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El peligro de las iglesias evangélicas en la política latinoamericana

Fuente: Miguel Torres | El Mostrador Fecha: 25 de OCT 2018 Los grupos evangélicos son un nuevo actor en la vida política latinoamericana y se han propagado sagazmente en cada país logrando una inédita influencia, ganando terreno al monopolio que había ostentado el catolicismo desde hace siglos. Su poder crece día a día como contracara al avance de los movimientos feministas, de las minorías sexuales e identidad de género, con un discurso conservador, autoritario y totalizador. La crisis de representatividad de los partidos ha ayudado al incremento de las instituciones religiosas neopentecostales y a que estas puedan entrar fácilmente en el tejido social y actuar desde ahí como “salvadores” de la fe, la vida y la política. En una investigación del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), titulada “Iglesias evangélicas y el poder conservador en Latinoamérica”, se establece que el evangelismo explota políticamente su gran despliegue mediático, gracias a sus propias emisoras, canales de televisión y redes sociales, que deja en desventaja a los demás candidatos del sistema político, ayudadas de una «gran capacidad económica ligada al aporte-convicción de sus feligreses» y son fervientes «defensores del neoliberalismo y la sociedad de consumo». Por ello que la participación de las iglesias evangélicas en la política latinoamericana crece y alimenta las facciones políticas de la ultraderecha para impulsar su agenda conservadora, a través de candidatos propios o entregando el apoyo a quienes promuevan sus principios, definiendo algunas veces el resultado de elecciones y presionando en la toma de decisiones. Karl Marx en su libro Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel señala que “la religión es el opio del pueblo”, utilizando una analogía para entender que esta sustancia provoca un efecto analgésico que ayuda a disminuir el dolor, puede hacer dormir y también puede hacer soñar, lo que permite escaparse y estar fuera del mundo, situación similar a la que la religión produce personal y socialmente. Por su parte, Clifford Geertz, antropólogo estadounidense, postula que la religión “es un sistema de símbolos que genera ánimos y motivaciones poderosas, persuasivas y persistentes en los seres humanos”. Así, su potencial para formular concepciones no científicas que superan el contexto puramente religioso, dándole sentido a las realidades sociales, neutralizan la lógica de cómo se debería tomar decisiones políticas: la razón científica, el sentido común y la consideración incluyente. De esto se aprovechan los evangélicos y sus líderes, que tienen a su libre disposición una gran cantidad de creyentes-electores, con quienes fundan un vínculo muy rígido basado en un sistema de símbolos, principios y valores, creando una relación de poder asimétrica y autoritaria. El éxito que el mundo evangélico está teniendo en la vida política se debe a que es un grupo muy heterogéneo en términos de tipos de iglesias, adscripciones teológicas y posicionamientos políticos, estableciendo una relación directa entre la comunión con Dios y el bienestar material, teniendo como terreno fértil la mayor individualización e identificación por la vía del consumo de los sectores populares, ayudado por el neoliberalismo que, por su parte, propaga los mismos principios. En América Latina han crecido de manera peligrosa y este peligro no es abstracto. En Colombia los evangélicos contribuyeron a la victoria del No a los acuerdos de paz en el plebiscito sobre la paz en el 2016. La mención a los derechos LGBT en las negociaciones de paz puso en alerta y movilización a las iglesias y los pastores. En Costa Rica tras un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos a favor del matrimonio igualitario, Fabricio Alvarado, periodista y cantante de música cristiana pasó en primer lugar a la segunda vuelta como candidato del partido evangélico Restauración Nacional. Y si bien fue derrotado, pudo aglutinar el 40% de los votos, principalmente de sectores conservadores, contra la ‘ideología de género’. En República Dominicana, Perú y México los evangélicos han organizado marchas en contra del movimiento LGBT. En Guatemala, la religión evangélica prácticamente ha alcanzado al catolicismo, cuyo gobierno es presidido por Jimmy Morales, un humorista y teólogo evangélico, que en sus discursos exhibe aires de predicador. En Brasil el poder evangélico reside en el Congreso y ha tomado la forma de un frente evangélico que reúne a los parlamentarios que profesan esa religión, quienes todos los miércoles por la mañana se reúnen en una sala plenaria para rezar juntos, entonando cantos y plegarias. Son los mismos que influyeron decisivamente en la caída de Dilma Rousseff mediante un golpe parlamentario y han posicionado a Jair Bolsonaro como un candidato presidencial fuerte, utilizando sus medios para crear una campaña de terror y mentiras contra Fernando Haddad. En Chile están creciendo de a poco y la débil “bancada evangélica” no ha logrado influir en la toma de decisiones y en las políticas públicas. Sin embargo, hay que mirarlos con recelo y desconfianza, porque al igual que en otros países intentarán penetrar las esferas políticas con el fin de imponer su agenda ultraconservadora, utilizando a sus pastores con un discurso de populismo religioso, más radical y de mayor alcance. En política es necesaria la diferencia ideológica, sin embargo, cualquier religión con aspiraciones y ambiciones políticas se opone a los ideales y fundamentos de la democracia. Y en este sentido, los evangélicos suponen un riesgo para el desarrollo de una sociedad moderna y pluralista, porque forman parte de una avanzada contra los nuevos tiempos y procesos que se viven en la región, en que se debate sobre el feminismo, el matrimonio igualitario, el aborto, la identidad de género y derechos de minorías LGTBI, coartando libertades e imponiendo su visión conservadora.

