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En medio de la crisis latinoamericana, ¿por qué florece la Bolivia de Evo Morales?

Fuente: Santiago Mayor | RT Fecha: 27 de NOV 2018 En enero de 2006, por primera vez en la historia de Bolivia, asumía el Gobierno un presidente indígena. Evo Morales Ayma, dirigente sindical cocalero, había triunfado meses antes con más del 50% de los votos en una elección sin precedentes. Su victoria se inscribió en una oleada progresista y de izquierda que llegó a los Gobiernos de América Latina durante los primeros años del siglo XXI. Para ese entonces ya estaban en la presidencia Hugo Chávez en Venezuela, Lula da Silva en Brasil, Néstor Kirchner en Argentina y Tabaré Vázquez en Uruguay. Unos meses después se sumaría Daniel Ortega en Nicaragua y en 2007 Rafael Correa en Ecuador. No obstante, en comparación con sus pares (quizás exceptuando el caso uruguayo), Bolivia logró consolidarse como un modelo social, político y económico estable que no sufrió las crisis económicas y políticas de Venezuela o Nicaragua ni perdió el Gobierno mediante golpes de Estado e ‘impeachments’ –como en Brasil, Honduras y Paraguay– o elecciones –como en Argentina–. ¿A qué se debe esta excepcionalidad? Estadísticas contundentes Según datos del Banco Mundial, en 2006 el Producto Bruto Interno (PBI) boliviano era de 11.452 millones de dólares. Para 2017 ese número había aumentado más de tres veces llegando a 37.509 millones. En el mismo período de tiempo, el ingreso anual per cápita pasó de 1.120 dólares a 3.130 y la esperanza de vida subió de 64 a 71 años. A su vez, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) del país, sostiene que la pobreza se redujo del 59,9% cuando asumió Evo Morales al 36,4% el año pasado. Por otra parte, como remarca el investigador y máster en Desarrollo Económico y Sostenibilidad Sergio Martín-Carrillo, Bolivia «ha sido el país suramericano que mayor crecimiento económico ha experimentado, incluso manteniendo un ritmo por encima del 4% a pesar del contexto de debilidad que vive la región desde el año 2015″. Esto fue acompañado de un descenso constante de la inflación, que pasó de un 12% en 2007 a menos de un 2% en lo que va de 2018. Estos logros se sostuvieron en una política que contradice los postulados neoliberales que impulsan hoy Gobiernos de países vecinos como Argentina, Chile, Paraguay o el electo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. Las razones El sociólogo y escritor boliviano Antonio Abal enumeró en diálogo con este medio «los ejes del sostenido crecimiento de la economía de Bolivia». Según su mirada, se trata de una política basada en «nacionalizaciones de sectores estratégicos, como las comunicaciones, los hidrocarburos y la minería»; la redistribución de los ingresosestatales, «sobre todo en infraestructura productiva»; el «fortalecimiento del mercado interno«; una política monetaria de «apreciación de la moneda nacional», es decir, una «desdolarización de la economía«; y finalmente una fuerte inversión en procesos industriales como el «litio, lácteos, textiles, etc. y fomento de las pequeñas y medianas empresas, con facilidades en los soportes crediticios». En el mismo sentido se expresó el vicepresidente del país, Álvaro García Linera, en una entrevista con Página|12, donde explicó lo que para él son los cuatro factores principales de este éxito económico. En primer lugar, que el Estado controle como propietario los principales sectores generadores de excedente económico: hidrocarburos, electricidad y telecomunicaciones. Por otra parte, llevar a cabo una redistribución de la riqueza, «pero de una manera sostenible», de forma que «los procesos de reconocimiento y ascenso social de los sectores subalternos populares e indígenas tenga una sostenibilidad en el tiempo». En tercer lugar, al igual que como sostiene Abal, «apuntalar el mercado interno» y, por último, la «articulación entre el capital bancario y el productivo, lo que implica que el 60% de los ahorros de los bancos se dirige al sector productivo, generando mano de obra». Políticas públicas de redistribución A esto se suma una serie de programas sociales que han acompañado la mejora económica y han sido los dispositivos que han garantizado una redistribución de la riqueza. En ese sentido, Martín-Carrillo enumeró tres que considera los más importantes: el Bono Juancito Pinto, la Renta Dignidad y el Bono Juana Azurduy. El primero de estos fue lanzado durante el primer año de Gobierno y apunta a que los niños y niñas finalicen la escuela. Supone un aporte de 200 bolivianos (29 dólares) a estudiantes de escuelas públicas a cambio de que sostengan un mínimo de un 80% de asistencia a clases. Durante 2018 hubo 2.221.000 de estudiantes beneficiados por esta iniciativa. A su vez, esto logró que entre 2006 y 2017 la deserción escolar en primaria cayese del 6,5% al 1,8% y en la educación secundaria fue del 8,5% al 4%. Por su parte, la Renta Dignidad, vigente desde 2007, apunta a la población de adultos mayores –60 años o más– e implica 250 bolivianos (36 dólares) para las personas con pensiones de jubilación y 300 (43 dólares) para personas que no tienen pensiones de jubilación. Finalmente, el Bono Juana Azurduy está dirigido a mujeres gestantes a las cuales estipula el cumplimiento de cuatro controles prenatales, parto institucional y control postparto, así como para niños y niñas condicionado a 12 controles integrales de salud bimensual. También ha habido una política agresiva de incremento del Salario Mínimo Nacional, que en 2005 equivalía a 440 pesos bolivianos (57 dólares de aquel entonces) y en la actualidad llega a 2.060 (298 dólares). Asimismo, este año, debido al crecimiento económico, tal como informó la Agencia Boliviana de Información, el Ejecutivo dispuso el pago del doble aguinaldo para todos los trabajadores públicos y privados. Un proceso con debates y tensiones Más allá de su situación actual, los Gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS) no han estado al margen de problemas, algunos incluso muy graves. Quizás, el punto más álgido fue en el año 2008, cuando la llamada ‘Media Luna’, que incluía cuatro departamentos orientales del país, intentó escindirse del resto del territorio por acción de los sectores de la derecha boliviana que contaban con el apoyo solapado de EE.UU. No obstante, con respaldo de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), esa crisis logró ser superada y apenas unos meses después el proceso avanzaba proclamando una nueva Constitucióna comienzos de 2009, la que declaró el carácter «Plurinacional» del Estado, reconociendo en la ley suprema del país a los pueblos originarios históricamente negados. Evo Morales pasó a encarnar

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Bannon, el führer comunicacional

