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Trump no expuso a Abbas, sino a Netanyahu como el obstruccionista de la paz

Fuente: Editorial de Haaretz, Fecha: 06 de OCT 2017 El ala derecha israelí había apostado por el descaro políticamente incorrecto del presidente estadounidense Donald Trump, para exponer la postura obstruccionista de los palestinos. Pero parece que el obstáculo que se ha expuesto es en realidad el del primer ministro Benjamin Netanyahu, quien, dijo Trump al secretario general de las Naciones Unidas el mes pasado, es más difícil que Abbas en avanzar hacia la paz. En esa reunión de la Asamblea General de la ONU, el presidente egipcio Abdel Fattah el-Sissi hizo un llamamiento emocional a los palestinos, instándolos a unificarse para no perder la oportunidad. A los israelíes, les dijo que la experiencia de Egipto en hacer la paz con Israel es «maravillosa y única y se puede repetir para resolver los problemas con los palestinos». Sus comentarios siguieron al regreso de una visita a El Cairo de una delegación de Hamas, que llevó a una posterior visita de representantes de la Autoridad Palestina a Gaza y al inicio de conversaciones sobre la reconciliación entre ambas partes, que continuarán la semana próxima en El Cairo. Sissi ha estado por mucho tiempo decidido a reiniciar el proceso de paz. Pero parece que, como lo observó Trump, no hay un socio serio en el lado israelí. El año pasado Sissi se reunió secretamente con Netanyahu y el presidente de la oposición MK Isaac Herzog, después de lo cual los dos políticos israelíes mantuvieron conversaciones sobre un gobierno de unidad. Todo el mundo recuerda cómo terminaron las «conversaciones»: un giro a la derecha de Netanyahu y el nombramiento de Avigdor Lieberman como ministro de Defensa. A la luz de la seriedad demostrada por Sissi y de los primeros frutos que sus esfuerzos han logrado, la respuesta del gobierno israelí es vergonzosa: «No aceptaremos falsas conciliaciones», dijo Netanyahu despectivamente de la reunión AP-Hamas en Gaza, como si Israel no usara la brecha palestina para socavar la legitimidad de Abbas. Netanyahu entonces presentó una lista de condiciones; sólo si estas se cumplieran se daría por satisfecho. El ministro de Educación, Naftali Bennett, también pidió que la transferencia de fondos a los palestinos sea detenida. Mientras tanto los palestinos están cooperando con Egipto en la reconciliación, —la cual, si tuviera éxito, sería enormemente significativa para los líderes palestinos y el futuro de Gaza, donde las condiciones de vida son casi inapropiadas para los seres humanos y ayudaría a renovar el proceso de paz— los israelíes continúan tocando el mismo disco roto y se niegan a dar al cambio una oportunidad real.   Traducción: Dardo Esterovich

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¿Qué viene a hacer Obama por América Latina?

Fuente: Emir Sader* | Alainet Fecha: 04 de OCT 2017 En su viaje anterior, todavía presidente de EEUU, Obama vino a bendecir la restauración conservadora en Argentina, no tuvo el coraje de pasar por Brasil, donde ya estaba instalado un gobierno golpista, con su silencio complaciente. Ahora viene como ex-presidente, en representación de su Fundación, financiada por grandes conglomerados económicos. En el último mes, Obama ha tenido conversaciones con el Banco Northern Trust, con el banco Cantor Fitzgerald y con el grupo de compra en la privatización de empresas, Carlyle Group. Su fundación está financiada especialmente por donaciones de Microsoft, de la gigante del sector eléctrico Exelon, ambas con contribuciones de más de un millón de dólares. Obama ya hecho reiteradamente conferencias en Wall Street, recibiendo alrededor de 400 mil dólares por cada una. En São Paulo, Obama participará en un evento en el periódico economico Valor, del grupo O Globo, patrocinado por el banco español Santander. Cínicamente, dice que viene a “oír a líderes jóvenes”. No va a encontrar a ningún líder joven ahí. Para ello, tendría que venir sin patrocinio de bancos, tendría que ir a la periferia de Sao Paulo y de Buenos Aires. Pero con los patrocinios de las empresas que financian su fundación, viene más bien a buscar nuevas oportunidades de negocios para esas empresas, en especial en los procesos de privatización que los gobiernos de Macri y de Temer ponen en práctica. En Argentina, Obama tendrá una reunión con empresarios y se anuncia un encuentro con Mauricio Macri. En Brasil, al parecer, no se atreverá a un encuentro con Temer, que tiene el 3% de apoyo de los brasileños. Estaría en un encuentro en Córdoba sobre “economía verde”, organizada por la Fundacion Advanced Leadership, organización que tiene su sede en Washington, con el apoyo del BID, de la OEA y de la Fundación Mediterráneo y la Boston Seguros. El Obama que viene ya no tiene nada que ver con aquel que fue elegido como primer presidente negro de EEUU. Si fuera aquel, iría a las comunidades negras de Brasil, se interesaría por el destino de Milagro Salas y de Santiago Maldonado. Hablaría con los líderes populares y no con los dirigentes de bancos. Es tradicional que un ex-presidente norteamericano organice su fundación y viaje por el mundo, buscando mantener espacios propios, así como financiando sus viajes apoyado en donaciones de grandes empresas privadas de los EEUU. El único de los ex-presidentes norteamericanos que ha puesta una fundación al servicio de las causas democráticas en el mundo ha sido Jimmy Carter. Obama no esconde que se apoya en las grandes corporaciones norteamericanas y no en entidades civiles, de derechos humanos, de defensa de la democracia, de promoción de las políticas sociales. Llega a Brasil invitado por el grupo O Globo, que ha estado siempre del lado de las peores causas. Llega apoyado en bancos y trayendo la representación de una fundación que tampoco esconde quienes la financian. A Argentina, llega invitado por la organización norteamericana. Si quisiera inaugurar la presencia de su fundación con las buenas causas en el continente, tendría que venir a denunciar los inmensos retrocesos sociales que se dan en Argentina y en Brasil, donde gobiernos que promueven los intereses del mercado y de los bancos se han adueñado del gobierno. Tendría que preocuparse con lo que pasa en México, en Puerto Rico, en Guatemala, entre tantos otros países con graves problemas. Pero no es ese el programa de Obama en esta visita. Obama vivió el período del más grande aislamiento de EEUU en América Latina. Obama tuvo que elogiar a Lula, a convivir con gobiernos sumamente hostiles, apostó a presidentes como Peña Nieto, en Sebastián Piñera, pero no pudo tener éxito con ninguno de ellos. Tuvo que confesar el fracaso de 50 años de bloqueo a Cuba, visitó la Isla, pero no pudo tener la foto que pidió con Fidel. Termino su gobierno derrotado, no pudo elegir a su sucesora y vio que el sucesor de su gobierno era un bufón que deslegitima la presidencia de EEUU. Obama ahora quiere salvar su imagen, pero viene patrocinado e invitado por lo peor que tienen nuestros países. *Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

