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Venezuela: no callar, pero para decir la verdad Fuente: Atilio Borón

Fuente: Atilio Boron | Blog de Atilio Boron Fecha: 12 de MAYO 2017 En varios trabajos recientes diversos analistas y observadores de la vida política latinoamericana han reprochado a los intelectuales y militantes de izquierda su silencio ante lo que está ocurriendo en Venezuela. Ese silencio, dicen, sólo refuerza los peores rasgos del gobierno de Nicolás Maduro. Este reclamo lo hizo hace unas pocas semanas un destacado intelectual venezolano, Edgardo Lander, y más recientemente, en una producción especial de Página/12, lo reiteraron dos colegas de Argentina: Roberto Gargarella y Maristella Svampa.[1] Nadie podría estar más de acuerdo que el autor de estas notas sobre la necesidad de hablar acerca de lo que realmente está aconteciendo en Venezuela. Tras las huellas de los fundadores del materialismo histórico Gramsci decía, con toda razón, que “la verdad siempre es revolucionaria”. Y el aforismo del fundador del PCI es más importante hoy que nunca antes, cuando el virus posmoderno ha instituido a la “posverdad” ¡como un criterio de verdad!, abriendo paso a cuantas tergiversaciones y mistificaciones puedan ocurrírsele a quienes precisamente quieren ocultar tras una cortina de sofismas y falsedades lo que está sucediendo en nuestras sociedades —y muy especialmente en Venezuela— y, de ese modo, favorecer a los planes de la contrarrevolución en marcha. Desafortunadamente las buenas intenciones de Gargarella y Svampa de hablar sobre Venezuela y decir lo que allí está sucediendo termina con una frustración. Y esto es así porque en su nota no hablan de lo que en verdad ocurre en ese país sino que reproducen con pequeñas variantes el relato que la oposición ha construido para decir lo que ella necesita que se diga que está ocurriendo en Venezuela. Esa narrativa tramposa, que desfigura a sabiendas la realidad para promover su agenda restauradora, ha contado con la inestimable ayuda de los sempiternos agentes sociales y políticos de la reacción, que jamás se equivocan al elegir amigos y enemigos: los medios hegemónicos a nivel mundial (vulgo: “prensa libre”), perros guardianes del orden capitalista; la internacional de la derecha dirigida, con dinero de Estados Unidos, por José M. Aznar y Álvaro Uribe y toda su parafernalia de políticos y periodistas comprados y tanques de pensamiento alquilados y, por si lo anterior no bastara, apoyada también por el gobierno de Estados Unidos desde el nacimiento mismo de la Revolución Bolivariana. No sorprende por lo tanto constatar que en las tres o cuatro páginas escritas por nuestros autores se acumulen numerosos errores de apreciación así como llamativas ausencias. Comencemos por estas. Ausencias Primera ausencia: el gobierno de Estados Unidos. Un análisis sobre cualquier país de las Américas que no mencione ni una sola vez —no digamos analice, apenas mencione— al gobierno de Estados Unidos y al imperialismo es insanablemente erróneo. De allí jamás podría brotar un análisis correcto de la situación. Es un error tan grave e irreparable —obliterado empero por el prejuicio que informa al paradigma dominante en las ciencias sociales contemporáneas— como el que cometería un astrónomo que al analizar al sistema solar obviara cualquier mención o análisis del papel de Júpiter en la dinámica global del sistema, haciendo caso omiso del hecho que su masa equivale a casi dos veces y medio la suma del total de los demás planetas que componen el sistema. ¿Qué diríamos de nuestro astrónomo? Que pese a sus buenas intenciones no tiene nada serio para decir; es más, no puede tener nada serio para decir, porque su análisis ha soslayado lo principal. No lo único que importa pero sí lo más importante. A estas alturas del siglo veintiuno me dispenso de la necesidad de explicar, por archiconocido, lo que es el imperialismo y como actúa en lo que amablemente sus agentes y voceros califican como “nuestro patio trasero.” El capitalismo contemporáneo lo que ha hecho es exacerbar hasta lo indecible su carácter imperialista y no sólo en Latinoamérica. Recuerden el escarmiento sufrido por el pueblo griego cuando se “equivocó” al rechazar el brutal programa de ajuste que le proponía la Troika en Europa, “error” que fue corregido en una reunión a puertas cerradas en Bruselas; o la gigantesca multa que el banco francés Paribás tuvo que pagar por transgredir una ley del Congreso de EEUU que penalizaba a cualquier institución bancaria del mundo, estadounidense o no, que mediara en las relaciones comerciales entre Irán, Sudán y Cuba con el resto del mundo. Es decir, la ley estadounidense es la ley del mundo. O las casi mil bases militares que Estados Unidos tienen en todo el mundo, caso absolutamente único en la historia. Eso es un imperio, desde Roma hasta hoy. Y el centro hegemónico del imperio es Estados Unidos, “la nación indispensable” para mantener vivo al capitalismo en la faz de la tierra. Por supuesto, sus teóricos y estrategas prefieren obviar el término imperialista por su desagradable olor, pero la realidad del imperialismo es inocultable y por eso se esmeran en referirse a ella con nombres más amables. Los expertos del Pentágono y del Departamento de Estado, la CIA o el Consejo Nacional de Seguridad prefieren hablar de “primacía”, “superioridad” y, los más audaces, de “hegemonía” porque son conscientes que palabras como imperio o imperialismo son indigestas para el delicado estómago de la opinión pública estadounidense. El eufemismo puede jugar con las palabras e intentar enturbiar la visión de la cosa, pero esta sigue allí. No por casualidad uno de los más incisivos estrategos del imperio, Zbigniew Brzezinski, inicia su más reciente libro sobre la situación actual de Estados Unidos en el sistema internacional con una sorprendente sección dedicada a la “declinante longevidad de los imperios”, tácita asunción de que Estados Unidos lo es pues de lo contrario no se entiende la razón por la cual ese autor se enfrasca en una discusión que es marginal al objetivo de su trabajo.[2] De lo anterior se sigue que los imperios —aunque se autodenominen, como en el caso de Estados Unidos, “líder del mundo libre” o “primacía americana”— forjan una relación radicalmente asimétrica con los países

