CAMBIO CLIMATICO

Por: Alberto Golberg (Desde La Pampa)

El cambio climático visiblemente ha llegado. Una seguidilla de noticias nos ametralla: ola de calor de 40 grados en Canadá, severas inundaciones en Europa, inesperadas heladas en Brasil, ausencia de nevadas en la cordillera de Los Andes, el majestuoso río Paraná seco, crisis hídrica en todos los ríos cordilleranos, derretimiento del Ártico, perdidas de algunas enormes barreras de hielo en Antártida, derretimiento de permafrost en Siberia, Canadá y Alaska, aumento paulatino del nivel de los océanos, alteraciones en las corrientes oceánicas y así podríamos seguir enumerando hechos gravísimos producto de un clima desbocado.

Ha aumentado la temperatura promedio del planeta en 1.1 grados y los efectos están a la vista. Hubo Científicos que ya en la década del 70 del siglo pasado alertaron sobre las consecuencias del uso de los combustibles fósiles. Casi nadie les prestó atención. Solo algunos “lunáticos y agoreros” se preocuparon por esas investigaciones. Pero la semilla estaba sembrada en el mundo académico y muchos climatólogos, físicos y especialistas de otras disciplinas comenzaron a mirar e investigar los efectos de los gases invernadero sobre el clima. Se fueron así generando investigaciones que asociaron los efectos de la actividad humana sobre el calentamiento global.

También otro conjunto de científicos descreía con buenos argumentos que el calentamiento fuera causado por el hombre. Dos líneas argumentativas señalaban que los cambios observados se podían deber a causas naturales ajenas a la actividad humana (unos atribuían el fenómeno a los ciclos de actividad solar y a pequeñas alteraciones naturales de la órbita terrestre, otros lo asociaban a ciclos climáticos naturales que se producían con independencia de nuestra especie). 3

Asociar el cambio climático a la acción antrópica ponía en el banquillo de acusados a la industria del petróleo y del carbón y también a la industrio del automóvil. Hoy está claro que el cambio climático es multicausal, pero el factor principal es el incremento del uso del petróleo, gas y carbón mineral que incorporan CO2 a la atmósfera. Los principales culpables son los países más ricos e industrializados. En esas naciones el alto grado de confort lleva a un derroche de energía incompatible con un planeta sano.

El negacionismo del cambio ha trepado a algunos de los políticos mas encumbrados del planeta, Bolsonaro en Brasil y el ex presidente Trump son ejemplos de esta afirmación. Otros ni siquiera tienen el tema dentro de su agenda.

Las empresas petroleras han financiado muchas investigaciones que trataban de negar la asociación de la quema de combustibles fósiles y el incremento de la temperatura del planeta.

Pero los científicos y políticos más lúcidos se han tomado en serio las evidencias de miles de investigaciones independientes que muestran la médula del problema, por eso se han organizado reuniones cumbres internacionales.

En 1997 se reunió en Kioto la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) firmándose el Protocolo de Kioto, que es un acuerdo internacional que tiene por objetivo reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero (GEI). Este documento comprometió a los países industrializados firmantes a estabilizar las emisiones de GEI, y la Convención por su parte ha alentado a los países a hacerlo. Estructurado en función de los principios de la Convención, el protocolo establece metas vinculantes de reducción de las emisiones para 37 países y la Unión Europea (UE), reconociendo implícitamente que, en 1997 eran los principales responsables de los elevados niveles de emisiones de GEI en la atmósfera.

El protocolo fue adoptado el 11 de diciembre de 1997 en Kioto, Japón, pero no entró en vigor hasta el 16 de febrero de 2005. En noviembre de 2009 eran 187 los estados que lo habían ratificado. En el protocolo se acordó una reducción de al menos un 5 %, de las emisiones de estos gases en 2008-2012 en comparación con las emisiones de 1990. No obstante, el período de compromiso del Protocolo se amplió hasta el 2020. 4

Hubo países que firmaron pero luego no ratificaron el acuerdo. Tal actitud de debió posiblemente al juego de poderes y a la necesidad de proteger “su seguridad nacional”, o más francamente conservar su hegemonía planetaria.

Mientras tales juegos geopolíticos se consuman el implacable reloj sigue avanzando y los ecosistemas que no conocen de estos pequeños menesteres se siguen deteriorando y avanzan a un final anunciado y seguramente catastrófico.

Las consecuencias del cambio climático no serán el final de la vida en la tierra, solo será el final de la vida como la conocemos. Las preguntas que nadie se quiere hacer son ¿Qué será de nuestra especie? ¿Qué será de los ecosistemas que sostiene la trama de la vida en la biosfera?

Los seres humanos, verdaderos aprendices de brujos, deben dar una respuesta clara y contundente. Si tomamos medidas drásticas todavía podemos tener esperanza.

 ¡No permitamos legar a las próximas generaciones un planeta inhabitable!

Comisión de Medio ambiente y Ecologia (en gestación) del Llamamiento 

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