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La ira de dios

Fuente: Jorge Elbaum | EL cohete a la luna Fecha: 21 de OCT 2018 La segunda vuelta electoral en Brasil tiene como protagonistas a pastores de grupos neopentecostales. El último miércoles, los dos candidatos, Fernando Haddad y Jair Messias Bolsonaro, compartieron actividades de campaña con grupos religiosos integrados a redes evangélicas de diferente origen. Fe y política se entremezclan en la campaña electoral con niveles crecientes de disputa, en el marco de un clima neoliberal que excluye de toda espiritualidad y lazo social a quienes más requieren esperanza. Amplios sectores sociales, sobre todo los más vulnerables, tienden a refugiarse en rituales y en sus respectivas redes emocionales, que otorgan un salvoconducto frente a la irracionalidad, la violencia y las carencias cotidianas que ofrecen los modelos económicos imperantes. La restauración conservadora en América Latina se insinúa como una reacción exasperada contra la inclusión de amplios sectores populares y los concomitantes cambios en las relaciones sociales que estas mutaciones generan. Los sectores hegemónicos, acostumbrados a disfrutar de privilegios históricos, se han visto desafiados en las dos últimas dos décadas por iniciativas políticas impulsadas por organizaciones progresistas que han empoderado a numerosos grupos subalternos. En ese marco, las derechas del subcontinente más desigual del mundo (América Latina) han decido ajustar y coordinar todo su armamento cultural y simbólico para evitar la continuidad de unas alteraciones que rechazan por considerarlas como antinaturales: para estos sectores reaccionarios la inequidad debe ser garantizada, como expresión del orden y única garantía del crecimiento económico. Para cumplir ese objetivo todas las contribuciones son válidas. Incluso aquellas que provienen de las confesiones religiosas. La profusión de pastores e iglesias en América Latina muestra la clara diferencia entre los modelos pentecostales, nacidos a principios del siglo XX, y las versiones neopentecostales que irrumpen a mediados del siglo XX. Estos últimos grupos reivindican una teología de la prosperidad individual a cualquier costo, alabando la desigualdad y endiosando el dinero. Por el contrario, para los pentecostales tradicionales, no hay prosperidad posible en el egoísmo ni en la celebración del becerro de oro, ejercicio que consideran la síntesis de una comunidad envilecida. Sus modelos organizacionales también difieren: en el caso de los pastores que apoyan a Bolsonaro, que son mayoritariamente integrantes del movimiento neopentecostal, su feligresía se estructura mediante un mecanismo piramidal. En ese marco, cada líder carismático controla un territorio mediante la colocación de subalternos que deben rendir pleitesía (y recaudación) a sus jefes obispales superiores. El ex capitán del ejército mantiene un estrecho vínculo la Iglesia Universal del Reino de Dios, propietaria de la cadena de radio y televisión Record, dirigida por el obispo Edir Macedo, quien ha hecho campaña por el ex militar. Otro de los pastores vinculados con esa red de apoyo a Bolsonaro es el diputado y pastor brasileño Marco Feliciano, quien en una recordada misa celebrada en 2017, explicó que los tres balazos recibidos por John Lennon por parte de su asesino, Mark Chapman, tenían inscriptos en sus casquillos los nombres de la santísima trinidad: el padre, el hijo y el espíritu santo. Las políticas de inclusión social implementadas por Lula, el kirchnerismo, Rafael Correa, el chavismo, Michelle Bachelet y el Frente Amplio en Uruguay, han desatado los demonios exasperados de las elites autoritarias y conservadoras. Empresarios como Macri, Piñera o Duque ven cómo Jair Messias Bolsonaro converge con ellos con la particularidad del exacerbado discurso militarista dictatorial (de los años ’60 y ’70 del siglo pasado), ofrecido como solución a la crisis neoliberal producida por la hegemonía financiera, de la que los únicos beneficiarios son los conglomerados trasnacionalizados. El anarcocapitalismo, basado en la desregulación del mercado de trabajo, las aperturas externas asimétricas y la priorización la inversión extranjera por sobre el ahorro local, ha generado profundos niveles de desestructuración social. La correspondiente incertidumbre cotidiana (acompañada por la volatilidad de los mercados) brinda pingües ganancias a quienes han logrado blindarse mediante el acceso a divisas. Su contracara son los constantes estados de desesperación que sobrellevan los trabajadores, que sufren la precarización laboral, la amenaza de desocupación, la flexibilidad o la sobreocupación. En el marco de esa dramática incertidumbre cotidiana se superpone el fantasma de la violencia urbana. Frente a esa situación, uno de los mecanismos de defensa colectivo al que han apelado los sectores más castigados es la participación en redes de contención emocional dispuestas a proporcionar una clara esperanza compartida. En Brasil las iglesias neopentecostales ganaron adeptos en las últimas décadas gracias a dos factores convergentes. El primero: la progresiva reducción y desaparición de las comunidades eclesiales de base vinculadas a la iglesia católica, otrora instaladas en las barriadas populares de las grandes urbes, expresivas de una teología de la liberación. Estos agrupamientos se habían multiplicado en América Latina como continuidad a la labor de los curas obreros europeos y el empuje recibido por la Conferencia Episcopal Latinoamericana, realizada en Medellín en agosto de 1968. En ese cónclave se convocó a los sacerdotes y a las feligresías a realizar una opción por los pobres de la tierra. La otra motivación de la ocupación territorial de los grupos pentecostales se explica por el vacío dejado por el Estado y las redes de activismo social, que exhibieron gran dificultad (o ineptitud) para hacerse presentes en los sectores poblacionales más vulnerables, que conviven con redes mafiosas que además son cómplices de organismos de seguridad. Esta realidad obliga a los sectores progresistas a acciones yuxtapuestas: impedir el etiquetamiento homogeneizador que amontona a todo el pentecostalismo en una misma esfera indiferenciada, y recapacitar acerca del rol de la espiritualidad (religiosa o no) como un soporte de construcción de esperanzas, pasible de ser utilizado en la disputa política. Sería ingenuo dejarle la fe a quienes hacen de ella un negocio al servicio de los poderosos.