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La ONU envía cartas a 150 compañías israelíes en Palestina

Fuente: Barak Ravid | Haaretz Fecha: 02 de OCT 2017 Título completo: La ONU envía cartas de advertencia a 150 compañías que trabajan en los asentamientos israelíes en Palestina Hace dos semanas, el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU empezó a enviar cartas a 150 compañías en Israel y el resto del mundo advirtiéndoles de que iban a ser incorporadas a una base de datos de empresas que hacen negocios en los asentamientos israelíes de Cisjordania y Jerusalén Oriental, según declararon a Haaretz funcionarios israelíes y diplomáticos occidentales relacionados con este tema. El funcionario israelí, que pidió permanecer en el anonimato debido al carácter confidencial del tema, señaló que las cartas, enviadas por el propio Comisionado, el jordano Zeid Ra’ad Al Hussein, advertían a estas compañías de que estaban haciendo negocios en “los territorios palestinos ocupados” y, por tanto, su nombre podría incorporarse a la lista negra elaborada por la ONU de empresas que operan violando “la legislación nacional y las decisiones de la ONU”. Dichas cartas, cuyas copias llegaron hasta el gobierno israelí, solicitan a las compañías que aclaren a la Comisión sus actividades empresariales en los asentamientos. Un diplomático occidental, que también pidió permanecer anónimo, indicó que 30 de esas 150 compañías son estadounidenses y otras proceden de países como Alemania, Corea del Sur y Noruega. La mitad son israelíes. En agosto, el Washington Post informó de que entre las compañías estadounidenses que habían recibido cartas se encontraban Caterpillar, Priceline.com, TripAdvisor y Airbnb. Según la misma información, la Administración Trump está intentando trabajar con la Comisión de Naciones Unidas para los Derechos Humanos para evitar la publicación de la lista. La cadena de televisión israelí Channel 2 informó hace dos semanas de que la lista incluía algunas de las mayores compañías en Israel, como Teva, Bank Hapoalim, Bank Leumi, Bezeq, Elbit, Coca-Cola Israel, Africa-Israel, IDB, Egged, Mekorot y Netafim. Funcionarios israelíes de alto nivel temían que la desinversión o la reducción de actividades empresariales debidas a la lista negra hubieran empezado a convertirse en realidad. Según sus informaciones, la Oficina de Asuntos Estratégicos del Ministerio de Economía estaba al tanto de que algunas de las empresas receptoras de la carta habían respondido al Alto Comisionado afirmando su intención de no renovar los contratos vigentes ni firmar otros nuevos. “Estas compañías no pueden diferenciar entre Israel y los asentamientos, por lo que están dando por terminadas todas sus operaciones”, según el alto funcionario israelí. “Las compañías extranjeras no van a invertir en algo que apesta a problemas políticos: esto podría tener el efecto bola de nieve”. Un comité interministerial compuesto por los ministerios de Asuntos Exteriores, Asuntos Estratégicos, Justicia y Economía continúa trabajando para intentar evitar la publicación de la lista. Sin embargo, según estiman la mayor parte de funcionarios implicados en esta iniciativa gubernamental, la publicación es inevitable y la lista probablemente se dará a conocer a finales de diciembre. Para intentar minimizar el daño potencial, el gobierno israelí está contactando con las compañías extranjeras incluidas en la lista, haciendo hincapié en su insignificancia y en que su carácter no es vinculante. También les ha comunicado que está manteniendo contactos con los gobiernos extranjeros para informarles de que la utilización de dicha lista significa cooperar en el boicot a Israel. En marzo de este mismo año, el Alto Comisionado para los Derechos Humanos con sede en Ginebra aprobó una resolución propuesta por la Autoridad Palestina y las naciones árabes, para crear una base de datos de compañías israelíes y extranjeras que tuvieran relaciones comerciales directas o indirectas en Cisjordania, Jerusalén Oriental o los Altos del Golán. La resolución fue aprobada a pesar de la enorme presión ejercida por Estados Unidos para suavizar el texto de la misma. La Unión Europea intentó asimismo llegar a un acuerdo con los palestinos para retirar la cláusula en la que se estipula la publicación de la lista negra, a cambio del apoyo europeo al resto del articulado, pero el intento fracasó. Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

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Heroínas antifascistas de ayer y hoy

