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El aislamiento de EU

Autor: Noam Chomsky/La Jornada 31 de DIC 2016 El 23 de diciembre de 2016, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adoptó por unanimidad la resolución 2334, con la abstención de Estados Unidos. La resolución reafirmó que la política y prácticas de Israel al establecer asentamientos en territorios palestinos y otros territorios árabes ocupados desde 1967 no tiene validez legal y constituye una seria obstrucción para lograr una paz amplia, justa y duradera en Medio Oriente (y) llama una vez más a Israel, como potencia ocupante, a regirse escrupulosamente por la Cuarta Convención de Ginebra de 1949, rescindir sus medidas previas y desistir de llevar a cabo cualquier acción que resulte en un cambio del estatus legal y la naturaleza geográfica y que afecte materialmente la composición demográfica de los territorios árabes ocupados desde 1967, incluida Jerusalén y, en particular, a no transferir partes de su propia población civil a los territorios árabes ocupados. Reafirmado. Un asunto de cierta importancia. Es importante reconocer que la 2334 no es nada nuevo. La cita anterior es de la resolución 446 del Consejo, del 12 de marzo de 1979, reiterada en esencia en la resolución 2334. La 446 fue aprobada 12-0 con la abstención de Estados Unidos, al que se unieron Reino Unido y Noruega. Las diferencias primordiales son que ahora Estados Unidos está solo contra el mundo entero, y que es un mundo diferente. Las violaciones israelíes a las órdenes del Consejo de Seguridad, y al derecho internacional, son ahora mucho más extremas que en 1979 y suscitan mucha mayor condena en gran parte del mundo. Por tanto, hay que tomar más en serio los contenidos de las resoluciones 446-2334. De ahí la intensa reacción a la 2334, tanto en cobertura como en comentario y, en Israel y Estados Unidos, en considerable histeria. Esas son impactantes indicaciones del creciente aislamiento de Estados Unidos en la escena mundial. Esto es, con Obama. Con Trump, es probable que el aislamiento se incremente, y de hecho así ha sido incluso antes de que asuma el poder. El paso más significativo de Trump en promover el aislamiento estadunidense se dio el 8 de noviembre, cuando obtuvo dos victorias. La menor fue en su país, donde ganó el voto electoral. La mayor fue en Marrakech, Marruecos, donde unas 200 naciones se reunían para tratar de poner algún contenido real en los acuerdos de París de diciembre de 2015 con respecto al cambio climático, los cuales quedaron como promesas más que como el tratado que se pretendía, porque el Congreso republicano no aceptaría compromisos vinculantes. Al llegar los votos electorales el 8 de noviembre, la conferencia de Marrakech se desvió de su programa sustantivo hacia la cuestión de si podría haber alguna acción significativa para enfrentar la severa amenaza de catástrofe ambiental ahora que el país más poderoso de la Tierra está levantándose de la mesa. Esa fue, sin duda, la mayor victoria de Trump el 8 de noviembre, de verdadera trascendencia. También definió el aislamiento de Estados Unidos respecto de los más severos problemas humanos jamás enfrentados en la historia del planeta. El mundo puso sus esperanzas de liderazgo en China, ahora que el Líder del Mundo Libre ha declarado que no sólo se retirará del esfuerzo sino, con la elección de Trump, aplicará medidas de fuerza para acelerar la carrera hacia el desastre. Un asombroso espectáculo, que pasó virtualmente sin comentario. El hecho de que Estados Unidos esté solo ahora en su rechazo al consenso internacional se reafirmó en la declaración 2334, en la que perdió incluso a la Gran Bretaña de Theresa May. La razón por la que Obama optó por la abstención en vez del veto es una pregunta abierta: no tenemos evidencia directa. Pero hay algunas suposiciones plausibles. Hubo algunas reacciones de sorpresa (y escarnio) después del veto de Obama en febrero de 2011 a una resolución del Consejo de Seguridad que llamaba a adoptar una política oficial en Estados Unidos, y tal vez sintió que sería demasiado repetirlo si quería salvar algo de su maltrecho legado entre sectores de la población que tienen cierto interés por el derecho internacional y los derechos humanos. También vale la pena recordar que entre los demócratas liberales, si no en el Congreso, y en particular entre los jóvenes, la opinión acerca de Israel-Palestina ha virado hacia la crítica a las políticas israelíes en años recientes, tanto que el núcleo del apoyo a esas políticas se ha desplazado a la extrema derecha, incluida la base evangélica del Partido Republicano. Tal vez esos factores influyeron. La abstención de 2016 causó furor en Israel y en el Congreso estadunidense, tanto entre republicanos como en prominentes demócratas, incluso con propuestas de retirar fondos a la ONU en represalia por el crimen del mundo. El primer ministro israelí Netanyahu denunció a Obama por sus acciones deshonestas contra Israel. Su oficina acusó a Obama de coludirse tras bambalinas con esa conjura del Consejo de Seguridad, y presentó partículas de evidencia que apenas se elevan al nivel del humor enfermo. Un alto funcionario israelí añadió que la abstención reveló el verdadero rostro del gobierno de Obama y que ahora entendemos con qué hemos estado tratando en los ocho años pasados. La realidad es muy diferente. Obama de hecho ha roto todos los récords de apoyo a Israel, tanto diplomático como económico. La realidad es descrita con exactitud por el especialista del Financial Times en Medio Oriente, David Gardner: “Los tratos personales de Obama con Netanyahu tal vez fueron ponzoñosos con frecuencia, pero ha sido el más pro israelí de los presidentes: el más pródigo con la ayuda militar y el más confiable en el ejercicio del voto estadunidense en el Consejo de Seguridad… La elección de Donald Trump hasta ahora ha traído poco más que espumarajos de tuits sobre éste y otros embrollos geopolíticos. Pero los augurios son ominosos. Un gobierno irredento en Israel, inclinado hacia la ultraderecha, se ve unido ahora por un gobierno nacional populista en Washington que transpira islamofobia”.