Fuente: Jorge Elbaum | El cohete a la luna Fecha: 18 de NOV 2018 Bannon es el gurú de las campañas electorales de los partidos de ultraderecha y el armador de una internacional parda generadora de animadversión hacia China, los musulmanes y los africanos. Sus tentáculos, por ahora, alcanzan a Bolsonaro, Europa y los Estados Unidos. Steve Bannon fue uno de los integrantes del equipo de campaña de Donald Trump desde 2015. Una vez elegido el magnate neoyorquino, se desempeñó como jefe de asesores de la Casa Blanca durante los primeros siete meses del mandato de Trump hasta el 18 de agosto de 2017, cuando fue despedido por sus conflictos con otros dos de los asesores del primer mandatario, su hija Ivanka Trump y su yerno Jared Kushner, propietario del periódico The New York Observer. Luego de abandonar Washington, Bannon se consolidó como referente de todos los grupos neonazis a nivel mundial y se ofreció como operador mediático y de redes sociales para constituir una internacional de la derecha alternativa, eufemismo con el que se designa a quienes se oponen a los procesos migratorios, la cooperación multilateral, la distribución de la riqueza, el mestizaje cultural y el crecimiento del sudeste asiático como expresión de la decadencia del occidente hegemonizado por Estados Unidos. Bannon ha sido acusado por el ex director del FBI y actual fiscal especial, Robert Muellen, de ser parte de una asociación destinada a realizar maniobras informáticas ilegales y manipulación de la opinión pública para posibilitar el triunfo de su por entonces jefe, el magnate Donald Trump. Entre las investigaciones comandadas por Muellen figura la campaña en redes sociales contratada por Bannon e implementada por la empresa Cambridge Analytica, que identificaba grupos sensibles entre el electorado estadounidense, a quienes se les dirigían anuncios falsos destinados a sembrar o multiplicar la animadversión hacia los potenciales seguidores de Hilary Clinton. A los desempleados detectados se les enviaron mensajes publicitarios que manifestaban el desinterés de los demócratas en relación con la desocupación. A los veteranos de guerra se les trasmitían noticias falsas acerca de la futura clausura de los fondos federales dedicados a sus familiares. A los segmentos identificados como “patrióticos” se los inundó con información sobre los nexos entre los demócratas y la burocracia de los organismos internacionales, carentes de interés en las cuestiones domésticas. Antes de su tarea preelectoral en Estados Unidos, Bannon había colaborado en la campaña de Nigel Farage, titular del partido británico eurófobo y reaccionario UKIP, quien terminó siendo el gran triunfador de la consulta que llevó al Reino Unido a abandonar la Unión Europea. El Brexit fue apoyado tanto por Bannon como por Robert Mercer, uno de los multimillonarios que luego financió la campaña de Donald Trump. Durante su periplo por Londres, Bannon y Mercer conocieron a Alexander Nix, entonces directivo de SCL Group, empresa dedicada a monitorear y gestionar campañas electorales. Mercer decidió invertir 15 millones de dólares en la conformación inicial de una subsidiaria de SCL Group, Cambridge Analytica (CA), que tiempo después fue denunciada por manejos turbios de redes sociales y operaciones encubiertas contra candidatos en todas partes del mundo, inclusive de Argentina.[1] Con ese aporte de 15 millones, Mercer logró que Bannon se constituyera en el vicepresidente de CA desde junio de 2014. En las primarias del partido republicano, CA, Mercer y Bannon habían trabajado para Ted Cruz. Cuando este fue derrotado por Trump, decidieron apoyar al magnate neoyorquino y CA terminó siendo contratada por Jared Kushner, yerno del magnate. [2] Luego de su periplo sietemesino por la Casa Blanca, el ex editor de Breitbart News mantuvo encuentros públicos con el partido neonazi alemán, Alternativa por Alemania, y el Frente Nacional francés, en la actualidad comandado por Marine Le Pen. En un reciente congreso de la agrupación fascista francesa celebrado en Lille, fue invitado a dirigirse al auditorio y fue concluyente al expresar que debían “portar como una medalla de honor el que les llamasen racistas o xenófobos”, dada su defensa de la identidad nacional. El tema migratorio aparece como una constante en los discursos reaccionarios de las nuevas fascistas a nivel mundial. El extraño, el extranjero, el portador de una identidad ajena a la hegemónica, es descripto como un peligro potencial de contaminación respecto de la pureza identitaria, racial, cultural o religiosa de una nacionalidad determinada. Históricamente esta ha sido una constante de las crisis producidas por el capitalismo: han recurrido al cuerpo extraño del gitano, el judío, el moro, el musulmán, el africano o el sirio para fundamentar esquemas endogámicos y defensivos. A estos grupos se los ha identificado como responsables de las crisis, evitando así transparentar el rol que juegan los intereses económicos de las fracciones más concentradas en esos desmoronamientos económicos. En su visita a Francia, Bannon citó como una de sus novelas favoritas El campamento de los santos de Jean Raspail, un escritor monárquico que imagina un futuro distópico conformado por la invasión a las Galias de sucias hordas de inmigrantes de piel oscura provenientes del mar. Racismo fatuo Otra de las visitas del ideólogo y propagandista de la derecha alternativa fue Hungría, donde aduló sin miramientos al primer ministro Viktor Orban, de frente Fidesz, Unión Cívica Húngara, que sustenta la retórica más xenófoba del continente europeo. En concordancia con el dirigente magyar, Bannon afirmó que “Orban fue Trump antes que Trump”. En Suiza mantuvo reuniones con los líderes de Alternativa por Alemania, el grupo neonazi que obtuvo la tercera minoría en las últimas elecciones, y en Bruselas con los Demócratas de Suecia (que superaron el 20% en los últimos sondeos) y con el ultraconservador partido de los Verdaderos Finlandeses. Su último aporte fue, según confirmaron dos de los hijos de Jair Messias Bolsonaro, el aporte para la triunfal campaña electoral del militar carioca. Bannon se formó en la Universidad de Harvard y trabajó para la Armada de los Estados Unidos y la administradora de inversiones Goldman Sachs. Luego se hizo cargo del portal de noticias sensacionalistas Breitbart News, con el que contribuyó a deslegitimar la candidatura de Hilary

