Sobre las rebeliones, la cultura y la biología Eduardo Wolovelsky* Adherente del Llamamiento Puede no ser relevante, puede incluso ser una lectura forzada, exagerada e incluso obsesiva, pero el ejercicio de reflexión, a pesar de estas posibles objeciones, parece ineludible porque, según el calendario de efemérides del Ministerio de Educación de la Nación, el 19 de abril se conmemora “El día de la convivencia en la diversidad cultural”. La elección se debe a que en esa fecha, pero del año 1943, se inició la rebelión del Ghetto de Varsovia. ¿Por qué definir de esta manera la memoria sobre uno de los más notables actos de resistencia de la historia contemporánea? “El día de la convivencia en la diversidad cultural” se asemeja más a un lema publicitario que a un acto de compromiso histórico, a tal punto que con él podrían acordar tanto los ángeles como los demonios. La resolución que define esta conmemoración es del 9 de marzo del año 2000 y fue firmada por el entonces Ministro Juan José Llach y contiene las siguientes consideraciones: VISTO: El papel primordial de la educación en la formación y afianzamiento de valores corno la tolerancia, la pluralidad y la conciencia ciudadana, pilares fundamentales de la convivencia democrática, y CONSIDERANDO: Que la Constitución Nacional y los cuerpos normativos internacionales con jerarquía constitucional, así como otra legislación nacional vigente, comprometen al Estado argentino y a la sociedad civil en el respeto por las diferencias y en la condena a toda forma de discriminación; Que la ley Federal de Educación en su artículo sexto establece que el sistema educativo deberá promover una formación basada, entre otros, en los valores de libertad, paz, solidaridad, tolerancia, igualdad y jusficia; Que los Contenidos Básicos Comunes para la Educación General Básica y la Educación Polimodal incorporan aspectos específicos referidos al Holocausto y a la formación y consolidación de actitudes de tolerancia y no discriminación por religión, raza, sexo o ideología; Que, durante la Segunda Guerra Mundial, el régimen nazi como expresión de una ideologia que sostenía el antisemitismo como bandera principal, llevó a cabo una política de deshumanización y exterminio contra el pueblo judío, víctima principal de Holocausto; Que el 19 de abril de 1943, un grupo de jóvenes judíos del ghetto de Varsovia protagonizó un levantamiento contra las acciones del régimen nazi consistentes en la concentración y aislamiento de los judíos en ghettos, imponiéndoles condiciones de vida que ocasionaron, producto del hambre, las enfermedades y la represión directa, la muerte de la mayoría de la población, y en la deportación luego, de los judíos sobrevivientes del ghetto a los campos de exterminio nazi; Que este acontecimiento quedó instalado en la memoria colectiva como una de las formas de resistencia contra la opresión, la intolerancia y la defensa de la dignidad humana y un símbolo de la libertad; Que el recuerdo del Holocausto en el que fueron asesinados cerca de seis millones de judíos y de las causas del levantamiento del ghetto de Varsovia significan mantener viva la memoria de los horrores que puedan generar la intolerancia y el racismo; Que lo propio ocurre con muchos otros episodios de la historia de la humanidad, particularmente en el siglo XX, en los que se incurrió en genocidio, otras formas de exterminio sistemático de pueblos a personas por razones de raza, religión nacionalidad o, simplemente, ideas; Que los acontecimientos que se desarrollaron durante la última dictadura militar en nuestro país y otros correspondientes a la actualidad internacional demuestran que la intolerancia persiste como una amenaza para las sociedades democráticas; Que resulta de extrema relevancia el desarrollo de acciones tendientes para que los miembros de la comunidad educativa asuman la conciencia de su responsabilidad individual en la defensa de los valores que sustentan la vida en democracia y en convivencia pacífica con pleno respeto a la diversidad cultural; Cabe preguntarse porque no llamarlo “El día del derecho a la revuelta armada” “El día de la resistencia”, “El día del derecho a la rebelión” y tantos otros posibles, políticamente más insidiosos. Lo cierto es que estos nombres tampoco son válidos porque le otorgan una ilegítima centralidad histórica a esta revuelta particular por sobre otras rebeliones y revueltas de distintos momentos, de diferentes culturas y de diversos actores políticos. Para comprender en mayor profundidad el conflicto que enfrentamos es interesante considerar las palabras que el historiador Enzo Traverso enunciara en su obra A sangre y fuego. De la guerra civil europea, 1914-1945: En abril de 1943, la insurrección del ghetto de Varsovia fue precedida por un intenso debate en el seno de la Resistencia judía, en la cual la ética de la convicción predominó sobre la ética de la responsabilidad. Sobre la base de un sencillo cálculo de la relación de fuerzas, los combatientes no tenían ninguna oportunidad de imponerse y su elección podía parecer puramente suicida. No es difícil reconocer, retrospectivamente, que la moral del sacrificio de estos insurgentes valía más que el sentido de la responsabilidad de los notables de consejos judíos que, al colaborar, no actuaban siempre por oportunismo o conformismo, sino, a menudo, tras un cálculo erróneo de las consecuencias de su elección, por el afán se salvar vidas humanas. El suicidio de Adam Czerniakow, presidente del consejo judío del ghetto de Varsovia en 1942, es la ilustración más dramática de esto. Cómo resolver entonces la cuestión planteada por el decreto ministerial dado que, como ya enunciamos, el nombre propuesto erosiona los profundos significados de la revuelta bajo una sentencia que desconoce un hecho central del nazismo y que hoy debe ser tenido en cuenta frente a las posibilidades técnicas que se abren en el campo de la genética y de la neurobiología. Era inevitable que el nazismo fuese contra expresiones que reconocemos como parte de la diversidad cultural porque su programa político pretendió actuar sobre un aspecto aún más básico de la condición humana. No olvidemos la definición que diera Rudolf Hess en 1934 y que todo biólogo y profesor de biología debería sopesar con cuidado: el Nacional Socialismo no es otra cosa que biología aplicada. Este es uno de los hechos que distinguen al genocidio realizado por los nazis: su carácter fundamentado como acto científico-biológico, poco importa que hoy se intente disolver el conflicto calificando, en una lectura anacrónica de la historia, los supuestos genético-raciales del nacionalsocialismo como pseudociencia. Motivado por su experiencia durante el nazismo cuando aún era un niño, uno de los principales personajes de la película La cuestión humana expresa: La lengua es un poderoso medio de propaganda. Es el más público y, al mismo tiempo, el más secreto. El efecto de la propaganda no es producido por discursos, artículos y panfletos. Se filtra en la carne y la sangre de la gente. ¿Sabe que ya no hay pobres? Ahora es “gente de bajos ingresos”. Ya no se habla de “cuestiones”. Por ejemplo de “cuestiones sociales”. Ahora son “problemas” que los especialistas segmentan en una serie de hechos técnicos. Para cada uno encuentran la solución óptima. Fórmulas eficaces. Pero palabras vacías de todo sentido. Es un colapso de la lengua. Una lengua muerta, neutral, invadida por palabras técnicas. Una lengua que absorbe poco a poco su humanidad. Es bajo la vitalidad de este reclamo, el de la exigencia por una lengua que enuncie la complejidad del pensamiento humano, que el acto de memoria del 19 de abril podría ser llamado “Día de la rebelión del Ghetto