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Gracias, Messi, por hacer lo correcto en el momento adecuado

Fuente: Uri Misgav | Haaretz Fecha: 12 JUN 2018 A altas horas de la noche, cerca de la medianoche, hubo un suspiro colectivo de alivio en las casas de un gran número de israelíes decentes. Dadas las circunstancias, no hay más remedio que comparar eso con los familiares gritos de alegría que emanan de las ventanas cuando se marca un gol espectacular en la red, agradecido hasta las lágrimas, en el minuto 89 del juego. No podemos ignorar esta alegría o sentirnos avergonzados al respecto. Llega el momento en que una persona que ama a su país entiende que vale la pena darle una bofetada para devolverle la razón. Y, por supuesto, es mejor que eso suceda mediante la cancelación de un partido de fútbol y no debido a un ataque sorpresa en la línea de fortificaciones. Por supuesto, es demasiado temprano para decir si la cancelación del juego entre los equipos nacionales de fútbol de Argentina e Israel será recordada como un evento decisivo, o simplemente otro «pequeño temblor en el ala»; pero si lo será como uno cuyo valor es claro: la dispersión de la nube de euforia, presunción, arrogancia y agresividad con que han actuado el Israel oficial y muchos de los habitantes del país en el último mes. Y aún mejor, este globo se rompió con una aguda puñalada de Lionel Messi, probablemente el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos. Messi es un héroe nacional en Israel, el último tema de admiración. Sería difícil etiquetarlo como un enemigo antisemita de Israel como Roger Waters. Tampoco tiene importancia la cuestión de si él y sus compañeros de equipo profundizaron en consideraciones políticas, o si simplemente no tenían ganas de servir como marionetas ornamentales en una arena hirviente y controvertida solo una semana antes de su primer partido en la Copa del Mundo. El resultado final es que se trata de una derrota diplomática y de relaciones públicas. Una farsa que se convirtió en un fiasco, encabezada por la ministra de Cultura y Deportes, Miri Regev, cuya sed de poder y arrogancia se le subió a la cabeza, con comentarios como: «Messi vendrá y besará el Muro de las Lamentaciones» y «Ya veremos quién le da la mano a quién”. Como parte de la justicia poética, bailó y habló ella misma locamente en la Quinta Avenida en Manhattan en el desfile “Celebrando a Israel” el domingo pasado, horas antes del anuncio de la cancelación. Impresionada y desesperada, se apresuró a poner en acción al viajero frecuente primer ministro Benjamin Netanyahu en París, atrayéndolo a tomar parte activa en la vergüenza. Era difícil no sonreír con satisfacción frente a sus esfuerzos por presionar al presidente de Argentina, quien se vio obligado a explicarle a Netanyahu que en su país republicano la federación de fútbol es un organismo independiente y el gobierno no puede darle órdenes. (Después de todo, ¿de qué sirve un equipo nacional si no podemos controlarlo?) Argentina nunca ha sido conocida como un brillante ejemplo de democracia o como un bastión de los derechos humanos, pero esta vez tuvo el honor de hacer lo correcto en el momento correcto: decir «no más». Obtener un pequeño precio de un pequeño país que se ha confundido y cree que puede hacer lo que quiera. Los provocativos bombardeos en Siria, las arrogantes fotos en los cielos sobre Beirut; la presentación de los archivos nucleares iraníes por Netanyahu, puso un dedo en el ojo de Teherán; la celebración de la cancelación del acuerdo nuclear; la mudanza de la Embajada de EE. UU. a Jerusalén; la parálisis diplomática; y sobre todo esto, las matanzas y heridos en masa de los manifestantes a lo largo de la cerca fronteriza con la Franja de Gaza, sin disculparse o incluso lamentarse, mientras la población bailan en la plaza en honor a la victoria de Eurovisión y el Tribunal Supremo autorizaba oficialmente las reglas de enfrentamiento. Alguien tuvo que interferir un poco con la normalización de la ocupación y su banalización del bloqueo, y ciertamente con la gran politización del deporte y la jutzpá (En idish: audacia insolente. N. del T.) de mover el juego a Jerusalén. Ahora Regev está llorando por las «amenazas de las organizaciones palestinas» y en los medios que sirven como portavoz de Netanyahu están de luto por el hecho de que «Argentina se rindió al terrorismo». Pero la verdad es que Israel se ha impuesto este autogolpe. Mientras tanto, Jibril Rajoub se ha apresurado a dejar en claro que los palestinos no tendrían problemas si el juego contra Argentina se hubiera llevado a cabo en Haifa como estaba previsto, y la Unión Europea de Radiodifusión ya ha advertido que en el concurso de Eurovisión no permitirá interferencia política y su celebración en Jerusalén está en duda. Este parece ser el único idioma que entienden aquí. Entonces, aunque nuestros corazones están con aquellos que gastaron su dinero en boletos revendidos a precios exorbitantes, no tenemos más remedio que decir: Gracias, Messi. Traducción: Dardo Esterovich

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Acotaciones al margen de la cancelación del amistoso Israel-Argentina

