La larga sombra de Montichello

Fuente: Dardo Esterovich | Revista Convergencia
Fecha: 10 de SEPTIEMBRE 2017

Charlottesville es una apacible ciudad del estado de Virginia de aproximadamente 45.000 habitantes. En estos días la tranquilidad se vio perturbada por la muerte de Heather Heyer al ser atropellado con un automóvil por un joven de 20, James Alex Fields Jr. quien también hirió en la embestida a una veintena de personas que formaban parte de una multitudinaria contramanifestación de un acto de supremacistas blancos, neonazis y del Ku Klux Klan. Estos protestaban por una iniciativa de la ciudad de retirar una estatua del Gral. del ejército confederado Robert E. Lee. Los supremacistas se convocaron bajo el consigna “Unite the Right” (Unir a la derecha) y el día anterior al acto realizaron una marcha que evocaba la estética de los nazis en la Alemania del 30 con svásticas, águilas fascistas, antorchas y consignas como “No nos reemplazarán, los judíos no nos reemplazarán”, “¡Blood and Soil!” (“¡Sangre y Tierra!”), pancartas con Trump y su consigna de campaña “Haremos grande de nuevo a Estados Unidos”. La propuesta de retirar la estatua en Charlottesville forma parte de una ola de iniciativas similares -cada vez más extendida en diversas ciudades de quitar los cientos de monumentos dispersos por todo el territorio estadounidense que glorifican a la Confederación y que fueron erigidas poco a poco después de la Guerra Civil por los derrotados, como una manera de perpetuar el espíritu racista y supremacista en la población. La reacción de los activistas que condenan al racismo es producto de la preocupación por la participación pública cada vez mayor de la derecha supremacista que considera al gobierno de Trump como “su gobierno”. Hasta aquí los hechos. Pero los hechos siempre admiten un antes y un después.

Un antes

Montichello –aledaño al ejido de Charlottesville simboliza una de las mayores contradicciones que atraviesan a la sociedad estadounidense desde los días de la independencia. Allí tenía su plantación y residencia Thomas Jefferson, que pertenecía a la aristocracia de los hacendados del Sur. Fue un estudioso que se fue acercando a las ideas de los iluministas, con grandes conocimientos de historia, literatura, derecho, arquitectura –diseñó su propia casa- ciencia y filosofía. Defendió la enseñanza pública y gratuita y la tolerancia religiosa. Fue el redactor principal del borrador de la Declaración de la Independencia de Estados Unidos (1776) texto donde se defendía la democracia, la igualdad, la soberanía de los pueblos para decidir sobre sí mismos y el derecho de los hombres “a la vida en libertad y la búsqueda de la felicidad”.

Pero no todo fue tan idílico. En el borrador – aunque finalmente no fue incorporado por la oposición de algunos estados sureños— Jefferson condenaba la institución de la esclavitud y prohibía la trata de esclavos aunque no serían emancipados los ya existentes ni sus descendientes. Tanto él como los otros grandes propietarios del Sur dependían del trabajo esclavo y no estaban dispuestos a renunciar al mismo. Jefferson llego a tener en su plantación en Montichello cerca de 600 esclavos a los que mantuvo hasta su muerte en 1826. Aunque contrario a la esclavitud aceptó voluntariamente las leyes que la permitían y cuando tuvo posibilidades de abolir todo signo de desigualdad entre todos los seres humanos, no lo hizo Esta contradicción tenía su sustento en que para Jefferson libertad e igualdad no era lo mismo, especialmente si la igualdad se refería a los negros.

En los últimos tiempos muchos autores han hecho hincapié en las ideas racistas de Jefferson. Estos juicios se han basado fundamentalmente en su «Notes on the State of Virginia» (1787) donde para justificar sus opiniones favorables a la deportación futura de los negros, expone «las verdaderas diferencias hechas por la naturaleza y otras muchas circunstancias. . .». Considera las de nivel puramente físico –color, funcionamiento de las glándulas sebáceas y otras— y las del plano intelectuales –poca inclinación a la reflexión, poco raciocinio—. Llegó a alegar «creo difícil encontrar uno sólo capaz de seguir y comprender las investigaciones de Euclides».

Esta contradicción se mantuvo casi inalterable hasta la Guerra de Secesión (1861-1865) entre el Norte industrial-abolicionista y el Sud agrario-esclavista. El régimen esclavista era una rémora que obstaculizaba la expansión industrial la que finalmente se resolvió mediante el conflicto armado en que el Norte resultó victorioso. Una de las consecuencias fue la liberación de los esclavos. Esta medida fue lacomplementación de la tarea inconclusa de la Declaración de la Independencia en cuanto a la libertad para todos los habitantes de las ex Colonias. Pero tampoco significó la obtención de la igualdad.

Pasado un tiempo los estados sureños se fueron recuperando económicamente de las consecuencias de la guerra y volvieron al manejo político de sus gobiernos, ya que su reincorporación a los Estados Unidos significó la recuperación de su autonomía como Estados de acuerdo a la Constitución. La derrota militar no significó la derrota cultural ya que las ideas racistas siguieron siendo predominantes especialmente en el sector rural. Para mantener la discriminación se dictaron un conjunto de leyes conocidas como los Códigos Negros que rigieron en el Sur y las leyes de Jim Crow en todo el país. Durante la vigencia de estas leyes –fueron derogadas en 1964 por las luchas llevadas a cabo por el Movimiento de los Derechos Civiles encabezado por Luther King–se erigieron miles de monumentos que glorifican a la Confederación, dispersos por toda la geografía estadounidense, destinados a perpetuar la ideología racista. Estas leyes ampararon durante 75 años la humillación, la vejación, el maltrato, los azotes, las violaciones, el terrorismo doméstico contra la población negra, incluyendo la horrorosa cifra de 5,000 linchamientos.