de Varsovia”. *Docente y divulgador científico https://visavis.com.ar/2019/05/13/fuerte-polemica-en-israel-por-el-proyecto-de-ley-que-permitiria-la-inmunidad-de-netanyahu/?utm_source=newsletter https://www.democracynow.org/es/2019/5/17/john_bolton_la_peor_pesadilla_del https://www.rebelion.org/noticia.php?id=255858 Observaciones: 1) La fuente y autor son Haaretz y Amira Haas 2) La fecha de publicación en Haaretz es el 6-05-2018 5)  La información de la traducción que está al principio hay que ponerla al pie después del artículo La ocupación israelí es un sistema destinado a continuar el despojo de los palestinos Amira Hass1 | Haaretz 6 may 2019 Un informe de principios de abril de la ONG de derechos humanos Yesh Din nos recuerda que la ley de expropiación, también conocida en un lenguaje blanqueado como la ley de regularización (apelando a la autorización retroactiva de los puestos de avanzada israelíes y la construcción ilegal en los territorios ocupados), no es la único de su tipo. Durante el último período de la Knesset hubo un salto transformador en el proceso de anexión de jure, no solo de facto, de Cisjordania. Se propusieron 60 proyectos de ley que contenían elementos claros y fundamentales que exigían extender la ley israelí al territorio ocupado. Ocho se promulgaron como ley, junto con la Ley Básica sobre el Estado de la Nación del Pueblo Judío. Pero durante los últimos años también hubo un salto transformador con respecto a cuatro áreas clave que he cubierto: - Puestos de avanzada. Desde fines de 2016, se han establecido 16 nuevos puestos de avanzada además de los construidos en bases militares abandonadas. Para no arriesgarse a más desalojos de tierras palestinas de propiedad privada, los nuevos puestos de avanzada se han construido en las orillas de las "tierras de propiedad estatal", como se ve en un análisis realizado por el investigador independiente Dror Etkes, y en una investigación de MichalPeleg, un activista del grupo de derechos humanos Ta'ayush, publicada el 9 de marzo en la revista en línea (hebreo) Siha Mekomit (la hermana de 972mag). Muchos de los residentes de estos puestos de avanzada poseen ganado. Mientras sus rebaños pastaban y aterrorizaban las aldeas palestinas -con la ayuda del ejército- estos colonos armados han podido extenderse en áreas mucho más grandes que las ocupadas por las villas y centros comerciales de las colonias. Una planificación cuidadosa, grandes sumas de dinero y el modus operandi similar de los puestos de avanzada apuntan a una mano guía oculta.  - Procedimientos relativos a las familias "mixtas": hace aproximadamente dos años y medio las restricciones a las parejas palestinas se volvieron más estrictas. Por un lado, desde el año 2000 Israel ha congelado la "unificación familiar" (que según los Acuerdos de Oslo debía haber otorgado el estatus de residencia permanente a los cónyuges no residentes de los residentes palestinos de Cisjordania y Gaza). Por otro lado, Israel les está dificultando obtener o extender visas de visitantes y también prohíbe a esas personas acceder al trabajo. Las visas no se extienden porque los cónyuges no residentes trabajaron para ganarse la vida, se les considera residentes ilegales en sus propios hogares y, por lo tanto, se les obliga a abandonar el país (es decir, Cisjordania) y se van al extranjero de forma permanente o por períodos prolongados o son deportados en el aeropuerto (como sucedió a Elaine Zoughbi de Belén). - Legislación militar. Dos órdenes militares, originalmente destinadas a impedir la construcción de puestos de avanzada de los colonos, se han aplicado en los últimos años a los palestinos: la orden de "demarcación" Nº 1539, que exige la demolición de edificios en ciertas áreas, y la orden Nº 1797, relacionada con la eliminación de nuevas estructuras. Se ha creado así una falsa simetría entre los ladrones y los robados: los ladrones reciben permisos de construcción de la Administración Civil para una voluminosa construcción en las colonias. Los puestos de avanzada que construyen sin permisos solo son complementos que se aprobarán de manera retroactiva. Fuerte polémica en Israel por el proyecto de ley que permitiría la la inmunidad judicial de Netanyahu May 13, 2019 | Haaretz El primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu planea promover un proyecto de ley que permitiría al gobierno eludir los fallos de la Corte Suprema de Justicia en asuntos administrativos, informó el lunes el diario Haaretz. De aprobarse, el proyecto de ley podría garantizar la inmunidad de procesamiento del primer ministro al permitir la anulación de cualquier decisión judicial que podría presentarse. La cláusula propuesta permitiría a la Knéset ignorar las decisiones administrativas de la Corte Suprema, y de esa manera, el parlamento podría volver a presentar las leyes que han sido revocadas por el tribunal. Según el informe, el proyecto de ley previsto se incluirá en un anexo legal que se presentará como condición en los acuerdos de coalición y las directrices del gobierno. La nueva medida presuntamente impulsada por el partido gobernante del Likud desmantelaría completamente la supervisión judicial de la Corte Suprema sobre el parlamento y el gabinete. Específicamente, según el informe, el proyecto de ley evitaría que los jueces dictaminen que los esfuerzos para proteger a Netanyahu de una acusación por corrupción, ya sea a través de una legislación o una decisión del gobierno o del Knéset, son inconstitucionales. Un portavoz del Likud dijo en respuesta que “los informes sensacionalistas en los medios tienen como objetivo evitar cualquier intento de restablecer el equilibrio entre el poder legislativo elegido por el pueblo y el poder judicial. El mantenimiento de tribunales independientes y fuertes es un principio que continúa guiando al Likud, pero esto no significa que el tribunal sea omnipotente”. Según Haaretz, el proyecto de ley es impulsado por Yariv Levin, el ministro de Turismo saliente que, al parecer, está compitiendo por el cargo de ministro de Justicia en el nuevo gobierno. El proyecto de ley también está siendo coordinado con el diputado Betzalel Smotrich de la Unión de Partidos de Derecha, de quien se dice que está “activamente involucrado en las discusiones y la redacción”. Smotrich negó los detalles del informe de Haaretz. Sin embargo, tuiteó que la Corte Suprema ha “robado la democracia de Israel y simplemente la devolveremos al pueblo. Eso es todo”. La posibilidad de que Levin o Smotrich pudieran ser elegidos para el puesto ha provocado preocupación en la izquierda y entre los funcionarios judiciales a la luz de sus fuertes críticas contra la Corte Suprema. Los políticos de derecha en Israel han buscado durante mucho tiempo limitar la Corte Suprema, que se encuentra entre las más poderosas en el mundo democrático, y la ministra de Justicia saliente, Ayelet Shaked, ha avanzado varias medidas para cortar sus alas. Los defensores de la corte dicen que en la sociedad fragmentada de Israel, donde la Knéset con frecuencia elude su responsabilidad de proteger el pluralismo religioso, las libertades civiles y los derechos de los palestinos, la corte no tiene más remedio que llenar el vacío moral y legal. Dicen que mantener un poder judicial independiente sirve como contrapeso contra el peligro de una tiranía de la mayoría que pisotea los derechos de quienes no están debidamente representados por el sistema político. John Bolton, la peor pesadilla del mundo Amy Goodman y Denis Moynihan | www.democracynow.org | 17 DE MAYO DE 2019 “Queda poquísimo tiempo, pero un ataque todavía podría resultar”, escribió John Bolton en un artículo de opinión del New York Times del 26 de marzo de 