Fuente: Daniel Kupervaser | Daniel.kupervaser.com Fecha: 12 de JUN 2018 En condiciones climáticas un poco más favorables, después que la tormenta amainó, es hora de presentar algunas acotaciones al margen de la cancelación del amistoso Israel-Argentina. En relación con este trasfondo, Raanan Rein, conocido historiador israelí de origen argentino, afirmó que “Hay una larga historia de utilización de los eventos deportivos internacionales por parte de los gobiernos autoritarios para legitimar su control. En 1978, la dictadura argentina, tras haber tomado el poder por medio de un golpe militar dos años antes, dedicó considerables esfuerzos a usar el Mundial de Fútbol para legitimar su dictadura, tanto ante la sociedad argentina como ante el mundo”[1]. Probablemente Messi y sus compañeros no viven desconectados del mundo. Seguramente fueron informados a tiempo de una previa y clara advertencia del Canciller argentino en estos términos: “cuando ellos cambiaron la sede del partido entre Argentina e Israel de Haifa a Jerusalén la Cancillería le advirtió a AFA que por el status que tiene esta última ciudad, bajo la órbita del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, esa decisión podía generar una alta sensibilidad política por el conflicto histórico que existe allí y no era conveniente”[2]. A este preámbulo se le agregaron las declaraciones de Miri Regev, Ministra de Deportes de Israel, quien claramente dio a entender su intención de usar a Messi en beneficio de la visión política de Israel en relación con Jerusalén como el aspecto más importante del amistoso de fútbol. Regev afirmó que “en el momento que nosotros luchamos por el traspaso de embajadas a Jerusalén, no hay lugar a preguntas. Uno de los jugadores más populares del mundo por supuesto que conviene verlo jugar en Jerusalén. ¿Hay otra propaganda mejor que esa?”[3]. Es de suponer que, bajo esas condiciones, Messi tomó la decisión de no proyectar una imagen pasiva, similar a la de Daniel Passarella de 1978. No en vano, antes de las declaraciones de Regev se publicaron trascendidos según los cuales Messi manifestaba su oposición a estrechar la mano de Netanyahu. Las bravuconadas de Jibril Rajoub, líder de la federación de Futbol de Palestina, proponiendo la quema de la camiseta número 10 de Argentina, y una reducida manifestación en Barcelona frente a la concentración del seleccionado argentino mostrando una camiseta argentina manchada de sangre, se convirtieron en el argumento oficial israelí. Para Miri Regev, las amenazas de muerte a Messi fueron el causante de la cancelación del encuentro[4]. Avigdor Liberman, ministro de seguridad de Israel afirmó que “es una lástima que las estrellas del futbol argentino no supieron sobreponerse a la presión de los incitadores que odian a Israel”[5]. No para sorprenderse, una masiva campaña israelí de tildar a futbolistas argentinos como miedosos y cobardes tomó gran proporción de inmediato. Aun así, y seguramente con consultados liberados de responder visceralmente, dos diferentes sondeos de opinión de los mismos días en Israel informaron de un insólito resultado que tira por el suelo la argumentación oficial. La mayoría absoluta de la población local señala a la conducta de la ministra Regev como el principal factor que dañó la imagen de Israel, justamente por poner el acento en los aspectos políticos del encuentro[6]. Este resultado no es casual. Bajo la misma interpretación oficial israelí, se puede decir que Jerusalén trasmite una sensación muy parecida de miedo y cobardía con las repetidas advertencias de viaje de su Cancillería a ciudadanos israelíes. Prácticamente no hay grandes diferencias conceptuales entre la advertencia del Canciller argentino a su selección de fútbol, o la sensación de componentes del combinado argentino, frente a las sugerencias de viaje del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel de, por ejemplo, alejarse del centro de ciudades importantes de Nicaragua (abril 2018), evitar de viajar a determinadas regiones de Colombia (febrero 2018), y muchas más[7]. A nivel internacional, la diplomacia israelí fue movilizada de inmediato para exponer su versión oficial. Ilan Sztulman, Embajador de Israel en Argentina, declaró en una entrevista radial que “el motivo de la cancelación no fue político, ni la selección tenía un problema con el Estado de Israel. Simplemente tuvieron miedo”[8]. Esta actitud catapultó reacciones de judíos de la diáspora por medio de las redes sociales, especialmente aquellos del continente americano. Esta campaña incluyó graves ofensas al seleccionado argentino, perversas imprecaciones y hasta confesiones que muy bien se pueden interpretar como identificación con Israel más que con el país de ciudadanía. Las imprecaciones y confesiones Esta actitud junto a la clara falta de atención de los causantes, lamentablemente, refuerzan nuevamente la sensación que los judíos de la diáspora se guían principalmente por la doble lealtad, conducta que las direcciones judías locales la consideran insulto antisemita. Sin lugar a dudas, la medalla de oro a la arrogancia en este acontecimiento le corresponde a DAIA. En sus esfuerzos por sermonear a la sociedad argentina y mantenerse como factor de poder político, enviaron una carta en la cual “solicitan una reunión con la Comisión Directiva de AFA a fin de trasmitirle personalmente cuáles son los valores que hoy tratan de erguirse en todo el mundo civilizado, frente a la amenaza de los grupos extremistas”[9]. Da la impresión que DAIA se refiere, entre otros, a sus programas de educación, aparentemente muy rentables, que tratan la temática de discriminación e inclusión”. Como se sabe, estos artificios esconden muy cuidadosamente ciertos valores que guían al Estado Judío, al que DAIA tanto respalda. Solo a título de ejemplo vale la pena mencionar el mantenimiento de 300 mil palestinos nativos de Jerusalén Oriental sin ciudadanía ni derechos civiles básicos después que Israel conquistó, anexó y estableció su soberanía en ese lugar. Un claro ejemplo de apartheid dirigido por judíos que para DAIA no existe. Consenso generalizado: Rajoub le ganó a Regev Hoy está claro que la intención de la ministra Regev de usar a Messi para una gran victoria mediática, término en un resonante fiasco con graves secuelas futuras, sobre todo, para la colectividad judía argentina. Ojalá me equivoque. Referencias [1] “1978 – 2018: Mundiales de fútbol en contextos

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Y la utopía abandonó a Israel