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Resistencia del pueblo venezolano

Fuente: Adolfo Pérez Esquivel* Fecha: 28 de ABRIL 2017 Venezuela es blanco de agresiones del imperio norteamericano que no cede en su embestida con el objetivo de derrocar al gobierno electo democráticamente. Tarea para la cual cuenta con cómplices, internos y externos, entre ellos, el Presidente Macri de Argentina. La oposición venezolana se niega al diálogo con el gobierno. No han respetado las instancias propuestos por la UNASUR y facilitadas por el Papa Francisco, junto con varios ex presidentes a fin de llegar a acuerdos que garanticen la Paz social, y que ayuden a encontrar soluciones a las dificultades que vive el pueblo, que hoy sufre el desabastecimiento económico provocado por las grandes empresas. Los golpistas están montando una fuerte campaña internacional denigrando y acusando al gobierno venezolano de ser una “dictadura”, pero la realidad venezolana no es un hecho aislado en Latinoamérica. Hay crisis impuestas por los EEUU, que no quiere perder su influencia y control continental, y busca impedir la autodeterminación de los pueblos a través de golpes blandos que hagan retroceder en las conquistas sociales, culturales y políticas que tantos esfuerzos costó alcanzar. Ya pasó en Honduras, Haití, en Paraguay y en Brasil, los golpes blandos exitosos. Los medios de comunicación están al servicio de los grandes intereses económicos y políticos, buscan desacreditar al gobierno venezolano propagando noticias falsas para provocar el deterioro general. Pero el pueblo veenzolano debe reclamar a todos sus represnetantes, del oficialismo y la oposición, que haya diálogo entre ellos y organizaciones sociales, iglesias, partidos políticos, sindicatos, movimientos estudiantiles, organizaciones empresariales, con el objetivo de encontrar alternativas superadoras de la violencia que vive el pueblo venezolano. Diálogo para no perder las conquistas sociales alcanzadas por la revolución bolivariana en las últimas décadas. No hay democracia perfecta, pero toda democracia es perfectible, es el gran desafío en nuestro continente. Si los pueblos participan y son protagonistas de sus propias vidas y constructores de su propia historia, va a encontrar su propio camino sin someterse al coloniaje de la gran potencia. * Premio Nobel de la Paz

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B’Tselem no obedece a Netanyahu. Ni tampoco el mundo

Fuente: Hagai El-Ad* | SinPermiso.info Fecha: 27 de ABRIL 2017 El pasado 25 de abril, el primer ministro Netanyahu situó al ministro socialdemócrata alemán de asuntos exteriores, Sigmar Gabriel, ante un ultimátum durante su visita a Israel: o se reunía con B’Tselem o con Netanyahu, pero que con ambos era imposible. Gabriel se reunió con B’Tselem, convirtiendo a la pequeña ONG israelí en una alternativa de igual a igual con Netanyahu o, si se quiere, optando entre la ocupación o un acuerdo de paz que respete las fronteras de 1967. El director ejecutivo de B’Tselem explica de que se trata. SP Todo un ejército de políticos y jueces, de agentes de relaciones públicas y diplomáticos, de agentes penitenciarios y del servicio de seguridad Shin Bet, de policías y soldados, de burócratas y funcionarios para mantener la ocupación. Y a pesar de todo, Netanyahu tiene miedo. El primer ministro Benjamin Netanyahu no pudo impedir que el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania escuchará de B’Tselem algunos hechos sobre la ocupación esta semana. Este fracaso se suma al anterior de Netanyahu con el primer ministro de Bélgica, que también quiso ser informado de estos hechos hace unas semanas, ni tampoco pudo impedir su denuncia ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas hace unos meses. El mundo ha escuchado, oye y seguirá oyendo hablar de la ocupación, y sólo hay una cosa que el gobierno israelí puede hacer al respecto: poner fin a la ocupación. Los hechos son conocidos desde hace mucho tiempo. Menos de dos meses antes del 50 aniversario de la ocupación, todo el mundo sabe que Israel controla todo el territorio y a toda la población entre el mar Mediterráneo y el río Jordán. Saben que este control violento de millones de personas en Cisjordania (incluida Jerusalén oriental) y en la Franja de Gaza se concreta en una cruel rutina diaria de despojo, destrucción, matanza y subyugación de los palestinos, cada minuto de cada día durante medio siglo, a capricho de sus amos israelíes. Durante la mayor parte de su historia, y cada día que amanece, el estado ha optado por seguir controlando a los palestinos. Todas las instituciones administrativas, legales, de planificación y militares israelíes son complaces de ello. Pero no hay encubrimiento ético o legal que pueda ocultar las profundas implicaciones de esta violencia diaria. La gente decente hará todo lo que esté en su poder para acabar con esta injusticia. Si los hechos son conocidos, ¿de qué tiene miedo Netanyahu? El primer ministro y sus colegas de la coalición, junto con la mayoría de los partidos de la «oposición», no tienen ninguna intención de terminar con la ocupación. Se han acostumbrado a la situación imperante en el último medio siglo, en la que Israel gradualmente avanza sus intereses a espaldas de los palestinos sin pagar un precio internacional por ello. Es un «Israbluff» de proporciones históricas; Israel no cumple con los requisitos más elementales de una democracia, pero se beneficia de ser miembro del club de las naciones democráticas. Esto nos permite seguir gobernando sobre otro pueblo, desafiando los principios morales fundamentales y el derecho internacional. Como israelíes, no podemos resignarnos a la continuación de esta ocupación que dura ya 50 años y a las violaciones de los derechos humanos que implica. Pero mientras el mundo permanezca indiferente ante la situación y se abstenga de actuar, el Israbluff seguirá prosperando. Por esa razón, la comunidad internacional debe ser firme a la hora de explicar a Israel que sus acciones más allá de la línea verde cruzan líneas rojas. A lo que tienen miedo Netanyahu y todos los que apoyan el status quo es que esta linea de conducta internacional se concretice. Y ello debe alentar, y mucho, a los israelíes que se oponen a la ocupación. Los funcionarios internacionales que están ponderando sus políticas deben prestar mucha atención a estos hechos. Después de todo, B’Tselem es una organización pequeña, cuyo presupuesto anual apenas representa una décima parte de lo que se gasta en la seguridad de los colonos que viven en el corazón de los barrios palestinos de Jerusalén Este. El Estado, por otro lado, ha gastado durante 50 años miles de millones para preservar y mantener la atrocidad moral de la ocupación. La ocupación necesita un ejército entero de políticos y jueces, agentes de relaciones públicas y diplomáticos, agentes penitenciarios y del servicio de seguridad Shin Bet, de policías y soldados, de burócratas y funcionarios. Y a pesar de todo, Netanyahu tiene miedo. Fomentar esa ansiedad de los partidarios del status quo debe ser parte de nuestro plan de trabajo. El camino no violento para acabar con la ocupación depende de que se pueda persuadir al mundo, y especialmente a los amigos de Israel, que deben dejar claro a Israel que lo que fue no será y que la continuación de la ocupación provocará medidas internacionales. No obedecemos a Netanyahu. Tampoco el mundo. Sobre todo, no se puede ordenar que los hechos desaparezcan, ni tampoco se puede decretar que el mal se disfrace de justicia. Hoy, pocas semanas antes del 50 aniversario de la ocupación, existe la esperanza de que, manteniendo resueltamente la lucha aquí, en Israel, y en cualquier escenario internacional importante, se pueda acabar con la ocupación. * Director Ejecutivo de B’Tselem (Centro de Información Israelí para los derechos humanos en los Territorios Ocupados)