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Fascismo Fusión

Fuente: Diego Sztulwark | El cohete a la luna Fecha: 21 de OCT 2018 Ni Trump, ni Le Pen, ni Bolsonaro están en condiciones de construir un Estado fascista y, al mismo tiempo, no podemos evitar ver en ellos a los arquetipos humanos de un cierto tipo de fascismo postmoderno, un tipo específico de vitalismo que se afirma en su pureza –étnica, de clase o nacional– por medio de una violencia intolerante y de la inferiorización de poblaciones enteras. La pregunta por la posibilidad de la actualidad del fascismo supone, entonces, un ejercicio de caracterización de fuerzas y circunstancias políticas e históricas. I. ¿Qué es el fascismo histórico? El debate marxista Desde el punto de vista del debate marxista sobre el Estado y la política, el fascismo no se asimila a cualquier gobierno de rasgos autoritarios o conservadores, sino que responde a una cierta coyuntura: el capital monopolista, el gran capital centralizado, activa a sectores medios en su favor, a fin de desplazar a los círculos de las clases dominantes que bloquean su expansión, afirmando así su dominación sobre el conjunto. En la polémica entre Nicos Poulantzas y Ernesto Laclau, el fascismo (fenómeno que engloba también el nazismo) es caracterizado como un fenómeno de movilización de la sociedad en contra de la amenaza socialista obrera, así como de capas del viejo bloque de clases dominante que, como sucedía en la Italia y la Alemania de la década de 1930, obstaculizaban el despliegue de su hegemonía. En el Estado fascista, la ideología racista, nacionalista, militarista, la politización de la pequeña burguesía y la interpelación de lo popular resultan entonces indisociables de la dirección estratégica y de la necesidad de expansión del gran capital. ¿Qué nos enseña la tradición sobre el fascismo? Bajo el triunfo del fascismo europeo Walter Benjamin escribió “Sobre el concepto de historia”. Allí sugiere que si la izquierda europea no pudo derrotar el fascismo se debe “en parte no insignificante” a su creencia en una “norma histórica” fundada en la idea de “progreso”. En lugar de partir de la tradición específica de los oprimidos –un saber de la excepción como única norma–, la socialdemocracia se dejó llevar por la de los opresores –una temporalidad lineal de tipo evolutiva–. El marxismo, reducido a discurso de las fuerzas productivas (más fábricas, más obreros, más votos a los partidos socialistas, etc.), corre el riesgo de adoptar el punto de vista del enemigo. El precio a pagar por la adopción de este punto de vista “antifilosófico” (asombrarse de la existencia y crecimiento del nazismo como de un anacronismo, un arcaísmo que no debería subsistir “en pleno siglo xx”) es patente. Para Benjamin, la tarea es concebir la historia desde un punto de vista que permita expandir la excepción al entero campo social. El asombro ante fenómenos como el de Bolsonaro, en Brasil, debe producir saberes políticamente útiles, sin quedar estancados en la escasez filosófica ante el hecho de que las cosas que vivimos sean “aún” posibles en el siglo XXI. Pensar el fascismo ayer y hoy supone, por lo tanto, mantener la guardia en alto con respecto a lo que cada época propone como evolución normalizada del estado de cosas. II. ¿Es fascista la derecha que hoy gobierna? ¿Cómo se caracterizan las mutaciones de la derecha? En su reciente libro Las nuevas caras de la derecha, el historiador Enzo Traverso caracteriza el ascenso de las derechas en Europa y en los Estados Unidos (de Trump a Le Pen) con el término de postfascismos. Se trata de una categoría a la que se le puede reprochar imprecisión –sólo determina un después del fascismo–, pero a cambio tiene la ventaja de proponer, para cada caso, un análisis concreto de las mixturas de rasgos racistas, autoritarios y xenófobos de estos movimientos que denuncian a las elites de las finanzas, con las que no obstante sostienen vínculos estrechos. En ese sentido, Traverso afirma que Trump encarna como nadie una antropología neoliberal. Con la expresión postfascismo se intenta nombrar un complejo de continuidades y discontinuidades, a establecer en cada caso, con respecto al fascismo histórico. Esta formulación interesa en particular si se la aplica al fondo de la discusión más general sobre cómo caracterizar a la derecha que llegó con Macri al gobierno de la Argentina. La disyuntiva se graficó en las calles. En términos prácticos: ¿debemos o no cantar, en las marchas, la consigna “Macri, basura, vos sos la dictadura”? Cantarlo supone una caracterización errónea, en la medida en que el arribo de Cambiemos al poder se hizo dentro del marco del Estado de derecho. No cantarlo implica, en cambio, limitar el reconocimiento de continuidades entre procesos históricos diferentes. Pero cantar en la calle no es caracterizar con precisión un fenómeno complejo, sino remover una historicidad en el cuerpo. Y las dos cosas son por igual necesarias. Esa consigna pierde sentido si solamente pone música a una desorientación histórica. El problema surge a la vista: ¿es posible caracterizar una derecha moderna que triunfa electoralmente como la continuidad del terrorismo de Estado, cuyo protagonista central fue el partido militar que negaba y no ganaba elecciones? De Massera a Macri En la historia argentina, el fascismo histórico no se dio como forma dominante. Ciertos sectores de la izquierda y del liberalismo intentaron adjudicárselo de modo fallido al movimiento que creó Juan Domingo Perón. Pero, como lo explicaba León Rozitchner, Perón no expresó la vía del dominio por la vía de la guerra abierta, sino por la de la tregua. El tiempo y no la sangre. El asesinato y la tortura como modo de reestructurar las relaciones de poder estuvo a cargo de militares muy diferentes. En 1977, el almirante Massera (o Almirante Cero, nombre con el que este alto jefe participaba de la patota que desaparecía a militantes populares) ofreció un discurso en la jesuítica Universidad de El Salvador, en ocasión de recibir un premio honorífico. Massera, por entonces miembro de la junta militar que gobernaba el país, se explayó sobre las motivaciones que impulsaban a la cruzada occidental cristiana a la guerra que se libraba en los fondos de la ESMA: defensa de la propiedad contra la ideología marxista, defensa de la familia contra la perversión freudiana, defensa de valores absolutos contra la relatividad einsteniana. La práctica de exterminio en los centros clandestinos de torturas y los vuelos de la muerte, el catolicismo integrista de muchos de sus cuadros y los lazos indisociables con las jerarquías de la Iglesia apostólica y romana, junto a la defensa a rajatabla de la familia convencional y de la propiedad privada hicieron del Estado Terrorista –categoría forjada por Eduardo Luis Duhalde– el mejor heredero de la violencia fascista en nuestro país. ¿Hay una derecha no fascista? La situación es muy otra cuando escuchamos hoy al jefe de Gabinete de Macri y a

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El verdadero héroe es el director de B’Tselem