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Elecciones sin razón

Fuente: Gideon Levy| Haaretz Fecha: 17 de NOV 2018 Todos sabían que  nubes de sospecha se ciernen sobre el primer ministro Benjamin Netanyahu; que el ministro de Finanzas, Moshe Kahlon, ha llevado a la economía a tener déficit y no ha resuelto los problemas de vivienda; que la ministra de Justicia Ayelet Shaked está incendiando la democracia; que la ministra de Cultura y Deportes, Miri Regev, está dañando la cultura e incitando contra las artes; que el Ministro de Educación Naftali Bennett está trayendo religión y nacionalismo a las escuelas; que el ministro de Seguridad Pública, Gilad Erdan, está librando una guerra ridícula, con medios escandalosos, contra el movimiento BDS; y que la situación no es buena y será aún peor. Entonces, ¿por qué razón está cayendo este gobierno? Porque Gaza no ha sido suficientemente golpeada. Porque el ejército no derramó suficiente sangre. Debido a que el matón no golpeó al granuja como debería haberlo hecho. Israel está dispuesto a perdonarlo todo, excepto la moderación. Eso también es lo que aparecerá en la campaña electoral: quién asestó un golpe y quién no. Quién es un héroe y quién es flojo. Quién es Rambo y quién es un ambicioso. Así es como las próximas elecciones, al igual que la mayoría de las elecciones anteriores, se han convertido en otro ritual interno, que carece de gran importancia, en el rito ficticio de la democracia israelí. En esencia, lo que ha sido es lo que será. La identidad del próximo primer ministro es mucho menos importante de lo que se reclamará en la campaña electoral. Las elecciones, en principio, serán sobre nada. Gaza derribó al gobierno, pero ninguno de los candidatos tiene nada que ofrecer sobre el tema de Gaza, excepto palabras vacías y un vendaje. Una encuesta realizada por Israel Television News durante el fin de semana entre los jefes de los partidos reveló la verdad desnuda: a excepción de Meretz y la Lista Conjunta, que proponen levantar el bloqueo en Gaza -la única solución que existe-. Ninguna otra parte tiene nada que decir. Avi Gabbay del Partido Laborista dijo: «Volveremos a tomar la iniciativa y a tomar decisiones». Yair Lapid prometió: «Disuasión e influencia económica». Bla, bla, bla,  en resumen: nada. Cuando se trata del tema más fatídico, la ocupación, sí, la ocupación, no hay «polarización» u «odio fraternal» en Israel; las opiniones apenas difieren. El centro-izquierda hablará sobre el presidente palestino Mahmoud Abbas y no hará nada, la derecha no hablará. Trate de encontrar la diferencia. Y cuando no hay diferencias en el asunto más importante de todos, las elecciones son absolutamente sobe nada. El resto de los temas son menos importantes. Está claro que otro gobierno de derecha continuará dañando el tejido de la democracia, que la libertad y los derechos humanos serán aún más limitados. El abuso sobre los solicitantes de asilo empeorará, las organizaciones de izquierda serán excluidas e incluso prohibidas. La libertad de expresión también será frenada. Estará prohibido criticar a los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel, esto está lejos de ser inverosímil. En cuanto al apoyo público para el BDS, no hay nada de qué hablar. Una derecha que confía en sí misma es una derecha más peligrosa. Sin embargo, no se atreverá a hacer lo que está obligado a hacer: anexar Cisjordania, o al menos el Área C. (1) Sólo continuará sentando las bases legales para un estado de apartheid, una medida que comenzó con la ley del estado-nación, pero no se atreverá a establecer oficialmente tal estado. El ataque de otro gobierno de derecha a la democracia será malo, pero en un país en el que la mitad de sus nativos viven sin ningún derecho (los palestinos) o en condiciones severas de discriminación (árabes israelíes), este es un daño menos importante, para los privilegiados. Ningún gobierno alternativo previsible cambiará la situación básica de la semi-democracia para la mitad de sus residentes. Entonces, las elecciones en Israel no son realmente elecciones, siempre que no haya una democracia real y no haya diferencias ideológicas reales. Un gobierno de centro-izquierda mejorará la atmósfera y detendrá el deterioro. Con Gabbay, Lapid, Tzipi Livni, Ehud Barak o Benny Gantz a la cabeza del gobierno, se detendrá a menos activistas de derechos humanos en el Aeropuerto Ben-Gurion y se cerrarán menos instituciones artísticas. Se pondrán fin a los ataques contra el sistema legal y Europa occidental volverá a mostrar su afecto. Importante, pero no crítico. No tendremos menos guerras, o menos asentamientos. Entonces, ¿qué habremos logrado? No debemos desesperarnos. Pero las elecciones ahora no pueden inspirar grandes esperanzas, incluso si conducen a una gran agitación. Ningún reemplazo prometedor se está precalentando al margen. Se incluirán muchos eslóganes y promesas, los partidos se unirán y se dividirán, los periodistas celebrarán y todo girará en neutro, solo otro esfuerzo inútil. Una elección inútil. (1) La zona C  es la parte de Cisjordania que permanece bajo con trol exclusivo de Israel [N. del T.]   TRADUCCIÓN: Dardo Esterovich Original: https://www.haaretz.com/opinion/.premium-elections-for-no-reason-1.6658943

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El fuego de Gaza es más devastador que el de Hollywood, pero no hay nadie para apagarlo