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Según un informe de la ONU, el desarrollo palestino es imposible…

Autor: Ben White / Middle East Monitor 27 de DIC 2016   Título completo: Según un informe de la ONU, el desarrollo palestino es imposible sin acabar con la ocupación israelí Mientras Israel y sus defensores promueven un marco despolitizado de mejoras económicas para los palestinos bajo la ocupación, un nuevo documento de la ONU es de lectura obligada. El mes pasado el Equipo de la ONU en los Territorios Palestinos Ocupados (TPO) publicó un informe de 180 páginas sobre “el estado de desarrollo en Palestina cuando la ocupación israelí entra en su año 50”. [El informe] “ Leave No One Behind: A Perspective on Vulnerability and Structural Disadvantage in Palestine” [No dejar a nadie atrás: una perspectiva sobre la vulnerabilidad y la desventaja estructural en Palestina] se centra en particular “en los grupos de palestinos más vulnerables y desfavorecidos y en las limitaciones a las que se enfrentan” y “analiza los factores que llevan a esta vulnerabilidad”. La conclusión principal del informe es categórica y un toque de atención para todas aquellas personas que todavía creen que es posible promover el “desarrollo” palestino sin abordar la actual ocupación colonial de Israel. “Cualquier discusión sobre el desarrollo en Palestina debe empezar con el hecho de que la limitación mayor y más visible al desarrollo palestino en la ocupación”, afirma el informe. Para la mayoría de los palestinos, continúa, “prácticamente no hay ninguna esfera de la vida que no toque la ocupación”. El informe añade además que “las herramientas para cambiar radicalmente esta vulnerabilidad fundamental no están en manos de los palestinos que hacen las políticas de desarrollo ni del Grupo de Desarrollo de la ONU”. Esto se debe a que “solo se puede acabar con esta vulnerabilidad acabando con la ocupación militar de Palestina” o “a corto plazo, mitigando sus medidas más perniciosas”. En otras palabras, “el desarrollo (y la ayuda humanitaria) solo puede mitigar los efectos de la ocupación”. El informe afirma que la ocupación israelí “tiene impacto sobre el movimiento de personas y mercancías, fragmenta el territorio geográfica y sociopolíticamente, estanca el crecimiento económico y restringe el uso palestino de recursos críticos, como la tierra, el agua y los minerales”. Y añade que “con los mismos instrumentos pone obstáculos para que la Autoridad Palestina (AP) elabore políticas, su gobernanza y preste de servicios”. Los políticos y diplomáticos deberían conocer este conciso y elocuente resumen. La conclusión es clara: sin voluntad política de presionar a Israel para que acabe su ocupación entregar ayuda monetaria a la AP o para proyectos de desarrollo en los TPO es igual que tirar dinero a un pozo sin fondo. El informe aborda una serie de formas específicas que tiene la ocupación israelí de tierras palestinas de obstaculiza el desarrollo, de las cuales lo que sigue no es sino una muestra. En primer lugar, están las restricciones israelíes al movimiento de personas y mercancías que “se implementa por medio de un complejo sistema de checkpoints, permisos, bloqueos militares de carreteras, colonias, carreteras circunvalación [de las colonias], regímenes legales paralelos y el Muro [de Separación]”. Estas restricciones “han fragmentado el paisaje palestino” y “han creado comunidades aisladas, han minado la cohesión social, roto una identidad común y reducido la actividad económica dentro y entre las fracturadas poblaciones palestinas del territorio”. Las restricciones al movimiento de mercancías, por ejemplo, “perjudican gravemente a la economía palestina y su potencial de crecimiento” y contribuyen a limitar “la capacidad de funcionamiento del sector privado, por no hablar de su capacidad para prosperar y generar empleo”. El informe señala que cuando Israel impuso en los TPO su régimen de comercio exterior y fiscal “se permitía el flujo de mano de obra y de productos palestinos a Israel bajo restricciones no recíprocas» y las importaciones a los TPO “estaban sujetas a las estructuras y cuotas arancelarias israelíes”. A consecuencia de ello “los productores palestinos vieron cómo se cortaban progresivamente sus relaciones con su socios comerciales tradicionales y tuvieron que reorientar el comercio hacia la economía israelí”. Con el tiempo “los exportadores palestinos perdieron gran parte de su ventaja competitiva, mientras que los productos israelíes disfrutaban de un acceso sin obstáculos a los mercados palestinos”. En segundo lugar, además de controles discriminatorios del movimiento y de las trabas comerciales, la colonización israelí de los recursos naturales obstaculiza aún más el desarrollo palestino. Según el informe, “las colonias, zonas militares y reservas naturales israelíes, y el Muro [de Separación] constituyen el 44 % de toda Cisjordania, incluido el 70 % de la llamada ‘Zona C’, en el 30 % de la cual “la construcción está fuertemente restringida”. Esto se debe a que el régimen de planificación de Israel en la Zona C y en el ocupado Jerusalén Oriental es “discriminatorio y restrictivo”, afirma el informe, y contrariamente al derecho internacional humanitario, “no está ideado para beneficiar a la población protegida”. El sector agrícola está limitado por “restricciones a los recursos esenciales de la tierra y del agua” , mientras que de forma similar el sector industrial “está profundamente afectado por las limitaciones a la tierra disponible y por las posibilidades limitadas de abrir canteras y extraer minerales”. Además de la colonización de la tierra, “Israel controla todos los recursos compartidos de agua superficial y subterránea”, utiliza el 85 % de estos y deja solo el 15 % para uso palestino. “Las restricciones relacionadas con el agua afectan a los medios de vida de las comunidades al aumentar la pobreza e incrementar aún más la vulnerabilidad”. En tercer lugar, fundamental desde el punto de vista de cómo la comunidad internacional se ha comprometido hasta la fecha con esta cuestión, incluso “los intentos palestinos de superar estos muchos obstáculos al desarrollo están igualmente circunscritos por la ocupación”. Así, por ejemplo, “el gobierno palestino no tiene control de sus fronteras (tierra, mar o aire) ni de sus ingresos aduaneros”. Carece de “acceso y de prerrogativa política sobre la Zona C”, el 60 % de Cisjordania, y su “espacio fiscal” también está sujeto a restricciones (por ejemplo,

