados pueden eludir la acción de la justicia, es decir fugarse, o entorpecer la investigación, frustrarla. En el caso de Zannini, porque su calidad de ex funcionario no le da un poder residual parecido al poder que tenía cuando era funcionario. No puede entrar más a la Casa Rosada, ni a la Secretaría Legal y Técnica, ni acceder a documentación ni a funcionarios. También demostró arraigo, un trabajo y una residencia en Santa Cruz y familia en Argentina. Cuando fue citado a declarar no había intentado fugarse. En el caso de D’Elía, consideré que estuvo a derecho siempre. Y eso que yo fui la fiscal que lo acusó por el copamiento de una comisaría de La Boca, solicité pena de 4 años y 8 meses de cárcel. Cuando alegué no pedí su detención ya que sabía que debía quedar la sentencia firme para eso. Lo condenaron a 4, pero la sentencia fue recurrida. Cuando quede firme seré la primera en pedir su detención. Más allá de estos argumentos, hice una reflexión posterior: si en la actualidad, como pasa, los acusados que afrontan el juicio por el encubrimiento del mayor atentado en la historia argentina que por cierto aún sigue impune, pasaron todo el proceso penal en su contra y ahora el juicio en libertad, estoy hablando del ex presidente Carlos Menem, varios ex funcionarios de su gobierno y compañía, considerar que Zannini y D’Elía deben estar presos es violentar el principio de igualdad ante la ley. –No hay razón para un trato diferenciado ante la ley. ¿Qué consecuencias acarrea violar el principio de igualdad?  –Yo no pienso violar el principio de igualdad ante la ley. No voy a opinar sobre lo que hicieron los demás funcionarios judiciales. Actúo como actué durante toda mi carrera judicial como fiscal, de acuerdo a la Constitución y las leyes. Si los demás violan la ley, actúan en una misma situación de diferente forma frente a personas de diferentes partidos políticos, raza o religión el problema está en los otros. Hoy pueden ser partidarios del gobierno de turno pero, ¿y si mañana les toca juzgar a integrantes de ese gobierno? Por supuesto que no corresponde actuar de esa forma y entonces esa es la diferencia entre un funcionario independiente y uno que no lo es. Aquel que es independiente actúa y se pronuncia ante una situación igual de la misma manera sin importar a quién tenga enfrente como acusado. Sería terrorífico que sea de otra forma, de ahí la necesidad de jueces y fiscales independientes y de que el Estado los garantice. Aseguro que el día que se confirme la pena de D’Elía en la causa por el copamiento de la comisaría pediré su detención como vengo pidiendo hace años la del ex titular del PAMI Víctor Alderete, cuya pena de 3 años y 6 meses de prisión está firme pero se resisten a efectuarla. Fui desde 1995 hasta 2007 fiscal de juicio de San Isidro y renuncié por tener diferencias sustanciales con la forma en la que venía trabajando el fiscal general de San Isidro, Julio Novo, que terminó luego en juicio político. Durante los siguientes tres años y a pesar de haber ganado los concursos para la fiscalía general en Capital, no me nombraban así que me quedé sin trabajo por no querer trabajar con alguien que era deshonesto. –¿Cuáles son las consecuencias de aplicar mal las prisiones preventivas? –Aplicar mal la prisión preventiva es violar la ley. La ley es clara y establece condiciones precisas. –Se ha descalificado su dictamen bajo la “acusación” de que usted integra Justicia Legítima. ¿Lo entiende como una presión? –Parto por asegurar algo: no pertenezco a Justicia Legítima ni nunca lo hice, pero conozco a gente que sí lo ha hecho. Partir del prejuicio de que un funcionario judicial, por pertenecer a Justicia Legítima,

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DAIA: Los doce capítulos de la saña y el ocultamiento