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Unidos contra los musulmanes

Fuente: Meron Rapoport* | Rebelión Fecha: 18 de ABRIL 2017 El ataque del 7 de abril en Estocolmo, en el que murieron cuatro personas y que la policía sueca describió como un acto de terrorismo perpetrado por un simpatizante del grupo del Estado Islámico (EI), no contó con mucha cobertura en la prensa israelí porque Suecia no es un lugar que los israelíes visiten a menudo. O tal vez porque la prensa israelí se ha acostumbrado a este tipo de ataques, pero los comentarios que aparecen en las páginas de noticias más importantes apenas mostraban compasión por las víctimas. “Si Suecia no se dedicara tanto a la ocupación, estos ataques desaparecerían”, fue la reacción típica, en mofa de la supuestamente falsa conexión –a los ojos de la mayoría de los israelíes- entre la ocupación de Israel y los ataques en su contra. A medida que agresiones como la de Estocolmo se hacen más frecuentes –desde Charlie Hebdo a Bataclan, Niza, Berlín y Londres-, la mayoría de los israelíes están cada vez más convencidos de que Europa está aprendiendo ya y de forma dura lo que nosotros, los israelíes, llevamos supuestamente sabiendo hace muchos años: que la guerra contra el Islam y el islamismo es inevitable y que Israel es el puesto de avanzada en el choque eterno entre civilizaciones. Un buen ejemplo de este tipo de enfoques lo tenemos en las manifestaciones del popular comentarista de televisión Zvi Yehezkely, experto en “cuestiones árabes” del Canal 10 de Israel. En su serie en cuatro capítulos, “Alá Islam”, Yehezkely retrataba una Europa bajo la amenaza de una minoría musulmana siempre creciente y deliberadamente segregada, empeñada en cambiar su carácter liberal y cristiano y crear un Estado de la Sharia. Los sangrientos ataques de París y otros lugares, que se produjeron sólo después, se consideraron como una confirmación de la predicción de Yehezkely, convirtiéndole en un profeta local. “El peligro musulmán” Esta actitud se deriva, desde luego, del creciente discurso antiárabe y antimusulmán en Israel de los últimos años. Pero hay también otro aspecto: si Europa viera la importancia del “peligro musulmán”, prosigue esta línea de pensamiento, entonces también comprendería —y agradecería— el fundamental papel de Israel en la guerra contra el “Islam radical”. Gracias a este enemigo común, Israel podría verse aliviado de su aislamiento. Esto puede explicar por qué la prensa israelí sigue muy de cerca cada incidente que pueda corroborar ese “peligro musulmán”. En consecuencia, también sigue cada logro de los dirigentes y partidos de extrema derecha que basan su retórica en la propaganda antiinmigratoria y antiislámica en Europa y otros lugares. El brexit fue favorablemente valorado en Israel a causa de su mensaje antiinmigración. La victoria de Donald Trump, con su prometida prohibición de la inmigración musulmana y su énfasis en el “terror islámico” fue aclamada en términos casi mesiánicos. También se dio especial cobertura a las recientes elecciones holandesas, en las que se había predicho que Geert Wielders y su Partido de la Libertad serían los ganadores, tras prometer el cierre de las mezquitas y prohibir la enseñanza del Corán. Su fracaso constituyó una decepción para muchos en Israel. Especial atención a Francia En ese marco, Francia ocupa un lugar especial en la política y la opinión pública israelíes. Su comunidad judía, con alrededor de 500.000 miembros, es la mayor de Europa Occidental y muchos de ellos, especialmente los que emigraron a Francia desde el Norte de África, tienen lazos familiares en Israel y visitan regularmente el país. Es más ortodoxa que otras comunidades judías en Europa Occidental y tiende a adoptar posiciones más derechistas, al menos en lo que se refiere al conflicto palestino-israelí. Francia tiene también la mayor comunidad musulmana de Europa Occidental y las relaciones entre estas dos comunidades se han ido deteriorando en los últimos años. En la prensa israelí se ha informado ampliamente sobre incidentes de acoso a judíos por parte de jóvenes musulmanes y, en un reciente artículo publicado en una página web israelí, se retrataba a Francia como el “país más antisemita de Europa”. Los sangrientos ataques contra un centro judío en Toulouse en 2012 y contra el supermercado judío en París en 2015, fueron considerados como una amenaza inmediata a la presencia judía en Francia. Las informaciones acerca de una marea de judíos franceses que quieren inmigrar a Israel han llenado los medios israelíes. La inmigración a Israel alcanzó la cifra de alrededor de 8.000 judíos en 2015. En 2016, cayó a 5.000 y, en los primeros meses de 2017 ha bajado aún más (tercer lugar tras Rusia y Ucrania), pero la impresión general en Israel es que Francia es un lugar peligroso para los judíos, cuando no un verdadero campo de batalla entre judíos y musulmanes. La batalla compartida Contra este telón de fondo, en Israel se percibe la batalla política contra la supuesta “islamización” de Francia casi como una batalla compartida. Las restricciones a vestir el hiyab en los espacios públicos, por ejemplo, fue recibida calurosamente en Israel. Aunque Israel está muy lejos de ser un Estado laico con valores laicos, la mayoría de los israelíes apoyan vehementemente que se salvaguarden esos mismos valores en Francia o en Europa en general, porque consideran que son herramientas para detener la “invasión musulmana” de Europa, un término ampliamente utilizado por la prensa de Israel. A este respecto, las ideas promovidas por Marine Le Pen y su Frente Nacional reciben una favorable acogida. Esto también se aplica a su dura oposición a la Unión Europea. La UE es considerada negativamente en Israel no sólo debido a sus posiciones en el conflicto palestino-israelí, si se comparan con las posiciones proisraelíes de Washington, sino también porque la misma idea de una unión trasnacional, donde se supone que el nacionalismo va a jugar un papel menor, va en contra de la actitud sumamente nacionalista en Israel. Un colapso de la UE haría felices a muchos israelíes. Pero a pesar de todos estos rasgos comunes, Israel se ha refrenado hasta ahora de alinearse con