2015, titulado “Para detener la bomba de Irán hay que bombardear Irán”. El presidente Donald Trump adoptó como un pilar de campaña una postura aislacionista y criticó los enredos militares en el extranjero. Ya en 2013, tuiteó: “¿Pueden creer que la guerra de Afganistán sea la ‘guerra más larga’ de nuestra historia? Traigamos a nuestras tropas a casa, vamos a reconstruir Estados Unidos, hagamos que Estados Unidos sea grande de nuevo”. Como presidente, ha repetido esta postura en varias ocasiones. En una conferencia de prensa de abril de 2018 en torno a Siria, Trump declaró: “Quiero salir [de allí]. Quiero traer a nuestras tropas de vuelta a casa. Quiero comenzar a reconstruir nuestra nación. Habremos gastado, sin contar estos últimos tres meses, siete billones de dólares en Medio Oriente en los últimos 17 años. No obtenemos nada de eso, nada en absoluto”. A pesar de su retórica, todos los movimientos de Trump en Medio Oriente parecen ahora dedicados a avivar el conflicto y, potencialmente, desatar una guerra contra Irán. John Bolton está claramente a la vanguardia, con el respaldo del secretario de Estado Mike Pompeo. El diplomático iraní Seyed Hossein Mousavian fue uno de los principales miembros del equipo de negociación iraní en torno al problema nuclear y actualmente se desempeña como investigador en la Universidad de Princeton. Mousavian expresó su preocupación esta semana en una entrevista para Democracy Now!: “Esperaba esta situación después de que el embajador John Bolton fue nombrado asesor de Seguridad Nacional”. Tomando en cuenta además el influyente rol de los principales aliados de Trump en Medio Oriente, Mousavian concluyó: “El equipo de las cuatro B –John Bolton, [el primer ministro israelí] Bibi Netanyahu, [los herederos de Arabia Saudí y Abu Dabi], bin Salman y bin Zayed– ahora tiene un excelente posicionamiento en la Casa Blanca para empujar a Estados Unidos [a]l sueño que han tenido durante largos años: arrastrar a Estados Unidos a una guerra con Irán”. Citando al menos media docena de funcionarios anónimos del gobierno de Trump, el periódico The New York Times informó esta semana que el Pentágono ha presentado planes para enviar 120.000 soldados estadounidenses a la región en respuesta a las amenazas iraníes. Si bien el presidente negó la veracidad de este informe, declaró: “¿Es algo que yo haría? Por supuesto, pero no lo hemos planeado. Ojalá no tengamos que hacer planes para ello. Y si lo llegáramos a hacer, enviaríamos muchísimas más tropas”. La Casa Blanca ha enviado un portaaviones con su grupo de ataque y una flota de bombarderos a la región, según Bolton, con el fin de “enviar un mensaje claro e inequívoco al régimen iraní de que cualquier ataque a los intereses de Estados Unidos… será respondido con una fuerza implacable”. El teniente general del Ejército británico Christopher Ghika, uno de los principales comandantes de la fuerza multinacional desplegada en Irak y Siria, refutó las afirmaciones de Estados Unidos: “No ha habido un aumento en la amenaza proveniente de fuerzas respaldadas por Irán en Irak y Siria”. Pero fue refutado velozmente por un portavoz del Comando Central de Estados Unidos, quien afirmó que un ataque de Irán posiblemente fuera “inminente”. En medio de estas declaraciones contradictorias, Estados Unidos le ordenó al personal diplomático no esencial que evacuara la embajada y el consulado estadounidenses en la “Zona Verde” de Bagdad, a solo 160 kilómetros de la frontera iraní. Mientras los funcionarios estadounidenses han publicado fotos de pequeños barcos iraníes con misiles, varios funcionarios europeos, iraquíes y miembros del Congreso de Estados Unidos sostienen que el despliegue de misiles probablemente sea defensivo. Mientras tanto, Arabia Saudí, reino aliado de Estados Unidos, ha informado que dos petroleros vacíos fueron saboteados cuando regresaban a cargar petróleo con destino a Estados Unidos. Una vez más, no han dicho quién fue responsable. Al dejar a las fuerzas estadounidenses e iraníes tan cerca entre sí, el gobierno de Trump está montando un posible detonante. Cualquier accidente o escaramuza podría servir como pretexto para la escalada militar estadounidense. John Bolton no ha ocultado su deseo de provocar un cambio de régimen en Irán, en Venezuela, en Cuba y más allá. Toca los tambores de la guerra, pero cuando era un joven egresado de la Universidad de Yale en 1970, con un número de reclutamiento que probablemente lo hubiera llevado a Vietnam, rápidamente se unió a la Guardia Nacional de Maryland para evitar ser desplegado. En el anuario del 25º aniversario de su graduación de Yale, escribió: “Confieso que no deseaba morir en un arrozal del sudeste asiático”. Ahora, mientras le susurra al oído a Trump, quien recibió cinco exenciones del servicio militar durante la guerra en Vietnam, una de ellas en la primavera de 1968 por “espolones óseos”, John Bolton, junto al presidente, está dispuesto a enviar 120.000 soldados estadounidenses o más a la guerra. Ahora es el momento para que todos –incluyendo el movimiento contra la guerra en Estados Unidos, miembros del Congreso y sí, los disidentes dentro del propio gobierno de Trump– se unan a otros países del mundo, para manifestarles enérgicamente a los que promueven los conflictos bélicos, pero eluden el frente de batalla: no a la guerra con Irán. © 2019 Amy Goodman Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur. Página 12 EL PAÍS 18 de mayo de 2019 Panorama político Nadie le cree Por Luis Bruschtein Como en un partido de fútbol de esos de ida y vuelta, la marea informativa que expresa la impresión de la sociedad sobre la Justicia dio una voltereta de 180 grados en 24 horas, primero para acusar a la Corte de peronista y después para lo contrario: denunciarla por ceder a las presiones del Ejecutivo. Entre las dos suman a todo el país. Como consecuencia de la política de Cambiemos de utilizarla en forma abusiva como herramienta de persecución, a esta altura nadie cree en la independencia del Poder Judicial. Es un país sin Justicia. Se hace una denuncia por sobreprecio en la obra pública y el juicio empieza sin que haya ni un solo estudio que confirme esa denuncia. Entonces la Corte accede a una parte de este reclamo de la defensa y pide las actuaciones. El problema es que se trataba del juicio a Cristina Kirchner sobre el que Cambiemos ha puesto gran parte de su expectativa para iniciar la campaña electoral y poder rescatar la alicaída imagen de Mauricio Macri. El pedido de la Corte debería retrasar efectivamente el comienzo del juicio. Y no hubiera sido su responsabilidad sino del juez que estuvo a cargo de la instrucción, en este caso Julián Ercolini. El magistrado ignoró olímpicamente el primer peritaje realizado por dos ingenieros y un contador que concluyeron en que no había sobreprecio ni obras pagadas que no se hubieran realizado. El Gobierno eligió la obra pública para judicializar a su antecesora porque es donde circula más dinero en la gestión. Las empresas de Macri han sido muy favorecidas en las licitaciones más importantes en todo el país y sin embargo la acusación involucra solamente a una empresa que figura a la cola de los contratistas del Estado. El Grupo Macri estaba tercero en esa lista. Pero la orden que le dieron al recién asmido Javier Iguacel en Vialidad Nacional fue usar la obra pública en la provincia de Santa Cruz para enterrar a los Kirchner. Al otro día de asumir, el hombre ordenó la investigación y pidió resultados en 90 días. El macrismo estaba urgido para iniciar las causas contra Cristina Kirchner y arrinconarla o destruirla. Los técnicos explicaron que en 90 días era muy difícil auditar 51 licitaciones, casi todas tramos de