Fuente: Jorge Elbaum | lilianalopezforesi.com.ar Fecha: 25 de MAR 2018 La DAIA comunicó el día de ayer que solicitará la investigación de los antecedentes de los jueces y la fiscal que ordenaron la libertad de Carlos Zannini y Luis D´Elía. La razón fundamental de la persecución instrumentada por la derecha de la colectividad judía tiene dos componentes centrales: por un lado, la defensa de intereses empresariales concentrados que —al igual que Clarín o los CEOs corporativos— requieren de la desaparición de todo modelo político (por ejemplo, el kirchnerismo) que desafíe privilegios. El segundo aspecto es el alineamiento desvergonzado con las políticas colonialistas y belicistas de la derecha israelí. Representada por el Likud y asociada a los republicanos estadunidenses. Esta adhesión busca, además, invisibilizar todo vestigio del judaísmo humanistas y popular asociado –en la historia de nuestro país—a las luchas sociales, el cooperativismo, el mutualismo, el anarquismo, el sindicalismo, la izquierda nacional, el nacionalismo popular y la memoria de 1800 desaparecidos argentinos-judíos, comprometidos por una Patria para Todxs. La DAIA soslaya (como era de esperar) la evidencia sobre el origen argentino-judío de la Fiscal Federal Gabriela Baigún y de la Jueza Federal del Tribunal Oral Federal Número 8, Sabrina Namer. Las posiciones de ambas ponen en evidencia la pluralidad de visiones y perspectivas al interior de quienes descendemos de esa colectividad. Transparenta además la incapacidad que posee la DAIA para extorsionar (identitariamente) a esos mismos integrantes, que desprecian crecientemente los turbios manejos elaborados en conjunto por Cambiemos, la DAIA y la AMIA. La DAIA ha demostrado que no duda en negar cualquier principio de veracidad con tal de malversar la identidad hebrea al servicio de intereses geopolíticos y corporativos funcionales con los sectores más concentrados de la economía argentina. La DAIA ha intentado constituirse en la única forma de ser judeo-argentino, engañando a la sociedad argentino acerca de su verdadera representatividad: no expresan a más que un 20 por ciento del colectivo judeo-argentino existente en nuestro país. Han montado una gran falacia tergiversadora que aprovechó la indiferencia de gran parte de la colectividad para apropiarse de la etiqueta “judía”, dada su inscripción en otras pertenencias identitarias. La DAIA fue parte, institucionalmente, del encubrimiento del atentado de 1994 al ser parte de una asociación ilícita destinada a acusar a policías de la provincia de Buenos Aires como partícipes de la masacre dl 18 de julio. Por ese motivo varios inocentes permanecieron años encarcelados. Beraja, Corach, Menem, Anzorreguy, Jorge “Fino” Palacios, Mullen y Barbaccia, han sido cómplices para tergiversar la causa y han impedido que la sociedad argentina sepa qué es lo que realmente pasó. La DAIA vuelve a participar de un segundo encubrimiento al intentar negar la obvia participación de Beraja en esa maniobra que requirió de 400.000 dólares de fondos reservados de la SIDE, entregados a Telleldín para que finja responsabilidades. La DAIA fue el artífice prioritario a través del cual se viabilizó la reapertura de la denuncia de Nisman, luego que ésta fuese desestimada por seis jueces. También fue el ariete con el que se pretendió establecer un Jury de enjuiciamiento a Daniel Rafecas. Los dos ejes de la acusación del fiscal fallecido se centraban en (a) la supuesta intención de “dar de baja” las alertas rojas, y (b) la existencia de negociaciones económicas justificatorios de dichas indulgencias. Ambas acusaciones fueron parte de una misma falacia destinada a contribuir al éxito electoral del macrismo.  La DAIA insiste en el entramado de camuflaje al sumarse a la denuncia fantasiosa de Natalio Alberto Nisman, cuya querella ha sido desestimada por el entonces titular de Interpol, Ronald Noble, quien afirma taxativamente que el fiscal fallecido mintió sobre la supresión de las alertas rojas. La DAIA suma un nuevo capítulo a su desfachatada búsqueda de impunidad al convertirse en cómplice del ministro Germán Garavano quien impidió que se desarrollen las acusaciones contra los ex fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia, tal cual lo ha denunciado –una semana atrás– el ex funcionario (de la eliminada secretaria de la Causa Amia) Mario Cimadevilla. El nombramiento por parte del ministro de justicia Garavano de Mariano Fridman —ex abogado de al DAIA y además adscripto durante casi una década al estudio de la Dra. Marta Nercellas, responsable de la defensa de Rubén Beraja— es un baldón más en la desvergonzada acción destinada a garantizar la impunidad. Los estatutos de la DAIA señalan que es una entidad cuyo objetivo central es la lucha contra la judeofobia y todo tipo de discriminación. Las tareas de persecución a exfuncionarios de gobiernos populares y militantes supone una tergiversación de sus propias motivaciones fundacionales. Los directivos de la DAIA Rubén Beraja, Alfredo Neuburger, Jorge Kirzsenbaum. Jorge Knoblovits, Claudio Avruj, Sergio Bergman y Waldo Wolff son los baluartes de una persecución (y una saña) claramente macartista, bajo un escudo artificiosamente identitario. La utilización de una historia social milenaria, el indecente blindaje tras un holocausto y/o el disfraz de legitimidad inscripto bajo los escombros de dos atentados sucedidos en nuestro país nunca podrán borrar la inmoralidad, el cinismo y la desvergüenza de haber usufructuado, comercial y políticamente, con el dolor y el sufrimiento de otr@s. La Memoria, la Verdad y la Justicia también serán pregonadas —frente a sus rostros— en las jornadas en las cuales tendrán que rendir cuentas frente a los tribunales, la sociedad y la historia de nuestra Patria.

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