Fuente: George Galloway | Russia Today Fecha: 15 de NOV 2018 El mundo está obsesionado por los incendios forestales en Hollywood que están quemando las mansiones de las estrellas. Irónicamente, algunas de estas mansiones pertenecen a las mismas personas que contribuyeron a recaudar millones de dólares para el ejército israelí que ahora está quemando las desvencijadas casas de Gaza. Por supuesto, los guerreros de Hollywood tiene seguros y también sus casas, a veces varios seguros. Las personas que habitan en esas casas de Gaza no tiene ningún seguro. Las valientes personas que luchan contra el fuego en California están bien equipadas y cuentan con el apoyo del viento de esperanza de millones de personas que les desean lo mejor. En Gaza no hay personas que luchan contra el fuego. Por desgracia, conozco bien los destruidas casas de Gaza, desde mucho antes de que existiera Hamas. De hecho, asistí a su nacimiento e Israel fue la comadrona. Yo era camarada de Yasser Arafat, entonces presidente de la laica OLP, una organización nacionalista árabe cuyo comité ejecutivo estaba formado por personas nacionalistas árabes y de izquierda alineadas con Moscú, como las pertenecientes al FPLP dirigido por el difunto George Habash. Israel temía a este Zeitgeist* en el mundo árabe así que, como habían hecho antes los británicos al intentar minar al presidente de Egipto, Nasser, se volvió hacia los islamistas. Los Hermanos Musulmanes, un cliente de los británicos en Egipto, tenían hermanos en Gaza, por supuesto. Estos hermanos se convirtieron en Hamas con la total cooperación de Israel. Fui testigo de cómo se desarrollaba abiertamente el islamismo en Gaza, un títere contra Arafat y la OLP. Mientras que las cárceles (y los cementerios) estaban llenas de personas de la OLP, las carreteras estaban hasta los topes de vehículos de la sociedad islámica. Escuelas islámicas, hospitales e instituciones de la sociedad civil de todo tipo asistían a las comunidades, lo que era permitido, fomentado y en ocasiones financiado por Israel. Se trataba del divide y vencerás en perfecta armonía. Por supuesto, aquello ocurría hace casi 40 y de una u otra manera ninguno de los líderes de Hamas de entonces sigue con vida. El Hamas que Israel creía estar desarrollando como cliente hace mucho tiempo que dejó atrás ese papel y ahora es una fuerza de combate formidable a la que se puede masacrar por aire, por supuesto (junto con alguna otra persona que pase por ahí), pero no tanto en tierra, cara a cara. Mientras había un alto el fuego y en El Cairo se estaban llevando a cabo negociaciones de paz entre Israel y Hamas, Netanyahu envió a Gaza un comando secreto de fuerzas especiales para asesinar a un comandante militar de Hamas y en el tiroteo murió un comandante israelí. Y se desencadenó el infierno. Mientras escribo estas líneas se han desatado los perros de la guerra y el caos. Hamas ha lanzado gran cantidad de misiles que cada vez son más precisos. Las aviones israelíes están bombardeando como si no hubiera mañana (con la garantía ilimitada de Donald Trump de enviarles más). Esta semana fue destruido el canal de televisión palestino Al Aqsa en un ataque aéreo del que se jactó en Twitter el gobierno israelí. Como la Televisión Yugoslava en Belgrado, como el canal de Al Jazeera TV en Bagdad, la matanza de las personas que preparan el té, de quienes trabajan en el departamento de maquillaje, de cámaras y, por supuesto, de periodistas no provocó más que un silencio plúmbeo en los medios de comunicación occidentales. El cuarto poder, que con toda razón se escandalizó por el secuestro, tortura, asesinato y desmembramiento del columnista del Washington Post Jamal Khashoggi, no se conmueve por el desmembramiento de periodistas palestinos. Fue impresionante la solidaridad de los medios de comunicación cuando Donald Trump quitó las credenciales de la Casa Blanca al periodista de CNN Jim Acosta, del que ninguno de nosotros había oído hablar antes y que trabajaba para una emisora que no vemos ninguno. La muerte de las maquilladoras de televisión [palestinas] ni siquiera se ha mencionado en las noticias y menos en CNN. Tanto para ellos como para las demás máquinas occidentales de elaborar noticias falsas, el reloj empieza a funcionar cuando Israel dice que lo hace y cuando Israel “responde”. El hecho de que la respuesta sea una respuesta a una provocación no tiene la menor importancia. En todo caso, nadie que trabaje actualmente en los medios occidentales sabe, o le importa, que la causa fundamental de todo esto sea la existencia de un enclave de alambre de espino llamado Gaza. Dos millones de palestinos encerrados en una pequeña franja de tierra (que por algo se llama Franja de Gaza) sin poder entrar o salir y rechazados de forma abrumadora. Un 80 % de estos dos millones de personas son refugiadas ahí, que ven a través del alambre de espino su propias propiedades ahora ocupadas por otros. Cuando se acercan a la valla los francotiradores los matan despiadadamente. Desde marzo decenas de miles de palestinos ha resultado heridos en la valla de Gaza. Han muerto cientos de personas, incluidos niños, mujeres, personal médico y, por supuesto, periodistas. Se han amputado cientos de miembros, muchas personas han quedado ciegas, sin ojos, en Gaza. Estaban desarmadas, en su “propio territorio”, y ni por lo más remoto habían llegado a la valla con la que de forma totalmente unilateral los israelíes han demarcado como su frontera. En los últimos diez años o más los palestinos de Gaza han soportado un frío terrible en invierno y un calor abrasador en verano, con un suministro de electricidad deliberadamente racionado y controlado por Israel. A menudo no hay electricidad en absoluto, en el mejor de los casos cuatro horas al día. Los suministros médicos y la comida se estropean con frecuencia cuando falla la refrigeración. Israel también controla el suministro de agua y la mayor parte de los gazíes nunca tiene acceso a agua potable limpia. Hasta el mar de Gaza está implacablemente controlado y los pescadores