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¿Cui bono?

Fuente: Uri Avneri | Gush Shalom Fecha: 15 de ABRIL 2017 Cui Bono —«quién se beneficia»— es la primera pregunta que un detective experimentado hace al investigar un crimen. Desde que fui detective durante un corto tiempo en mi juventud, sé el significado. A menudo, la primera y obvia sospecha es falsa. Te preguntas «¿cui bono?», y otro sospechoso, en quien no pensaste, aparece. Desde hace dos semanas la pregunta me da vueltas por la cabeza. No me abandona. En Siria, se ha cometido un terrible crimen de guerra. La población civil en un pueblo rebelde llamado Idlib fue golpeado con gas venenoso. Decenas de civiles, entre ellos niños, tuvieron una muerte miserable. ¿Quién podría hacer semejante cosa? La respuesta era obvia: Bashar al-Assad, ese terrible dictador. ¿Quién sino él? Y así, en minutos (literalmente) el New York Times y un buen número de excelentes periódicos de todo Occidente proclamaron sin titubear: ¡Assad lo hizo! No se necesitan pruebas. Ninguna investigación. Es evidente. Assad, desde ya. En cuestión de minutos, todo el mundo lo supo. Una tormenta de indignación atravesó el mundo occidental. ¡Debe ser castigado! El pobre Donald Trump, que ni idea tiene, sucumbió a las presiones y ordenó de inmediato un ataque de misiles sin sentido a un aeródromo sirio, después de haber predicado durante años que los Estados Unidos no debían bajo ninguna circunstancia involucrarse en Siria. De repente, se desdijo. Sólo para darle una lección a ese bastardo. Y para mostrarle al mundo lo que él-él-él hombre, él, Trump realmente es. La operación fue un éxito inmenso. Durante la noche, el Trump despreciado se convirtió en un héroe nacional. Incluso los liberales lo reverenciaron. Pero después de todo, la pregunta siguió sacudiendo mi cabeza. ¿Por qué lo hizo Assad? ¿Qué tenía para ganar? La respuesta es simple: nada. Absolutamente nada. (En árabe «Assad» significa «león», y a pesar de lo que los expertos y estados de occidente creen, el énfasis está en la primera sílaba Con la ayuda de Rusia, Irán y Hezbolá, Assad está ganando, lentamente, la guerra civil que viene golpeando a Siria desde hace años. Domina casi todas las ciudades importantes que constituyen el corazón de Siria. Tiene suficientes armas para matar a tantos enemigos civiles como su corazón desee. Entonces, ¿Por Dios, por qué habría de usar gas para matar algunas decenas más de enemigos? ¿Por qué despertar la ira de todo el mundo, invitando a una intervención norteamericana? No hay manera de llegar a otra conclusión: Assad no obtuvo ningún beneficio del detestable operativo. En la lista de «beneficiarios», está en el último puesto. Assad es un dictador cínico, incluso cruel, pero está muy lejos de ser un tonto. Fue adiestrado por su padre Hafez al-Assad quien fuera su antecesor y también dictador durante mucho más tiempo que el mismo Bashar. Aún si pensásemos que fuera tonto, tiene como asesores a algunas de las personas más hábiles del planeta: el ruso Vladimir Putin, Hassan Rouhani de Irán y Hassan Nasrallah de Hezbolá. Entonces ¿quién tenía algo para ganar? Bueno, por lo menos una media docena de sectas y milicias sirias que luchan contra Assad y se enfrentan en la loca guerra civil. También sus aliados árabes suníes, los saudíes y otros jeques del Golfo. E Israel, sin dudas. Todos ellos tienen interés en incitar al mundo civilizado contra al dictador sirio. Simple lógica. Una acción militar debe tener un objetivo político. Como lo aseguró el famoso Carl von Clausewitz hace 200 años: la guerra es la continuación de la política por otros medios. Los dos principales contendientes en la guerra civil siria son el régimen de Assad y Daesh (ISIS o Estado islámico). Y entonces ¿cuál es el objetivo de los EE.UU.? Suena como una broma: Estados Unidos quiere destruir ambos lados. Otra broma: primero quiere destruir a Daesh, por lo tanto bombardea a Assad. La destrucción de Daesh es sumamente deseable. Existen en el mundo pocos grupos tan detestables. Pero Daesh es una idea, más que una simple organización. La destrucción del Estado Islámico dispersaría a miles de devotos asesinos por todo el mundo. (Curiosamente, los asesinos originales, hace unos 900 años, eran fanáticos musulmanes muy similares a los de Daesh ahora.) Los socios de Estados Unidos en Siria hoy inspiran lástima y están casi vencidos. No tienen la más mínima posibilidad de éxito. Hacer daño a Assad ahora significa prolongar una guerra civil que ahora tiene menos sentido que antes. Para mí, como periodista profesional de larga experiencia, el aspecto más deprimente de todo este asunto es la influencia de los medios de comunicación estadounidenses y occidentales en general. Leo regularmente el New York Times y lo admiro. Sin embargo, destrozó todos sus estándares profesionales publicando una verdad revelada, sin verificación alguna. Después de todo, tal vez Assad sea culpable. Pero, ¿y la evidencia? ¿Quién investigó y cuáles fueron los resultados? Peor aún, la «noticia» inmediatamente se convirtió en una verdad mundial. Millones la repiten sin reflexionar, como que el sol sale por el este y se pone por el oeste. Es muy deprimente que nadie pregunte, que nadie pida una prueba. Pero volvamos al dictador. ¿Por qué Siria necesita un dictador? ¿Por qué no es una bella democracia al estilo estadounidense? ¿Por qué no acepta con gratitud el «cambio de régimen» diseñado por Estados Unidos? La dictadura siria no es un fenómeno accidental. Tiene raíces muy concretas. Siria fue creada por Francia después de la Primera Guerra Mundial. Más tarde una parte de se separó y se convirtió en el Líbano. Ambas son creaciones artificiales. Dudo que aún existan auténticos «sirios» y verdaderos «libaneses». El Líbano es un país montañoso, ideal para pequeñas sectas que necesitan defenderse. A través de los siglos, muchas pequeñas sectas encontraron refugio allí. Como resultado, el Líbano está lleno de sectas que desconfían entre sí: musulmanes sunitas, musulmanes chiítas, cristianos maronitas, muchas otras sectas cristianas, drusos y kurdos. Siria es casi lo mismo, con la mayoría de las mismas sectas, sumado a