Fuente: Juan Carlos Sanz | El País Fecha:  3 de JUN 2018 Decenas de jóvenes escuchan a un elenco de viejas glorias de la izquierda, pacifistas e intelectuales frente a la sede del Teatro Nacional de Israel, en la plaza de Habima en Tel Aviv, mientras un puñado de ultraderechistas les increpa desde la esquina del bulevar ­Rothschild, tras un cordón policial: “¡Marchaos a vivir a Gaza!”. Orillado por edificios de estilo Bauhaus, este paseo, donde se declaró hace 70 años la independencia del Estado hebreo, aún conserva el marchamo de la modernidad. “Hemos olvidado la historia, los valores del judaísmo”, musita desde su silla de ruedas Yael Dayan, exdiputada del partido laborista. “En [las protestas de] Gaza ha habido muchos muertos por los disparos de nuestros soldados”, desgrana con una mueca de dolor, tras haber leído en la tribuna el testimonio de un francotirador militar anónimo que combatió en el enclave palestino. Antigua vicealcaldesa de Tel Aviv, Yael, la hija de Moshe Dayan —el general que derrotó en seis días a tres Ejércitos árabes e inauguró la ocupación—, mantiene a los 78 años la intensidad de la mirada de las generaciones pioneras de Israel. “¡Fuera traidores!”, arrecian los gritos de los extremistas mientras hacen ondear banderas de la estrella de David, y los agentes los contienen con aire de aburrimiento. “También nos hemos vuelto racistas”, sostiene Dayan, conectada a un respirador. “Aunque nacimos como un país de inmigrantes perseguidos, el Gobierno ha intentado deportar a miles de refugiados africanos”. La veterana política ha venido a apoyar un acto público organizado por el movimiento de soldados veteranos Romper el Silencio, una de las organizaciones pacifistas que aspiran a ser la conciencia crítica de la sociedad hebrea, cada vez más escorada hacia el nacionalismo. “Solo unos pocos se atreven a decir hoy la verdad sobre la ocupación. El país ya no es el mismo”, sentencia Dayan, “pero no es tanto Israel el que ha cambiado como su liderazgo”. La compleja división política israelí se debe a la fragmentación provocada por un sistema electoral con fuerte proporcionalidad en el reparto de los 120 diputados de la Kneset (Parlamento), según el analista político Daniel Kupervaser. “Si se revisan resultados y sondeos, se aprecia la solidez de un bloque de la derecha, con 57 escaños, formado por el partido conservador Likud de Benjamín Netanyahu, y la extrema derecha de Avigdor Lieberman [actual ministro de Defensa], al que se suma el nacionalismo religioso de los colonos y los ultraortodoxos. Luego, hay un segundo bloque de fuerzas de centro, que incluye al laborismo, con 45 diputados, y, por último, un tercer grupo que suma 18 escaños, en el que están Meretz [izquierda pacifista] y los partidos árabes israelíes”. Los partidos de este último bloque están considerados como “inadmisibles” para conformar “una coalición sionista”, así que el centro solo puede gobernar con la derecha, explica Kupervaser. Así, en las elecciones legislativas de 2009 la dirigente liberal Tzipi Livni obtuvo más votos que Netanyahu, pero no pudo formar un Gabinete de coalición por el veto de los partidos conservadores. “El Likud de Netanyahu solo controla una cuarta parte del Parlamento”, advertía recientemente la liberal Livni en un encuentro con periodistas en Jerusalén. “Las alianzas pueden cambiar dentro de poco”. Sus palabras aludían a los casos de corrupción que planean sobre el primer ministro, Netanyahu, y amenazan con forzar su dimisión si el fiscal general le inculpa por fraude y soborno. Livni ha ocupado el cargo de viceprimera ministra, y ha sido la titular de Exteriores, Justicia y de otras carteras, convirtiéndose en la mujer que más ha ascendido en la pirámide del poder en la historia de Israel, tras Golda Meir, jefa de Gobierno entre 1969 y 1974. También encabezó las últimas negociaciones de paz con los palestinos, suspendidas hace cuatro años. Desde la oposición de centro-izquierda, cita los sondeos para apoyar sus argumentos: “La sociedad está mayoritariamente a favor de la solución de los dos Estados, aunque no sabe cuándo se podrá alcanzar. Solo unos pocos defienden un Estado binacional [la anexión de los territorios palestinos]”. El partido de Livni, Hatnuah, está asociado al laborismo en la denominada Unión Sionista. Coincidiendo con su 70º aniversario, en un mes Israel ha sentido el vértigo de una aceleración histórica. Ha habido una rápida sucesión de acciones y reacciones. En un alarde de protagonismo de Netanyahu, se presentó en televisión el archivo atómico secreto localizado por agentes del Mosad en Teherán, poco antes de la ruptura por parte de EE UU del acuerdo nuclear con Irán, y del ataque militar israelí a gran escala contra objetivos de la Guardia Revolucionaria de Irán en Siria. Pero el hito que ha marcado la conmemoración de la independencia ha sido sin duda el traslado de la Embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, que ha consolidado el alineamiento del presidente Donald Trump con los intereses estratégicos del Gobierno de Netanyahu. Mientras la hija del mandatario de EE UU Ivanka Trump inauguraba en su nombre la legación diplomática de la Ciudad Santa en un clima de euforia local, los disparos de los francotiradores del Ejército causaban la muerte de 62 manifestantes ante la valla de separación fronteriza. La Autoridad Palestina incluyó esos hechos en la denuncia por crímenes de guerra que días más tarde presentó en la Corte Penal Internacional de La Haya. Esta misma semana, la escalada bélica entre Israel y Hamás —el movimiento islamista que gobierna de facto en el enclave— ha estado a punto de desbordarse, con el mayor lanzamiento de cohetes registrado desde la Franja, y los bombardeos más intensos de la aviación hebrea desde el fin de la guerra de 2014. Las repercusiones de esta crisis en Gaza han ido más allá de la condena a Israel en foros internacionales. El cantante brasileño Gilberto Gil ha cancelado su concierto en Tel Aviv ante la situación en la Franja. El primer ministro francés, Édouard Philippe, ha pospuesto indefinidamente una visita oficial alegando problemas de agenda. Otros artistas y políticos han decidido retrasar viajes previstos a Israel tras los incidentes del 14 de mayo. Pocas

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¿Por qué romper el silencio?