Fuente: A. Goodman y D. Moynihan | Democracy Now! Fecha: 23 de SEPTIEMBRE 2017 La violenta manifestación de grupos neonazis y miembros del Ku Klux Klan que tuvo lugar en Charlottesville, Virginia el mes pasado, procesión con antorchas incluida, y la reiterada defensa del presidente Donald Trump de este encuentro racista, se han convertido en un punto de inflexión en el Estados Unidos moderno. Trump dobló la apuesta la semana pasada, cuando volvió a culpar a ambas partes por la violencia y calificó a algunos manifestantes antirracistas y antifascistas como “tipos malos” al día siguiente de reunirse con Tim Scott, el único senador republicano afroestadounidense del Senado, a quien la Casa Blanca llamó “Tom” Scott. En resumen: Heather Heyer, una activista de 32 años de edad, fue asesinada, y al menos 19 personas más resultaron heridas cuando un neonazi arremetió su vehículo contra una multitud de contramanifestantes antifascistas el 12 de agosto. Los grupos de odio y los supremacistas blancos, que han ido en aumento desde que Barack Obama se convirtió en el primer presidente afroestadounidense, ahora se ven envalentonados por Trump. En este momento crítico de la política estadounidense, y también en esta época de las Festividades Sagradas Judías de Rosh Hashaná y Yom Kipur, viene al caso recordar la historia de la resistencia contra el fascismo. Las historias de Ana Frank y Sophie Scholl –dos jóvenes alemanas; una judía y otra cristiana– deberían guiarnos e inspirarnos en este tiempo de oscuridad. En 1942, Sophie Scholl, estudiante universitaria de 21 años, de Munich, Alemania, junto con su hermano mayor, Hans, estudiante de medicina, formaron el colectivo Rosa Blanca con un pequeño círculo de amigos. Decidieron producir una serie de panfletos que exponían las atrocidades nazis e instaban a la resistencia contra Hitler. El primer panfleto se publicó en junio de 1942. Fue enviado anónimamente por correo a ciudadanos de Munich que los miembros de la Rosa Blanca consideraron que podrían simpatizar con la propuesta. Los folletos se dejaban en paradas de autobuses y portones, y en cualquier lugar en el que pudieran ser entregados clandestinamente. Ser atrapado podía implicar ser encarcelado y, posiblemente, enfrentar la muerte. El segundo panfleto decía: “Desde que Polonia fue conquistada, 300.000 judíos han sido asesinados en ese país de la manera más bestial imaginable. Los judíos son seres humanos también”. El colectivo alentaba la resistencia pasiva y el sabotaje. En su cuarto comunicado expresó: “Cada persona puede contribuir en algo para derrocar a este sistema”. La Gestapo, la policía secreta nazi, organizó una amplia búsqueda de los distribuidores de panfletos. Finalmente, en febrero de 1943, Hans y Sophie fueron atrapados mientras repartían folletos en la Universidad de Munich. Fueron interrogados, juzgados, condenados y decapitados junto con un profesor y otros activistas estudiantiles. Mientras tanto, Ana Frank, de 13 años de edad, sufría junto a su familia una creciente persecución antisemita en una Ámsterdam ocupada por los nazis. Ya habían huido del antisemitismo en su Alemania natal. Estados Unidos les negó varias veces la visa para que la familia Frank pudiera refugiarse en Estados Unidos. Desesperados, en 1942 se trasladaron a un sector oculto del edificio donde estaba ubicada la oficina del padre de Ana, Otto, lugar al que Ana llamó “el anexo secreto” en su famoso diario. Lograron permanecer ocultos durante dos años. Es difícil de creer que Ana Frank escribió su destacado diario cuando tenía entre 13 y 15 años de edad. “Oigo cómo se acerca el trueno que, un día, también nos destruirá a nosotros. Siento el sufrimiento de millones”. Esto lo escribió el 15 de julio de 1944, y continúa: “Y, sin embargo, cuando miro hacia el cielo, de alguna manera siento que todo cambiará para mejor, que esta crueldad también terminará, que la paz y la tranquilidad volverán una vez más. Mientras tanto, debo aferrarme a mis ideales”, escribió. Tres semanas más tarde, el anexo secreto fue asaltado por las fuerzas paramilitares nazis, conocidas como las SS. Ana, su familia y las otras cuatro personas que se escondían allí fueron arrestadas y deportadas a campos de concentración alemanes. Ana y su hermana Margot fueron separadas de sus padres y fallecieron en el campo de Bergen-Belsen en 1945, semanas antes de que el lugar fuera liberado. Solamente Otto Frank sobrevivió a los campos de concentración, tras lo cual recuperó el diario de Ana y lo compartió con el mundo. Ahora, más de 70 años después, grupos armados neonazis y del Ku Klux Klan marchan con antorchas en Estados Unidos, coreando “¡Sangre y tierra!”, un eslogan nazi de la década de 1930, además de “¡Los judíos no nos van a reemplazar!”. Donald Trump, cuyo padre fue arrestado en una marcha del Ku Klux Klan en 1927, y que fue demandado por el gobierno federal por discriminar a sus arrendatarios afroestadounidenses, afirma que había “muy buena gente” entre la multitud supremacista blanca en Charlottesville. Sumado a esto, poco después de los incidentes en Charlottsville, Trump indultó a Joe Arpaio, el ex sheriff del condado de Maricopa, Arizona, que había sido condenado por su tristemente célebre persecución ilegal a latinos inocentes y quien, con orgullo, hacía referencia a una de sus cárceles como su propio “campo de concentración”. Además, refugiados de seis países de mayoría musulmana tienen prohibido el acceso a Estados Unidos, y también se están desmantelando las protecciones y apoyos para la comunidad LGTBQ (también victimizada durante la Alemania nazi). “Si no sientes indignación, no estás prestando atención”. Esa es la cita que figuraba en el perfil de Facebook de Heather Heyer cuando murió. Como Ana Frank —y Sophie Scholl antes que ella—, Heather murió ejerciendo resistencia contra el fascismo. Hagamos que sus historias inspiren una nueva ola de valiente resistencia. Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta