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¿De verdad quiere usted salvar vidas humanas?

Fuente: Por Jorge Majfud* | Página 12 Fecha: 14 de ABRIL 2017 Señor, presidente, ¿por qué comenzó usted tan temprano? ¿Cuál es la urgencia? Sí, ya sabemos, la edad y todo eso, pero ¿no era que iba a hacer las cosas diferente? No, no me refiero solo a Siria. El mes pasado su ejército bombardeó Mosul y murieron casi doscientas personas. El mundo apenas se conmovió, pero muchos niños murieron en ese ataque. Sí, ya sé que ustedes no tenían intención de matar ningún niño inocente. Tal vez su colega, ese otro enamorado del poder que preside Siria tampoco quería matar niños. Será malo pero no tan estúpido. Su objetivo era el mismo que el de ustedes: los terroristas del Estado Islámico. Pero a ellos (si fueron ellos, claro) no les importó que entre las cincuenta o sesenta víctimas hubiesen niños, como no les importó a ustedes en Mosul. ¿Sabía que los pobres también tienen niños? Hasta en la base militar que acaba usted de bombardear en Siria murieron niños. Cierto, no tantos, y probablemente eran hijos de militares. Pero niños al fin, ¿no? Su portavoz ha dicho que ni Hitler usó armas químicas como el dictador de Siria. Eran las preferidas de Churchill, ¿recuerda? No, no lo sabe. Supongo que al menos sabrá que ustedes las usaron sistemáticamente en Vietnam, por mencionar un solo caso. ¿No? El famoso Agente Naranja no se llamó así por el color de su pelo. No murieron cincuenta ni cien personas. Probablemente murieron un millón de personas y otro millón nació y sigue naciendo con malformaciones. Bueno, supongamos que los malditos profesores exageran las cifras. Digamos que solo murieron mil o dos mil, para no ofender a nadie. ¿Pero usted? ¿No era que iba a hacer las cosas diferentes? No, yo no. No soy tan ingenuo. Yo no le creo a ningún político, ni al más malo. Es un defecto que me quedó de la dictadura militar en la que crecí. Lo sé, lo sé. Todos dicen lo mismo antes de ganar las elecciones. Pero uno tampoco puede dejar de anotarlo. Faltaba más, que además de acusarnos de radicales peligrosos por usar palabras y no armas ni dinero, además nos dedicáramos al silencio cómplice. No hace mucho, usted dijo que la guerra en Irak había sido producto de mentiras. Cuando nosotros lo dijimos antes de que se lanzara esa aventurita, resulta que éramos infantiles, poetas desvinculados de la realidad. Claro, porque un billonario como usted sí sabe lo qué es la realidad… Luego, como siempre, la verdad se supo cuando ya no importaba. Ahora que es prácticamente imposible ocultar la verdad, la solución es que no importe en ningún momento. Vayamos a lo que importa. ¿Es usted realmente honesto sobre sus intenciones de salvar vidas alrededor del mundo, vidas de inocentes como conmovedoramente dijo antes de bombardear Siria? ¿De verdad? Por favor, dígamelo con la mano en el pecho. ¿Sí? Bueno, ¿entonces, por qué no bombardea el mundo con alimentos, con medicinas, con libros, en lugar de arrojar doscientos millones de dólares diarios solo en bombas, como se ha venido haciendo desde hace ya muchos años? De esa forma ahorrará usted millones. Millones de vidas y millones de dólares. Claro, la seguridad nacional y todo eso. Siempre habrá gente que insista en lo mismo. No le conviene a la seguridad nacional alimentar a los enemigos. Los que gritan este tipo de obviedades son los mismos que han creado gran parte del problema, sino todo el problema. Pero considere por un segundo que los enemigos se crean por millones cada vez que una bomba que cuesta un millón de dólares cae sobre un grupo de casas que no llegan siquiera a la cuarta parte de ese valor, cargada de buenas intenciones pero matando inocentes como resultado tradicional e inevitable. ¿Qué libertades perdieron ustedes cuando fueron derrotados en Vietnam, aparte de millones de dólares y millones de vidas humanas? ¿O el mundo está mejor hoy que antes de la invasión a Irak? ¿Estamos mejor luego de trillones de dólares invertidos en guerras que han dejado millones de muertos? ¿Está usted mejor? ¿Se siente usted hoy más seguro que antes? Qué pregunta tonta, ¿no? Tal vez usted sí, pero no el resto. Entonces ¿es por eso que usted también insiste con un método tan absurdo? Claro, hay que vender, la economía debe ser reactivada, debe crecer sin pausa o todo se va al diablo. ¿Pero qué es lo que se iría al diablo? ¿Los buenos negocios? Sí, obvio, la muerte es un gran negocio desde hace siglos. Pero es probable que la vida sea un mejor negocio, no a corto plazo, sino a largo plazo. Imagine todos esos miserables sobreviviendo en esos países tan horribles que ustedes suelen bombardear de vez en cuando, en lugar de hambrientos y moribundos tendrían algo de dinero para comprar sus cachivaches. Es más, muchos de ellos ni vendrían a joder a estos países tan pulcros y bien organizados y muchos menos tendrían el concepto que tienen de ustedes, los salvaguardas de la libertad y la civilización. ¿No sabe usted que en toda sociedad, en toda la historia, la tercera ley de Newton se aplica mejor que a los cuerpos inertes? ¿Cómo? ¿Que le gustaron las dos últimas palabras? ¿Pero, en serio, se acuerda de la tercera ley de Newton? Toda acción produce una reacción. Usted no puede jugar al ta-te-ti sin siquiera considerar que el otro también juega. Usted no puede orinar sobre México y pensar que los mexicanos lo van a recibir como agua bendita. Lo mismo cuando cree que ganar significa aplastar o marginar a otros seres humanos. Eso que usted confunde con la competencia, como buen zar de los negocios. ¿Cuál es la próxima aventura, Sr. Presidente? ¿Asia? ¿África? ¿América latina? ¿Los hielos antes eternos del Ártico y del Antártico? Porque de eso estamos seguros, Sr. Presidente. Habrá muchas otras nuevas aventuras y muchos más muertos. No, no, sus hijos no. Bueno, no creo. Los hijos de