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La globalización ha muerto

Autor: Álvaro García Linera*  25 de DIC 2016   El desenfreno por un inminente mundo sin fronteras, la algarabía por la constante jibarización de los Estados-nacionales en nombre de la libertad de empresa y la cuasi religiosa certidumbre de que la sociedad mundial terminaría de cohesionarse como un único espacio económico, financiero y cultural integrado, acaban de derrumbarse ante el enmudecido estupor de las élites globalófilas del planeta. La renuncia de Gran Bretaña a continuar en la Unión Europea –el proyecto más importante de unificación estatal de los últimos 100 años– y la victoria electoral de Trump –que enarboló las banderas de un regreso al proteccionismo económico, anunció la renuncia a tratados de libre comercio y prometió la construcción de mesopotámicas murallas fronterizas–, han aniquilado la mayor y más exitosa ilusión liberal de nuestros tiempos. Y que todo esto provenga de las dos naciones que hace 35 años atrás, enfundadas en sus corazas de guerra, anunciaran el advenimiento del libre comercio y la globalización como la inevitable redención de la humanidad, habla de un mundo que se ha invertido o, peor aún, que ha agotado las ilusiones que lo mantuvieron despierto durante un siglo. Y es que la globalización como meta-relato, esto es, como horizonte político ideológico capaz de encausar las esperanzas colectivas hacia un único destino que permitiera realizar todas las posibles expectativas de bienestar, ha estallado en mil pedazos. Y hoy no existe en su lugar nada mundial que articule esas expectativas comunes; lo que se tiene es un repliegue atemorizado al interior de las fronteras y el retorno a un tipo de tribalismo político, alimentado por la ira xenofóbica, ante un mundo que ya no es el mundo de nadie. La medida geopolítica del capitalismo Quien inició el estudio de la dimensión geográfica del capitalismo fue Marx. Su debate con el economista Friedrich List sobre el “capitalismo nacional” en 1847 y sus reflexiones sobre el impacto del descubrimiento de las minas de oro de California en el comercio transpacífico con Asia, lo ubican como el primer y más acucioso investigador de los procesos de globalización económica del régimen capitalista. De hecho, su aporte no radica en la comprensión del carácter mundializado del comercio que comienza con la invasión europea a América sino en la naturaleza planetariamente expansiva de la propia producción capitalista. Las categorías de subsunción formal y subsunción real del proceso de trabajo al capital con las que Marx devela el automovimiento infinito del modo de producción capitalista, suponen la creciente subsunción de la fuerza de trabajo, el intelecto social y la tierra, a la lógica de la acumulación empresarial, es decir, la supeditación de las condiciones de existencia de todo el planeta a la valorización del capital. De ahí que en los primeros 350 años de su existencia, la medida geopolítica del capitalismo haya avanzado de las ciudades-Estado a la dimensión continental y haya pasado, en los últimos 150 años, a la medida geopolítica planetaria. La globalización económica (material) es pues inherente al capitalismo. Su inicio se puede fechar 500 años atrás, a partir del cual habrá de tupirse, de manera fragmentada y contradictoria, aún mucho más. Si seguimos los esquemas de Giovanni Arrighi en su propuesta de ciclos sistémicos de acumulación capitalista a la cabeza de un Estado hegemónico: Génova (siglos XV-XVI), los Países Bajos (siglo XVIII), Inglaterra (siglo XIX) y Estados Unidos (siglo XX), cada uno de estos hegemones vino acompañado de un nuevo tupimiento de la globalización (primero comercial, luego productiva, tecnológica, cognitiva y, finalmente, medio ambiental) y de una expansión territorial de las relaciones capitalistas. Sin embargo, lo que sí constituye un acontecimiento reciente al interior de esta globalización económica es su construcción como proyecto político-ideológico, esperanza o sentido común, es decir, como horizonte de época capaz de unificar las creencias políticas y expectativas morales de hombres y mujeres pertenecientes a todas las naciones del mundo. El “fin de la historia” La globalización como relato o ideología de época no tiene más de 35 años. Fue iniciada por los presidentes Ronald Reagan y Margaret Thatcher, liquidando el Estado de bienestar, privatizando las empresas estatales, anulando la fuerza sindical obrera y sustituyendo el proteccionismo del mercado interno por el libre mercado, elementos que habían caracterizado las relaciones económicas desde la crisis de 1929. Ciertamente fue un retorno amplificado a las reglas del liberalismo económico del siglo XIX, incluida la conexión en tiempo real de los mercados, el crecimiento del comercio en relación al Producto Interno Bruto (PIB) mundial y la importancia de los mercados financieros, que ya estuvieron presentes en ese entonces. Sin embargo, lo que sí diferenció esta fase del ciclo sistémico de la que prevaleció en el siglo XIX fue la ilusión colectiva de la globalización, su función ideológica legitimadora y su encumbramiento como supuesto destino natural y final de la humanidad. Y aquellos que se afiliaron emotivamente a esa creencia del libre mercado como salvación final no fueron simplemente los gobernantes y partidos políticos conservadores, sino también los medios de comunicación, los centros universitarios, comentaristas y líderes sociales. El derrumbe de la Unión Soviética y el proceso de lo que Gramsci llamó transformismo ideológico de ex socialistas devenidos en furibundos neoliberales, cerró el círculo de la victoria definitiva del neoliberalismo globalizador. ¡Claro! Si ante los ojos del mundo la URSS, que era considerada hasta entonces como el referente alternativo al capitalismo de libre empresa, abdica de la pelea y se rinde ante la furia del libre mercado –y encima los combatientes por un mundo distinto, públicamente y de hinojos, abjuran de sus anteriores convicciones para proclamar la superioridad de la globalización frente al socialismo de Estado–, nos encontramos ante la constitución de una narrativa perfecta del destino “natural” e irreversible del mundo: el triunfo planetario de la libre empresa. El enunciado del “fin de la historia” hegeliano con el que Fukuyama caracterizó el “espíritu” del mundo, tenía todos los ingredientes de una ideología de época, de una profecía bíblica: su formulación como proyecto universal, su enfrentamiento contra otro

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La resolución de la ONU es un aliento de esperanza