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Una nueva vieja derecha

Fuente: Emir Sader | El Telégrafo Fecha: 20 de SEPTIEMBRE 2017 No podría ser tan similar la derecha que vuelve en países de América Latina y esa misma derecha en los años 1980/1990, en sus programas de Gobierno. Aplican duros ajustes fiscales, a partir de los mismos diagnósticos que criminalizan los gastos estatales, las políticas sociales, los derechos de los trabajadores. Los gobiernos de Macri y de Temer no toman en cuenta que ese mismo programa se ha agotado, ha terminado por fracasar y ha sido sucedido por gobiernos que han resultado, disminuyendo significativamente la pobreza y la exclusión social. Pero la derecha no tiene nada distinto a proponer, han fracasado los intentos de “terceras vías”, que han revelado no son tales, sino formas disfrazadas del mismo proyecto neoliberal. De ahí que no se trata de superación de los gobiernos antineoliberales, sino de retomada dura y pura, de los programas neoliberales que han llevado a países del continente -Argentina como modelo más acabado- a las peores crisis de su historia. Lo que cambian son las formas de acción de esa misma derecha, buscando nuevos esquemas de acción, para tratar de imponer su viejo modelo. Lo que caracteriza hoy la acción de la derecha latinoamericana no son nuevas propuestas para terminar con la desigualdades y la exclusión social, sino métodos de acción nuevos, para volver a sus antiguos proyectos. Es una tragedia para la democracia cuando el Judiciario, en lugar de ser el gran defensor del Estado de Derecho, se compromete, al contrario, con violencias en contra de la democracia. Más todavía cuando participa de una colusión con los medios monopolistas privados, para que se constituya como fuerza política -a veces incluso partidaria- de derecha. El uso de las leyes como instrumento con objetivos políticos concretos es lo que se llama de “lawfare”, palabra que conscientemente tiene orígenes en la palabra guerra, porque de eso se trata: de desatar una verdadera guerra en contra de líderes políticos democráticos y populares, buscando desgastar su imagen pública e incluso inviabilizar su participación política vía acúmulo de sospechas y de procesos judiciales. Lo que hay de nuevo en la forma de acción de la vieja derecha es una alianza explícita entre sectores del Judiciario -y de la Policía- con los medios, para la espectacularización de procesos judiciales y acciones policiales y para hacer efectiva la judicialización de la política. Una alianza sin la cual ni los medios tendrían mayor efecto en sus reiteradas denuncias, ni el Judiciario ni la Policía lograría pasar en la opinión pública la imagen de corrupción de los líderes populares y de sus partidos. En un testimonio al juez que lo acusa sin pruebas en tantos procesos, en Curitiba, ese juez intentaba impedir que Lula hablara del colusorio que él y sus comparsas llevan a cabo con los medios, alegando que era un tema fuera del proceso. Lula se impuso, reiterando cómo los jueces hacen llegar, de manera privilegiada y fuera de cualquier procedimiento legal, informaciones sigilosas a los medios. Como los jueces no solo hablan fuera de los autos de los procesos, como aparecen reiteradamente en portadas de revistas y diarios, así como sus mismas esposas, y en fiestas de líderes políticos de derecha, además de posturas subservientes con el mismo presidente Temer, el jefe de toda la corrupción en Brasil. Lula logró ‘imponer’ la idea de que es parte esencial de la operación de judicialización de la política, la participación de los medios, en promiscuidad absoluta con el Judiciario. Sin poder cuestionar las políticas de prioridad de los programas sociales, que responden, en gran medida, por el éxito de esos gobiernos y por el prestigio en las capas populares de los presidentes, los dirigentes de la nueva derecha intentan desplazar el debate hacia los gastos estatales, como si fueran los responsables por la crisis económica. Y tratan de desplazar el debate sobre el significado de los líderes de los gobiernos populares hacia supuestas irregularidades que habrían cometido, incluyendo a cuestionamiento judicial a medidas de gobierno. Cuando se acercan elecciones, se montan operativos especiales, para copar el clima político, buscando réditos electorales inmediatos. En las elecciones municipales del año pasado en Brasil, se han retomado acusaciones antiguas en contra de Lula, se han aprisionado exdirigentes del PT, todo con gran despliegue midiático, revelando que se trata de la gran carta de que dispone la derecha. En las vísperas de las Paso, en Argentina, se ha desplegado nueva ofensiva en contra de Cristina, así como, ahora, cuando se acercan las elecciones, se retoman casos como el de Nisman – con una indecente supuesta reconstrucción en imágenes de lo que habría sido su asesinato -, así como otras acusaciones en contra de la expresidenta, en perspectiva de la disputa electoral, en particular en la provincia de Buenos Aires. Esos los nuevos métodos de la vieja derecha, cuyos objetivos son los mismos: acaparar el poder político en manos de la banca privada, destruir el patrimonio público, así como los derechos de los trabajadores y los programas sociales, así como la soberanía en la política externa de nuestros países. Lo único nuevo es ese método de colusión entre el Judiciario y los medios.