El reverendo Wright, pastor de la parroquia de la United Church of Christ de Chicago y mentor del ex presidente Obama, en una conferencia en la Universidad Howard (Washington) en el 2006 afirmó: “Este país se fundó y está dirigido según un principio racista (…) Creemos en la superioridad blanca y en la inferioridad negra (…) más que en el propio Dios”, según lo publicado por The Wall Street Journal.

Un después

El asesinato de Heather Heyer en Charlottesville por un supremacista provocó una ola de repudió en Estados Unidos y en el mundo. Lo ocurrido no es nada nuevo, la historia estadounidense está plagada de crímenes de odio. Lo diferente es que los convocantes a la marcha afirman que forman parte de las filas de Trump, que son los que lo llevaron al triunfo. David Duke, ex líder de un sector del Ku Klux Klan afirmó “vamos a cumplir con las promesas de Donald Trump”, y que lo harían como si tuvieran un mandato: “Trump nos empoderó”, completó. Tan lo sienten así que ya no necesitan capuchas para salir a manifestar ni tampoco reunirse clandestinamente.

En una conferencia de prensa improvisada desde su lugar de vacaciones en Bedminster (Nueva Jersey) Trump causó indignación en todo el espectro político –salvo en los supremacistas blancos, que lo elogiaron- cuando condenó “en los términos más enérgicos este flagrante despliegue de odio, intolerancia y violencia de muchas partes” sin condenar a los supremacistas blancos. Bajo presión, al lunes siguiente leyó en un telepromper –para no salirse del guión- una declaración donde denunciaba a los nazis, a la supremacía blanca y al Ku Klux Klan. Un día más tarde Trump se desdijo. En una tensa conferencia de prensa, ya sin libreto, dijo que los manifestantes de “Alt-Right” (Alternativa de Derecha) –la convocante de la marcha- eran buenas personas y que los contramanifestanates deberían ser culpabilizados por la violencia. Preguntado sobre el grupo “Alt-Right” contestó: “Disculpen, había gente muy mala en ese grupo, pero también había muy buenas personas”.
Incluso cuando después intentó retroceder de sus comentarios, consideró moralmente equivalentes a los neonazis y a la “izquierda” y optó por dar legitimidad a los supremacistas blancos. La teoría de los dos demonios en versión “trumpiana”.

La colectividad judía estadounidense reacción en forma masiva. En las manifestaciones de protesta se podía ver gran cantidad de estudiantes judíos y rabinos marchando junto al resto de la población. Las declaraciones de condena de personalidades e instituciones no se hicieron esperar. La mayoría de los rabinos leyeron en sus templos, durtante los servicios sabáticos, declaraciones repudiando los dichos de Trump. Un nutrido grupo de rabinos dirigentes de las corrientes religiosas judías Reformista, Conservadora y Reconstruccionista –que representan casi el 80% de los norteamericanos judíos- han decidido romper con la tradición anual de realizar una llamada vía conferencia con el Presidente en las vísperas del año nuevo judío, dando como razón “que las expresiones del presidente Trump durante y después de los trágicos eventos de Charlottesville son tan carentes de liderazgo moral y empatía por las víctimas del odio racial y religioso, que no podemos organizar esa llamada este año”.

En Israel las declaraciones de Trump tuvieron gran repercusión. Sin embargo muchos dirigentes de la derecha guardaron silencio o lo criticaron muy dé- bilmente. El primer ministro Netanyahu fue partícipe de esta conducta ya que a una primera condena, hecha antes de las declaraciones de Trump, a las “expresiones de antisemitismo, neonazismo y racismo” voceadas en Charlottesville, decidió permanecer en silencio después de las mismas, mientras que días antes no tuvo empacho en entrevistarse con el primer ministro húngaro Víctor Orban que estaba llevando a cabo una campaña de neto corte antisemita contra el millonario judío-húngaro George Soros y había elogiado a Miklos Horty el líder nazi y antisemita de Hungría, aliado de Hitler durante la Segunda Guerra mundial.

Esta conducta muestra una clara opción: si un nazi apoya o no critica a Israel, automáticamente pasa a ser un “amigo”. Así se puede llegar a cooperar con un ala de la derecha que cree en la pureza nacional y religiosa, Es esclarecedor mencionar las declaraciones que el principal referente de “AltRight”, Richard Spenser, hizo al Canal2 de noticias de Israel. Preguntado por el periodista Dany Kushmaro, entre otros temas, sobre cómo deberían de sentirse los judíos ante la ideología supremacista de una persona como él, respondió lo siguiente: “(Ustedes) Como ciudadanos israelíes que entiende su identidad, que tiene una noción de Nación, de Pueblo, de historia y de la experiencia del pueblo judío, deberían de respetar a alguien como yo, que tiene sentimientos análogos sobre los blancos”, agregando: “Es decir, puedes llamarme un sionista blanco, en el sentido de que yo me preocupo por mi gente. Quiero que tengamos una patria segura que sea para nosotros mismos, tal como ustedes quieren una patria segura en Israel”. Dios los cría y ellos se juntan.

La larga sombra de Montichello todavía se extiende sobre la sociedad estadounidense… y sobre algunas otras.

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