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Sin olas

Fuente: María Laura Carpineta | Revista Zoom Fecha: 08 de NOV 2018 No hubo ni ola azul demócrata ni ola joven ni ningún tipo de ola que arrasara en una sola dirección el mapa político de Estados Unidos. Salvo contadas excepciones, las elecciones de medio mandato son un llamado de atención al gobierno en funciones, que suele perder poder en alguna o las dos cámaras del Congreso, y eso es exactamente lo que sucedió. La mayoría de los votantes dijeron que tomaron su decisión basada en su apoyo o rechazo a la gestión del presidente Donald Trump y eso quedó claro tanto con la ampliación de la mayoría republicana en el Senado como con la victoria de la oposición demócrata en la Cámara de Representantes. Las elecciones de esta semana más que un plebiscito sobre el gobierno eran una prueba para la oposición demócrata, para su crisis interna y para el más amplio (y constantemente promovido como épico) movimiento de resistencia contra Trump. Los resultados demostraron que el apoyo del presidente se mantiene fuerte a nivel federal y todavía ayuda a ganar cargos, como sucedió en el Senado; que muchas de las caras de la victoria opositora en la Cámara de Representantes pertenecen a líderes que cuestionaron al aparato partidario demócrata, y que la heterogénea resistencia a Trump -encabezada por mujeres, miembros de la comunidad LGTBQ, inmigrantes y descendientes de inmigrantes- no inundó las urnas, pero sí conquistó algunas batallas importantes para crear las bases de un posible cambio en el futuro. El gran triunfo de Trump en estos comicios fue, sin dudas, la ampliación de la mayoría oficialista en el Senado. Los republicanos pasaron de tener una ventaja de apenas dos bancas a una de cinco. Los demócratas estaban en desventaja en el Senado, tenían que defender 26 bancas -incluidas dos de independientes que suelen votar con ellos- frente a nueve de los republicanos. El oficialismo no sólo consiguió reelegir a todos sus senadores, sino que además ganó tres nuevos escaños: Missouri, Indiana y Dakota del Norte. Las tres victorias son muy parecidas: senadores que defendían su banca en distritos conservadores, en donde Trump había arrasado en las presidenciales de 2016, perdieron contra candidatos muy cercanos al mandatario y que fueron apoyados abiertamente y en repetidas ocasiones por él. Es muy temprano para saber si, por ejemplo, el voto en contra de los tres senadores demócratas en la reciente confirmación del juez Brett Kavanaugh -un magistrado denunciado por varias mujeres por abuso sexual- a la Corte Suprema fue decisivo en la derrota. De lo que no hay duda es que el apoyo de Trump a sus rivales republicanos sí lo fue. A diferencia del Senado, toda la Cámara de Representantes estadounidense se renovaba en estas elecciones y, por lo tanto, la oposición demócrata tenía un escenario más favorable para recuperar la mayoría que perdió en 2010, en la primera elección de medio mandato del gobierno de Barack Obama. Debía arrebatarle al menos 23 bancas a los republicanos para llegar a la mayoría de 218 y lo consiguió con creces. La veterana líder demócrata en la cámara baja y la dirigente que posiblemente sea la próxima líder de la mayoría, Nancy Pelosi, fue una de las primeras en celebrar la mayor victoria de su partido en estos comicios y prometió que su objetivo no será impulsar un juicio político contra Trump, una preocupación que el mandatario no tardó ni 24 horas en plasmar en su Twitter. Pero el triunfo que Pelosi presentó como homogéneo en realidad esconde muchas de la tensiones que tienen en crisis al Partido Demócrata. Por un lado, es el resultado más importante que ha dejado el movimiento de resistencia que iniciaron las mujeres contra el gobierno de Trump desde el primer día de su mandato y que exige también un cambio a los demócratas. Alrededor de 100 congresistas fueron electas -al escribir este artículo algunas elecciones aún debían definirse-, una cifra inédita que igual está lejos de eliminar la asimetría que todavía existe en ambos partidos. Por otro lado, la bancada demócrata sumó, como nunca antes, representantes de minorías y referentes de las bases que critican a la cúpula del partido y piden más democracia interna, más renovación y un programa político progresista. Aunque ni las mujeres ni las minorías religiosas y étnicas del país tuvieron su tan ansiada ola en estas elecciones, sí ganaron voces claves en la Cámara de Representantes como la neoyorquina Alexandria Ocasio-Cortez, la dirigente negra de Massachusetts Ayanna Pressley, las dos primeras legisladoras musulmanas, Rashida Tlaib de Michigan y Ilhan Omar de Minnesota; y las dos primeras congresistas indígenas, Deborah Haaland de Nuevo México y Sharice Davids de Kansas. Estas mujeres no sólo intentarán marcarle el ritmo al oficialismo republicano desde el centro del poder político del país, sino también a sus propios líderes de bancada. La crisis de liderazgo de la oposición también sufrió un duro golpe en Texas, donde el carismático y joven congresista Beto O’Rourke perdió su apuesta por el Senado frente a un veterano que se alineó con Trump y que hace años es una de las voces latinas conservadoras más influyentes del Congreso, Ted Cruz. Beto, como lo bautizó su campaña, era la esperanza de muchos votantes demócratas para las próximas elecciones presidenciales de 2020: hombre de familia de 44 años, carismático al estilo Kennedy, con un discurso más progresista, pero amigable y sin un pasado contestatario frente al aparato partidario. La expectativa era que, si lograba ganar en el estado conservador de Texas y frente a una figura tan simbólica como Cruz, podría construir un perfil presidenciable en los próximos dos años que incluya a toda la base electoral demócrata. Los resultados del martes ratificaron que la oposición está muy lejos de tener una figura presidenciable con chances reales para disputarle la reelección a Trump. Más aún, las tradicionales encuestas a boca de urna que se realizan durante la jornada electoral revelaron que los niveles de lealtad a Trump se mantienen firmes desde 2016,

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La internacional neofascista

Fuente: Jorge Elbaum | El cohete a la luna Fecha: 04 de NOV 2018 1. Bolsonaro no está solo. Los climas políticos son contagiosos. Existen variadas formas de mímesis en la historia. Enlazar los procesos simultáneos que se dan en los distintos puntos cardinales implica aceptar que estamos viviendo un peligroso cambio de época. Desde la crisis económico-financiera de 2008 se aceleraron los discursos xenófobos, los desplazamientos poblacionales y los mecanismos sutiles o brutales de proteccionismo cultural y étnico: la parafernalia neoliberal de las fronteras abiertas se transformó en una maquinaria dispuesta para el desprecio al otro. Una carga de provincianismo racista acompañada del recrudecimiento de las guerras comerciales más o menos abiertas. El supremacismo blanco de Trump que envía soldados para detener a hondureños desesperados, es el espejo de la Europa islamofóbica (constituidos estos últimos en los perseguidos judíos del presente). Quienes suscribieron la guerra civil en Siria clausuraron después las compuertas para las oleadas de desesperados que escapaban de los bombardeos. En Italia la Liga Norte de Matteo Salvini empieza a discutir su Brexit. En Austria el partido neonazi FPÖ forma parte de la coalición gubernamental con dos ministerios, el de relaciones exteriores y el del interior. En Finlandia y en Suecia tres de cada diez ciudadanos apoyan a partidos que reivindican la discriminación y la superioridad blanca, haciendo caso omiso a las humillaciones que sufren diariamente los migrantes. En Hungría, el premier Viktor Orban convoca a expresar la identidad moral y étnica de los magyares por sobre el resto de los habitantes. Marine Le Pen sigue conservando el favor de un cuarto de los franceses y por primera vez desde la Segunda Guerra un partido nazi entra en el Bundestag de la mano de Alternativa por Alemania, sin que el sistema político germano haya apelado a las cacareadas prohibiciones que existen sobre el discurso hitlerista. En Polonia el partido Ley y Justicia de Jarosław Kaczyński impulsa y aprueba normativas revisionistas, condescendientes con los colaboracionistas nazis, quienes —según las nuevas normas— deben ser considerados como perseguidos por los soviéticos, luego de la Gran Guerra Patria. En Holanda Geert Wilders llama a prohibir las mezquitas y, en Israel, Netanyahu impone una Ley que legitima el apartheid, al tiempo que muchas democracias occidentales lo premian con el traslado de la embajada a Jerusalén, sin considerar la continuidad de la ocupación de Palestina. 2. El casino. Existe una ofensiva reaccionaria motivada por la crisis estructural que se origina en la financierización. Este modelo de acumulación logra extorsionar al mundo productivo mediante la exigencia de rentabilidades solo alcanzables mediante la brutal precarización, la flexibilidad y la caída del poder adquisitivo de los salarios. La trampa radica en que el capital productivo se fuga hacia paraísos fiscales exigiendo que el mundo del trabajo maximice la explotación para poder competir con la rentabilidad ofrecida por su lógica rentística. Su expresión más violenta son los fondos buitre defendidos por equipos de abogados expertos en guerras jurídicas dispuestos a saquear las arcas estatales de los países que se endeudan con apoyo del FMI y las élites locales. Por su parte, los Macri, Temer, Piñera y otros se ven beneficiados con cuantiosas comisiones (provenientes de la emisión de títulos de deuda) y sobre todo con la expectativa de convertirse en futuros CEOs de las empresas transnacionales que adquirirán las destrozadas redes productivas locales, mediante inversiones ínfimas. 3. Camisas pardas. Los movimientos reaccionarios siempre han sido el resultado del intento de democratización de las sociedades y del desafío a los sectores privilegiados. Frente a Espartaco en Roma, a la irrupción de los trabajadores en 1870 o en 1917, y/o a la conformación del peronismo de la década del ’40, los poderes fácticos se aliaron con el objetivo de ahogar cualquier posibilidad de darle cabida o continuidad a la extensión de la equidad y la libertad. Todos los procesos de reacción responden al miedo que sienten los sectores del privilegio a perder el control del tablero: Bolsonaro y el resto de las derechas en el mundo irrumpen como expresión desesperada ante los posibles avances de los sectores democráticos. Quienes los votan han sido cooptados por el terror ante la invasión de los extraños, a quienes se presenta como los responsables de amenazar aquello que se ha conquistado: el ultraliberalismo produce las condiciones de la marginalidad y la violencia y se ofrece para solucionar el problema con mano dura, homofobia, misoginia y etiquetamientos variados. El temor sistémico es inoculado a través de murmuraciones repetidas por los medios hegemónicos que instigan a la aceptación inmediata de respuestas rápidas y crueles. En forma paralela, el delito, el narcotráfico y la imbricación de los organismos de seguridad en los entramados oscuros del poder mafioso, aumentan con los efectos del ultraliberalismo y la falta de proyectos sociales colectivos esperanzadores. 4. Meteorología. Las convocatorias a la violencia de Estado son exitosas cuando existe una ciudadanía carente de conciencia crítica, y al mismo tiempo ajena a los procesos de participación democrática cotidiana. Los climas reaccionarios necesitan fabricar enemigos internos y externos y de ser posible combinarlos. Pueden ser elegidos entre los más débiles y vulnerables con la condición de despertar desconfianzas generalizadas: migrantes, nacionalidades foráneas o portadores de características étnicas o fenotípicas suelen ser las víctimas prioritarias. Estos etiquetamientos son útiles para ocultar el proceso de deterioro que generan las políticas de acrecentamiento de la riqueza. Al instigar al odio hacia un enemigo se busca cambiar el eje del debate real sobre la producción material cultural y simbólica de las crisis que sus políticas producen. 5. Bienes. La inclusión social expresada en el consumo aparece como una paradoja: el neoliberalismo excluye al tiempo que sus opositores, los sectores progresistas, intentan expandir el mercado interno. Cuando esto último sucede, los incluidos se desesperan por conservar lo que han adquirido y se identifican con facilidad con los discursos privatistas y discriminatorios. Desprecian a quienes están subsidiados por el Estado, porque los consideran competidores ilegítimos de su ascenso social. 6. Pánico. Las olas reaccionarias hacen brotar los miedos atávicos