las rutas 3 y 40. Pero la urgencia era perentoria porque los juicios contra la ex presidenta tenían que empezar cuanto antes. El resultado de ese peritaje favorable al gobierno anterior pinchó la acusación que debería haber sido el gran show de la corrupción kirchnerista. Entonces el oficialismo empezó a abrir muchos frentes simultáneos para causar el mismo efecto de saturación. Surgieron las causas de Hotesur y Los Sauces, la de enriquecimiento ilícito, el suicidio de Nisman convertido en asesinato, el acuerdo con Irán aprobado por el Congreso y que Irán nunca aceptó, o la de apropiación de bienes del Estado por la posesión de un documento histórico que nunca fue del Estado. Utilizaron todos los recursos para crear una fuerte conmoción mediática con pruebas circunstanciales y sin prueba concreta. Detuvieron a ex funcionarios sin condena en firme, se los mostró a través de los medios en situaciones humillantes cuando fueron apresados. Se extorsionó a supuestos testigos abusando de la ley del arrepentido, se usaron grabaciones ilegales, pero al mismo tiempo inocuas, para crear un clima hostil a los acusados. Destruyeron las casas de algunos de ellos en la búsqueda de escondites que tuvieran los miles de millones de pesos que dijeron que habían sido robados. Llevaron excavadoras para hacer pozos en la Patagonia, buscaron cuentas offshore y denunciaron cuentas inexistentes. No apareció un peso ilegal, ni tesoros enterrados, ni cuentas en el extranjero. Ni siquiera ostentación, ni elementos de lujo o estilos de vida fastuosos. En la causa de Vialidad o de Obras Públicas que provocó este incidente entre la Corte y el TOF 2, no hay peritajes todavía y en los que están en marcha no hay peritos de las partes. Toda la instrucción realizada por Ercolini está construida sobre la base de los testimonios del testigo estrella Leonardo Fariña, y otros como Iguacel, Laura Alonso, Paula Olivetto o aportes del periodista Daniel Santoro. Varios de esos testigos están involucrados con muchas pruebas documentales y testimoniales en la causa que sigue el juez Alejo Ramos Padilla en Dolores contra el fiscal Carlos Stornelli por armar causas con pruebas falsas. PáginaI12 ha publicado una entrevista a la abogada Florencia Guijo que explicó al detalle la forma en que se armó el testimonio de Fariña sobre corrupción en la obra pública. Tuvieron que escribirle la declaración para que la memorice porque no tenía la menor idea del tema. La importancia que tenía el comienzo del juicio oral es que en la primera audiencia los imputados tienen la obligación de estar presentes. Y entre ellos está Cristina Kirchner. Será la foto para empezar la campaña negativa con la que Cambiemos espera interrumpir el ascenso de la ex presidenta en las encuestas. La Nación tituló que el cambio en la decisión de la Corte fue por la presión social. Junto al título publicó una foto de cuatro señoras caceroleando. Al mismo tiempo, el ministro de Justicia, Germán Garavano dio una conferencia de prensa para aclarar que el gobierno no había operado sobre la Corte. El cacerolazo fue patético. No pudieron cortar ni una sola calle. Solamente hubo grupitos de cinco o diez personas en alguna esquina de Recoleta o Barrio Norte. Y la mayoría de los que cacerolearon lo hizo desde sus casas, con la luz apagada, con vergüenza de mostrarse. Las encuestas muestran que la inmensa mayoría está preocupada por la crisis y que estos temas solamente le interesan a un 10 por ciento. No hubo presión social. Hubo una feroz apretada del gobierno y de la corporación de medios oficialistas que convocaron a sus plumas, algunos pseudoizquierdistas, para que escribieran editoriales salvajes contra una justicia que siempre fue más controlada por liberales-conservadores y radicales. El Presidente, ministros y funcionarios, todo Cambiemos, sobre todo los radicales que ya desconfían del resultado electoral, reaccionaron enfurecidos ante la postergación (no la suspensión) de las audiencias. Necesitaban que el primer día fuera ahora, 20 días antes de que se confirmen las candidaturas. Necesitan esa foto de la posible candidata opositora. En un juicio común solamente están involucradas las partes que intervienen. La parte no favorecida protestará, pero será equilibrada en el océano de causas y juicios que dirime la Justicia. Cuando se quiere juzgar a una ex presidenta cuestionada por una parte y amada por la otra parte, la situación es diferente porque están involucrados todos los argentinos. Los que la odian aceptarán cualquier manipulación con tal de perjudicarla. Los que la respaldan no aceptarán nada que no esté absolutamente claro. Cuando se trata de enjuiciar a referentes de masas con tanto peso simbólico e institucional nada puede ser turbio. Las actuaciones tienen que ser claras, transparentes y las pruebas contundentes e incontrastables. No se puede hacer un circo-show-simulacro como el que montó Cambiemos con Cristina Kirchner porque se pone en juego la imagen de independencia del Poder Judicial, sobre la que descansa su autoridad. Y si desaparece esa imagen de independencia, deja de existir ese Poder. La manipulación de la justicia ha sido una estrategia que se aplicó a todos los gobiernos populares de la década pasada en América Latina y no porque fueran corruptos sino porque que fueron reactivos al neoliberalismo. Es difícil que los juristas y los dirigentes de Cambiemos no se den cuenta de que las causas están todas embarradas porque lo que tienen no es consistente y solamente sirve para el ruido mediático. Ha sido irresponsable involucrar de esa manera al Poder Judicial en la disputa política y usarlo como herramienta de persecución y espectáculo mediático. En apenas un día de diferencia entre la primera decisión de la Corte y su posterior rectificación no hubo nadie en el país que creyera en la independencia del Poder Judicial. Una de las tareas pendientes que tendrá el próximo gobierno será reconstruir un Poder Judicial que pueda recuperar el respeto de la comunidad. Cambiemos abusó de este modelo y lo agotó. Alberto Fernández candidato y Cristina vice: salir del laberinto por arriba Página 12 Claudio Scaletta 18 DE MAYO 2019 La economía no es sólo un conjunto de técnicas para jugar a las matemáticas con el funcionamiento de los grandes agregados de las cuentas nacionales o de las finanzas. La economía incluye entre sus variables analíticas a las relaciones de poder, lo que significa también al conflicto social. Esto es así por más que desde el siglo XIX la que hoy funciona como corriente principal de la ciencia haya intentado extirpar de su corpus teórico, con singular éxito, tanto al poder como al conflicto entre clases sociales. El lector comprenderá que el párrafo que antecede, de carácter general, habla del presente. Frente al verdadero derrumbe del modelo macrista, que comenzó a manifestarse a partir del irresponsable regreso al FMI tras la larga corrida iniciada en marzo-abril de 2018, los economistas preocupados por los problemas del desarrollo comenzaron a pensar en las alternativas de salida para lo que será la peor herencia económica recibida por cualquier gobierno, al menos desde el siglo XX. Una herencia de megaendeudamiento y deterioro social que demandará un lento, pero persistente, proceso de reconstrucción. Prácticamente no existe sector de la economía, pública y privada, que no haya sido gravemente deteriorado, desde la industria a la salud pública, desde el entramado de pymes de todos los sectores al sistema de ciencia y técnica. Los ganadores de la fiesta neoliberal fueron realmente muy pocos. Desde lo estrictamente económico, desde la técnica de la ciencia, no hay nada muy complejo para decidir. En el presente una de cada