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Mentiras y Misiles

Fuente: Randy Alonso Falcón | Cuba Debate Fecha: 07 de ABRIL 2017 La guerra es el estado natural de los imperios. Los motivos poco importan para desatar los conflictos; si no existen se provocan; y si no, se inventan. El fin supremo es demostrar el poder que se posee, amedrentar a los otros, mostrarse incontestable. Poco tiempo le ha tomado a Donald Trump para bajar el pulgar y decretar bombardeos. Lo hizo en Yemen, apenas a unos días de instalado en la Casa Blanca. Después mandó aviones a bombardear en Iraq. Ahora repite la dosis, con andanada de millonarios misiles, en Siria. Acosado por los grupos mediáticos, derrotado en su primer intento de derogar el Obamacare, con una sostenida baja en la popularidad y rodeado de generales halcones y representantes del complejo militar industrial, Trump ha decidido lanzar su primera operación militar de envergadura en el exterior, para mostrar músculos y desviar ataques contra su gestión. Para Rusia, lo de desviar miradas también incluye el propósito de Estados Unidos de ocultar las matanzas de civiles en Iraq, como resultado de los bombardeos de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, tras la renovada presencia militar del Pentágono en ese país. La supuesta causa que motivó el instinto imperial de universal juez y verdugo fue un alegado uso de armas químicas por el gobierno sirio. Una razón que mucho recuerda aquel fantasma levantado en Iraq, en el año 2003, de que Saddam Hussein tenía poderosas armas químicas que usaría en cualquier momento; y que, por tanto, había que invadir aquel riquísimo enclave petrolero. Como recordaba hoy, en una intervención radial, el expresidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva: “Invadieron Iraq, mataron a Hussein y hasta hoy no encontraron allí armas químicas” Nada se ha investigado seriamente sobre la tragedia provocada por armas químicas en el poblado sirio de Jan Shijún. Pero eso no hace falta para la Casa Blanca. Bastó que fuentes interesadas echaran a rodar la noticia del hecho y lo catalogaran como un ataque con armas químicas del Ejército de Siria; que imágenes fuertes de niños muertos se pusieran a circular en las redes y los medios, que voceros aquí y allá salieron a mostrar rígidas caras de condena, para que el Presidente Trump hablara de masacre inaceptable y exigiera una respuesta punitiva contra el gobierno de Damasco. El corresponsal en Siria de la agencia Prensa Latina develó en un enjundioso despacho las verdades y mentiras alrededor del suceso con las armas químicas, y el papel mercenario de los llamados Cascos Blancos. Otros analistas cuestionan la validez de las acusaciones contra el gobierno sirio. Unos plantean sus dudas de que Damasco conserve capacidad de uso de armas químicas tras el exhaustivo monitoreo a que ha sido sometido en este campo. Otros aducen el irrentable costo-beneficio que una acción de estas le traería al gobierno de Bachar Al Assad. Para Waddah Abded Rabbo, director del diario Al Watan, el gobierno “no tenía ningún interés en provocar un ataque químico, sobre todo después de que Asad hubiera obtenido lo que esperaba desde hacía seis años: el reconocimiento y la legitimidad por parte de Estados unidos” (expresado por el Secretario de Estado Tillerson en Turquía a fines de marzo). “Por qué habría arruinado esta oportunidad lanzando un ataque químico en una localidad que no tiene ninguna importancia estratégia o militar?”, se pregunta el periodista árabe. La magnitud de lo acontecido está aún por calcular, pero nada bueno aporta a la estabilidad y la paz en el mundo. Estados Unidos apuesta nuevamente a la guerra directa para involucrarse en el conflicto sirio. Donald Trump enseña sus credenciales de nuevo jefe imperial. Rusia recibe un varapalo a su presencia estabilizadora en el país árabe. El poder militar estadounidense reasume su incontenible papel dirimidor de conflictos internacionales por sobre la diplomacia del imperio. Con el ataque a Siria, Trump le ha dado un portazo a su promesa electoral de buscar alianzas para enfrentar a los terroristas de ISIS, como enemigos principales de Estados Unidos, y le ha insuflado ánimos a las fuerzas terroristas que operan en Siria, las cuales han sufrido contundentes derrotas en las últimas semanas. También ha dejado explícita su apuesta por el unilateralismo en la política exterior y su desprecio por la concertación y las soluciones negociadas. Así lo plantearon hoy algunas voces en la reunión del Consejo de Seguridad. La era Trump apenas está comenzando. Veremos qué nos depara. Links relacionados