Fuente Amos Oz | El País Fecha: 02 de JUN 2018 A menudo me pregunto por qué organizaciones [israelíes] como Romper el Silencio, B’Tselem y Paz Ahora suscitan sentimientos de miedo, rabia y hostilidad en tantas personas. No solo gente de extrema derecha, sino también otros que se consideran en el centro del espectro político. Esa hostilidad no puede explicarse solo diciendo que todos los que se oponen a Romper el Silencio son racistas. Ni que están intentando callar nuestras voces; la gran mayoría de nuestros adversarios no lo hace. Ni siquiera podemos decir que todos nuestros oponentes odian a los árabes, porque, en su mayor parte, no es así. ¿Cuál es el problema entonces? Muy sencillo: la gente quiere sentirse a gusto consigo misma, y Romper el Silencio se lo impide. La gente quiere que el Estado de Israel tenga una buena imagen y, a su juicio, Romper el Silencio y B’Tselem hacen que la tenga mala. Es algo completamente humano. No tenemos por qué despreciar la necesidad natural del ser humano de sentirse bien. Es muy comprensible que la mayoría de los israelíes sienta bochorno e incomodidad cuando el Estado de Israel no tiene una buena imagen. Creen, equivocadamente, que los que promueven esa mala imagen son los que denuncian las distorsiones morales del país, del Gobierno y del Ejército. Les cuesta aceptar que el Estado de Israel, a veces, da muy mala imagen, no por culpa de los que denuncian esas distorsiones morales, sino por culpa de los que incurren en ellas. Una de las maravillas secretas de la tradición judía, una de las razones de que el pueblo judío no haya sido erradicado después de miles de años, mientras que otras naciones más grandes han desaparecido, es que en la nación judía siempre ha habido muchos valientes dispuestos a romper el silencio y a luchar para curar la degeneración moral y denunciar las distorsiones sociales y las injusticias. Podemos empezar por hablar del profeta Natán, el ejemplo por antonomasia de lo que es romper el silencio, y de cómo ensució la fama del rey David, el autor de los salmos, el antepasado del futuro Mesías. Aquel pequeño profeta se alzó y dijo al mundo —y a las futuras generaciones— que David había asesinado mediante artimañas y engaños a un hombre inocente, solo porque quería acostarse con su mujer. El profeta Jeremías, el profeta Amos y otros profetas también censuraron sin piedad a la familia real, a los ministros, a los grandes de su época, y muchas veces al pueblo en general, a toda la nación: mancillaron nuestro país, sin la menor duda. No tuvieron miedo de llamar a la injusticia, injusticia, y al derramamiento de sangre inocente, derramamiento de sangre inocente. Nunca se detuvieron a preguntarse si estaban proporcionando excusas a los que odiaban a Israel. En sus poemas, Hayim Nahman Bialik arrojó fuego y azufre sobre los dirigentes, los funcionarios y toda la nación judía. También Nathan Alterman y S. Yizhar rompieron el silencio y nunca vacilaron a la hora de condenar la injusticia y los asesinatos cometidos por los soldados de las Fuerzas Armadas israelíes, ni siquiera durante las celebraciones y la euforia que siguieron a la gran victoria en la guerra de los Seis Días. Lo mismo que A. B. Yehoshua, Hanoch Levin, David Grossman, Yitzhak Laor, Meir Shalev y una larga lista. Todos los que odian a Romper el Silencio deberían reflexionar sobre una cosa, al menos por un instante: que la fortaleza moral no es un lujo ni un mero adorno. La fortaleza moral es necesaria para la supervivencia de una nación, una sociedad y una persona. La fortaleza moral no es una especie de joya que guardamos en la caja fuerte y que nos ponemos solo en los días buenos para tener un aspecto mejor. La fortaleza moral no es una mercancía producida para la exportación, que se guarda en un cajón, por lo menos hasta que termine la guerra, hasta que vuelva la normalidad y el país viva 40 años de paz, de forma que solo entonces podremos blandir nuestra reluciente grandeza moral, exhibirla en el pecho y revelar al mundo lo maravillosos que somos. No. La fortaleza moral, especialmente en tiempos de guerra, es tan urgente como los primeros auxilios en un campo de batalla. El papel del acusador, a veces, es similar al del médico o el enfermero: su labor es como la del médico que abre un absceso y extrae el pus, para que no se extienda ni contamine todo el cuerpo. No debemos menospreciar a quienes desean sentirse bien. Pero quizá convendría familiarizarlos con algo que sabe casi el mundo entero, salvo los que quieren acallar la crítica aquí, en Israel: que una de las pocas razones por las que los israelíes pueden seguir sintiéndose un poco bien consigo mismos y ante otros países es que tenemos Romper el Silencio, B’Tselem y Paz Ahora, que hay una lucha permanente para alcanzar la justicia social y que seguimos teniendo una prensa más o menos libre o, por lo menos, seguimos peleando para mantenerla. Y sigue habiendo libertad de expresión, cada vez más amenazada, pero sigue habiéndola. Estas son las cosas que dan una buena imagen de Israel. Estas son las cosas que permiten que Israel siga teniendo defensores en todo el mundo, gente que todavía nos mira con esperanza e incluso admiración. A pesar de la fealdad y de la injusticia, a pesar de la ocupación y la explotación de los pobres y desfavorecidos de la sociedad israelí, yo sigo amando Israel. Lo amo incluso en los momentos en los que no puedo soportarlo. Lo amo por su larga tradición de acalorados debates internos y búsqueda de la justicia. Es una tradición que ahora está en peligro, es cierto, pero que se mantiene viva. Cuánta gente dice: “Muy bien, pero ¿por qué no podemos resolver nuestras diferencias discretamente? ¿Por qué tenemos que hacerlo ante los ojos de todo ese mundo hostil?”. Pues bien, porque los tiempos han cambiado, y los

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La derecha latinoamericana dijo a qué vino

Fuente: Emir Sader | La Jornada Fecha: 26 de MAY 2018 Después de años duros, en que parecía que el neoliberalismo había venido para quedarse en América Latina, fuerzas populares han logrado construir programas de gobierno antineoliberales, ganar elecciones y protagonizar los años más virtuosos de nuestra historia, en algunos de nuestros países. Pero la derecha, aun derrotada, no ha dejado de maniobrar para intentar frenar a esos procesos, que representan el desenmascaramiento de todo lo que la derecha había dicho que era nuestro destino inevitable. Planteaba distintas cosas, pero su política económica siempre era el viejo modelo centrado en los ajustes fiscales, como medicamento contra la enfermedad de los gastos estatales. Tras el periodo de gobiernos posneoliberales, la derecha ha vuelto a la carga, conquistando el gobierno en Argentina mediante elecciones, logrando el poder en Brasil mediante un golpe. Y tuvo la posibilidad de decir a qué vino, porque peleó tanto, con todas sus fuerzas, legales e ilegales, para retornar al gobierno. ¿Qué es lo que tiene que proponer y realizar en América Latina? En verdad, no fue necesario aguardar ese retorno, porque podemos saber lo que la derecha latinoamericana tiene que proponer ante la situación de países como México, gobernado hace tantas décadas por la derecha, con su modelo neoliberal ya hace por lo menos dos décadas y media. Las preferencias a favor de Andrés Manuel de López Obrador para volverse el próximo presidente de México es el resultado directo del fracaso de los gobiernos de PRI y PAN, que se han alternado en el gobierno, sin cambiar la política económica neoliberal, llevando México a una situación catastrófica, desde todos los puntos de vista. El país que iba a marcar la senda para los otros países del continente, habiendo sido el primero en firmar un tratado de libre comercio con Estados Unidos (y con Canadá, en ese caso) representa, al contrario de lo propuesto, el fracaso de esos tratados y esas políticas. Los dos partidos de derecha sumados no tienen las preferencias de López Obrador, que aparece como la ruptura con la corrupta oligarquía tradicional en México. Pero el retorno de la derecha al gobierno en Argentina y en Brasil podría significar una actualización de las propuestas de la derecha. Sin embargo, en los dos países se ha aplicado el mismísimo modelo que ya había fracasado en los años 90. El mismo diagnóstico de que los problemas de nuestras economías son los gastos excesivos del Estado tuvieron el mismo tipo de respuesta: la centralidad del ajuste fiscal. Con las desastrosas consecuencias apraejadas: profunda y prolongada recesión, desempleo, recorte, desindustrialización de la economía, fuga de capitales, alza del déficit público. ¿A eso vinieron las derechas en Argentina y en Brasil? ¿Eso prometen? ¿Por ello han luchado contra los gobiernos populares, valiéndose de acusaciones falsas, campañas de mentiras, cerco a los gobiernos desde los medios y desde los capitales especulativos? Ello demuestra, para México, Colombia, Bolivia y otros países que están o tendrán procesos electorales, lo que pueden esperar de los partidos y candidatos de derecha en América Latina, cualesquiera que sean sus promesas. En Venezuela se llegó a prometer la dolarización de la economía. En Brasil se privatizan los mejores bienes nacionales, los de Petrobras. En Argentina se vuelve a la entrega a los brazos del Fondo Monetario Internacional, volviendo a comprometer el futuro del país. Las alternativas de retomar el desarrollo económico con distribución de renta suponen la ruptura con el modelo neoliberal, lo cual solamente gobiernos de izquierda pueden hacer, como se ha demostrado en este siglo. De la capacidad de la izquierda para unificarse donde está dividida, a superar los obstáculos jurídicos donde la derecha se vale contra líderes de izquierda, de la reformulación de los proyectos que han resultado, adecuándolos a las condiciones internas y externas actuales, y del rescate de los valores solidarios, cooperativos, humanistas, depende una solución positiva de la crisis actual que afecta a todo el continente.