dos máquinas de la industria están apagadas. La capacidad instalada ociosa se encuentra en niveles récords de desocupación. La buena teoría económica sabe que de las recesiones se sale con demanda. Será necesario poner lentamente plata en el bolsillo de los consumidores para que el parate productivo comience a revertirse. Continuar con el neoliberalismo es simplemente imposible. Por eso, cuando se pensaba en cómo resolver la grave herencia de los devastadores cuatro años de macrismo todos los caminos conducían a la política, no a la economía. Los reflectores se enfocaban juntos en la llamada grieta, que no es otra cosa que el estado de situación de la lucha de clases. Y allí, en la grieta, las fuerzas en pugna eran, son terribles. Pocos gobiernos asumieron el poder con una alianza de clases tan sólida y extensa como el macrismo. Esa alianza incluía, entre otros, al grueso del poder sindical, a las asociaciones empresarias del campo, la industria, la construcción y las finanzas, a la famiglia judicial y la tropa de los servicios de inteligencia, a los medios de comunicación hegemónicos, a la mayoría de los gobernadores, incluidos muchos “peronistas”, y a embajadas varias, entre ellas la estadounidense. En términos gramscianos, el macrismo consolidó un bloque histórico impresionante y si no logró consolidar una nueva hegemonía fue porque falló en la construcción de su base material. La razón fue una sola: su rotunda miopía, dogmatismo e impericia en el manejo de la economía. Cuando se repasa su libro se encuentra que la principal “autocrítica” de CFK fue precisamente sobre la construcción de alianzas durante su segundo gobierno, una falta que atribuyó en parte al haber perdido a quien siempre se había ocupado “de esas cosas”, su compañero Néstor Kirchner. En los últimos meses resultó claro que quien estaba ocupándose de la tarea, la indispensable y benemérita rosca, era el hoy ungido Alberto Fernández. Pero al mismo tiempo también fue claro que a pesar del fracaso económico del macrismo, el bloque histórico anti K se mantenía bastante intacto. El macrismo perdía apoyos por abajo, no por arriba. La estrategia nunca dejó de ser frenar a cualquier precio al impredecible “populismo”. Un detalle sobre el cuadro de situación que quizá no fue suficientemente atendido fue que Jair Bolsonaro, un eperpento, pero también el presidente de Brasil, la principal potencia regional estaba militando fuerte contra la candidatura de CFK. No sólo hubo invocaciones divinas, sino la insistencia de que Argentina, si nuevamente se imponía CFK, estaba destinada a ser “todavía peor” que Venezuela. La actititud de Bolsonaro, que en esto funcionaba como alter ego del Departamento de Estado, adelantaba que las condiciones externas para un eventual gobierno de Cristina serían terribles desde el primer día. Sin reservas, endeudado, con términos del intercambio deteriorados y con la geopolítica en contra. Otro dato duro fue la reacción de la prensa del régimen al tibio intento de frenar la guerra judicial contra la ex presidenta. Hasta llegó a reeditarse un pseudo cacerolazo. A la complejidad de tensiones de este escenario se sumaba que el bloque histórico que motorizó el ascenso del macrismo preparaba una tercera fuerza para intentar entrar al balotaje o, como sucedió con los votantes massistas en 2015, para que esos votos se vuelquen contra CFK en una potencial segunda vuelta. El renunciamiento histórico de Cristina con el que los argentinos iniciaron el sábado desarmó todas estas operaciones y en pocas horas consiguió la mentada unidad del peronismo. Si el primero objetivo fue “desengrietar” y bajar tensiones ya fue ampliamente logrado. En las próximas semanas operará un acelerado realineamiento político. Cristina salió del laberinto por arriba. Perlo la nueva historia recién empieza. Página/12 EL PAÍS 19 de mayo de 2019 Hacia la unidad más amplia Por Carlos Heller La foto es impactante: muestra a la ex Presidenta rodeada de dirigentes políticos, gobernadores, intendentes y sindicalistas, varios de ellos con posiciones críticas hasta hace algún tiempo atrás. La reunión, en el Partido Justicialista Nacional, fue la condensación de un proceso de unidad amplio y diverso que vienen protagonizando Cristina Fernández de Kirchner y sectores del peronismo y de otras organizaciones del campo nacional, popular y democrático entre los que se encuentra el Partido Solidario. La foto es el producto de una película: un trabajo intenso, durante meses y desde diversos espacios, para unir el archipiélago opositor en un proyecto electoral y de gobierno unificado. Pero no fue la última foto. Ni fue el final de la película.  El anuncio de su candidatura a la Vicepresidencia de la Nación acompañando a Alberto Fernández como candidato a la Presidencia, volvió a conmover a la totalidad del sistema político y colocó nuevamente la sorpresa, la novedad y la creatividad del lado de la confluencia opositora en crecimiento. Lo hemos dicho: la Unidad no se hace con los iguales. Estos ya están juntos. La Unidad es el proceso de hilvanar los parecidos. Un camino virtuoso donde diversos sectores priorizan lo que los acerca. Los proyectos de país no necesitan sólo de buenas ideas. Además, requieren de fuerza organizada para ganar elecciones y gobernar venciendo resistencias.  Pero este anuncio, más allá de la conmoción política que produce, es un nuevo punto en una película que sigue. Seguramente, se sumarán a esta confluencia nuevos sectores y, tal como anunció el Presidente del Partido Justicialista, José Luis Gioja, todas estas fuerzas integrarán pronto una nueva identidad para competir en las próximas elecciones.  La candidatura de Alberto Fernández a la Presidencia abre la posibilidad de la conformación de una alianza más amplia. La ex Presidenta había dicho que haría todo lo necesario para que en el 2019 cambiara el rumbo de las actuales políticas de gobierno y que ella iba a ocupar el lugar que hiciera falta. Siempre lo afirmó: lo más importante es el proyecto. Es cierto: hay una contradicción entre la amplitud y la profundidad de los procesos políticos. Pero la virtud en la historia consiste en gestionar el equilibrio entre  ambas dimensiones  En paralelo a todos estos hechos, el jefe de la misión del FMI en nuestro país, Roberto Cardarelli, declaró durante la semana, luego de una reunión con la CGT: “Nosotros creemos que lo peor ya ha pasado, que el crecimiento debería mejorar y que la inflación debería bajar en los próximos meses”. El Fondo y el gobierno argentino comparten un modelo de país. Actúan juntos. Incluso, el organismo internacional ha dejado de lado sus propios estatutos y ha autorizado políticas para la Argentina que tiene expresamente prohibido autorizar, por ejemplo, la utilización de préstamos para intervenir en el mercado cambiario. El gobierno y el FMI, además, se superponen en la vocería del modelo económico. Ante la pregunta de si tiene temor por el posible retorno de Cristina Fernández de Kirchner al Gobierno, Cardarelli aseguró: “Nosotros no tenemos ningún temor de nada”. Actúa, en la práctica, como un protagonista central de la política local. ¿Qué está diciendo con esa frase? Probablemente: “es posible que ganen, entonces comencemos a tender puentes”.  