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Una nueva generación de judíos americanos contra Trump y Netanyahu

Fuente: Yorgos Mitralias | Viento Sur Fecha: 07 de ABRIL 2017 El vídeo que sigue es llamativo y produce olas al otro lado del Atlántico y en todo el mundo: más de 1000 jóvenes manifestantes rodean y algunos de ellos invaden el edificio del AIPAC, el poderoso “Comité americano-israelí de Asuntos Públicos”, para denunciar su papel en el apoyo incondicional de los Estados Unidos a Israel y a la colonización israelita de los territorios palestinos ocupados. Y todo ello en la apertura del congreso anual del AIPAC, al que asiste la flor y nata del establishment político y económico americano, empezando por el presidente y el vicepresidente del país, el presidente del Senado Paul Ryan y el jefe de filas de los diputados Demócratas… sin olvidar el inevitable primer ministro M. Netanyahu. Esta manifestación/invasión sin precedentes del edificio del AIPAC sería ampliamente suficiente para constituir un acontecimiento americano e internacional de primer orden. Sin embargo, lo que hace sensación e historia es el origen de los manifestantes: todos y todas son jóvenes judíos y judías del movimiento If Not Now (Si no, ahora) y su consigna principal es muy elocuente: “¡Los judíos no serán libres mientras que los palestinos no lo sean también. Abajo el AIPAC, abajo la ocupación (de los territorios ocupados)”!/1. En realidad, la manifestación histórica del 25 de marzo no ha sido más que la conclusión de profundos cambios que han tenido lugar en el interior de la comunidad judía americana y que se han hecho visibles con ocasión y durante la campaña del senador socialista radical —y judío también— Bernie Sanders. En efecto, en muy primera línea de la masa (¡más de 500.000!) de los jóvenes americanos que han sido inspirados por la radicalidad del mensaje de Sanders y que han hecho todo para apoyar su campaña, se ha encontrado la jóven generación de jovenes judíos radicalizados que combina la oposición al establishment político y económico americano con la solidaridad con la lucha del pueblo palestino. Es pues la existencia de esa vanguardia radical de masas de los jóvenes judíos americanos lo que ha permitido, algunos meses más tarde, asistir a las innumerables maravillosas manifestaciones de solidaridad activa entre judíos y musulmanes americanos después de la puesta en aplicacion de las medidas islamófobas del presidente Trump. Es así como, después de haber visto a millares de jóvenes (sobre todo) judíos manifestarse en los aeropuertos del país contra la prohibición impuesta a los musulmanes de inmigrar a los Estados Unidos, justo después de que se haya asistido a la multiplicación de los actos de fraternización activa y de apoyo mutuo entre judíos y musulmanes con ocasión de los –igualmente incontables- actos de profanación de sus cementerios, han tenido lugar incendios criminales de sus sinagogas y mezquitas así como una ola de actos antisemitas e islamófobos que barre los Estados Unidos de Trump y de Bannon. ¿Ardía una mezquita? La sinagoga de al lado daba hospitalidad al imán y sus fieles, pero no se ha visto nunca hacer lo mismo a una iglesia cristiana. ¿Era profanado un cementerio judío? ¡Los musulmanes de los alrededores organizaban enseguida una colecta y reparaban los desperfectos con sus propias manos! Y también, ¡los rabinos progresistas se manifestaban a favor de sus hermanos musulmanes y eran conducidos esposados a las comisarías, mientras que los hombres de fe musulmanes se ponían a la cabeza de las manifestaciones contra el racismo y el antisemitismo renacientes! Y todo esto y muchos otros pasos ¡no una o dos sino decenas de veces y todos los días en los últimos 4 o 5 meses!… Sin embargo, lo que ha provocado a la comunidad de judíos americanos un verdadero electrochoque, constituyendo el punto de partida de ulteriores desarrollos (¿históricos?), es la indiferencia escandalosa del primer ministro Bibi Netanyahu frente a la ola de antisemitismo que ha seguido a la elección de Trump a la presidencia de los Estados Unidos. Como por otra parte repiten los manifestantes/invasores del AIPAC, el gobierno israelí y, más generalmente, el establishment israelita y el judío internacional se muestran completamente indiferentes frente al renacimiento del antisemitismo más peligroso (¡sin incluso una protesta formal!) contentándose con un apoyo incondicional a Israel y sus políticas por parte de Trump y sus amigos. En otros términos, es como si Netanyahu y su gobierno dijeran a los actuales inquilinos de la Casa Blanca, declarados racistas y antisemitas: ¡“tenéis carta blanca para hacer lo que queráis a los judíos de Estados Unidos y del mundo entero a condición de apoyar a Israel y sus políticas racistas”! Y, por paradójico que pueda parecer, es exactamente eso lo que se está viendo cuando la peste fascista, que solo jura por Trump y por Bannon, multiplica los actos del antisemitismo más abyecto en el mismo momento en que su presidente, no solo declara que quiere transferir la embajada desde Tel Aviv a Jerusalén, sino que nombra también como nuevo embajador americano en Israel a un americano-israelí que es… ¡el consejero más próximo del primer ministro Netanyahu y que además preside una asociación de amigos de una colonia israelita plantada en medio de los territorios ocupados!… Asi pues este matrimonio, a primera vista increíble y grotesco, del antisemitismo más extremo con el más incondicional apoyo a Israel, está creando una nueva situación en el interior de la diáspora judía, facilitando la clarificación de las ideas y empujando a la juventud judía no solo a alejarse del racismo de los diversos Netanyahu de los últimos decenios sino también a ponerse al lado de los palestinos y de los musulmanes oprimidos en el mundo. De ahí todos estos desarrollos tan prometedores que están teniendo lugar en Estados Unidos estos últimos tiempos que podrían, a medio plazo, contribuir en gran medida a cambiar el mismo paisaje de Oriente Medio tan atormentado y privado de perspectivas. Conclusión: Entonces, (demos) atención a esta dimensión indirectamente “medio oriental” de los acontecimientos norteamericanos, que da nacimiento a una nueva vanguardia judía radical y de masas, a una nueva generación de