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La planta insolente del Comando Sur

Fuente: Luis Britto García* | luisbrittogarcia.blogspot.com Fecha: 18 de MAY 2018 Alguna vez dije que vivíamos en la época del imperialismo humanitario y el genocidio filantrópico. Prueba de ello, el plan Masterstroke, del almirante Kurt Tidd, comandante en jefe delSouth Command, sección del ejército de una potencia del Norte que nada tiene que hacer en nuestro Sur (http://www.voltairenet.org/article201091.html.). Lo publica Voltairenet; lo comenta Stella Calloni, especialista en operaciones de genocidio, y su contenido es coherente con anteriores políticas y documentos de Washington.  Si el dueño del circo “no descarta” la intervención armada contra Venezuela, es creíble que los payasos disparen papelillo. El solo título, “Plan to overthrow the Venezuelan Dictatorship” (Plan para derrocar la dictadura venezolana), es ya una confesión delictiva. En términos  de la Carta de la ONU y de la de la OEA, ningún Estado puede ni debe intervenir en las cuestiones internas de otro, y mucho menos derrocar su gobierno. A confesión de parte, relevo de pruebas. Tidd confiesa desvergonzadamente en el texto  la implicación de su gobierno en las acciones contra Venezuela: “Es tiempo de que Estados Unidos pruebe, con acciones concretas, que está implicado en el proceso de derrocar la dictadura venezolana, lo cual significará un punto decisivo”. Pero también admite con mayor cinismo todavía que ese proceso no va a ser cumplido por venezolanos, pues las fuerzas opositoras “no tienen el poder de poner fin a la pesadilla”, ya que “las disputas internas, la supremacía de los favoritismos particulares, la corrupción similar a la de sus rivales, su escaso arraigo, no les garantizan la oportunidad de aprovechar la situación y dar los pasos necesarios”. Mayor desprecio no puede caber hacia los opositores en cuyo beneficio se pretende destruir un país. Esta oposición perniciosa es además minoritaria, pues  el plan está dirigido contra “los ciudadanos de menores ingresos -quienes apoyan a los gobernantes actuales” –o sea, la mayoría democrática. El almirante  desarrolla su plan para exterminarla:“-Obstruir completamente las importaciones, y al mismo tiempo, desalentar a los potenciales inversionistas extranjeros a fin de contribuir a hacer más crítica la situación de la población -sobre todo en lo relativo al combustible, esencial para cualquier intento de recuperación de la economía nacional”. A fin de agravar la crisis que supuestamente quiere solucionar, el humanitario Comando Sur propone: “Alentar la insatisfacción popular incrementando la escasez y el alza en precio de los alimentos, medicinas y otros bienes, con la intención de provocar la deserción de los ciudadanos por todas las fronteras, poniendo en riesgo así la seguridad nacional de los países fronterizos. Causando víctimas y haciendo responsable al gobierno de ellas. Exagerando ante el mundo la crisis humanitaria a la cual ha sido sometido el país”. No se olvidan detalles: hay que estructurar un plan para lograr la profusa deserción de los más calificados profesionales, a fin de “dejarlo absolutamente sin profesionales”, lo que agravará todavía más la situación interna, y culpar de ello al gobierno. Un “Golpe Maestro” no ahorra crímenes: “Incrementar la inestabilidad interna hasta un nivel crítico  intensificando la descapitalización del país, la fuga de las divisas extranjeras y el deterioro de su base monetaria, provocando la aplicación de nuevas medidas inflacionarias que incrementen su deterioro y que simultáneamente provoquen a los ciudadanos de menores ingresos -quienes apoyan a los gobernantes actuales- y a aquellos que están en mejor situación, a ver su status social como amenazado”. No se le escapa al aprovechado almirante que a pesar de todas estas fechorías,  una oposición minoritaria, sin poder, “de escaso arraigo”, sumida en “disputas, favoritismos y corrupción” seguramente será incapaz de arrebatarle el gobierno a la mayoría democrática. Por tanto, se impondrá la democracia minoritaria con los métodos más antidemocráticos: “Usar a los oficiales del ejército como una solución alternativa o definitiva… endureciendo las condiciones dentro de las Fuerzas armadas para que ejecuten un golpe antes de que acabe el año  2018”. Pero Estados Unidos y cierta oposición llevan veinte años fraguando un golpe de Estado   que nunca cuaja. Habrá entonces que derrocar al gobierno con fuerzas foráneas.  A tal fin, urge Tidd “Apelar a los aliados domésticos, así como a otras personas insertas desde el exterior en la escena nacional a fin de que generen protestas, motines e inseguridad, saqueos, robos, asaltos y secuestros de transportes de naves y de otros medios de transporte, con la intención de sumergir al país en una crisis a través de las fronteras y otras posibles vías, dificultando de tal modo la Seguridad Nacional de los países fronterizos. Causando víctimas y haciendo al gobierno responsable de ellas. Magnificando ante el mundo la crisis humanitaria a la cual el país ha sido sometido”. “Avanzar en la instalación en bases de aeroplanos de combate y helicópteros, vehículos blindados, posiciones de inteligencia, y unidades militares especiales y logísticas (de policía y militares, fiscales de distrito y prisiones)”. O, para hablar más claro: la imposición por la fuerza bruta de ejércitos de ocupación extranjeros, pues los estadounidenses generosamente están dispuestos a sacrificar como carne de cañón ciudadanos de otros países latinoamericanos: “Comprometer a Brasil, Argentina,  Colombia y Panamá para contribuir con un mayor número de tropas, para utilizar su proximidad geográfica y su experiencia en operaciones en regiones selváticas. Fortalecer su condición internacional con la presencia de unidades de combate de los Estados Unidos de América y los países citados, bajo el comando de un Estado Mayor conjunto dirigido por Estados Unidos”. Los estadounidenses estarán allí para fortalecer y comandar: que los desechables hispanos se quemen el pecho por ellos. Se engañan entonces los opositores que anhelan  una fotogénica invasión de rubios marines airosamente uniformados. Estados Unidos utiliza actualmente en sus guerras sucias los más inmundos mercenarios. Planea Tidd “Reclutar paramilitares principalmente en los campos de refugiados en Cúcuta, la Guajira y el Norte de  Santander, áreas densamente pobladas por ciudadanos colombianos que emigraron a Venezuela y ahora regresan huyendo del régimen, para intensificar las actividades desestabilizadoras en la frontera común entre ambos países. Hacer uso del espacio vacío dejado por las FARC, la beligerancia del ELN y las actividades en el área del Clan del Golfo. Preparar la involucración