Fuente: Gideon Levy | Haaretz Fecha 20 de OCT 2018 ¿Quién contribuye más al estado de Israel en el mundo, el embajador en la ONU Danny Danon o el director de B’Tselem, Hagai El-Ad? ¿Quién genera más respeto, el diplomático o el activista de derechos humanos? ¿Cuál de los dos deshonró a Israel con sus palabras y quién conservó parte de su imagen humana? ¿Quién dijo la verdad y quién mintió? ¿En quién cree el mundo- excluyendo a Nikki Haley*, la única verdadera colaboradora en el recinto- y a quién no puede ya creer el mundo? Se sentaron uno frente al otro en el Consejo de Seguridad: dos israelíes de la misma edad, nacidos aquí, veteranos del ejército, con visiones del mundo totalmente diferentes y estándares morales en conflicto. Sus valores son contradictorios y su información sobre lo que sucede bajo la ocupación es divergente. Uno se basa en las mentiras de la maquinaria de propaganda de Israel, mientras que los puntos de vista del otro se basan en los esfuerzos de investigación de una organización cuyo trabajo no podría ser más confiable y profesional. El-Ad le recordó al mundo algo a lo que el mundo todavía se aferra, la creencia de que todavía hay una diferencia entre Israel y Arabia Saudita. Danon intentó borrar la diferencia con su lamentable respuesta: “Los soldados de las FDI te protegen y tú vienes aquí y los calumnias. Deberías estar avergonzado, colaboracionista». Danon es un fiel representante de la mayoría en Israel. Sus apariciones son importantes: le recuerda al mundo que la ilusión de «la única democracia en el Medio Oriente» debe ser disipada. El día en que el mundo se dé cuenta de que Danon es Israel y El-Ad representa precisamente no a una minoría despreciable, sino a una amordazada por una mayoría agresiva, tal vez entonces su actitud de perdón hacia Israel cambie. Las reacciones en Israel solo intensificaron el daño causado por Danon. No solo la derecha se abalanzó sobre El-Ad con crueldad, sino que el centro-izquierda también participó en la juerga fascista. Estuvo Yair Lapid, como solo podía esperarse. Hubo miembros de la Knesset de la Unión Sionista, como Ayelet Nahmias-Verbin («estos son textos unilaterales que merecen toda condena») y Eitan Cabel («palabras de odio y una abominación»). Sus palabras atestiguaron la urgencia de desprenderse de esta fiesta y sus ideas podridas. Ninguno de sus colegas acudió en defensa de El-Ad, ¡que vergonzoso! No hay alternativa al gobierno de la derecha. El-Ad mostró la verdad: desnuda, fea y perturbadora. Cualquiera que lo llame un soplón realmente admite esta verdad y se avergüenza de ella. No es solo el derecho de El-Ad de comportarse de esta manera, es su obligación. La ocupación no es ni puede ser un asunto interno israelí. El abuso de personas sin derechos bajo una tiranía militar en el territorio ocupado es un crimen internacional. Cualquiera que vea estos crímenes debe reportarlo a las autoridades. Si ve a un hombre golpear a una mujer o abusar de un niño o alguna otra criatura indefensa, tiene la obligación de denunciarlo a la policía. Si ve a un gobierno tiránico abusando de otra nación durante décadas, matando, destruyendo, causando hambre, encarcelando a las personas y bloqueando la asistencia médica, está obligado a informar de esto a las Naciones Unidas, a La Haya y a otras instituciones internacionales. El-Ad cumplió con su deber cívico y moral. El coro de sus detractores lo sabe, por eso es tan cruel y estridente. Si Danon realmente creyera sus propios discursos vacíos en las Naciones Unidas, no se alarmaría que un israelí hablara de manera diferente. Pero Danon y Cabel, Benjamin Netanyahu y Miri Regev saben que ni una sola palabra en el discurso restringido y directo de El-Ad no fue veraz. Por eso su reacción fue tan agresiva. El-Ad era modesto, como es su costumbre. Dijo que no era un traidor ni un héroe; Los palestinos son los verdaderos héroes. Tiene razón, por supuesto. Cada manifestante a lo largo de la frontera de Gaza es mucho más valiente que cualquier francotirador israelí que le dispare desde la distancia. Todos los pastores de la aldea beduina de Khan al-Ahmar exudan más justicia que todo el coro de los atacantes de B’Tselem. Pero El-Ad también es un héroe; él es un embajador de Israel como debería ser, un funcionario de relaciones públicas de un Israel alternativo, uno hermoso y justo. Ahora tenemos que preocuparnos por su seguridad. Ha sido marcado como objetivo y debe usar un chaleco antibalas. Si él fuera dañado, recordaremos a quienes tendrán la culpa: no solo a la gente de la derecha, sino también a los hipócritas santulones de la centro-izquierda: Lapid, Cabel y Nahmias-Verbin, los portavoces de la vergonzosa oposición imaginaria de Israel. * Embajadora de EE.UU ante la ONU, renunciante a partir del 31-12-2018 Traducción: Dardo Esterovich  

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El fin de la ilusión reformista