El funcionario del FMI seguramente ha visto la foto. Y también imagina la película. Por eso, baraja varios planes. Por supuesto, prefieren a sus socios de Cambiemos. Pero si no les queda otra, se preparan para negociar con el gobierno que nacería de ese polo opositor amplio y diverso. Tienen experiencia, conocen a los protagonistas. No creen que un gobierno opositor con fuerte liderazgo del kirchnerismo recurriría al default. Prevén que lo que haría la nueva administración es lo mismo que tendría que hacer la actual si ganara las elecciones: renegociar. Gobierno, oposición y FMI saben que el actual cronograma de pagos es imposible de cumplir si no es con nuevos créditos. Por supuesto, hay diferencias relevantes: esos créditos pueden venir acompañados de nuevas condicionalidades o ser pactados por un gobierno que ponga por delante una estrategia de Nación soberana. En el primer caso hay simbiosis: un plan del FMI que aplica el gobierno o un plan del gobierno que el FMI avala. En el segundo, habría un proyecto que negocia desde la defensa del interés nacional.  De allí, la importancia de la referencia de la ex Presidenta en la Feria del Libro al pacto social de Perón y Gelbard del año 1973. El sentido del acuerdo era claro: mejorar el nivel del salario, ampliar el mercado interno y protegerlo de la competencia externa. Por supuesto, el mundo era otro mundo. Pero la referencia a ese acuerdo marca el sentido que debería tener un nuevo gobierno en oposición al actual modelo de exclusión, caída de la producción y de los salarios, aumento del desempleo y de la pobreza, entre muchos otros aspectos.  Mientras, Cambiemos busca otra foto: la de Cristina Fernández de Kirchner declarando ante los Tribunales. Por eso, ante la resolución de la Corte que posponía el inicio del juicio oral a la ex Presidenta, todo el gobierno y los grandes medios de comunicación salieron a denunciar a los jueces con absoluta beligerancia. Incluso, el jefe de gabinete, Marcos Peña, cuestionó a los magistrados “porque se rigen por las encuestas”. De este modo, el gobierno violó abiertamente, una vez más, uno de sus discursos habituales: el de la Justicia independiente y de la división de poderes. Es evidente: para ellos, la Justicia es independiente cuando hace lo que ellos quieren. Lo demuestra el hecho de que, cuando la Corte dio vuelta la resolución, el Presidente volvió a hablar de la Justicia independiente. La Justicia es independiente cuando es dependiente de ellos.   Pero la película continúa. El proceso de construcción del polo opositor no se detiene. El lunes contribuiremos con un nuevo paso en esa dirección. En el hotel Bauen, a las 19 horas estaremos con Máximo Kirchner hablando sobre el proceso de Unidad en marcha y convocando a la movilización y a la participación de todos los sectores de la comunidad. Desde la Unidad, buscamos construir la herramienta que posibilite la elección de un nuevo gobierno que reponga la esperanza para las mayorías castigadas por el modelo neoliberal.   * Presidente Partido Solidario. COLUMNISTAS / CAMBIEMOS EN CAIDA Perfil 19 DE MAYO DE 2019 La furia se volvió desconcierto por Bernarda Llorente Los últimos movimientos de Cristina anticiparon que la confrontación electoral no se definiría en los márgenes estrechos y convencionales que suele entender la política. Desde la presentación del libro, al anuncio de la candidatura de Alberto Fernández, la ex presidenta rompió la lógica que intentaba “acorralarla” en una polarización que azuzaba fantasma de un pasado “condenado” a repetirse. De eso se trató el empeño del Gobierno de exhibirla en un banquillo que no solo juzgaría su figura sino, también, los años de una Argentina que muchos hoy recuerdan con nostalgia. Renunciar a encabezar la fórmula habla de una voluntad política capaz de superar subjetividades o visiones estrechas. Frente al reclamo reiterado de ampliar espacios y alianzas, el ex jefe de Gabinete aparece como un guiño hacia el peronismo no K y ciudadanos independientes, decepcionados con Cambiemos, pero reacios a “volver a enamorarse”. Los dos son Fernández, tienen enormes coincidencias, algunas diferencias y, definitivamente, no son lo mismo. El desafío para el ex jefe de Gabinete es construir un liderazgo que amplíe las fronteras y consolide la confianza. Cristina hará lo propio. A sabiendas que es irremplazable, juega a desbaratar la estrategia electoral de Cambiemos que consiste en ocultar impericias y fracasos tratando de demonizar a su principal contrincante. En un fin de semana que Cambiemos podía proyectar como apacible y prometedor luego de “torcer” la decisión de la Corte, Cristina vuelve a ocupar la escena y desconcierta. No hay respiro para un gobierno que oscila entre el optimismo simulado y los presagios que merodean la derrota. Los ocho traspiés electivos y consecutivos cuelan en el discurso oficial la “impotencia” de iniciar una cuenta regresiva, probablemente sin revancha y con punto final.   El esfuerzo por despegarse de los “perdedores” ha sido tan trabajoso como el de evitar asumir responsabilidades o adelantarse en el pase de facturas. En el búnker cordobés de Mario Negri –el candidato enaltecido en campaña y descartado tras el naufragio de un voto que se consideraba “cautivo”–, recobró vigencia una sabia frase napoleónica:  “La victoria tiene cien padres, la derrota ninguno”. O, como dijo en criollo Elisa Carrió, “qué terrible que se borren todos, me dan asco”.   En Córdoba, un Schiaretti triunfante apura la estrategia electoral de un peronismo federal que, por sus parecidos, puede arrebatarle votos a Macri. La próxima Convención de la UCR es otro dolor de cabeza para el Gobierno: o cede parte del poder o el radicalismo puede ser un aliado diezmado o alejado. La sangría de votos que sufrió el oficialismo en tan solo dos años restó peso a la “grieta”, dejando lugar a la Argentina socialmente fragmentada, sacudida y sumergida por tanto ajuste.  Acallar las voces disonantes es una tarea ardua porque  los triunfos alinean, los fracasos desunen. El Presidente predica una “alegría” que desmiente su propio rostro y el de los funcionarios más íntimos. Actúa enojado, eleva la voz, reta, confunde “empleados” con ciudadanos, ordena, amenaza, subordina. Pareciera creer que la sobreactuación oculta las debilidades intrínsecas, personales y del modelo. Más allá de las candidaturas oficialistas y de las posibles rupturas dentro de la coalición gobernante, lo que realmente preocupa al establishment es un modelo neoliberal en riesgo. No importan los costos “republicanos”, la separación de poderes en los que se asienta la democracia, la imparcialidad de la Justicia, la defensa justa. La decisión de la Corte de solicitar el expediente ante los reiterados recursos de queja por parte de la defensa de Cristina Kirchner reveló un andamiaje de presiones y aprietes que, por la “gravedad” y la “urgencia”, quedaron al descubierto. Desde ministros al propio presidente, la Corte fue juzgada, insultada, vapuleada, por contrariar los planes y deseos de un Poder Ejecutivo que ha hecho de la “administración” de Justicia una de sus principales herramientas de construcción política. Como decía Confucio: “El que domina su cólera domina a su peor enemigo”. El Presidente no lo estaría logrando.       *Politóloga. Experta en Medios, Contenidos y Comunicación. Bernarda Llorente GANADORES Y PERDEDORES POR RICARDO ARONSKIND Llegar como sea Uno de los silencios más expresivos del momento actual es el indisimulable deseo que expresan aliados, amigos y socios de alejarse de la experiencia macrista. Sin decirlo —porque no pueden confesar en voz alta que han construido, votado y sostenido un experimento catastrófico para el país y sus habitantes—, fuerzas políticas, medios y personalidades buscan tomar una distancia que les permita preservarse del espeso silencio que puebla los crecientes sectores afectados por el derrumbe económico. El gobierno cuenta entre sus menguados activos con el manto protector de Estados Unidos, que ha obligado al FMI a pisotear sus límites y regulaciones internas para apoyar en forma incondicional a su protegido argentino. Ese manto protector se estira al punto de lograr el absurdo de que el grupo Morgan Stanley (MSCI) establezca ¡en estos días! que la Argentina es un “mercado emergente”. Esa calificación habilita para que grandes fondos inversores internacionales puedan colocar recursos adicionales en el mercado de acciones y títulos argentinos. Esa calificación, dudosísima desde el punto de vista técnico, está completamente alineada desde el punto de vista político con la sed inconmensurable de dólares que aqueja al gobierno argentino en este momento. En ese mismo clima de inquietud por una potencial sequía verde que podría desatarse cuando terminen estas semanas de calma cambiaria, la delegación de monitoreo del FMI que arribó recientemente al país interrogó a la Sociedad Rural sobre cómo viene la cosecha. Pero el tema no es sólo la cosecha, como realidad material, sino que esos granos salgan de los silos, se exporten, se conviertan en dólares, se traigan las divisas resultantes al país y se oferten en el sediento mercado local. Se necesitan dólares. Dólares de todos lados, de todas las formas posibles, porque hay que llegar a las elecciones sin que se abra el suelo bajo los pies del gobierno de Cambiemos.   El futuro es octubre, después no hay nada El todavía alto poder manipulatorio del bloque de poder que gobierna ha permitido ocultar que los principales instrumentos de política económica gubernamentales se han subordinado al supremo objetivo de evitar una crisis cambiaria, que sería fatídica no sólo para Macri, sino para todo lo que huela política y discursivamente a Macri. Proyecciones sobre la evolución de las LELIQs, es decir las letras de liquidez –de muy corto plazo— emitidas por el BCRA y que están sirviendo como principal opción alternativa frente al peligro de que una importante masa de recursos emigre hacia el dólar, establecen que sólo este año, a través de éste único instrumento, el Estado nacional terminará pagando en 2019 intereses equivalentes a 12.000 millones de dólares. Una enormidad de recursos tirados a las fauces del sector financiero para evitar el desenlace natural de los errores y horrores acumulados durante la actual gestión. Insistimos: sólo la increíble cobertura mediática de los “formadores de la opinión pública” permite ocultar a la mayoría de la población el monumental fracaso oficial, los costos desmesurados del disimulo de ese fracaso y los ominosos resultados que se continuarán observando en términos del deterioro de las condiciones de vida generales. Otras proyecciones financieras sostienen que, si se continúa con la política de emisión 0 del Banco Central –línea de política económica que ha sido ratificada los últimos días— hacia fin de año, por efecto de la inflación acumulada, la contracción monetaria real crearía un cuadro de desmonetización tal como el que llevó a la emisión de cuasi monedas en numerosas provincias hacia el final de la convertibilidad. Pero mientras se hace todo esto en el frente interno, se continúan realizando gestiones para obtener más dólares prestados para arrojar al barril sin fondo de la fuga de divisas locales. Continúa tanteándose al Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, a otros bancos Centrales por operaciones de canje de efectivo por bonos argentinos, y se explora qué otros activos públicos podrían ofrecerse en el corto plazo al mercado global para obtener nuevos fondos frescos. Da la impresión de que el gobierno está dispuesto a agotar todas las formas de endeudamiento disponibles -en Occidente— para llegar con el dólar “tranquilo” a octubre. Aunque eso implique reservas cero y crédito global cero disponibles para la Argentina.   Después de 2019, viene 2020 El cuadro que surge para la administración que asuma en diciembre de este año es tenebroso, en caso de que se logre evitar la explosión previa del emparchado esquema macrista. Se encontrará con las reservas de divisas casi vaciadas, y con las fuentes de financiamiento ya agotadas, en aras de disimular el fracaso de la gestión saliente. El dispendio de recursos actual será imposible de replicar en 2020, y el país deberá sostenerse con las divisas que sea capaz de obtener en el comercio internacional. Si bien el saldo comercial actual de la Argentina es discretamente positivo, 2.000 millones de dólares en el primer trimestre del año no alcanzarían para pagar siquiera los intereses de la deuda externa en el año próximo. Ni hablar de vencimientos de capital. Habría que lograr un superávit comercial gigante, como el que surgió del hundimiento de la economía nacional en 2002, al derrumbarse la convertibilidad. En ese momento la contracción económica fue tan violenta, que a costa de la miseria generalizada se logró achicar la actividad económica, el consumo masivo y por consiguiente las importaciones de toda índole. Fue una forma sumamente dañina y regresiva de lograr el superávit comercial para empezar a recomponer las reservas y el sector externo. De todas formas, ya se habían suspendido los pagos de deuda externa a los acreedores privados, lo que aportó alivio a las arcas públicas, que se empezaron a recomponer por el reducidísimo gasto público de ese momento, incompatible con el funcionamiento de un país civilizado. Si la crisis cambiaria y bancaria no se produce bajo la actual gestión macrista, el peso de las decisiones relevantes pasará a la próxima gestión. En el caso de ser un gobierno de inspiración popular, deberá eludir el ajuste ortodoxo que le exigirá a gritos la derecha global y local, para que se suicide. Para ese tipo de acciones generadoras de nuevas catástrofes, los personajes adecuados son los terraplanistas irresponsables, como Espert y Milei. Pero también ese gobierno popular deberá evitar seguir el largo camino de padecimiento que sufrió el alfonsinismo a lo largo de su gestión, permanentemente jaqueada por los servicios de deuda externa, las visitas del FMI, los precios internacionales pésimos –ojo con los conflictos que Trump promueve con China e Irán, que pueden llevar a escenarios similares para el país—, y las tasas de interés impagables que determinaba el mercado norteamericano. Camino largo y desgastante de ese gobierno radical, que no desembocó en el alivio y el reconocimiento popular, sino en la desestabilización cambiaria, la hiperinflación y el rechazo tanto de débiles como de poderosos.   Empresarios en la crisis Dentro de la implosionada alianza gobernante, sería sumamente interesante conocer la reflexión de los diversos sectores empresariales, sobre todo los productivos, que acompañaron esta experiencia con la ilusión de refundar una nueva Argentina, sintonizada con las tendencias y demandas de la globalización neoliberal. Salvo protestas y lamentos menores proferidos por dirigentes rurales o industriales, que sólo apuntan a aspectos o medidas parciales del gobierno, no se conocen críticas empresarias profundas, sistemáticas y terminantes en relación a este modelo de estrangulamiento económico y social. Por supuesto que otro es el escenario de ideas en el mundo de las pequeñas y medianas empresas, que no logran aún constituirse en un actor social de peso capaz de incidir en las grandes decisiones. El alto empresariado, que apoyó y financió al macrismo, ¿qué opina de éste escenario? ¿Conecta estos resultados económicos con los lineamientos de política que contribuyó a promover? ¿No rescata absolutamente nada del período previo, salvo el mal recuerdo del “maltrato” o “destrato” gubernamental, a pesar de que la macroeconomía era mucho más amistosa que el actual desierto productivo? ¿No percibe en sus propias concepciones alguna falla, alguna mala lectura, alguna equivocación sobre cómo lee el funcionamiento de la economía mundial, sobre el tipo de “reglas