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El día de la vergüenza

Fuente: Uri Avneri | Gush Shalom Fecha: 19 de MAY 2018 En el lunes sangriento, esta semana, cuando el número de muertos y heridos palestinos aumentaba por hora, me pregunté: ¿qué habría hecho si hubiera sido un joven de 15 años en la Franja de Gaza? Mi respuesta fue, sin dudarlo: me habría parado cerca del alambrado de la frontera y habría manifestado, arriesgando mi vida y mis extremidades a cada minuto. ¿Cómo estoy tan seguro? Simple: hice lo mismo cuando tenía 15 años. Fui miembro de la Organización Militar Nacional («Irgun»), un grupo clandestino armado llamado «terrorista». Palestina estaba en ese momento bajo la ocupación británica (llamada «mandato»). En mayo de 1939, los británicos promulgaron una ley que limita el derecho de los judíos a adquirir tierras. Recibí una orden para estar en un momento determinado cerca de la orilla del mar en Tel Aviv para participar en una manifestación. Tenía que esperar una señal de trompeta. Sonó la trompeta y comenzamos la marcha por la calle Allenby, que era la principal de la ciudad. Cerca de la sinagoga principal, alguien subió las escaleras y pronunció un discurso incendiario. Luego marchamos hasta el final de la calle donde se encontraban las oficinas de la administración británica. Allí cantamos el himno nacional, «Hatikvah», mientras algunos miembros adultos prendían fuego a las oficinas. De repente, varios camiones que transportaban soldados británicos se detuvieron y una salva de disparos resonó. Los británicos dispararon sobre nuestras cabezas y huimos. Recordando este evento 79 años después, se me pasó por la mente que los niños de Gaza son más grandes héroes que entonces. No huyeron. Se mantuvieron firmes durante horas, mientras que el número de muertos aumentó a 61 y el número de heridos por munición real a unos 1.500, además de 1.000 afectados por el gas. En ese día, la mayoría de las estaciones de televisión en Israel y en el extranjero dividiron su pantalla. A la derecha, los eventos en Gaza. A la izquierda, la inauguración de la Embajada de los Estados Unidos en Jerusalén. En el año 136 de la guerra sionista-palestina, esa pantalla dividida es la imagen de la realidad: la celebración en Jerusalén y el baño de sangre en Gaza. No en dos planetas diferentes, no en dos continentes diferentes, sino apenas a una hora de distancia. La celebración en Jerusalén comenzó como un evento tonto. Un grupo de hombres adecuados, inflados de auto-importancia, celebrando ¿qué, exactamente? El movimiento simbólico de una oficina de una ciudad a otra. Jerusalén es la manzana de la discordia. Todo el mundo sabe que no habrá paz, ni ahora, ni nunca, sin un compromiso allí. Para cada palestino, cada árabe, cada musulmán en todo el mundo, es impensable renunciar a Jerusalén. Es de allí, según la tradición musulmana, que el profeta Mahoma ascendió al cielo, después de atar su caballo a la roca que ahora es el centro de los lugares sagrados. Después de La Meca y Medina, Jerusalén es el tercer lugar más sagrado del Islam. Para los judíos, por supuesto, Jerusalén significa el lugar donde, hace unos 2000 años, se encontraba el templo construido por el rey Herodes, un cruel medio judío. Un remanente de una pared exterior aún se encuentra allí y es reverenciado como el «Muro Occidental». Solía llamarse el «Muro de las Lamentaciones», y es el lugar más sagrado de los judíos. Los estadistas han tratado de cuadrar el círculo y encontrar una solución. El comité de las Naciones Unidas de 1947, que decretó la partición de Palestina en un estado árabe y uno judío —una solución respaldada con entusiasmo por los líderes judíos— sugirió separar Jerusalén de ambos estados y constituirla como una unidad separada dentro de lo que se suponía que era de hecho un tipo de confederación La guerra de 1948 resultó en una ciudad dividida, la parte oriental fue ocupada por el lado árabe (el Reino de Jordania) y la parte occidental se convirtió en la capital de Israel. (Mi aporte más modesto fue luchar en la batalla por el camino que la une a Tel Aviv). A nadie le gustaba la división de la ciudad. Entonces mis amigos y yo ideamos una tercera solución, que ahora se ha convertido en un consenso mundial: mantener la ciudad unida en el nivel municipal y dividirla políticamente. Occidente como capital del Estado de Israel, Oriente como capital del Estado de Palestina. El líder de los palestinos locales, Faisal al-Husseini, vástago de una distinguida familia palestina local e hijo de un héroe nacional que fue muerto no lejos de mi posición en la misma batalla, aprobó esta fórmula públicamente. Yasser Arafat me dio su consentimiento tácito. Si el presidente Donald Trump hubiera declarado que Jerusalén Occidental era la capital de Israel y hubiera trasladado allí su embajada, casi nadie se hubiera emocionado. Al omitir la palabra «Oeste», Trump encendió un fuego. Quizás sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, y probablemente sin importarle nada. Para mí, el traslado de la embajada de EE. UU. no significa nada. Es un acto simbólico que no cambia la realidad. Si llega la paz, a nadie le importará un acto estúpido de un presidente estadounidense ya medio olvidado. ¡Inshallah! (Dios quiera) Así que estaban allí, este manojo de don nadies auto-suficientes, israelíes, estadounidenses y otros entre medio de ellos teniendo su pequeño festival, mientras que los ríos de sangre fluían en Gaza. Los seres humanos fueron asesinados de a docenas y heridos por miles. La ceremonia comenzó como una reunión cínica que rápidamente se volvió grotesca y terminó siendo siniestra. Nerón tocaba mientras Roma ardía. Cuando se intercambió el último abrazo y se realizó el último cumplido (especialmente a la agraciada Ivanka), Gaza siguió siendo lo que era: un enorme campo de concentración con hospitales severamente superpoblados, carentes de medicinas y alimentos, agua potable y electricidad. Se lanzó una ridícula campaña de propaganda mundial para contrarrestar la condena mundial. Por ejemplo: la historia que el terrorista Hamas había obligado