Fuente: María Laura Carpineta | Revista Zoom Fecha: 19 de OCT 2018 Hace apenas un año, el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammad bin Salman, lanzó una campaña mundial para cambiar la imagen de su monarquía y convencer al mundo occidental de que era un líder reformista y moderno, que hablaba el idioma del desarrollo tecnológico, las inversiones y el comercio internacional, no el del radicalismo religioso y el autoritarismo. Gastó millones de dólares, se sacó fotos sonriente con los principales dirigentes políticos y empresariales de Estados Unidos y Europa, consiguió una portada que prometía apertura de género en Vogue y un artículo de un influyente columnista de New York Times que lo celebró como el cerebro de la Primavera Árabe saudita. Por un momento parecía que la campaña había funcionado, pero el velo se cayó en estos días cuando un periodista saudita desapareció dentro del consulado del reino en Estambul y a nadie le costó mucho creer la versión de que lo torturaron, asesinaron, descuartizaron y sacaron en valijas diplomáticas. Jamal Khashoggi, el hombre que el 2 de octubre pasado entró al consulado saudita en Estambul para conseguir un certificado de divorcio para casarse con su novia turca y luego desapareció, no era un veterano defensor de derechos humanos ni un histórico opositor de la monarquía de su país. Había sido asesor del príncipe Turki al Faisal cuando éste era embajador en Londres, jefe de redacción de uno de los diarios reformistas más importantes del país, Al Watan, y hasta había sido un simpatizante del Mohammad bin Salman cuando éste se convirtió en príncipe heredero, según contó el periodista Gabriel Sherman en un reciente artículo en Vanity Fair, en el que relató una conversación privada que tuvo con Khashoggi tras instalarse en Estados Unidos el año pasado. El periodista, que había sido parte de la élite saudita durante décadas pese a sufrir algunos roces por sus opiniones reformistas, decidió abandonar su país luego que le llegara la orden expresa de una persona muy cercana al príncipe heredero de callarse la boca. Una vez en Estados Unidos, entendió que la amenaza había sido más que real. Mohammad bin Salman ordenó la mayor purga palaciega de la historia de Arabia Saudita. Arrestó temporalmente a más de 200 figuras prominentes del reino y congeló sus fortunas. Uno de los detenidos fue el príncipe Turki al Faisal. “Cuando los arrestos comenzaron, enloqueci. Decidí que era tiempo de hablar”, le confió a Sherman. Así comenzó a escribir su columna en el diario The Washington Post y se convirtió en una voz crítica del liderazgo del príncipe heredero y, lo que es aún más importante, en un nombre conocido en el mundo del periodismo y de la política en la capital estadounidense. En algún momento antes de ingresar al consulado en Estambul, Khashoggi envió un artículo al diario estadounidense con el título “Lo que el mundo árabe más necesita es libertad de expresión”, que finalmente fue publicado este jueves. Pese a tener buenos contactos y un nombre conocido, sus columnas en The Washington Post no pudieron hacer frente a la multimillonaria campaña de publicidad que desplegó el sonriente y joven líder saudita en todos los grandes medios y los principales centros de poder de Occidente. Tampoco pareció afectar el secuestro del primer ministro libanés, Saad Hariri, a fines del año pasado en Riad -Hariri sorprendió al mundo al renunciar desde la capital saudita y quedarse dos semanas allí, casi sin aparecer en público, hasta que el presidente francés, Emmanuel Macron, viajó y negoció personalmente su salida y vuelta al gobierno en Beirut- o el bloqueo militar y los bombardeos diarios que las fuerzas sauditas lanzan sobre su vecino, Yemen, y que están provocando la peor crisis humanitaria en el mundo hoy. “Desafortunadamente vivimos en un mundo en el que no hay justicia y las grandes potencias tienen intereses que son más importantes que el respeto a los derechos humanos. Por eso, hoy estamos poniendo a prueba a los aliados occidentales de Arabia Saudita, como Estados Unidos y Reino Unido, para ver cuán lejos irán para mantener sus doble estándar”, aseguró en diálogo con Zoom Affrah Nasser, una joven periodista yemení, actualmente exiliada en Suecia, que el año pasado ganó el Premio Internacional de Libertad de Prensa del Comité para la Protección de Periodistas. “Hoy, el caso de Jamal (Khashoggi), le pone una cara humana a todos estos crímenes de guerra y violaciones al derecho humanitario cometidos en Yemen. El mundo entiende que la hambruna es el peor sufrimiento humano y que eso se está viviendo en Yemen. Pero la opinión pública no termina de comprender todos los detalles complejos que explican la guerra, todos los actores y sus responsabilidades. Por eso, una historia puede resonar -y en general lo hace-, tocar sus corazones y almas, y hacerlos actuar”, agregó la periodista de 33 años. La historia de la desaparición de Khashoggi resonó y sigue resonando. Por un lado, porque es un columnista de The Washington Post y el diario ha iniciado una cruzada por revelar la verdad. Por otro, porque la misma campaña de publicidad que instaló al príncipe heredero saudita en portadas y en el primetime televisivo, ahora le está pasando factura a través de sus aliados que, incómodos o miedosos de una posible asociación, se distancian como si se sintieran traicionados. Y, finalmente, porque todo lo que rodea la desaparición de Khashoggi parece salido de un libreto hollywoodense. Casi todo lo que se dice saber sobre el caso son versiones no oficiales. Lo único certero y que todos confirman es que Khashoggi entró al consulado saudita de Estambul el 2 de octubre pasado. Riad informó que el periodista hizo el trámite y abandonó el edificio, pero no tiene cómo comprobarlo de manera independiente porque ese día las cámaras de seguridad no funcionaban y las autoridades dieron el día libre a todos los empleados turcos de la sede diplomática. Sin embargo, la Policía turca sí consiguió la filmación de una cámara de seguridad

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“Soy una hija de la ocupación israelí”