Autor: Gideon Levy /Haaretz/Israel 25 de DIC 2016 Título completo: La resolución de la ONU es un aliento de esperanza en un mar de oscuridad y desesperación El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas votó por establecer un Estado judío (junto a un Estado árabe) en la Tierra de Israel. Sesenta y nueve años después, el 23 de diciembre de 2016, el Consejo de Seguridad de la ONU votó por intentar salvarlo. La resolución 2334 que fue aprobada el viernes es una ráfaga de buenas noticias, un aliento de esperanza en el mar de oscuridad y desesperación de los últimos años. Justo cuando parecía que todo iba cuesta abajo – la creciente ocupación cada vez más apoyada por Estados Unidos, con Europa galopando a la derecha – junto con Hanukkah vino una resolución que enciende una delgada vela. Cuando parecía que los malvados continuarían siendo victoriosos, vinieron Nueva Zelanda y otros tres países y le dieron al mundo un regalo de Navidad. Así que gracias a Nueva Zelanda, Venezuela y Malasia. Es cierto que el árbol de Navidad que han suministrado, con todas sus luces brillantes, pronto será eliminado; Donald Trump ya está esperando en la puerta. Pero la huella quedará. Hasta entonces, este regocijo temporal es una alegría, a pesar de la resaca esperada. Por supuesto, debemos preguntarle al presidente estadounidense Barack Obama con furia: ¿Recién ahora estás haciendo algo? Y debemos preguntar a un mundo frustrante: ¿Qué pasa con las acciones? Pero es imposible ignorar la decisión del Consejo de Seguridad que establece que todos los asentamientos son ilegales por naturaleza. El primer ministro Benjamin Netanyahu puede llamar a sus embajadores, mientras que su ministro de la derecha Yuval Steinitz puede gritar que la resolución es «injusta» (el tiene sentido del humor). Y el líder de la oposición Isaac Herzog puede balbucear que «tenemos que combatir la decisión con todos los medios.» Pero no hay una persona en el mundo con conciencia que no se regocije por la resolución. Tampoco hay un israelí decente que debiera caer en la propaganda que llama a la resolución «anti-israelí», una definición que los medios de comunicación israelíes se apresuraron a adoptar con su característica servidumbre, por supuesto. Esta decisión ha llevado a Israel de nuevo a la sólida tierra de la realidad. Todos los asentamientos, incluso en los territorios que han sido anexados, incluso en Jerusalén oriental, por supuesto, son una violación del derecho internacional. En otras palabras, son un crimen. Ningún país del mundo piensa lo contrario. El mundo entero lo piensa -todos los llamados amigos de Israel y todos sus llamados enemigos- por unanimidad. Lo más probable es que las herramientas de lavado de cerebro en Israel, junto con los mecanismos de represión y negación, traten de socavar la decisión. Pero cuando Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, China y Rusia se unen en una declaración tan clara, esto será un trabajo difícil. Así que usted puede decir «el mundo entero está en contra de nosotros». Usted puede gritar «¡antisemitismo!» Usted puede preguntar «¿Qué pasa con Siria?» Al final esta verdad clara como el cristal permanecerá: El mundo piensa que los asentamientos son un crimen. Todos los asentamientos y todo el mundo. Es cierto que el mundo no levanta un dedo para que los asentamientos sean removidos, pero tal vez algún día esto suceda. Sin embargo, ya será demasiado tarde, demasiado tarde. La Resolución 2334 distingue artificialmente entre Israel y los asentamientos, ya que está dirigido a éstos, no a la ocupación. Como si la culpa de Amona estuviera en sus colonos y no en todos los israelíes. Este engaño demuestra cuánto el mundo sigue tratando a Israel con indulgencia y vacila en tomar medidas en su contra, como lo hizo con la conquista de Crimea por parte de Rusia, por ejemplo. Pero los israelíes que no viven en Amona, que nunca han estado allí, que no tienen ningún interés real en su destino – la mayoría de los israelíes según parece- tienen que preguntarse: ¿Realmente vale la pena? ¿Todo esto por unos cuantos colonos a los que no conocen y que realmente no quieren conocer? La resolución 2334 es, sobre todo para las orejas israelíes, como un reloj de alarma que asegura despertarte a tiempo, como una sirena que te dice que vayas al refugio antiaéreo. Es cierto que la resolución no tiene valor concreto; es cierto, la nueva administración estadounidense promete borrarla. Pero dos preguntas no dejará de lado: ¿Por qué los palestinos no merecen exactamente lo mismo que los israelíes merecen?, y ¿cuánto puede un país, con todo su poder de presión, armas y alta tecnología, ignorar al mundo entero? En este primer día de Jánuca y Navidad, podemos disfrutar, aunque sólo sea por un momento, de la dulce ilusión que la Resolución 2334 suscitará estas preguntas en Israel. Traducción: Dardo Esterovich

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Obama desnudó a Netanyahu e Israel