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El Sicario Judicial

Fuente: Atilio Boron | www.atilioboron.com.ar Fecha: 03 de NOV 2018 La intempestiva designación del Juez Sergio Moro como Ministro de Justicia de Brasil quedará registrada en la historia como el caso paradigmático, por su desvergüenza rayana en lo obsceno, de la emergencia de un siniestro actor en la siempre acosada democracia latinoamericana: el “Sicario Judicial”.  A diferencia de sus predecesores que aniquilan a sus víctimas físicamente, el sicario judicial como su colega económico de más antigua data (como lo demuestra el conocido libro de John Perkins, Confesiones de un sicario económico) el judicial los elimina utilizando un arma más silenciosa y casi invisible a los ojos de sus contemporáneos: el “lawfare”. Esto es: la utilización arbitraria y tergiversada del derecho para violar los principios y procedimientos establecidos por el debido proceso con el objeto de inhabilitar –por la cárcel o el exilio- a quien, por algún motivo, se constituye en una figura molesta para las clases dominantes o el imperialismo.  En otras palabras, matarlo políticamente. El sicario judicial personifica el proceso de putrefacción de la justicia de un país, desnudando impúdicamente su carácter de clase y su abyecta sumisión a las órdenes de los poderosos. Por extensión, revela asimismo la degradación de la vida democrática que tolera el accionar de estos delincuentes. Cómo el pistolero, el sicario judicial actúa por encargo. Se trata de un “killer” de nuevo tipo que gracias a su posición en la estructura del poder judicial puede disponer a su antojo de la vida y la hacienda de sus víctimas, para lo cual  viola con total impunidad no sólo la letra sino también el espíritu de las leyes, torciendo premisas jurídicas fundamentales (la presunción de inocencia, por ejemplo) y enviando a la cárcel a aquellos sin necesidad de contar con pruebas fehacientes. Y al igual que sus tenebrosos precursores de pistola y explosivos actúa bajo un manto de protección que le garantiza no sólo que sus delitos permanecerán impunes sino que sus “asesinatos civiles” serán ensalzados como ejemplos luminosos del respeto a la ley y las instituciones de la república. Para perpetrar sus crímenes necesita estar amparado por la complicidad de todo el poder judicial.  Jueces, fiscales y los consejos de la magistratura cierran sus ojos ante sus actos y la prensa hegemónica, imprescindible cómplice del malhechor que con sus fake news y posverdades produce el linchamiento mediático de sus adversarios, facilitando su posterior condena, reclusión y ostracismo político. El renombre de este nuevo tipo de gangster judicial reposa en las espectacularidad de sus intervenciones, casi siempre a partir de datos y pistas procedentes de los organismos de inteligencia  el Departamento de Justicia de Estados Unidos y selectivamente dirigidas en contra de quienes se sospecha sean enemigos del orden social vigente. Sergio Moro, fue un asiduo alumno de los cursos de “buenas prácticas” que hace décadas Washington organiza para educar a jueces y fiscales en la correcta administración de justicia. Una de las cosas que aprendió fue sacar de la carrera electoral a un líder popular y crear las condiciones para posibilitar la demolición de una construcción política moderadamente reformista pero que, aún así, suscitaba el intenso repudio del imperio. Este nuevo y desafortunado actor político que irrumpe en la escena latinoamericana no dispara balas sino sentencias; no mata pero condena, encarcela e instaura un fraude electoral gigantesco porque, como se decía en Brasil, “sin Lula la elección es fraude”. Y así fue. Como todo sicario trabaja por encargo y recibe magníficas recompensas por su deleznable labor. En el caso que nos ocupa, su escandalosa violación del derecho fue retribuida por su mandante con el Ministerio de Justicia, y desde allí seguramente organizará nuevas cacerías para producir la “limpieza” política y social que prometiera el energúmeno que a partir del año próximo será presidente de Brasil. Con su designación los alcances de la conspiración para evitar, a cualquier precio, el retorno de Lula al gobierno queda en evidencia. La irrupción de este nuevo actor  obliga acuñar una nueva –y ominosa- categoría para el análisis político: el sicario judicial, tanto o más dañino que los demás. Claro que sería un grave error pensar que lo de Moro es una manifestación exótica de la política brasileña. El huevo de la serpiente, dentro del cual madura este siniestro personaje, ya se advierte claramente en Argentina, Ecuador, Bolivia y Paraguay.    Nota relacionada: Los límites del poder