Fuente: Haaretz Fecha: 07 OCT 2018 ‘Soy una hija de la ocupación israelí’: escribió la adolescente palestina Ahed Tamimi a la revista Vogue sobre el tiempo que pasó en una prisión israelí La adolescente palestina Ahed Tamimi, quien estuvo encarcelada por Israel durante ocho meses después de que abofeteara a un soldado del ejército israelí, escribió una carta especial para la revista Vogue en la que abordó las dificultades para crecer en Cisjordania bajo la ocupación israelí. En la carta, que se publicó en el número de octubre de 2018 de Vogue Arabia, la adolescente de 17 años relató la historia de su controvertido arresto que la ha impulsado al estatus de ícono palestino en todo el mundo. «Soy una hija de la ocupación israelí. Siempre ha estado allí. Mi primer recuerdo real es el arresto de mi padre en 2004 y la visita a su prisión», escribió Tamimi. «En ese momento, tenía tres años», reveló. «El año pasado, cuando tenía 16 años, también fui arrestada, durante una redada nocturna, por abofetear a un soldado que estaba parado en nuestro patio. Fui sentenciada a ocho meses en una prisión israelí», escribió Tamimi, describiendo el incidente que fue captado por una cámara y se volvió viral. Tamimi agregó que si bien toda su joven la ha pasado a la sombra de la ocupación y los intentos políticos de su familia para resistirla, ella todavía quiere ser «una joven de 17 años». «Me gusta la ropa, me gusta el maquillaje. Me levanto por la mañana, miro mi Instagram, desayuno y camino por las colinas alrededor de la aldea [de Nabi Saleh]«, dijo sobre su vida cotidiana. Pero a pesar de sus esfuerzos por llevar una vida normal, «no soy una adolescente normal», reconoció Tamimi en su carta. «Mis dos padres han estado en la cárcel, igual que yo, y ahora mi hermano mayor, Waed, también está en prisión. Tamimi admitió que si viviera en un país diferente y no sintiera que tenía que dedicar su vida a la lucha contra la ocupación israelí, querría practicar deportes. «Quería ser futbolista, pero no juego porque no hay tiempo. En cambio, he estado involucrada en manifestaciones y confrontaciones con el ejército israelí desde que era niña». Tamimi, quien a menudo ha sido descripta desde niña como un póster de la resistencia contra la ocupación debido a su participación desde la primera infancia en las protestas, escribió que aunque entendía las críticas contra el activismo palestino, «¿por qué no criticar al ejército que se coloca frente a los niños?» «La gente no debería acusarnos; es la ocupación la que está mal». De su encarcelamiento, Tamimi escribió: «La vida tras las rejas fue muy difícil … Junto con las otras niñas, traté de formar grupos de estudio, pero la administración de la prisión no alentó esto y disolvió la clase. En lugar de eso, leímos libros, y logré aprobar mis exámenes finales en prisión. Solo a mi familia inmediata se le permitió visitarme, y eso se limitó a 45 minutos a través de una barrera de vidrio cada dos meses». Tamimi usó la revista para recordar a los lectores que, si bien era una cosa bien conocida que ella había sido encarcelada, había otros niños en las cárceles israelíes «cuyas historias nadie sabe». Tamimi admitió que ella «se convirtió en un símbolo de la ocupación» y «una portavoz de la causa palestina», y dijo que el peso de la responsabilidad no era fácil de llevar. «Tengo una sentencia en suspenso durante los próximos cinco años; si digo algo que a ellos no les gusta, puedo ser encarcelada por otros ocho meses. Debo pisar con cuidado», agregó Tamimi. «La gente a menudo me pregunta dónde encuentro mi fuerza y mi coraje para hacer frente a la ocupación, pero estoy experimentando una situación que me obliga a ser fuerte», escribió Tamimi sobre lo que la inspiró a seguir protestando contra Israel. También dio crédito a sus padres de quienes escribió «sigue siendo mi mayor inspiración». La adolescente palestina lamentó el estancamiento que percibió en la lucha contra la ocupación. «No veo ninguna señal de mejora. Al contrario, los asentamientos continuarán expandiéndose y habrá aún más puestos de control; eso es lo que veo dentro de tres años en Cisjordania. Sin embargo, todavía aspiramos a que un día vivamos en una Palestina libre. Dos estados nunca sucederán». Pero a pesar de esto, Tamimi también relató algunos sueños y esperanzas para su futuro personal. «Ahora que he terminado la escuela secundaria, quiero estudiar derecho, aunque no sé dónde. Tengo un sueño de trabajar internacionalmente, dentro de cinco años, haciendo la defensa en un alto nivel para Palestina y hablando en la Corte Penal Internacional en La Haya «. Tamimi también reflexionó sobre cómo sería su vida «si no hubiera una ocupación». La adolescente escribió que si pudiera tener esa vida alternativa, se mudaría a Acre, «viviría junto al mar e iría a nadar. Solo he estado una vez, aunque el agua está a solo 30 km de mi casa». Tamimi ha estado en el extranjero con su familia en las últimas semanas. En una visita a España, fue honrada por el club de fútbol del Real Madrid que le regaló una camiseta personalizada. También visitó Túnez, donde se reunió con el presidente tunecino. Traducción: Dardo Esterovich Nota original https://bit.ly/2PlhOEg

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Nace un monstruo

Fuente: Atilio Borón | www.atilioboron.com.ar Fecha: 05 OCT 2018 En una taberna maloliente de los barrios bajos del Munich de la primera posguerra un cabo desmovilizado del ejército imperial austriaco –fracasado como pintor y retratista- trataba de ganarse la vida apostando con los borrachos del local a que no lograban acertarle sus escupitajos desde una distancia de tres metros. Si los esquivaba, ganaba; cuando no, debía pagar. Entre una y otra tentativa vociferaba tremendos insultos antisemitas, maldecía a bolcheviques y espartaquistas y prometía erradicar de la faz de la tierra a gitanos, homosexuales y judíos. Todo en medio de la gritería descontrolada de la clientela allí reunida, pasada de alcohol, y que repetía con sorna sus dichos mientras le arrojaban los restos de cerveza de sus copas y le tiraban monedas entre insultos y carcajadas. Años después, Adolfo Hitler, pues de él estábamos hablando, se convertiría, con esas mismas arengas, en el líder “del pueblo más culto de Europa”, según más de una vez lo asegurara Friedrich Engels. Quien en esos momentos -años 1920, 21, 23- era motivo del cruel sarcasmo entre los parroquianos de la taberna resucitaría como una especie de semidiós para las grandes masas de su país y la encarnación misma del espíritu nacional alemán. Salvando las distancias algo parecido está ocurriendo con Jair Bolsonaro, quien encabeza cómodamente las encuestas de la primera vuelta de la elección presidencial de Brasil. Sus exabruptos reaccionarios, sexistas, homofóbicos, fascistas y su apología de la tenebrosa dictadura militar brasileña del 1964 y sus torturas provocaban generalizada repulsa en la sociedad. En el mejor de los casos lo consideraban tan sólo un bufón, un hazmerreír nostálgico de los tiempos del régimen que se abatió sobre el Brasil entre 1964 y 1985.  Por eso, durante dos años su intención de voto nunca superó el 15 o 18 por ciento. Las encuestas de las últimas dos semanas, sin embargo, muestran un espectacular crecimiento de su candidatura. La más reciente le asigna un 39 por ciento de intención de voto. Sabemos que hoy las encuestas de opinión pública tienen enormes márgenes de error; también que pueden ser operaciones mediáticas de la burguesía brasileña dispuesta a instalar en Brasilia a cualquiera que impida el “retorno del populismo petista” al poder. Pero también sabemos, como lo afirma una nota reciente de Marcelo Zero, en Brasil, que la CIA y sus aliados locales han desatado una apabullante avalancha de “fake news” y noticias difamatorias de los candidatos de la alianza petista que encontró un terreno fértil en las favelas y barriadas populares de las grandes ciudades de ese país. (“Tem dedo da CIA nas eleicoes do Brasil”, en www.brasil247.com) Esos sectores fueron sacados de la pobreza extrema y empoderados por la gestión de Lula y Dilma. Pero no fueron educados políticamente ni se favoreció su organización territorial o de clase. Quedaron como masas en disponibilidad, como dirían los sociólogos de los años sesenta.  Quienes sí los están organizando y concientizando son las iglesias evangélicas con quienes se ha aliado Bolsonaro, promoviendo un discurso conservador duro, hipercrítico del “desorden” causado por la izquierda en Brasil con sus políticas de inclusión social, de género, de respeto a la diversidad, a los LGBTI y su “mano blanda” con la delincuencia, su obsesión por los derechos humanos “sólo para los criminales.” Uno de sus recursos para atraer a los favelados a la causa de la derecha radical es mandar supuestos encuestadores para preguntarles si les gustaría que a su hijo José le cambiaran de nombre y le llamaran María, para exacerbar la homofobia. La respuesta es unánimemente negativa, e indignada. La  prédica del ex capitán sintoniza nítidamente con ese conservadorismo popular hábilmente estimulado por la reacción. En ese clima ideológico sus escandalosos y violentos disparates, como los de Hitler, decantan como un razonable sentido común popular y podrían catapultar a un monstruo como Bolsonaro al Palacio del Planalto que, como dato adicional habría que recordar que le prometió a Donald Trump autorizar la instalación de una base militar de EEUU en Alcántara, en el estratégico promontorio del Nordeste brasileño que es el punto más cercano entre las Américas y África, cosa a la que se negaron los gobiernos petistas. Si llegase a triunfar sería el comienzo de una horrible pesadilla, no sólo para el Brasil sino para toda América Latina.