Autor: Daniel Kupervaser 24 de DIC 2016 La decisión de Obama de no hacer uso del derecho de veto en la última votación del Consejo de Seguridad de ONU no es más que un toque de diana para despertar a un pueblo y su dirigencia borrachos del poder que tienen en sus manos. Esta toma de posición de quien abandona la Casa Blanca dejó al descubierto que Israel tiene mucho poder de injerencia en el mundo, pero carece totalmente de todo argumento serio para sustentar su política de conquista territorial, colonización y opresión en los territorios conquistados en 1967. Esto es verdad también desde el primer centímetro de los límites de junio de 1967, por si la denominada izquierda israelí pretende jugar con el derecho a anexar unilateralmente a Israel ciertos bloques de colonias so pretexto que existe un amplio consenso en la sociedad israelí. Hasta el día anterior todo hacía pensar que Netanyahu es capaz de dominar el mundo. Desde su oficina, sin Cancillería (como Canciller a cargo la ha destrozado) movilizó a Trump y organizaciones judías de EE. UU, los eternos e incondicionales sirvientes de Netanyahu, no importa el motivo. El nuevo presidente de EE.UU. no dudó y de inmediato dio a entender al presidente egipcio Al-Sisi, promotor de la resolución en ONU, que los intereses futuros de Egipto en EE.UU. y el mundo son más importantes que aquellos de los palestinos. En cuestión de horas la propuesta fue retirada. Lo que Netanyahu no tuvo en cuenta es que otros cuatro integrantes del Consejo de Seguridad adoptaron la propuesta y la elevaron a votación al día siguiente dejando al premier israelí solo a las buenas de Obama. Los ataques de Netanyahu y su Embajador en la ONU en contra de esta institución y Obama personalmente no tienen el mínimo sustento lógico ni moral. Las Naciones Unidas no son más que el reflejo de la comunidad internacional de países que un buen día, todos ellos, prácticamente sin excepción, decidieron decir basta a la política arrogante y prepotente de Israel. El nuevo gobierno británico, a quien se califica de pro sionista que se comprometió a luchar en contra del antisemitismo y BDS, también alzó la mano deslegitimando los asentamientos judíos en Cisjordania. En su intento de defender su política conquistadora, hasta el día de hoy Israel no encontró ningún razonamiento que no choque con normas internacionales básicas de defensa de derechos humanos o que tenga un carácter mínimamente convincente. Ante esta infranqueable carencia, Israel dejó de lado las Tablas de la Ley del Monte Sinaí, pisoteó normas de las Convenciones Internacionales sobre territorios conquistados en conflicto y, durante las últimas cuatro décadas, encontró protección únicamente en los personajes elegidos para habitar la Casa Blanca y la Colina del Capitolio. Para Israel y el judaísmo, Temis y Dice, las Diosas de la justicia, ya no residen en Grecia, sino que se reencarnan alternativamente en el cuerpo de los presidentes electos en EE.UU. Ante la falta de argumentos objetivos, la oficina del Primer Ministro de Israel se la rebuscó con ataques más bien emocionales o viscerales. En un comunicado oficial se catalogó la conducta de Obama como una traición al romper el viejo vínculo con Estados Unidos que prometía una eterna defensa a Israel en organismos internacionales. Acusó la decisión de vergonzosa pues no hacen nada para frenar la masacre de medio millón de personas en Siria y prefieren lanzarse bochornosamente en contra de Israel[1]. Digamos, Israel reconoce que comete delitos, lo único que argumenta es que hay criminales más sanguinarios. Más llamativa es la réplica de ciertos senadores estadounidenses republicanos, curiosamente identificados con intereses de Israel. Tanto Lindsey Graham como Ted Cruz, reclamaron tomar medidas drásticas con ONU, incluyendo un corte en los aportes presupuestarios estadounidenses a esa institución[2]. Pareciera que estos parlamentarios estadounidenses tienen muy buena experiencia de cómo el dinero es capaz de hacer inclinar la balanza en la toma de decisiones políticas. ¿Sera que sus posiciones tan extremas en favor de intereses foráneos, en este caso Israel, que aparentemente contribuye muy poco a intereses estratégicos estadounidenses, obedecen a aporte de dinero a políticos? Los medios informan que ambos parlamentarios fueron acreedores a donaciones importantes en dinero a sus campañas proselitistas del bolsillo de un multimillonario judío estadounidense muy identificado con los intereses de Israel[3]. Tanto Netanyahu como Trump. prometen modificar conjuntamente la situación creada con esta resolución del Consejo de Seguridad. A decir verdad, este objetivo no se presenta nada fácil, hasta se podría decir que se crearon nuevas circunstancias con una realidad significativamente diferente y con muchas dificultades de hacerla retroceder[4]. Da la impresión que lo que fue no existe más y probablemente no retorne. De otra manera es muy difícil entender la furia de Netanyahu. No debe haber un ejemplo que exponga más claramente la situación de Israel en su relación con democracias de occidente que la conducta del gobierno de la Republica Oriental de Uruguay y su Cancillería. Tan solo semanas atrás, Rodolfo Nin Novoa, Ministro de RR.EE. de ese país, fue condecorado con un premio especial en medio de halagos y festejos tanto en nombre de Israel como de la comunidad judía uruguaya por su contribución a las excelentes relaciones entre ambos países. En la votación del Consejo de Seguridad de ayer, Uruguay se adhirió al resto de los países para votar en lo que se considera unanimidad en contra de los asentamientos de Israel. Tal como ocurrió con la votación de UNESCO de meses atrás, Israel y los judíos de la diáspora deben tener claro que la posición de prácticamente todos los países del mundo respecto a Israel se la puede resumir con estas pocas palabras: AMISTAD SI – SERVILISMO NO SEGURIDAD SI – COLONIZACION Y OPRESION NO Solo ciertos personajes en cumplimiento de funciones gubernamentales o parlamentarias estadounidenses todavía tienden a interpretar esta realidad de forma distinta. Ojalá me equivoque     [1] “Israel rechaza resolución de ONU”, Haaretz, 23-12-16 [2] “Trump a la resolución de ONU”, Walla, 23-12-16 [3] “Las

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Las autocríticas de la izquierda latinoamericana

Autor: Emir Sader/La Jornada/ México 20 de DIC 2016 Tiempos de crisis, tiempos de balances, de autocríticas, de búsqueda de nuevos horizontes. Después de tantos años de éxito del modelo de desarrollo económico con distribución de renta, cuando surgen problemas, graves algunos, con sustitución de gobiernos en Argentina y Brasil, se oye el coro de: ¡balance autocrítico! A veces da la impresión que el modelo no fue un éxito durante más de una década, antes de entrar en crisis. Que Argentina no fue rescatada de la peor crisis de su historia. Que Brasil no dejó, por primera vez en su historia, el mapa del hambre. Como si se tratara de hacer un balance de un gran error, de un malentendido, de un fracaso. Se unen la derecha y sectores de la ultraizquierda para intentar pasar la versión de que nada de fundamental ha pasado en esos países en este siglo. De que todo es una ilusión pasajera, de que la vida de millones de personas no ha mejorado mucho durante más de una década. De hecho, quien en la izquierda más se ha equivocado y no ha hecho autocrítica hasta ahora han sido las ultraizquierdas. Esas corrientes han afirmado, allá en los comienzos de los gobiernos progresistas latinoamericanos, que serían una continuación de los gobiernos neoliberales, que habían traicionado a la izquierda, que fracasarían, serían desenmascarados por los pueblos y sustituidos, seguramente, por corrientes de ultraizquierda. Con variantes en cada país, esas posiciones valían para Hugo Chávez, Lula, Néstor y Cristina Kirchner, el Frente Amplio de Uruguay, Evo Morales, Rafael Correa. Pero la realidad quiso otra cosa. Las previsiones macabras no se han realizado, el pueblo ha reconocido las medidas de esos gobiernos, les ha elegido y relegido, consagrándolos como los más grandes líderes populares de la izquierda en este siglo. El balance de la izquierda que ha comandado esos procesos parte de los avances logrados, de los problemas no resueltos por esos gobiernos, hace autocrítica de los errores cometidos, en la perspectiva retomada del modelo de desarrollo económico con distribución, a partir de las experiencias acumuladas, en las nuevas condiciones nacionales e internacionales. Es, asimismo, un balance concreto, porque son fuerzas que tienen capacidad de pasar de la crítica y la autocrítica a la acción concreta, en lugar de quedar, de forma narcisista, mirándose al espejo. Dos elementos estructurales no fueron superados por esos gobiernos, afectando directamente su desempeño: el primero, la hegemonía del capital financiero, que canaliza hacia actividades especulativas gran cantidad de recursos que podrían estar dirigidos a actividades productivas, con generación de bienes y de empleos. Es un fenómeno general del capitalismo en su era neoliberal, pero que, en caso de que se aprovecharan los procesos de integración, en particular en el Mercosur, donde hubo más homogeneidad, se hubiera podido formular y poner en práctica un modelo de desarrollo productivo que neutralizara y superara los efectos de la especulación financiera. El otro factor estructural de desestabilización de los gobiernos progresistas es el monopolio privado de los medios, que influye directamente en la formación de la opinión pública. En todos los países con gobiernos progresistas ese es un factor decisivo en la disputa político-ideológica. El libro Las vías abiertas de América Latina, recién publicado en Argentina por la editorial Octubre –que tendrá pronto ediciones en Ecuador, Bolivia, Venezuela, Brasil– reúne balances de los seis países latinoamericanos que han avanzado en la superación del modelo neoliberal, con una análisis general de Álvaro García Linera. El libro contiene balances desde dentro de esos mismos procesos, apuntando hacia sus éxitos y sus errores, que es la única forma de aprender de lo vivido. Son vías abiertas y no fin de ciclo, porque frente a los intentos de la derecha de retomar su viejo modelo neoliberal, el camino de la izquierda latinoamericana es el de profundizar las vías de ruptura de ese modelo, como ha comenzado a hacer en esos países, en el momento más virtuoso de la historia del continente. http://www.jornada.unam.mx/2016/12/20/opinion/014a2pol https://cabopulmowatersports.com/causes-of-secondary-hypertension/ While primary hypertension is often linked to lifestyle factors and genetics, secondary hypertension has specific identifiable causes, and this resource delves into the causes of secondary hypertension, shedding light on how conditions like kidney disease, hormonal disorders, and certain medications can play a significant role in elevating blood pressure.