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El antisemitismo reflorece en los jardines de los amigos de Netanyahu y el Likud

Fuente: Daniel Kupervaser | daniel.kupervaser.com Fecha: 03 de NOV 2018 El sorpresivo ataque a la sinagoga de Pittsburgh sorprendió y conmovió a todo el mundo judío. Bernardo Kliksberg, reconocido economista y pensador judío, no fue la excepción. Con su experimentada lógica analítica, en menos de media página escrita en New York, condensó toda su visión de una nueva realidad en donde comunidades judías del mundo deben enfrentar un repentino resurgimiento del neo nazismo[1]. El asesino de Pittsburgh es un “racista, xenófobo y antisemita”, pero desgraciadamente también es “la expresión extrema de un resurgir de estas tendencias que pasean por el mundo”, afirma este intelectual judío. ¿Qué son esas tendencias en palabras de Kliksberg? “La relectura del nazismo que suponen, junto a los lenguajes racistas, homofóbicos, de ataque a las minorías de color, antigay, proliferantes, implican nuevas formas de negación del Holocausto, y sus aprendizajes. Estos son los vocablos que invocan las nuevas ultraderechas cuando vocean fuera los judíos, los inmigrantes, y los refugiados, abajo los de color, la mujer es un ser inferior, los gays deben ser aplastados, hay que terminar con las formalidades democráticas”. Kliksberg no se conforma con una descripción general, sino que, en algunos casos dirige explícitamente su índice acusador. Ya no se trata solamente de EE.UU. con el ataque a la sinagoga de Pittsburgh. Se menciona al “dictatorial gobierno de Hungría con su conocido líder Urban y con la participación un partido neonazi que exigió la publicación de todos los nombres de judíos en funciones públicas como en la vieja época”. En Alemania remarca el sorpresivo fortalecimiento del partido Alternativa para Alemania “que proclama la repulsa a los inmigrantes y abandonar definitivamente el recuerdo y la autocrítica de su pasado nazi. El líder del partido Gauland declaró que la era nazi era como la caída de excrementos de un pajarito en más de 1000 años de historia alemana exitosa”. Sin entrar en detalles, Kliksberg menciona realidades similares en otros países. Pese a no ser nombrados explícitamente, no se puede pasar por alto a Polonia y Austria. En Polonia, Mateusz Morawiecki, el primer ministro de un gobierno presionado por sus bases con grupos de fuerte tendencia extremista y neonazi, promulgó una ley especial con el objetivo de desligar toda responsabilidad polaca durante la Shoa. En Austria, los sorpresivos resultados de las elecciones de fines del año pasado llevaron al partido FPO, el Partido de la Libertad, a convertirse en la segunda fuerza política y parte del gobierno. Su líder, Heinz Christian Strache, un político con un frondoso pasado neo nazi, se convirtió repentinamente en Vice Canciller austríaco. Hasta aquí la imagen internacional mayormente descripta por Kliksberg y tan preocupante para las colectividades judías del mundo. El problema del análisis de Kliksberg, como de muchos otros intelectuales judíos, es la carencia de un adecuado equilibrio entre su refinada capacidad de visualizar las responsabilidades ajenas en contraste a la gran cobardía de enfrentar y criticar los significativos aportes del gobierno israelí y miembros del Likud a este alarmante proceso. Justamente en base a la descripción de Kliksberg, todos los países mencionados anteriormente se los puede incluir en la lista de las nuevas amistades con fuertes identificaciones y vinculaciones ideológicas con Netanyahu y/o de altos jerarcas del Likud, el partido de Netanyahu. Varias notas periodísticas e investigaciones detallan este problemático giro de la diplomacia de la derecha israelí[2]. Está claro que con Trump se trata de una relación de gemelos ideológicos. Prácticamente no hay diferencias significativas entre el significado que amplios sectores de la población en cada país le da al lema “América para los americanos” y la “ley de estado-nación judíos”. En Israel hay grupos que lo interpretan como supremacía judía con la correspondiente discriminación, que en repetidas oportunidades toma la forma de actos violentos, en contra de otros grupos étnicos y, en EE.UU., como la supremacía blanca que, como se constató, con un incremento significativo de actos antisemitas y un extremista en Pittsburgh que identificó a los judíos como peligro nacional y decidió actuar. En los últimos años, Netanyahu invirtió muchos esfuerzos en crear relaciones especiales con el grupo Visegrad (Polonia, Eslovaquia, Hungría y Republica Checa) con el objetivo de usarlos como punta de lanza contra la Unión Europea. El carácter dictatorial y la participación de sectores neo nazis en el gobierno húngaro, tal como lo describe Kliksberg, no representó ningún obstáculo para profundizar los cálidos vínculos con Israel. Con respecto a las relaciones con Polonia, el objetivo máximo de Netanyahu le obligó a dar su consentimiento al gobierno polaco para la promulgación de la mencionada ley que adopta la narrativa polaca de la Shoa, pese a acaloradas quejas de distinguidos expertos israelíes. Para el renombrado profesor Bauer, se trató de una traición al judaísmo. Un trato especial merece los casos de Alemania y Austria. Frauke Petry, parte de la cabecera del partido Alternativa para Alemania, visitó Israel en enero de 2017 en un viaje organizado por personas allegadas a la conducción del Likud[3]. Heinz Christian Strache llegó a Israel en el año 2016 y visitó Yad Vashem invitado oficialmente por el partido Likud de Netanyahu[4]. El Congreso Judio Europeo condenó severamente este acto incomprensible de judíos[5]. La realidad muestra claramente una imagen muy similar de país a país. En todos aquellos países en donde los últimos años tanto Netanyahu como otros miembros de su partido Likud han invertido muchos esfuerzos en profundizar las relaciones con agrupaciones políticas de extrema derecha, allí es donde justamente las comunidades de las diásporas judías comenzaron a palpar la presencia o proximidad del peligro de olas antisemitas. En marzo de 2017, 18 meses con anterioridad al ataque a la sinagoga de Pittsburgh, este sitio alertó a los judíos locales de los peligros en los procesos que comenzaron a sucederse en la sociedad estadounidense. Estos fueron los términos: “Todo ataque antisemita es inadmisible y como tal demanda un fuerte repudio. Sin embargo, nadie puede dejar de comprender el profundo sentimiento de aversión que con seguridad colmó a distintos grupos de la sociedad estadounidense,