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Trump bajo el fantasma de Chávez

Fuente: Jorge Elbaum | El Cohete a la Luna Fecha: 19 de MAY 2018 El domingo 20 tendrán lugar las elecciones presidenciales en Venezuela. El proceso electoral se ha desarrollado en el marco de una feroz ofensiva de Estados Unidos para quitarle legitimidad, deteriorar su economía —a través del bloqueo económico y el ahogo financiero— y amenazar su soberanía mediante provocaciones militares fronterizas. Los candidatos que disputan la presidencia para el periodo 2019-2025, son cuatro: Nicolás Maduro, Henri Falcón (propuesto por una alianza compuesta por Avanzada Progresista, Copei y el Movimiento Al Socialismo, MAS). El tercer candidato es el pastor evangélico Javier Bertucci (Esperanza por el Cambio). Cierra la lista Reinaldo Quijada (Unidad Patriótica Popular). El resto de los partidos opositores se sumaron a un boicot promovido desde Washington y Miami, pese a que todos sus referentes habían llegado a un acuerdo político de participación en las elecciones con el MUD (Mesa de Unidadad Democrática), como resultado de acuerdos políticos alcanzados bajo la mediación del ex jefe de gobierno español José Luis Zapatero. Fue este último quien informó a los medios, mediante una carta pública, el 7 de febrero de 2018, mostrando su sorpresa y desazón frente al abandono de las conversaciones de Santo Domingo, en las que se debatían los formatos de participación electoral y se había alcanzado un principio de acuerdo de todas las partes. En aquella ocasión Zapatero señaló que: “De manera inesperada para mi, el documento no fue suscrito por la representación de la oposición”. A última hora, los referentes del MUD habían sido comisionados desde Miami –específicamente a través de integrantes del staff del senador Marco Rubio— para evitar cualquier compromiso con el chavismo. Frente a esta certidumbre, Rodríguez Zapatero señaló en su carta pública dirigida a la comunidad internacional: (…) Es por ello que le pido, pensando en la paz y la democracia, que su organización suscriba formalmente el acuerdo que le remito, una vez que el gobierno [de Maduro] se ha comprometido a respetar escrupulosamente lo acordado”. El MUD no suscribió los acuerdos de Santo Domingo porque el gobierno de Trump y su encargado de monitorear las políticas de América Latina –Marco Rubio— lo impidieron, exigiendo a sus líderes el abandono de las conversaciones so pena de limitar o suprimir el financiamiento otorgable a la oposición al chavismo, a futuro. El MUD está conformado por los partidos Acción Democrática, Voluntad Popular y Primero Justicia y desde esa renuncia se sumaron a la tarea de deslegitimar el proceso electoral, llamando al boicot de las mismas. Las elecciones de este domingo están enmarcadas en una guerra no convencional entablada por las compañías petroleras, las elites económicas de Caracas articuladas con corporaciones trasnacionales —gran parte de ellas refugiada hoy en Miami—, el Comando Sur del Pentágono y el Grupo de Lima, integrado por países miembros de la OEA a instancias de Estados Unidos. Uno de los voceros y activistas de este grupo es Mauricio Macri, quien ha repetido en los últimos meses que no reconocerá el resultado de las elecciones. Mas de 20 millones de electores están convocados a sufragar en el marco de una situación económica crítica que incluye hiperinflación, escasez de alimentos y medicinas, cortes de agua y luz, migraciones hacia países vecinos y altas tasas de delincuencia persistentes. Estos penosos desajustes son parte de una estrategia liderada por el Pentágono, cuyas especificaciones tácticas han sido filtradas en 2012. Se trata del Manual de Entrenamiento de las Fuerzas Especiales, conocido como TC-1801, inscripto en la doctrina de Guerra No Convencional del Departamento de Estado. [1] Guerras No Convencionales Esa guía de acción operativizada –entre otros destinatarios— contra la República Bolivariana de Venezuela, dice textualmente: “Las intenciones en los esfuerzos de guerra no convencional de los Estados Unidos buscan explotar las vulnerabilidades políticas, militares, económicas y psicológicas de un poder hostil, mediante el desarrollo y el sostenimiento de fuerzas de resistencia que cumplan con los objetivos estratégicos de los Estados Unidos”. [2] Eso supone tanto la “producción de fragilidad” como el aprovechamiento de las debilidades endógenas del país a ser atacado. Hugo Chávez fue el iniciador, dentro de América Latina, de una oposición frontal al neoliberalismo, con posterioridad a su implantación a sangre y fuego con el golpe de estado contra Salvador Allende en 1973. Su liderazgo motorizó proyectos de integración regional y el acompañamiento del “No al ALCA” en conjunto con Néstor Kirchner, Lula y Evo Morales en 2005. Esa Guerra No Convencional (GNC) incluye aspectos políticos, mediáticos, jurídicos, económicos y financieros. Uno de sus soportes es el que cuestiona el sistema electoral que llamaron a boicotear. Sin embargo, las razones institucionales no parecen ser de fondo a la hora de cuestionar a Caracas e intentar incluso (frustradamente) su reciente expulsión de la OEA. La preocupación de Estados Unidos sobre el sistema electoral de Venezuela no parece ser compatible –por ejemplo— con los cuestionamientos dirigidos a sus aliados de las autocracias teocráticas del Golfo Pérsico donde no abundan los modelos de representación política, desde hace casi un siglo. Ese rasero no se hace visible frente a los sistemas institucionales de los países cuya estructura y fortaleza militar generan respeto, como es el caso de la República Popular China. Tampoco,  frente a ninguna de las dictaduras sangrientas (presentes y pasadas) con las que Washington ha entablado beneficiosas relaciones económicas, políticas y diplomáticas. El Departamento de Estado nunca ha solicitado la expulsión de la OEA del Chile de Pinochet, de la Argentina de Videla, ni de la Guatemala de Efraín Ríos Montt, donde se asesinaron a 200.000 personas, mayoritariamente integrantes de pueblos originarios. El Departamento de Estado monitorea los sistemas políticos de acuerdo con el beneficio o perjuicio para sus intereses estratégicos y geopolíticos. En ninguna ocasión han juzgado un sistema sobre la base de meros parámetros institucionales, basados en el derecho local o internacional. El problema de Washington con Caracas no es de representaciones o de votos. Es de políticas emancipatorias que desafían los intereses que Estados Unidos considera parte de su patio trasero. La doble vara 