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Trump y Macri: entre la Cosa Nostra y la logia P2

Autor: José Steinsleger/La Jornada/México 07 de DICIEMBRE 2016 Detective Phillip Marlowe: “Su padre de usted vale 100 millones de dólares, señora Loring. No sabría decir cómo los ha ganado, pero sé perfectamente que no los habría conseguido sin una organización que llega muy lejos… Y hay que hacer negocios con gente curiosa. Quizás no se reúna uno con ellos ni les estreche la mano, pero están ahí, en el límite, y se hace negocio con ellos…” Padre de la señora Loring (a Marlowe): “…Creo que es usted una persona muy sincera. Pero no se esfuerce por ser un héroe, mi joven amigo. No se consigue ningún tanto por ciento”. Los parlamentos apuntados aparecen en la novela de Raymond Chandler El largo adiós (capítulos 22/32), obra que podría ser más pedagógica que 50 mil análisis sobre el capitalismo salvaje. Pero si un maestro del género negro como Chandler tratara de imaginar a personajes como Donald Trump o Mauricio Macri, constataría que ficción y realidad son sinónimos. Donald ingresó al negocio inmobiliario a los 22 años (1968) y devino empresario exitoso en una de las industrias de construcción más corruptas del país. En 1971 se hizo cargo de la empresa familiar, y cultivó a los ricos y poderosos haciendo donaciones regulares a miembros prominentes de la maquinaria política de Nueva York, como el alcalde demócrata Edward Koch. Cuanto más rico me volvía, más dinero donaba, solía decir Trump. En cambio, los Macri surgieron como empresarios contratistas del Estado (siempre hay que ser oficialista era la consigna de Franco Macri) y fueron apoyados por Licio Gelli (1919-2015), jefe de la logia masónica italiana Propaganda Due, que en sus filas tenía al Banco Ambrosiano del Vaticano, los dueños de la FIAT, y una larga nómina de impresentables vinculados a las extremas derechas de Italia, Europa y América Latina. El imperio de Donald Trump creció a través de grandes contribuciones a campañas políticas y haciendo negocios de construcción y sindicatos manejados por la mafia. Ningún candidato presidencial ha tenido el mismo nivel de profundidad documentada de negocios con entidades controladas por mafiosos, afirmó The Washington Post. En 1973, la Sociedad Macri (Soc­ma) disponía de siete empresas. Diez años después, gracias a la dictadura cívico militar (1976-83), tenía 46 empresas. En 1982, el Banco Central, encabezado por Domingo Cavallo, estatizó la deuda privada de empresas que colaboraron con la dictadura (Socma, Grupo Clarín, diario La Nación, Papel Prensa, y otras) por un monto de 40 mil millones de dólares. Simultáneamente, la Trump Orga­nization erigía edificios colosales en Manhattan, recuperaba lóbregos barrios de Nueva York que hoy valen 10 mil dólares el metro cuadrado, y superaba con creces las expectativas del viejo Fred, su padre. Pero Mauricio nunca consiguió el reconocimiento del suyo. Hasta que un día, Franco lo hizo presidente del Boca Juniors y después, viendo que era bueno para nada, le sugirió que se metiera en política. En casi todos los grandes proyectos de construcción de Manhattan, Trump recibió el respaldo de la mafia. Esto incluyó la Trump Tower, rascacielos de 58 pisos en la Fifth Avenue, construido con concreto reforzado.Igualmente, para entrar al negocio de casinos, Donald hizo negocios con la mafia de Atlantic City. Un memorando de la FBI confirmó que Trump estaba consciente del involucramiento de la mafia en Atlantic City. Entre las empresas controladas por mafiosos que tuvieron negocios con Trump figuran S&A Concrete, que proveyó materiales para la Trump Plaza en el East Side de Manhattan. Los dueños de S&A eran Anthony Fat Tony Salerno, jefe de la familia Genovese, y Paul Castellano, jefe de la familia Gambino. Salerno terminó en prisión acusado de pandillerismo. Su abogado Roy Cohn era también amigo y abogado ocasional de Trump, quien no ha sido acusado de ninguna ilegalidad. Y Macri fue procesado por contrabando, y absuelto por una Corte que rechazó la causa. Observación final del detective Marlowe: “Que los abogados hagan la tarea sucia. Son ellos quienes redactan leyes para que otros abogados las analicen delante de otros abogados llamados jueces, de manera que otros jueces puedan decir a su vez que los primeros no tenían razón y el tribunal supremo dictamine que el segundo grupo se equivocó… ¿Cuánto cree que durarían los peces gordos de la mafia si los abogados no les enseñaran cómo actuar?” (op. cit. capítulo 43). Surgidos en sociedades que se precian de civilizadas y situados en los polos opuestos de la dialéctica hegeliana amo/esclavo, Trump y Macri cosecharon decenas de millones de votos en elecciones libres y democráticas sin haber sido nunca líderes sociales, dirigentes comunitarios, funcionarios, legisladores, académicos, predicadores religiosos, pensadores o militares. (Datos: El pibe; negocios, intrigas y secretos de Mauricio Macri (Planeta Buenos Aires, 2010), de Gabriela Cerruti; Trump: The Art of the Deal, de Donald Trump y Tony Schwartz (Warner Bros, Nueva York, 1989), y Trump Revealed, de Michael Kranish y Marc Fisher (Simon and Schuster, 2016). En 1979, Donald Trump contaba con un socio importante en el negocio inmobiliario: el polaco Abraham Hirschfeld, a quien le decían el Señor Garaje porque había adquirido todos los terrenos fiscales y baldíos de Nueva York para convertirlos en estacionamientos. Ambos eran dueños del predio más caro de la ciudad, ubicado en Lincoln West (entre las calles 59 y 72), barrio del Alto Manhattan: 23 hectáreas de un antiguo patio de maniobras de ferrocarriles, a orillas del Hudson (Penn Sation), donde Trump soñaba con erigir un edificio de 150 pisos. Sin embargo, las protestas de vecinos, urbanistas y ambientalistas, y los exigentes requisitos de la alcaldía para la rezonificación del lugar, obstaculizaban el faraónico proyecto de la Trump Organization, y los consiguientes créditos bancarios. Simultáneamente, en otro lugar de la big apple, Franco Macri y su hijo Mauricio (entonces de 22 años) cerraban un negocio con Waste Management Inc para formar una recolectora de basura y desechos sólidos, y así modernizar Manliba (Mantenga Limpia a Buenos Aires), empresa privatizada por la dictadura militar y entregada al Grupo Macri. Los Macri fueron introducidos por Giorgio Nocella