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Ecuador: el pueblo dijo ni un paso atrás

Fuente: Atilio Borón | www.atilioboron.com.ar Fecha: 03 de ABRIL 2017 La victoria obtenida por Alianza País en el balotaje del 2 de Abril confirma que el pueblo ecuatoriano supo discernir lo que estaba en juego: la continuidad de un gobierno que marcó un antes y un después en la historia contemporánea del Ecuador o el suicida salto al vacío, emulando la tragedia argentina. Lenin Moreno y Jorge Glas representan la consolidación de los avances logrados en numerosos campos de la vida social durante diez años bajo el liderazgo de Rafael Correa; su adversario, Guillermo Lasso, personificaba el retorno de la alianza social que tradicionalmente había gobernado al Ecuador con las desastrosas consecuencias por todos conocidas. Un país con grandes mayorías nacionales secularmente sumidas en la pobreza, con índices de desigualdad y exclusión económica, social y cultural aberrantes. Una nación víctima de la insaciable voracidad de banqueros y latifundistas que saqueaban impunemente a una población que tenían como rehén y que, en su desenfreno, provocaron la megacrisis económica y financiera de 1999. En un alarde de falsificación de los hecho históricos a esa tremenda crisis la denominaron, amablemente, “feriado bancario”, a pesar de que en su vorágine acabó con la moneda ecuatoriana, que fue reemplazada por el dólar estadounidense, y provocó la estampida de unos dos millones de ecuatorianos que huyeron al exterior para ponerse a salvo de la hecatombe. Son varios los factores que explican este alentador resultado, para Ecuador y para toda América Latina. Uno: los traumáticos recuerdos del 1999 y el descaro con que los agentes sociales y las fuerzas políticas de aquella crisis —antes que nadie Guillermo Lasso— proponían la adopción de las mismas políticas que la habían originado. La candidatura de la derecha manifestó que ampliaría los márgenes de autonomía de las fuerzas del mercado, reduciría el gasto público, privatizaría la salud y la educación, bajaría los impuestos y acabaría con la hidra de siete cabezas del supuesto “populismo económico”. La política social sería recortada porque sin decir cómo, Lasso aseguraba que crearía un millón de nuevos empleos en cuatro años, pero se cuidó muy bien de notarizar esta promesa en el programa de gobierno que, tal como lo prescribe la legislación electoral, inscribió ante un escribano público. En el terreno internacional, Lasso declaró que cerraría la sede de la UNASUR, entregaría a Julian Assange a las autoridades británicas y se alejaría de todos los acuerdos y organismos regionales como la UNASUR, la CELAC y el ALBA. Dos, el intenso trabajo de campaña hecho por el binomio Moreno-Glas, que le permitió establecer un profundo vínculo con la base social del correísmo y de llevar a cabo, de nueva cuenta, una extenuante recorrida por las 24 provincias del país, afianzando una presencia territorial y organizacional cuyos réditos fueron evidentes a la hora de abrir las urnas. Otro factor explicativo, el tercero, fue el apoyo de Correa y su denodado esfuerzo por apuntalar con una vertiginosa dinámica gubernamental, la campaña de la fórmula oficialista. Si algo hacía falta para ratificar el carácter excepcional de su liderazgo era esto: una victoria inédita en la historia ecuatoriana porque nunca antes un gobierno se había re-elegido al cambiar la candidatura presidencial. En línea con esto hay que recordar que en la primera vuelta Alianza País había obtenido la mayoría absoluta de los diputados a la Asamblea Nacional y que un 55 por ciento de la ciudadanía votó a favor de la propuesta del gobierno de prohibir que los altos funcionarios y gobernantes pudieran tener sus dineros invertidos en paraísos fiscales. En otras palabras, apoyo interno en lo institucional y en el plano de la sociedad civil no le faltará al nuevo presidente. En los días previos predominaba en los ambientes de la Alianza País una profunda preocupación. Las encuestas no estaban arrojando los resultados que se esperaba y ponían en cuestión el entusiasmo militante con que Moreno y Glas eran recibidos en todo el país. La campaña de terrorismo mediático fue de tal magnitud y bajeza moral, y este es el tercer factor que hay que tomar en cuento, que hizo que el votante aliancista temiese manifestarse ante las preguntas de los encuestadores. Las acusaciones lanzadas en contra de Correa y Glas eran tan tremendas como carentes por completo de sustancia. Lo significativo del caso es que la derecha acusaba en los medios pero se abstenía de hacer una denuncia en los tribunales. Como dijo uno de los observadores en la reunión con la gente de CREO-SUMA: “no queremos chismes, aporten datos concretos”. Nunca lo hicieron. Pero, abrumada e intimada por esta artillería mediática (que contó con la activa colaboración de algunos “dizque periodistas” argentinos, en realidad agentes de propaganda al servicio de las peores causas) y por las veladas amenazas de los profetas de la restauración una parte significativa de los encuestados se definían como “indecisos” cuando en realidad no lo estaban. La verdad salió a la luz a partir del escrutinio. En una nota anterior decíamos que esta elección sería la “batalla de Stalingrado”, porque de su desenlace dependería el futuro del Ecuador y de América Latina. Una derrota daría pábulos a la derecha regional y aceleraría la modificación regresiva del mapa sociopolítico sudamericano, fortaleciendo a los tambaleantes gobiernos de Argentina y Brasil, protagonistas fundamentales del actual retroceso político, y refutando la tesis de algunos analistas agoreros que se apresuraron a decretar el “fin del ciclo progresista” mientras el finado seguía respirando. La victoria de Alianza País confirma que la lucha continúa, que los traspiés experimentados en fechas recientes son sólo eso, que el viejo topo de la historia continúa su labor y que aquí, en la mitad del mundo, un pueblo consciente tomó el futuro en sus manos y dijo “ni un paso atrás”. Como lo afirmara Correa, hicimos mucho pero queda mucho más por hacer. Haber ganado esta batalla crucial es una gran noticia no sólo para los latinoamericanos sino para todos quienes, en el resto del mundo, pugnan por poner fin a la barbarie neoliberal.

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