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Cómo sonaría el primer discurso veraz de Netanyahu en la ONU

Fuente: Gideon Levy | Haaretz Fecha 30 de SEPT 2018 A la luz de las respuestas extranjeras desinteresadas a mi discurso ante la Asamblea General el jueves, di el paso inusual de pedirle a la Secretaría de las Naciones Unidas permiso para volver a hablar. Prometí entregar, por primera vez en mi vida, un discurso que contiene solo la verdad. Agradezco a la secretaría por conceder mi solicitud. Distinguidos delegados, cada año estoy aquí como primer ministro de Israel y trato de distraerlos y engañarlos a ustedes, al mundo y a los ciudadanos de mi país. Todos mis discursos siempre se centraron en un tema: Irán, Irán e Irán. He traído ayudas visuales, he sacado trucos, he revelado inteligencia real e imaginaria, todo para distraerte. Muchos de ustedes, en primer lugar, los Estados Unidos, han caído en la trampa que les puse, e Irán se ha convertido en el enemigo de la humanidad. Hoy quiero decirles la verdad: Irán es mucho menos peligroso de lo que imaginé. Israel tiene la fortaleza para defenderse de ella; el acuerdo nuclear fue bueno y mejor que todas las alternativas. Olvídense de las ridículas imágenes que les mostré. Realmente hay una operación de limpieza de mantas en Maher Alley en Teherán, como les dije, pero por supuesto saben que en Israel hay instalaciones mucho más peligrosas que la que está cerca de la fábrica de limpieza de alfombras, de la que nadie habla. Me paro aquí todos los años con la intención de asustar a los ciudadanos de Israel también. Es cierto que el ejército israelí advierte de peligros más inmediatos y amenazantes que Irán, pero Israel los creó, con mis políticas y las de mis predecesores, y no tengo intención de suicidarme políticamente para resolverlas. Y entonces los distraigo de ellas. La Franja de Gaza, distinguidos delegados, está por explotar. El experimento humano que Israel ha estado realizando durante años ha llegado a su fase más crítica. Dos millones de personas han perdido su razón de ser y están gritando desde detrás de la valla en la que los hemos encarcelado. Nadie los escucha, a menos que lancen sus débiles armas hacia Israel. Pronto lo harán de nuevo. La responsabilidad de la próxima guerra en Gaza, distinguidos delegados, recaerá por completo en Israel. Es el carcelero, el torturador y el conductor a la desesperación. Prometí que esta vez no mentiría. Podría abrir Gaza al mundo, permitir a sus habitantes una vida de libertad y prosperidad, pero elegimos encarcelarlos. Eso es conveniente para nosotros y no les importa. Esto es lo que hacemos en Cisjordania también. Nunca, queridos delegados, tuve la intención de poner fin a la ocupación, ni tengo la intención de hacerlo ahora. Entiendan esto. Todo lo que hago es perpetuar el status quo y hacer que los palestinos sean tan miserables que al menos algunos de ellos se irán. Ustedes  me permite hacer esto y les agradezco. Israel es el estado de los judíos, solo de los judíos. Y continuaremos consagrando esto en las leyes. En mi discurso anterior, me jacté de la irrigación por goteo y la igualdad entre judíos y árabes. Como siempre, les oculto que hay 4 millones de personas que viven bajo nuestro dominio que no tienen derechos, y ustedes continúan comprando el fraude democrático de Israel. También mentí cuando me jacté de que mi país no es racista. No les conté sobre los eritreos y me jacté de los etíopes. ¿Por qué no les preguntan a los etíopes si viven en un país racista? De esa forma, sabrás la verdad. les oculté cómo revolvíamos la olla en Siria. No les dije que Estados Unidos está en nuestro bolsillo, por eso despreciamos a Europa, pero temblamos a partir de Vladimir Putin. No les dije que pueden ser antisemitas, siempre y cuando respalden la ocupación. Pruébennos. El viernes, distinguidos delegados, el ejército israelí mató a siete manifestantes en Gaza, incluidos dos niños, e hirió a unos 500 más. Muéstrennos otro país que hace tal cosa y sus ciudadanos continúan viviendo como de costumbre, viajando al extranjero y llenando los restaurantes, que están en el 11 ° lugar en el índice de felicidad global y que en su descaro incluso creen que son una luz para el naciones Muéstrennos otra sociedad que sea tan insensible y arrogante. Esa es la verdad, distinguidos delegados. Solo una vez, quería decírtelo. Traducción: Dardo Esterovich Nota relacionada ¿Este es el almacén nuclear secreto iraní?  