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La política exterior de Donald Trump

Fuente: Immanuel Wallerstein | La Jornada Fecha: 17 de SEPTIEMBRE 2017 Donald Trump se aproxima al final de su primer año como presidente de Estados Unidos. Ahora todo mundo –simpatizantes, oponentes, aun los indiferentes– parecen coincidir en una cosa. Sus pronunciamientos y sus acciones son impredecibles. Ignora los precedentes y se comporta en modos que constantemente sorprenden a la gente. Los simpatizantes encuentran esto refrescante. Los oponentes lo encuentran aterrador. No obstante, muy pocos han comentado en torno a lo que creo es su logro más singular. Se ha manejado con la treta de ser el actor más impredecible en la escena estadunidense y mundial, y al mismo tiempo como el actor más predecible. Es deliberado que se rodea de una panoplia de asesores que lo empujan en direcciones opuestas en extremo. Constantemente despide a alguno de ellos y designa a otros. Ningún individuo parece durar mucho. El resultado es que a todo mundo le deja claro que la decisión final es suya –y suya solamente. Puede acceder por un tiempo a lo que los asesores le sugieren, pero algunas veces deshace al día siguiente lo aconsejado. Esto es lo que lo hace ver tan impredecible. Pero al final revierte siempre su decisiones hacia lo que algunas veces se le llama sentimientos de tripa, sea el asunto de la atención a la salud, la inmigración, la reducción de impuestos o la acción militar. Eso es lo que lo hace tan predecible. El resultado final es siempre el mismo. Cualquiera que lo observe o trabaje con él o se le oponga debe por tanto ser capaz de predecir a dónde va a terminar estando. Y para casi todo el mundo, dónde Donald Trump termina no es donde les gustaría que un presidente de Estados Unidos fuera. Trump y Estados Unidos se enfrentan con un gran número de asuntos acerca de los cuales existen fuertes y divisorias opiniones en ambos lados. Estas divisiones resultan intratables para muchos. No para Donald Trump. Él cree en sí mismo y en su habilidad para completar sus agendas nacional y mundial. Para él nada es intratable. En septiembre de 2017, las dos decisiones más urgentes de política exterior tuvieron que ver con Corea del Norte e Irán. En ambas, el conflicto con Estados Unidos gira en torno a un asunto crucial: las armas nucleares. Corea del Norte las tiene. Irán no las tiene, pero al menos algunos de los principales actores internos piensan que es esencial que Irán las adquiera. La posición oficial estadunidense es que Corea del Norte debería desmantelar su armamento nuclear y que Irán debería cesar cualquiera y todas las actividades que se muevan en la dirección de adquirir tales armas. Estas posturas no son nuevas o inventadas por Donald Trump. Han sido la posición pública de Estados Unidos, de todos los presidentes previos, por algún tiempo ya. Lo que es diferente con Trump es que se niega a admitir lo difícil que es conseguir estos objetivos de Estados Unidos y lo peligroso que sería perseguirlos mediante acciones militares. Por tanto, los presidentes previos han buscado soluciones (así llamadas) diplomáticas. En el caso de Irán, la diplomacia pareció funcionarle al presidente Obama con el acuerdo firmado por ambos países (y otras potencias). En contraste, la diplomacia ha logrado hasta ahora muy poco en el caso de Corea del Norte. En ambas situaciones, los sentimientos de tripa de Donald Trump parecen claros. Quiere usar las acciones militares para forzar a Corea del Norte a que desmantele sus armamentos nucleares. Quiere retirarse del acuerdo con Irán y utilizar una amenaza militar para obtener su renuncia permanente del desarrollo de armamentos nucleares. Hay dos preguntas en torno la política exterior de Trump. ¿Puede de hecho disponer que se comiencen acciones militares? Y si puede, ¿podrán lograr las acciones militares lo que él confía lograr? Donald Trump prometió a sus simpatizantes que probaría ser un amigo verdadero de los militares estadunidenses otorgándoles puestos clave en su administración y buscando expandir los fondos de las fuerzas armadas. Lo ha hecho. En su último reciclaje de su personal, colocó a un militar, John Kelly, en la posición de jefe del Estado Mayor con amplios poderes para cambiar al personal y servir de filtro para acceder al presidente. Por supuesto los militares aprecian obtener más fondos. Pero es curioso que la mayoría de sus asesores militares son relativas palomas. Sí favorecen una expansión de fondos para los militares. Pero todos parecen creer que las guerras son en verdad un recurso final, uno que tiene enormes e inevitables consecuencias negativas. Tienen un aliado en el secretario de estado, Rex Ti- llerson. Siempre que Trump ha seguido su consejo y ha proferido su retorica más áspera, eso le parece de lo más incómodo ejercerla por más de un breve momento. Siempre regresa a sus fundamentos. La primera pregunta es si Trump puede de hecho lanzar acciones militares serias. Esto sería menos fácil de lo que imagina. Los burócratas militares tienen toda suerte de modos para desacelerar, inclusive frenar, acciones con las que ellos no están de acuerdo. En el régimen de Trump, de hecho son impulsados a hacer esto por otro rasgo peculiar de la personalidad de Donald Trump. Le gusta asumir el crédito de los éxitos y culpar de los fracasos a los demás. Así que por si fuera el caso que las acciones militares fracasaran, está subcontratando las decisiones reales de los militares. Si hubiera un fracaso bien puede culparles. En caso de éxito será el primero en reclamar el crédito exclusivo. Sin embargo, subcontratar necesariamente significa retrasos e invita al sabotaje. Son diferentes los casos de los dos países. Corea del Norte tiene de hecho bombas, unas que sí pueden alcanzar el territorio de Estados Unidos. Es más, la inteligencia estadunidense parece estar diciendo que Corea del Norte está mejorando su capacidad militar a un ritmo muy rápido. El régimen de Trump habla ahora de una guerra preventiva –el oxímoron más maravilloso inventado alguna vez. Si Estados Unidos

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La larga sombra de Montichello