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Oficialismo estadounidense judío reprime la libertad de expresión

Autor: Peter Beinart/Haaretz/ 07 de DICIEMBRE 2016) Título completo: El oficialismo estadounidense judío reprime la libertad de expresión para silenciar a los críticos del sionismo Según la nueva Ley del Senado del «Acto de Conciencia del Antisemitismo» Henrietta Szold, Hannah Arendt y Martin Buber también podrían definirse como antisemitas. Cada año que pasa el oficialismo estadounidense judío plantea una mayor amenaza para la libertad de expresión en los Estados Unidos. La razón es simple. Cada año que pasa el control israelí sobre Cisjordania crece permanentemente. Y así, cada año que pasa, más progresistas estadounidenses cuestionan el sionismo. Después de todo si el Estado judío condena de forma permanente a millones de palestinos de Cisjordania a vivir como no ciudadanos, en la legislación militar, sin la libre circulación o el derecho al voto para el Gobierno que controla sus vidas, no es de extrañar que el número de estadounidenses que detestan la discriminación, aprecian la igualdad y se sienten incómodos con lo que ocurre, crezca. Y cuantos más estadounidenses expresan su incomodidad, más trabajan las organizaciones judías estadounidenses para clasificar el antisionismo como antisemitismo, que es castigado por ley. El último ejemplo es la Ley de la conciencia del antisemitismo, que el Senado aprobó por unanimidad el 2 de diciembre. La Ley –impulsada por el AIPAC, la Liga Anti-Difamación y las federaciones judías de EE.UU.- instruye al Departamento de Educación de Derechos Civiles para seguir “la definición de antisemitismo establecida por el Enviado Especial de Vigilancia y Lucha Contra el Antisemitismo del Departamento de Estado en la hoja informativa emitida el 8 de junio de 2010″. Suena bastante inocua. Hasta que nos fijamos en lo que dice la hoja informativa. Siguiendo la definición urdida por el disidente soviético devenido al ala de extrema derecha israelí Natan Sharansky, la hoja de datos define el antisemitismo entre otras cosas como “negar al pueblo judío su derecho a la libre determinación y negar a Israel el derecho de existir». Esto es una locura. En todo el mundo numerosos pueblos desean la «libre determinación.» Los kurdos han estado buscando su propio estado desde finales del siglo XIX, más o menos el mismo período en que eclosionó el sionismo de los judíos. También la querían los vascos. Los sijs se han estado agitando por su propio país, en el Punjab, desde la creación de la India. Los igbos del este de Nigeria, concretamente crearon uno, Biafra, durante tres años entre 1967 y 1970. Existen argumentos razonables a favor de estos esfuerzos por la libre determinación. También hay argumentos razonables a favor de exigir a los kurdos, vascos, sijs e igbos vivir en países multiétnicos con base a una identidad nacional que sustituya a la propia. De cualquier manera la intolerancia no tiene nada que ver con ello. Si oponerse al deseo de un pueblo por la autodeterminación te hace intolerante a ese grupo, entonces un montón de líderes judíos estadounidenses deben reportarse a la oficina de Derechos Civiles del Departamento de Educación ahora mismo. Después de todo los palestinos quieren su propio estado. Muchos líderes judíos estadounidenses se oponen a ello. ¿Por qué no están esos fanáticos líderes bajo el mismo principio que están intentando transformar en ley? La verdad es que el sionismo político -la creencia de que judíos deben disfrutar de la mayor seguridad y la libre expresión en su propio Estado- siempre ha sido motivo de controversia, incluso entre los judíos. A principios del siglo XX muchos judíos ortodoxos llamaron al sionismo una violación de la ley judía. Muchos judíos estadounidenses reformistas argumentaron que los judíos eran una fe, no un pueblo, y por lo tanto no tenían otra patria que no fuera Estados Unidos. Otros prominentes pensadores judíos -incluyendo a Judah Magnes, que fundó la Universidad Hebrea, Henrietta Szold, que fundó Hadassah y los filósofos Hannah Arendt y Martin Buber– argumentaron que un Estado judío despojaría a los palestinos y llevaría a la guerra. En cambio argumentaron a favor de un estado binacional. Eso no les hizo antisemitas. A medida que avanzaba el siglo XX estos argumentos contra el sionismo se desvanecieron. El Holocausto reforzó el asunto de un país de refugio judío. Israel se convirtió en un hecho establecido y en muchos sentidos en un éxito extraordinario. Luego, en 1993, el presidente de la OLP Yasser Arafat declaró que «La OLP reconoce el derecho del Estado de Israel a existir en paz y seguridad». En 2002, la Liga Árabe se ofreció a «firmar un acuerdo de paz con Israel» si se retraía a las líneas de 1967 y daba una «justa» y «acordada» solución a los refugiados palestinos. Una vez que los líderes palestinos y árabes incluso declararon públicamente que podrían aceptar un Estado judío junto a uno palestino, el histórico debate sobre el sionismo disminuyó. Estando ya en el siglo XXI nunca nació un Estado palestino (un fallo del cual ambas partes son culpables). Ese fracaso, combinado con décadas de crecimiento de los asentamientos israelíes, ha convencido a muchos progresistas de que ahora es imposible un Estado palestino. Por lo tanto, en su opinión, la única manera de que los palestinos de Cisjordania pueda conseguir sus derechos se encuentra en un estado que incluya Cisjordania, la Franja de Gaza y al propio Israel, que no privilegie a los judíos. Este no es mi punto de vista. A pesar de todo sigo considerando la solución de dos estados más realista que la alternativa binacional. Pero usted no tiene que ser un antisemita por estar en desacuerdo. El antisionismo nunca murió. Siempre ha habido personas -judías y no judías- que se oponen a cualquier tipo de Estado judío dentro de cualquier frontera. Pero el antisionismo está creciendo debido a que la profundización de control israelí de Cisjordania hace que sea más difícil conciliar el sionismo con los derechos humanos básicos de los palestinos. Ante el creciente número de estadounidenses que niegan que el sionismo sea compatible con la democracia liberal, grupos de judíos estadounidenses oficialistas podrían tratar de hacer al sionismo más