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60 muertos en Gaza y el fin de la conciencia israelí

Fuente: Gideon Levy | Haaretz Fecha: 16 de MAY 2018 ¿Cuándo llegará el momento en que la matanza masiva de palestinos importe algo a la derecha? ¿Cuándo llegará el momento en que la matanza de civiles golpee al menos al centro izquierda? Si 60 personas asesinadas no lo hacen, ¿tal vez 600? ¿6.000 los sacudirán? ¿Cuándo llegará el momento en que surja una pizca de sentimiento humano, aunque solo sea por un momento, hacia los palestinos? ¿Simpatía? ¿En qué momento alguien se detendrá y sugerirá compasión sin ser tildado de excéntrico o enemigo de Israel? ¿Cuándo habrá un momento en el que alguien admita que el matarife tiene, después de todo, alguna responsabilidad por la matanza, no solo por los matados, que son por supuesto responsables de su propia matanza? Sesenta personas asesinadas no le importaban a nadie, ¿tal vez 600 lo harían? ¿Qué hay de 6.000? ¿Israel encontrará todas las excusas y justificaciones entonces también? ¿Se echará la culpa a las personas asesinadas y sus «despachadores» incluso entonces, y no se escucharán ni una palabra de crítica, mea culpa, dolor, piedad o culpa? El lunes, cuando el recuento de muertos aumentó de forma alarmante, Jerusalén celebró la embajada* y Tel Aviv se regocijó por el premio de Eurovisión, parecía que ese momento nunca volvería. El cerebro israelí ha sido lavado irrevocablemente, el corazón sellado para siempre. La vida de un palestino ya no se considera que valga nada. Si 60 perros callejeros fueran asesinados a tiros en un día por soldados de las FDI**, todo el país estallaría en protestas. Los asesinos de perros serían enjuiciados, la nación de Israel habría dedicado oraciones a las víctimas, se diría un servicio de Yizkor*** para los perros sacrificados por Israel. Pero en la noche de la matanza de los palestinos, Sion se regocijó y se puso jubiloso: tenemos una embajada de EE.UU. y un premio de Eurovisión. Es difícil pensar en un eclipse moral más atroz. Tampoco es difícil imaginar el escenario inverso: 60 israelíes mueren en un día y las multitudes celebran la embajada en Ramala y se regocijan por un concierto en El Bire para animar a la ganadora del «A Star is Born» árabe, mientras que los presentadores de televisión y los entrevistados se ríen durante las transmisiones en vivo. Oh, esos animales palestinos, oh, los monstruos. La víspera de este lunes negro me encontré sentado en uno de los estudios de televisión junto a un risueño derechista. Risitas no es el término correcto, estaba a punto de estallar en carcajadas. Le hizo reír tanto la matanza en masa y le pareció aún más gracioso que alguien se horrorizara por ello. El periódico Israel Haiom abrió con la bendición «Shehecheyanu» en su título principal sobre otro asunto, sin darse cuenta de la oscura ironía. Iediot Ajaronot mantuvo una acalorada discusión sobre si los líderes de Hamas deberían ser eliminados ahora o no, quién está a favor del asesinato y quién está en contra. Imagina una discusión en un diario palestino: a favor o en contra de matar a Gabi Eizenkot La verdad es que Israel está bien preparado para masacrar a cientos y miles, y para expulsar a decenas de miles. Nada lo detendrá. Este es el final de la conciencia, la muestra de moralidad ha terminado. Los eventos de los últimos días lo han demostrado de manera decisiva. El camino ha sido trazado, la infraestructura para el horror ha sido lanzada. Docenas de años de lavado de cerebro, demonización y deshumanización han dado sus frutos. La alianza entre los políticos y los medios para suprimir la realidad y negarla ha tenido éxito. Israel está dispuesto a cometer horrores. Nadie se interpondrá en su camino por más tiempo. Ni desde adentro o desde afuera. Aparte de la hipocresía habitual, el mundo de la era Trump no moverá un dedo, incluso cuando Gaza se convierte, no lo quiera el cielo, en Ruanda. Incluso entonces, nuestros observadores y analistas recitarán que la IDF ha logrado sus objetivos, que la IDF mostró moderación, que es la más moral y «¿qué sugieres hacer en su lugar?». El jefe del ejército sería coronado como el hombre del año, el hombre moderado y bueno, la oposición twittearía sus aplausos. En la plaza de la ciudad se celebrará la victoria de la cantante «izquierdista», nadie pensaría siquiera en cancelar la fiesta, o al menos reservar un momento para los muertos. ¿Qué tiene eso que ver con nosotros? Es culpa de Hamas. Sesenta personas murieron en un día, y ni una pizca de dolor ha sido vista en Israel. A partir de ahora, nunca se verá. Traducción: Dardo Esterovich N. del T.: * La apertura de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén ** Fuerzas de Defensa de Israel *** Responso

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