Fuente: Dardo Esterovich | Revista Convergencia Fecha: 10 de SEPTIEMBRE 2017 Charlottesville es una apacible ciudad del estado de Virginia de aproximadamente 45.000 habitantes. En estos días la tranquilidad se vio perturbada por la muerte de Heather Heyer al ser atropellado con un automóvil por un joven de 20, James Alex Fields Jr. quien también hirió en la embestida a una veintena de personas que formaban parte de una multitudinaria contramanifestación de un acto de supremacistas blancos, neonazis y del Ku Klux Klan. Estos protestaban por una iniciativa de la ciudad de retirar una estatua del Gral. del ejército confederado Robert E. Lee. Los supremacistas se convocaron bajo el consigna “Unite the Right” (Unir a la derecha) y el día anterior al acto realizaron una marcha que evocaba la estética de los nazis en la Alemania del 30 con svásticas, águilas fascistas, antorchas y consignas como “No nos reemplazarán, los judíos no nos reemplazarán”, “¡Blood and Soil!» (“¡Sangre y Tierra!”), pancartas con Trump y su consigna de campaña “Haremos grande de nuevo a Estados Unidos”. La propuesta de retirar la estatua en Charlottesville forma parte de una ola de iniciativas similares -cada vez más extendida en diversas ciudades de quitar los cientos de monumentos dispersos por todo el territorio estadounidense que glorifican a la Confederación y que fueron erigidas poco a poco después de la Guerra Civil por los derrotados, como una manera de perpetuar el espíritu racista y supremacista en la población. La reacción de los activistas que condenan al racismo es producto de la preocupación por la participación pública cada vez mayor de la derecha supremacista que considera al gobierno de Trump como “su gobierno”. Hasta aquí los hechos. Pero los hechos siempre admiten un antes y un después. Un antes Montichello –aledaño al ejido de Charlottesville simboliza una de las mayores contradicciones que atraviesan a la sociedad estadounidense desde los días de la independencia. Allí tenía su plantación y residencia Thomas Jefferson, que pertenecía a la aristocracia de los hacendados del Sur. Fue un estudioso que se fue acercando a las ideas de los iluministas, con grandes conocimientos de historia, literatura, derecho, arquitectura –diseñó su propia casa- ciencia y filosofía. Defendió la enseñanza pública y gratuita y la tolerancia religiosa. Fue el redactor principal del borrador de la Declaración de la Independencia de Estados Unidos (1776) texto donde se defendía la democracia, la igualdad, la soberanía de los pueblos para decidir sobre sí mismos y el derecho de los hombres “a la vida en libertad y la búsqueda de la felicidad”. Pero no todo fue tan idílico. En el borrador – aunque finalmente no fue incorporado por la oposición de algunos estados sureños— Jefferson condenaba la institución de la esclavitud y prohibía la trata de esclavos aunque no serían emancipados los ya existentes ni sus descendientes. Tanto él como los otros grandes propietarios del Sur dependían del trabajo esclavo y no estaban dispuestos a renunciar al mismo. Jefferson llego a tener en su plantación en Montichello cerca de 600 esclavos a los que mantuvo hasta su muerte en 1826. Aunque contrario a la esclavitud aceptó voluntariamente las leyes que la permitían y cuando tuvo posibilidades de abolir todo signo de desigualdad entre todos los seres humanos, no lo hizo Esta contradicción tenía su sustento en que para Jefferson libertad e igualdad no era lo mismo, especialmente si la igualdad se refería a los negros. En los últimos tiempos muchos autores han hecho hincapié en las ideas racistas de Jefferson. Estos juicios se han basado fundamentalmente en su «Notes on the State of Virginia» (1787) donde para justificar sus opiniones favorables a la deportación futura de los negros, expone «las verdaderas diferencias hechas por la naturaleza y otras muchas circunstancias. . .». Considera las de nivel puramente físico –color, funcionamiento de las glándulas sebáceas y otras— y las del plano intelectuales –poca inclinación a la reflexión, poco raciocinio—. Llegó a alegar «creo difícil encontrar uno sólo capaz de seguir y comprender las investigaciones de Euclides». Esta contradicción se mantuvo casi inalterable hasta la Guerra de Secesión (1861-1865) entre el Norte industrial-abolicionista y el Sud agrario-esclavista. El régimen esclavista era una rémora que obstaculizaba la expansión industrial la que finalmente se resolvió mediante el conflicto armado en que el Norte resultó victorioso. Una de las consecuencias fue la liberación de los esclavos. Esta medida fue lacomplementación de la tarea inconclusa de la Declaración de la Independencia en cuanto a la libertad para todos los habitantes de las ex Colonias. Pero tampoco significó la obtención de la igualdad. Pasado un tiempo los estados sureños se fueron recuperando económicamente de las consecuencias de la guerra y volvieron al manejo político de sus gobiernos, ya que su reincorporación a los Estados Unidos significó la recuperación de su autonomía como Estados de acuerdo a la Constitución. La derrota militar no significó la derrota cultural ya que las ideas racistas siguieron siendo predominantes especialmente en el sector rural. Para mantener la discriminación se dictaron un conjunto de leyes conocidas como los Códigos Negros que rigieron en el Sur y las leyes de Jim Crow en todo el país. Durante la vigencia de estas leyes –fueron derogadas en 1964 por las luchas llevadas a cabo por el Movimiento de los Derechos Civiles encabezado por Luther King–se erigieron miles de monumentos que glorifican a la Confederación, dispersos por toda la geografía estadounidense, destinados a perpetuar la ideología racista. Estas leyes ampararon durante 75 años la humillación, la vejación, el maltrato, los azotes, las violaciones, el terrorismo doméstico contra la población negra, incluyendo la horrorosa cifra de 5,000 linchamientos. El reverendo Wright, pastor de la parroquia de la United Church of Christ de Chicago y mentor del ex presidente Obama, en una conferencia en la Universidad Howard (Washington) en el 2006 afirmó: «Este país se fundó y está dirigido según un principio racista (…) Creemos en la superioridad blanca y en la inferioridad negra (…) más que en el propio Dios», según lo publicado por The

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El sionismo es el último refugio del sinvergüenza