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La guerra de los mundos

Fuente: Andrés Ferrari Haines* | Página 12 Fecha: 22 de SEPT 2018 La adecuada comprensión del conflicto entre EEUU y China requiere descartar dos falsas interpretaciones: una, que se trata de una “guerra comercial”; otra que se genera por la personalidad peculiar del Presidente de Estados Unidos y que, además, va a contrapelo de los deseos en su propio país. Claro que Trump puede pesar y que el combate se inicia a partir decisiones económicas en su aspecto comercial. Pero el fundamento de la disputa es mucho más profundo y por lo tanto se trata de una cuestión que será duradera y que podrá manifestarse en otros aspectos además del comercial. El fondo del enfrentamiento es un conflicto insoluble sobre visiones o proyectos distintos del orden mundial que son incompatibles, aunque puedan llegar a convivir. Mientras la futurología de la trayectoria del conflicto está siempre abierta y difusa, es pertinente su análisis, que aquí toca solamente la visión de EEUU del mismo. A pesar de la expresión “guerra comercial” que definiría el conflicto, Trump anunció, en diciembre pasado, los cambios en su política comercial. En el documento de la futura estrategia de Seguridad Nacional China es calificada como competidora estratégica y como un país que desafía los valores y la influencia de Estados Unidos. Trump anuncia que aplicará medidas comerciales contra sus rivales – es decir, China – que hacen violaciones en este ámbito. Pero el informe también acusa a Pekín de cuestionar las normas internacionales y manifestó la preocupación del fracaso de décadas de esfuerzos de Estados Unidos para permitir que China se integre en el orden internacional y se liberalizara. Los líderes del Partido Comunista de China fueron acusados de intentar extender las características del sistema autoritario del país, de robo de propiedad intelectual y buscar la expansión de su modelo de economía. En resumen, China fue acusada de país ‘revisionista’ que pretende modelar el mundo de acuerdo a sus valores e intereses que son diferentes de los norteamericanos – o sea, establecer un orden mundial diferente al diseñado luego de la Segunda Guerra Mundial por Estados Unidos. Así, lo que se debe entender es cómo la “guerra comercial” es en realidad para Estados Unidos un conflicto de Seguridad Nacional y de definición de Orden Mundial. Se entiende que el orden mundial actual surgió de la Paz de Westfalia de 1648 que puso fin a la desgastante Guerra de 30 años en la cual prácticamente toda Europa se confrontó sin tregua. En realidad, era una continuidad de diversas confrontaciones que hacían parte de la vida cotidiana europea desde hacía siglos, que se venían agudizando fuertemente desde que Carlos de Habsburgo unificó gran parte del continente y procuró conquistar – mediante el proyecto de Monarquía Universal – el resto de Europa respaldado por la inmensa plata que extraía del recién conquistada América. Westfalia así sancionó el acuerdo que había sido una mera tregua en la Paz de Augsburgo (1555) entre católicos y protestantes que estipulaba Cuius regio, eius religió – a grosso modo “a tal rey, tal religión”. Es decir, el principio de no-intervención en asuntos internos de un Estado, concepto de soberanía que se considera — no sin controversias — está detrás el sistema moderno internacional de Estados-Nación. No que esto se haya respetado, en la práctica después de 1648; más bien lo contrario, no sólo se hizo más frecuente, sino también los conflictos se convirtieron de mayor envergadura en todos los sentidos hasta su ápice con la Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas que, al transformar al siervo feudal en ciudadano-soldado en defensa de la “patria”, definió la transformación moderna de la soberanía de Westfalia como autodeterminación de los pueblos. Entre Westfalia y la caída de Napoleón (1815) con generosidad conceptual podrían señalarse unos pocos Estados europeos en ese sentido moderno (Holanda, Inglaterra-Reino Unido, Portugal, Suiza). Desde entonces, el proceso se acentúa luego de sobrepasar el Sistema Mitternich acordado en el Tratado Viena entre los Ancien Régimes europeos que sólo consiguieron contornarlo hasta mediados del siglo XIX.  Pero en el continente americano esa transformación social la inauguró Haití y tomó fuerza después en el resto de América Latina. Claro, el caso inicial fue Estados Unidos en 1783 cuyo pueblo había cortado la sujeción colonial británica. Así, el concepto del Estado-nación como expresión de un pueblo libre se encuentra íntimamente ligada a la visión de orden mundial estadounidense. Woodrow Wilson intentó aplicarlo en la fallida Liga de las Naciones después de la Primera Guerra Mundial y luego fue incorporado a la actual Naciones Unidas tras la Segunda. Según expresa la Carta de Naciones Unidas, todos los miembros son de “igualdad soberana” más allá de su tamaño o poder por lo que “nada puede autorizar la intervención en asuntos que son básicamente dentro de la jurisdicción doméstica de cualquier Estado”. Este concepto de “a cada pueblo, su Estado-nación” fue impulsado por EEUU en las descolonizaciones europeas y tras la caída de la Unión Soviética. Pero la continuidad entre el concepto de orden mundial de Westfalia y el actual promovido por EEUU presenta una importante diferencia. Como observa, en su “Orden mundial: Reflexiones sobre el carácter de las naciones y el curso de la historia” (2014), el perspicaz Henry Kissinger Westfalia constituyó una acomodación práctica a una realidad: ningún Estado conseguía dominar al resto porque existía un control mutuo de todos los demás frente al que les amenace su existencia con su expansión (la “Razón de Estado” del Cardenal Richelieu). Es decir, el reconocimiento que existía un balance o equilibrio de poder entre los Estados europeos. Aquí, Kissinger apunta que no hubo una motivación moral detrás de Westfalia. Aquí entiende Kissinger que reside una diferencia crucial entre este proyecto de Orden Mundial europeo del que germinaría en el “Nuevo Mundo”: el Orden Mundial surgido desde Estados Unidos no reconocía enemigos y procuraba la convivencia pacífica entre todos los Estados. Así, mientras el modelo europeo generó políticas externas calculistas en base al interés nacional, la política externa de EEUU sería fundamentalmente moral. En este aspecto, los estadounidenses se consideran diferentes al resto del mundo y portadores de una moral superior que deben preservar y extender por todo el planeta. El requisito de convivencia pacífica mundial para Estados Unidos no consistiría en un cierto equilibrio de poder, si no en la verificación de ciertos

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