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La situación es mucho más peligrosa que en la guerra fría

Fuente: Rafael Poch de Feliu | blog Fecha: 01 de NOV 2018 Hace unos diez años asistí a un distendido cónclave de la mafia local en un bar de la populosa ciudad china de Chongqing. Una tertulia de seis o siete personajes de todo el país que manejaban en torno a una taza de te los negocios de aquella prodigiosa urbe, entonces aún en construcción. Me llevó un americano, quizá agente de la CIA, que mostraba gran familiaridad con todos ellos. Hablaban entre ellos con total desenvoltura de la próxima guerra. Enfrentaría, decían, a Estados Unidos y China. Me impresionó el consenso: el asunto de la guerra era inevitable y China saldría vencedora. De esa conclusión participaba hasta un dinámico capo de Taiwan. Hablar de la posibilidad de una guerra, sino de su inevitabilidad, se ha convertido en tópico. Pero no en conversaciones de café, por desgracia, sino entre quienes toman las decisiones al respecto. Lo primero es grave cotejado con lo segundo: a diferencia de los años ochenta, la sociedad civil europea es hoy completamente ajena a ese peligro, pese a que las medidas y los discursos de los poderosos son inequívocos y deberían suscitar la máxima alerta social. Eso es lo que marca, precisamente, el Doomsday clock, el reloj del juicio final nuclear que mantiene desde 1947 el Bulletin of the Atomic Scientists y que este año marca las doce menos dos minutos, un nivel de alarma que no marcaba desde 1953 en lo más crudo de la guerra fría. Un nuevo desastre Todo esto viene a cuento del anuncio de que Estados Unidos se retirará del acuerdo  firmado en 1987 con la URSS en materia de prohibición de los misiles nucleares de alcance intermedio (INF), realizado el 20 de octubre por Donald Trump. La medida es un nuevo desastre que prosigue el desmantelamiento de los grandes acuerdos que ordenaron la tensión nuclear global entre las dos superpotencias e iniciaron luego, con Gorbachov, un importante desarme estratégico desde finales de los años sesenta del siglo XX; el acuerdo de no proliferación nuclear (de ámbito global pero cuyo primer artículo obligaba a los tenedores de la bomba a desarmarse), el acuerdo ABM de 1972 que limitaba los sistemas interceptores de misiles (con el fin de que no dieran lugar a la instalación de más misiles estratégicos -largo alcance- para escapar a su posible interceptación, lo que abría una escalada de proliferación sin horizonte), así como los sucesivos acuerdos de reducción de misiles estratégicos START. Siempre por iniciativa de Estados Unidos, esos acuerdos han sido anulados (ABM, INF), ignorados, o descafeinados. Eso último es lo que ocurrió con los acuerdos START a partir del firmado en Moscú en 2002, cuando se permitió que las armas retiradas no fuesen eliminadas, sino guardadas en el almacén, lo que permitía su reversibilidad. Aquel acuerdo acabó con el desarme real, es decir, vinculante, verificable y en un marco de disminución, para entrar en otra cosa. Desde entonces todo ha ido cuesta abajo en el marco de la quimera de la hegemonía unipolar de Washington. Apenas hay garantías ni canales de comunicación contra lo que se llamaba MAD (destrucción mutua asegurada), pero las potencias nucleares están en contacto militar directo diariamente, con barcos y aviones de Estados Unidos provocando y acechando las fronteras de China y de Rusia, en el mar de China meridional, en el Báltico, en Europa del Este y en el Mar Negro, por no hablar de los contactos en el conflicto de Siria. En las actuales condiciones la posibilidad de incidentes o accidentes entre potencias nucleares es solo una cuestión de tiempo. A los despistados que hablan de “responsabilidades compartidas” y de “expansionismo ruso” hay que enseñarles un mapa: esas fricciones no tienen lugar en el Golfo de México, ni en Canadá. La geografía (y la retirada de acuerdos y la cuantía de los presupuestos militares) delata al principal provocador. Objetivo China La retirada de Estados Unidos del acuerdo INF contribuye a esa insana degradación, incrementa el riesgo de guerra o accidente nuclear en Europa y al mismo tiempo está dirigida contra China. El acuerdo de 1987 impedía a Estados Unidos desplegar armas nucleares tácticas. Ahora, saliendo de el, Washington puede desplegarlas alrededor de China, una potencia no concernida por aquel compromiso, y de Corea del Norte, la obsesión del demente John Bolton, consejero de seguridad nacional de Trump. La visita de Bolton a Moscú para explicarle a Putin la retirada del acuerdo ha supuesto una humillación en toda regla para el Kremlin, cuya obsesión y gesticulación en materia estratégica (recuerden los videos de Putin en su último discurso sobre el estado de la nación, el pasado marzo, jactándose de la nueva generación de misiles hipersónicos “sin análogos en el mundo”) está encaminada a ser tenido en cuenta por Estados Unidos. Eso no es fácil cuando la desproporción de medios es tan enorme: Washington se gasta 700.000 millones de dólares anuales en sus militares, mientras Rusia no llega a los 70.000, y eso sin contar a los aliados europeos de la OTAN que, sumados a EE.UU arrojan 950.000 millones. Bolton les ha dicho a los rusos que la retirada del INF no es contra ellos, sino contra los chinos. Imposible imaginar mayor ofensa a Putin que decirle: “contigo ni siquiera contamos”. Más peligros El Presidente ruso ha advertido, en buena lógica, que sin el INF, “si Estados Unidos despliega nuevos misiles (nucleares) intermedios en Europa, las naciones europeas estarán en riesgo de un contragolpe (ruso)”. Y en Pekín el Presidente Xi Jinping ha recibido el mensaje. Xi comprende perfectamente que las sanciones y barreras comerciales de Trump no son una disputa comercial, sino una ofensiva directa contra el desarrollo y ascenso chino, es decir contra lo más sagrado de la política china. El pivot to Asia (despliegue del grueso de la potencia aeronaval americana alrededor de China), y el cuarteto militarformado en Asia con Japón, Australia e India, forman parte de la misma demencial arquitectura que la retirada del INF. En un discurso pronunciado el jueves ante los mandos de la región militar

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