de juego” que reclama, o sobre el tipo de relación que desea tener con el Estado y el resto de los actores sociales? Estas preguntas cobran actualidad en el contexto de las palabras expresadas por Cristina Fernández de Kirchner en ocasión de la presentación de su libro Sinceramente. En su discurso aparecieron dos imágenes empresariales contrapuestas: la del empresario con visión nacional, acuerdista en lo político, capaz de concebir un modelo capitalista dinámico, con altos standards de vida populares y construido sobre un entramado productivo complejo y extenso, y la imagen del empresario especulador, “agiotista”, resistente a las políticas gubernamentales y dispuesto a cualquier maniobra para obtener la rentabilidad que considera apropiada, aunque eso provoque inestabilidad y deterioro de las condiciones de vida de las mayoría. Ese empresariado habría hecho tambalear la convicción del propio Perón de seguir al frente del país. Son, por supuesto, imágenes ideales. Gelbard hay uno sólo, es un producto característico y único de la historia nacional, y de una etapa en la que el país confiaba en ser siempre más grande y más próspero. Empresarios que entendían de política, de economía, y de relaciones internacionales y que eran capaces de integrar esas visiones en una propuesta nacional. Ese mundo fue quebrado por el golpe de 1976, en el que apareció otro tipo de empresario: José Alfredo Martínez de Hoz, que representaba a todo el arco dirigencial que desde el primer día se había ubicado afuera de los lineamientos del gobierno peronista y que había pasado al golpismo abierto en la etapa de Isabel Perón. Empresariado que recibió con alborozo al gobierno “modernizante” del Proceso, pero que vio cómo la lógica financiera iba capturando las principales decisiones gubernamentales, y que debió ser rescatado de la quiebra masiva en 1982, en una increíble operación de intervencionismo estatal –con estatización temporaria del depósitos y créditos, y licuación de pasivos— encabezada por el ministro José María Dagnino Pastore y por Domingo Cavallo desde el Banco Central. Empresariado que le sacó todo lo que pudo al gobierno de Alfonsín, sin aportar lo que se le pedía: inversión productiva. Y que acompañó la nueva etapa que encabezó el peronismo dirigido por Menem a partir de 1989, en la que disfrutaron de nuevos negocios sectoriales y de oportunidades de capturar rentas de privilegio, a costa del abandono de un proyecto de progreso colectivo, nacional. El experimento neoliberal menemista desembocó en la conocida catástrofe del hundimiento de la convertibilidad, que no mereció mayor comentario ni reflexión por parte de ese alto empresariado, que se limitó a reclamar que se estatizaran sus deudas externas y se licuaran sus deudas en dólares con el sistema bancario. Ese sector social aceptó que los “bomberos” Duhalde y Kirchner reencauzaran la economía y aplacaran el conflicto social, pero rápidamente volvió a la obsesión ideológica neoliberal, a pesar de que en su mayoría acumulaban en el mercado interno, hacían negocios con el Estado y no se planteaban ni por asomo asumir el desafío de la competencia en el mercado mundial. ¿Quién es el radicalizado? Ese empresariado que guarda silencio frente al desastre de su gobierno, es sin duda un sector muy particular, fuertemente ideologizado en base a teorías sin convalidación empírica y prejuiciado políticamente. Vale la pena recordar que cuando el gobierno kirchnerista recuperó el sistema jubilatorio público –en el contexto del desastre financiero internacional, que amenazaba con evaporar los ahorros jubilatorios privados—, el alto empresariado empezó a hablar de que “peligran los derechos de propiedad”. Y que cuando se tuvo que expropiar YPF, para dinamizar la estancada producción local de hidrocarburos debido a la ínfima inversión privada, volvieron a sentirse amenazados en sus “derechos de propiedad”. Desde entonces empezaron a adherir a una de las interpretaciones políticas más descabelladas del fenómeno kirchnerista: que se trataba de un “chavismo” en potencia, que aún no se había desenmascarado. La leyenda del chavismo cristinista se fue desplegando, completamente infundada a partir de la práctica y de las metas de la política económica concreta de ese gobierno, y fue constituyendo una argamasa ideológica que concitó apoyos no sólo empresariales, sino también políticos. Sobre todo en sectores menos extremistas en materia de liberalismo, como los radicales, la expresión “esto hay que pararlo”, “no podemos dejar que sigan”, “hay que sacarlos”, mezcló la desesperación por cargos gubernamentales, con la necesidad cuasi patriótica de impedir la “chavización” de la Argentina. Pero el argumento y la agitación frente al “peligro chavista” no fue sólo local sino regional. Así, el gobierno de coalición del PT en Brasil, gobierno moderado, de espíritu inclusivo y distribucionista, pero que sabía convivir con el capital financiero al comando del Banco Central del Brasil y con la poderosa burguesía paulista, fue tildado por sus adversarios políticos de derecha como “chavista”. El actual Presidente que humilla a Brasil es uno de los grandes repetidores de la ridícula versión del PT y de Lula “chavistas”. En el mantra chavista, encontramos una lamentable convergencia ideológico-discursiva entre el gran imperio americano, que tiene metas y estrategias propias, y las intelectualmente estragadas burguesías sudamericanas, que han perdido el rumbo nacional y regional. Pero volviendo al terreno local, la absurda asociación kirchnerismo-chavismo contribuyó a una mirada completamente alienada sobre el ciclo político de doce años que precedió a la catástrofe macrista. Las advertencias sobre la “radicalización”, sobre los peligros que conducirían a una dictadura anti-mercados, funcionó como una amalgama que contribuyó a consolidar un frente empresario anti-kirchnerista unido más por un miedo irracional, inducido, que por una amenaza real de expropiación o de estatismo exacerbado. El rechazo a cuestiones tan elementales como la necesidad de incluir a la población en el consumo, la de proteger el mercado interno y la de regular las relaciones comerciales y financieras con el mundo para evitar situaciones de estrangulamiento, hablan de un ideologismo empresarial extremo, que contradice sus intereses objetivos tanto desde el punto de su viabilidad económica como política. La actual crisis argentina expresa el ideologismo empresario, la pulsión a incrementar la rentabilidad más allá de cualquier equilibrio macroeconómico y social. La paradoja es que en nombre del rechazo a un peligro chavista que nunca existió se puso en marcha un proyecto extremista, irresponsable, de exclusión social y endeudamiento insostenible, para incrementar transitoriamente rentabilidades que –debido a los enormes desequilibrios provocados— no podrán sostenerse, como ya ha ocurrido con las retenciones. Son tiempos intensos en nuestro país, en los que se irá definiendo si los sectores más poderosos son capaces de asumir algún tipo de realismo político y social a partir de mirarse en el espejo del fracaso macrista, o seguirán embarcados en la aventura delirante e insostenible en la que nos metieron a todos y todas.   En esta columna pido a mis lectores, así como a mis editores, que recuerden que las acciones del ejército de Israel y sus armas civiles, la Administración Civil y las milicias de colonos, que se informan por separado y están aparentemente desconectadas, son parte de una continuidad sistemática. Muy brevemente mencionaré las cuestiones sobre los que he informado recientemente y a las que volveré en el futuro. Les pido que las coloquen en un vector de escala ascendente. ?? ?? ?? ??