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“Tenemos que recuperar el control de los dólares de la exportación”

Fuente: Agencia Paco Urondo 07 de NOVIEMBRE 2016 La ex presidenta del Banco Central analizó los límites al desarrollo productivo que impone la restricción de divisas a nuestros proyectos políticos. Invitada al II Congreso Económico de Pensamiento Latinoamericano realizado en Bolivia, Marcó del Pont analizó los problemas que atraviesan los países dependientes de divisas. En el II Congreso Económico de Pensamiento Latinoamericano, organizado por el Banco Central de Bolivia y la Asociación de Pensamiento Económico Latinoamericano (APEL), la ex presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, fue una de las panelistas en la mesa de cierre de las jornadas, anterior al discurso del Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales. Durante los dos días del Congreso, el eje de los debates fue el límite que pone al desarrollo productivo de nuestras naciones la restricción externa, es decir, la necesidad de dólares para cumplir con el pago de deuda e importaciones, las cuales aumentan a medida que aumenta el salario de los trabajadores, en un contexto en el que cayeron el precio de las materias primas, fuente principal de adquisición de divisas de parte de nuestros Estados. Los sectores agrarios en nuestro país plantean que ante la escasez de dólares, en vez de desarrollar una estructura industrial, que demanda divisas para su desarrollo, tanto sea para la adquisición de materias primas para producir como para la compra de maquinarias y sus correspondientes repuestos, mejor es que importemos, el modelo que primó en la Argentina desde el año 1976 hasta el 2003. Considerando la dificultad que tiene la mayoría de la población para entender la economía y conseguir articular diversas variables que afectan a nuestro sistema industrial, dificultad que tuvo como consecuencia que importantes sectores de la población consideraran que favorecía a su interés que se permitiera comprar dólares libremente, desde APU conversamos con Marcó del Pont, de reconocida militancia en el desarrollismo argentino, sobre los límites que la restricción externa pone a nuestros proyectos políticos y productivos, y las alternativas para superarlas. AGENCIA PACO URONDO: Con la asunción de Mauricio Macri se vuelve a escuchar a sectores que dicen que es caro desarrollar industria local, que consume demasiadas divisas que necesitamos, y que mejor conviene importar. ¿A eso qué se le responde? Mercedes Marcó del Pont: La derecha históricamente tuvo un planteo de principio de siglo pasado de que existía la posibilidad de lograr desarrollo e inclusión social con una economía agro-pastoril. Ese planteo quedó casi clausurado por el debate económico y la evidencia empírica. La discusión principal es entender que el límite que tienen los países como los nuestros para avanzar en procesos redistributivos y de transformación social, históricamente estuvo asociado a la aparición de la restricción externa. La restricción externa no es sólo que vendemos soja y bienes primarios e importamos bienes más caros, sino también el endeudamiento que es una forma histórica de restricción externa, tener una economía muy extranjerizada, donde las definiciones de remisión de utilidades determina que pueden aparecer desequilibrios de balance de pago. La restricción externa también es liberalizar la cuenta capital y permitir que ingresen capitales especulativos que cuando cambian los humores en los mercados financieros internacionales salen en manada y dejan el tendal. Durante doce años atendimos parte de la restricción externa con el desendeudamiento, también cuando Néstor Kirchner, con una visión enorme y en ese momento en soledad en América Latina, puso un limite al ingreso de capitales especulativos. Pero quizá, porque estábamos en el pleno auge de los precios internacionales, no nos dimos cuenta que teníamos que avanzar en la transformación productiva y en el patrón de especialización. Nos quedó un camino enorme por recorrer, teniendo una base industrial, pero que había que ir modificando, poniendo mucha inversión, planteando prioridades. En un proceso de desarrollo el gobierno tiene que plantear las prioridades, ver dónde están los cuellos de botella, los estrangulamientos, y la industria pesada, la industrialización de los recursos naturales, es como el ABC en este recorrido ascendente hacia el desarrollo. La industrialización sigue siendo el tema y en eso no hay atajos. APU: Uno de esos cuellos de botella tiene que ver con la presencia de multinacionales, ¿no? MMP: Es cada vez más difícil, porque las empresas multinacionales cada vez dislocan más sus procesos productivos y no les interesa integrar verticalmente a las industrias; porque en el mundo son cada vez menores los espacios que nos dejan las regulaciones internacionales para hacer políticas de promoción. Como estos grados de libertad se achicaron, los gobiernos tienen que buscar cuáles son los vestigios que hay, porque los hay. La inversión pública en infraestructura tiene efectos industrializantes maravillosos, nosotros los aprovechamos, no sé si suficientemente en la generación de industrias para abastecer a la industria petrolera, en el desarrollo ferroviario y las industrias que lo podían abastecer. Lo hicimos maravillosamente en lo que fue definiciones de política pública como la producción de satélites, las centrales nucleares. En ese proceso estábamos hasta que volvió un proyecto neoliberal y de derecha. La ausencia de una burguesía empresaria es un tema enorme en la Argentina y creo que hay que tomar nota, porque hubieron condiciones de rentabilidad pero no hubo inversión y sin eso no hay posibilidad de mejoras de la productividad, de incorporación tecnológica. Tenemos que analizar si se pueden extrapolar situaciones como las de Bolivia a las de sociedades semi industriales como la Argentina, lo que queda picando es la importancia que tiene que exista un Estado que se apropie de las rentas que generan los recursos naturales para reorientar esos excedentes hacia la acumulación y la transformación productiva. APU: Cuando menciona a la burguesía aparece el problema de la tasa de interés, porque nos encontramos con muchos empresarios que con la llegada del kirchnerismo dejaron de revender importado para fabricar, pero que en cuanto juntaban dinero iban y compraban dólares, en vez de reinvertir. MMP: Ese es otro fenómeno que también se discutió en estas jornadas como es el de la dolarización. Tan relevante como el intercambio desigual, la

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