Fuente: Uri Avnery | Haaretz Fecha: 10 de SEPT 2017 Si hay una palabra en hebreo de la que estoy totalmente harto, es sionismo. Es una palabra llena de significado y vacía de todo significado. Es una palabra que se puede pegar en cualquier frase en que haya un hueco. Es buena para los políticos que no tienen nada que decir. Puede justificar cualquier cosa y descalificar cualquier cosa. Es buena para todos los estafadores y tramposos. Hace unos 300 años, el pensador inglés Samuel Johnson dijo: «El patriotismo es el último refugio de un sinvergüenza». En nuestros días y lugar podemos decir eso mismo acerca del sionismo. Entonces, ¿cuál es el verdadero significado de la palabra? El sionismo, como se conoce comúnmente, nació como término a fines del siglo XIX y llegó a expresar una idea perfectamente simple: sacar a los judíos de la Diáspora y concentrarlos en la Tierra de Israel. Fue una idea revolucionaria, una revolución geográfica que fue inevitablemente una revolución ideológica: convertir a los judíos de una comunidad etno-religiosa dispersos por todo el mundo, en una «nación» moderna concentrada en un país, acorde con un espíritu de nacionalismo que se intensificaba en Europa. Eso fue el sionismo. A lo largo de los años, muchos intelectuales han agregado significaciones al sionismo como mejor les parecía. Cada persona tenía su propio sionismo, de derecha y de izquierda, conservador y socialista, religioso y secular, occidental y oriental. Pero ninguno de estos aditamentos cambió la simple idea concebida por Theodor Herzl que creía que casi todos los judíos vendrían a Israel. El resto, pensó, simplemente se convertiría en alemanes, rusos, franceses, etc. Si Herzl hubiera conocido a los judíos orientales —los judíos habitantes de países árabes y/o musulmanes— habría pensado que ellos también, a menos que vinieran a Israel, se convertirían en marroquíes, turcos, persas, etc. Dejarían de ser judíos. Desde el punto de vista de Herzl, el término «sionista estadounidense» es un oxímoron, una contradicción absurda. Para él, un judío norteamericano podía ser sionista durante unos meses, pero para continuar como tal, debía abordar un barco rumbo a la Palestina otomana. Este sionismo, el verdadero sionismo, de Herzl llegó a su fin con el establecimiento de Israel como un Estado. La idea se había concretado. Los ciudadanos de Israel son una nación, como él soñó. Como en todas las naciones, quieren que su estado prospere, mientras que los judíos de todo el mundo siguen siendo una comunidad etno-religiosa, como lo fueron antes del nacimiento del sionismo. ¿Cuál es el carácter de esa comunidad? En el mundo moderno es una criatura única y extraordinaria, pero en el pasado era perfectamente normal. En el Imperio Bizantino toda la población estaba formada por esas comunidades. Cada comunidad tenía su propia religión y autonomía administrativa, gobernada por clérigos subordinados al gobierno central. La división entre las comunidades no era geográfica sino étnica y religiosa. Los judíos que fueron exiliados por Nabucodonosor a Babilonia no se convirtieron en babilonios, permanecieron judíos. Y cuando fueron devueltos a Jerusalén por Ciro el Grande, continuaron siendo judíos. Después del Imperio Persa vinieron el Imperio Macedonio, el Imperio Romano, el Imperio Bizantino y más tarde los musulmanes-árabes, mamelucos y turcos, hasta la llegada de los británicos, cuyas leyes heredamos. Hasta hoy, nuestras leyes matrimoniales se basan en esa antigua base. Un judío de Tel Aviv puede casarse con su amado judío de Nueva York sin dificultad, pero no puede casarse con un cristiano de Jerusalén o un musulmán de Haifa. Uno de los dos debe convertirse, o deben casarse en el extranjero. Este es el régimen comunitario, un flagrante anacronismo antisionista. Un americano judío es americano y no pertenece a la nación israelí. Puede enviarnos donaciones (y bendecirlo por ello), o visitarnos en el verano a expensas de alguna organización «sionista», pero es americano. Benjamín Netanyahu puede declararse el líder de todos los judíos, pero es sólo el primer ministro de la nación israelí en el pequeño Israel. Por cierto, los ciudadanos árabes de Israel podrían haber sido parte de la nación israelí, si hubieran querido hacerlo. Les daría la bienvenida. Pero parecen preferir ser una minoría nacional en el estado israelí y seguir siendo parte de la nación palestina. En estos días, en esta realidad, la marca sionista es innecesaria y un obstáculo. Es confuso y sirve como una herramienta para los políticos que buscan extorsionar dinero y apoyo político de los judíos de todo el mundo. Es una marca falsa mal utilizada para el fraude. Entonces, ¿cómo me defino? Como cualquier persona moderna consto de varias capas. Primero soy un ser humano, un hermano de cada hombre y mujer en la tierra. Luego soy israelí. Luego soy de ascendencia judía. (Una vez tuve una tormentosa discusión con Ariel Sharon sobre esto, le dije que yo era ante todo israelí y sólo luego judío, y él apasionadamente argumentó que era judío primero y sólo luego israelí). En resumen, hemos construido una estructura nacional llamada Israel. Para eso necesitábamos andamios. Este andamio fue llamado sionismo. Ahora, cuando el edificio está de pie, el andamio se ha vuelto redundante y es incluso como un obstáculo en el camino. Pero para todos los tipos de sinvergüenzas es un refugio útil. Traducción: Dardo Esterovich Nota original: clickear aquí  

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Chile: Salvador Allende, entre la memoria y el olvido

Fuente: Marcos Roitman Rosenman | La Jornada Fecha 09 de SEPT 2017 os hechos significativos marcan el devenir de la historia chilena en el siglo XX. El triunfo de la Unidad Popular el 4 de septiembre de 1970 y el golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973. Fue el primer gobierno socialista salido de las urnas. En ambos acontecimientos la figura relevante fue Salvador Allende: médico nacido en 1908, fundador del Partido Socialista, declarado marxista, ministro de sanidad a los 30 años durante el gobierno del Frente Popular encabezado por Pedro Aguirre Cerda, en 1938. Diputado, senador, presidente del Senado; impulsor de numerosas leyes sanitarias, de seguridad social, protección de los trabajadores y viviendas sociales; declarado defensor de la revolución cubana antimperialista; infatigable luchador social y, por último, presidente de Chile entre 1970 y1973. Dejó su vida en el palacio de gobierno defendiendo las libertades públicas y los derechos de los trabajadores, las mujeres, la juventud y los campesinos; en definitiva, del pueblo chileno. Llamó traidores y rastreros a los generales que se levantaron contra la patria, rompiendo la tradición constitucionalista. Inauguraban una larga noche. Fueron genocidas, torturadores, asesinos. Encabezados por el general Augusto Pinochet, secundado por los comandantes de la fuerza aérea Gustavo Leigh, de la armada José Toribio Merino y el general de carabineros César Mendoza. No fueron los únicos golpistas. El golpe de Estado fue la unión de civiles y militares más el apoyo internacional del gobierno de Estados Unidos y sus aliados en la región. Los acompañaba el entonces presidente del Senado Eduardo Frei Montalva, demócrata cristiano y ex presidente (1964-1970). Hoy se le llora como víctima de la dictadura. A su lado, Patricio Aylwin bloqueó y torpedeó cualquier acuerdo entre la democracia cristiana y el presidente Allende. Conspiró y brindó con champán la muerte de miles de chilenos. Hoy, plazas, calles y escuelas llevan su nombre. Lo recuerdan como el primer presidente postiranía. Hace meses se hizo pública el acta de una reunión privada entre la dirección de los empresarios chilenos y Frei como presidente del Senado en agosto de 1973. Este fue su consejo: Vayan a las fuerzas armadas, pídanle su intervención. Para derrocar al gobierno marxista no hay diálogo: esto se resuelve con balas. Junto a la plana mayor del Partido Nacional, citaré sólo a Onofre Jarpa, más tarde ministro del Interior de la tiranía. Son venerados como próceres, estandartes de las luchas democráticas. Pocos, los ya ancianos, los relacionan con el genocidio y menos se les confieren responsabilidades. Tal vez a los ya jubilados, chilenos o no, este recordatorio les resulte banal e injustificado. Sin embargo, vale la pena preguntarse cómo perciben esta etapa de la historia las nuevas generaciones. Y no me refiero a la militancia juvenil de los partidos políticos, sino a la juventud de la era digital, desenfadada, muchas veces desideologizada y, sobre todo, víctima de una educación de cuatro décadas, en la cual priman la manipulación, el olvido, la competitividad y la desafección por la memoria histórica. ¿Son conscientes de los crímenes de lesa humanidad de su pasado o siguen defendiendo, como hace el ex vicepresidente de Chile de la concertación y primer gobierno de Michelle Bachelet, Alejandro Foxley, que Pinochet cambió el destino de los chilenos para bien, convirtiéndole en el prohombre que puso al país en el umbral del progreso y en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos? Tal vez esto nos haga pensar. Muchos no quieren hacerlo. Es fatigoso y en ocasiones causa dolor. Saber la verdad de los hechos no les interesa y, lo que es peor, se sienten cómodos en su indolencia. Les basta una caricatura para identificar al gobierno de Salvador Allende y sus reformas: era un izquierdista cuyo proyecto era instaurar un Estado totalitario. Los chilenos se opusieron, lucharon y ganaron la batalla al comunismo y el marxismo-leninismo. No resulta extraño que la hoy candidata a la presidencia de Chile por la nueva izquierda –el Frente Amplio–, Beatriz Sánchez, de 46 años, universitaria, periodista, ex conductora de programas de televisión, cara conocida en los medios de comunicación, autoproclamada de izquierda y feminista, apoyada por los diputados Giorgio Jackson y Gabriel Boric, fundadores de Revolución, Democracia e Izquierda Autónoma, se despachaba de la siguiente manera en la entrevista concedida a la revista del corazón Paula, el 30 de junio de este año. Pregunta: ¿Te sientes cómoda con el modelo de Salvador Allende? Respuesta: No es lo mismo, porque estamos en otro contexto. Yo prefiero un Estado que no sea totalitario, porque no creo en un Estado totalitario. ¿Era Allende un tirano, un dictador cualquiera? Eso parece insinuar su respuesta. Ante la repercusión de semejante metedura de pata se vio obligada a pedir perdón, eso sí, a petición de sus avales, los diputados Jackson y Boric. Lo peor no es lo dicho, sino que lo crea y no tenga pudor en decirlo. Además, es la opinión generalizada de las nuevas generaciones educadas en la desmemoria, el olvido y la mentira. Son pocos los interesados en romper la amnesia colectiva que encubre a canallas, traidores, golpistas y genocidas. Rescatar de la manipulación histórica al gobierno de la Unidad Popular y a su presidente, Salvador Allende, señalando que fue el momento más democrático y en el que la dignidad de un pueblo soberano brilló en el escenario internacional, sigue siendo la signatura pendiente. Mientras tanto, sus dirigentes –los mismos que fueron exiliados y sufrieron torturas– abandonan sus principios, olvidan y hoy participan de las acciones golpistas contra el gobierno de Venezuela. Hace 47 años estarían con Pinochet señalando que Allende quería instaurar un régimen totalitario y, por tanto, el golpe de Estado fue una liberación. La posverdad se impone. Salvador Allende fue dictador, marxista-leninista y comunista. El resto es irrelevante.

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